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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Violencia contra la mujer en la pareja: determinantes y respuestas sociosanitarias]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Intimate partner violence: social and health determinants and responses]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The present study aims to review the problem of intimate partner violence, as well as its causes and consequences. It will also specifically analyze the role of health professionals. In opposition to the classical epidemiological view of risk factors, Heise proposes an «ecological framework» to study violence against women. This framework analyzes the interplay among the personal, situational and sociocultural factors that combine to cause abuse. Regarding the frequency of intimate partner violence in Spain, in January 2003 there were 2.519 formal complaints and 69 women died between January and November 2003. No geographical patterns in mortality or the incidence of formal complaints of intimate partner violence or among the provinces with the highest incidence of formal complains and those with highest mortality were observed. The only national survey published in Spain was performed by the Women's Institute in 1999, which reported a prevalence of domestic violence of 9.2%. A frequency of 22.8% was found in a primary health care center in Granada. Health services can play a key role in helping victims of domestic violence, since most women contact the health services at some time in their lives. Professionals in administrative or managerial positions can contribute to raising awareness of this health problem, which is one of the main causes of poor health and disability. Evidently, beyond consciousness-raising and early detection campaigns, public health strategies should be designed to prevent this serious health problem the causes of which can be changed.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><B><FONT face=Arial size=2>REVISIONES</FONT> </B> <hr color="#000000">     <p align="center"><B><font face="Arial" size="4">Violencia contra  la mujer en la pareja:</font></B> </p>     <p align="center"><B><font face="Arial" size="4">determinantes y respuestas  sociosanitarias</font></B> </p>     <p align="center"><b><FONT face=Arial size=2>Isabel Ruiz-Pérez<SUP>a,d</SUP> / Pilar Blanco-Prieto<SUP>b,d</SUP> / Carmen Vives-Cases<SUP>c,d</SUP>     <BR></FONT></b><FONT face=Arial size=2><sup>a</sup>Coordinadora de Investigación.  Escuela Andaluza de Salud Pública. Granada. España.    <br> <SUP>b</SUP>Médica titular del EAP de San  Lorenzo del Escorial. Madrid. España.<SUP>    <br> c</SUP>Profesora Asociada. Departamento de Salud  Pública. Universidad de Alicante. Alicante. España.    <br> <sup>d</sup>Red de Investigación de  Salud y Género. Madrid. España.</FONT></p>     <p><i><font face="Arial" size="2">Correspondencia:</font></i> <font face="Arial" size="2"> Isabel Ruiz-Pérez.  Escuela Andaluza de Salud Pública. Granada. España. Campus Universitario de Cartuja.    <br> Apartado de Correos 2070. 18080 Granada. España.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Correo electrónico: <a href="mailto:isabel.ruiz.easp@juntadeandalucia.es">isabel.ruiz.easp@juntadeandalucia.es</a></font></p>     <p align="right"><i><font face="Arial" size="2">Recibido:</font></i> <font face="Arial" size="2"> 22 de septiembre de 2003.    <br> <i> Aceptado:</i> 11 de diciembre de 20043.</font></p>     <p><B><font face="Arial" size="2">(Intimate partner violence: social and health determinants and  responses)</font></B></p> <hr color="#000000">     <div align="center">       <center>   <table border="0" width="100%">     <tr>       <td width="48%" valign="top"><b><FONT face=Arial size=2>Resumen    <br>         </FONT>         </b><FONT face=Arial size=2>Este trabajo tiene como  objetivo realizar una revisión del problema de la violencia contra la mujer en  la pareja, así como determinar sus causas y consecuencias, analizando de forma  específica el papel de los profesionales sanitarios. Frente al abordaje  epidemiológico clásico de «factores de riesgo», Heise propone «un marco  ecológico integrado» para el estudio y el conocimiento de la violencia contra la  mujer. Este marco estudia los factores que actúan en 4 ámbitos: individual,  familiar, comunitario y sociocultural. En España se presentó en enero de 2003 un  total de 2.519 denuncias por violencia de género; entre enero y noviembre de  2003, se contabilizó un total de 69 mujeres muertas por esta causa. No parece  existir un patrón geográfico en la mortalidad y la incidencia de denuncias, ni  tampoco una relación entre las tasas de incidencia de denuncias y la mortalidad.  La única encuesta de ámbito nacional publicada en España es la realizada por el  Instituto de la Mujer en 1999, que da una prevalencia de maltrato en las mujeres  del 9,2%. En Granada, en un centro de atención primaria, se obtuvo una  frecuencia del 22,8%. Desde los servicios sanitarios, con los que la mayoría de  las mujeres contactan en algún momento de su vida, se puede desempeñar un papel  crucial para ayudar a las que son objeto de violencia. Las/los profesionales que  están en los puestos de administración y gestión pueden contribuir a poner de  manifiesto este problema de salud, teniendo presente que es una de las  principales causas de mala salud e incapacidad. Es evidente que, más allá de las  campañas de sensibilización y la detección precoz, se debería diseñar  estrategias de salud pública dirigidas a prevenir este grave problema, cuyas  causas pueden modificarse.<b>    <br>         Palabras clave: </b> Violencia. Violencia doméstica. Abuso  sexual.</FONT></td>       <td width="4%"></td>       <td width="48%">     <p><font face="Arial"><b><FONT size=2>Abstract</FONT></b><FONT face=Arial size=2>    <br> The present study aims to review the problem of intimate  partner violence, as well as its causes and consequences. It will also  specifically analyze the role of health professionals. In opposition to the  classical epidemiological view of risk factors, Heise proposes an «ecological framework» to study violence against women. This framework analyzes the  interplay among the personal, situational and sociocultural factors that combine  to cause abuse. Regarding the frequency of intimate partner violence in Spain,  in January 2003 there were 2.519 formal complaints and 69 women died between  January and November 2003. No geographical patterns in mortality or the  incidence of formal complaints of intimate partner violence or among the  provinces with the highest incidence of formal complains and those with highest  mortality were observed. The only national survey published in Spain was  performed by the Women's Institute in 1999, which reported a prevalence of  domestic violence of 9.2%. A frequency of 22.8% was found in a primary health  care center in Granada. Health services can play a key role in helping victims  of domestic violence, since most women contact the health services at some time  in their lives. Professionals in administrative or managerial positions can  contribute to raising awareness of this health problem, which is one of the main  causes of poor health and disability. Evidently, beyond consciousness-raising  and early detection campaigns, public health strategies should be designed to  prevent this serious health problem the causes of which can be changed.