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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Políticas de Estado de Bienestar para la equidad]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Welfare State policies for equity]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Pompeu Fabra Departamento de Ciencias Políticas y Sociales ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyzes the evolution of public social expenditure in Spain from 1991 to 2000. It includes the analysis of the total public social expenditure as well as four of its components: sickness/health care, invalidity/old age, survivors, family/children. Expenditure is analyzed as a percentage of the GNP, and expenditure per capita in purchasing power units. This article shows that there has been an increase since 1993 in the deficit of the public expenditure on social protection in Spain representing a divergence from the average expenditure in the UE. The article also analyzes the development of care services (child care and services for dependent elderly), due their impact on gender inequalities.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Política social]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="Arial" size="2"><b>PARTE I. LA SALUD Y EL SISTEMA SANITARIO DESDE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO Y CLASE SOCIAL</b></font> <hr color="#000000">     <p align="center"><font face="Arial" size="4"><B>Políticas de Estado de Bienestar para la  equidad</B>    <BR></font><FONT face=Arial size=2>    <BR><b>Vicenç Navarro <SUP>a</SUP>  </b><b>/ </b><b>Águeda Quiroga <SUP>b</SUP>  </b><b>      <BR></b></FONT><font size="2"><SUP><FONT face=Arial>a</FONT></SUP><FONT face=Arial>Catedratico de Ciencias Políticas Departamento de Ciencias Políticas y Sociales.&nbsp;    <br>  Universidad Pompeu Fabra.    <br> Director del Programa en Políticas Públicas y Sociales de la UPF. Barcelona.    <br> <SUP>b</SUP>Investigadora Asociada. Departamento de Ciencias Políticas y Sociales.&nbsp;    <BR> Universidad  Pompeu Fabra. Barcelona. España.    <br> </FONT></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left"><font face="Arial" size="2"><i>Correspondencia</i>: Vicenç Navarro. Departamento de Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Pompeu Fabra.    <br> Ramón Trías Fragas, 25.08003 Barcelona. España.    <br> Correo electrónico: <a href="mailto:Vicenc.navarro@upf.edu">Vicenc.navarro@upf.edu</a></font></p>     <p align="left"><font size="2"><b><FONT face=Arial>(</FONT></b><FONT face=Arial><B>Welfare State  policies for equity)</B></FONT></font></p> <hr color="#000000">     <div align="center">       <center>   <table border="0" width="100%">     <tr>       <td width="48%" valign="top"><FONT face=Arial size=2><b>Resumen</b>    <BR>Este artículo analiza la  evolución del gasto público en protección social en España durante el período  1991-2000 (último año para el que existen datos comparables con la Unión Europea  [UE]), tanto globalmente como por algunos de los capítulos que conforman este  gasto: sanidad, familia, supervivencia, invalidez y vejez. Se analiza el gasto  como porcentaje del PIB y el gasto per cápita en unidades de poder de compra.    <br>         El  artículo documenta la divergencia del gasto en protección social español con el  promedio de la UE durante el período 1993-2000, aumentando el déficit del gasto  público en protección social de España con la UE. También se analiza el grado de  desarrollo de los servicios a las familias (escuelas de infancia y atención a  las personas mayores con dependencia), por su gran influencia en las  desigualdades de género.<b>    <br>         Palabras clave</b>: Política social. Gasto público.  Servicios y transferencias del Estado de Bienestar.</FONT></td>       <td width="4%"></td>       <td width="48%">     <p><font face="Arial" size="2"><b>Abstract</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> This article analyzes the evolution of public  social expenditure in Spain from 1991 to 2000. It includes the analysis of the  total public social expenditure as well as four of its components:  sickness/health care, invalidity/old age, survivors, family/children.  Expenditure is analyzed as a percentage of the GNP, and expenditure per capita  in purchasing power units.    <br> This article shows that there has been an increase  since 1993 in the deficit of the public expenditure on social protection in  Spain representing a divergence from the average expenditure in the UE. The  article also analyzes the development of care services (child care and services  for dependent elderly), due their impact on gender inequalities.<b>    <br> Key words:</b>  Social policy. Public expenditure. Welfare State services and transfers.</font></p>             <p>&nbsp;</td>     </tr>   </table>   </center> </div> <hr color="#000000">     <p><B><FONT face=Arial size=2>Introducción</FONT></B></p>    <p><FONT face=Arial size=2>Las políticas sociales constituyen el mecanismo redistribuidor de la riqueza más  importante de un Estado. Pueden asegurar la protección social de sus habitantes  y disminuir las desigualdades en el interior de la sociedad. Al hablar de  desigualdades es importante recordar que el Estado de Bienestar no sólo influye  sobre las desigualdades de clase social, sino también sobre las de género, ya  que algunas intervenciones afectan especialmente a las condiciones de vida de  las mujeres (como es el caso de los servicios a las familias, mencionados en el  cuarto apartado de este artículo).