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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Factores pronósticos en la neumonía adquirida en la comunidad]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Hospital Clínico San Carlos  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b><a name="top"></a>Factores pron&oacute;sticos en la neumon&iacute;a adquirida en la comunidad</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Prognostic factors in community-acquired pneumonia</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>J. de Miguel Díez, J. L. Álvarez-Sala<SUP>1</SUP></b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Servicio de Neumolog&iacute;a. Hospital General Universitario Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n. <SUP>1</SUP>Hospital Cl&iacute;nico San Carlos. Universidad Complutense. Madrid</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">La neumon&iacute;a adquirida en la comunidad (NAC) es una frecuente causa de ingreso en el hospital y tiene una mortalidad que en absoluto es despreciable. En Espa&ntilde;a la incidencia de la enfermedad se estima que est&aacute; entre 2 y 10 casos/1.000 habitantes/a&ntilde;o, tasa que es a&uacute;n mayor en las personas de edad avanzada (1). As&iacute;, en los individuos que superan los 60 a&ntilde;os asciende a 20 casos/1.000 habitantes/a&ntilde;o y en los mayores de 75 a&ntilde;os llega a los 34 casos/1.000 habitantes/a&ntilde;o (2). Cerca de la cuarta parte de los pacientes que padecen una NAC requiere ingreso hospitalario (1). Por si fuera poco, esta enfermedad es la primera causa de muerte de origen infeccioso en el mundo occidental y la sexta si se consideran globalmente todas las causas (3). Todos estos motivos explican por qu&eacute; la NAC ocasiona un coste sanitario y social tan elevado en Espa&ntilde;a y, en general, en todo el mundo (4).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Las neumon&iacute;as de origen extrahospitalario que se tratan de forma ambulatoria tienen una mortalidad relativamente baja, que oscila entre el 1 y el 5% de los casos seg&uacute;n los diferentes estudios. En los pacientes hospitalizados esta cifra aumenta de manera importante y alcanza, en conjunto, hasta un 12%. Existen, no obstante, subgrupos de enfermos en los que el riesgo es mucho mayor, como ocurre con los pacientes que requieren su ingreso en una unidad de cuidados intensivos, en los que cursan con bacteriemia y en los individuos que residen en instituciones cerradas (5). Lamentablemente, a pesar del enorme avance que se ha producido en los procedimientos diagn&oacute;sticos, del desarrollo de nuevos antibi&oacute;ticos y de la mayor tecnificaci&oacute;n de las unidades de cuidados intensivos, la mortalidad de la neumon&iacute;a se ha mantenido estable en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas (6).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En relaci&oacute;n con estos hechos, desde hace algunos a&ntilde;os se observa una tendencia creciente al objeto de identificar los factores pron&oacute;sticos que condicionan la evoluci&oacute;n de la NAC, en un intento de reducir su morbi-mortalidad y de ajustar mejor el consumo de los recursos disponibles. As&iacute;, diversos trabajos han tratado de clasificar y de estratificar a los enfermos en relaci&oacute;n con su posible riesgo de fallecimiento y en cuanto a la necesidad de sentar mejor la indicaci&oacute;n del ingreso en el hospital o de la admisi&oacute;n en una unidad de cuidados intensivos. El objetivo siempre es el mismo, esto es, identificar mejor los factores de riesgo que se asocian con un pron&oacute;stico m&aacute;s desfavorable (7,8).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los elementos pron&oacute;sticos que se relacionan con una mayor morbimortalidad en la NAC son m&uacute;ltiples. En un metaan&aacute;lisis ya cl&aacute;sico se identificaron 11 factores que determinaban con un aumento de la mortalidad: el sexo masculino, la edad avanzada, la hipotermia, la diabetes mellitus, la taquipnea, la hipotensi&oacute;n arterial, la enfermedad neurol&oacute;gica, la neoplasia, la leucopenia, la bacteriemia y la afectaci&oacute;n radiol&oacute;gica multilobar (9). En este trabajo la mortalidad global fue del 13,7%, siendo m&aacute;s alta en los estudios que incluyeron pacientes ingresados en una unidad de cuidados intensivos. Los autores del mencionado trabajo tambi&eacute;n ofrecieron datos de mortalidad en funci&oacute;n de la causa de la neumon&iacute;a (9).