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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El impacto de cuidar en la salud y la calidad de vida de las mujeres]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Background: Informal care currently lies at the heart of the debate on welfare policies since demands for such care are increasing and the future availability of informal caregivers is uncertain. Objective: To analyze the distribution of the burden of informal care between men and women and its consequences on health and quality of life. Methods: Data from Spain and other neighboring countries obtained from several bibliographic databases, publications, and official reports were gathered. In addition, the results of a home survey conducted by the authors on 1.000 male and female informal caregivers in Andalusia (Spain) were used. Results: The studies reviewed demonstrate that women are the main providers of informal care in Spain. Most informal carers are women with a low educational level, without employment and from a low social class. The negative impact of caregiving was noted by a large proportion of carers, especially financial consequences and loss of employment and time. Informal caregiving also has a considerable impact on health, especially on psychological health, and is associated with high levels of burden. Conclusions: The present study demonstrates the need to reorganize health and social policies and to provide sufficient resources to meet the increasing need for informal care and to mitigate the impact and costs of caregiving on diverse aspects of women's lives.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Cuidadores informales]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><B><FONT face=Arial size=2>REVISIONES</FONT> </B> <hr color="#000000">     <p align="center"><B><font face="Arial" size="4">El impacto de  cuidar en la salud</font></B> </p>     <p align="center"><B><font face="Arial" size="4">y la calidad de vida de las mujeres</font></B> </p>     <p align="center"><b><FONT face=Arial size=2>María del Mar  García-Calvente<SUP>a,b</SUP> / Inmaculada Mateo-Rodríguez<SUP>a</SUP> / Gracia  Maroto-Navarro<SUP>a</SUP>     <BR></FONT></b><FONT face=Arial size=2><SUP>a</SUP>Escuela Andaluza de Salud Pública. Granada.  España<SUP>    <br> b</SUP>Grupo de Género y Salud Pública de SESPAS.</FONT></p>     <p><i><font face="Arial" size="2">Correspondencia: </font> </i> <font face="Arial" size="2"> María del Mar García-Calvente. Escuela Andaluza de Salud Pública.&nbsp;    <br>  Campus Universitario de Cartuja, s/n. 18080 Granada.  España.    <br> Correo electrónico: <a href="mailto:mariadelmar.garcia.easp@juntadeandalucia.es">mariadelmar.garcia.easp@juntadeandalucia.es</a></font></p>     <p align="right"><i><font face="Arial" size="2">Recibido: </font> </i> <font face="Arial" size="2"> 16 de octubre de 2003.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <i> Aceptado:</i> 13 de enero de 2004.</font></p>     <p><B><font face="Arial" size="2">(Impact of caregiving on women's health and quality of life)</font></B></p> <hr color="#000000">     <div align="center">       <center>   <table border="0" width="100%">     <tr>       <td width="48%">     <p><b><font face="Arial" size="2">Resumen    <br> </font> </b><font face="Arial" size="2"><i>Fundamentos:</i> La  atención informal se sitúa en el centro del debate sobre las políticas de  bienestar en la actualidad, debido al creciente aumento de la demanda de  cuidados y al cuestionamiento sobre la futura disponibilidad de cuidadores  informales.    <br> <i>Objetivo: </i> En el presente trabajo se analiza la distribución del papel de  cuidadores entre hombres y mujeres y sus consecuencias respecto a la sobrecarga,  la salud y la calidad de vida.    <br> <i>Métodos</i>: Se revisan los datos disponibles en España y en países de nuestro  entorno procedentes de diferentes bases bibliográficas, publicaciones e informes  oficiales; en especial, se presentan datos procedentes de una investigación  sobre cuidados informales en Andalucía realizada por las autoras utilizando una  encuesta domiciliaria a 1.000 cuidadores/as principales.    <br> <i>Resultados</i>: Se pone de manifiesto el claro predominio de las mujeres como  cuidadoras informales en nuestro medio. Son las mujeres de menor nivel  educativo, sin empleo y de clases sociales menos privilegiadas las que componen  el gran colectivo de cuidadoras. El impacto negativo de cuidar es identificado  por una gran proporción de cuidadoras, en especial las repercusiones económicas,  laborales y en el uso del tiempo. Las consecuencias sobre la salud son también  importantes, sobre todo en la esfera psicológica, asociadas con altos niveles de  sobrecarga.    <br> <i>Conclusiones:</i> Se evidencia la necesidad de replantear las políticas sociales  y sanitarias y de prever recursos suficientes para cubrir la creciente necesidad  de atención informal, que amortigüe el impacto y el coste que los cuidados  suponen para las mujeres en diferentes aspectos de sus vidas.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <b>Palabras clave</b>:  Cuidadores informales. Sobrecarga. Calidad de vida. Impacto socioeconómico.  Trabajo.</font></p>       </td>       <td width="4%"></td>       <td width="48%" valign="top">      <P><b><font face="Arial" size="2">  Abstract    <br> </font> </b><font face="Arial" size="2">  <i>Background</i>: Informal care currently lies at the heart of the  debate on welfare policies since demands for such care are increasing and the  future availability of informal caregivers is uncertain.    <br> <i>Objective:</i> To analyze the distribution of the burden of informal care between  men and women and its consequences on health and quality of <i>life.    <br> Methods:</i> Data from Spain and other neighboring countries obtained from  several bibliographic databases, publications, and official reports were gathered. In addition, the results of a home survey conducted by the authors on  1.000 male and female informal caregivers in Andalusia (Spain) were used.    <br> <i>Results</i>: The studies reviewed demonstrate that women are the main providers  of informal care in Spain. Most informal carers are women with a low educational level, without employment and from a low social class. The negative impact of  caregiving was noted by a large proportion of carers, especially financial  consequences and loss of employment and time. Informal caregiving also has a  considerable impact on health, especially on psychological health, and is  associated with high levels of burden.    <br> <i>Conclusions: </i> The present study demonstrates the need to reorganize health and  social policies and to provide sufficient resources to meet the increasing need  for informal care and to mitigate the impact and costs of caregiving on diverse  aspects of women's lives.    <br> <b>Key words: </b> Informal care. Burden. Quality of life.  Socioeconomic impact. Work.</font>             <p>&nbsp;</td>     </tr>   </table>   </center> </div> <font face="Arial" size="2"> <hr color="#000000"> </font>      <P><B><FONT face=Arial size=2>Introducción</FONT>  </B>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Arial"><FONT size=2>E  l interés por el cuidado informal -o prestación de cuidados de salud a las  personas que los necesitan por parte de familiares, amigos, vecinos y, en  general, personas de la red social inmediata, que no reciben retribución  económica por la ayuda que ofrecen<SUP>1</SUP>- ha ido en aumento durante  las últimas décadas. Tres son los factores que sitúan al cuidado informal en el  centro del debate sobre políticas de bienestar: el creciente aumento de la  demanda de cuidados, el cuestionamiento sobre la futura disponibilidad de  cuidadoras informales y las reformas de los sistemas sanitarios y de atención  social. Con el progresivo envejecimiento de la población y la mayor  supervivencia de personas con enfermedades crónicas y discapacidades, no sólo  aumenta el número de personas que necesitan cuidados, sino que además este  incremento de la demanda va acompañado de una mayor exigencia en su  prestación<SUP>2</SUP>.