</FONT></p>     <P><FONT face=Arial size=2>El objetivo de este artículo es analizar  las intervenciones del Estado de Bienestar en materia de protección social de  las personas, lo que es un observatorio privilegiado desde el cual conocer el  grado de compromiso social de un país. Los datos que presentamos indican que la  sensibilidad social del Estado español es bastante escasa. La protección social  en España tiene un grado de desarrollo inferior al promedio de la Unión Europea  de 15 miembros (UE-15), como podemos observar si consideramos dos indicadores  ampliamente utilizados para medir el grado de desarrollo del Estado de Bienestar  en un país: el gasto en protección social como porcentaje del producto interior  bruto (PIB) y el gasto en protección social por habitante.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>El Estado de Bienestar español: bajo  desarrollo de la protección social para la equidad</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El gasto en protección social* como  porcentaje del PIB fue en 2000 (el último año para el que hay datos comparables)  de sólo un 20,1%, mucho más bajo que el promedio de la UE-15, el 27,3% del PIB.  Como muestra la <a href="#t1"> tabla 1</a>, el gasto en protección social en España es el más bajo  de los países de la UE-15 (excepto Irlanda donde es todavía más bajo, un 14,1%  del PIB). En la tabla 1 puede observarse también que el gasto en protección  social ha ido descendiendo desde el año 1993, cuando alcanzó su máximo  desarrollo (el 24% del PIB).</FONT></P>     <P align=center><a name="t1"><font face="Arial" size="2"><IMG src="/img/gs/v18s1/04politicas/tabla1.gif"> </font> </a> </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>El mensaje de estos datos cuestiona la  imagen tan complaciente que existe y se reproduce en la cultura política y  mediática que asume que «España va bien». Voces poco críticas con nuestras  realidades argumentarán que ello se debe a que el crecimiento económico ha sido  mayor en España que en el promedio de la UE y, por tanto, al ser el crecimiento  de la protección social menor que el crecimiento económico, el resultado es que  el gasto en protección social como porcentaje del PIB ha ido disminuyendo. Ahora  bien, esta argumentación olvida que el que un país crezca más rápidamente  también implica que sus necesidades sociales también crecen más rápidamente, lo  cual explica que, en general, a mayor nivel económico de un país, mayor su gasto  en protección social. Por tanto, el mayor aumento del crecimiento económico  debería dar mayor oportunidad al país para que crezca también más rápidamente su  gasto en protección social, a fin de corregir su déficit social con el promedio  de la UE, permitiendo así una mejor respuesta a sus necesidades sociales. Pero  en España, este mayor crecimiento de la riqueza no se está aprovechando para  cubrir el enorme déficit social existente.</FONT></P>      <P><FONT face=Arial size=2>Esta interpretación se confirma cuando  analizamos el gasto en protección social por habitante, medido en unidades de  poder de compra (UPC)<sup>**</sup>. En el año 2000 España tenía el gasto por habitante en  protección social (medido en UPC) más bajo de la UE-15 después de Portugal.  Además, y como se observa en la <a href="#t2"> tabla 2</a>, el gasto en protección social por  habitante en España creció menos rápidamente durante los años noventa (de 2.619  UPC en 1991 a 3.713 UPC en 2000) que el promedio de la UE (que pasó de 4.140 UPC  a 6.155 UPC durante el mismo período). Por tanto, el déficit de gasto social de  España en relación con el promedio de la UE-15 aumentó durante los años noventa,  pasando de 1.521 UPC en 1991 a 2.442 UPC en 2000.</FONT></P>     <P align=center><a name="t2"><font face="Arial" size="2"><IMG src="/img/gs/v18s1/04politicas/tabla2.gif"> </font> </a> </P>      <P><FONT face=Arial size=2>El escaso desarrollo de la protección  social de nuestro país se debe, en gran parte, a la dictadura que gobernó España  desde 1939 a 1977, y que se caracterizó por su enorme represión y por su escasa  sensibilidad social (en 1975, año en que el dictador murió, el gasto público en  protección social de toda España era sólo de un 14% del PIB, cuando en la Europa  Occidental de aquel tiempo era ya de un 22,9% del PIB). La democracia significó  un cambio muy notable del Estado de Bienestar en España, con un crecimiento muy  significativo del gasto en protección social, y muy en particular entre los años  ochenta y mediados de los noventa, durante el gobierno socialdemócrata. Desde  esa fecha ha ido disminuyendo, especialmente desde 1996, bajo los gobiernos  españoles conservadores.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La situación deficitaria aparece en casi  todos los capítulos de la protección social en España. Nos referiremos a  continuación a 5 capítulos que consideramos se encuentran entre las herramientas  más importantes en la lucha en favor de la equidad social: la política  sanitaria, las prestaciones y los servicios de ayuda a las familias, las  prestaciones por viudedad, por invalidez y por vejez.</FONT></P>     <P><font size="2"><B><FONT face=Arial>Sanidad</FONT></B><font face="Arial"><b>***</b></font></font></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En la <a href="#t3"> tabla 3</a> se muestra el crecimiento del  gasto en asistencia sanitaria por habitante, en UPC, desde 1991. Se puede ver  que ha ido aumentando, lo cual da pie al optimismo de que España va bien,  mejorando año tras año el gasto per cápita. Así, en 1993 era de 839 UPC,  subiendo a 1.068,6 UPC en 2000. Sin embargo, durante el mismo período, el gasto  en sanidad ha tenido en la UE una evolución mayor, pasando de representar  1.220,4 UPC en 1993 a 1.615,6 UPC en 2000. El déficit del gasto en sanidad entre  España y la UE-15 ha aumentado: era de 381,4 UPC en 1993 y de 547 UPC en 2000.  