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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La salud laboral ante los retos de la nueva economía]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Institut Municipal de Salut Pública  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font size="2" face="Arial">EDITORIAL</font></b> <hr color="#000000">     <p align="center"><b><font face="Arial" size="4">La salud  laboral ante los retos de la nueva economía</font></b> </p>     <p align="left"><b><font size="2" face="Arial">(Occupational health and the challenges of the  new economy)</font> </b> </p> <hr color="#000000">     <P><font size="2" face="Arial">En los últimos años el mundo del trabajo ha evolucionado con una rapidez sin  precedentes en respuesta a las necesidades empresariales y a las nuevas  tecnologías. Como consecuencia, se ha producido una profunda reestructuración  del mercado laboral y de las condiciones de trabajo, lo que supone un auténtico  desafío para una salud laboral que en la mayoría de los países está menos  desarrollada que otras disciplinas de salud pública.</font></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Los nuevos riesgos  laborales</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Los cambios en el mercado de trabajo son el  punto de partida para unas condiciones laborales radicalmente diferentes. Aunque  todavía persisten los riesgos laborales clásicos, cada vez es mayor el  protagonismo de los factores de riesgo psicosocial y del estrés laboral  derivados de nuevas formas de organización del trabajo. Vale la pena recordar  que en el año 2000 el estrés era el segundo trastorno de salud más frecuente  entre los trabajadores de la Unión Europea (UE)<SUP>1</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Los dos cambios más relevantes en la  organización del trabajo probablemente han sido la flexibilización del empleo y  la intensificación del trabajo. El trabajo estable a tiempo completo ha dejado  de ser el paradigma. En el año 2001, el 13% de los trabajadores de la UE  trabajaba con contratos temporales, porcentaje que casi se triplicaba (32%) en  España, el país de la UE con mayor proporción de trabajadores en esta  situación<SUP>2</SUP>. Pero ni siquiera los trabajadores con contratos fijos  están a salvo de procesos de reestructuración de empresas como consecuencia de  las exigencias cambiantes de la economía, tal como se viene observando con  especial intensidad durante los últimos meses.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En este contexto, y en la actual situación  de recesión económica, el paro vuelve a ser, una vez más, una preocupación  social de primer orden. También aquí los datos de España son preocupantes. Con  una tasa de paro del 10%, España era en 2001 el país europeo con una mayor  proporción de trabajadores desempleados<SUP>2</SUP>. Es bien conocido que el  paro se asocia a un amplio abanico de trastornos de salud<SUP>3</SUP> y también  lo es que las prestaciones de desempleo reducen este impacto<SUP>4</SUP>. Así,  los recortes en estas prestaciones que se han introducido en España  recientemente deben abordarse, no sólo como un problema de relaciones laborales,  sino también como un problema salud laboral.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Estamos asistiendo a una progresiva  intensificación del trabajo: se amplían los horarios a fin de semana, se  incrementan los horarios irregulares con unas horas de trabajo impredecibles, lo  que dificulta la organización de la vida privada, y se extienden tanto los  horarios muy reducidos (trabajo a tiempo parcial involuntario) como los  demasiado prolongados (horas extraordinarias involuntarias).</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En el año 2000 el 19% de la población  ocupada de la UE hacía turnos de noche, el 47% trabajaba los sábados y el 24%  los domingos. Además, el 21% de los trabajadores decía no tener tiempo  suficiente para acabar su trabajo y el 56% afirmaba tener que trabajar muy  rápido durante al menos el 25% de su jornada laboral<SUP>1</SUP>. Este aumento  de las exigencias del trabajo no parece haber ido acompañado de un incremento  paralelo del control (autonomía y oportunidad de desarrollar las habilidades)  sobre el trabajo.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>En períodos de recesión económica, los  trabajadores aceptan peores condiciones de trabajo: aumento de la carga de  trabajo, horarios atípicos, contratos temporales o salarios reducidos. Este  contexto puede ser también el caldo de cultivo para el acoso moral, riesgo  laboral que viene recibiendo cada vez más atención. Algunos trabajadores se ven  obligados a aceptar el maltrato psicológico de sus superiores debido a las  dificultades para encontrar un nuevo empleo; además, cada vez es más difícil  contar con la solidaridad de los compañeros, temerosos de posibles represalias.  