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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Vigilancia en salud pública: más allá de las enfermedades transmisibles]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Comunidad de Madrid Dirección General de Salud Pública y Alimentación Instituto de Salud Pública]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <FONT face=Arial size=2>     <p align="center"><B>EDITORIAL</B><hr color="#000000"></FONT> <FONT face=Arial size=4>     <p align="center"><B>Vigilancia en  salud pública: más allá </B>     <p align="center"><B>de las enfermedades transmisibles</B></FONT><FONT face=Arial size=2>    <p><B> (Public  health surveillance: beyond transmissible diseases)</B><hr></FONT>     <P><FONT face=Arial size=2>La publicación simultánea en este número de 2 artículos sobre vigilancia de  factores de riesgo relacionados con enfermedades no transmisibles, el primero de  ellos<SUP>1</SUP> con factores del comportamiento y el segundo con riesgos  ambientales<SUP>2</SUP>, brinda una excelente oportunidad para desarrollar  algunas reflexiones acerca de las necesidades que tiene la salud pública de  reorientar su modelo de vigilancia. Coincidiendo de forma oportuna con la  propuesta del nuevo Real Decreto sobre Vigilancia de la Salud Pública que está  elaborando el Ministerio de Sanidad y Consumo, en colaboración con las  comunidades autónomas. Este decreto define la Red Nacional de Vigilancia como un  servicio de la administración sanitaria responsable de la identificación y el  control, en el tiempo oportuno, de los acontecimientos de salud pública, de  valorar el impacto de los programas de intervención y de proponer medidas para  su mejora. Aunque este sistema pretende ir más allá de las enfermedades  transmisibles al incorporar entre sus objetivos la vigilancia de los riesgos  medioambientales y de las enfermedades derivadas del trabajo, no plantea de modo  explícito las necesidades concretas de los procesos no transmisibles y sus  factores de riesgo.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Los sistemas de vigilancia de enfermedades  transmisibles y los sistemas de alerta temprana están teniendo en la Unión  Europea un importante desarrollo normativo en los últimos años. Desde 1996, en  que se adopta un programa de acción comunitario relativo a la prevención del  sida y otras enfermedades transmisibles<SUP>3</SUP>, hasta la creación en el año  2004 del Centro Europeo para la Prevención y Control de las  Enfermedades<SUP>4</SUP>, se han desarrollado y publicado normativas con el  objeto de armonizar la vigilancia de las enfermedades de origen infeccioso.  Durante estos últimos años se ha seguido haciendo hincapié en la vigilancia de  las enfermedades transmisibles y los sistemas de alerta temprana, debido a que  son procesos «exportables» y pueden suponer un riesgo potencial con  independencia de los límites geográficos de los estados. Paralelamente, los  responsables de la vigilancia en salud pública estamos siendo a la par  espectadores y actores del desarrollo de iniciativas de vigilancia relacionados  con las enfermedades no transmisibles que se escapan de una ordenación en el  conjunto del sistema.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El propósito más familiar de la vigilancia  es la rápida identificación de sucesos inusuales, epidemias o enfermedades  emergentes. En el caso de las enfermedades no transmisibles hemos tenido  recientemente en España un buen ejemplo con la ola de calor de 2003<SUP>5</SUP>.  Por otro lado, cada vez es más frecuente la necesidad de investigación de  agrupaciones de casos de cáncer en diferentes colectivos o en el ámbito  poblacional. Para esta función de detección es crucial contar con sistemas que  integren fuentes de información de rápida disponibilidad.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Otro papel importante de la vigilancia es  aportar evidencias de la distribución de las enfermedades y sus factores de  riesgo. El análisis sistemático de las tendencias de los problemas de salud  facilita la toma de decisiones para desarrollar estrategias de prevención y  control<SUP>6</SUP>. Actualmente, las enfermedades del corazón, las  cerebrovasculares, el cáncer, la diabetes mellitus, la enfermedad pulmonar  obstructiva crónica, las enfermedades crónicas del hígado y los accidentes  originan alrededor del 70% de la mortalidad en España. Otras enfermedades no  transmisibles, como el asma o los trastornos del comportamiento alimentario,  tienen una gran relevancia entre la población infantojuvenil y en los últimos  años ha sido clara la necesidad de desarrollar dispositivos para su vigilancia.  