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<publisher-name><![CDATA[Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS)]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La acumulación de alteraciones genéticas y epigenéticas: un proceso causal clave entre el medio ambiente y las enfermedades de etiología compleja]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Accumulation of genetic and epigenetic alterations: a key causal process between the environment and diseases of complex etiology]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Autónoma de Barcelona Instituto Municipal de Investigación Médica ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <FONT face=Arial size=2>    <P align="center"><B>EDITORIAL</B></P> <hr color="#000000"> </FONT>     <P align="center"><B><font face="Arial" size="4">La acumulación  de alteraciones genéticas y epigenéticas:</font></B></P>    <P align="center"><B><font face="Arial" size="4">un proceso causal clave entre el medio  ambiente</font></B></P>    <P align="center"><B><font face="Arial" size="4">y las enfermedades de etiología compleja</font></B></P> <table border="0" width="100%">   <tr>     <td width="48%"></td>     <td width="4%"></td>     <td width="48%" valign="top"><FONT face=Arial size=2><B>(Accumulation of genetic  and epigenetic alterations: a key causal process between the environment and  diseases of complex etiology)</B></FONT>     </td>   </tr> </table> <FONT face=Arial size=2> <hr color="#000000"> </FONT>     <P><FONT face=Arial size=2>Una de las clasificaciones más útiles de las alteraciones genéticas relacionadas  con las enfermedades humanas las divide en 2 grandes tipos: alteraciones  genéticas adquiridas o somáticas y alteraciones genéticas heredadas o  germinales<SUP>1,2</SUP>. Dentro de estas últimas, distinguimos a su vez 2  tipos: las alteraciones de baja penetrancia y las de alta penetrancia. La  penetrancia de un gen describe la probabilidad de que la característica visible  que el gen controla -el fenotipo- se manifieste en la persona que es  portadora del gen<SUP>3</SUP>. Las alteraciones genéticas heredadas de  penetrancia alta pueden ser perjudiciales sin apenas necesidad de que concurran  factores externos, aunque sí participan factores endógenos<SUP>1-4</SUP>. En  cambio, las alteraciones de baja penetrancia necesitan, para manifestarse, la  participación de otros procesos, fundamentalmente ambientales. Decimos así que  las interacciones con el medio ambiente son <I>intrínsecas</I> al modo de  actuación de los genes de baja penetrancia: las alteraciones en estos genes  permanecen «silenciosas» o «mudas» hasta que algún factor externo las hace  «despertar» y expresarse<SUP>1-6</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Tanto desde una perspectiva de salud  pública como biológica son importantes 3 hechos:</FONT></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>1.</I> Suele haber una relación inversa  entre la frecuencia poblacional de una mutación genética deletérea y su  penetrancia: cuanta más penetrancia tiene una mutación menos frecuente es en la  población. Este hecho es asimismo aplicable a los haplotipos que revisan Moreno  et al<SUP>5</SUP> en este número de GACETA SANITARIA: incluso si el riesgo o la  susceptibilidad a una enfermedad que confiere un cierto haplotipo (debido, por  ejemplo, a 7 variantes genéticas diferentes) es alto, la probabilidad de tener  el haplotipo es baja. (Un haplotipo es un conjunto de alelos que se transmiten  conjuntamente en cada cromosoma de padres y madres a hijos. Un alelo es una  variante genética. Cada persona es portadora de 2 alelos, uno en cada copia del  cromosoma; cada alelo se hereda de padre y madre,  independientemente.)<SUP>2</SUP></font></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>2.