</FONT></font>     <P><FONT face=Arial size=2>Entre los diversos cambios que ponen en  cuestión la disponibilidad de cuidadores informales, la progresiva incorporación  de las mujeres (principales cuidadoras) al mercado laboral resulta un factor  crítico. Sin embargo, la incorporación de los hombres al trabajo reproductivo se  está desarrollando a un ritmo mucho más lento; así que, de hecho, la mayoría de  las mujeres siguen asumiendo la responsabilidad del cuidado y pagando el elevado  coste de cuidar para su propia calidad de vida.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Por otra parte, las reformas de los  servicios sanitarios ponen un mayor énfasis en la atención a la salud en el  propio entorno, convirtiendo el hogar en un escenario de la atención sanitaria  donde confluyen el sistema profesional y el informal<SUP>3</SUP>. Esto supone un  desplazamiento de más cuidados y más complejos hacia el sistema  informal<SUP>4,5</SUP>. Sin embargo, el actual sistema de atención a la salud en  nuestro país continúa centrado en la atención a la enfermedad, fundamentalmente  en sus fases agudas, con un escaso desarrollo de los servicios de atención  social y una deficiente coordinación e integración sociosanitaria.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Los servicios formales (profesionales)  participan de forma minoritaria en el cuidado continuado de las personas  dependientes que viven en la comunidad, y constituyen sólo la punta del iceberg  de este sistema invisible de atención a la salud, de modo que «el conjunto de  las familias constituyen un sector de prestación de servicios de salud que  supera con creces el volumen de trabajo a todas las restantes instituciones  sanitarias»<SUP>6</SUP>. Este fenómeno se produce también en otros países; por  ejemplo, en Canadá se estima que entre un 85 y un 90% del total de cuidados  prestados es de tipo informal, aun incluyendo en estas estimaciones el cuidado  hospitalario e institucional<SUP>3</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Diversas investigaciones realizadas en  nuestro país durante la década de los noventa confirman consistentemente que la  familia es la principal proveedora de cuidados de salud. Del total de cuidados  que reciben las personas mayores, el 80-88% los recibe exclusivamente de la  familia, mientras que los servicios formales proveen un 3%<SUP>6,7</SUP>. En el  caso de las personas con otros tipos de dependencia, las cifras van desde un 50%  en el caso de las deficiencias psíquicas o un 70% en la discapacidad física  hasta un 83% en el caso de los enfermos no graves<SUP>6,8</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En Estados Unidos hay 52 millones de  cuidadores/as informales de personas adultas enfermas o discapacitadas, y 25,8  millones prestan cuidados de asistencia personal<SUP>9</SUP>. En Canadá, se  estima en 3 millones de personas la población que «presta ayuda a personas con  enfermedad crónica o discapacidad»<SUP>10</SUP>, y en el Reino Unido se cifra en  5,7 millones la población de cuidadores/as (un 17% de los hogares)<SUP>11</SUP>.  Un 20,7% de los adultos en España presta ayuda para la realización de las  actividades de la vida diaria (AVD) a una persona mayor con la que convive, y el  93,7% de ellos tiene vínculos familiares con la persona a la que cuida; sin  embargo, mientras que el 24,5% de las mujeres prestan cuidados, sólo lo hace el  16,6% de los hombres<SUP>5</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Cuando se habla de cuidado informal se está  hablando mayoritariamente del apoyo ofrecido por miembros de la red familiar  inmediata; pero la distribución del rol de cuidador no es homogénea en las  familias. El perfil típico de la persona cuidadora principal es el de una mujer,  ama de casa, con una relación de parentesco directa (por lo general, madre, hija  o esposa) y que convive con la persona a la que cuida<SUP>5,7,8,10</SUP>.  Género, convivencia y parentesco son las variables más importantes de cara a  predecir qué persona del núcleo familiar va a ser la cuidadora  principal<SUP>8</SUP>. El hecho de que la atención informal sea mayoritariamente  femenina pone de manifiesto las cargas diferenciales de cuidado entre hombres y  mujeres.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El objetivo de este trabajo es analizar el  impacto de los cuidados informales en las mujeres en diferentes aspectos de sus  vidas, y el papel que la desigual distribución de cuidados entre hombres y  mujeres desempeña en relación con las desigualdades de género en salud.  Analizaremos en primer lugar el concepto y las características del cuidado  informal, que explican por qué cuidar supone un coste para las personas  cuidadoras. En segundo lugar, se abordan los aspectos de desigualdad en la carga  de cuidado informal entre hombres y mujeres. Seguidamente, analizaremos el  impacto de los cuidados informales en la salud y calidad de vida de las mujeres,  con especial énfasis en el concepto de «sobrecarga».</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Métodos</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Se ha utilizado la información disponible  sobre cuidado informal en nuestro país y en otros países de nuestro entorno.  Hemos revisado la bibliografía publicada en España (bases de datos de MEDLINE,  PubMed, Scielo, ISOC e IME), especialmente la producción de los últimos 5 años.  También se ha consultado la información disponible en las bases de datos y  publicaciones del INE (Encuesta de Discapacidad 1999<SUP>12</SUP> y Panel de  Hogares de la Unión Europea<SUP>13</SUP>), y los informes de IMSERSO y CSIC  sobre situación de las personas mayores en España<SUP>5,7</SUP>. Se aportan,  además, datos procedentes del estudio realizado por las autoras sobre cuidados  informales en Andalucía. En este estudio, una encuesta poblacional basada en una  muestra de 3.160 hogares, se identificaron y estudiaron 1.000 cuidadores/as  principales de personas con algún tipo de necesidad de cuidados que convivían en  el mismo domicilio que su cuidadora<SUP>8</SUP>.