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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Antibióticos como promotores del crecimiento en animales: ¿Vamos por el buen camino?]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <div align="center"><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>EDITORIALES</b></font>  </div> <hr size="2" noshade>     <p align="center"><font face="Arial" size="2"><B><font size="4">Antibióticos como    promotores del crecimiento en animales.    <br> ¿Vamos por el buen camino?</font></B></font></p>     <p><B><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">(Antibiotics as growth    promoters in animals. Are we going down the right road?)</font></B></p> <hr size="2" noshade>     <P><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En    los últimos años, la comunidad científica ha manifestado una gran preocupación    por el alarmante incremento de la resistencia a antibióticos debido al problema    que esto supone en el tratamiento de las enfermedades infecciosas. Numerosas    publicaciones científicas, de las cuales se han hecho eco los medios de comunicación,    han destacado la posible relación entre el uso de antibióticos en animales y    el incremento de resistencias a dichos compuestos en bacterias de importancia    en patología humana y animal<SUP>1-3</SUP>. Mucho se ha hablado del uso de los    antibióticos como promotores del crecimiento de animales destinados al consumo    humano, del escaso control en su utilización y del riesgo sanitario de dicho    uso. Hay que mencionar que las partes implicadas &#150;ganaderos, industria    farmacéutica y de producción de piensos, veterinarios, médicos y científicos    en general&#150; tienen opiniones diferentes respecto de la conveniencia o no    del empleo de antibióticos como promotores de crecimiento y discrepan en tan    espinoso problema y de tan grandes repercusiones económicas y sanitarias. Aquí    pretendemos resumir la evolución de los hechos más relevantes, las características    del momento actual y las vías de avance más previsibles.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Las sustancias antimicrobianas se emplean  en veterinaria con fines terapéuticos y profilácticos para tratar o bien  prevenir infecciones. En ambos casos, los antibióticos deben ser suministrados  bajo el control de un profesional veterinario y la normativa vigente exige la  prescripción de la receta veterinaria (desde 1995, cuando se publicó el Real  Decreto 109/1995 sobre medicamentos veterinarios, aunque su puesta en marcha en  las distintas comunidades autónomas tuvo lugar unos años más tarde). Los  antibióticos también pueden ser empleados en producción animal como promotores  del crecimiento. Para este fin no se requiere el uso de la receta veterinaria,  ya que son considerados aditivos del pienso, y existe una lista positiva de  antibióticos autorizados en función de la especie animal.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2><B>Un poco de historia</B></FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>La propiedad de los antibióticos de mejorar  las tasas de crecimiento animal se conoce desde finales de los años cuarenta,  cuando se observó que las aves alimentadas con productos de la fermentación de  <I>Streptomyces aureofaciens</I> mejoraban su desarrollo. Se identificó el  factor de crecimiento en dichos extractos como residuos de clortetraciclina.  Posteriormente se confirmó esta propiedad en múltiples antibióticos y para  diversas especies animales. Los antibióticos como promotores de crecimiento se  han empleado a dosis subterapéuticas durante largos períodos de la vida del  animal, produciendo una ganancia de peso estimada alrededor del 5%. El mecanismo  por el cual los antibióticos favorecen el crecimiento no se conoce con  exactitud. Básicamente actúan modificando cuantitativa y cualitativamente la  flora microbiana intestinal, provocando una disminución de los microorganismos  causantes de enfermedades subclínicas. Actúan también reduciendo la flora normal  que compite con el huésped por los nutrientes. Todo ello conduce a una mejora en  la productividad y reduce la mortalidad de los animales.