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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Disruptores endocrinos: una historia muy personal y con múltiples personalidades]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Tufts University School of Medicine ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <div align="center"><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>EDITORIAL</b></font>  </div> <hr size="2" noshade>     <p align="center"><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><B><font size="4">Disruptores    endocrinos: una historia muy personal y con múltiples personalidades</font></B></font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><B>(Endocrine disruptors:    a very personal story with multiple personalities)</B></font></p> <hr noshade size="2">     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En este número de Gaceta    Sanitaria, Olea et al<SUP>1</SUP> discuten el problema de los disruptores endocrinos    desde el punto de vista de la reglamentación del comercio de productos químicos.    En toxicología clásica nunca se había tratado con este tipo de compuestos y,    por tanto, tampoco se sabía cómo evaluar los riesgos que conlleva su exposición.    Este editorial tiene por objeto mostrar cómo la investigación basada en modelos    animales está poniendo de manifiesto que los niveles de contaminación por disruptores    endocrinos habituales en la actualidad pueden producir efectos estructurales    y funcionales. En otras palabras, es imperativo que la toxicología se modernice    e incorpore este nuevo conocimiento procedente de la endocrinología y de la    biología del desarrollo en su <I>modus operandi</I>.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El término «disruptores    endocrinos» fue propuesto por primera vez en una conferencia organizada por    la Dra. Theo Colborn, del World Wildlife Fund, en Wingspread, Wisconsin, en    el año 1991. El objetivo de esta conferencia fue analizar la evidencia disponible    acerca del efecto de los contaminantes químicos ambientales sobre el sistema    endocrino de animales salvajes. Los participantes de esta conferencia firmaron    un documento denominado la Declaración de Wingspread<SUP>2</SUP>. En este documento    se identificaban diferentes áreas de preocupación. La primera era el aumento    del número de nuevos productos químicos que no se valoraban de forma adecuada    desde el punto de vista endocrinológico. Desde que en 1953<SUP>3</SUP> se descubrió    que el pesticida DDT (diclorodifeniltricloroetano) tenía actividad estrogénica,    otros compuestos fueron identificados como estrogenomiméticos, entre ellos ciertos    PCB (bifenilos policlorados). A raíz de la restricción del uso de PCB y DDT    en los años setenta, la mortalidad de los animales salvajes del ecosistema de    los Grandes Lagos en los EE.UU. disminuyó notablemente, pero los animales supervivientes    presentaban ahora alteraciones en los sistemas reproductivo, endocrino, neurológico    e inmune<SUP>4</SUP>. Este hecho sugería bien que la acción residual de los    compuestos prohibidos se revelaba una vez que la mortalidad disminuía debido    a la reducción de los valores ambientales, o bien que existía contaminación    por otros compuestos con actividad endocrina. En nuestra ponencia en la conferencia    de Wingspread presentamos datos que demostraban que ciertos plásticos liberan    contaminantes que poseen actividad estrogénica<SUP>5</SUP> e introdujimos un    bioensayo para la identificación de estrógenos (E-SCREEN)<SUP>6</SUP>. A partir    de esta participación en Wingspread, utilizamos el test E-SCREEN como criba    para identificar compuestos estrogénicos en aproximadamente 100 sustancias<SUP>7</SUP>.    Para nuestra sorpresa, un gran número de las sustancias analizadas dieron resultados    positivos. Más tarde se identificaron otros tipos de disruptores endocrinos:    antiandrógenos (como el vinclozolin), inhibidores de la aromatasa (como la atrazina)    o disruptores de la función tiroidea (como los PCB). Considerando que hay 80.000    sustancias químicas registradas comercialmente, es muy probable que en el futuro    sigan identificándose muchos más disruptores endocrinos.