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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Género, trabajos y salud en España]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The present study reviews gender-related differences and inequalities in paid work and domestic chores in Spain. The impact of both types of work on health are analyzed and the main policies of the European Union (EU) and Spain to achieve gender equality at work are described. In Spain, fewer women are in paid work than in other EU countries. The labor market displays horizontal segregation (men and women work in different sectors), as well as vertical segregation (men hold more senior positions), leading to gender-related differences in employment conditions and exposure to occupational hazards. The precariousness of work is significantly higher in women (19% unemployment in women versus 9% in men) and women are more likely than men to have temporary contracts. Men are more frequently exposed to physical risks and suffer a greater number of occupational accidents; women, especially manual workers, are more frequently exposed to psychosocial risks. Most domestic chores continue to be performed by women, even by working women, which negatively affects their health. The EU has made an increase in female employment a priority, which means that from 2000-2010 Spain should create 3 million jobs for women and implement work/family policies. Achieving gender equality at work requires employment policies that would guarantee equal opportunities for both sexes, as well as shared responsibility for domestic chores between men and women. In Spain, moreover, there is an urgent need to significantly increase public childcare facilities and resources for the care of other dependent individuals.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><B><FONT face=Arial size=2>REVISIONES</FONT> </B> <hr color="#000000">     <p align="center"><B><font size="4" face="Arial">Género,  trabajos y salud en España</font></B> </p>     <p align="center"><font face="Arial"><b><FONT size=2>Lucía Artazcoz<SUP>a-d</SUP> / Vicenta  Escribà-Agüir<SUP>c,e</SUP> / Imma Cortès<sup>a,c,d</sup>     <BR></FONT></b><FONT face=Arial size=2><SUP>a</SUP>Agència de Salut Pública  de Barcelona. Barcelona. España.    <br> <sup>b</sup>Universitat pompeu Fabra. Barcelona. España.    <br> <sup>c</sup>Red de Investigación de Salud y Género.    <br> <sup>d</sup>Red de Centros de Salud  Pública.    <br> <sup>e</sup>Direcció General  de Salut Pública. Conselleria de Sanitat. Generalitat Valenciana. Valencia.  España.</FONT></font></p>     <p><FONT face=Arial size=2>Este trabajo ha sido parcialmente  financiado por la Red Temática de Investigación de Salud y Género (G03/042) y la  Red de Centros de Salud Pública financiadas por el Instituto de Salud Carlos III  del Ministerio de Sanidad y Consumo y el FIS (Ayuda  00/0686).</FONT></p>     <p><font face="Arial"><i><font size="2">Correspondencia: </font></i> <font size="2"> Lucía Artazcoz. Agència de Salut Pública  de Barcelona. Pl. Lesseps, 1. 08023 Barcelona. España.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Correo electrónico: <a href="mailto:lartazco@imsb.bcn.es">lartazco@imsb.bcn.es</a> </font></font></p>     <p align="right"><font face="Arial"><i><font size="2">Recibido:</font></i> <font face="Arial" size="2"> 22 de septiembre de 2003.    <br> <i> Aceptado:</i> 28 de noviembre de 2003.</font></font></p>     <p><B><font face="Arial" size="2">(Gender, paid work, domestic chores and health in Spain)</font></B></p> <hr color="#000000">     <div align="center">       <center>   <table border="0" width="100%">     <tr>       <td width="48%" valign="top">     <p><font face="Arial"><b><font size="2">Resumen    <br> </font> </b><font face="Arial" size="2">En este trabajo se revisan las diferencias y  desigualdades de género existentes en España en el trabajo remunerado y en el  doméstico, se analizan el impacto de ambos tipos de trabajo en la salud y se  describen las principales estrategias políticas de la Unión Europea (UE) y  España para alcanzar la igualdad de género en el trabajo. En España la tasa de  actividad femenina es significativamente más baja que en otros países de la UE.  En el mercado laboral existe una segregación horizontal -hombres y mujeres  trabajan en distintos sectores- y vertical -ellos ocupan los puestos de  categoría superior-, causa de las diferencias de género en las condiciones  de empleo y en la exposición a riesgos laborales. La precariedad laboral es  significativamente más alta en las mujeres (un 19% de paro en las mujeres frente  a un 9% en los hombres), así como la contratación temporal. Ellos están más  expuestos a riesgos físicos y padecen más accidentes laborales; ellas lo están  más a riesgos psicosociales, sobre todo las trabajadoras manuales. Las mujeres  continúan asumiendo la mayor parte del trabajo del hogar, aun estando ocupadas,  lo que es causa de efectos negativos en su salud. La UE ha establecido entre sus  prioridades aumentar el empleo femenino, lo que significa que en el período  2000-2010 España debe crear 3 millones de puestos para las mujeres y facilitar  la conciliación de la vida laboral y familiar. Avanzar hacia la igualdad de  género en el trabajo requiere políticas de empleo decididas que garanticen la  igualdad de oportunidades para ambos sexos en el empleo, así como la  corresponsabilidad de los hombres en las tareas del hogar. En España, además, es  urgente incrementar significativamente los recursos públicos para el cuidado de  los niños y otras personas dependientes del hogar.<b>    <br> Palabras clave:</b>  Desigualdades. Género. Salud de las mujeres. Empleo. Trabajo  doméstico.</font></font></p>       </td>       <td width="4%" valign="top"></td>       <td width="48%" valign="top">     <p><font face="Arial"><b><font size="2">Abstract</font></b><font face="Arial" size="2">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> The present study reviews gender-related differences and  inequalities in paid work and domestic chores in Spain. The impact of both types  of work on health are analyzed and the main policies of the European Union (EU)  and Spain to achieve gender equality at work are described. In Spain, fewer  women are in paid work than in other EU countries. The labor market displays  horizontal segregation (men and women work in different sectors), as well as  vertical segregation (men hold more senior positions), leading to gender-related  differences in employment conditions and exposure to occupational hazards. The  precariousness of work is significantly higher in women (19% unemployment in  women versus 9% in men) and women are more likely than men to have temporary contracts. Men are more frequently exposed to physical risks and suffer a  greater number of occupational accidents; women, especially manual workers, are  more frequently exposed to psychosocial risks. Most domestic chores continue to  be performed by women, even by working women, which negatively affects their health. The EU has made an increase in female employment a priority, which means  that from 2000-2010 Spain should create 3 million jobs for women and implement work/family policies. Achieving gender equality at work requires employment  policies that would guarantee equal opportunities for both sexes, as well as  shared responsibility for domestic chores between men and women. In Spain, moreover, there is an urgent need to significantly increase public childcare  facilities and resources for the care of other dependent individuals.<b>    <br> Keywords:</b> Inequalities. Gender. Women's health. Employment. Domestic chores.</font></font></p>             <p>&nbsp;</td>     </tr>   </table>   </center> </div> <hr color="#000000">     <p><B><FONT face=Arial size=2>Introducción</FONT></B></p>     <p><FONT face=Arial size=2>Durante las 4 décadas de dictadura conservadora, hasta 1975, España vivió bajo  una fuerte influencia de la cultura católica que hace recaer el cuidado de la  familia en las mujeres. El estado de bienestar se mantuvo muy débil, sin  servicios de apoyo para las familias y con tasas de actividad femenina muy  bajas. A pesar de que con la democracia el estado de bienestar ha experimentado  un gran desarrollo, España todavía conserva características heredadas de aquel  período, como una notable división sexual del trabajo que asigna a las mujeres  un papel central en el hogar y a los hombres en el trabajo  remunerado<SUP>1</SUP>.