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <b>Key words</b>: Violence. Domestic violence. Sexual abuse.</FONT> </font> </p>             <p>&nbsp;</td>     </tr>   </table>   </center> </div> <hr color="#000000">     <p><B><FONT face=Arial size=2>Introducción</FONT></B></p>     <p><FONT face=Arial size=2>En 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la «Declaración sobre  la eliminación de la violencia contra la mujer». En su artículo 1 la define como  «todo acto de violencia por razones de sexo que tenga o pueda tener como  resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así  como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la  libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la  privada»<SUP>1</SUP>. Según esta declaración, la violencia contra la mujer  abarca «la violencia física, sexual y psicológica que se produce en el seno de  la familia y en la comunidad en general, incluidas las palizas, el abuso sexual  de niñas, la violencia relacionada con la dote, la violación marital, la  mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales dañinas para la  mujer, la violencia no conyugal y la violencia relacionada con la explotación,  el acoso sexual y la intimidación en el trabajo, en las instituciones educativas  y en cualquier otro lugar, el tráfico de mujeres, la prostitución forzada y la  violencia perpetrada o tolerada por el Estado»<SUP>2</SUP>.</FONT></p>     <p><FONT face=Arial size=2>  A todas estas formas de violencia se les  denomina «violencia de género», que es aquélla ejercida por los hombres contra  las mujeres. Una de las formas más frecuentes de este tipo de violencia es la  ejercida por el marido o compañero sentimental. Es la que se denomina  habitualmente «violencia doméstica» o «violencia contra la mujer en la  pareja»<SUP>3</SUP>.</FONT></p>     <P><FONT face=Arial size=2>El conocido «ciclo de la violencia  doméstica», con sus 3 fases de tensión, agresión y reconciliación o luna de  miel, se ha utilizado para explicar cómo se produce y mantiene la  violencia<SUP>4</SUP>. Sin embargo, recientemente se plantea otra forma de  relación violenta donde hay una situación continua de frustración y amenaza,  pero donde sólo de forma ocasional aparece la agresión física<SUP>1</SUP>. Esta  llamada «forma moderada de violencia» sería más difícil de detectar en los  estudios poblacionales que las formas más graves de abuso.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La violencia contra la mujer en la pareja  es uno de los problemas de salud pública actualmente más importante por su  creciente incidencia y mortalidad<SUP>1</SUP>. Aproximadamente, un tercio de las  mujeres de todo el mundo son víctimas y/o supervivientes de maltratos,  violaciones y asesinatos<SUP>5</SUP>. Este problema resta años de vida a las  personas que lo sufren, porque causa lesiones físicas y psicológicas  irreversibles y, en algunos casos, la muerte<SUP>6,7</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La violencia contra la mujer en la pareja  tiene su origen en las relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres.  Según las Naciones Unidas, hasta 1991 sólo 22 países del mundo industrializado  habían concedido a las mujeres iguales derechos que a los hombres en cuestión de  matrimonio, divorcio y propiedad familiar. Pero además, esta problemática sigue  estando plagada de estereotipos negativos que afectan en gran medida a las redes  de apoyo formales e informales a las que acude la mujer maltratada en algún  momento. Estas mujeres suelen ser, de nuevo, victimizadas por los organismos que  deberían prestarles protección y apoyo<SUP>4</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Este trabajo tiene como objetivo realizar  una revisión del problema, así como de sus causas y consecuencias. También se  analizará de forma específica el papel de los profesionales sanitarios y los  planes y acciones encaminados a erradicar la violencia. Por último, se sugerirán  algunas recomendaciones para progresar en la lucha contra la violencia hacia la  mujer en la pareja.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Causas</FONT></B></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>Para evitar y tratar un problema social  como la violencia contra la mujer, es necesario conocer sus causas. Frente al  abordaje epidemiológico clásico de «factores de riesgo», centrado en el agresor  o en la víctima y desde la visión de la epidemiología social, se han propuesto  modelos más complejos. Heise propone «un marco ecológico integrado» para el  estudio y el conocimiento de la violencia contra la mujer<SUP>2</SUP>. Este  marco estudia los factores que actúan en 4 ámbitos distintos: individual,  familiar, comunitario y sociocultural. Lo que plantea es un modelo multinivel en  el que no existe un solo factor causal, sino más bien una interacción de  factores que operan en niveles distintos y que pueden favorecer la violencia o  proteger frente a ella. Las normas culturales relacionadas con la violencia, el  género y las relaciones sexuales no sólo se manifiestan en el ámbito individual;  también la familia, la comunidad y el más amplio contexto social, incluidos los  medios de comunicación, los refuerzan o combaten. El conocimiento de estos  factores y sus interacciones en niveles distintos en los diferentes contextos y  ambientes culturales ayudará en el diseño de las diferentes estrategias de  prevención.</FONT></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Factores socioculturales</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La violencia doméstica es estructural e  institucional. Este tipo de violencia no es el resultado de casos inexplicables  de conducta desviada o patológica. Por el contrario, es una práctica aprendida,  consciente y orientada, producto de una organización social estructurada sobre  la base de la desigualdad entre hombres y mujeres<SUP>8</SUP>. La violencia  contra la mujer es, también, instrumental. La violencia de género no es un fin  en sí misma sino un instrumento de dominación y control social. El poder de los  hombres y la subordinación de las mujeres, que es un rasgo básico del  patriarcado, requiere algún mecanismo de sometimiento. En este sentido, la  violencia contra las mujeres es el modo de afianzar ese dominio.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Un ejemplo de lo anterior se recoge en las  respuestas dadas a la encuesta del eurobarómetro realizada en los 15 estados  miembros de la Unión Europea en 1999. Una de las preguntas era: «¿Cuáles son las  causas de la violencia que identifican los europeos?». El 96% consideraba el  alcoholismo; el 75%, la pobreza y la exclusión social; el 57%, el bajo nivel  educativo, y el 64% mencionaba la genética, pero el 46% lo achacaba al  comportamiento provocativo de las mujeres<SUP>9</SUP>.