Como puede observarse en la <a href="#t3"> tabla 3</a>, España tiene el tercer gasto por habitante  más bajo de la UE, después de Portugal y Grecia.</FONT></P>     <P align=center><a name="t3"><font face="Arial" size="2"><IMG src="/img/gs/v18s1/04politicas/tabla3.gif"> </font> </a> </P>     <P><FONT face=Arial size=2>Parte del problema que las cifras  anteriores señalaban se encuentra en que el porcentaje del gasto en asistencia  sanitaria sobre el PIB de España es del 5,8% en 2000, de los más bajos de la  UE-15 (cuyo promedio es del 7,2%). Los datos muestran que no hay espacio para la  imagen complaciente de que la sanidad española va bien.</FONT></P>     <P><font size="2"><B><FONT face=Arial>Protección social: las ayudas  profamiliares</FONT></B><font face="Arial"><sup>****</sup></font></font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>El discurso oficial retórico que subraya a  la familia como el centro de nuestra sociedad contrasta con una realidad de  ayudas muy pequeñas a la familia en España. La <a href="#t4"> tabla 4</a> muestra las unidades de  poder de compra en España en ayudas a las familias por habitante y por año en  2000, 97,7 UPC, comparadas con 484,8 UPC en la UE-15, una cantidad que es cinco  veces menor. Es, con mucho, el gasto menor en la UE-15, confirmando que el  gobierno español es el gobierno con menor sensibilidad a las necesidades de las  familias en la UE-15.</FONT></P>     <P align=center><a name="t4"><font face="Arial" size="2"><IMG src="/img/gs/v18s1/04politicas/tabla4.gif"> </font> </a> </P>      <P><FONT face=Arial size=2>Esta realidad de escasa sensibilidad a las  familias se muestra también cuando analizamos las ayudas pro-familiares como  porcentaje del PIB: el gasto profamilia en España es sólo un 0,5% del PIB,  cuatro veces menor que el promedio de la UE-15 que es de 2,1%. Nuevamente,  España presenta el nivel más bajo de la UE-15.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2><i>Los servicios de ayuda a la  familia</i></FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Hemos visto en el punto anterior el escaso  desarrollo de las prestaciones correspondientes a la función «familia».  Completaremos la información brindada con una referencia a dos servicios de  ayuda a la familia: las escuelas de infancia para niños de 0 a 3 años y los  servicios de ayuda a domicilio para personas mayores.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En España, el desarrollo de los servicios a  las familias es muy escaso, tanto en lo que respecta a la atención de los niños  como de las personas mayores. No sólo la expansión del Estado de Bienestar hacia  estas áreas se ha realizado de manera tardía sino que, además, la intensidad  protectora de las intervenciones es muy baja. Este bajo nivel de desarrollo del  Estado de Bienestar genera profundas desigualdades en el interior de la sociedad  (sociales y de género), y compromete también la competitividad económica del  país, al obstaculizar la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo. La  conflictiva incorporación de las mujeres españolas a la actividad laboral  formal, debida principalmente a la ausencia de políticas efectivas que permitan  compaginar la actividad laboral y la vida cotidiana de hombres y mujeres, ha  derivado, entre otras consecuencias, «en una maternidad tardía y en una tasa de  fecundidad de las más bajas del mundo occidental»<SUP>1</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El escaso nivel de desarrollo de los  servicios a las familias está ligado con los orígenes del Estado de Bienestar  español. Junto con Grecia y Portugal, España es un país marcado por la  dictadura. Se trata de países en los que la sobrecarga de la responsabilidad de  las familias (y en particular de las mujeres) en la provisión del bienestar es  muy elevada. La ausencia del derecho de ayuda a la familia crea una sobrecarga  en la mujer española que cuida a los infantes, los jóvenes (que están en casa  hasta que tienen 30 años como promedio), los esposos o los compañeros, los  ancianos y las personas con discapacidades, y un 42% también trabaja, lo que  significa una enorme sobrecarga.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Analizaremos, en primer lugar, la situación  de las escuelas de infancia. Las escuelas de infancia desempeñan un papel muy  importante para mejorar el desarrollo infantil, además de facilitar la  participación de la mujer en el mercado de trabajo y de crear empleo. Respecto  al primer punto, la mejora del desarrollo intelectual y emotivo del niño y de la  niña, es muy importante romper con el concepto de guarderías que ven a los niños  y a las niñas como cuerpos que hay que guardar mientras los padres trabajan.  Esta visión de la atención del infante, que establece guarderías como si se  trataran de aparcamientos infantiles, es sumamente negativa. Algunos estudios  científicos muestran clara y convincentemente que la edad de 0 a 3 años es clave  para determinar el desarrollo intelectual y emotivo de los infantes,  requiriéndose unas competencias y condiciones en las que se sientan estimulados  e incentivados para su desarrollo intelectual. De ahí que se requieran escuelas  de infancia en lugar de guarderías y, por tanto, la desregulación de las  escuelas de atención a los infantes de 0 a 3 años que acaba de aprobar el  gobierno español puede tener un efecto negativo, al facilitar la aparición de  guarderías que no tendrán las competencias ni los objetivos de desarrollar el  crecimiento intelectual de los niños.