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Desde la década de los cincuenta, la adición    de antibióticos en pequeñas dosis al pienso de los animales de abasto ha venido    siendo una práctica habitual para mejorar las producciones. En aquel entonces    no se tuvo en cuenta el efecto que el consumo de estos «factores nutritivos»    (como se les consideraba en un principio) pudiera tener sobre la resistencia    bacteriana. A finales de los sesenta surgieron las primeras voces de preocupación    sobre el incremento de la resistencia y la posible relación con el consumo de    antibióticos como promotores del crecimiento. En 1969 se publicó el informe    británico Swann<SUP>4</SUP>, donde se alertaba del posible riesgo de selección    de bacterias resistentes en animales que pudieran posteriormente pasar al ser    humano. Dicho informe recomendaba que no se utilizasen como promotores de crecimiento    antibióticos que pudieran también emplearse en medicina humana, o antibióticos    que seleccionasen resistencias cruzadas. En 1970, en la entonces CEE, se publicó    la Directiva 70/524 sobre los aditivos en la alimentación animal. Solamente    podrían ser empleados como promotores aquellos antibióticos que tuvieran un    efecto demostrado sobre el crecimiento animal, que fueran activos frente a bacterias    grampositivas y que no presentaran absorción intestinal para prevenir la presencia    de residuos en la carne. Se decidió eliminar como promotores aquellos antibióticos    que también fueran utilizados en la medicina humana o animal. De este modo,    se prohibía en Europa el empleo de tetraciclinas o</FONT> <font face="Symbol">b</font><FONT face=arial,helvetica size=2>-lactámicos    como promotores del crecimiento en el pienso de animales (en EE.UU. todavía    se emplean estos antibióticos).</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Esta lista publicada en la Directiva  europea ha variado en el tiempo. Los antibióticos que se han empleado en los  últimos años en la UE como promotores del crecimiento animal han sido los  siguientes: avoparcina (glucopéptido con estructura similar a la vancomicina de  uso en humanos), tilosina y espiramicina (macrólidos con estructura similar a la  eritromicina de uso en humanos), virginiamicina (estreptogramina con estructura  similar a quinupristín-dalfopristín de reciente inclusión en el arsenal  terapéutico humano), avilamicina (con estructura similar a la everninomicina,  antibiótico para uso en humanos), bacitracina, flavofosfolipol, monensina y  salinomicina. De esta lista han ido suprimiéndose paulatinamente, desde 1997  hasta 1999, varias moléculas y, en la actualidad, solamente quedan disponibles  cuatro de ellos como promotores. Vamos a analizar algunos de los elementos que  han motivado cambios en dicha lista de aditivos antibióticos  permitidos.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=arial,helvetica size=2><B>Surgen los problemas</B></FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>A mediados de la década de los noventa, se  observó en diversos países europeos la diseminación de cepas de  <I>Enterococcus</I> con resistencia de alto nivel a la vancomicina en muestras  de alimentos, aguas residuales y heces de humanos y de animales  sanos<SUP>5-8</SUP>. Sin embargo, este tipo de cepas resistentes eran  infrecuentes en muestras clínicas. Enseguida saltó la voz de alarma ante el  peligro de que las cepas de <I>Enterococcus</I> resistentes a vancomicina  pudiesen suponer un problema en la clínica humana, ya que la vancomicina  constituye a veces la única alternativa terapéutica en el tratamiento de  infecciones graves por enterococos multirresistentes. <I>Enterococcus</I> es un  microorganismo que forma parte de la flora intestinal normal de humanos y  animales, pero que frecuentemente está también implicado en infecciones graves  en humanos. La situación en EE.UU. era justo la contraria, se detectaban cepas  de <I>Enterococcus</I> resistentes a vancomicina en muestras clínicas humanas en  una proporción relativamente elevada (sobre todo en aislados de  UCI)<SUP>9</SUP>, pero no en muestras medioambientales, alimentarias e  intestinales. Enseguida surgió la pregunta: ¿qué factores pueden haber  contribuido a la selección de cepas de <I>Enterococcus</I> resistentes a  vancomicina en muestras no clínicas en Europa, pero no en EE.UU.? Se pensó en la  posibilidad de que el uso de avoparcina como promotor del crecimiento animal  (autorizado con ese fin en Europa hasta 1997, pero nunca autorizado en EE.UU.)  pudiese haber contribuido a la selección de cepas de <I>Enterococcus</I>  resistentes a vancomicina en animales. Recordemos que ambas moléculas presentan  estructura similar, el mismo mecanismo de acción y resistencias cruzadas.  