</FONT></p>     <P><FONT face=Arial size=2>Aunque en los últimos años ha aumentado  significativamente la incorporación de las mujeres españolas al mercado de  trabajo, su situación está todavía muy lejos de la de otros países de la Unión  Europea (UE). Mientras que en 2001 la tasa de actividad femenina en la UE era  del 47%, en España se situaba en el 39%, porcentaje sólo comparable a otros  países de la UE mediterránea, como Grecia (38%) o Italia (36%), y mucho más bajo  que los de Dinamarca (60%) o Suecia (57%), por ejemplo<SUP>2</SUP>. Esta baja  tasa de actividad femenina se acompaña de diferencias y desigualdades de género  en el mercado laboral, en las condiciones de empleo y en la exposición a riesgos  laborales, lo que en parte motiva las diferencias de género en salud.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Pero además de las diferencias de género en  el trabajo remunerado, existen desigualdades en el trabajo doméstico derivadas  de la persistencia de los papeles sociales tradicionales asignados a hombres y  mujeres. Ellas, aun ocupadas, no sólo continúan asumiendo la mayor parte del  trabajo de casa, sino que además lo hacen en un contexto en el que los recursos  comunitarios para el cuidado de las personas dependientes son muy  escasos<SUP>3</SUP>. Así, las mujeres que se incorporan al mercado de trabajo  hacen una doble jornada, mientras que otras, en proporciones muy superiores a  otros países de la UE, continúan trabajando a tiempo completo como amas de casa.  Todo ello va a tener repercusiones diferentes en la salud de los hombres y las  mujeres.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En este artículo se revisan las  desigualdades de género en el trabajo en España y las diferencias de género de  su impacto en la salud. El artículo se estructura en 3 partes. En la primera se  describen las diferencias y desigualdades de género en el trabajo remunerado y  en el doméstico; en la segunda se analizan las diferencias de género en el  impacto de ambos tipos de trabajo en el estado de salud, profundizando en los  riesgos de naturaleza psicosocial. Finalmente, se describen las principales  estrategias políticas de la UE y España para alcanzar la igualdad de género en  el trabajo.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las fuentes de datos utilizadas son  publicaciones científicas, informes y estadísticas oficiales, fundamentalmente  de la última década. Además, se aportan datos originales procedentes del  análisis de la Encuesta de Salud de Barcelona<SUP>4</SUP>, la Encuesta de Salud  de la Comunidad Valenciana<SUP>5</SUP> y la IV Encuesta Nacional de Condiciones  del Trabajo (ENCT)<SUP>6</SUP>.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Diferencias de género en el  empleo</FONT></B></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>Como ya se ha comentado, en España la tasa  de actividad de las mujeres ha crecido de forma significativa en los últimos  años, aunque todavía es inferior a la de la mayoría de los países de la UE. Si  en 1980 la tasa de actividad femenina en nuestro país era del 27%, en 2001  alcanzaba el 39%. Por el contrario, en ese mismo período en los hombres se  observa un retroceso en la tasa de actividad, que pasa del 72 al  64%<SUP>2</SUP>.</FONT></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>La segregación horizontal y  vertical</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Como en otros países desarrollados, existe  una segregación horizontal del mercado de trabajo: los hombres y las mujeres  trabajan en sectores de actividad económica diferentes, ellas a menudo  reproduciendo el papel tradicional de responsable del mantenimiento de la  familia y el hogar (p. ej., empleadas en la sanidad, la enseñanza o el servicio  doméstico). En la muestra de trabajadores entrevistados en la IV ENCT, el empleo  que ocupaba a más mujeres asalariadas era el de auxiliar administrativa, con o  sin atención al público (el 15,7 y el 9,4%, respectivamente), mientras que los  porcentajes correspondientes para los hombres en esas ocupaciones eran del 2,6 y  el 3,1%, respectivamente. Por el contrario, casi no había mujeres trabajando en  la ocupación que más hombres acapara, mecánicos y ajustadores de maquinaria (el  6,1 frente al 0,1%). También, como en otros países, en España las mujeres  acceden a una menor variedad de puestos de trabajo. Así, en la muestra  entrevistada en la IV ENCT, si el 50% de los hombres asalariados se distribuían  en los 12 puestos de trabajo más frecuentes (Clasificación Nacional de  Ocupaciones de 1994, a 2 dígitos), la mitad de las mujeres lo hacía en sólo 6  (ENCT, elaboración propia). Las 2 primeras ocupaciones de los hombres, mecánicos  y ajustadores de maquinaria y albañiles, ocupaban al 12% de ellos; sólo la  primera ocupación de las mujeres, auxiliares administrativas con atención al  público, ocupaba al 16% de ellas.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Además de la segregación horizontal, existe  una clara segregación vertical por la cual los puestos de trabajo de categoría  superior están ocupados por miembros de grupos privilegiados, en este caso los  hombres. Del total de los trabajadores entrevistados en la IV ENCT, el 51% de  los hombres y el 31% de las mujeres tenían subordinados a su cargo; estos  porcentajes, para el caso de trabajadores manuales, fueron del 34 y el 20%,  respectivamente.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En la actualidad, en la UE los hombres  ganan un 15% más que las mujeres por hora de trabajo<SUP>7</SUP>. La situación  es peor en el sector privado, donde la diferencia entre hombres y mujeres es del  19%, frente al 10% en el público. Además, las diferencias salariales son  superiores entre las personas con mayor nivel de estudios. En el año 2000 las  trabajadoras con estudios universitarios ganaban un 32% menos que sus colegas  masculinos de estudios similares; el porcentaje correspondiente entre las  personas sin cualificación era del 22%. Los datos de Eurostat revelan además un  escaso avance hacia la igualdad entre los años 1994 y 1998. En este período sólo  Bélgica, Portugal y Reino Unido experimentaron progresos en la reducción de la  distancia de los salarios. Sin embargo, en España la ganancia media femenina,  que suponía en 1994 el 90% de la de los hombres, en 4 años pasó al 86%, la mayor  caída de la UE y el único país de la UE donde aumentaron las diferencias de  género, junto con Austria<SUP>7</SUP>. La tendencia al aumento de la desigualdad  salarial entre mujeres y hombres parece haber continuado. Según datos de la  Encuesta de Salarios en la Industria y los Servicios, en el año 2000 la ganancia  media por hora de las mujeres era el 75% de la de los  hombres<SUP>8</SUP>.</FONT></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>La precariedad laboral</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La precariedad laboral es un constructo  constituido por dimensiones diferentes, como la temporalidad, la vulnerabilidad  o la ausencia de beneficios sociales<SUP>9</SUP>. Aquí se describen 2  dimensiones relacionadas con la precariedad laboral: el paro y la contratación  temporal.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>España continuaba siendo en el año 2001 el  país de la UE con mayor tasa de paro (13%), con un porcentaje que casi duplicaba  la media en la UE (7,6%). Asimismo, es preocupante que las diferencias de género  eran también en España las más altas de su entorno, con 10 puntos de diferencia  entre hombres y mujeres, cifra sólo comparable a la situación de Grecia y muy  lejos de las de otros países del sur de Europa, como Italia y, sobre todo,  Portugal (<a href="#t1">tabla 1</a>)<SUP>2</SUP>.