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El porcentaje de infantes menores de 3 años  (primer ciclo de educación infantil) que asiste a escuelas de infancia públicas  es muy escaso en España, comparado con otros países de la UE. Sólo el 8% de los  menores de 3 años tiene plaza en una escuela de infancia pública, frente al 44%  de Dinamarca, el 40% de Suecia o el 23% de Francia.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Para acercarse a los niveles europeos  deberían asistir el 20% de los niños y niñas menores de un año, el 50% de los de  1-2 años y el 80% de los de 2-3 años. En la <a href="#t5"> tabla 5</a> se presenta una proyección  de estos valores de cobertura sobre la población infantil y las plazas  actualmente existentes. Como puede observarse, en España existe un déficit de  más de 430.000 plazas.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=center><a name="t5"><font face="Arial" size="2"><IMG src="/img/gs/v18s1/04politicas/tabla5.gif"> </font> </a> </P>     <P><FONT face=Arial size=2>La situación respecto al nivel de  desarrollo del segundo servicio, la atención domiciliaria para las personas  mayores, es similar. Pero veamos en primer lugar en qué consisten. Los servicios  de atención domiciliaria (SAD) para las personas mayores tienen como objetivo  ayudar a que las personas dependientes puedan desarrollar las actividades de su  vida cotidiana con normalidad. La tendencia generalizada en todos los países de  la UE en el cuidado de la tercera edad es la de dar prioridad a los servicios  basados en el domicilio de las personas, evitando o demorando, por un lado, la  institucionalización de las personas dependientes y, por otro lado, sobrecargar  a las familias y sobre todo a las mujeres, ayudándolas para que las personas  adultas que la componen puedan combinar sus responsabilidades familiares con las  profesionales. Los servicios de ayuda a domicilio constituyen una opción  importante frente a las residencias. Ello no significa que no deban promoverse  las residencias, ya que en muchos casos se necesita de atención especializada  durante las 24 h. Pero tanto los servicios a domicilio como las viviendas  asistidas (también llamadas viviendas con servicios) posibilitan que muchas  personas mayores puedan continuar desarrollando una vida autónoma, sin perder su  entorno social.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Si bien no existe un criterio único para  medir con absoluta certeza el grado de dependencia de una población determinada  y, por tanto, sus necesidades de atención, sí es posible estimarla. Tanto el  Instituto de Migraciones y Servicios Sociales (IMSERSO) como la Sociedad  Española de Geriatría y Gerontología entienden el concepto de dependencia como  el grado de dificultad que presenta una persona para realizar de manera autónoma  las actividades básicas de la vida diaria. Existen diferentes escalas para medir  el grado de dependencia de las personas, y así estimar las horas semanales de  atención que requieren las personas, de acuerdo con sus distintos niveles de  dependencia. Uno de ellos es el método de graduación de la dependencia elaborado  por el profesor Gregorio Rodríguez Cabrero<SUP>2</SUP>, partiendo de la  clasificación de dependencia que se desprende de la Encuesta Nacional de Salud  de 1993 y 1995, y similar al empleado en el documento del Defensor del Pueblo  del año 2000<SUP>3</SUP>. Según este criterio, las personas con dependencia  mediana requieren 6 h de asistencia semanales y quienes presentan un nivel de  dependencia grave, 10 h semanales.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Los países escandinavos son pioneros en el  desarrollo de los servicios de atención domic iliaria para las personas  dependientes. En Dinamarca, por ejemplo, el 24% de los mayores de 64 años  reciben atención domiciliaria, con un promedio de 5 h semanales de atención. En  Suecia, la cobertura alcanza al 17% de la población mayor, con un promedio de 6  h semanales. En los Países Bajos, la cobertura es del 9,5% y en el Reino Unido,  del 5,52%<SUP>4</SUP>. Pero los servicios de atención domiciliaria en España se  encuentran muy lejos de estos porcentajes, en cuanto a la cobertura (1,5% de la  población mayor de 64 años) y en cuanto a la intensidad de atención (sólo 4,7 h  semanales promedio de atención por persona).</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>A fin de remediar este déficit se han  realizado dos propuestas principales sobre la cobertura e intensidad que  deberían alcanzar los servicios de ayuda domiciliaria, si bien no se han llevado  adelante. La primera es la elaborada por el Defensor del Pueblo y por la  Sociedad Española de Geriatría y Gerontología<SUP>5</SUP>, y la segunda, más  ambiciosa, es la elaborada por Rodríguez Cabrero para el  IMSERSO<SUP>6</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La propuesta realizada por el Defensor del  Pueblo y la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología considera que un  horizonte alcanzable sería que para el año 2006 estuviese cubierto el 5% de la  población mayor con un promedio de 7 h semanales de atención. La segunda  propuesta considera que la cobertura debería ser del 14,9% de la población mayor  de 64 años, con una intensidad promedio de atención de 6 a 10 h semanales, según  los grados de dependencia.