En España, la información sobre todos estos procesos se encuentra muy dispersa,  dado que la gestión de las principales fuentes de información y su análisis se  desarrollan desde diferentes estructuras. Las fuentes de datos pueden provenir  de estadísticas vitales, redes de médicos centinelas, registros de enfermedad,  encuestas de salud, altas hospitalarias, etc.<SUP>7</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>A su vez, no se suelen integrar múltiples  fuentes de información que nos proporcionen una visión global acerca de la carga  de la enfermedad y sus factores de riesgo. Uno de los retos para el futuro  desarrollo de la vigilancia de las enfermedades no transmisibles es generar  mecanismos que permitan integrar la información de diferentes fuentes para su  análisis por subgrupos poblacionales, e incluso de manera individual, a través  de la incorporación de una variable común de identificación única, como ya  ocurre en diversos países. Esto aportaría nuevos indicadores en los que basar  los programas y prioridades en salud pública.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>Gran parte de estas enfermedades está  relacionada con diversos factores de riesgo modificables, tanto de hábitos de  vida como ambientales. El consumo de tabaco, el consumo excesivo de alcohol, el  sedentarismo, la dieta desequilibrada, la obesidad o la hipertensión son  causantes de una gran carga de enfermedad<SUP>8,9</SUP>. La necesidad de  incorporar su vigilancia en los sistemas generales es evidente y hay un  creciente interés por incorporar entre los objetivos principales de los sistemas  de vigilancia los factores de riesgo<SUP>10</SUP>, especialmente en las  situaciones en que el descenso de los factores de riesgo precede en décadas a la  disminución de la presentación de la enfermedad. La información de base  poblacional sobre los factores de riesgo proviene, fundamentalmente, de  encuestas de salud generales. En el ámbito estatal, la Encuesta Nacional de  Salud iniciada en 1987, y repetida en 1993, 1995, 1997, 2001 y 2003, ha  permitido conocer la distribución sociodemográfica y el patrón temporal del  consumo de tabaco, consumo de alcohol y actividad física y, más recientemente,  la frecuencia de consumo de diversos alimentos. Las principales limitaciones de  esta fuente de información provienen de la imposibilidad desde 1993 de  desagregar los datos por comunidades autónomas y, dado que los apartados sobre  factores de riesgo conforman sólo una parte del cuestionario, no se pueden medir  y desarrollar en profundidad. Otras comunidades autónomas y grandes áreas  metropolitanas han desarrollado encuestas de salud propias donde los factores de  riesgo tienen contenido, aunque sólo unas pocas se han repetido en el tiempo. En  la Región de Murcia, por ejemplo, se han realizado estudios de base poblacional  sobre factores de riesgo cardiovascular que han permitido analizar su  evolución<SUP>11,12</SUP>. Sin embargo, los vacíos de información son todavía  enormes en áreas tan importantes como la vigilancia nutricional y de la  actividad física, teniendo en cuenta el gran incremento de la obesidad en  España<SUP>13</SUP>. En el desarrollo de estos sistemas habría que tener en  cuenta la incorporación de los factores socioeconómicos, ya que se ha demostrado  que son imprescindibles para comprender las relaciones entre la salud, los  factores de riesgo y las intervenciones.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>En cuanto a la vigilancia ambiental, y en  un momento de creciente interés en el que la toma de decisiones se desarrolla en  función de la evidencia, los responsables de políticas en materia de riesgos  ambientales precisan tener datos válidos, representativos y actualizados de sus  efectos en la salud pública. Son datos que van más allá de los ya clásicos  sistemas de vigilancia, como el Sistema Nacional de Aguas de Consumo Humano  (SINAC) o el Sistema de Información Nacional de la Calidad de las Aguas de Baño  (SINCAB), por citar sólo algunos. Así, en lo relativo a los efectos, hay una  serie de enfermedades relacionadas con el medio ambiente que convendría vigilar:  problemas reproductivos, dermatitis, enfermedades autoinmunes, renales y  neurológicas, etc.