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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El principio de precaución: implicaciones para la salud pública]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Agencia de Evaluación de Tecnologías e Investigación Médicas  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><FONT face=Arial size=2><B>EDITORIAL</B></FONT> <hr color="#000000">     <p align="center"><B><font face="Arial" size="4">El  principio de precaución: implicaciones para la salud pública</font></B></p>     <p align="left"><FONT face=Arial size=2><B>(The principle of precaution:  Implications for public health)</B></FONT> </p> <hr color="#000000">     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Los orígenes del principio de precaución se hallan en el <I>vorsorgeprinzip</I>,  o principio de previsión, introducido en la legislación medioambiental alemana  en la década de los setenta. El principio fue recogido posteriormente en  tratados y convenciones internacionales como la Declaración de Bergen para el  Desarrollo Sostenible (1990), el Tratado de Maastricht de la Unión Europea  (1992), la Declaración de Río sobre Medioambiente y Desarrollo (1992) o la  Convención de Barcelona (1996). En EE.UU., el principio fue discutido  formalmente por vez primera en la Conferencia de Wingspread, en  1998<SUP>1</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>El principio establece que «cuando una  actividad representa una amenaza o un daño para la salud humana o el medio  ambiente, hay que tomar medidas de precaución incluso cuando la relación  causa-efecto no haya podido demostrarse científicamente de forma  concluyente»<SUP>1</SUP>. Esta declaración implica actuar aun en presencia de  incertidumbre, derivar la responsabilidad y la seguridad a quienes crean el  riesgo, analizar las alternativas posibles y utilizar métodos participativos  para la toma de decisiones.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Aunque no dispone de una definición  generalmente aceptada, el principio de precaución puede describirse  operativamente como la estrategia que, con enfoque preventivo, se aplica a la  gestión del riesgo en aquellas situaciones donde hay incertidumbre científica  sobre los efectos que en la salud o el medio ambiente puede producir una  actividad determinada. Su aplicación requiere que, antes de aceptar una  actividad o procedimiento nuevo, se disponga de evidencia de que el riesgo que  comporta es aceptablemente bajo y no sólo de ausencia de evidencia de que el  riesgo es elevado e inaceptable. La implementación, sin embargo, es compleja,  porque no se especifica cuantitativamente la precaución que hay que tener o el  momento en el que deben aplicarse las medidas precautorias.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>El principio de precaución tiene su  analogía poblacional y ecológica en uno de los fundamentos de la ética médica  -el principio de no maleficencia, <I>primum non nocere</I>-, y contiene  muchos de los atributos de la buena praxis en salud pública, como son la  prevención primaria y el reconocimiento de que las consecuencias imprevistas e  indeseables de la actuación humana no son infrecuentes<SUP>2</SUP>. Cuando se  dispone de evidencias demostradas de riesgo para la salud o el medio ambiente,  se aplican medidas preventivas; cuando no existe esa certeza pero hay indicios  de posibles efectos perjudiciales, deben instaurarse acciones de forma  anticipada (medidas de precaución) para evitar el potencial daño.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>La toma de decisiones en el ámbito de la  salud pública suele basarse en la determinación cuantitativa del riesgo, de  manera que la restricción de actividades potencialmente peligrosas se produce,  con frecuencia, una vez que los estudios científicos han establecido una  asociación presumiblemente causal entre dichas actividades y su impacto adverso  sobre la salud. Sin embargo, la investigación etiológica es costosa en tiempo y  recursos, está sujeta a limitaciones metodológicas (como el número reducido de  individuos estudiados), no siempre alcanza a demostrar la asociación causal  (efecto de la exposición) y, si la demuestra, se le exige que sea  estadísticamente significativa (aun cuando la falta de significación no indica  necesariamente la ausencia de efecto). Así pues, el conocimiento científico  comporta muchas veces incertidumbre: no se puede asegurar siempre que una  determinada actividad o exposición causará, o no, daño, y mientras se  desarrollan los estudios, las actividades potencialmente peligrosas continúan si  no se toman medidas de precaución.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>El principio de precaución intenta  aproximar la incertidumbre científica y la necesidad de información a la  decisión política de iniciar acciones para prevenir el daño. De acuerdo con el  principio, es mejor ser más o menos correcto en el momento adecuado, teniendo en  cuenta las consecuencias de equivocarse, que ser completamente correcto  demasiado tarde. En otras palabras, los errores en las decisiones deben  favorecer la precaución: el principio tiende a evitar los falsos negativos para  así prevenir las exposiciones potencialmente peligrosas y los problemas de salud  innecesarios<SUP>3</SUP>. Pero no hay que olvidar que en la toma de decisiones,  como en las acciones en salud pública, deben considerarse tanto los riesgos como  los beneficios.