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En la <a href="#t6"> tabla 6</a> se presenta una estimación  del déficit en atención domiciliaria, sobre datos del año 2001. Para calcularlo,  hemos proyectado en la población española mayor de 64 años los criterios de  cobertura presentados en el párrafo anterior, para así obtener la población que  debería estar cubierta de acuerdo a estos criterios. Hemos restado de esta cifra  las personas que actualmente tienen acceso al servicio, lo que nos devuelve la  estimación de personas que deberían recibir el servicio. Así, de acuerdo a la  propuesta de Rodríguez Cabrero-IMSERSO, vemos que en España existe un déficit de  asistencia de 796.767 personas, mientras que, de acuerdo con la propuesta del  Defensor del Pueblo y la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, el  déficit alcanzaría las 205.614 personas.</FONT></P>     <P align=center><a name="t6"><font face="Arial" size="2"><IMG src="/img/gs/v18s1/04politicas/tabla6.gif"> </font> </a> </P>     <P><FONT face=Arial size=2>Como hemos mencionado en el párrafo inicial  de este apartado, son las familias y, en particular, las mujeres quienes se  encargan de cubrir el déficit social en atención a las personas dependientes.  Según datos del Observatorio de Mayores<SUP>6</SUP>, existe un patrón de  asistencia definido, según el sexo de la persona dependiente. Las mujeres  mayores dependientes son cuidadas principalmente por sus hijas (el 36,7% de los  casos) y por otros parientes (19,7%). Los hombres mayores dependientes son  asistidos por sus esposas (44,6%), hijas (21,3%) y otros familiares (12%). «El  modelo de atención a la discapacidad de los mayores se basa en la mujer, esposa  o hija, cuidadora de hombre, esposo o padre... La parte fundamental del cuidado  corre a cargo de mujeres de edad intermedia (40-65 años), con padres ya mayores  y con elevado riesgo de enfermedad y discapacidad. También mujeres de edad son  cuidadoras: es preocupante comprobar que casi un 12% de los cuidadores  (fundamentalmente mujeres) tienen más de 70 años»<SUP>6</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En algunas ocasiones se ha argumentado que  la importancia de la familia en la cultura latina hace que no sea posible  desarrollar los servicios de ayuda domiciliaria, como se ha hecho en los países  escandinavos. Que los patrones culturales de la gente mayor no les permiten  aceptar ser cuidados por «extraños» en lugar de por miembros de la familia. Sin  embargo, según datos del Estudio 2072 del CIS, en donde se entrevistó a personas  mayores de 64 años, el 37% de los encuestados consideró que el Estado, a través  de los servicios sociales, debe hacerse cargo de la atención de las personas  mayores dependientes, el 29% consideró que el Estado y la familia deben  compartir la responsabilidad y el 29% que sólo la familia<SUP>7</SUP>. Respecto  al servicio social idóneo para atender a las personas mayores, el 56,5% de los  entrevistados respondió por el servicio de ayuda a domicilio.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font size="2"><B><FONT face=Arial>Prestaciones de supervivencia o  viudedad</FONT></B><font face="Arial"><sup>*****</sup></font></font></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La asistencia por supervivencia o viudedad  (cuyo componente más importante son las pensiones por viudedad) está también  poco desarrollada en España. El gasto por habitante (medido en UPC) fue en 2000  de 153,2 UPC, comparadas con 289 UPC en la UE-15 (<a href="#t7">tabla 7</a>). Este déficit con la  UE-15 se ha ido agravando durante la década de los noventa, y ha subido de 107  UPC en 1993 (225-118) a 136 UPC en 2000 (289-153), y ello a pesar de que el  crecimiento de la población anciana (como porcentaje de toda la población) ha  ido aumentando más rápidamente en España que en el resto de la UE, con lo cual  el déficit de gasto social en prestaciones por viudedad se está acentuando  todavía más.</FONT></P>     <P align=center><a name="t7"><font face="Arial" size="2"><IMG src="/img/gs/v18s1/04politicas/tabla7.gif"> </font> </a> </P>      <P><FONT face=Arial size=2>Cuando medimos el gasto en prestaciones por  viudedad como porcentaje del PIB en España, podemos observar que es muy bajo  (0,8% del PIB, comparado con un 1,3% del PIB en promedio de UE-15) y que ha ido  descendiendo, bajando de representar un 0,9% del PIB en 1993 a un 0,8% del PIB  en 2000. El promedio de la UE es mucho más alto, que osciló alrededor del 1,3%  del PIB durante los años noventa.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El escaso desarrollo de las pensiones de  viudedad tiene un impacto muy negativo sobre las condiciones de vida de muchas  mujeres mayores, que tienen en la pensión de viudedad su única fuente de  ingresos. Según datos del Obervatorio de Mayores del IMSERSO, el 75,5% de las  pensiones de viudedad son pagadas a mujeres mayores de 64 años. En lo que atañe  a las cuantías, el valor promedio de las pensiones de viudedad contributivas,  percibidas por personas mayores de 64 años, era en 2002 de 385,5 euros por mes.  El valor promedio de las pensiones de viudedad no contributivas quedó  establecido el 1 de enero de 2003 en 285,99 euros por mes.</FONT></P>     <P><font size="2"><B><FONT face=Arial>Prestaciones por  invalidez</FONT></B><font face="Arial"><sup>******</sup></font></font></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La <a href="#t8"> tabla 8</a> muestra que el gasto promedio  por persona en prestaciones por invalidez (incluidas las pensiones por  invalidez) era de 276 UPC de poder de compra en 2000, más bajo que el promedio  de la UE (454); a pesar de que ha habido un crecimiento de este gasto durante la  década de los noventa, éste ha sido menor que el promedio de la UE. Con lo cual  el déficit del gasto social por invalidez por persona ha aumentado, de ser 143  UPC en 1993 (354-211) a 201 UPC (477-276) en 1999.