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><B><FONT face=Arial size=2>Características del cuidado  informal</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El concepto de «cuidado informal» se ha  desarrollado en los últimos años en torno a una serie de paradigmas superpuestos  y muy influidos por la ideología feminista<SUP>14</SUP>. En la década de los  setenta, el foco fue la reivindicación del cuidado como trabajo oprimido y la  demanda de su reconocimiento político. En los años ochenta el paradigma  evolucionó hacia el significado del cuidado para las mujeres, para su identidad  y para su visión del mundo. Finalmente, en los noventa la conceptualización del  cuidado toma 2 direcciones: la del «paradigma de la diferencia», que atiende a  las relaciones de poder, y la del «paradigma universalista», que supone un  intento de resolver las tensiones entre la ética del cuidado y la ética de la  justicia, y sitúa el cuidado como un elemento importante para la ciudadanía y  para la práctica democrática: «el cuidado es un concepto político, así como  moral, a partir del cual hacemos juicios sobre la esfera de lo  público»<SUP>15</SUP>. En palabras de Victoria Camps, «el reclamo de la ética  del cuidado es una forma más de insistir en la tesis de que lo personal es  político. No sólo lo privado no debe escapar a las exigencias de igualdad, sino  que los valores privados son también -deben ser también- virtudes  públicas»<SUP>16</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Cuidar puede ser entendido como un trabajo,  una actividad que consiste en la ejecución de una serie de tareas y que acarrea  determinados costes. Sin embargo, esta forma de entender el cuidado ha sido  cuestionada: si cuidar es un trabajo, este trabajo es tanto físico como  emocional. Cuidar implica tareas, pero también relaciones y sentimientos, esto  es, tiene una dimensión relacional. Tiene también una dimensión ética y  política, ya que cuidar trasciende a un contexto social y físico más amplio que  el puramente interpersonal. La identificación de cuidado con dependencia también  ha sido criticada: el cuidado se devalúa si se asocia a un estado indeseable de  insuficiencia y, además, se basa en una concepción dual (cuidador-receptor),  cuando el cuidado es más bien una relación de  interdependencia<SUP>14</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Determinadas características del cuidado  informal afectan muy directamente a su visibilidad y reconocimiento  social<SUP>17</SUP>. Se trata de un trabajo no remunerado, prestado en virtud de  relaciones afectivas y de parentesco, y que se desarrolla en el ámbito privado  de lo doméstico. Además, en nuestras sociedades, cuidar de los niños y las  niñas, personas mayores o enfermas de la familia forma parte de una función  adscrita a las mujeres como parte de su rol de género. Las personas cuidadoras  han sido, por estas mismas características, un grupo social «invisible» y  particularmente débil en la sociedad.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El trabajo de cuidar y las condiciones en  las que se desarrolla este trabajo afectan a la vida de la cuidadora principal  por diferentes razones<SUP>8</SUP>. El tipo de tareas que se realizan está  determinado por las necesidades de cuidado del beneficiario, y en ocasiones la  demanda es tal que puede superar las propias posibilidades de la cuidadora,  situación más problemática cuando hay varios beneficiarios. Cuidar entraña el  desarrollo de actividades diversas, y con frecuencia implica asumir múltiples  roles de cuidado: la cuidadora es «enfermera», «psicóloga», «consejera»,  «abogada» y «empleada de hogar». Las cuidadoras adoptan a menudo otros roles de  manera simultánea: se es cuidadora a la vez que madre-esposa-hija, ama de casa  y/o trabajadora, y la dificultad para compatibilizar las distintas  responsabilidades repercute en la vida de las cuidadoras. La duración de la  «jornada laboral» de una cuidadora no tiene principio ni fin, característica que  comparte con otras actividades del trabajo reproductivo, en el que el tiempo  tiene un desarrollo circular, y no lineal como en el trabajo productivo. Además,  muchas cuidadoras cuentan con escasa ayuda de otras personas para realizar todas  estas tareas, algunas de ellas difíciles de asumir por una sola persona. Por  último, las cuidadoras deben hacer frente en ocasiones a situaciones  especialmente difíciles, sobre todo en circunstancias de agravamiento o crisis  en el estado del beneficiario.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Desigualdades de género en el cuidado  informal</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las cifras que ilustran el predominio de  las mujeres como cuidadoras son abrumadoras: el 60% de los cuidadores  principales de personas mayores<SUP>5,7</SUP>, el 75% en el caso de personas con  discapacidad<SUP>18</SUP> y el 92% de los cuidadores de las personas que  necesitan atención por cualquier motivo son mujeres<SUP>8</SUP>. Las mujeres  asumen con frecuencia también el papel de cuidadoras secundarias, de tal manera  que cuando una cuidadora principal necesita ayuda para cuidar, suele recurrir a  otra mujer de la familia: madre, hermana o hija. Según datos de la encuesta de  demandas sociales sobre cuidado de la salud de los niños<SUP>6</SUP>, las madres  asumían mayoritariamente la demanda generada por la enfermedad infantil (83%),  seguidas por las abuelas (7%). Pero la implicación de éstas aumentaba al doble  (14%) si la madre tenía un empleo, cosa que no ocurría con la participación de  los padres, que fue de un 2%, tanto si las madres trabajaban fuera de casa como  si no.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>De hecho, actualmente podemos asumir que el  cuidado informal se resuelve fundamentalmente a costa del trabajo y el tiempo de  las mujeres<SUP>19</SUP>; dicho de otra forma, el cuidado informal «se escribe  en femenino singular»<SUP>20</SUP>. Sin embargo, no todas las mujeres participan  por igual en el cuidado: son las mujeres de menor nivel educativo, sin empleo y  de niveles inferiores de clase social las que configuran el gran colectivo de  cuidadoras informales en nuestro medio<SUP>7,21</SUP>. Este hecho agrava la  desigualdad de la carga que supone cuidar entre las propias cuidadoras, ya que  las que cuentan con un empleo y buenas condiciones laborales, o las que tienen  mayores ingresos que les permiten disponer de ayuda contratada, tienen un mejor  acceso a los recursos de apoyo para cuidar que las que no están en esta  situación.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las diferencias de género no sólo son  evidentes en la proporción de mujeres y hombres que asumen el papel de  cuidadores, también existen diferencias en las propias características del  cuidado que prestan las mujeres y los hombres, tanto en el tipo de actividades  que asumen como en el tiempo dedicado a cuidar. El «trabajo» de cuidar implica  una variedad de tareas, tanto de atención personal como instrumental, de  vigilancia y acompañamiento, de cuidados sanitarios más o menos complejos, de  gestión y relación con los servicios sanitarios. Cuidar también significa dar  apoyo emocional y social. Las mujeres cuidadoras asumen con mayor frecuencia los  cuidados de atención personal e instrumentales y están más implicadas en las  tareas de acompañamiento y vigilancia<SUP>5,8</SUP>, es decir, asumen los  cuidados más pesados, cotidianos y que exigen una mayor dedicación.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las investigaciones sobre cuidado informal  y reparto del tiempo indican que las mujeres dedican más tiempo a cuidar que los  hombres. Según los datos del panel de hogares de la Unión Europea (UE) para  1999, el 67% de las mujeres dedicaban más de 40 h semanales al cuidado diario de  los niños en España, frente a un 18% de los hombres; en el caso del cuidado de  adultos, las proporciones eran, respectivamente, del 47 frente al  12%<SUP>13</SUP>. En los países de la UE se repite esta tendencia: mientras las  mujeres de 20 a 49 años de la UE invierten 45 h semanales o más en el cuidado de  los niños, los hombres no llegan a dedicar más de 30 h<SUP>22</SUP>.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>En definitiva, las mujeres cuidadoras  experimentan diferentes contextos socioeconómicos y expectativas respecto a su  rol de género en comparación con los hombres que cuidan, lo que provoca una  mayor dedicación en tiempo de las mujeres al cuidado y que éstas asuman con  mayor frecuencia la responsabilidad de cuidar a más de una persona<SUP>23</SUP>.  