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Los 21 participantes de    la conferencia de Wingspread señalaron una segunda causa de alarma: era posible    detectar un elevado número de diferentes contaminantes ambientales en la grasa    de los animales salvajes, y varios de estos compuestos actuaban como disruptores    endocrinos. La práctica científica habitual en el laboratorio se basa en el    diseño de experimentos sencillos, en los que se evalúa de forma aislada cada    compuesto. Sería de desear que uno sólo de estos contaminantes pudiese ser usado    como «marcador» de todo el conjunto. Pero desgraciadamente éste no es el caso,    ya que las concentraciones de estos productos en sangre o en grasa varían más    o menos independientemente unos de otros. Por ejemplo, en la misma población    podemos encontrar a individuos con concentraciones bajas de DDT y altas de endosulfano,    y otros con los valores opuestos. Por tanto, los estudios epidemiológicos en    los que se relacionan los valores de exposición interna a un producto químico    (por ejemplo, DDT) con un efecto observable (p. ej., cáncer de mama) no permiten    obtener ninguna conclusión acerca del papel de los xenoestrógenos en relación    con el efecto estudiado. Los valores de DDT son buenos marcadores exclusivamente    para la exposición a DDT. La exposición a múltiples contaminantes requiere,    por tanto, nuevas estrategias para medir el efecto aditivo de estas sustancias.    Es necesario identificar un marcador de la carga xenoestrogénica total. En colaboración    con el grupo de la Universidad de Granada, dirigido por los Dres. Nicolás y    María-Fátima Olea, hemos desarrollado una metodología para medir la carga estrogénica    total en tejidos humanos<SUP>8,9</SUP>. Este grupo está ahora finalizando un    estudio sobre la relación entre el riesgo de cáncer de mama y la carga xenoestrogénica    total.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">La tercera causa de alarma    fueron las consecuencias de la utilización del dietilestilbestrol (DES) para    prevenir abortos espontáneos, una práctica médica que fue lamentablemente popular    entre 1950 y 1970<SUP>10</SUP>. Los efectos perjudiciales de esta intervención    no se revelaron hasta mucho más tarde, con la aparición de cáncer de vagina    y de infertilidad en las hijas de las mujeres tratadas, que sufrieron la exposición    durante su desarrollo fetal. Esta observación demostró que una dosis de hormona    que era bien tolerada por la madre podía producir efectos negativos en el feto.    Este hallazgo fue llamado el «síndrome del feto frágil»<SUP>11</SUP>. Uno de    los participantes en Wingspread, Vom Saal, había demostrado en animales que    durante el desarrollo intrauterino la posición de un feto con respecto a sus    hermanos (entre dos machos o entre dos hembras) influía sobre el patrón de comportamiento    del animal en la edad adulta<SUP>12</SUP>. Este efecto era debido a modificaciones    locales en las concentraciones de estrógenos y andrógenos. Nos preguntamos entonces    si los disruptores endocrinos también afectarían al feto más que al adulto.    El bisfenol-A, un monómero usado en la fabricación de plásticos, fue elegido    como prototipo de una nueva categoría de disruptores endocrinos no clorados    ni persistentes. De acuerdo con la toxicología clásica, el bisfenol-A debería    ser inocuo a las concentraciones a las que los humanos están expuestos. Así    fue como el grupo de Vom Saal y el nuestro demostraron que se producen alteraciones    importantes en la estructura y la función del sistema reproductivo y de la glándula    mamaria en fetos expuestos a dosis de bisfenol-A 4.000 veces menores que las    dosis necesarias para producir efectos uterotrópicos en el animal adulto o prepubescente<SUP>13-19</SUP>.    Para los toxicólogos, el ensayo uterotrópico es el «estándar de oro» para medir    la actividad estrogénica<SUP>15</SUP>. De hecho, la OCDE (Organización para    la Cooperación y el Desarrollo Económico) está invirtiendo recursos y esfuerzos    en optimizar y estandarizar el ensayo uterotrópico, que sabemos es 4.000 veces    menos sensible que los procesos de organogénesis que se debiera proteger. Esta    postura resulta difícil de justificar a la vista de los nuevos descubrimientos.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Una cuarta causa de alarma    señalada en Wingspread fue el reconocimiento de que los efectos que se habían    observado en los animales probablemente aparecerían también en los seres humanos,    dado que compartimos con ellos la mayor parte de nuestra trayectoria evolutiva.    Poco tiempo después, Carlsen et al publicaron un metaanálisis sobre la disminución    de la calidad y cantidad del semen humano<SUP>20</SUP>. Otras publicaciones    lanzaron la hipótesis de que el aumento en la incidencia de cáncer de mama podría    deberse al aumento de la exposición a estrógenos ambientales que tuvo lugar    durante los últimos 50 años<SUP>21</SUP>. Como hemos citado antes, en Granada    se está llevando a cabo actualmente el primer estudio que explora la asociación    entre carga xenoestrogénica total y cáncer de mama, aplicando el test E-SCREEN.