Por otro lado, este entorno psicosocial adverso, ¿hasta qué punto está en la  raíz del repunte de los accidentes laborales que se ha producido en los últimos  meses?</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Aunque recientemente los estados miembros  de la UE situaban los factores psicosociales como la primera prioridad de  investigación sobre seguridad y salud en el trabajo, existe muy poca  investigación, y menos aún acción preventiva sobre su impacto en la  salud<SUP>5</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Pese al optimismo que puede generar la  publicación de dos artículos relacionados con el riesgo psicosocial del trabajo  en este número de GACETA SANITARIA<SUP>6,7</SUP>, en España la situación de la  investigación y de la intervención sobre el entorno psicosocial del trabajo es  muy preocupante. Frente al abordaje respaldado por una mayor evidencia  científica, centrado en los modelos de Karasek (exigencias-control-apoyo) y  Siegrist (esfuerzo-compensaciones)<SUP>8</SUP>, en España los factores de riesgo  psicosocial continúan siendo sinónimos de la carga mental, lo que en parte se  debe al hecho de que estos términos proceden de disciplinas  diferentes<SUP>9</SUP>. Si el concepto de factores de riesgo psicosocial  proviene del campo de la psicología del trabajo y se enmarca dentro del estudio  de la relación entre el trabajo y la salud, la carga mental es un término propio  de la ergonomía cognitiva que trata de analizar las capacidades y limitaciones  del ser humano como sistema de procesamiento de información. Mientras la  evidencia sobre la relación de los factores de riesgo psicosocial del trabajo  con diversos trastornos de salud -entre ellos, problemas cardiovasculares y  de salud mental- es abrumadora, la carga mental sólo se analiza como  relacionada con la «fatiga mental» que puede ser responsable de errores en la  ejecución del trabajo con consecuencias más o menos graves.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En un entorno de divorcio entre la  productividad y la salud laboral, no es extraño que las escasas evaluaciones o  intervenciones sobre el riesgo psicosocial realizadas en las empresas españolas  se centren en la carga mental; tampoco lo es que la prevención del estrés se  aborde individualmente -terapias de relajación o reestructuración cognitiva,  por ejemplo- dejando de lado el entorno psicosocial, que está en la raíz del  trastorno.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>La feminización y el envejecimiento de  la población activa</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La entrada de la mujer en el mercado  laboral es, probablemente, uno de los mayores cambios que se han producido en  los últimos años. Pero ellas ocupan puestos de trabajo menos cualificados y con  peores condiciones de trabajo que los varones. Por ejemplo, en el año 2000 el  porcentaje de mujeres en el cuartil más bajo de salarios era casi tres veces  superior al de varones; por el contrario, el de varones en el cuartil superior  era dos veces superior al de mujeres<SUP>1</SUP>. El análisis de sexo, sin  embargo, requiere ir más allá del trabajo pagado: en todos los países  desarrollados, las mujeres, aun realizando un trabajo remunerado, continúan  teniendo la responsabilidad principal en la familia, sobrecarga de trabajo que  tiene efectos negativos sobre su salud<SUP>10</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En la mayoría de los países de la UE el  trabajo a tiempo parcial es la principal estrategia que permite a las mujeres  conciliar la vida laboral y familiar. En el año 2001 en la UE trabajaban a  tiempo parcial el 6% de los varones y el 34% de las mujeres<SUP>2</SUP>; los  porcentajes correspondientes en España eran 3% y 17%, respectivamente. Aunque  esta modalidad de empleo se considera a menudo una de las soluciones más  efectivas a corto plazo para combinar el trabajo doméstico y el remunerado, en  la medida en que continúa siendo una alternativa casi exclusiva para las  mujeres, contribuye a mantener las desigualdades de sexo. A medio y largo plazo  tiene efectos no deseados, como la limitación de la carrera profesional, la  reducción de la cuantía de las pensiones de jubilación, calculada según la base  de cotización de la Seguridad Social, o la disminución de la presencia de las  mujeres en la vida pública y, por tanto, en los ámbitos de toma de decisiones,  lo que se traduce en que sus necesidades y puntos de vista continúan ausentes en  los ámbitos de decisión políticos y económicos. Además, se han documentado  peores condiciones de trabajo en los empleos a tiempo  parcial<SUP>11</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Otro cambio demográfico, el envejecimiento  de la población activa, exige una revisión del modelo de «déficit por la edad»,  que insiste en la pérdida de capacidades. Lo cierto es que, aunque las  capacidades cambian con la edad, no necesariamente se pierden sino que, de  hecho, con frecuencia aumentan. Las organizaciones se tendrían que humanizar más  a fin de que la gente pueda trabajar de forma saludable a lo largo de toda su  carrera profesional, lo que quizá se podría hacer realidad mediante la educación  permanente y unos sistemas de gestión más participativos.