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>A menudo la prevención es más  coste-efectiva que la curación. Potencialmente el coste social de adoptar  medidas de precaución podría llegar a ser muy elevado, en especial si el impacto  sobre la salud resultara ser menor del esperado. Aun así, el principio de  precaución es de aplicación cuando hay una buena base para considerar que una  acción implementada de manera temprana, a un coste comparativamente bajo, puede  evitar un daño posterior mucho más costoso o la aparición de efectos  irreversibles.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=arial,helvetica size=2>Se ha argumentado que el principio de  precaución no es científico, puesto que promueve acciones preventivas sin que  haya evidencia de causalidad. Sin embargo, su aplicación implica la utilización  de metodologías habituales para la toma de decisiones informadas, como la  evaluación del riesgo, el análisis coste-beneficio y la valoración de  alternativas diversas, que tienen base científica.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>La evaluación del riesgo<SUP>4,5</SUP>,  proceso sistemático de identificación de las potenciales consecuencias adversas  de una actividad, tecnología o producto y de estimación de la probabilidad o  riesgo de que se produzcan, consta de 4 etapas: identificación del riesgo,  caracterización de la relación dosis-respuesta, valoración de la exposición y  estimación del riesgo. El resultado final incluye, por una parte, una  declaración cuantitativa y cualitativa de los efectos esperados sobre la salud y  del número y la proporción de personas afectadas, y por otra, una aproximación a  las incertidumbres halladas. Este proceso tiene cierta similitud con la  investigación epidemiológica pero, al tratarse de un instrumento para ayudar a  la toma de decisiones y la definición de políticas, se aplica a poblaciones como  las que constituyen un país e intenta contestar de manera formal y estricta  preguntas, en general, de difícil respuesta.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>En la secuencia de aplicación del principio  de precaución, la evaluación del riesgo va seguida de la gestión del mismo. La  gestión del riesgo se caracteriza por sopesar los riesgos y los beneficios  asociados a una actividad y seleccionar una estrategia de actuación que  modifique los niveles de riesgo a que están sometidos los individuos o la  población<SUP>6</SUP>. Este proceso implica la comunicación del riesgo o  transmisión de la información obtenida en la evaluación tanto a los políticos  como a la población afectada. Por tanto, debe ser transparente y  multidisciplinario, involucrando a todas las partes implicadas con el objetivo  de valorar las diferentes opciones, incluidas las consecuencias potenciales de  la decisión de no actuar. La sociedad acepta muchas situaciones que suponen, a  la vez, riesgos y beneficios. La clave está en situar los límites de la  exposición a unos niveles en que el equilibrio, el <I>trade-off</I>, entre unos  y otros sea socialmente aceptable.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>El proceso de gestión del riesgo valora  comparativamente el riesgo, controla la exposición y monitoriza el riesgo  basándose en los 5 principios siguientes: <I>a)</I> proporcionalidad (las  medidas que se adopten han de ser proporcionales al nivel de protección deseado,  teniendo en cuenta que jamás se puede alcanzar un riesgo cero); <I>b)</I> no  discriminación (situaciones comparables no han de tratarse de manera diferente y  situaciones diferentes no deben tratarse de la misma forma); <I>c)</I>  consistencia (las medidas tienen que ser comparables a las que se han adoptado  en circunstancias similares o utilizando enfoques parecidos); <I>d)</I> estudio  de los beneficios y los costes de las acciones y de la falta de acción (análisis  del coste-beneficio, de la eficacia, del impacto económico y social y, en  determinadas circunstancias, consideraciones no economicistas), y <I>e)</I>  revisión de los avances científicos (las medidas que se adopten deben ser  provisionales, mientras no se disponga de datos concluyentes y se considere que  el riesgo es demasiado elevado para imponerlo a la sociedad; por tanto, la  investigación ha de continuar y las medidas tienen que evaluarse y modificarse  en función del conocimiento científico disponible)<SUP>7</SUP>. La sistemática  descrita indica que las decisiones basadas en el principio de precaución no se  toman, pues, de manera arbitraria o discriminatoria.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Algunos ejemplos de actividades o  tecnologías que pueden suponer un riesgo para la salud, como los disruptores  hormonales y la telefonía móvil, servirán para ilustrar la utilización práctica  del principio de precaución.