Igualmente, las mujeres cuidadoras ofrecen formas más intensivas y complejas de  cuidado, enfrentan más dificultades para la prestación de cuidados y tienen que  equilibrar el cuidado con otras responsabilidades familiares y laborales con más  frecuencia que los hombres cuidadores<SUP>24</SUP>. El cuidado, en suma,  interfiere en la vida cotidiana de las mujeres mucho más que en la de los  hombres, y las sitúa en un mayor riesgo de padecer consecuencias negativas por  ello.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>El impacto de cuidar en la vida de las  mujeres</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La responsabilidad de cuidar supone una  elevada dedicación en tiempo para las cuidadoras, pero el «coste» de cuidar es  mucho más amplio que el resultado de sumar las horas dedicadas a determinadas  tareas: la vida de la cuidadora principal se ve condicionada por su papel. Si  analizamos las repercusiones del cuidado sobre diferentes áreas de la vida, y  según los datos de la encuesta a cuidadores informales realizada en  Andalucía<SUP>8</SUP>, el 68% de las cuidadoras percibían que cuidar afectaba de  forma importante a alguna de las áreas estudiadas, entre las que se incluyen la  salud, el trabajo extradoméstico, la economía, el uso del tiempo o las  relaciones familiares y sociales, entre otras (<a href="#t1">tabla 1</a>). El número de áreas  afectadas es muy variable, pero cabe destacar que una proporción importante de  cuidadoras percibe el impacto de cuidar en varias dimensiones, algunas de las  cuales se revisan a continuación.</FONT></P>     <P align=center><a name="t1"><font face="Arial"><IMG  src="/img/gs/v18s2/revision9/138v18nSupl.2-13061998tab01.gif"></font></a></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Concepto y modelos de análisis de la  sobrecarga</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El concepto de sobrecarga ha sido utilizado  ampliamente en la bibliografía dedicada al cuidado informal<SUP>25</SUP>. Aunque  la sobrecarga se relaciona con la calidad de vida de las cuidadoras, no son  conceptos equivalentes<SUP>26</SUP>, de modo que algunas investigaciones  recientes insist en en que es esta última dimensión, la calidad de vida, la que  se debe enfatizar de cara a las intervenciones, ya que puede mejorarse aunque  exista sobrecarga evidente<SUP>27</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En el ámbito del cuidado informal, el  término «sobrecarga» se ha usado con mucha frecuencia desde la década de los  ochenta en referencia al impacto que tiene cuidar a una persona mayor con  demencia<SUP>28</SUP>. A pesar de ello, no existe homogeneidad en cuanto al  significado y uso de este concepto. Pearlin<SUP>29</SUP> habla de sobrecarga en  relación con el conjunto de situaciones estresantes que resultan de cuidar a  alguien, mientras que Zarit<SUP>30,31</SUP> la define como el grado en que las  cuidadoras perciben que su salud, su vida social y personal y su situación  económica cambia por el hecho de cuidar a alguien. Esta última definición es la  que en nuestros días tiene más adeptos, de manera que actualmente se suele  aceptar que la sobrecarga es la percepción que la cuidadora tiene acerca del  modo en que cuidar tiene un impacto en diferentes aspectos de su  vida.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Al referirse al impacto de cuidar se han  distinguido componentes objetivos y subjetivos. La sobrecarga objetiva tiene que  ver con la dedicación al desempeño del rol cuidador. El tiempo de dedicación, la  carga física, las actividades objetivas que desempeña la cuidadora y la  exposición a situaciones estresantes en relación con los cuidados son ejemplos  de indicadores de sobrecarga objetiva utilizados frecuentemente. La sobrecarga  subjetiva se relaciona con la forma en que se percibe la situación y, en  concreto, la respuesta emocional de la cuidadora ante la experiencia de cuidar.  La sobrecarga subjetiva se ha definido como el sentimiento psicológico que se  asocia al hecho de cuidar.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La sobrecarga subjetiva se ha estudiado  como un elemento integrado dentro del proceso más amplio de estrés del rol de  cuidadora. En el modelo biopsicosocial de estrés se conceptualiza como un  proceso en el que existe un desequilibrio entre las demandas del ambiente y los  recursos que las personas poseen para hacer frente a esas demandas. La tensión  emocional y los posibles problemas de salud asociados aparecen cuando se percibe  un nivel muy elevado de demandas y escasos recursos para controlar esa  situación. Otro de los modelos de estrés más utilizado en el contexto del  cuidado informal es el proceso de estrés propuesto por Pearlin<SUP>29</SUP>. En  este modelo, la sobrecarga se define como un estresor o como un mediador de la  respuesta emocional a los cuidados. Los estresores primarios se refieren a las  situaciones estresantes que resultan de cuidar a una persona, esto es, las  consecuencias directas de cuidar. Los estresores secundarios se refieren a la  percepción emocional de las consecuencias de cuidar en el desempeño de otros  roles asumidos por la cuidadora y otras actividades externas al cuidado, es  decir, las consecuencias indirectas de cuidar. Otras variables relevantes del  modelo son los mediadores del estrés, que se refieren a estrategias de  afrontamiento <I>(coping)</I> que la cuidadora pone en marcha en respuesta a la  situación, y al apoyo social con el que cuenta. Diversos estudios han mostrado  una asociación entre los niveles altos de estrés y una serie de consecuencias  negativas para la salud en cuidadoras, como depresión, problemas de salud física  o uso de medicación psicotrópica<SUP>28,29,32</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Para la medición de la sobrecarga se han  desarrollado instrumentos basados en la medida de las necesidades del  beneficiario, y también instrumentos inespecíficos que miden dimensiones  globales en la cuidadora, como calidad de vida, bienestar general o presencia de  ciertos problemas, como ansiedad o depresión. Estudios recientes se centran en  analizar la aportación diferencial de cada uno de estos elementos y su utilidad  para explorar las circunstancias relevantes de la vivencia de la situación de  cuidados por parte de la cuidadora<SUP>27</SUP>.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>En el marco de la teoría general de estrés,  la evaluación de la sobrecarga se aborda de manera alternativa. La cuidadora se  enfrenta a una serie de factores estresantes y su respuesta a ellos depende de  determinados mediadores, como la forma en que se valora la situación, los  recursos disponibles o el apoyo social. Siguiendo la lógica de este enfoque,  Zarit diseñó la Escala de Sobrecarga del Cuidador<SUP>28,30</SUP>, uno de los  instrumentos más utilizados para valorar la sobrecarga, que ha sido validado y  adaptado al castellano<SUP>33</SUP>. Se ha comprobado que las cuidadoras con  mayor nivel de sobrecarga, medida mediante este instrumento, muestran peor  autopercepción de salud y más probabilidad de tener problemas emocionales;  además, manifiestan deseos de transferir su responsabilidad de cuidar a otros en  mayor medida que las cuidadoras con menor sobrecarga<SUP>8</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Se ha identificado una serie de variables  que ayudan a explicar la sobrecarga y los resultados de salud asociados a los  cuidados. La sobrecarga objetiva se relaciona fundamentalmente