</I> Puesto que son infrecuentes, las  alteraciones más penetrantes sólo causan una proporción pequeña de los casos de  las enfermedades más prevalentes en nuestras sociedades<SUP>1-4</SUP>. La  inmensa mayoría de estas enfermedades son el resultado de acumular durante años  alteraciones genéticas somáticas, tras complejas interacciones entre múltiples  genes, sus productos (sus proteínas) y una diversidad de procesos  socioambientales<SUP>5-8</SUP>; entre estos últimos podemos mencionar la  exposición crónica, a dosis generalmente bajas, a agentes químicos ambientales  (AQA), genotóxicos o no<SUP>7-10</SUP>.</font></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>3.</I> Los polimorfismos o variantes  genéticas de baja penetrancia causan una menor carga social de enfermedad que  factores ambientales como los AQA y el tabaco<SUP>3,4,9</SUP>.</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>Las distintas alteraciones mencionadas  pueden coactuar; por ejemplo, la <I>persistencia</I> de algunas mutaciones  somáticas puede estar influida por deficiencias en los sistemas de reparación de  ADN; una parte de esas deficiencias pueden tener un componente hereditario,  mientras que la mayoría probablemente se deberá a factores ambientales  evitables<SUP>10,11</SUP>. Las investigaciones sobre alteraciones genéticas  adquiridas y heredadas son, pues, complementarias, aunque muchos investigadores  estudien sólo las segundas.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las principales interacciones entre  factores ambientales y alteraciones genéticas adquiridas no suelen etiquetarse  <I>estadísticamente</I> de «interacción», pues se trata de un «efecto  principal»: el factor ambiental causa la alteración. Mas son genuinas  interacciones <I>físico-químicas</I> y <I>biológicas</I>. Y encuentran buen  acomodo metodológico en los nuevos modelos causales<SUP>12</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>A veces, las interacciones  genético-ambientales se restringen erróneamente a las alteraciones heredadas en  genes de baja penetrancia (un ejemplo típico son los polimorfismos en genes que  participan en la metabolización de xenobióticos)<SUP>1-8</SUP>. De modo que, en  contra de lo que es lógico -biológico- se elude analizar cómo ciertos  procesos ambientales interaccionan biológicamente con el material genético y  causan mutaciones<SUP>1-4,7,8</SUP>. La literatura científica abunda en ejemplos  de este sesgo cultural<SUP>13</SUP>. Así un editorial impecable<SUP>14</SUP>,  excepto en que las únicas interacciones ambientales que contempla son aquellas  con variantes genéticas heredadas de baja penetrancia. Las consecuencias de este  sesgo son graves, en especial la genetización y la privatización de los  riesgos<SUP>1,4,13,15,16</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>El estudio de interacciones entre factores  ambientales y variantes heredadas en genes de baja penetrancia <I>tiene</I>  interés; por ejemplo, puede identificar causas evitables de enfermar en  subgrupos de personas expuestas, o generar conocimientos  mecanísticos<SUP>3,4,11</SUP>. Los artículos que Gaceta Sanitaria publica a  continuación<SUP>5,6</SUP> son una introducción magnífica a metodologías  características -no exclusivas- de esos estudios. En ambos  artículos<SUP>5,6</SUP> son patentes:</FONT></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>1.</I> La creatividad  metodológica.</font></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>2.</I> La integración de conocimientos  genéticos, clínicos, matemáticos y epidemiológicos<SUP>12</SUP>.</font></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>3.</I> La superación de etapas en las  que sólo se estudiaban asociaciones con uno o pocos polimorfismos (superación,  por ejemplo, mediante el análisis simultáneo de múltiples <I>loci</I> y  múltiples haplotipos)<SUP>5</SUP>.</font></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>4.