</FONT></P>     <P align=center><a name="t1"><font face="Arial"><IMG  src="/img/gs/v18s2/revision3/138v18nSupl.2-13061992tab01.gif"></font></a></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Como se aprecia en la <a href="#t2"> tabla 2</a>, el paro no  se distribuye por igual en todas las capas sociales, sino que afecta en mayor  medida a las más desfavorecidas. Mientras en 2002 en las personas con estudios  primarios incompletos la tasa se situaba en el 14%, en los universitarios  superiores era prácticamente la mitad. Se mantienen las diferencias de género en  todos los niveles y son más acentuadas entre las personas con formación técnica,  con estudios secundarios o superiores, donde el paro de las mujeres es casi 3  veces mayor que el de los hombres. Este hecho evidencia la dificultad de las  mujeres para entrar en determinados sectores, como los técnicos,  tradicionalmente masculinos.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=center><a name="t2"><font face="Arial"><IMG  src="/img/gs/v18s2/revision3/138v18nSupl.2-13061992tab02.gif"></font></a></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En consonancia con la alta tasa de paro,  también en España la contratación temporal es la más alta de los países de la  UE. Mientras en 2001 la tasa de contratación temporal entre los asalariados de  la UE era del 13,4%, en España la cifra casi se triplicaba (31,6%). Vale la pena  resaltar que en Portugal, el segundo país de la UE en contratación temporal, la  cifra era significativamente más baja que la española (20,3%). Pero, además,  también en este indicador las diferencias de género eran superiores en nuestro  país, con tasas más altas para las mujeres, en comparación con los hombres, en  2,1 puntos en la UE y 4,1 en España<SUP>2</SUP>.</FONT></P>     <P><I><FONT face=Arial size=2>Los riesgos laborales</FONT></I></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Dada la segregación de género del mercado  laboral, los hombres y las mujeres están expuestos a riesgos diferentes: ellos  más a los de naturaleza física, productos tóxicos o derivados de la manipulación  manual de cargas; ellas, sobre todo las trabajadoras manuales, más a un entorno  psicosocial adverso (<a href="#t3">tabla 3</a>). Pero hay claras diferencias de clase social: en  ambos sexos el entorno laboral es más adverso entre los trabajadores manuales.  En este sentido, llama la atención que el 24% de los hombres de este colectivo  están expuestos más de media jornada a productos tóxicos y el 51%, al  ruido.</FONT></P>     <P align=center><a name="t3"><font face="Arial"><IMG  src="/img/gs/v18s2/revision3/138v18nSupl.2-13061992tab03.gif"></font></a></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En comparación con los hombres de su misma  clase social, las trabajadoras manuales están expuestas con más frecuencia a un  exceso de trabajo (el 14% frente al 10% en los hombres) o a la prolongación de  la jornada laboral sin compensación económica (el 24 frente al 17%,  respectivamente). Probablemente, este alargamiento de la jornada tiene  diferentes implicaciones para la salud de las trabajadoras poco cualificadas  respecto a las más cualificadas. Mientras éstas trabajan más horas para realizar  un trabajo de alto contenido, en muchos casos tal vez voluntariamente, aquéllas  a menudo deban prolongar su jornada de forma obligada en trabajos menos  gratificantes.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las mujeres tienen menos oportunidades de  promoción profesional, sobre todo las menos cualificadas, lo que es consistente  con la menor proporción de mujeres con subordinados a su cargo. Además, según la  IV ENCT, entre las trabajadores manuales destaca la elevada proporción con un  bajo control sobre el trabajo. El 43% hace tareas muy repetitivas más de la  mitad de la jornada, y alrededor de la quinta parte afirma que su trabajo no les  permite desarrollar sus habilidades.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Se ha señalado que la distribución de las  diferencias de género en los factores de riesgo psicosocial podría atenuarse, e  incluso desaparecer, en poblaciones cualificadas. En un estudio sobre los  factores de riesgo psicosocial, realizado en una muestra aleatoria  representativa de ámbito nacional en personal sanitario de urgencias y  emergencias, se aprecia que en los médicos no hay diferencias de género respecto  a la exposición a altas demandas psicológicas, el escaso apoyo y el bajo control  en el trabajo. En el personal de enfermería se observa la misma tendencia, pero  en lo referente a la dimensión de control sobre el propio trabajo, las  enfermeras perciben una mayor exposición al bajo control que los enfermeros (un  44 y un 26%, respectivamente)<SUP>10</SUP>.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Diferencias de género en el trabajo  doméstico</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>A diferencia de otros países de nuestro  entorno, en España todavía muchas mujeres continúan trabajando a tiempo completo  como amas de casa. Además, las mujeres ocupadas siguen siendo las principales  responsables del trabajo del hogar. Y es que en España está extendida la  creencia de que en los primeros años de vida de los hijos es conveniente que sea  la madre la encargada de atenderlos, cosa que se asocia con la idea de que las  madres con hijos pequeños no deberían trabajar fuera de casa<SUP>3</SUP>. En un  estudio realizado en una muestra de 2.494 adultos<SUP>11</SUP>, casi la mitad  opinaba que las mujeres debían abandonar el mercado laboral cuando tenían hijos  menores de 3 años, sin diferencias de género. Además, el 27% de los hombres y el  19% de las mujeres pensaban que debían abandonarlo incluso cuando sus hijos  superaban esa edad.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>Los hombres dedican mucho menos tiempo que  las mujeres, aun estando éstas empleadas, al trabajo doméstico. Entre las  personas ocupadas casadas o que viven en pareja, el tiempo de trabajo en el  hogar es muy superior en las mujeres y aumenta linealmente con el número de  personas en el hogar. En la <a href="#Figura 1"> figura 1</a> se muestran las diferencias de género en el  tiempo de trabajo doméstico semanal en la Comunidad Valenciana y en la ciudad de  Barcelona en el año 2000, según datos de las encuestas de salud realizadas en  ambas poblaciones<SUP>4,5</SUP>. Las diferencias en el tiempo de trabajo  doméstico entre los 2 territorios, superior en la Comunidad Valenciana, pueden  ser debidas a una formulación diferente de la pregunta (en la encuesta de  Barcelona se diferenciaba entre las horas dedicadas en los días laborales y en  los fines de semana, mientras que en la de la Comunidad Valenciana no se hacía  esta distinción), pero los patrones de género y edad son similares. Aunque la  contribución de los hombres jóvenes al trabajo de casa es superior a la de los  mayores, continúa siendo muy inferior a la de las mujeres de su mismo grupo de  edad. Así, no es extraño que Moss<SUP>12</SUP> se refiera al ámbito privado como  el reducto más oculto y no regulado donde se ejerce el poder, la autoridad y el  control sobre la extracción de la fuerza de trabajo.</FONT></P>     <P align="center"><B><a name="Figura 1"><FONT face=Arial size=2>Figura 1</FONT></a><FONT face=Arial size=2>. Horas de trabajo doméstico  semanal (media e intervalo de confianza del 95%), según el número de personas en  el hogar, el grupo de edad y el sexo, en personas ocupadas de 25-64 años de edad  que viven en pareja.</FONT></B></P>     <P align=center><a name="f1"><font face="Arial"><IMG  src="/img/gs/v18s2/revision3/138v18nSupl.2-13061992tab04.gif"></font></a></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Pese a que los hombres dedican más tiempo  al trabajo remunerado que las mujeres, el tiempo de trabajo total es superior en  ellas y aumenta de forma lineal con el número de personas en el hogar, tal como  se aprecia en la <a href="#Figura 2"> figura 2</a>.</FONT></P>     <P align="center"><B><a name="Figura 2"><FONT face=Arial size=2>Figura 2</FONT></a><FONT face=Arial size=2>. Horas de trabajo doméstico  remunerado y total a la semana (media e intervalo de confianza del 95%), según  el número de personas en el hogar y el sexo, en personas ocupadas de 25-64 años  que viven en pareja.