con variables del  paciente y con las características que determinan la demanda de cuidados. La  sobrecarga subjetiva se relaciona tanto con las dificultades como con las  recompensas. La gravedad del problema de salud del beneficiario y su nivel de  dependencia no sólo definen las demandas de cuidado, también son una fuente de  estrés para la cuidadora por lo que supone enfrentarse diariamente con el  sufrimiento y la dependencia, así como con situaciones conflictivas, a veces  difíciles de manejar<SUP>34</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Los niveles de sobrecarga subjetiva se  relacionan con el tipo concreto de tareas que se presta, más que con la cantidad  de horas dedicadas o el número total de tareas que se realizan. Las tareas que  suponen mayor sobrecarga son las poco flexibles en el tiempo y que interfieren  en gran medida con otras obligaciones de la cuidadora, las que exigen una  respuesta inmediata y aparecen de manera inesperada y las que requieren  disponibilidad permanentemente para cuidar. Son precisamente estos cuidados los  que asumen las mujeres con mayor frecuencia<SUP>8</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>También las características de la persona  cuidadora se han analizado para explicar los niveles diferenciales de  sobrecarga. En relación con la sobrecarga subjetiva, son características  relevantes el género, la edad y el estilo personal de afrontamiento. Diferentes  estudios muestran que las mujeres cuidadoras presentan casi 2 veces más  sobrecarga que los hombres cuidadores<SUP>24,27</SUP>, hecho que sugiere modelos  diferentes de adopción del rol de cuidador entre hombres y mujeres. Otros  autores señalan que cuando las mujeres son las únicas responsables de cuidar  pueden experimentar sentimientos de culpa por «no cuidar lo  suficiente»<SUP>35</SUP>. Las cuidadoras más jóvenes muestran niveles de  sobrecarga más altos que las de más edad, tal vez porque perciben un mayor coste  de oportunidad asociado a cuidar, relacionado, por ejemplo, con los conflictos  para compatibilizar empleo y cuidados. Finalmente, otra variable clave es el  apoyo social a la cuidadora principal, como factor que protege de la percepción  de sobrecarga<SUP>36</SUP>.</FONT></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Impacto de cuidar en la salud y el  bienestar</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El impacto de cuidar en la salud de las  cuidadoras es un aspecto frecuentemente abordado en los estudios sobre cuidado  informal. Incluso ha llegado a acuñarse el desafortunado término de «síndrome  del cuidador» para describir el «conjunto de alteraciones médicas, físicas,  psíquicas, psicosomáticas», e incluso «los problemas laborales, familiares y  económicos» que enfrentan las cuidadoras, como si de un síndrome clínico se  tratara<SUP>37,38</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Recientemente, se ha sugerido que la  combinación de estrés mantenido, demandas de cuidado físicas y una mayor  vulnerabilidad biológica en cuidadores mayores puede incrementar su riesgo de  problemas físicos de salud y, por tanto, un mayor riesgo de mortalidad. Según un  estudio prospectivo realizado en Estados Unidos sobre cuidadores/as mayores de  65 años, los que experimentaban sobrecarga mostraron un riesgo de mortalidad un  63% más elevado que los que no cuidaban<SUP>39</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En el estudio sobre cuidadoras de  Andalucía, casi la mitad de las 1.000 personas cuidadoras entrevistadas opinaba  que cuidar tenía consecuencias negativas en su propia salud en algún grado, y  cerca del 15% percibía este impacto con una intensidad muy elevada<SUP>8</SUP>,  proporción que aumentó al 72% cuando se analizó separadamente el grupo de  cuidadoras de personas con enfermedades neurodegenerativas<SUP>34</SUP>. El  impacto negativo en la esfera psicológica fue mucho más evidente y era percibido  intensamente en una proporción de cuidadoras que duplicaba a las que percibían  impacto en su salud física (<a href="#Figura 1.">fig. 1</a>). Las cuidadoras mencionaban problemas  concretos, como depresión o ansiedad (22%) y decían sentirse irritables y  nerviosas (23%), tristes y agotadas (32%). En algunos casos, estos problemas se  vivían como un cambio más permanente de personalidad y estado de ánimo, con  sentimientos de insatisfacción y pérdida de ilusión por la  vida<SUP>8</SUP>.</FONT></P>     <P align="center"><B><FONT face=Arial size=2><a name="Figura 1.">Figura 1. </a> Frecuencia (%) con la que las  personas cuidadoras    <br> perciben que cuidar tienen un impacto negativo en su salud    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> física y psicológica. Andalucía, 1999 (n = 1.000).    <br> Fuente: García-Calvente et  al</FONT></B><FONT face=Arial size=2><SUP>8</SUP><B>.</B></FONT></P>     <P align=center><a name="f1"><font face="Arial"><IMG  src="/img/gs/v18s2/revision9/138v18nSupl.2-13061998tab02.gif"></font></a></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La morbilidad psíquica ha sido también  identificada en otros estudios en cuidadores en nuestro medio<SUP>40</SUP>. En  un reciente trabajo en 215 cuidadores/as de pacientes atendidos por un servicio  de hospitalización a domicilio, mayoritariamente mujeres de 55 años de edad  media, se detectaron síntomas de ansiedad (32%) y depresión (22%), con un mayor  riesgo cuanto mayor era la dependencia física y deterioro mental del paciente al  que cuidaban, más tiempo llevaban cuidando y menor el apoyo social que  percibían<SUP>41</SUP>. Diversos estudios realizados obtienen cifras incluso más  elevadas sobre la frecuencia de síntomas de malestar psíquico en las personas  cuidadoras, y muestran igualmente una relación entre la presencia de malestar  psíquico y el grado de dependencia del beneficiario<SUP>42-44</SUP>. Aunque  muchos de estos problemas no reciben atención sanitaria ni incrementan la  frecuentación de los servicios<SUP>45,46</SUP>, en algunos estudios sí se  encuentra una relación entre la salud de la cuidadora y la utilización de  servicios, pero es la sobrecarga subjetiva (y no la carga objetiva) el factor  más directamente relacionado con dicha utilización<SUP>46</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El análisis conjunto de varios indicadores  pone de manifiesto que las personas que cuidan la salud de otros presentan con  frecuencia, ellas mismas, una salud precaria. La presencia de problemas crónicos  de tipo físico afecta a más del 60% de las cuidadoras de Andalucía<SUP>8</SUP>,  con un peso muy importante de problemas potencialmente invalidantes, como los  articulares y circulatorios. Como consecuencia de la alta prevalencia de  problemas crónicos y de síntomas no específicos, más de un 20% de cuidadoras  presentan dificultades para la realización de las actividades normales para su  edad. En el 6% de los casos, la limitación es tan importante que la propia  cuidadora requiere ayuda para realizar algunas actividades de la vida  diaria.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En el citado estudio andaluz se observan  también claras diferencias en los indicadores de salud y de utilización de  servicios sanitarios según la edad de las cuidadoras (<a href="#t2">tabla 2</a>)<B>.