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Retos para el futuro</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Si la salud laboral desea realmente abordar  con éxito los retos que plantea la nueva economía debe: <I>a)</I> fomentar la  investigación sobre los efectos que las nuevas formas de trabajar tienen sobre  la salud; <I>b)</I> impulsar la evaluación y la prevención de los factores de  riesgo psicosocial en la empresa desde una visión preventiva centrada en el  entorno de trabajo y no en el individuo; <I>c)</I> adoptar un enfoque que tenga  en cuenta las diferencias y desigualdades entre varones y mujeres, tanto en el  trabajo pagado como en el ámbito familiar, y <I>d)</I> desarrollar sistemas de  información con indicadores sensibles a la mayor complejidad del mundo laboral y  al amplio abanico de trastornos de salud relacionados con el trabajo (más allá  de los accidentes laborales y las enfermedades profesionales), así como a las  diferencias según sexo y grupo etario.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="right"><font face="Arial"><b><FONT size=2>Lucía Artazcoz     <BR></FONT></b><i><FONT size=2>Institut Municipal de Salut Pública de Barcelona    <br> <a href="mailto:lartazco@imsb.bcn.es">lartazco@imsb.bcn.es</a></FONT></i></font></P> <hr color="#000000">     <P align="left"><b><font size="2" face="Arial">Bibliografía</font></b></P>     <P align="left"><FONT face=Arial size=2>1. Paoli P, Merllié D. Third European Survey on working conditions 2000.  Luxembourg: Office for Official Publications of the European Communities,  2001.</FONT></P>     <P align="left"><FONT face=Arial size=2>2. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Anuario de estadísticas  laborales y de asuntos sociales 2000. [Consultado 09/10/2002] Disponible en:  http://www.mtas.es/Estadisticas/anuario00</FONT></P>     <P align="left"><FONT face=Arial size=2>3. Bartley M. Unemployment and ill  health: understanding the relationship. J Epidemiol Comm Health  1994;48:333-7.</FONT></P>     <P align="left"><FONT face=Arial size=2>4. Rodríguez E, Frongillo EA, Chandra P. Do social programmes  contribute to mental well-being? The long-term impact of unemployment on  depression in the United States. Int J Epidemiol 2001;30:163-70.</FONT></P>     <P align="left"><FONT face=Arial size=2>5. European  Agency for Safety and Health at Work. Future Occupational Safety and Health  Research Needs and Priorities in the Member States of the European Union.  Luxembourg: Office for Official Publications of the European Communities,  2000.</FONT></P>     <P align="left"><FONT face=Arial size=2>6. Pera G, Serra-Prat M. Prevalencia del síndrome del quemado y estudio  de los factores asociados en los trabajadores de un hospital comarcal. Gac sanit  2002;16:480-6.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="left"><FONT face=Arial size=2>7. Escribà-Agüir V, Bernabé-Muñoz Y. Exigencias laborales  psicológicas percibidas por médicos especialistas hospitalarios. Gac Sanit  2002;16:487-96.</FONT></P>     <P align="left"><FONT face=Arial size=2>8. Bosma H, Peter R, Siegrist J, Marmot M. Two alternative  job stress models and the risk of coronary heart disease. Am J Pub Health  1998;88:68-74.</FONT></P>     <P align="left"><FONT face=Arial size=2>9. Martín Daza F, Pérez Bilbao J. Nota Técnica de Prevención  443. Factores psicosociales: metodología de evaluación. Barcelona: Instituto  Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, 1997.</FONT></P>     <P align="left"><FONT face=Arial size=2>10. Artazcoz L, Cortès  I, Moncada S, Rohlfs I, Borrell C. Influencia del trabajo doméstico sobre la  salud de la población ocupada. Gac Sanit 1999;13:190-6.</FONT></P>     <P align="left"><FONT face=Arial size=2>11. Goudswaard A,  André JC, Ekstedt E, Huuhtanen P, Kuhn K, Peirens K, et al. New forms of  contractual relationships and the implications for occupational safety and  health. Luxembourg: Office for Official Publications of the European  Communities, 2002.</FONT></P>     ]]></body>
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