<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0213-9111</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Gaceta Sanitaria]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Gac Sanit]]></abbrev-journal-title>
<issn>0213-9111</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS)]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0213-91112002000300001</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Salud pública, política y administración: ¿rehenes o cómplices?]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Public health, politics and administration: hostages or accomplices?]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Segura]]></surname>
<given-names><![CDATA[Andreu]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad de Barcelona  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2002</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2002</year>
</pub-date>
<volume>16</volume>
<numero>3</numero>
<fpage>205</fpage>
<lpage>208</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0213-91112002000300001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0213-91112002000300001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0213-91112002000300001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <div align="center"><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>EDITORIAL</b></font>  </div> <hr size="2" noshade>     <p align="center"> <font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><B><font size="4">Salud    pública, política y administración: ¿rehenes o cómplices?</font></B></font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><B>(Public health, politics    and administration: hostages or accomplices?)</B></font></p> <hr size="2" noshade>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><B>Introducción</B></font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Algunos salubristas profesionales    &shy;epidemiólogos y técnicos de salud pública (SP)&shy; se han quejado últimamente    de las interferencias políticas que puede sufrir el desempeño de la SP. Fernández    y Arias se preguntaban qué «harían los bomberos si se enviara a los diputados    a apagar los incendios»<SUP>1</SUP>, y Alcázar denunciaba que «cuando existe    un problema de salud de la comunidad sí que se produce esta clara intromisión    en las medidas propuestas por los técnicos de SP»<SUP>2</SUP>.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Estas injerencias preocupan    a los profesionales de la SP desde hace algún tiempo, particularmente cuando    tienen relación con situaciones de crisis<SUP>3-5</SUP>, de forma que en la    última edición de la escuela de verano de Mahón se dedicó un taller a las relaciones    entre técnicos y políticos en SP<SUP>6</SUP>. Un ejemplo de las consecuencias    negativas de esta situación es que las drásticas recomendaciones propuestas    para prevenir la eventual aparición de casos de la variante de Creutzfeldt-Jakob,    que pretendían recuperar la confianza de la gente, muy disminuida como consecuencia    de las medias verdades, las declaraciones grandilocuentes e incluso las flagrantes    distorsiones, exacerbaron los recelos del público que reaccionó disminuyendo    el consumo de carne de vaca de forma generalizada al menos durante unos meses.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><i>Intereses, competencias    y valores</i></font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Si, como se apuntaba en    el primer párrafo, el ámbito de competencias «técnicas» de la SP es invadido    por los políticos, que supuestamente no las poseen, el conflicto sería atribuible    a ellos, al no respetar la necesaria autonomía de los profesionales. Pero no    siempre se trata de eso. Se pueden producir conflictos de intereses y de valores,    que tienen que ver con una determinada posición política, igualmente legítima    pero eventualmente conflictiva.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La evocación de una de las    más célebres frases del imaginario salubrista, atribuida a Rudolf Wirchow cuando    al ser reconvenido por las autoridades políticas de Silesia, a propósito del    contenido de su informe sobre la epidemia de tifus exantemático, replicó que    la «medicina no es más que política en su sentido más amplio»<SUP>7</SUP>, resulta    pertinente. En el contexto democrático, la actitud de Wirchow sería una injerencia    política. Aunque, dada la situación histórica de mediados del siglo XIX en la    Prusia imperial, tal intromisión resulte plausible (en el doble sentido de la    palabra). Además, Wirchow fue requerido como experto por la administración debido    al prestigio académico de que disfrutaba, así que el reproche de las autoridades    reflejaba más bien su frustración.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La dimensión principal del    conflicto entre las autoridades de Silesia y Wirchow se remite a los intereses    y a los valores. Se confrontaban dos visiones políticas antagónicas. Wirchow    estaba defendiendo los valores de la justicia social y los intereses de un planteamiento    político específico, el del partido social demócrata alemán al que perteneció.    