</B> Las  cuidadoras de la «generación sándwich» (entre 50 y 64 años) presentan la mayor  prevalencia de problemas emocionales y padecen con mayor frecuencia molestias o  dolores. Más de un tercio de las cuidadoras mayores de 50 años se sienten poco o  nada satisfechas con su vida, con diferencias frente a las más jóvenes. De  nuevo, es el grupo de 50 a 64 años el que presenta un grado menor de  satisfacción en los aspectos de salud y bienestar, tiempo libre y relación con  los amigos, mientras que las más jóvenes, en cambio, manifiestan estar poco o  nada satisfechas con su vida laboral y su situación económica. Al contrario que  ocurre con la edad, en este estudio no se encontraron diferencias significativas  entre hombres y mujeres cuidadoras en relación con la salud percibida o la  utilización de servicios sanitarios<SUP>8</SUP>.</FONT></P>     <P align=center><a name="t2"><font face="Arial"><IMG  src="/img/gs/v18s2/revision9/138v18nSupl.2-13061998tab03.gif"></font></a></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Cabría señalar también que el deterioro de  la situación de salud de las personas que cuidan y los altos niveles de  sobrecarga a los que se ven sometidas pueden tener repercusiones negativas en el  cuidado que prestan. De esta forma, el impacto negativo de cuidar en la salud y  el bienestar de las cuidadoras tiene igualmente consecuencias en las personas  que se benefician de sus cuidados.</FONT></P>     <P><i><FONT face=Arial size=2>Impacto laboral, económico y  social</FONT></i></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Hacerse cargo de un familiar dependiente y  desempeñar un trabajo remunerado resulta una situación muy difícil de mantener  para la mayoría de las cuidadoras, aunque los efectos positivos de  compatibilizar empleo y cuidados parecen superar las repercusiones negativas de  abandonar el trabajo remunerado<SUP>48</SUP>. Una de las consecuencias más  frecuentes de cuidar es el abandono, temporal o definitivo, del trabajo  remunerado, a lo que hay que añadir los casos también frecuentes en los que  cuidar ha impedido a la cuidadora acceder a un empleo<SUP>7,8</SUP>. En los  datos del estudio andaluz, si se suman las cuidadoras que han tenido que dejar  definitivamente un empleo y las que no han podido tener acceso a él por el hecho  de tener que cuidar de alguien, asumir el papel de cuidadoras principales  condicionaba la exclusión definitiva del mercado laboral de un 35% de las  personas que cuidan. Esta proporción se elevaba a un 46% al considerar las  exclusiones temporales<SUP>8</SUP>  (<a href="#Figura 2">fig. 2</a>).</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="center"><B><FONT face=Arial size=2><a name="Figura 2">Figura 2</a>. Repercusiones de cuidar en la  vida laboral de las cuidadoras. Porcentaje de cuidadoras que perciben las  distintas consecuencias laborales. Andalucía, 1999 (n = 1.000). Fuente: García-Calvente et al</FONT></B><FONT face=Arial size=2><SUP>8</SUP><B>.</B></FONT></P>     <P align=center><a name="f2"><font face="Arial"><IMG  src="/img/gs/v18s2/revision9/138v18nSupl.2-13061998tab04.gif"></font></a></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La pérdida de un trabajo remunerado -o  la imposibilidad de acceder a él- tiene para las cuidadoras importantes  repercusiones. Supone una pérdida económica para la cuidadora y la unidad  familiar en su conjunto; este impacto negativo es más crítico en cuidadoras de  clase social menos privilegiada. Otro tipo de repercusiones tiene que ver con el  desarrollo personal y las posibilidades de ampliar las relaciones sociales y la  red de apoyo<SUP>47</SUP>. En definitiva, cuidar supone un elevado «coste de  oportunidad» para las cuidadoras, que tienen que elegir muchas veces entre  trabajo productivo y trabajo reproductivo. Incluso las que pueden compatibilizar  ambos tipos de trabajo asumen otro tipo de consecuencias, como la limitación de  las posibilidades de progreso en su carrera profesional, el cambio de trabajo o  el absentismo laboral<SUP>8,23</SUP>. La exclusión del mercado laboral o la  precariedad en el empleo tienen también para las cuidadoras consecuencias a  largo plazo, especialmente la falta de acceso a determinados derechos sociales,  como el seguro de desempleo o las pensiones contributivas. Por tanto, las  mujeres cuidadoras tienen muchas probabilidades de encontrarse en situación de  pobreza y exclusión social<SUP>48</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La disponibilidad de personas de la red  informal que prestan su ayuda para cuidar es el elemento clave que permite  compaginar ambas responsabilidades, la productiva y la reproductiva, para una  gran mayoría de cuidadoras. Para las cuidadoras que trabajan fuera del hogar  resulta de suma importancia el apoyo de otros cuidadores secundarios  -habitualmente, otras mujeres de la familia- para el desempeño de su  doble papel. La adaptación del trabajo extradoméstico para hacerlo compatible  con el cuidado resulta un mecanismo también muy frecuente, mientras que la ayuda  contratada es un recurso sólo al alcance de las cuidadoras con mayor poder  adquisitivo. Estos mecanismos no siempre son suficientes, y a menudo la  dificultad para compatibilizar las responsabilidades laborales y de cuidado es  percibida como un factor de sobrecarga.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Cuidar conlleva también con frecuencia un  coste económico. La exclusión del mercado laboral o la limitación para progresar  profesionalmente implican una disminución de los ingresos. Y asumir el cuidado  de una persona dependiente también supone un incremento de los gastos. En el  estudio de cuidadores de Andalucía, más de la mitad de las cuidadoras declararon  haber efectuado algún gasto extra derivado del cuidado durante el mes anterior,  especialmente los dedicados a consulta médica y gastos en farmacia, comid a o  ropa especial, transporte y acondicionamiento de la vivienda<SUP>8</SUP>. Sea  cual sea el mecanismo, de hecho, un porcentaje significativo de las cuidadoras  no dispone de suficientes recursos económicos para asumir el coste derivado de  cuidar.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Otro grupo de repercusiones de cuidar en la  vida de las cuidadoras tiene que ver con el modo en que cuidar afecta al uso del  tiempo, así como a las relaciones familiares y sociales. Es un hecho claramente  constatado que la alta dedicación a los cuidados conlleva en muchos casos una  restricción de la vida social de las cuidadoras, disminuyendo las posibilidades  de salir con amigos, de relacionarse con familiares y de recibir o realizar  visitas<SUP>5,7,8,10</SUP>. Otra de las consecuencias es la falta de tiempo para  dedicarlo a actividades personales, para dedicarlo «a una misma» -incluido  el cuidado de la propia salud-, y ésta es una de las repercusiones negativas  que las cuidadoras experimentan con mayor frecuencia<SUP>7,8,44</SUP>. Las  cuidadoras que tienen a su cargo personas con problemas de salud mental perciben  con mayor frecuencia el impacto negativo de esta situación sobre la  disponibilidad de tiempo para sí mismas de manera significativa respecto a otro  tipo de beneficiarios<SUP>34</SUP>. La percepción de falta de tiempo para uno  mismo es uno de los factores que aumenta la sobrecarga percibida por los  cuidadores<SUP>27</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Finalmente, el tiempo es una variable  fundamental cuando se evalúan los costes económicos del cuidado informal en la  sociedad<SUP>6</SUP>. Estos costes suelen calcularse teniendo en cuenta el valor  del tiempo dedicado por las cuidadoras a su tarea (su equivalente en el  mercado), la pérdida de ingresos de la cuidadora, los gastos derivados de cuidar  y, en ocasiones, el exceso de coste en salud de la cuidadora<SUP>49,50</SUP>.  