</FONT></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Factores individuales</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>De los diferentes factores estudiados en  este ámbito, el alcoholismo es uno de los más frecuentemente mencionados. Sin  embargo, en este punto y como recomiendan Alberdi et al<SUP>8</SUP>, hay que  diferenciar entre las causas de la violencia y los factores que la refuerzan o  ayudan a que se haga más manifiesta. Aunque en los diferentes estudios se  aprecia de manera constante una relación entre el consumo elevado de alcohol y  la violencia contra las mujeres por parte de su pareja, muchas personas abusan  del alcohol sin que por ello manifiesten un comportamiento violento, y en muchas  de las agresiones que ocurren no está relacionado un consumo de alcohol. Sin  embargo, sí parece que el consumo de alcohol aumenta la frecuencia y la gravedad  de la conducta violenta<SUP>1,4</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Algunos estudios realizados en  Nicaragua<SUP>10</SUP>, Camboya, Canadá y Estados Unidos demuestran que la  exposición a la violencia doméstica por parte de los padres durante el período  de crecimiento de los hijos, se asocia con la violencia doméstica contra la  mujer ejercida por éstos en la vida adulta<SUP>3</SUP>. Sin embargo, hay que  tener en cuenta que más de la mitad de los hombres que sufrieron esta exposición  nunca se comportaron violentamente con sus propias  parejas<SUP>11</SUP>.</FONT></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Factores comunitarios</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Aun siendo cierto que se ejerce la  violencia en todos los grupos sociales, los resultados de los estudios muestran  que las mujeres de clases sociales inferiores la refieren más frecuentemente que  las mujeres de clases sociales superiores<SUP>12-15</SUP>. Pero no está claro  por qué la pobreza incrementa el riesgo de la violencia. ¿Es la pobreza en sí  misma o los factores que la acompañan? ¿Son los ingresos, el nivel educativo, la  disparidad entre marido y mujer respecto a la posición social o los recursos  socioeconómicos, el hacinamiento u otras variables?</FONT></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Factores familiares</FONT></i></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>En el ámbito de las relaciones familiares,  diferentes estudios han mostrado que tanto los conflictos de pareja como el  dominio del hombre de la economía y la toma de decisiones en la familia pueden  constituir importantes factores de riesgo para una situación de  violencia<SUP>2</SUP>.</FONT></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Factores protectores</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Varios estudios han constatado que cuando  la mujer tiene autoridad y poder fuera de la familia, el maltrato es infrecuente  y también disminuye la violencia de forma notable cuando se produce una rápida  intervención de otros miembros de la familia<SUP>3,9</SUP>. Recientemente se ha  puesto de manifiesto que la ausencia de apoyo social se relaciona con una mayor  frecuencia de violencia ejercida contra la mujer en la pareja, y que un elevado  apoyo social puede amortiguar el impacto de la violencia en la salud física y  psíquica de la mujer maltratada<SUP>16</SUP>.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>La violencia en cifras</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las dificultades para conocer las cifras de  la violencia doméstica son enormes, aun en las sociedades en que ha aumentado la  conciencia acerca de este problema. Y esto a pesar de que desde 1997 hay un  mandato de la Unión Europea para recoger, elaborar y publicar anualmente los  datos sobre la violencia contra las mujeres en cada uno de los países  miembros.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Los datos que habitualmente se manejan en  España son de carácter jurídico, donde se recoge el número de denuncias  realizadas, así como los datos referentes a los recursos utilizados, como casas  de acogida o de emergencia<SUP>8</SUP>. La recogida de datos a partir de las  comisarías, los juzgados y los hospitales no ha hecho más que empezar y se lleva  a cabo con poco rigor; a pesar de las indicaciones europeas, todavía no se ha  iniciado el empleo de registros unificados para todo el país. La información más  utilizada es la ofrecida por el Ministerio del Interior, y hace referencia al  número de denuncias ocurridas como consecuencia de la violencia doméstica, que  llegaron a ser en el año 2002 de 30.199. Sólo en enero de 2003 se produjeron  2.519 denuncias.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Respecto a los datos de prevalencia  hallados en estudios epidemidemiológicos, en un informe del Center for  Communications Programs, de la Universidad Johns Hopkins<SUP>2</SUP>, donde se  revisan cerca de 50 estudios de base poblacional realizados hasta 1999, entre un  10 y un 69% de las mujeres en el mundo referían maltrato físico por parte de su  pareja en algún momento de su vida (entre un 18 y un 58% en los países  europeos). En los estudios comunitarios donde se indaga por los 3 tipos de  violencia conjuntamente (psíquica, física y sexual), las frecuencias oscilan  entre un 25 y un 60%<SUP>17-19</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En España, los únicos datos de frecuencia  que se han hecho públicos son los aportados por la Macroencuesta realizada por  el Instituto de la Mujer, en 1999, que indica una cifra del 9,2% de mujeres  consideradas «técnicamente» maltratadas y un 2,1% que se declaran como  tales<SUP>20</SUP>. Las diferencias en estas cifras podrían señalar que un  elevado porcentaje de la violencia es aceptado por las mujeres o vivido por  ellas como algo «natural» en su relación, o bien que éstas identifican la  violencia sólo con un maltrato físico. En una segunda encuesta, realizada en el  año 2002, las frecuencias son del 8,7 y el 2,3%, respectivamente (datos no  publicados).</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Un gran número de estudios se ha realizado  en el ámbito sanitario (atención primaria o atención especializada, servicios de  urgencias, consultas de ginecología), lo cual no es una coincidencia, ya que se  ha comprobado que las mujeres que sufren malos tratos hacen un mayor uso del  sistema sanitario. En el ámbito sanitario internacional, se manejan cifras de  prevalencia que oscilan entre un 20 y un 55%<SUP>12-14,21-29</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En el ámbito de la atención primaria, se  llevó a cabo un estudio en Granada, en el año 2002, para determinar la  frecuencia y los tipos de maltrato sufridos por las mujeres asistentes a un  centro de atención primaria, así como la respuesta que ellas daban a la  violencia que padecían. La prevalencia de maltrato de cualquier tipo y en  cualquier momento de la vida fue de un 22,8%, y un 9% refería que dicho abuso  era «muy frecuente»<SUP>30</SUP>.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>Dado que los estudios sobre la violencia en  la mujer son un área de investigación muy reciente, la mayoría de los trabajos  publicados hacen referencia a la violencia global o sólo física, ya que es la  más manifiesta y fácil de cuantificar; hay muy poca información de la frecuencia  y las características de las otras formas de maltrato y cómo se relacionan entre  ellas<SUP>1</SUP>. Diversos estudios ponen de manifiesto que la violencia física  en las relaciones de pareja se acompaña, casi siempre, de un abuso psicológico,  y casi en la mitad de los casos por abuso sexual.