Sin embargo, Wirchow no estaba sirviendo a dos señores.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Tampoco hay que olvidar    que las bazas jugadas por Wirchow tenían un componente técnico. La justificación    de su posición política no era ajena a su análisis como médico y como sanitario.    Sin embargo, la mayoría de los médicos no planteaba las cosas como Wirchow.    ¿Hasta qué punto, pues, se puede hablar de la mera aplicación de un conocimiento    científico? ¿Cuál es la influencia del propósito político? A pesar de que los    científicos no son políticamente neutrales, el conocimiento de la realidad que    proporciona la ciencia es, más que ningún otro, objeto de contrastación empírica    y de argumentación racional. Por ello, podemos recurrir a él siempre que exista.    Naturalmente éste es un ámbito más próximo a los profesionales, quienes para    ser considerados como tales deben conocer el estado del arte relativo a cada    problema de salud. Aunque no sean, como lo fue Wirchow, científicos profesionales.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En este punto se impone    una aclaración. Un científico se dedica a idear explicaciones y a contrastarlas    de la forma canónica hoy aceptada mediante estudios experimentales. Otra cosa    es utilizar los conocimientos científicos producidos por otros para desempeñar    mejor sus funciones como agentes de salud. Desde luego que entre las competencias    profesionales de los salubristas ha de figurar la capacidad de comprender el    significado de las investigaciones científicas, incluso la de llevarlas a cabo<SUP>8</SUP>.    Pero no todas las funciones encomendadas a la SP tienen que ver con esta competencia.    La prestación de las actividades de promoción y de protección de la salud comunitaria    que corresponden a la SP necesitan de otras habilidades.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El terreno de la ciencia    es más resbaladizo de lo que parece, porque el conocimiento científico no es    definitivo, es decir, no excluye nunca potenciales explicaciones alternativas.    A mayor abundamiento, una de las actitudes más genuinas de los científicos es    la duda sistemática que, desde luego, se compadece mal con la necesidad de actuar    sobre la realidad que tanto para los políticos como para los profesionales de    la SP y, desde luego para los clínicos, es un imperativo.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Así, lo que distingue el    papel de los técnicos del de los políticos es el desempeño de una función que,    para ser ejercida de forma adecuada, necesita conocimientos pero sobre todo    habilidades y destrezas específicas que requieren una formación determinada    y una experiencia profesional. Naturalmente, la política también puede considerarse    como una dedicación profesional, y en este caso los conocimientos, habilidades    y destrezas tienen un contenido propio y distinto. Aunque tampoco los políticos    y, lo que es más importante, la población, disponen de ninguna institución corporativa    que, a guisa de colegio oficial de políticos, ostente una precisa delegación    social para velar por su profesionalidad y garantizarla. Seguramente porque    se supone que cualquier ciudadano puede llegar a ser un (buen) político sin    atesorar una formación profesional homologada.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Pero no se puede ser un    (buen) salubrista sin una determinada capacitación profesional. Sin embargo,    esta capacitación profesional es, en el caso de la SP, tan variable que no se    puede comparar con la requerida para otras profesiones socialmente establecidas.    Es cierto que los salubristas son titulados universitarios, pero sólo excepcionalmente    la formación recibida se refiere a la SP. Es el caso de los médicos especialistas,    si bien en medicina preventiva (y SP) o de quienes han seguido una formación    específica de posgrado.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><i>El abrazo del oso de    la administración</i></font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La institución de la SP    en España está muy relacionada con la administración, con la que a menudo se    confunde. Las administraciones, a su vez, se identifican con las fuerzas políticas    que gobiernan, de manera que el papel técnico de los cuadros, profesionales    y trabajadores está condicionado por las peculiaridades que cada opción política    y, a menudo, la posición particular de los responsables políticos imprime a    la tarea ejecutiva que le es propia. Desde luego, éstos tienen, en un régimen    democrático, la representatividad de la población o, cuanto menos, de los electores,    de manera que cabría esperar diferencias en la administración de los servicios    sanitarios en general, y de la SP en particular, según la orientación del partido    político en el poder.