<SUP>14</SUP>. Conocer la magnitud de estos problemas daría  otra dimensión a la vigilancia en salud pública. En cuanto a los riesgos, se  trata de vigilar los riesgos específicos que interesan a la salud pública, como  es el caso de las redes de vigilancia palinológica, de aguas de consumo, aguas  recreativas y de seguridad alimentaria, así como de valorar y utilizar, con  criterios sanitarios, la información que proveen otras redes gestionadas desde  distintas instancias administrativas: contaminación atmosférica, temperatura y  otras variables meteorológicas, radiación ultravioleta, radiación ambiental,  etc.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La reciente experiencia del Sistema de  Información de los Efectos en Salud de la Contaminación  Atmosférica<SUP>15</SUP>, en la que han participado varias ciudades españolas,  es un ejemplo de la posibilidad de poner en marcha sistemas de vigilancia que  integran fuentes de información ambientales y sanitarias, en los que participan  de forma coordinada técnicos con distintos perfiles profesionales y que proveen  información acerca de los efectos en la salud de un riesgo ambiental, basada en  métodos contrastados y utilizando la evidencia científica más reciente. De  hecho, el desarrollo de este sistema se basó en los resultados de proyectos  multicéntricos de análisis de la contaminación atmosférica y los efectos en  salud, como APHEA<SUP>16</SUP>, en Europa, o EMECAM-EMECAS<SUP>17</SUP>, en  España.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>También cabría señalar que si en Estados  Unidos, a través del National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES),  son capaces de conocer las concentraciones de determinados contaminantes (116  entre metales, hidrocarburos aromáticos policíclicos, ftalatos, dioxinas y  furanos, PCB, fitoestrógenos, plaguicidas y desinfectantes) en una muestra  representativa de la población<SUP>18</SUP>, quizá ha llegado también el momento  de que en España se aborde esta vigilancia. La información tendría una gran  relevancia para orientar de manera adecuada los programas de vigilancia  ambiental y, complementariamente, serviría también para vigilar otros factores  de riesgo de enfermedades no transmisibles.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Aunque cada vez hay más interés en la  vigilancia de las enfermedades no transmisibles y se dispone de experiencias y  desarrollos puntuales de sistemas de vigilancia, no se ha llegado a elaborar aún  un marco que integre y coordine todos los esfuerzos, como ha sucedido con la  vigilancia de las enfermedades transmisibles. El reto para las instituciones de  salud pública de organizar sistemas de vigilancia para enfermedades no  transmisibles es inmenso. En primer lugar, porque requiere la integración «real»  de técnicos con diferentes perfiles profesionales, conocimientos y experiencia;  en segundo lugar, porque va a ser necesario un esfuerzo importante de  coordinación con instituciones de las cuales dependen sistemas de información  necesarios para la vigilancia en salud pública y, por último, va a ser necesario  el acceso a algunos sistemas de información en tiempo real y de manera  continuada, acceso que los que trabajamos en el ámbito de la salud pública  sabemos que es realmente difícil.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La estructura de salud pública en España  que trabaja en la vigilancia se ha desarrollado muy rápidamente en sólo 2  décadas. En pocos años nos hemos visto enfrentados de manera simultánea a  problemas que pertenecen a distintas «eras epidemiológicas», y la sociedad  necesita que dispongamos de sistemas que den respuesta también a los nuevos  procesos y riesgos que se presentan. La oportunidad que nos brinda el borrador  del Real Decreto para discutir el modelo de vigilancia en salud pública que  necesitamos es importante. Aprovechémosla.</FONT></P><FONT face=Arial size=2>     <p align="right"><b>Rosa  Ramírez Fernández    <br> José María Ordóñez Iriarte<SUP>    <br> </SUP></b><i>Instituto de Salud Pública. Dirección General de Salud Pública y      <br> Alimentación. Comunidad de Madrid. Madrid. España.