Distintos trabajos científicos llevados a cabo desde mediados de los noventa  permitieron establecer esta relación<SUP>5,10</SUP>. Las cepas resistentes de  animales podrían pasar a través de la cadena alimentaria al ser humano y/o  transferir los genes de resistencia a enterococos del intestino humano y,  posteriormente, podrían causar infecciones en humanos. El uso de avoparcina en  animales en Europa y el elevado empleo de vancomicina en humanos en EE.UU.  podrían explicar las distintas características epidemiológicas de la resistencia  a vancomicina en cepas de <I>Enterococcus</I> en ambos continentes.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2><B>Adopción de políticas  comunitarias</B></FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>A partir de las observaciones anteriores,  la UE dictó la prohibición cautelar de la avoparcina como promotor del  crecimiento animal, en todos sus países miembros, en abril de 1997. Con  anterioridad a esta fecha, diversos países se adelantaron a la decisión europea  prohibiendo el uso de la avoparcina en su territorio: Dinamarca en 1995,  Alemania en 1996 y Suecia en 1986 (de hecho, este país prohibió el uso de todos  los antibióticos como promotores del crecimiento en 1986).</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Durante los años 1997 y 1998 tuvieron lugar  numerosas reuniones científicas auspiciadas por la OMS y la UE para evaluar el  impacto de los restantes antibióticos utilizados como promotores del crecimiento  en la selección y diseminación de cepas con resistencia a antibióticos de  importancia en humanos. La UE decidió en 1999 prohibir el uso de los  antibióticos espiramicina, tilosina, virginiamicina y bacitracina, y continuar  con la prohibición de la avoparcina. En la actualidad solamente quedan  disponibles como promotores 4 antibióticos (avilamicina, flavofosfolipol,  monensina sódica y salinomicina) y su utilización está siendo sometida a una  reevaluación (existe una moratoria al respecto hasta el año 2006). Es posible  que, en un futuro, se prohíba en la UE el uso de todos los antibióticos como  promotores del crecimiento.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Todas estas decisiones han estado  acompañadas de una gran polémica y controversia. Hay grupos que opinan que las  decisiones de prohibición adoptadas han sido muy precipitadas, y que no existe  certeza absoluta de la relación causa-efecto en lo que respecta al uso de  antibióticos como promotores en animales y el incremento de resistencia en cepas  patógenas de humanos<SUP>11,12</SUP>. Sin embargo, numerosas publicaciones  aparecidas en los últimos años destacan el elevado porcentaje de resistencias a  antibióticos utilizados como promotores de crecimiento en cepas de origen animal  (y la resistencia conjunta a otros antibióticos relacionados, de uso en  humanos). Por otro lado, recientemente se han publicado datos que demuestran  que, tras la prohibición en Dinamarca de 4 antibióticos como promotores  (avoparcina, tilosina, avilamicina y virginiamicina), se observó una  espectacular disminución de las tasas de resistencia a dichos antibióticos y  otros relacionados de uso en humanos en cepas de <I>Enterococcus</I> procedentes  de aves y cerdos<SUP>13</SUP>. En este estudio también se demuestra que los  cambios en los patrones de uso de estos antibióticos, desde 1995 hasta su  prohibición, se han correlacionado directamente con la disminución en las tasas  de resistencia.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>En los últimos 5 años se han creado en  diferentes países de la UE redes de vigilancia de la resistencia a antibióticos  en bacterias de origen animal y humano, con el objeto de cuantificar la magnitud  del problema de la resistencia a los antibióticos, monitorizar la evolución de  dicha resistencia a lo largo de los años y determinar el efecto de determinadas  políticas de uso de antibióticos en animales. En nuestro país, se creó en 1997  la red de vigilancia veterinaria de resistencia a antibióticos (VAV), financiada  por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que tiene su sede en el  Departamento de Patología Animal I de la Universidad Complutense<SUP>14</SUP>.  