</FONT></P>     <P align=center><a name="t8"><font face="Arial" size="2"><IMG src="/img/gs/v18s1/04politicas/tabla8.gif"> </font> </a> </P>      <P><FONT face=Arial size=2>También como el gasto social en  prestaciones por invalidez como porcentaje del PIB es muy bajo (1,5% del PIB) en  comparación con el promedio de la UE (2,1% del PIB) y habiendo disminuido  durante la década de los años noventa (que descendió de un 1,7% del PIB en 1993  a un 1,5% del PIB en 2000), mientras que en el promedio de la UE-15 se ha  mantenido durante estos años en un 2,2% del PIB.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Prestaciones por vejez</FONT></B></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>Éste es uno de los capítulos más  importantes del Estado de Bienestar, ya que incluye las pensiones por  jubilación, como así también el resto de los servicios de ayuda a los ancianos  (excluyendo la atención sanitaria), como son las residencias de ancianos y los  servicios de asistencia domiciliaria (a los que ya nos hemos  referido).</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las pensiones por jubilación representan el  capítulo más importante de transferencias del Estado de Bienestar y tienen una  gran importancia para definir el nivel y la calidad de vida de la población  anciana de España. Sólo hay que considerar que sin tales pensiones el 68% de la  población anciana en España sería pobre, con lo que tal programa de la seguridad  social es el programa antipobreza más importante del país, como ocurre, por  cierto, en la mayoría de los países de la UE-15. De ahí que sea uno de los  programas más populares del Estado de Bienestar. Encuesta tras encuesta señalan  que la mayoría de la población, tanto adultos como ancianos, en España considera  que el Estado debería gastarse más en pensiones.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las prestaciones por vejez representan el  8,3% del PIB en España, mucho menos que el promedio de la UE-15, el 10,9% del  PIB. Este déficit del 2,6% del PIB con el promedio de la UE-15 no puede  justificarse, como erróneamente se hace, como resultado de que España tiene  menos ancianos que el resto de la UE-15. En realidad, la estructura demográfica  de España está evolucionando muy rápidamente hacia el promedio de estructura  demográfica de la UE-15, y hoy el porcentaje de la población por encima de los  60 años es en España un 21,6% de la población, similar al promedio de la UE-15.  La causa más importante para explicar este déficit en el gasto social en vejez  no es pues la estructura demográfica, sino dos hechos a los que no se ha dado la  visibilidad que merecen. Uno, el más importante, es el bajo nivel de las  pensiones, y el otro es la baja cobertura de las pensiones. Es importante  subrayar estos puntos porque se han oído voces muy poderosas en España que han  criticado las pensiones de jubilación como excesivamente generosas.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La <a href="#t9"> tabla 9</a> muestra, sin embargo, lo erróneo  de tales declaraciones. España se gasta 1.522,1 UPC por persona en prestaciones  por vejez, cifra muy por debajo del promedio de la UE (2.431 UPC), con el  agravante de que el déficit del gasto en prestaciones por vejez por persona en  España con la UE ha ido aumentando durante los años noventa, pasando de ser 668  UPC en 1993 a 929 UPC en 2000.</FONT></P>     <P align=center><a name="t9"><font face="Arial" size="2"><IMG src="/img/gs/v18s1/04politicas/tabla9.gif"> </font> </a> </P>     <P><FONT face=Arial size=2>La <a href="#t10"> tabla 10</a> muestra algunos datos  comparativos con los países de la UE-15, que resume algunos de los datos y  observaciones realizadas en el análisis de las pensiones. Como puede observarse,  la edad de jubilación legal en España es 65 años, como en la gran mayoría de los  países de la UE-15, excepto Francia, que es de 60 (e Italia para las mujeres  también a los 60 años), mientras que en Dinamarca es de 67 años. Las columnas 1  y 3 de esta tabla son las bases para las voces que promueven la versión, citada  anteriormente, de que las pensiones en España son excesivamente generosas. En  España el número de años necesarios para alcanzar la pensión contributiva máxima  es de 35, un período menor que en la mayoría de otros países, alrededor de 40  años. Es más, la tasa neta del beneficio (como porcentaje del salario neto) es  del 97-98% sin cónyuge y el 96-98% con cónyuge, de las más altas en la UE-15,  como muestra la cuarta columna de la <a href="#t10"> tabla 10</a>. Ahora bien, cuando se deriva de  estos datos la conclusión de que las pensiones son muy altas al representar (en  el beneficio máximo) casi la totalidad del salario, se ignora un hecho  fundamental y es que los salarios son muy bajos en España. Tomando los salarios  del sector manufacturero (el sector con salarios más altos) en 1999 (publicado  por el Departamento de Trabajo del Gobierno Federal de Estados Unidos),  observamos que si consideramos el salario horario promedio de Estados Unidos  como 100, los salarios de Austria (114), Dinamarca (120), Finlandia (110),  Noruega (125), Suecia (112), Bélgica (119), Alemania (140), Países Bajos (109) y  Suiza (123) son superiores, mientras que en España son muy inferiores (63), con  lo cual un alto porcentaje de salario bajo representa una cantidad de pensión  mucho más baja que el valor promedio de pensión para tal trabajador (considerado  como el mejor pagado en España). Y esta situación se agudiza en el caso de las  mujeres, ya que mayoritariamente trabajan en el sector servicios (con salarios  aun más bajos) y además sus salarios son menores que los de los  hombres.