</I> La necesidad de verificar  asunciones como la del equilibrio de Hardy-Weinberg (EHW), que puede  incumplirse, por ejemplo, cuando hay selección de alelos a lo largo del tiempo,  un hecho plausible si un alelo se asocia con una enfermedad letal  temprana<SUP>6</SUP>, con una mayor longevidad<SUP>5</SUP> o con respuestas  adaptativas durante el desarrollo fetal, infantil o adulto<SUP>17</SUP>, entre  otras circunstancias. Ambos trabajos<SUP>5,6</SUP> se refieren al EHW, que  resulta de la aleatorización mendeliana<SUP>17</SUP>, es decir, del hecho que  cada alelo se hereda de padre y madre de modo <I>independiente</I>. Quizá  algunos diseños basados en la aleatorización mendeliana puedan superar problemas  de causalidad reversa típicos de los métodos  observacionales<SUP>17</SUP>.</font></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Contextualizar los artículos  mencionados<SUP>5,6</SUP> requiere asimismo esbozar las limitaciones que pueden  afectar a los estudios sobre variantes genéticas heredadas de baja penetrancia y  a algunos otros «estudios de asociación gen-enfermedad», bien sean limitaciones  intrínsecas a las hipótesis y a los métodos<SUP>3,14</SUP>, bien sean  dependientes del uso de los resultados, a saber:</FONT></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>1.</I> La alteración o variante genética  no se puede modificar, pues es heredada.</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Arial" size="2"><I>2.</I> Aunque la variante sólo modifica  el efecto de una exposición ambiental, suele decirse que la variante confiere  «susceptibilidad individual» lo que, sin ser falso, desplaza la responsabilidad  al individuo «susceptible» o «predispuesto», y dota al constructo de  «susceptibilidad genética» de un supuesto impacto clínico que casi nunca se  demuestra que posea.</font></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>3.</I> La socialización que  mayoritariamente se hace de los estudios silencia pues el efecto de las  exposiciones ambientales<SUP>1,13,16</SUP>.</font></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>4.</I> A menudo el efecto biológico en  el que influye una variante (por ejemplo, la metabolización de un tóxico) está  condicionado por otras variantes.</font></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>5.</I> Esta diversidad de mecanismos  mina el fundamento biológico de los análisis que se limitan a pocas variantes  genéticas y subraya la importancia de un análisis global del haplotipo.</font></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>6.</I> Algo parecido ocurre cuando no se  examinan los efectos conjuntos de las mezclas de exposiciones, tan habituales en  la realidad<SUP>9,18</SUP>.</font></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>7.</I>La variante genética influye de  forma débil en el fenotipo clínico<SUP>1-3</SUP>: los estimadores de la magnitud  de la asociación suelen rondar en décimas por encima de la unidad y la  diferencia de riesgos a lo largo de la vida entre los genotipos no se calcula  prácticamente nunca.</font></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>8.</I> El mismo polimorfismo puede tener  efectos beneficiosos en unos órganos y perjudiciales en otros (por ejemplo, el  genotipo «NAT2 acetilador lento» se ha asociado con una mayor probabilidad de  desarrollar un cáncer de vejiga urinaria en personas expuestas a aminas  aromáticas, que se desactivan por acetilación, y con una probabilidad  <I>menor</I> de presentar un cáncer de colon en expuestos a aminas  heterocíclicas, que se activan por acetilación)<SUP>3</SUP>.</font></P>     <P><font face="Arial" size="2"><I>9.</I> Los últimos 5 puntos (4 a 8)  repercuten asimismo sobre la escasa plausibilidad biológica y epidemiológica de  los cálculos sobre el riesgo poblacional atribuible a cada  genotipo<SUP>3,4</SUP>.</font></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Tanto en epidemiología molecular como en  otras áreas se suele subestimar la toxicocinética de las interacciones  genético-ambientales: los cambios en los flujos de exposición, absorción,  metabolización y excreción, de respuesta y de saturación a diferentes dosis y a  lo largo de la vida, las cambiantes interacciones exposición-exposición y  gen-gen, los mecanismos de equilibrio y compensación entre vías cocausales, de  reparación y regresión de lesiones, de muerte de células dañadas, etc. Todo ello  hace que muchos estudios sean ontológica y epistemológicamente  lábiles<SUP>12</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Las ciencias básicas han visto con asombro  que muchos animales transgénicos no expresan el fenotipo esperado; es más,  sobreexpresan y subexpresan decenas de genes que nadie creía relacionados con el  gen modificado<SUP>1,19</SUP>. En ello influye que muchas proteínas son  «redundantes»: unas pueden sustituirse por otras sin que cambie nada relevante.  