</i></FONT>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P>&nbsp;</P>    <P><font face="Arial" size="2"><b>Bibliografía</b></font></P>    <p><FONT face=Arial  size=2>1. Galán I, Rodríguez-Artalejo F, Tobías A, Gandarillas A, Zorrilla B.  Vigilancia de los factores de riesgo de las enfermedades no transmisibles  mediante encuesta telefónica: resultados de la Comunidad de Madrid en el período  1995-2003. Gac Sanit. 2005;19:193-205.    <p>2. Ballester F. Vigilancia de riesgos  ambientales en Salud Pública. El caso de la contaminación atmosférica. Gac  Sanit. 2005;19:253-8.    <p>3. Diario Oficial de las Comunidades Europeas. Decisión  n.o 647/96/CE del Parlamento Europeo de 29 de marzo de 1996 por la que se adopta  un programa de acción comunitario relativo a la prevención del sida y de otras  enfermedades transmisibles en el marco de la acción en el ámbito de la Salud  Pública. DO L 95 de 16.4; 1996. p. 16-22.    <p>4. Diario Oficial de las  Comunidades Europeas. Reglamento (CE) n.o 851/2004 del Parlamento Europeo y del  Consejo de 21 de abril de 2004 por el que se crea un Centro Europeo para la  Prevención y Control de Enfermedades. DO L 142 de 30.4; 2004. p. 1-11.    <p>5.  Martínez F, Simón-Soria F, López-Abente G. Valoración del impacto de la ola de  calor del verano de 2003 sobre la mortalidad. En: Borrell C, García-Calvente MM,  Martí-Boscà JV, editores. Informe SESPAS 2004. Gac Sanit. 2004;18 Supl  1:250-8.    <p>6. Choi BC. Perspectives on epidemiologic surveillance in the 21st  Century. Chronic Dis Can. 1998;19:145-51.    <p>7. Remington PL, Goodman RA.  Chronic disease surveillance. En: Browson RC, Remington PL, Davis JR, editors.  Chronic disease epidemiology and control. 2nd ed. Washington: American Public  Health Association; 1998. p. 55-76.    <p>8. Mokdad AH, Marks JS, Stroup DF,  Gerberding JL. Actual causes of death in the United States, 2000. JAMA.  2004;291:1238-45.    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>9. Murray CJL, López AD. Global mortality, disability, and  the contribution of risk factors: global burden of disease study. Lancet.  1997;349:1436-42.    <p>10. Morabia A. Annotation: from disease surveillance to the  surveillance of risk factors. Am J Public Health. 1996;86:625-6.    <p>11. Tormo  MJ, Navarro C, Chirlaque MD, Moreno-Sueskun I. Factores de riesgo cardiovascular  en la Región de Murcia, 1992. Serie Informes n.o 20. Murcia: Consejería de  Sanidad y Asuntos Sociales; 1995.    <p>12. Cerezo J, Tormo MJ, Rodríguez M, Ortolá  J, Chirlaque MD, Navarro C. Tendencias de los principales factores de riesgo  cardiovascular en la Región de Murcia (1992-2002). Boletín Epidemiológico de  Murcia. 2004;25(654).    <p>13. Gutiérrez-Fisac JL, Regidor E, Banegas JR,  Rodríguez Artalejo F. Prevalencia de obesidad en la población adulta española:  14 años de incremento continuado. Med Clin (Barc). 2005;124:196-7.    <p>14. Lashof  JC, Mckone T, Grass R, Horton M, Lyou J, Needham L, et al. Strategies for  establishing an environmental health surveillance system in California: a report  of the SB 702 Expert Working Group [citado 8 Nov 2004]. Disponible en: <a target="_blank" href="http://www.catracking.com">www.catracking.com</a>    <p>15. Medina S, Plasencia A, Ballester F, Mucke HG, Schwartz  J, Apheis group. Apheis: public health impact of PM10 in 19 European cities. J  Epidemiol Community Health. 2004;58:831-6.    <p>16. Katsouyanni K, Touloumi G,  Spix C, Schwartz J, Balducci F, Medina S, et al. Short-term effects of ambiente  sulphur dioxide and particulate matter on mortality in 12 European cities:  results from time series data from the APHEA Project. Air Pollution and Health:  a European Approach. BMJ. 1997;314:1658-63.    <p>17. Ballester F, Iñiguez C, Sáez  M, Pérez-Hoyos S, Daponte A, Ordóñez JM, et al. Relación a corto plazo de la  contaminación atmosférica y la mortalidad en 13 ciudades españolas. Med Clin  (Barc). 2003;121:684-9.    <p>18. Centers for Disease Control and Prevention.  Second National Report on Human Exposure to Environmental Chemicals [citado 8  Nov 2004]. Disponible en: <a target="_blank" href="http://www.cdc.gov/exposurereport/">http://www.cdc.gov/exposurereport/</a></FONT>    ]]></body>
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