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Sin embargo, una visión    de la administración como el brazo ejecutor de las directrices y de las decisiones    políticas que es lógico que varíen con la alternancia democrática, parece excesivamente    simplista. Ni que fuera sólo porque las reglas del juego democrático no excluyen    las aportaciones técnicas o profesionales. Pero es que, en cierto sentido, estas    reglas están por encima de los intereses particulares de los políticos y del    personal de la administración. Tanto unos como otros deben respetarlas, ya que    sin ellas la legitimidad social pierde sus referencias.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Así, los conocimientos y    las habilidades del personal de las administraciones podría significar una garantía    frente a eventuales arbitrariedades políticas, el valor añadido que justifica    su existencia más allá de las organizaciones específicamente políticas cuyo    principal objetivo es acceder al poder para gestionarlo precisamente, con la    contribución de las administraciones. Para ello es imprescindible una clara    delimitación de los ámbitos político y técnico de las actividades de la administración,    difícil de conseguir si los procedimientos de acceso a los puestos de trabajo    no garantizan la competencia y no se cuenta con una administración pública suficientemente    profesionalizada. En caso contrario los profesionales se ven abocados a representar    un papel que, según las circunstancias, será el de rehén o el de cómplice.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><i>El sabor agridulce de    la política</i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Las intervenciones de carácter    colectivo que caracterizan la SP requieren, desde antiguo, del ejercicio del    poder político. Desde la creación de las primeras ciudades se tuvo que solucionar    problemas como el abastecimiento de aguas y la eliminación de residuos, aunque    el saneamiento no se consideró parte de la sanidad hasta mucho después. La primera    cuarentena documentada, a mediados del siglo XIV, en Ragusa, no hubiera podido    llevarse a cabo en ausencia de una decisión del poder establecido.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Aunque el reconocimiento    de la dimensión social y política de la SP sea en sí mismo positivo, su confusión    con las estructuras del poder del Estado plantea graves inconvenientes ya que    una cosa es servir a la población y otra, a menudo diferente, servir a los gobernantes.    Como argumenta Álvarez-Dardet: «los fenómenos de conurbación demográfica producidos    por la revolución industrial llevaron a la introducción en la ciudad de formas    de gobierno propiciadas por el desarrollo de los estados-nación, que concentraban    en ellas el control como solución técnica (...). La ciudad había crecido tanto    (...) que su control político era una necesidad para la pervivencia del <I>statu    quo</I>»<SUP>9</SUP>. De ahí el éxito de los enfoques reduccionistas de muchos    salubristas como Edwin Chadwick, uno de los padres de la SP moderna, aunque    en la actualidad su influencia se considere más bien perniciosa<SUP>10</SUP>,    como la de otras figuras eminentes de la SP, entre las cuales puede citarse    al brasileño Osvaldo Cruz, que ha dado nombre a la escuela de SP de Río de Janeiro<SUP>11</SUP>.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Esta relación entre las    actividades de protección de la salud y el poder político se ha mantenido en    España hasta la actualidad, de manera que la autoridad sanitaria es una de las    funciones de la administración que más relación tiene con el ejercicio de la    disciplina. Una función que, si bien ha merecido la sanción de una ley orgánica,    la 3/1986 de medidas especiales en materia de SP, no dispone del necesario desarrollo    para su aplicación y a estas alturas es improbable que lo obtenga<SUP>12</SUP>.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Todo ello dificulta la distinción    entre la SP, la administración sanitaria y la política, cosa que no ocurre con    la medicina que sigue siendo considerada una actividad profesional propia, lo    que seguramente no es ajeno a que los médicos merezcan una mayor confianza por    parte de la población. A pesar de que el prestigio y la situación social de    la profesión médica haya menguado de forma notable.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Pero las implicaciones más    directas de la SP con el poder, en relación con otros desempeños asociados a    la sanidad, se traducen en una pérdida de autoridad moral. La única que a mi    manera de ver pueden aspirar a ejercer los profesionales, ya que de otro modo    invadirían competencias que no tienen atribuidas. Esta pérdida se asocia también    al desprestigio de la política formal. Un desprestigio que tal vez tenga que    ver con el ocaso de las burocracias, los aparatos del poder en la época industrial<SUP>13,14</SUP>.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><i>Explorando alternativas</i></font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Caben algunas iniciativas    para salir del atolladero. Una de ellas sería que los implicados, técnicos y    políticos, dispusieran de ámbitos en los que analizar conjuntamente las dimensiones    técnicas y políticas de las intervenciones de la SP. La academia, en sentido    amplio, que incluye escuelas de SP independientes y hasta sociedades profesionales,    debería desempeñar este papel, de manera que fuera posible el debate en frío,    sin la presión a menudo insoportable que produce la premura para dar respuestas    a problemas candentes.