Muy pocas mutaciones producen por sí solas cambios significativos en funciones  biológicas importantes<SUP>1,2,19</SUP>. Las células son pues sistemas  «robustos» y esta «robustez» hace que sólo aparezcan efectos significativos  sobre el fenotipo sano si se alteran varios conjuntos de genes a la  vez<SUP>1,2,19</SUP>. Un genotipo puede dar lugar a diferentes fenotipos, según  cuales sean las condiciones ambientales.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Arial size=2>Es posible que una cierta simpleza en el  planteamiento de sus hipótesis biológicas haya sido una de las razones del  relativo fracaso de los estudios sobre polimorfismos en genes metabolizadores y  en genes reparadores de ADN realizados hasta la fecha<SUP>3,20,21</SUP>. Hemos  tratado a los genotipos más como «exposiciones» estáticas que como fuentes  dinámicas de proteínas que a su vez son -siempre- componentes de  vías bioquímicas no menos dinámicas.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Quizá los estudios hayan adolecido de una  arquitectura -mejor dicho, una fisiología- demasiado endeble para las  hipótesis que pretendían sostener: han sido demasiado transversales (aunque  fuesen de tipo caso-control o incluso «de cohortes»), es decir, han dependido  demasiado de la medición de la exposición en un solo momento temporal y de una  única medición del efecto biológico (pensemos por ejemplo en los estudios sobre  aductos del ADN). Y apenas han tenido capacidad -ni pretensión- de  detectar variables mediadoras, procesos intermedios y efectos reversibles. Acaso  algunas de estas limitaciones apunten al corazón de la  epidemiología<SUP>4,12</SUP>. Pero es más verosímil que no sean inherentes al  método epidemiológico (afectan también a otras disciplinas); y que se superen  con más ambición en el «diseño del objeto» de los estudios, por utilizar la  bella expresión de Miettinen<SUP>12</SUP>, es decir, en la construcción  intelectual de las hipótesis y en la elección de métodos coherentes con  ellas.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Algunas de las <I>características  causales</I> de los genes de baja penetrancia son similares a las de algunas  alteraciones genéticas adquiridas; por ejemplo, una sola alteración genética  adquirida nunca es una causa suficiente de ninguna de las enfermedades más  prevalentes, aunque puede ser un paso intermedio necesario, dentro de un proceso  en el que lo más importante no es la incidencia de mutaciones (espontáneas las  hay constantemente a miles), si no la supervivencia, el crecimiento y la  <I>selección</I> de conjuntos de células (clones) que han acumulado múltiples  mutaciones<SUP>1,8</SUP>. Pero es menester subrayar 2 hechos. En primer lugar,  hay conocimientos sólidos sobre la relación causal que une a muchas mutaciones  adquiridas con enfermedades clínicas graves; por ejemplo, muchos cánceres y  mutaciones somáticas en los genes <I>K-ras</I> y <I>p53</I><SUP>2-5,8,11</SUP>.  Y en segundo lugar, también hay conocimientos fehacientes sobre la relación  causal entre muchas exposiciones ambientales y las alteraciones genéticas  adquiridas; por ejemplo, múltiples estudios de carcinogénesis química han  demostrado que mutaciones que activan oncogenes e inactivan genes supresores de  tumores y de reparación del ADN pueden ser causadas por la exposición prolongada  a agentes físicos y químicos frecuentes en el medio laboral<SUP>7,8</SUP>.  Aunque la naturaleza de las relaciones agente químico-mutación es  diversa<SUP>8,22-24</SUP>, el impacto social de estos hechos es potencialmente  enorme. ¿De ahí el miedo?