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En el estudio realizado en Granada, el tipo  de abuso más frecuente en el total de mujeres de la muestra fue el maltrato  emocional (22,3%), seguido del físico (9,8%) y el sexual (5,1%). Más de la mitad  de las mujeres maltratadas referían sólo un maltrato psicológico. El estudio de  Coker<SUP>14</SUP> también pone de manifiesto la elevada frecuencia de maltrato  emocional, ya que el 12,5% de las mujeres estudiadas lo referían. El estudio de  Granada también puso de manifiesto que los diferentes tipos de abuso coexisten  en una elevada proporción de mujeres. De las mujeres maltratadas, el 29,7%  sufrió 2 tipos de abuso y un 16,5% los 3 tipos. Bradley et al<SUP>22</SUP>, en  Irlanda, encontraron que el 25% de las mujeres habían experimentado 2 o 3 tipos  de violencia. En la <a href="#t1"> tabla 1</a> se recoge una selección de estudios de prevalencia  de maltrato global y por tipos.</FONT></P>     <P align=center><a name="t1"><font face="Arial"><IMG src="/img/gs/v18s2/revision1/138v18nSupl.2-13061990tab01.gif"></font></a></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Impacto en la salud</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las consecuencias de la violencia contra  las mujeres son muy amplias e influyen en todos los aspectos de sus vidas, su  salud y la de sus hijos; además, se extienden al conjunto de la sociedad. En el  modelo biomédico, la violencia suele clasificarse como una lesión intencionada,  incluida a veces junto con las enfermedades no transmisibles. Evidentemente, es  importante reconocer que la violencia es causa de lesiones, pero la valoración  exclusiva de éstas limita el conocimiento de las muchas formas de violencia  existentes y de sus múltiples consecuencias para la salud. La mejor forma de  conceptualizar la violencia contra la mujer es como un factor de riesgo para la  salud, ya que sus consecuencias implican una amplia gama de efectos en la salud  de la mujer<SUP>3</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La violencia contra la mujer, especialmente  la doméstica y el abuso sexual, conlleva muchas consecuencias negativas para la  salud física. Entre ellas se encuentran las lesiones traumáticas (desde cortes y  hematomas a lesiones graves que causan una incapacidad permanente, como la  pérdida de audición), el embarazo no deseado, los problemas ginecológicos, el  dolor pélvico crónico asociado a veces con una enfermedad inflamatoria pélvica,  la hipertensión, las cefaleas o el síndrome de colon irritable<SUP>31</SUP>. La  fibromialgia es un cuadro de dolor osteomuscular crónico generalizado, muy de  actualidad en nuestro país, y es una de las consecuencias crónicas de la  violencia contra la mujer que se menciona repetidamente cuando se analiza el  impacto de la violencia en la salud física<SUP>32</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La relación sexual forzada, sea con la  pareja o con un extraño, puede originar un embarazo no deseado o una infección  venérea, incluido el VIH/sida. La violencia o el temor a ella también pueden  afectar de manera indirecta a la salud sexual y reproductiva, ya que influyen en  la capacidad de la mujer para negociar el sexo seguro, incluido el uso de  condones y anticonceptivos. La violencia también se produce durante el embarazo,  por lo que sus consecuencias afectan no sólo a la mujer, sino también al feto o  al recién nacido. La violencia durante el embarazo se asocia con abortos, muerte  fetal, parto prematuro y muerte y lesiones fetales o del recié ;n nacido. En  varios estudios se observó asimismo su asociación con un bajo peso al  nacer<SUP>33,34</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Por otra parte, hay indicios de que los  diferentes tipos de abuso, así como su intensidad y duración, pueden tener  diferentes repercusiones en la salud de la mujer. Así, el síndrome del intestino  irritable se ha relacionado con el abuso sexual, mientras que el dolor pélvico  se ha relacionado más con el abuso físico, particularmente en la  infancia<SUP>35</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En relación con el impacto en la salud  mental de la mujer, la mayoría de los estudios realizados valoran la prevalencia  de los problemas psicológicos entre estas mujeres. Aunque hay autores que han  defendido el «síndrome de la mujer maltratada», hoy se considera que el maltrato  incrementa una serie de síntomas y cuadros clínicos que van desde la ansiedad,  el insomnio o la baja autoestima hasta la depresión clínica o el trastorno por  estrés postraumático<SUP>36</SUP>. En la Macroencuesta del Instituto de la Mujer  se preguntaba por diferentes síntomas de carácter psicológico. Prácticamente,  todos ellos fueron referidos con mayor frecuencia por las mujeres maltratadas,  sobre todo los cambios de ánimo y la tristeza<SUP>20</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En nuestro país el único intento conocido  de estudiar el impacto en la salud mental de los malos tratos se llevó a cabo en  el área de Sevilla, y está publicado como una monografía del Instituto Andaluz  de la Mujer<SUP>37</SUP>. En este trabajo se comparó la frecuencia de los malos  tratos recibidos por las mujeres que consultan a los servicios de salud mental  respecto a las que no contactan con ellos. Los resultados muestran una  frecuencia mucho más elevada de maltrato entre las mujeres consultantes. Los  cuadros psicopatológicos más frecuentes fueron los trastornos afectivos  (depresión), somatoformes y de personalidad. En la <a href="#t2"> tabla 2</a> se muestra una  selección de estudios que analizan los problemas de salud relacionados con el  maltrato.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=center><a name="t2"><font face="Arial"><IMG  src="/img/gs/v18s2/revision1/138v18nSupl.2-13061990tab02.gif"></font></a></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La expresión máxima de los problemas de  salud que puede conllevar la violencia contra las mujeres es la muerte o  «feminicidio», como se denomina cada vez con mayor frecuencia al homicidio  femenino. En nuestro país, los datos del año 2002 muestran que 52 mujeres  murieron como consecuencia de la violencia doméstica, y 69 más hasta principios  de noviembre de 2003<SUP>38</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Recientemente, se ha dado un paso adelante  en este sentido en España, al analizar la mortalidad y la incidencia de  denuncias por violencia contra la mujer en la pareja por grupos de edad y  provincias<SUP>39</SUP>. Entre 1997 y 2001 se observó un incremento del 27% en  las denuncias y del 49% en los asesinatos de mujeres a manos de su pareja en los  últimos 5 años. No se detectó un patrón geográfico respecto a la mortalidad y la  incidencia de denuncias, ni tampoco una relación entre las provincias de mayor  tasa de incidencia de denuncias y las de mayor mortalidad.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Dificultades  metodológicas</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Es evidente que una valoración más precisa  de la magnitud del problema de la violencia contra la mujer pasa por la  realización de encuestas realizadas en la población general o en grupos  poblacionales más específicos. Ello plantea un primer problema metodológico  importante, ya que no existe una definición de violencia universalmente  aceptada<SUP>1</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La definición de la «Declaración de las  Naciones Unidas sobre la eliminación de la violencia contra la mujer»  proporciona un marco conceptual y de defensa muy útil, pero para facilitar la  investigación, la vigilancia y el seguimiento se necesitan definiciones  operativas más concretas. Desde el punto de vista de la investigación, este  problema se solventa parcialmente centrándose en la medición de comportamientos  o actos específicos y en sus efectos sobre el bienestar físico, sexual y  emocional de la mujer.