En esta red de vigilancia se evalúa la evolución de la resistencia a distintos  antibióticos en bacterias de origen animal.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2><B>Pero en EE.UU...</B></FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>La situación en EE.UU. respecto de los  promotores del crecimiento ha sido, y es, muy diferente. Actualmente están  autorizadas como promotores del crecimiento la penicilina, clortetraciclina,  eritromicina, estreptomicina, bacitracina y espectinomicina (todos estos  antibióticos son de uso en humanos), tilosina y virginiamicina (antibióticos con  estructuras similares a otros usados en humanos), entre otros. En EE.UU., existe  también un amplio debate sobre el efecto de los antibióticos como promotores del  crecimiento y su relación en la selección y diseminación de resistencias. En la  actualidad, se encuentra en estudio la posible prohibición de algunos de ellos  como la penicilina, tetraciclina, eritromicina, tilosina, bacitracina y  virginiamicina, aunque todavía no existe normativa al respecto. De nuevo, al  igual que con los alimentos transgénicos, se observa una política sanitaria más  restrictiva en la UE que en EE.UU.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2><B>Vías de avance</B></FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=arial,helvetica size=2>Ante un futuro próximo, la eliminación  total del uso de antibióticos como promotores del crecimiento parece ser la  opción más sensata y realista. Cabe esperar que esta supresión total de  antibióticos lleve a una disminución en los niveles de resistencia, como ya se  ha observado en algunos casos concretos<SUP>13</SUP>. No obstante, conviene  plantear varias cuestiones. En primer lugar, podría ocurrir que la eliminación  de los antibióticos como promotores condujese a un aumento del uso de otros  antibióticos con fines profilácticos o incluso terapéuticos, ya que resulta  complicado deslindar con precisión las funciones promotoras o profilácticas. En  este orden de ideas, habría que vigilar muy estrechamente si no hay un efecto  rebote de aumento en el consumo de antibióticos con fines terapéuticos por una  mayor incidencia de infecciones, lo que podría comportar un incremento en la  resistencia a los mismos. La red española de vigilancia de la resistencia a  antibióticos en animales, anteriormente mencionada, tendría un importante papel  en el seguimiento de las tasas de resistencia que pudiesen indicar desvíos en  los patrones de uso de los antibióticos. En segundo lugar, se deberían mejorar  las prácticas higiénicas en las granjas y reducir el hacinamiento de los  animales en ellas, lo que conduciría a un incremento en los costes de producción  de los animales de abasto. En este sentido, se debe educar a los consumidores de  tal manera que sean conscientes de que «comer alimentos más saludables  generalmente cuesta más». Por último, se deben buscar nuevas alternativas al uso  de los antibióticos en la alimentación animal y potenciar aquellas  investigaciones que vayan encaminadas a su estudio. En este contexto, está el  uso de probióticos (bacterias que compiten con los patógenos y mantienen el  equilibrio de la flora intestinal), enzimas que mejoran la digestión de los  alimentos o la adición de ciertos ácidos orgánicos, entre otras.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>La prohibición de los antibióticos como  promotores debe entenderse como una medida de seguridad en salud pública, no  como una medida meramente política. Así pues, también cabría preguntarse si para  preservar la salud pública deberían controlarse las importaciones de canales de  animales desde terceros países (con menor control del uso de antibióticos como  promotores de crecimiento que el existente en la UE). Nuestras autoridades  sanitarias han de estar de nuevo ojo avizor, ya que las decisiones sanitarias  pueden generar conflictos comerciales y, si se adoptan las primeras, han de  preverse todas las consecuencias.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>En conclusión, consideramos que la medida    adoptada por la UE de prohibir el uso de un grupo importante de antibióticos    como promotores del crecimiento animal ha sido acertada y demuestra la sensibilidad    de nuestras autoridades políticas y sanitarias por el problema de la resistencia.    