</FONT></B></P>     <P align=center><a name="f2"><font face="Arial"><IMG  src="/img/gs/v18s2/revision3/138v18nSupl.2-13061992tab05.gif"></font></a></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Estrategias para la conciliación de la vida  laboral y familiar</FONT></i></P>     <P><font face="Arial"><I><FONT size=2>El trabajo a tiempo parcial.</FONT></I> <FONT face=Arial size=2> En los  países desarrollados, una de las estrategias más habituales para compaginar la  vida laboral y familiar es el trabajo a tiempo parcial. Sin embargo, en España  esta modalidad de empleo está mucho menos extendida que en el resto de la UE.  Según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), el año 2001 trabajaba con  este tipo de jornada el 8% de la población ocupada frente al 18% en la UE. El  trabajo a tiempo parcial sigue siendo una alternativa, sobre todo para las  mujeres. En 2001 en la UE trabajaban a tiempo parcial el 33% de las mujeres y  sólo el 6% de los hombres; los porcentajes correspondientes en España eran del  17 y el 3%, respectivamente<SUP>2</SUP>.</FONT></font></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Aunque también en España el trabajo a  tiempo parcial en las mujeres se asocia con mayor frecuencia que en los hombres  a la necesidad de compaginar la vida laboral y familiar, parece que la jornada  parcial no es una alternativa escogida, sino más bien obligada, incluso entre  las mujeres, fundamentalmente por las limitaciones impuestas por el mercado de  trabajo más que por factores personales. En 2001 sólo el 12% de las mujeres  españolas y el 0,3% de los hombres afirmaban hacer este tipo de jornada por  obligaciones familiares, y el 5% de ellos y el 10% de ellas porque no quisieron  otro trabajo a tiempo completo. Las razones más frecuentes para trabajar a  tiempo parcial eran que la actividad realizada ya implica esta jornada (un 37%  de la población ocupada, sin diferencias de género) o no haber podido encontrar  un trabajo a tiempo completo (un 20%, sin diferencias de  género)<SUP>2</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Sin embargo, no parece que el trabajo a  tiempo parcial sea la mejor solución para alcanzar la igualdad de género en el  trabajo. Se han descrito peores condiciones de trabajo en las ocupaciones a  tiempo parcial<SUP>13</SUP>. Según la III Encuesta Europea de Condiciones del  Trabajo<SUP>14</SUP>, el empleo a tiempo parcial se concentra en un pequeño  número de ocupaciones que habitualmente suponen tareas más monótonas, con menos  oportunidades para aprender y desarrollar las habilidades, y peor pagado, no  sólo en términos del sueldo mensual, sino en precio por hora. En España, además,  en ambos sexos la temporalidad es mucho más alta en los trabajos a tiempo  parcial (el 70% en los hombres y el 52% en las mujeres)<SUP>2</SUP>. Además, hay  un predominio de trabajos menos cualificados: en 1999 la proporción de  trabajadoras manuales asalariadas entre las que trabajaban a tiempo completo era  del 40%, frente al 63% entre las que lo hacían a tiempo parcial (IV ENCT,  elaboración propia). Adicionalmente, trabajar a tiempo parcial lleva consigo una  reducción del salario y significa también la limitación de la carrera  profesional, la reducción de la cuantía de las pensiones de jubilación,  calculada según la base de cotización a la Seguridad Social, o la disminución de  la presencia de las mujeres en la vida pública y, por tanto, en los ámbitos de  toma de decisiones, lo cual significa que sus necesidades y puntos de vista  continúan ausentes en los ámbitos de decisión políticos y económicos.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Arial"><I><FONT size=2>El apoyo informal.</FONT></I> <FONT face=Arial size=2> Uno de los  recursos más extendidos para el cuidado de los hijos menores son los abuelos,  singularmente la abuela materna. En una encuesta realizada en una muestra  representativa de familias con hijos menores de 13 años residentes en ciudades  del área metropolitana de Madrid en 1995, el 37% afirmaba recibir con frecuencia  o con mucha frecuencia la ayuda de los padres de la madre en el cuidado y la  atención de los hijos, el 13% de los suegros y el 19% de sus  hermanas<SUP>11</SUP>.</FONT></font></P>     <P><FONT face=Arial size=2>España no es una excepción en la  utilización del apoyo informal para resolver el problema de la conciliación  durante la etapa preescolar. Según un informe realizado por la Unidad de  Igualdad de Oportunidades de la Comisión Europea, «aunque hay indicios que  denotan que en algunos países está aumentando gradualmente el papel de los  servicios más formales, en la mayoría de los estados miembro la red informal  sigue siendo la forma más común de atención a los hijos mientras los padres  trabajan fuera; la excepción principal la constituyen los países nórdicos, donde  los servicios financiados públicamente son en la actualidad los más  utilizados»<SUP>15</SUP>.</FONT></P>     <P><font face="Arial"><I><FONT size=2>Los servicios de proximidad.</FONT></I> <FONT face=Arial size=2> En  Europa se está produciendo una expansión de la prestación de servicios a las  familias con los llamados servicios de proximidad. Se trata de un conjunto de  medidas muy variadas que tienen en común la aportación externa de recursos en  forma de servicios que contribuyen a ayudar a las familias en el cuidado de los  hijos pequeños y de los mayores dependientes.</FONT></font></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Estos servicios pueden ser proporcionados  directamente por la Administración, de forma gratuita o no, o bien por el  mercado, ya sea a precios subvencionados o no. Entre el largo catálogo de  servicios de proximidad se encuentran las guarderías infantiles, los servicios  de asistencia a domicilio o los centros de día. Las ocupaciones llamadas de  «proximidad», de economía social o «familiares» son consideradas como un  auténtico yacimiento de empleo, sobre todo para mujeres y jóvenes, que  contribuye a aliviar las necesidades de las familias<SUP>16</SUP>. Pero, de  hecho, estos trabajos de proximidad no son nuevos: la novedad importante es que  sean propiciados y subvencionados por los poderes  públicos<SUP>3</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las diferencias en el desarrollo de los  servicios de proximidad entre los países europeos son muy grandes. Mientras en  el período 1990-1994 la cobertura de los servicios públicos de atención a la  población infantil de 0 a 2 años alcanzaba el 50% en Alemania oriental, el 48%  en Dinamarca o el 33% en Suecia, en España se situaba en el 2%, un nivel similar  al de Alemania occidental, Irlanda, Grecia o el Reino Unido. Por el contrario,  en España los niveles de escolarización para niños de 3-6 años (84%) son buenos  en términos comparativos<SUP>3</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El aumento de la población mayor de 65 años  supone un nuevo reto. Si en 1960 las personas mayores de 65 años representaban  en España el 8,2% de la población, en 2002 la proporción se había duplicado  (17,2%). Aunque algunos países perciben el cuidado de los ancianos como una  responsabilidad central del Estado, otros, como España, Italia o Portugal,  sitúan esta obligación en la familia<SUP>16</SUP>, responsabilidad que  finalmente recae en una mujer del núcleo familiar. Así se explica que España sea  uno de los países europeos con menos servicios para los mayores de 65  años<SUP>17</SUP>.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Diferencias de género en el impacto en  la salud</FONT></B></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Los accidentes de trabajo</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En España los accidentes de trabajo  continúan siendo una prioridad en salud laboral. El año 2001, entre los  asalariados españoles se produjeron 12.086 accidentes graves y 1.330 mortales en  jornada laboral, lo que supone unas incidencias de 93,8 y 8,0 por 100.000  asalariados, respectivamente. La mayoría de estos accidentados fueron hombres  (un 89% de los accidentes graves y un 97% de los mortales)<SUP>2</SUP>, lo que  se explica por la segregación horizontal que hace que los hombres estén  empleados en las tareas con mayor riesgo de accidente. Pero el impacto del  trabajo en la salud va mucho más allá de los accidentes laborales.