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Otro aspecto a tener en cuenta es la  aplicabilidad transcultural de las definiciones, aspecto que surge en el  contexto de los estudios internacionales. Los antropólogos y los defensores de  la salud de la mujer señalan las dificultades de hacer clasificaciones  internacionales, ya que la definición de la violencia contra la mujer es muy  variable según las culturas<SUP>3</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El Estudio Multinacional sobre la Salud de  la Mujer y la Violencia Doméstica, coordinado por la OMS, pretende solventar  esta laguna mediante el desarrollo de metodologías para medir la violencia  contra la mujer y las consecuencias en su salud a través de las distintas  culturas, poniendo en práctica esta investigación en 6 países diferentes. El  protocolo y el cuestionario utilizados se basan en la experiencia de muchos  investigadores preocupados especialmente por los aspectos metodológicos y  éticos<SUP>40,41</SUP>.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Reacciones y actuaciones frente al  problema</FONT></B></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Respuestas individuales: actitudes de la  mujer</FONT></i></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>Las actitudes y respuestas de las mujeres  ante una situación de violencia dentro de la pareja son un aspecto poco  analizado en la bibliografía. La pregunta que suele surgir es: ¿por qué la mujer  mantiene una relación donde existe maltrato? Para algunos autores, plantearse  esta pregunta equivale a desplazar la responsabilidad del maltrato a la mujer y,  además, en la pregunta está implícito el hecho de que un porcentaje muy elevado  de las mujeres maltratadas no abandonan la relación<SUP>4</SUP>. Sin embargo,  los resultados de estudios cualitativos confirman que las mujeres suelen adoptar  estrategias activas tendentes a asegurar su seguridad y la de sus  hijos<SUP>1</SUP>. Uno de los pocos estudios cuantitativos publicados realizado  en Nicaragua demuestra que el 41% de las mujeres referían haberse separado  aunque fuera de manera temporal<SUP>42</SUP>. Por otra parte, aun siendo la  separación o la denuncia las respuestas más activas que pueden tomar las mujeres  frente a su situación, no tienen por qué ser las únicas. En un estudio realizado  en Carolina del Sur (Estados Unidos), el 87% de las mujeres que sufrían  violencia en sus relaciones de pareja compartían este problema con la familia,  los amigos, los médicos o los terapeutas<SUP>18</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En el estudio realizado en Granada, el  68,4% de las mujeres tenían una respuesta activa frente al problema, e  intentaban resolver la situación mayoritariamente mediante la separación, a la  que recurrió un 58% de las mujeres maltratadas<SUP>30</SUP>. Otro 15% intentó  resolver la situación mediante la denuncia a la policía, lo que supone un  aumento de esta actitud ya que, según los datos aportados por el Ministerio del  Interior, en 1997 sólo un 5% de las mujeres denunciaron su situación de  maltrato. La denuncia y, en general, la petición de ayuda han sido una salida  muy reprimida socialmente hasta hace muy poco tiempo, al considerarse estos  hechos como un fenómeno propio de la esfera privada. Por último, un 15% de las  mujeres que sufrían o habían sufrido violencia consultaron a los profesionales  médicos su problema, es decir, tuvieron ellas la iniciativa, lo que coloca al  médico en una situación de especial responsabilidad en un tema tan trascendente,  en el que la prevención y la detección precoz serían de una importancia vital  para evitar secuelas posteriores y daños mayores.</FONT></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Servicios de salud: ¿qué pueden  hacer?</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Desde los servicios sanitarios se puede  desempeñar un papel crucial para ayudar a las mujeres que son objeto de  violencia, ya que la mayoría entra en contacto con los servicios de salud en  algún momento de su vida (embarazo, parto o cuidado médico de los hijos).  Además, los malos tratos afectan pronto a la salud de las mujeres, por lo que  éstas acuden a los servicios sanitarios.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las/los profesionales que están en los  puestos de administración y gestión pueden contribuir a poner de manifiesto el  problema, teniendo presente que es una de las principales causas de mala salud e  incapacidad. Desde ahí pueden promover que se asignen recursos para la recogida  de datos, para mejorar la identificación del maltrato, promover la formación  específica de las/los profesionales y preocuparse de añadir preguntas  específicas en la historia clínica. Además, se puede propiciar la coordinación  institucional y elaborar guías de recursos en las áreas de  salud<SUP>43</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Por otra parte, se debe tener en cuenta que  las repercusiones en salud física y psíquica que el maltrato conlleva determinan  que las víctimas de la violencia puedan buscar asistencia sanitaria, no sólo en  los servicios de urgencia o en atención primaria, sino en las unidades de salud  mental u otros servicios específicos, como ginecología, reumatología o  gastroenterología.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La mayoría de los profesionales de salud no  tienen tiempo ni formación para asumir la responsabilidad exclusiva de cubrir  las necesidades de las mujeres maltratadas<SUP>44</SUP>. Sin embargo, podrían  aprender a detectar los casos de maltrato y ofrecer a las mujeres que lo sufren  un seguimiento para apoyarlas en el análisis de lo que les está pasando, la toma  de decisiones y la derivación a otros servicios<SUP>45</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Como mínimo, las/los profesionales de salud  podrían actuar de la siguiente manera: ante una mujer que presenta síntomas  crónicos vagos, físicos y psíquicos, preguntarle cómo van las cosas en casa,  cómo van las relaciones con su pareja, o qué es lo que la preocupa, no le deja  dormir o la hace estar triste. Es importante saber crear un clima de confianza,  recibir a la paciente sola y escuchar el relato de la mujer sin interrupciones  ni establecer juicios. Dar a entender a la mujer que lo que está contando es  confidencial. Se debería ayudar a la mujer a relacionar lo que le está pasando  con sus síntomas, para que pueda entender su situación. Hay que  «desculpabilizarla»: explicarle que ella no es responsable de la situación, que  nadie merece ser maltratado, y señalarle sus valores y logros. Sería  recomendable registrar en la historia clínica los diferentes tipos de maltrato y  sus circunstancias; también desde cuándo y cómo comenzó la situación, por si en  algún momento la mujer decide iniciar acciones judiciales. Igualmente, hay que  informar a la mujer de que no se intervendrá si ella no quiere, pero que precisa  ayuda y debe remitirse a los recursos disponibles en la comunidad; creer lo que  está diciendo, respetar sus decisiones e ir creando un entorno de apoyo. Una  prioridad es la seguridad personal, por lo que es necesario evaluar con la mujer  si hay un peligro inmediato para su vida.