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">M&aacute;s recientemente se han desarrollado diversas escalas pron&oacute;sticas al objeto de estimar la probabilidad de muerte en los individuos que tienen una NAC. Estas escalas permiten estratificar a los enfermos en grupos de riesgo, en un intento de racionalizar los recursos disponibles. En 1997 Fine y cols. (10) establecieron, mediante la combinaci&oacute;n de 19 variables, una escala capaz de clasificar a los pacientes que padecen una NAC en cinco grupos seg&uacute;n el riesgo de mortalidad existente. Esta escala, conocida como PSI ("<i>Pneumonia severity index</i>"), incluye variables como la edad, la comorbilidad y la presencia de determinados signos cl&iacute;nicos, anal&iacute;ticos y radiol&oacute;gicos de gravedad. Seg&uacute;n la puntuaci&oacute;n obtenida los individuos se clasifican en distintas clases de riesgo. La mortalidad es baja en los enfermos de las clases I a III (0,1-2,8%), intermedia en los de la clase IV (8,2-9,3%) y alta en los que pertenecen a la clase V (27-35%) (10). Uno de los problemas de esta escala es el de que no valora los factores sociales o las circunstancias personales de cada enfermo y, quiz&aacute;s tambi&eacute;n, el que sobreestima la edad del sujeto.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Otra escala similar, ideada asimismo para identificar a los enfermos con una NAC que tienen una mayor probabilidad de muerte, es la CURB-65, que incluye cinco variables: la confusi&oacute;n, la urea s&eacute;rica (mayor de 7 mmol/l), la tensi&oacute;n arterial (sist&oacute;lica menor de 90 mm Hg o diast&oacute;lica menor de 60 mm Hg), la frecuencia respiratoria (superior a 30 respiraciones/minuto) y la edad (por encima de los 65 a&ntilde;os). El c&aacute;lculo de la puntuaci&oacute;n final se realiza sumando un punto por cada variable presente. La probabilidad del fallecimiento para cada valor es ascendente, desde un 0,7%, si no est&aacute; presente ning&uacute;n factor de riesgo, hasta un 40% si est&aacute;n presentes al menos cuatro de ellos (11). Existe una versi&oacute;n simplificada de esta escala que no requiere la determinaci&oacute;n de la urea s&eacute;rica y que resulta muy &uacute;til para tomar decisiones en el &aacute;mbito de la atenci&oacute;n primaria (12).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En definitiva, las distintas escalas pron&oacute;sticas que se han descrito tratan de cuantificar la probabilidad de muerte en el momento del diagn&oacute;stico de la enfermedad. Sin embargo, no permiten prever la respuesta del paciente una vez iniciado el tratamiento, aspecto que tambi&eacute;n es clave cuando quiere sentarse un pron&oacute;stico. En este n&uacute;mero de  <i>Anales de Medicina Interna</i>, Apolinario Hidalgo y cols. (13) eval&uacute;an las caracter&iacute;sticas de los pacientes ingresados en diversos servicios de medicina interna espa&ntilde;oles y analizan los factores que influyeron en la mortalidad a los 30 d&iacute;as. Encuentran que la mortalidad global en ese periodo de tiempo ascend&iacute;a al 12,1%, cifra que se elevaba a un 40% en los pacientes de la clase V de Fine. Los factores relacionados independientemente con la mortalidad en este trabajo fueron el estado de orientaci&oacute;n temporo-espacial del enfermo y la tasa de alb&uacute;mina plasm&aacute;tica, como variables de buen pron&oacute;stico, y la existencia de una neoplasia activa como indicador de mala evoluci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el an&aacute;lisis de Apolinario Hidalgo y cols. (13) llama la atenci&oacute;n la falta de valor pron&oacute;stico de algunas variables, como la edad, que es uno de los factores con mayor peso en la escala de Fine, pese a que algunos estudios previos no han encontrado que este dato tenga relaci&oacute;n con la mortalidad (9,14). Apolinario Hidalgo y cols. (13) tambi&eacute;n resaltan, como uno de los principales hallazgos de su trabajo, la asociaci&oacute;n de la hipoalbuminemia (alb&uacute;mina plasm&aacute;tica menor de 3 g/dl) con un mayor riesgo de muerte, tanto de forma global en todos los pacientes, como al analizar los resultados para cada una de las clases de Fine. En un estudio previo, Lim y cols. (11) encontraron que una edad superior a los 65 a&ntilde;os (<i>odds ratio</i> de 3,5, con un intervalo de confianza al 95% entre 1,6 y 8,0) y una tasa de alb&uacute;mina inferior a 3 g/dl (<i>odds ratio</i> de 4,7, con un intervalo de confianza al 95% entre 2,5 y 8,7) fueron factores que se asociaron independientemente con la mortalidad observada a los 30 d&iacute;as del alta, despu&eacute;s de ajustar los distintos casos en atenci&oacute;n a la escala CURB. A pesar de estos hallazgos, los mencionados autores no incluyeron la medida de la alb&uacute;mina en su modelo final, debido a la dificultad de determinarla en muchos centros sanitarios, particularmente fuera del horario habitual. Por el contrario, propugnaron la utilizaci&oacute;n de la escala CURB-65, incluso de la versi&oacute;n simplificada, en la que se excluye la medici&oacute;n de la urea, al objeto de que pudiera utilizarse por los m&eacute;dicos de atenci&oacute;n primaria.