</FONT></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Los trabajos como determinantes sociales de  la salud</FONT></i></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>A diferencia de los países nórdicos  europeos, Reino Unido, Estados Unidos o Canadá, donde la investigación sobre el  papel de los trabajos como determinantes sociales del estado de salud tiene una  larga tradición, en España todavía hay pocos estudios de esta  naturaleza.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El análisis de los determinantes sociales  del estado de salud de los hombres y las mujeres se ha abordado de forma  diferente. En relación con los hombres, se ha adoptado un marco estructural  dominado por las desigualdades de clase social, habitualmente medida a través de  la ocupación, o bien modelos de estrés basados en el riesgo psicosocial del  trabajo remunerado. Por el contrario, la investigación de los determinantes  sociales de la salud en las mujeres se ha centrado prioritariamente en el marco  de los roles (que analiza la situación laboral, el estado civil o de convivencia  y la paternidad o maternidad), donde los de esposa y madre son centrales y el  empleo se considera un rol adicional<SUP>18</SUP>. Mientras en España se han  realizado bastantes estudios sobre las desigualdades de clase en salud,  prácticamente no los hay sobre la relación entre los roles sociales y la  salud.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Numerosos estudios sobre los roles sociales  documentan que las mujeres empleadas tienen mejor estado de salud que las que  trabajan a tiempo completo como amas de casa<SUP>19-21</SUP>. Además, se ha  comprobado que este hecho no se debe simplemente a un «efecto de la trabajadora  sana»<SUP>22-24</SUP>. Algunos de los beneficios que proporciona el empleo son  las oportunidades para desarrollar la autoestima y la confianza en la propia  capacidad de decidir, el apoyo social para personas que de otra forma estarían  aisladas y las experiencias que aumentan la satisfacción con la  vida<SUP>18</SUP>. Además, el salario aporta a las mujeres independencia  económica e incrementa su poder en la unidad familiar. Estas observaciones  apoyan la hipótesis del «aumento de rol», según la cual los diferentes papeles  pueden actuar como fuentes alternativas de bienestar.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Sin embargo, otros estudios dan soporte a  las hipótesis de sobrecarga y conflicto de rol. Se ha documentado que el empleo  tiene efectos beneficiosos sobre la salud de las mujeres solteras pero no sobre  la de las casadas<SUP>23</SUP> o que entre las madres estos beneficios se  limitan a las que trabajan a tiempo parcial<SUP>25-27</SUP>. Parece que cuando  la carga de trabajo total es elevada, combinar la vida laboral y familiar puede  perjudicar la salud.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Si la limitada caracterización de la carga  de trabajo asociada con la ocupación de diferentes roles es una de las razones  que explicaría las contradicciones observadas, también el contexto  socioeconómico y cultural merece más atención. Así, se han documentado  interacciones significativas entre la situación laboral y la desventaja social  -medida a través del estado civil y de la propiedad de la vivienda- en  el análisis de los determinantes sociales de la salud<SUP>28</SUP>. Además, los  roles familiares y laborales pueden tener un significado y una repercusión  diferentes entre los distintos países<SUP>12</SUP>. Aunque la mayoría de los  estudios sobre la influencia de las diferentes configuraciones de roles en el  estado de salud se han realizado en el norte de Europa, Reino Unido, Estados  Unidos y Canadá, disponemos de algunos datos sobre la situación en nuestro  país.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En el contexto español, aún con actitudes  tradicionales en relación con los roles sociales de los hombres y las mujeres,  con una baja participación de los hombres en las tareas de casa y pocos recursos  comunitarios para el cuidado de las personas dependientes, bien pudiera suceder  que el empleo no aportara beneficios a la salud de las mujeres. Rohlfs et  al<SUP>29</SUP> documentaban que en Barcelona las mujeres empleadas tenían mejor  estado de salud que las que trabajaban a tiempo completo como amas de casa. El  hecho de no restringir la población de estudio a mujeres con responsabilidad  principal en las tareas del hogar (una proporción significativa de mujeres  ocupadas probablemente vivía con sus padres y tenían poco trabajo en casa) no  despeja totalmente la duda de si realmente el empleo aporta beneficios o no a  esa mayoría de mujeres ocupadas que además, tiene que asumir el trabajo  doméstico. Por otra parte, los resultados pueden cambiar según el indicador de  salud analizado.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Así, en nuestro entorno no parecen tan  claros los beneficios aportados por el empleo para la salud de las mujeres con  responsabilidad principal en la unidad familiar. En un estudio realizado en  mujeres catalanas de 25 a 64 años, casadas o que vivían en pareja, en el que se  analizaron diferentes indicadores de salud, aunque se observó en general un  mejor estado de salud entre las empleadas, los resultados fueron más  consistentes para las mujeres con un bajo nivel de estudios. En cambio, tanto en  las mujeres de clase social alta como en las de clase baja no se observaron  diferencias en el estado de salud mental según la situación  laboral<SUP>30</SUP>. Sin embargo, las amas de casa tenían un mayor riesgo de  consumir ansiolíticos, antidepresivos y tranquilizantes. Este mismo hallazgo  sobre el estado de salud mental y el consumo de fármacos relacionados ha sido  documentado también con datos de la Encuesta de Salud de Barcelona  (2000)<SUP>31</SUP>. Estos resultados sugieren que el hecho de no encontrar  diferencias en el estado de salud mental según la situación laboral podría ser  debido a que los potenciales beneficios aportados por el empleo quedan  enmascarados por el mayor consumo de tranquilizantes entre las amas de  casa.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Según datos de las encuestas de salud de la  Comunidad Valenciana y de Barcelona, en el año 2000 no se observaron diferencias  en el estado de salud percibido según la situación laboral en las mujeres de  25-64 años casadas o que vivían en pareja<SUP>31</SUP>.</FONT></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Combinación de la vida laboral y  familiar</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Algunos estudios realizados en población  ocupada de 25 a 64 años, casada o que vive en pareja en  Cataluña<SUP>32,33</SUP>, País Vasco<SUP>34</SUP> y Navarra<SUP>35</SUP>  evidencian el impacto negativo de la doble jornada -con la carga de trabajo  doméstico básicamente medida a través del número de personas presentes en el  hogar- en diferentes indicadores de salud en las mujeres, pero ninguna  asociación en los hombres. A partir de los datos de la Encuesta de Salud de la  Comunidad Valenciana<SUP>5</SUP>, también se reproduce el mismo hallazgo (datos  no publicados). Además, en Cataluña y en el País Vasco se comprobó que este  efecto negativo de la carga de trabajo doméstico se limitaba a las trabajadoras  de clases más desfavorecidas<SUP>32,34</SUP>. Este hallazgo sugiere que las  mujeres de clases más favorecidas económicamente cuando intentan conciliar la  vida laboral y familiar pueden costearse los recursos necesarios para hacerlo;  en cambio, las menos privilegiadas parece que «financian» la conciliación con su  propia salud. Además, cuestiona las políticas de conciliación o de familias  numerosas basadas en unos beneficios económicos fijos que no tienen en cuenta la  situación económica de la unidad familiar.