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Pero es necesario, además,    que se desarrolle una cierta institucionalización profesional, de modo que se    cuente con alguna referencia externa, más o menos independiente, que sea capaz    de delimitar los ámbitos de competencia profesional que se deben requerir a    los salubristas y, desde luego, que se produzca una acreditación objetiva de    la existencia de estas competencias, una acreditación que debe ser objeto de    actualización periódica. No se trata, sin embargo, de cumplir un trámite porque    el propósito es obtener legitimación social.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La legitimación social se    adquiere mediante el reconocimiento expreso de que son unos profesionales los    que pueden dar mejores respuestas a algunos problemas determinados, que se distinguen    de otros profesionales por su competencia específica. De manera que el salubrista    deje de ser percibido como un instrumento de la administración o un mero agente    del poder.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">También habrá que estar    atentos a los cambios sociales y a la progresiva mundialización en la que las    redes se están convirtiendo en los nuevos instrumentos operativos de la política.    En este sentido, conviene considerar la propuesta de «glocalización» de Kickbusch<SUP>15</SUP>    de manera que la actuación local en SP se beneficie de la existencia de una    red mundial de profesionales que comparten un propósito, mantienen su autonomía,    establecen vínculos voluntarios y admiten el liderazgo múltiple, lo que no quita    para que la comunidad, y nosotros mismos, debamos tener claro quiénes son los    profesionales competentes.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>Andreu    Segura</b>    <br>   <i>Universidad de Barcelona</i></font>    <br>   <font size="2" face="Arial, Helvetica, sans-serif"><i>E-mail: <a href="mailto:andreus@saludyorganizacion.com">andreus@saludyorganizacion.com</a></i></font></p> <hr size="2" noshade>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">1. Fernández de la Hoz K,    Arias P. La vigencia de la Salud Pública. El País, 30 de octubre de 2001.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 2. Alcázar Casanova F.    Las decisiones en Salud Pública. El País, 20 de noviembre de 2001.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 3. Junta Directiva SEE.    Crisis en salud pública y el papel de los profesionales. SEE nota (enero-abril)    2001 n.&#186; 2, p. 1-2.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 4. Oñorbe M. Política,    Salud Pública y «vacas locas». Revista de Administración Sanitaria 2001;5:9-17.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 5. Aboal Viñas JL, Farjas    Abadia P. Legionella: un problema de salud pública y un problema para la salud    pública. Gac Sanit 2001;15:91-4.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 6. Gil E, coordinador.    Lo técnico y lo político en la salud pública. Taller patrocinado por la SEE.    XII Escuela de Verano de Salud Pública. Mahón, 2001.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 7. Last JM, editor. A dictionary    of epidemiology. 2nd ed. New York: Oxford University Press, 1988; p. 134-5.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 8. Comissió de Salut Pública.    Competencias profesionales en Salud Pública. Barcelona: Institut Universitari    de Salut Pública de Catalunya/IES, 2000.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 9. Álvarez-Dardet C. La    salud pública, el estado y la medicina: ¿amistades peligrosas? En: Comissió    de Salut Pública. Competencias profesionales en salud pública. Barcelona: Institut    Universitari de Salut Pública de Catalunya/IES, 2000; p. 57-65.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 10. Hamlin C. Could you    starve to death in England in 1839? The Chadwick-Farr controversy and the loss    of the «social» in public health. Am J Public Health 1995;85:479-84.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 11. Do Rosario Costa N.    Lutas urbanas e control sanitario. Origens das políticas de saúde no Brasil.    Río de Janeiro: Petrópolis/Abrasco, 1986; p. 57-61.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 12. Francisco Polledo JJ.    El papel de las autoridades sanitarias ante los retos de la salud pública del    siglo XXI. Rev Esp Salud Pública 1997;71:429-36.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 13. Castells M. La era    de la información: la sociedad real. Vol. 2. 3.&#170; reimpresión. Madrid: Alianza    Editorial, 1999; p. 39-44.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 14. Lipnack J, Stamps J.    The age of the network. New York: Wiley &amp; Sons, 1994 &#91;citado por Álvarez-Dardet<sup>9</sup>&#93;.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 15. Kickbusch I. Global    + local = glocal public health. J Epidemiol Comm Health 1999;53:451-2.</font></p>       ]]></body>
</article>