Aunque en nuestro entorno no son frecuentes este tipo de estudios<SUP>6</SUP>,  su introducción es cada vez mayor cuando se trata de evaluar distintas  alternativas de servicios. En una reciente publicación sobre el coste del  cuidado en pacientes mayores con afección psiquiátrica atendidos en la  comunidad<SUP>51</SUP>, se calculó un coste mensual equivalente a 1.648 dólares,  que aumentaba cuando el cuidador padecía mayor nivel de sobrecarga.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las siguientes palabras de Adela Cortina  sirven como reflexión final acerca de las implicaciones que tiene el papel de  las mujeres como principales cuidadoras informales en la sociedad actual: «Hasta  ahora las familias, y en ellas especialmente las mujeres, han sido las primeras  actrices en el ejercicio de las "tareas de bienestar", que consisten en cuidar  del hogar, atender a los niños, enfermos y discapacitados, bregar por los  familiares en apuros, apoyar a los jóvenes (...). Por eso, en nuestros días,  preguntarse por el futuro de los miembros más vulnerables de la sociedad  requiere, no sólo analizar la crisis del Estado benefactor, sino, sobre todo,  estudiar despacio las consecuencias de 3 cambios estructurales de envergadura:  la incorporación de la mujer al mercado laboral, la transformación de la  estructura familiar y la extinción de la "mujer cuidadora" (...). Y, por su  parte, el Estado, cualquier Estado de la Tierra, carece de los recursos  suficientes como para pagar unos trabajos de 24 horas, sin vacaciones, sin días  de fiesta, que hasta ahora han hecho gratis las  mujeres»<SUP>52</SUP>.</FONT></P> <hr color="#000000">     <P><b><font face="Arial" size="2">Bibliografía</font></b></P>     <!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>1. Wright K.  The economics of informal care of the elderly. London: Centre for Health  Economics; 1983.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346524&pid=S0213-9111200400050001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>2. Armstrong P, Armstrong H. Thinking it Through: women,  work and caring in the New Millennium (consultado 3/08/2003). Disponible en: http://www.medicine.da.ca/mcewh</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346525&pid=S0213-9111200400050001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>3. National Coordinating Group on Health Care  Reform and Women. Women and home care. Why does home care matter to women? (consultado 3/08/2003). Disponible en: http://www.cewh-cesf.ca/healthreforms/publications</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346526&pid=S0213-9111200400050001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>4. Donelan K, Hill CA,  Hoffman C, Scoles K, Feldman PH, Levine C. From the field: Challenged to care:  informal caregivers in a changing health system. Health Aff  2002;24:222-35.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346527&pid=S0213-9111200400050001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>5. IMSERSO. Las personas mayores en España. Informe 2002 (consultado 28/07/2003). Disponible en: http://www.imsersomayores.csic.es/estadísticas/informacion/informe2002</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346528&pid=S0213-9111200400050001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>6.  Durán MA. Los costes invisibles de la enfermedad. Bilbao: Fundación BBV;  1999.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346529&pid=S0213-9111200400050001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>7. INSERSO. Cuidados en la vejez. El apoyo informal. Madrid: Ministerio  de Asuntos Sociales INSERSO; 1995.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346530&pid=S0213-9111200400050001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>8. García-Calvente MM, Mateo I, Gutiérrez  P. Cuidados y cuidadores en el sistema informal de salud. Granada: Escuela  Andaluza de Salud Pública e Instituto Andaluz de la Mujer; 1999.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346531&pid=S0213-9111200400050001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>9. Family  Caregiver Alliance. Fact Sheet: Selected Caregiver Statistics (consultado 4/08/2003). Disponible en: http://www.caregiver.org</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346532&pid=S0213-9111200400050001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>10. Health Canada.  National profile of family caregivers in Canada-2002. Final Report (consultado 29/06/2003). Disponible en: http://www.hc-sc.gc.ca</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346533&pid=S0213-9111200400050001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>11. Department of Health.  Caring about carers: A National Strategy for Carers (consultado 20/03/2002).  Disponible en: http://www.carers.gov.uk/</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346534&pid=S0213-9111200400050001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>12. INE. Encuesta de Discapacidades,  Deficiencias y Estado de Salud 1999. Base de datos electrónica INEbase (consultado 6/08/2003). Disponible en: http://www.ine.es</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346535&pid=S0213-9111200400050001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>13. INE. Panel de  hogares de la Unión Europea 1999. Base de datos electrónica INEbase (consultado 6/08/2003). Disponible en: http://www.ine.es</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346536&pid=S0213-9111200400050001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>14. Van Ewijk H, Hens H,  Lammersen G. Mapping of care services and the care workforce. Consolidated  report. En: Moss P, editor. Care work in Europe. Current understandings and  future directions (consultado 10/08/2003). Disponible en: http://144.82.35.228/carework/uk/reports</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346537&pid=S0213-9111200400050001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>15. Williams F. In and beyond New  Labour: towards a new political ethics of care. Critical Social Policy  2001;21:467-93.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346538&pid=S0213-9111200400050001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>16. Camps V. La ética del cuidado. En: Camps V, editora. El  siglo de las mujeres. Madrid: Ediciones Cátedra; 1998. p. 69-81.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346539&pid=S0213-9111200400050001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>17. García-Calvente MM. Cuidados de salud, género y desigualdad. Comunidad  2002;5:3-4.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346540&pid=S0213-9111200400050001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>18. Jiménez A, Huete A. La discapacidad en España: datos  epidemiológicos. Madrid: Real Patronato sobre Discapacidad; 2002.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346541&pid=S0213-9111200400050001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>19. Bazo  MT. El cuidador familiar en las personas ancianas con enfermedades crónicas: el  caso de los pacientes con enfermedad de Alzheimer. Rev Esp Geriatr Gerontol  1998;33:49-56.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346542&pid=S0213-9111200400050001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>20. Rodríguez P. El problema de la dependencia en las personas  mayores. Documentación Social 1998;112:33-63.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346543&pid=S0213-9111200400050001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>21. La Parra D. Contribución de  las mujeres y los hogares más pobres a la producción de cuidados de salud  informales. Gac Sanit 2001;15:498-505.