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>Es interesante señalar que en Cataluña se  observó que vivir con personas mayores de 65 años tenía un efecto protector en  la salud percibida de las trabajadoras de clases sociales menos privilegiadas,  lo que podría explicarse por su apoyo operativo, emocional o económico,  haciéndose cargo de parte de la carga asociada al trabajo doméstico que de otro  modo recaería en la trabajadora<SUP>32</SUP>. También se ha documentado en  nuestro medio el efecto protector de disponer de una persona contratada para las  tareas domésticas en las mujeres, independientemente de la edad y la clase  social<SUP>33</SUP>. Ninguna de estas variables se asoció con la salud de los  hombres. Estos hallazgos ponen de manifiesto el potencial efecto beneficioso de  la reducción de la carga de trabajo doméstico en la salud de las mujeres  empleadas.</FONT></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Desempleo y salud mental</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Se ha documentado ampliamente la asociación  entre el paro y el mal estado de salud, sobre todo en cuanto a la salud mental,  pero se sabe aún poco sobre la posible existencia de diferencias de género o de  clase social. En un estudio realizado hace más de una década, Del  Llano<SUP>36</SUP> mostraba la asociación del paro con el mal estado de salud,  así como la existencia de 2 factores que actuaban como modificadores del efecto:  el estrés debido a causas económicas y el apoyo social y familiar.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Un estudio más reciente, basado en datos de  la Encuesta de Salud de Cataluña, evidenciaba el efecto protector de las  prestaciones de desempleo. Además, en contra del hallazgo descrito por algunos  autores de un menor efecto del paro en la salud de las mujeres que se atribuye a  la centralidad del empleo en los hombres, este estudio demostraba que el efecto  del paro en la salud se explica de forma más compleja, depende en gran medida de  los roles familiares y es diferente según el género y la clase social. Mientras  el impacto negativo en las personas solteras es similar en hombres y mujeres y  depende de si reciben o no prestaciones de desempleo, entre las personas casadas  el paro tiene un efecto menor en las mujeres y el colectivo más afectado es el  de los hombres desempleados de clases más desfavorecidas, principales  proveedores de los recursos económicos del hogar, que probablemente sufren una  mayor tensión a causa de las dificultades económicas<SUP>37</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Los estudios sobre el efecto de la  contratación temporal en el estado de salud son muy escasos, sobre todo si se  comparan con los que analizan el paro. Recientemente, se documentaba en la  población activa de la ciudad de Barcelona una relación positiva de la  contratación temporal y el mal estado de salud mental y la insatisfacción  laboral, sobre todo en los hombres trabajadores manuales mayores de 35 años, lo  que podría tener relación con sus mayores dificultades para encontrar empleo,  así como con la mayor importancia relativa del trabajo remunerado en relación  con la familia, respecto a las trabajadoras de características  similares<SUP>38</SUP>.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Políticas para la igualdad de género en  el trabajo en la UE y España</FONT></B></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Estrategias marco en la UE</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En el marco de la Estrategia Europea de  Empleo, la UE ha establecido como objetivo alcanzar una tasa de empleo femenino  del 60% antes de 2010. En 1999 sólo Dinamarca, Suecia, Finlandia, Reino Unido y  Países Bajos registraron tasas de empleo femenino superiores al 60%. Para  cumplir este objetivo, España tendría que crear, en el período 2000-2010, 3  millones netos de puestos de trabajo ocupados por  mujeres<SUP>39</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La UE define en la estrategia marco  comunitaria sobre la igualdad entre hombres y mujeres (2001-2005) 5  objetivos<SUP>40</SUP>, el primero de los cuales es promover la igualdad entre  hombres y mujeres en la vida económica. En España el Consejo de Ministros aprobó  el IV Plan de Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres (2003-2006) el 7  de marzo de 2003, siguiendo las directrices de la estrategia marco  comunitaria.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>De los 6 ejes de la iniciativa europea  comunitaria EQUAL 2000-2006, que constituye un conjunto de medidas cuya  finalidad es luchar contra la discriminación y la desigualdad en el ámbito del  empleo, el cuarto plantea el objetivo de fomentar la igualdad de oportunidades  de hombres y mujeres y la participación de éstas en el mercado de trabajo. En el  contexto de este cuarto eje, la iniciativa establece como prioridad conciliar la  vida familiar y profesional. Según el Consejo Económico y Social (CES), las  reformas legales vinculadas solamente a la relación laboral son insuficientes y  considera necesario promover la creación de servicios de atención a las  personas, tal y como se recoge expresamente en las orientaciones de empleo de la  UE del cuarto pilar sobre la igualdad de oportunidades<SUP>41</SUP>.  Lamentablemente, en España la actual ley de conciliación de la vida laboral y  familiar propone exclusivamente medidas sobre el trabajo remunerado.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><i><FONT face=Arial size=2>Marco en España: ley de conciliación de la  vida laboral y familiar y deducciones por maternidad</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En 1999 se aprobó en España la Ley 39/1999,  de 5 de noviembre, para promover la conciliación de la vida familiar y laboral  de las personas trabajadoras, que transpone la legislación europea (Directiva  92/85/CEE sobre permisos maternales y paternales y la 96/34/UE sobre licencias y  excedencias parentales) a la española. Pese a que tiene aspectos positivos, como  los relativos a la mejor protección de las trabajadoras embarazadas, en especial  la protección de la situación de riesgo por embarazo y la tutela de los despidos  que tengan por móvil el embarazo, en las reformas en materia de permisos,  excedencias y reducciones de jornada relacionadas con la maternidad y el cuidado  de la familia no se supera la concepción tradicional sobre las responsabilidades  familiares y la actividad laboral remunerada de hombres y mujeres. Esta  concepción puede ser la gran causa de buena parte del fenómeno de discriminación  de las mujeres en el mercado de trabajo. Las medidas diseñadas para fomentar el  bienestar de las mujeres, que corrijan los efectos de una realidad social en la  que éstas soportan el total de cargas familiares -como el derecho a  disfrutar en exclusiva de largos períodos de baja por maternidad-, alimentan  la discriminación en el mercado de trabajo, porque incentivan la contratación de  personas menos propicias a sufrir períodos de baja, y consigue efectos  contrarios a los perseguidos.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Esta nueva ley no incorpora ninguna medida  que permita asegurar que los hombres se vayan a involucrar más en los cuidados y  responsabilidades familiares porque su diseño respeta íntegramente el modelo  actual de permisos, licencias y excedencias laborales. La legislación laboral  puede adoptar un papel más activo, creando nuevas formas de compaginación del  trabajo y la familia que permitan que los hombres compartan con las mujeres más  responsabilidades en el cuidado de los hijos y las demás personas necesitadas de  la familia. Así, se podría diseñar fórmulas dirigidas en exclusiva a los padres,  o cuyo disfrute por éstos tuviera algún tipo de incentivo para ellos o para sus  empleadores. Además, deberían configurarse derechos que no pudieran transferirse  ni acumularse, como el derecho a un permiso por paternidad para los padres, no  transmisible a las madres si éstos deciden no ejercerlo<SUP>3</SUP>. Según la  lógica económica actual, un empresario se comportaría de otro modo a la hora de  contratar a un varón o a una mujer si creyera posible que su empleado varón  fuera a solicitar un permiso por paternidad. Si parte de este derecho fuera  exclusivo del padre es muy probable que cada vez más hombres optaran por  disfrutarlo, y no por renunciar a él.