</FONT></P>     <P align=center><a name="t10"><font face="Arial" size="2"><IMG src="/img/gs/v18s1/04politicas/tabla10.gif"> </font> </a> </P>     <P><FONT face=Arial size=2>Conviene insistir en este punto que  atribuye excesiva generosidad a las pensiones. Como queda indicado, el problema  no es la excesiva generosidad de las pensiones, sino la austeridad de los  salarios. Por ejemplo, una persona que tenga un sueldo equivalente al salario  mínimo puede, después de 35 años de cotizaciones, alcanzar su pensión que  significará el 100% de su salario, mientras que para otro cotizante, con un  salario 10 veces superior al anterior, por el efecto de los topes de cotización  y de pensión, el porcentaje de sustitución de la pensión respecto de su salario  no alcanzaría ni el 50% de sus ingresos.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>A pesar de estos aumentos se ha aconsejado  retrasar la edad de jubilación a 67 e incluso a 70 años. Sin embargo, sería un  error hacerlo, pues con esta medida se reducirían los años de beneficio de la  jubilación. La obligatoriedad de este retraso del año de jubilación sería una  pérdida importante de los derechos adquiridos por la fuerza laboral, y sería con  razón, altamente impopular. El retraso de la edad de jubilación, de ser  obligatorio, sería regresivo y penalizaría sobre todo a los sectores de la  fuerza de trabajo (casi el 50% de los trabajadores de España) que tienen escasa  cualificación, realizan un trabajo repetitivo, con escasas posibilidades de  creatividad y control sobre sus condiciones de trabajo.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>De ahí que la medida más aconsejable, en  lugar de retrasar la edad de jubilación, sea la de favorecer la entrada de la  mujer en el mercado de trabajo, promoviendo la disminución de las desigualdades  salariales entre hombres y mujeres, y aumentar los salarios y con ello las  contribuciones a la Seguridad Social, además de evitar las cargas de jubilación  anticipadas a las que hacemos referencia en esta sección. Estos comentarios no  significan una insensibilidad por parte nuestra hacia realizar reformas en la  edad de jubilación, en sentido de que la edad de jubilación real en España (63  años) sea la más próxima posible a la edad de jubilación legal, evitando además  que la seguridad social realice funciones que no son propias de tal institución,  como facilitar el reajuste de las plantillas de las empresas como parte de la  política industrial del país. En este aspecto es injusto para la Seguridad  Social y para el trabajador que ésta tenga que asumir los costes de la  prejubilación, pagando la pensión de la persona que se jubila, en el momento de  la jubilación, en lugar de que la empresa continuara cotizando hasta la edad  legal de jubilación, permitiendo que tal trabajador reciba la pensión completa  que le correspondería a su edad legal de jubilación. Desde este punto de vista,  el gobierno conservador español ha seguido una política de favorecer las  prejubilaciones que creemos errónea e injusta para los trabajadores y para la  Seguridad Social. Nosotros creemos que debiera estimularse progresivamente que  la edad real de jubilación vaya coincidiendo con la edad legal, evitando que las  cargas de jubilación anticipada se trasladen al sistema de la Seguridad Social,  con los consiguientes efectos negativos sobre ella y sobre los trabajadores y  trabajadoras.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><B><FONT face=Arial size=2>Conclusiones y  recomendaciones</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Los datos que este artículo presenta no  permiten el optimismo que refleja el tan conocido lema de «España va bien». La  realidad muestra que la España social no va bien en muchos aspectos de gran  importancia para la calidad de vida del pueblo español. Ni que decir tiene que  mucho se ha hecho desde que la democracia se estableció en España. Ahora bien,  el punto de partida era tan bajo (resultado de la enorme insensibilidad social  de la dictadura franquista) que, a pesar de los avances que se han hecho,  todavía queda mucho por hacer. En realidad, estos avances han retrocedido desde  el año 1994, de manera que la convergencia hacia el promedio de gasto público  social se ha interrumpido y revertido. Esto debería causar una cierta  preocupación y promover un debate nacional.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Entre las recomendaciones que consideramos  necesarias para revertir el déficit en protección social de España con el  promedio de la UE, y aumentar la equidad social y de género, incluimos las  siguientes:</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>-  La necesidad de hacer converger el  promedio del gasto en protección social español con el del promedio de la UE en  un período no mayor de 3 legislaturas.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>-  La necesidad de introducir en la  legislación española un nuevo derecho social que garantice, por parte del  Estado, el acceso de las personas a los servicios de ayuda a las familias. Este  derecho debería ser universal y no asistencial, es decir, todas las personas  deberían tener tal derecho de acceso, independientemente de su situación  familiar o de su nivel de ingresos, y es responsabilidad pública ofrecer tales  servicios.