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Si se quiere y se puede lograr una mayor  implicación, se debe promover la creación de grupos u ofrecer espacios en el  ámbito sanitario. Puede favorecerse la capacitación de los profesionales para,  posteriormente, coordinar los grupos de promoción de salud, cuyo objetivo es que  las mujeres puedan avanzar en su propia autonomía y autoestima y desarrollen  relaciones con otras mujeres. Los grupos de autoayuda son un excelente medio  para que la mujer pueda empezar a salir de su aislamiento, recuperar su  autoestima, iniciar otras actividades y proyectos, y desarrollar recursos  personales para atreverse a romper la relación y realizar los cambios que  considere necesarios en su vida<SUP>46</SUP>.</FONT></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Planes y acciones encaminados a erradicar  la violencia</FONT></i></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>En el I Plan de Acción contra la Violencia  Doméstica (1998-2000) se recogían 6 áreas de actuación: sensibilización y  prevención, educación y formación, recursos sociales, sanidad, legislación y  práctica jurídica e investigación. De las actuaciones realizadas, destacan 3  campañas oficiales de sensibilización en los medios de comunicación: el  incremento de las unidades SAM (Servicio de Atención a Mujeres) en comisarías y  servicios de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, el equipamiento de  casas de acogida, pisos tutelados y centros de emergencia, y la creación del  Servicio Telefónico de Emergencia 24 horas.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Por lo que respecta a los servicios de  salud, se aprobó y difundió un protocolo sanitario como respuesta integral,  elaborado por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de  Salud<SUP>47</SUP>. Este protocolo estaba destinado fundamentalmente a la  atención inicial de las mujeres con lesiones físicas o sexuales graves (la  «punta del iceberg» del problema). Pero la redacción de un protocolo no es  suficiente para que éste se lleve a cabo. Y la puesta en marcha y la  consolidación de protocolos sanitarios deben estar integradas a un conjunto de  actividades. Así, sólo participaron en la elaboración del protocolo las  sociedades clínicas, y quedaron excluidos las/los expertos en salud pública y  epidemiología. Tampoco se incluyeron los objetivos y las actividades de  prevención, detección precoz y evaluación. Por último, el protocolo plantea como  principal actuación del profesional de salud la de ser un instrumento de los  servicios jurídicos (parte de lesiones), sin tener presentes otros aspectos,  como la seguridad de la mujer o la confidencialidad a la que están obligados los  profesionales sanitarios.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El II Plan Contra la Violencia Doméstica  fue aprobado por el Consejo de Ministros el 11 de mayo de 2001, con vigencia  hasta 2004. En él se contemplan diversas actuaciones en los servicios  educativos, judiciales y sociales, así como la coordinación interinstitucional,  aunque no se han previsto actuaciones de los servicios sanitarios.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Es evidente que más allá de las campañas de  sensibilización y la detección precoz, se deberían diseñar estrategias desde el  ámbito de la salud pública dirigidas a prevenir este grave problema de salud,  cuyas causas pueden ser modificadas. Además, se precisarían más recursos y  abordajes interdisciplinarios para afrontar los desafíos de investigar un tema  tan complejo<SUP>48</SUP>.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Conclusiones</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La violencia contra las mujeres incluye no  sólo las agresiones físicas, sino también el maltrato psíquico, ambiental y  sexual, y la dominación y aislamiento, que suelen pasar inadvertidos. La  violencia contra las mujeres ejercida por sus parejas (o ex parejas) da lugar a  importantes problemas de salud en ellas y en sus hijos, a corto y a largo plazo.  El origen de estos problemas no es reconocido por las/los profesionales  sanitarios, por lo que las mujeres no suelen recibir la atención adecuada. El  abordaje eminentemente biologicista de la atención, la falta de tiempo y la  formación respecto a este grave problema social son obstáculos para la detección  y el tratamiento adecuados. Sin embargo, las mujeres maltratadas acuden  habitualmente a los servicios sanitarios, por lo que los centros de salud y los  servicios de planificación familiar, salud mental y urgencias pueden ser un  lugar privilegiado para la prevención, la detección precoz y el abordaje inicial  de la mujer maltratada.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Recomendaciones</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El enfoque desde la perspectiva de género  ha de estar siempre presente en los programas de intervención y en las acciones  que se emprendan con tal finalidad. De otra forma, se seguirán sucediendo los  fracasos y se seguirá reprochando a las víctimas nuestros propios  errores.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Hay que resaltar la necesidad de establecer  normas y actitudes sociales que favorezcan la igualdad de los géneros y de las  relaciones sexuales, comenzando desde la infancia y la adolescencia.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En los últimos años se insiste,  fundamentalmente, en que la víctima denuncie al agresor. Desde nuestro punto de  vista, se está incurriendo en la irresponsabilidad de ignorar los  condicionamientos que pesan sobre la mujer como «denunciante» (situaciones de  confusión, inseguridad y falta de autoestima; incremento de la peligrosidad que  el hecho de la denuncia representa para la vida de la denunciante; negativa del  agresor a aceptar la separación legal, etc.). Antes de denunciar, es  imprescindible que la mujer esté en un proceso de recuperación personal, que  haya tomado decisiones sobre aspectos concretos acerca de su futuro y que tenga  una estrategia preparada para empezar a cambiar su situación vital<SUP>43</SUP>.  Además, la denuncia debería ir acompañada de instrumentos legales,  sociales y económicos que protejan a la mujer.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>Hay que promover las investigaciones en  nuestro país para avanzar en el conocimiento de las causas de la violencia, su  impacto en la salud y cómo prevenirla. Diversos estudios han puesto de  manifiesto que la investigación sobre la violencia doméstica contra las mujeres  puede realizarse con total respeto a las consideraciones éticas y de seguridad.  Estos trabajos ponen de manifiesto también que muchas mujeres están deseosas de  hablar sobre sus experiencias de violencia siempre que se sientan seguras y no  juzgadas. En definitiva, los planes y acciones orientados a eliminar la  violencia contra la mujer en la pareja deben ser abordados siempre desde la  pluralidad, por tratarse de un problema social, legal y  sanitario.</FONT></P> <hr color="#000000">     <P><b><font face="Arial" size="2">Bibliografía</font></b></P>     <!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>1. World Report on violence  and Health. Geneva: World Health Organization; 2002 (consultado 05/11/2003).  Disponible en: http://www5.who.int/violence_injury_prevention/download.cfm?id=0000000582</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344586&pid=S0213-9111200400050000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>2.  