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Por otra parte, el 1 de enero de 2003 entró  en vigor una ayuda para mujeres trabajadoras con hijos menores de 3 años, la  llamada deducción por maternidad<SUP>42</SUP>, de una cuantía máxima de 1.200  euros anuales por cada hijo menor de 3 años y cuya novedad es la de poderse  cobrar anticipadamente mes a mes en cuenta corriente como un ingreso más de la  economía familiar. Esta medida, sin embargo, tiene serias  limitaciones.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En la deducción introducida, no se tiene en  cuenta las necesidades reales de la beneficiaria ni su situación económica.  Además, quedan excluidos los colectivos con condiciones laborales más precarias,  como las trabajadoras a tiempo parcial con jornada inferior al 50% de la  ordinaria en la empresa en cómputo mensual, las trabajadoras a jornada completa  en alta menos de 15 días al mes, las que no poseen contrato laboral o las que  estén trabajando en la economía sumergida. Las trabajadoras con contratos  temporales que no cubran todo el año no tienen derecho a la deducción completa  de los 1.200 euros anuales, sino a la de los meses que hayan cotizado. Más aún,  esta cuantía difícilmente podría permitir costear una guardería pública, pero  está muy lejos de los precios de las guarderías privadas que, dada la  insuficiencia de los recursos públicos, son utilizadas por la  mayoría.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Conclusiones</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En España todavía la situación de las  mujeres en el trabajo, tanto en el remunerado como en el doméstico, es más  desfavorable que la de los hombres, lo que explica en buena parte las  desigualdades de género en salud. Es importante que las políticas de empleo y  los procesos de negociación colectiva sean sensibles a las desigualdades de  género en el mercado laboral. Asimismo, es necesario implantar en las empresas  estrategias orientadas no sólo a equiparar las oportunidades reales en el  empleo, sino también a que los hombres y las mujeres sean igualmente  responsables de las obligaciones relacionadas con el mantenimiento de la unidad  familiar.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Además, deberían limitarse ciertas medidas,  como el trabajo a tiempo parcial o el derecho a disfrutar en exclusiva de largos  períodos de baja por maternidad que, aunque permiten a las mujeres conciliar  mejor su vida laboral y familiar, tienen el efecto perverso de alimentar la  discriminación en el mercado de trabajo y perpetuar las desigualdades de género.  No parece que el trabajo a tiempo parcial sea una solución a largo plazo para  alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres. Aunque a corto plazo es la medida  que menos distorsiona el orden actual en la división sexual de las 2 esferas en  las que se divide tradicionalmente la vida social (laboral y familiar), tiene  serios efectos secundarios.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las acciones en el ámbito de la empresa no  son suficientes. Es también necesario adoptar medidas para conciliar la vida  laboral y familiar, más allá de las aplicadas a las relaciones laborales. Entre  otras medidas, además de las destinadas a incrementar la participación de los  hombres en las tareas domésticas, debe extenderse el sistema público de  infraestructuras y servicios sociales, desarrollar la red de centros de  educación infantil que cubra la totalidad de la población infantil de más de 3  años y también para la etapa de 0 a 3 años, y contemplar un conjunto de medidas  y recursos destinados a la atención de las personas dependientes y de apoyo a  las familias en las que convivan.</FONT></P> <hr color="#000000">     <P><b><font face="Arial" size="2">Bibliografía</font></b></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>1. Navarro V, Shi L. The  political context of social inequalities and health. Soc Sci Med  2001;52:481-91.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345111&pid=S0213-9111200400050000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>2. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Anuario de  estadísticas laborales y de asuntos sociales 2001 (consultado 12/07/2003).  Disponible en: http: www.mtas.es/Estadisticas/anuario01</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345112&pid=S0213-9111200400050000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>3. Flaquer L. Les  polítiques familiars en una perspectiva comparada. Barcelona: Fundació La Caixa;  2000.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345113&pid=S0213-9111200400050000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>4. Borrell C, Baranda L, Rodríguez M. Manual de l'enquesta de salut de  Barcelona 2000. Barcelona: Institut Municipal de Salut Pública; 2002.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345114&pid=S0213-9111200400050000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>5.  Conselleria de Sanitat. Encuesta de Salud de la Comunidad Valenciana  (2000-2001). Valencia: Conselleria de Sanitat. Oficina del Plan de Salud,  Generalitat Valenciana; 2002.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345115&pid=S0213-9111200400050000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>6. Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en  el Trabajo. IV Encuesta de Condiciones de Trabajo. Madrid: Instituto Nacional de  Seguridad e Higiene en el Trabajo; 1999.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345116&pid=S0213-9111200400050000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>7. European Commission. Gender  Equality Magazine, n.<sup>o</sup> 11. Brussels: European Comission. Employment &amp; Social Affairs; 2001.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345117&pid=S0213-9111200400050000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>8. Instituto Nacional de Estadística. Encuesta de Encuesta de  Salarios en la Industria y los Servicios 2000 (consultado 21/11/2003).  Disponible en: http://www.ine.es/daco/daco42/ daco4212/es0400.htm</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345118&pid=S0213-9111200400050000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>9. Amable  M, Benach J, González S. La precariedad laboral y su impacto sobre la salud:  conceptos y resultados preliminares de un estudio multi-métodos. Arch Prev  Riesgos Labor 2001;4:169-84.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345119&pid=S0213-9111200400050000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>10. Escribà-Agüir V, Martín-Baena D, Pérez-Hoyos  S. Síndrome del desgaste profesional en personal sanitario de urgencias y  emergencias y factores de riesgo psicosocial. Gac Sanit 2002;16:47.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345120&pid=S0213-9111200400050000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>11. Meil  G. La protección social a la familia. España 1998. Una interpretación de su  realidad social. Madrid: Fundación Encuentro Ministerio de Educación y Ciencia;  1999.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345121&pid=S0213-9111200400050000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>12. Moss NE. Gender equity and socioeconomic inequality: a framework  for the patterning of women's health. Soc Sci Med 2002;54:649-61.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345122&pid=S0213-9111200400050000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>13.  Matthews S, Hertzman C, Ostry A, Power C. Gender, work roles and psychosocial  work characteristics as determinants of health. Soc Sci Med  1998;46:1417-24.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345123&pid=S0213-9111200400050000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>14. Paoli P, Merllié D. Third European Survey on working  conditions 2000. Luxembourg: Office for Official Publications of the European Communities; 2001.