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Los productos químicos sintéticos que  pueden interferir en el sistema endocrino están ampliamente distribuidos en el  medio ambiente, y hay un alto grado de incertidumbre sobre el qué, el cuándo y  el cómo de su potencial efecto sobre la salud. El conocimiento científico tiene  limitaciones para conocer y comprender tanto los aspectos relacionados con la  exposición como los relativos a la variabilidad de la respuesta en individuos y  poblaciones. Sin embargo, esta falta de evidencia científica no significa que  dichos productos no puedan suponer un riesgo para la salud humana. Aun así, su  comercio y utilización están autorizados y, por tanto, los seres humanos siguen  expuestos a ellos. Además, parece ser que los efectos de los disruptores  hormonales pueden aparecer a dosis bajas, ser acumulativos e incluso sinérgicos,  y depender más del tiempo o momento de la exposición que de la dosis. Esto  significa que exposiciones bajas, o quizás únicas, durante etapas críticas del  desarrollo (embarazo, infancia) podrían producir efectos permanentes en el  organismo. Por otra parte, aunque el efecto de la disrupción hormonal pudiera  ser leve en un individuo, tendría grandes implicaciones para la  población<SUP>8</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Las radiaciones de radiofrecuencia emitidas  por la telefonía móvil se sitúan en la zona baja del espectro electromagnético,  no son ionizantes y producen efectos térmicos. Los estudios experimentales,  <I>in vivo, in vitro</I> y en voluntarios, han demostrado que el aumento de la  temperatura tiene efectos sobre el sistema nervioso que son difíciles de  interpretar en términos de riesgo para la salud humana. Se desconoce si la  exposición es inocua o si pueden existir efectos no identificados todavía. Por  otra parte, los datos epidemiológicos disponibles indican que la exposición a  radiaciones como las descritas no está asociada a la aparición de cáncer ni  tiene efectos sobre la reproducción. Estos estudios presentan limitaciones para  identificar efectos leves que podrían producirse con una exposición intensa y  prolongada, o efectos crónicos que pudieran aparecer varios años después de la  exposición. De hecho, el único efecto sobre la salud asociado a la utilización,  que no a la radiación, de los teléfonos móviles son los accidentes de tráfico.  Como conclusión puede decirse, pues, que con el conocimiento actual no hay  evidencia científica de que la exposición a la radiofrecuencia de la telefonía  móvil cause problemas de salud, pero no hay información suficiente para asegurar  que no representa un riesgo<SUP>9</SUP>. Es decir, la ausencia de evidencia no  significa ausencia de riesgo. Además, al igual que en el caso de los disruptores  hormonales, también los potenciales efectos pequeños de la telefonía móvil en el  individuo podrían llegar a tener gran repercusión poblacional debido a la amplia  difusión y uso de esta tecnología.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>En los ejemplos descritos, la aplicación  del principio de precaución pasa por la divulgación de la información científica  disponible a todos los estamentos implicados, el fomento de la toma de  decisiones basada en la limitación de los niveles de exposición (manejo de la  exposición de forma más restrictiva y prudente), la formulación de objetivos con  alcance y evaluación a largo plazo y la búsqueda de alternativas más seguras. La  bondad del principio de precaución para la salud pública reside en que su  implementación requiere la utilización de metodología científica propia de este  campo y promueve la innovación y los avances tecnológicos en un entorno de  transparencia y participación democrática<SUP>10</SUP>.</FONT></P>     <p align="right"> <FONT  face=Arial size=2><b>Emilia Sánchez    <BR> </b><i> Agencia de Evaluación de Tecnología    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> e Investigación Médicas. Barcelona.<a href="mailto:emsanchez@catsalut.net">    <br> emsanchez@catsalut.net    <br> </a></i></FONT> <hr color="#000000">     <p> <FONT  face=Arial size=2><b>Bibliografía</b></FONT></p>     <p> <FONT  face=Arial size=2>1. Raffensperger C, Tickner J, editors. Protecting public  health and the environment: implementing the precautionary principle.  Washington, DC: Island Press, 1999.</FONT></p>     <p> <FONT  face=Arial size=2>2. Goldstein BD. The precautionary  principle also applies to public health actions. Am J Public Health  2001;91:1358-61.</FONT></p>     <p> <FONT  face=Arial size=2>3. Jamieson D, Wartenberg D. The precautionary principle and  electric and magnetic fields. Am J Public Health 2001;91: 1355-8.</FONT></p>     <p> <FONT  face=Arial size=2>4. Samet  JM, Schnatter R, Gibb H. Invited commentary: epidemiology and risk assessment.  Am J Epidemiol 1998; 148:929-36.</FONT></p>     <p> <FONT  face=Arial size=2>5. Bailar JC III, Bailer AJ. Environment and  health: 9. The science of risk assessment. CMAJ 2001;164:503-6.</FONT></p>     <p> <FONT  face=Arial size=2>6. Foster KR,  Vecchia P, Repacholi MH. Risk management: Science and the precautionary  principle. Science 2000;288: 979-81.</FONT></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <FONT  face=Arial size=2>7. Commission of the European Community.  Communication from the Commission on the Precautionary Principle. Brussels:  Commission of the European Community, 2000. Publication COM (2000) 1.</FONT></p>     <p> <FONT  face=Arial size=2>8.  Tickner J. An example of the precautionary principle at work: Endocrine  disruption. Disponible en: <a href="http://www.gdrc.org/u-gov/precaution-2.html"> http://www.gdrc.org/u-gov/precaution-2.html</a></FONT></p>     <p> <FONT  face=Arial size=2>9.  IEGMP Independent Expert Group on Mobile Phones. Mobile Phones and Health. Oxon:  2000. Disponible en: <a href="http://www.iegmp.org.uk"> http://www.iegmp.org.uk</a></FONT></p>     <p> <FONT  face=Arial size=2>10. Kriebel D, Tickner J.  Reenergizing public health through precaution. Am J Public Health  2001;91:1351-5.</FONT></p>      ]]></body>
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