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346544&pid=S0213-9111200400050001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>22. Eurostat. The life of women and  men in Europe. A statistical portrait 1980-2000. (consultado 23/06/2003).  Disponible en: http://europa.eu.int/comm/eurostat</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346545&pid=S0213-9111200400050001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>23. Morris M.  Gender-sensitive home and community care and caregiving research: a synthesis  paper. National Coordinating Group of Health Care Reform and Women, Health  Canada (consultado 10/12/2002). Disponible en: http://www.cewh-cesf.ca/healthreforms/publications</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346546&pid=S0213-9111200400050001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>24. Navaie-Waliser M,  Spriggs A, Feldman PH. Informal caregiving. Differential experiences by gender.  Med Care 2002;40: 1249-59.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346547&pid=S0213-9111200400050001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>25. Hunt CK. Concepts in caregiver research. J  Nurs Scholarsh 2003;35:27-32.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346548&pid=S0213-9111200400050001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>26. Argimón JM, Limón E, Abós T. Sobrecarga y  calidad de vida de los cuidadores informales de pacientes discapacitados. Aten  Primaria 2003;32:84-5.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346549&pid=S0213-9111200400050001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>27. Chappell NL, Reid RC. Burden and well-being among  caregivers: examining the distinction. Gerontologist 2002;42:772-80.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346550&pid=S0213-9111200400050001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>28.  Zarit SH, Reever K, Bach-Peterson J. Relatives of the impaired elderly:  Correlates of feeling of burden. Gerontologist 1980; 20:649-55.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346551&pid=S0213-9111200400050001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>29. Pearlin  LI. The careers of caregivers. Gerontologist 1991; 32:647-52.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346552&pid=S0213-9111200400050001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>30. Zarit SH,  Cheri A, Boutselis M. Interventions with caregivers of dementia patients:  comparison of two approaches. Psychol Aging 1987;2:225-32.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346553&pid=S0213-9111200400050001100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>31. Zarit SH.  Behavioral disturbances of dementia and caregiver issues. Int Psychogeriatr 1996;8(Supl 3):263-8.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346554&pid=S0213-9111200400050001100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>32. Noonan AE, Tennstedt SL. Meaning in caregiving and  its contribution to caregiver well-being. Gerontologist 1997;37:785-94.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346555&pid=S0213-9111200400050001100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>33.  Martín M, Salvadó I, Nadal S, Miji LC, Rico JM, Lanz P, et al. Adaptación para  nuestro medio de la Escala de Sobrecarga del Cuidador (Caregiver Burden  Interview) de Zarit. Rev Gerontol 1996;6:338-46.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346556&pid=S0213-9111200400050001100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>34. Mateo I, Millán A,  García-Calvente MM, Gutiérrez P, Gonzalo E, López-Fernández LA. Cuidadores  familiares de personas con enfermedad neurodegenerativa: perfil, aportaciones e  impacto de cuidar. Aten Primaria 2000;26:25-34.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346557&pid=S0213-9111200400050001100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>35. Hooker K,  Manoogian-O'Dell M, Monahan D, Frazier L. Does type of disease matter? Gender  differences among Alzheimer's and Parkinson's disease spouse caregivers.  Gerontologist 2000;40:568-73.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346558&pid=S0213-9111200400050001100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>36. Biurrun A, Artaso B, Goñi A. Apoyo social  en cuidadores familiares de enfermos con demencia. Geriatrika  2003;19:181-7.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346559&pid=S0213-9111200400050001100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>37. Pérez JM, Abanto J, Labarta J. El síndrome del cuidador en  los procesos de deterioro cognoscitivo (demencia). Aten Primaria  1996;18:194-202.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346560&pid=S0213-9111200400050001100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>38. Muñoz F, Espinosa JM, Portillo J, Benítez MA. Cuidados  paliativos: atención a la familia. Aten Primaria 2002;30:576-80.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346561&pid=S0213-9111200400050001100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>39. Schultz  R, Beach SR. Caregiving as a risk factor for mortality. The caregiver health  effects study. JAMA 1999;282:2215-9.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346562&pid=S0213-9111200400050001100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>40. Montoro J. Consecuencias  psicosociales del cuidado informal a personas mayores. Rev Int Sociol 1999;  23:7-29.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346563&pid=S0213-9111200400050001100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>41. Moral MS, Juan J, López MJ, Pellicer P. Perfil y riesgo de  morbilidad psíquica en cuidadores de pacientes ingresados en su domicilio. Aten  Primaria 2003;32:77-87.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346564&pid=S0213-9111200400050001100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>42. Segura JM, Bastida N, Martí N, Riba M. Los  enfermos crónicos domiciliarios y su repercusión en los cuidadores principales.  Aten Primaria 1998;21:431-6.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346565&pid=S0213-9111200400050001100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>43. Gálvez J, Ras E, Hospital I, Vila A. Perfil  del cuidador principal y valoración del nivel de ansiedad y depresión. Aten  Primaria 2003;31:338.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346566&pid=S0213-9111200400050001100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>44. Roca M, Úbeda I, Fuentelsaz C, López R, Pont A,  García L, et al. Impacto del hecho de cuidar en la salud de los cuidadores  familiares. Aten Primaria 2000;26:53-67.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346567&pid=S0213-9111200400050001100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>45. López O, Lorenzo A, Santiago P.  Morbilidad en cuidadores de pacientes confinados en su domicilio. Aten Primaria  1999; 24:404-10.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346568&pid=S0213-9111200400050001100045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>46. Llácer A, Zunzunegui MV, Béland F. Conocimiento, uso y  previsión de servicios sanitarios y sociales de apoyo al cuidador de personas  mayores con incapacidades. Rev Esp Geriatr Gerontol 1999;34:34-43.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2346569&pid=S0213-9111200400050001100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><FONT face=Arial size=2>47.  Scharlach AE. Caregiving and employment: Competing or complementary roles?  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