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Estos servicios profamiliares deben ir  acompañados por otro tipo de políticas públicas que favorezcan el desarrollo y  la autonomía de sus miembros. Entre ellos deberían incluirse la mejora del  mercado de trabajo para los jóvenes (hoy en día muy deteriorado), y una mayor  ayuda en viviendas, facilitando el mercado de alquileres (hoy poco desarrollado  en España) y, a su vez, un cambio de valores en el que el hombre se  responsabilizara de las tareas familiares en el mismo grado que la  mujer.</FONT></P> <hr color="#C0C0C0" align="left" width="48%">      <P><FONT face=Arial size=2><sup>*</sup>De acuerdo con el Sistema Europeo de  Estadísticas de Protección Social (Seepros), de Eurostat, se considera  protección social a todas las intervenciones de organismos destinadas a aligerar  la carga que representa para los hogares e individuos una serie establecida de  riesgos o necesidades, siempre que no haya un acuerdo simultáneo, ni recíproco  ni individual. Incluye todas las intervenciones públicas en materia de  protección social como así también las llevadas adelante por mutualidades de  previsión social. Excluye las transferencias directas entre los hogares o  individuos y los seguros privados. Comprende las siguientes funciones:  enfermedad/ asistencia sanitaria, invalidez, vejez, supervivencia,  familia/hijos, paro, vivienda y exclusión social.</FONT></P>      <P><FONT face=Arial size=2><sup>**</sup>La paridad del poder de compra es un  cálculo que permite equilibrar la capacidad de compra de diferentes monedas.  Esto significa que permite estimar lo que costaría una determinada canasta de  bienes y servicios en diferentes países, al eliminar las diferencias existentes  entre los niveles de precios, permitiendo realizar comparaciones entre  diferentes países (fuente: OECD Health Data 2001).</FONT></P>      <P><font face="Arial" size="2"><sup>***</sup>Incluye las prestaciones de mantenimiento  de la renta y ayuda en efectivo a causa de una enfermedad física o mental, con  la excepción de los casos de invalidez, así como la atención sanitaria destinada  a conservar, restablecer o mejorar el estado de salud de las personas  protegidas.</font></P>     <P><font face="Arial" size="2"><sup>****</sup>Incluye la asistencia en efectivo o en  servicios (exceptuando la atención sanitaria) relacionada con el embarazo, el  nacimiento y la adopción, la atención de infantes y otros familiares.</font></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Arial" size="2"><sup>*****</sup>Incluye las prestaciones de mantenimiento  de la renta (también conocidas como pensiones de viudedad) y ayuda en efectivo o  en servicios relacionada con la muerte de un miembro de la familia.</font></P>      <P><font face="Arial" size="2"><sup>******</sup>ncluye las prestaciones de mantenimiento  de la renta (pensiones por invalidez) y ayuda en efectivo o en servicios  (exceptuando la atención sanitaria) relacionada con la incapacidad de las  personas con disminución física o psíquica.</font></P> <hr color="#000000">     <p><FONT face=Arial size=2><b>Bibliografía</b></FONT> </p>     <!-- ref --><p><FONT face=Arial size=2>1. González MJ. Servicios de  atención a la infancia en España. Documento de trabajo Fundación Alternativas,  2003;1: p. 9. Disponible en: http://www.fundacionalternativas.com/fundacion/proyectos/serviciosdeatencinalainfancia/sDocumentosfinalizadosI010.pdf</FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2341780&pid=S0213-9111200400040002400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><FONT face=Arial size=2>2.  Rodríguez Cabrero G, coordinador. La protección social de la dependencia.  Madrid: Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Secretaría General de Asuntos  Sociales, IMSERSO, 1999.</FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2341781&pid=S0213-9111200400040002400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><FONT face=Arial size=2>3. Defensor del Pueblo. La atención sociosanitaria  en España: perspectiva gerontológica y otros aspectos conexos, 2001. Disponible  en: http://www.defensordelpueblo.es/index.asp?destino=informes2.asp</FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2341782&pid=S0213-9111200400040002400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><FONT face=Arial size=2>4.  Rostgaard T, Fridberg T. Caring for children and older people. A comparison of  European Policies and Practicies. Copenhagen: The Danish National Institute of  Social Research, 1998.</FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2341783&pid=S0213-9111200400040002400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><FONT face=Arial size=2>5. Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.  Geriatría XXI. Análisis de necesidades y recursos en la atención a las personas  mayores en España, 2000.</FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2341784&pid=S0213-9111200400040002400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><FONT face=Arial size=2>6. IMSERSO. Las personas mayores en España. Informe  2002. Disponible en: http://www.imsersomayores.csic.es</FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2341785&pid=S0213-9111200400040002400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><FONT face=Arial size=2>7. Campo Ladero MJ.  Apoyo informal a las personas mayores y el papel de la mujer cuidadora.  Opiniones y Actitudes N.o 31. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas,  2000.</FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2341786&pid=S0213-9111200400040002400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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