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">En los años transcurridos    desde la conferencia de Wingspread la comunidad científica ha comprendido que    el problema generado por los disruptores endocrinos sobrepasa nuestra capacidad    de análisis. Estos productos químicos se utilizan en preparaciones complejas,    es decir, que contienen muchas impurezas, isómeros y congéneres. Esto hace muy    difícil el estudio de su metabolismo y su seguimiento a través del ecosistema.    No sólo se ha detectado actividad hormonal en los productos considerados activos    (p. ej., los pesticidas) sino también en los productos «inertes», como los agentes    dispersantes (p. ej., los etoxilatos de alquilfenoles). Si bien el estudio en    esta área ha resultado mucho más complejo de lo que era previsible, la investigación    de los efectos de los disruptores endocrinos ha desvelado también determinados    aspectos de la biología del desarrollo hasta ahora desconocidos. Por ejemplo,    el desarrollo mamario en las moléculas que intervienen en la morfogénesis tiene    lugar en gran parte cuando la mama está aparentemente inactiva. Lo mismo se    puede decir acerca del aparato genital masculino y femenino. En el período en    el que ocurre este desarrollo fundamental, es cuando la exposición a xenohormonas    ambientales puede determinar la aparición de efectos irreversibles. Aunque sutiles,    estos efectos pueden tener graves consecuencias para el individuo y para la    población general.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">El trabajo del Porta et    al en este mismo número de la revista<SUP>22</SUP> expone lo difícil que resulta    valorar el significado clínico, ecológico y poblacional de los valores de compuestos    tóxicos persistentes (CTP) en las personas. Es decir, la evidencia de la nocividad    de los CTP se obtuvo aplicando los criterios de la toxicología clásica. Aun    así, ha costado muchos años de esfuerzo producir un tratado como el Convenio    de Estocolmo, del que se habla en el trabajo de Porta et al, y que está a punto    de aplicarse. Este tratado sólo incluye los compuestos químicos más persistentes,    algunos de ellos prohibidos en los EE.UU. desde hace 30 años. Los productos    «nuevos» en la lista de disruptores endocrinos se utilizan sin restricciones.    ¿Cuánto esfuerzo, cuánto trabajo experimental será necesario para llegar a desarrollar    medidas de protección frente a los disruptores endocrinos, si ahora, con 50    años de retraso, se están iniciando actuaciones sobre los CTP? Creemos que el    conjunto de la evidencia sobre disruptores endocrinos es suficientemente alarmante    como para que las autoridades civiles y políticas apliquen inmediatamente el    denominado principio de precaución. Si es que verdaderamente deseamos proteger    a la población mientras tratamos de establecer la gravedad del problema, esta    decisión se hace imperativa. El estudio sistemático en modelos experimentales    y epidemiológicos es tan complejo que la investigación necesitará décadas antes    de producir los resultados cuantitativos más básicos. La responsabilidad que    todos tenemos hacia nuestros hijos y nietos nos obliga a actuar cuanto antes.    De acuerdo con el principio de precaución, es irresponsable y egoísta posponer    la adopción de medidas de regulación del problema hasta tener disponible toda    la evidencia necesaria. En este sentido, los disruptores endocrinos se convierten    en un problema muy personal.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>Ana M.    Soto    <br>   </b></font><b><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">Carlos Sonnenschein</font></b><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">    <br>   <i>Tufts University School of Medicine. Boston. EE.UU.</i></font></p> <hr size="2" noshade>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2">1. Olea N, Fernández MF,    Areque P, Olea Serrano F. Perspectivas en disrupcion endocrina. Gac Sanit 2002;16:261-7.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 2. Wingspread consensus    statement. In: Colborn T, Clement C, editors. Chemically induced alterations    in sexual and fuctional development: the wildlife/human connection. Princeton:    Princeton Scientific Publishing, 1992; p. 1-8.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 3. Burlington H, Lindeman    VF. The effect of DDT on testes and secondary sex characters of white leghorn    cockerels. Proc Soc Exp Biol Med 1950;74:48-51.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 4. Colborn T, Clement C,    editors. Chemically induced alterations in sexual and fuctional development:    the wildlife/human connection. Princeton: Princeton Scientific Publishing, 1992.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 5. Soto AM, Justicia H,    Wray JW, Sonnenschein C. p-Nonyl-phenol: an estrogenic xenobiotic released from    «modified» polystyrene. Environ Health Perspect 1991;92:167-73.