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345124&pid=S0213-9111200400050000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>15. Deven F, Inglis S, Moss P, Petrie P. Revisión de las  investigaciones realizadas en Europa sobre conciliación de la vida laboral y  familiar para hombres y mujeres y calidad de los servicios de atención. Informe  final para la Unidad de Igualdad de Oportunidades de la Comisión Europea.  Madrid: Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales; 1998.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345125&pid=S0213-9111200400050000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>16. Yeandle S, Gore  T, Herrington A. Employment, Family and Community Activities. A New Balance for  Women and Men. Luxembourg: Office for Official Publication of the European Communities; 1999.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345126&pid=S0213-9111200400050000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>17. Anttonen A, Sipilä S. European Social Care Services:  is it possible to identify models? J Eur Soc Policy 1996;6:87-100.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345127&pid=S0213-9111200400050000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>18.  Sorensen G, Verbrugge LM. Women, work, and health. Ann Rev Public Health  1987;8:235-51.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345128&pid=S0213-9111200400050000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>19. Nathanson CA. Illness and the feminine role: a theoretical  review. Soc Sci Med 1975:9:57-62.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345129&pid=S0213-9111200400050000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>20. Nathanson CA. Social roles and health  status among women: the significance of employment. Soc Sci Med  1980;14:463-71.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345130&pid=S0213-9111200400050000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>21. Verbrugge, LM. Multiple roles and physical health of  women and men. J Health Soc Behav 1983;24:16-30.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345131&pid=S0213-9111200400050000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>22. Passannante MR,  Nathanson CA. Female labour force participation and mortality in Wisconsin,  1974-1978. Soc Sci Med 1985;21:655-65.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345132&pid=S0213-9111200400050000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>23. Waldron I, Weiss CC, Hughes ME.  Interacting effects of multiple roles on women's health. J Health Soc Behav  1998:39; 216-36.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345133&pid=S0213-9111200400050000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>24. Arber S. Comparing inequalities in women's and men's  health in Britain in the 1990s. Soc Sci Med 1997:44:773-88.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345134&pid=S0213-9111200400050000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>25. Bartley M,  Popay J, Plewis I. Domestic conditions, paid employment and women's experience  of ill-health. Sociol Health Illn 1992;14:313-43.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345135&pid=S0213-9111200400050000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>26. Walters V, Denton R,  French S, Eyles J, Mayr J, Newbold B. Paid work, unpaid work and social support:  a study of the health of male and female nurses. Soc Sci Med  1996;43:1627-36.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345136&pid=S0213-9111200400050000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>27. Bartley M, Sacker A, Firth D, Fitzpatrick R. Social  position, social roles and women's health in England: changing relationships  1984-1993. Soc Sci Med 1999;48:99-115.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345137&pid=S0213-9111200400050000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>28. Arber S. Class, paid employment  and family roles: making sense of structural disadvantage, gender and health  status. Soc Sci Med 1991;32:425-36.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345138&pid=S0213-9111200400050000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>29. Rohlfs I, De Andres J, Artazcoz L,  Ribalta M, Borrell C. Influencia del trabajo dentro y fuera de casa sobre el  estado de salud percibido de las mujeres. Med Clin (Barc) 1997;  108:566-71.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345139&pid=S0213-9111200400050000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>30. Artazcoz L, Borrell C, Benach J, Cortès I, Rohlfs I. Women,  family demands and health: the importance of employment status and  socio-economic position (en prensa). Soc Sci Med.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345140&pid=S0213-9111200400050000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>31. Artazcoz L, Cortès I,  Borrell C, Pasarín I. Enquesta de Salut de Barcelona 2000. Diferències i  desigualtats de gènere en salud. La població de 25 a 64 anys. Barcelona:  Ajuntament de Barcelona; 2003.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345141&pid=S0213-9111200400050000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>32. Artazcoz L, Borrell C, Benach J. Gender  inequalities in health among workers: the relation with family demands. J  Epidemiol Community Health 2001;55:639-47.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345142&pid=S0213-9111200400050000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>33. Artazcoz L, Borrell, C, Rohlfs  I, Beni C, Moncada A, Benach J. Trabajo doméstico, género y salud en población  ocupada. Gac Sanit 2001;15:150-3.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345143&pid=S0213-9111200400050000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>34. Artazcoz L, García-Calvente MM, Esnaola  S, Borrell C, Sánchez-Cruz JJ, Ramos JL, et al. Desigualdades de género en  salud: la conciliación de la vida laboral y familiar. En: Cabasés JM, Villalbí  JR, Aibar C, editores. Invertir para la salud. Prioridades en salud pública.  Informe SESPAS 2002. Valencia: SESPAS; 2002.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345144&pid=S0213-9111200400050000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>35. Artazcoz L, Artieda L,  Borrell, C, Cortès I, Benach J, García V. Combining job and family demands and  being healthy: what are the differences between men and women? Eur J Public  Health 2004;14:43-8.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345145&pid=S0213-9111200400050000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>36. Del Llano J. Desempleo y salud: relación existente  entre la situación de desempleo y el estado de salud en población en edad de  trabajar en el municipio de Madrid (tesis doctoral). Madrid: Universidad  Complutense; 1991.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345146&pid=S0213-9111200400050000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>37. Artazcoz L, Benach J, Borrell C, Cortès I.  Unemployment and mental health: understanding the interaction between gender,  family roles, and social class. Am J Public Health 2004;94: 82-8.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345147&pid=S0213-9111200400050000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>38.  Artazcoz L, Cortès I. La importancia del género y la edad en el efecto de la  contratación temporal sobre la salud mental de la población trabajadora. Gac  Sanit 2003;17(Supl 1):8.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345148&pid=S0213-9111200400050000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>39. Consejo Económico y Social. 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Real Decreto 27/2003, de 10  de enero, por el que se modifica el Reglamento del Impuesto sobre la Renta de  las Personas Físicas, aprobado por el Real Decreto 214/1999, de 5 de febrero.  Boletín Oficial del Estado, 10, 11/01/2003.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2345152&pid=S0213-9111200400050000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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