Heise L, Ellsberg M, Gottemoeller M. Ending violence against women. Population  Reports, series L, n.<sup>o</sup> 11. Baltimore: Johns Hopkins University School of Public  Health; 1999 (consultado 05/11/2003). Disponible en: http://www.infoforhealth.org/pr/l11edsum.html</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344587&pid=S0213-9111200400050000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>3. García-Moreno, C. Violencia  contra la mujer. Género y equidad en la salud. Organización Panamericana de la  Salud y Harvard Center for Population and Development Studies; 2000 (consultado 05/11/2003). Disponible en: http://www.paho.org/ Spanish/DBI/po06.htm</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344588&pid=S0213-9111200400050000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>4.  Medina J. Violencia contra la mujer en la pareja: investigación comparada y  situación en España. Valencia: Tirant lo Blanch; 2002.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344589&pid=S0213-9111200400050000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>5. Pickup F, Williams  S, Sweetman C. Ending violence against women. A challenge for development and  humanitarian work. London: Oxfam; 2001.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344590&pid=S0213-9111200400050000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>6. Plichta S, Falik M. Prevalence of  violence and its implications for women's health. Womens Health Issues  2001;11:244-58.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344591&pid=S0213-9111200400050000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>7. Krantz G. Violence against women: a global public health  issue. J Epidemiol Community Health 2002;56:242-3.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344592&pid=S0213-9111200400050000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>8. Alberdi I, Matas N. La  violencia doméstica. Informe sobre los malos tratos a mujeres en España.  Barcelona: Fundación La Caixa; 2002.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344593&pid=S0213-9111200400050000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>9. Comisión Europea. Una encuesta del  Eurobarómetro. Los europeos y sus opiniones sobre la violencia doméstica contra  las mujeres; 1999 (consultado 10/08/2003). Disponible en: http://www.fundacionmujeres.es/fondo/Encuestaeuropea.pdf</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344594&pid=S0213-9111200400050000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>10. Ellsberg M, Peña  R, Herrera A, Liljestrand J, Winkvist A. Candies in hell: women's experiences of  violence in Nicaragua. Soc Sci Med 2000;51:1595-610.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344595&pid=S0213-9111200400050000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>11. Caeser P. Exposure  to violence in the families of origin among wife abusers and maritally  nonviolent men. Violence Vict 1998; 3:49-63.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344596&pid=S0213-9111200400050000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>12. Grynbaun M, Biderman A, Levy  A, Petasne-Weinstock S. Domestic violence: prevalence among women in a primary  care center-a pilot study. Isr Med Adsoc J 2001;3:907-10.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344597&pid=S0213-9111200400050000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>13. Richardson J,  Coid J, Ptruckevitch A, Chung WS, Moorey S, Feder G. Identifying domestic  violence: cross sectional study in primary care. BMJ 2002;324:274-7.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344598&pid=S0213-9111200400050000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>14.  Coker AL, Smith P, McKeown R, King M. Frequency and correlates of intimate  partner violence by type: physical, sexual, and psychological battering. Am J  Public Health 2000;90:553-9.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344599&pid=S0213-9111200400050000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>15. Tuesca R, Borda M. Violencia física marital  en Barranquilla (Colombia): prevalencia y factores de riesgo. Gac Sanit 2003;  4:302-8.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344600&pid=S0213-9111200400050000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>16. Coker A, Watkins K, Smith P, Brandt H. Social support reduces  the impact of partner violence on health: application of structural equation  models. Prev Med 2003;37:259-67.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344601&pid=S0213-9111200400050000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>17. Petersen R, Gazmararian J, Clark KA.  Partner violence: implications for health and community setting. Womens Health  Issues 2001;11:116-25.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344602&pid=S0213-9111200400050000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>18. Coker AL, Derrick C. Help-seeking for intimate  partner violence and forced sex in South Carolina. Am J Prev Med  2000;19:316-20.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344603&pid=S0213-9111200400050000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>19. Mazza D, Dennerstein L, Garamszegi CV, Dudley EC. The  psysical, sexual and emotional violence history of midle-aged women: a  community-based prevalence study. Med J Aust 2001;175:199-201.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344604&pid=S0213-9111200400050000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>20. La  violencia contra las mujeres. Resultados de la macroencuesta. Madrid: Instituto  de la Mujer. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales; 1999.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344605&pid=S0213-9111200400050000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>21. Schafer J,  Caetano R, Clark C. Rates of intimate partner violence in the United States. Am  J Public Health 1998;88: 1702-4.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344606&pid=S0213-9111200400050000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>22. Bradley F, Smith M, Long J, O'Dowd T.  Reported frequency of domestic violence: cross sectional survey of women  attending general practice. BMJ 2002;324:271.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344607&pid=S0213-9111200400050000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>23. Elliot B, Johnson M.  Domestic violence in a primary care setting: patterns and prevalence. Arch  Family Med 1995;4:113-9.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344608&pid=S0213-9111200400050000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>24. McCauley J, Kern D, Kolodner K. The «battering  syndrome»: prevalence and clinical characteristics of domestic violence in  primary care internal medicine practices. Ann Int Med 1995;123:737-46.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344609&pid=S0213-9111200400050000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>25.  Melnick D, Maio R, Blow F. Prevalence of domestic violence and associated actors  among women on a trauma service. J Trauma 2002;53:33-7.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344610&pid=S0213-9111200400050000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>26. Abbott J, Johnson  R, Koziol-McLain J, Lowenstein SR. Domestic violence against women. Incidence  and prevalence in the emergency department population. JAMA 1995;273:  1763-7.