Otros países como EE.UU., más permisivos en el uso de los antibióticos como    promotores del crecimiento animal, deberían adoptar medidas similares. En cualquier    caso, no hay que olvidar que el empleo de antibióticos como promotores del crecimiento    constituye un eslabón en la cadena del uso de antibióticos. El empleo de antibióticos    con fines profilácticos y terapéuticos en medicina, veterinaria y agricultura    contribuye también a la selección de bacterias resistentes. Por ello, hoy más    que nunca se hace necesaria la colaboración entre diferentes profesionales (médicos,    veterinarios, farmacéuticos, etc.) para llevar a cabo políticas de uso racional    y prudente de los antibióticos en todos los ámbitos que permitan controlar el    problema de las resistencias. </FONT></P>     <P align="right"><FONT face=arial,helvetica size=2><b>Carmen Torres y Miriam Zarazaga    <br>   </b></FONT><FONT face=arial,helvetica size=2><i>Departamento de Agricultura    y Alimentaci&oacute;n.    <br>   Universidad de La Rioja.    <br>   Logro&ntilde;o </i></FONT></P> <hr size="2" noshade>     <p><FONT face=Arial size=2><b>Bibliograf&iacute;a</b></FONT></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">1. Piddock LJV. Does the    use of antimicrobial agents in veterinary medicine and animal husbandry select    antibiotic resistant bacteria that infect man and compromise antimicrobial chemotherapy?    J Antimicrob Chemother 1996;38:1-3.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 2. Torres C, Zarazaga M.    Repercusiones en el hombre del consumo de antibióticos por animales. Rev Esp    Quimioterapia 1998;11:29-35.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 3. Witte W. Medical consequences    of antibiotics use in agriculture. Science 1998;279:996-7.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 4. Report of the Joint    Committee of the use of antibiotics in animal husbandry and veterinary medicine.    Swann Committee Report. London: HMSO, 1969.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 5. Aarestrup FM. Occurrence    of glycopeptide resistance among Enterococcus faecium isolates from conventional    and ecological farms. Microbial Drug Resistance 1995;1: 255-7.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 6. Bates EM, Jordens JZ,    Griffits DT. Farm animals as a putative reservoir for vancomycin resistant enterococcal    infections in man. J Antimicrob Chemother 1994;34:507-16.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 7. Robredo B, Singh KV,    Baquero F, Murray BE, Torres C. Vancomycin resistant enterococci isolated from    animals and food. Int J Food Microbiol. 2000;54:197-204.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 8. Torres C, Reguera JA,    SanMartín, MJ, Pérez-Díaz JC, Baquero F. VanA-mediated vancomycin-resistant    Enterococcus spp. in sewage. J Antimicrob Chemother 1994;33:553-61.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 9. Murray BE. Vancomycin-resistant    enterococcal infections. N Engl J Med 2000;342:710-21.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 10. Aarestrup FM, Bager    F, Jensen NE, Madsen M, Meyling A, Wegener HC. Surveillance of antimicrobial    resistance in bacteria isolated from food animals to antimicrobial growth promoters    and related therapeutic agents in Denmark. APMIS 1988;106:606-22.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 11. Bezoen A, Van Haren    W, Hanekamp JC. Emergence of a debate: antibiotic growth promoters (AGPs) and    public health. Amsterdam: HAN (Heildelberg Appeal Nederland) Foundation, 1998.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 12. European Federation    of Animal Health. FEDESA. http://www.fedesa.be/PressReleases.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 13. Aarestrup FM, Seyfarth    AM, Emborg HD, Pedersen K, Hendriksen RS, Bager F. Effect of abolishment of    the use of antimicrobial agents for growth promotion on ocurrence of antimicrobial    resistance in fecal enterococci from food animals in Denmark. Antimicrobial    Agents and Chemotherapy 2001; 45:2054-9.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 14. Moreno MA, Domínguez    L, Teshager T, Herrero IA, Porrero MC, and the VAV Network. Antibiotic resistance    monitoring: the Spanish programme. Int J Antimicrobial Agents 2000; 14:285-90.</font></p>      ]]></body>
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