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 6. Soto AM, Lin T-M, Justicia    H, Silvia RM, Sonnenschein C. An «in culture» bioassay to assess the estrogenicity    of xenobiotics. In: Colborn T, Clement C, editors. Chemically induced alterations    in sexual development: the wildlife/human connection. Princeton: Princeton Scientific    Publishing, 1992; p. 295-309.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 7. Soto AM, Chung KL, Sonnenschein    C. The pesticides endosulfan, toxaphene, and dieldrin have estrogenic effects    on human estrogen sensitive cells. Environ Health Perspect 1994;102:380-3.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 8. Sonnenschein C, Soto    AM, Fernández MF, Olea N, Olea-Serrano MF, Ruiz-López MD. Development of a marker    of estrogenic exposure in human serum. Clinical Chemistry 1995;41:1888-95.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 9. Soto AM, Fernández MF,    Luizzi MF, Oles Karasko AS, Sonnenschein C. Developing a marker of exposure    to xenoestrogen mixtures in human serum. Environ Health Perspect 1997;105:647-54</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 10. Herbst AL, Bern HA.    Developmental effects of diethylstilbestrol (DES) in Pregnancy. New York: Thieme-Stratton,    1988.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 11. Bern HA. The fragile    fetus. In: Colburn T, Clement C , editors. Chemically-induced alterations in    sexual and functional development: the wildlife/human connection. Princeton:    Princeton Scientific Publishing, 1992; p. 9-15.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 12. Vom Saal FS, Montano    MM, Wang MH. Sexual differentiation in mammals. In: Colborn T, Clement C, editors.    Chemically-induced alterations in sexual and functional development: the wildlife/human    connection. Princeton: Princeton Scientific Publishing, 1992; p. 17-83.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 13. Vom Saal FS, Cooke    PS, Buchanan DL, Palanza P, Thayer KA, Nagel SC, et al. A physiologically based    approach to the study of bisphenol A and other estrogenic chemicals on the size    of reproductive organs, daily sperm production, and behavior. Toxicol Ind Health    1998;14:239-60.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 14. Howdeshell KL, Hotchkiss    AK, Thayer KA, Vandenbergh JG, Vom Saal FS. Exposure to bisphenol A advances    puberty. Nature 1999;401:763-4.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 15. Markey CM, Michaelson    CL, Veson EC, Sonnenschein C, Soto AM. The mouse uterotropic assay: a re-evaluation    of its validity in assessing the estrogenicity of bisphenol A. Environ Health    Perspect 2001;109:55-60.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 16. Markey CM, Luque EH,    Muñoz de Toro MM, Sonnenschein C, Soto AM. In utero exposure to bisphenol A    alters the development and tissue organization of the mouse mammary gland. Biol    Reprod 2001;65:1215-23.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 17. Ramos JG, Varayoud    J, Sonnenschein C, Soto AM, Muñoz de Toro MM, Luque EH. Prenatal exposure to    low doses of bisphenol A alters the periductal stroma and glandular cell function    in the rat ventral prostate. Biol Reprod 2001;65:1271-7.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 18. Gupta C. The role of    estrogen receptor, androgen receptor and growth factors in diethylstilbestrol-induced    programming of prostate differentiation. Urol Res 2000;28:223-9.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 19. Rubin BS, Murray MK,    Damassa DA, King JC, Soto AM. Perinatal exposure to low doses of bisphenol-A    affects body weight, patterns of estrous cyclicity and plasma LH levels. Environ    Health Perspect 2001;109:675-80.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 20. Carlsen E, Giwercman    A, Keinding N, Skakkebaek NE. Evidence for the decreasing quality of semen during    the past 50 years. Br Med J 1992;305:609-12.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 21. Davis DL, Bradlow HL,    Wolff M, Woodruff T, Hoel DG, Anton-Culver H. Medical hypothesis: xenoestrogens    as preventable causes of breast cancer. Environ Health Perspect 1993;101: 372-7.</font></p>     <p><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="2"> 22. Porta M, Kogevinas    M, Zumeta E, Sunyer J, Ribas-Fitó N, y el Grupo de Trabajo sobre Compuestos    Tóxicos Persistentes y Salud del IMIM. Concentraciones de compuestos tóxicos    persistentes en la población española: el rompecabezas sin piezas y la protección    de la salud pública. Gac Sanit 2002; 16:268-77.</font></p>      ]]></body>
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