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344611&pid=S0213-9111200400050000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>27. Zachary M, Mulvihill M, Burton W. Domestic abuse in the emergency  department: can a risk profile be defined? Acad Emerg Med 2001:796-803.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344612&pid=S0213-9111200400050000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>28.  Prevalence of intimate partner violence and injuries - Washington 1998. JAMA  2000;284:559-60.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344613&pid=S0213-9111200400050000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>29. Siegel RM, Hill TD, Henderson VA. Screening for domestic  violence in the community pediatric setting. Pediatrics 1999; 104:874-7.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344614&pid=S0213-9111200400050000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>30.  Mata N, Ruiz I. Detección de violencia doméstica en mujeres que acuden a un  centro de atención primaria (tesina máster de salud pública y gestión sanitaria). Granada: Escuela Andaluza de Salud Pública; 2002.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344615&pid=S0213-9111200400050000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>31.  Villavicencio P. Violencia doméstica: su impacto en la salud física y mental de  las mujeres. Madrid: Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales e Instituto de la  Mujer; 1999.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344616&pid=S0213-9111200400050000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>32. Alexander R, Bradley L, Alarcon G, Triana-Alexander M, Aaron  L, Alberts K, et al. Sexual and physical abuse in women with fibromyalgia:  association with outpatient health care utilization and pain medication usage.  Arthritis Care Res 1998;11: 102-15.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344617&pid=S0213-9111200400050000300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>33. Campbell J. Health cobsequences of  intimate partner violence. Lancet 2002;359:1331-6.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344618&pid=S0213-9111200400050000300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>34. Campbell J, Jones AS,  Dienemann J, Kub J, Schollenberger J, O'Campo P, et al. Intimate partner  violence and physical health consequences. Arch Intern Med  2002;162:1157-63.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344619&pid=S0213-9111200400050000300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>35. Leserman J, Drossman DA, Li Z, Toomey TC, Nachman G,  Glogau L. Sexual and physical abuse history in gastroenterology practice: how  types of abuse impact health status. Psychosom Med 1996;58:4-15.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344620&pid=S0213-9111200400050000300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>36. Stein  MB, Kennedy C. Major depressive and posp-traumatic stress disorder comorbidity  in female victims of intimate partner violence. J Affective Dis  2001;66:133-8.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344621&pid=S0213-9111200400050000300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>37. Jiménez Casado C. Malos tratos conyugales en el área de  Sevilla. Sevilla: Instituto Andaluz de la Mujer; 1995.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344622&pid=S0213-9111200400050000300037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>38. Relación de  víctimas de la violencia de género, año 2003 (consultado 03/11/2003). Disponible  en: http://www.separadasy divorciadas.org/1.html</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344623&pid=S0213-9111200400050000300038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>39. Vives C, Álvarez-Dardet  C, Caballero P. Violencia del compañero íntimo en España. Gac Sanit  2003;17:268-74.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344624&pid=S0213-9111200400050000300039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>40. WHO Multi-Country Study. On women's health and life  events. Department of Gender and Women's Health. Family and Community Health.  Geneva: World Health Organization; 2003.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344625&pid=S0213-9111200400050000300040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>41. World Health Organization.  Putting women's safety first:ethical and safety recommendations for research on  domestic violence against women. Global Programme on Evidence for Health Policy.  Geneva: World Health Organization; 1999.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344626&pid=S0213-9111200400050000300041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>42. Ellsberg MC, Winkvist A, Peña R,  Stenlund H. Women's strategic responses to violence in Nicaragua. J Epidemiol  Community Health 2001;55:547-55.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344627&pid=S0213-9111200400050000300042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>43. Blanco P, Ruiz-Jarabo C, editoras. La  prevención y detección de la violencia contra las mujeres desde la atención  primaria de salud. Madrid: Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública;  2002.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344628&pid=S0213-9111200400050000300043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>44. Siendones-Castillo R, Perea-Milla E, Arjona JL, Aguera C, Rubio A,  Molina M. Violencia doméstica y profesionales sanitarios: conocimientos,  opiniones y barreras para la infradetección. Emergencias 2002;14:224-32.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344629&pid=S0213-9111200400050000300044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>45.  Blanco P, Abril V. Abordaje de la violencia contra las mujeres desde los  servicios sanitarios. En: Propuesta de las asociaciones de mujeres para un plan  integral contra la violencia hacia la mujer en la Comunidad de Madrid. Madrid:  Consejo de la Mujer; 2001.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344630&pid=S0213-9111200400050000300045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>46. Millán R, Jiménez JT, Blanco P. Intervención  grupal con mujeres como prevención de la violencia y promoción de la salud y  autonomía de las mujeres. Experiencias grupales en los centros de salud. En:  Blanco P, Ruiz-Jarabo C, editoras. La prevención y detección de la violencia  contra las mujeres desde la atención primaria de salud. Madrid: Asociación para  la Defensa de la Sanidad Pública; 2002.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344631&pid=S0213-9111200400050000300046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>47. Consejo Interterritorial del  Sistema Nacional de Salud. Protocolo sanitario ante los malos tratos domésticos.  Madrid: Instituto de la Mujer; 2002.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344632&pid=S0213-9111200400050000300047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>48. Rohlfs I, Valls-Llobet C. Actuar  contra la violencia de género: un reto para la salud pública. Gac Sanit  2003;4:263.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2344633&pid=S0213-9111200400050000300048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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