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El estudio de Apolinar Hidalgo y cols. (13) se ha realizado en el &aacute;mbito hospitalario y se ha basado en la aplicaci&oacute;n de los criterios de Fine, que son los m&aacute;s conocidos y mejor validados, aunque su integraci&oacute;n en cada caso quizas precisa de un an&aacute;lisis m&aacute;s complejo. En atenci&oacute;n a los resultados que han obtenido proponen valorar, adem&aacute;s de los criterios de Fine, la tasa de alb&uacute;mina, sobre todo en los enfermos de la clase III, que no siempre precisan de un ingreso hospitalario. Dado que la determinaci&oacute;n de alb&uacute;mina es una t&eacute;cnica sencilla, econ&oacute;mica y f&aacute;cilmente aplicable en todos los hospitales, sugieren la conveniencia de poner en marcha trabajos adicionales, para evaluar si existe relaci&oacute;n alguna entre la alb&uacute;mina al ingreso y la evoluci&oacute;n cl&iacute;nica posterior, en las primeras 72 horas, de los pacientes pertenecientes a esta clase de riesgo. Si esto fuera as&iacute;, el manejo de estos casos podr&iacute;a optimizarse y el pron&oacute;stico se sentar&iacute;a con mayor precisi&oacute;n. En este sentido, la propuesta de Apolinar Hidalgo y cols. (13) parece francamente interesante. No obstante, como es bien sabido por todos, las reglas pron&oacute;sticas pueden emplearse como una gu&iacute;a que orienta en el juicio cl&iacute;nico, pero no deben sobrepasarlo cuando hay que decidir sobre el ingreso o el alta de un enfermo que padece una NAC.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font face="Verdana">Bibliografía</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">1. Almirall J, Bolivar D, Vidal J, Sauca G, Coll P, Niklasson B, et al. Epidemiology of community-acquired pneumonia in adults: A population-based study. Eur Respir J 2000; 15: 757-63.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">2. British Thoracic Society. BTS guidelines for the management of community-acquired pneumonia in adults admitted to hospital. Thorax 2001; 56 (Supl. 4): 15-18.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">3. Garibaldi RA. Epidemiology of community-acquired respiratory tract infections in adults. Incidence, etiology and impact. Am J Med 1985; 78: 32-7.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">4. Lave JR, Lin CJ, Hughes-Cromwick, Fine MJ. The cost of treating patients with community-acquired pneumonia. Semin Respir Crit Care Med 1999; 20: 189-97.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">5. British Society Research Committee and Public Health Laboratory Service. The aetiology, management and outcome of severe community-acquired pneumonia on the intensive care unit. Respir Med 1992; 86: 7-13.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">6. Evans GM, Gaisford WF. Treatment of pneumonia with 2-(p-aminobenzenesulphonamido) pyrine. Lancet 1938; 2: 14-9.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">7. Ruiz M, Ewing S, Marcos MA, Mart&iacute;nez JA, Arancibia F, Mensa J, et al. Etiology of community-acquired pneumonia: impact of age, comorbidity and severity. Am J Respir Crit Care Med 1999; 160: 397-405.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">8. Gonz&aacute;lez Moraleja J, Sesma P, Gonz&aacute;lez C, L&oacute;pez ME, Garc&iacute;a JF, &Aacute;lvarez-Sala JL. ¿Cu&aacute;l es el coste de las neumon&iacute;as que ingresamos inadecuadamente? Arch Bronconeumol 1999; 35: 312-6.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">9. Fine MJ, Smith MA, Carson CA, Mutha SS, Sankey SS, Weissfeld LA, et al. Prognosis and outcomes of patients with community-acquired pneumonia. A meta-analysis. JAMA 1996; 275: 134-41.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">10. Fine MJ, Auble TE, Yealy DM, Hanusa BH, Weissfeld LA, Singer DE, et al. A prediction rule to identify low-risk patients with community-acquired pneumonia. N Engl J Med 1997; 336: 243-250.</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <font face="Verdana" size="2">11. Lim WS, van der Eerden MM, Laing R, Boersma WG, Karalus N, Town GI, et al. Defining community acquired pneumonia severity on presentation to hospital: An international derivation and validation study. Thorax 2003; 58: 377-382.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">12. Bauer, TT, Ewig, S, Marre, R, Suttorp N, Welte T. CRB-65 predicts death from community-acquired pneumonia. J Intern Med 2006; 260: 93-101.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">13. Apolinario Hidalgo R, Su&aacute;rez Cabrera M, Geijo Mart&iacute;nez MP, Bernabeu Wittel M, Falguera Sacrest M, Limi&ntilde;ana Ca&ntilde;al JM. An Med Interna (Madrid) 2007; 24: 467-472.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">14. &Aacute;lvarez-Sala JL, Serrano R. Neumon&iacute;a en el anciano. Med Clin (Barc) 2001; 117: 454-6.</font></p>      ]]></body>
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