<SUP>18</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>La biología contemporánea está reafirmando  de forma asombrosa la importancia de lo ambiental en la regulación de la  <I>expresión</I> de los genes. Muchas sustancias frecuentes en el ambiente  cotidiano pueden alterar la expresión de genes implicados en la reparación del  daño al ADN, en la diferenciación, en la apoptosis y en otros mecanismos de  control del ciclo celular<SUP>8-11,25</SUP>. Ello sucede en parte mediante  mecanismos <I>epigenéticos</I>, es decir, mediante cambios en la expresión  génica <I>que no están codificados directamente en la propia secuencia de  nucleótidos del ADN</I>; por ejemplo, silenciación del gen por hipermetilación  del ADN o por modificación de histonas<SUP>8,26-28</SUP>. En estos mecanismos  epigenéticos influyen exposiciones ambientales a metales pesados y otros  AQA<SUP>8,9,11,16</SUP>. Comprender las interacciones genético-ambientales exige  pues integrar mecanismos epigenéticos y mecanismos genéticos clásicos. Esos  conocimientos son asimismo potencialmente útiles para proteger el medio ambiente  y la salud pública; permiten, por ejemplo, monitorizar respuestas biológicas  precoces ante exposiciones laborales a dosis bajas<SUP>29</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Soslayar las causas ambientales de la  acumulación de alteraciones genéticas y epigenéticas adquiridas en las  enfermedades de etiología compleja es uno de los rasgos ideológicamente más  característicos, socialmente más relevantes y, sin embargo, con menos fundamento  científico de la biomedicina contemporánea<SUP>16</SUP>. Sin embargo, este sesgo  se puede corregir si las sociedades científicas fortalecen sus alianzas con las  organizaciones sociales comprometidas en la defensa de la salud pública y el  medio ambiente.</FONT></P>     <P><B><FONT face=Arial size=2>Agradecimientos</FONT></B></P>     <P><FONT face=Arial size=2>Agradecemos muy sinceramente a Miguel  Beato, Benedetto Terracini, Javier Llorca, Manuel Posada, Joan Alguacil, Núria  Malats, Jordi Sunyer y Jaume Marrugat sus aportaciones críticas y comentarios a  versiones anteriores de este artículo. Agradecemos asimismo las ayudas de la Red  Temática de Investigación Cooperativa de Centros de Cáncer (C03/10) y de la Red  Temática de Investigación Cooperativa de Centros en Epidemiología y Salud  Pública (C03/09), Instituto de Salud Carlos III.</FONT></P>    <P align="right"><FONT face=Arial size=2><b>Miquel Porta y Marta Crous</b></FONT>  </P>    <P align="right"><FONT face=Arial size=2><i>Instituto Municipal de Investigación  Médica    <br> y Universidad Autónoma de Barcelona.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </i><a href="http://www.imim.es/URECMC/esp.htm" target="_blank">http://www.imim.es/URECMC/esp.htm</a></FONT></P>    <P align="left"><font size="2" face="Arial"><b>Bibliografía</b></font></P>    <P align="left"><FONT  face=Arial size=2>1. Morange M. La part des gènes. Paris: Odile Jacob; 1998. (Traducción al inglés: The misunderstood gene. Cambridge, Mass.: Harvard  University Press; 2001).</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>2. Lewin B. Genes. 7.a edición. Nueva York: Oxford  University Press; 2000. p. 51-70, 748, 836, 1111, 1142, 1217-39.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>3. Vineis P.  Individual susceptibility to carcinogens. Oncogene. 2004;23:6477-83.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>4.  Khoury MJ, Burke W, Thomson E, editors. Genetics and public health in the 21st  century - using genetic information to improve health and prevent disease.  Oxford: Oxford University Press; 2000.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>5. Iniesta R, Guinó E, Moreno V.  Análisis estadístico de polimorfismos genéticos en estudios epidemiológicos. Gac  Sanit. 2005;19:334-42.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>6. Llorca J, Prieto-Salceda D, Combarros O,  Dierssen-Sotos T, Berciano J. Riesgos competitivos de muerte y equilibrio de  Hardy-Weinberg en estudios de casos y controles sobre asociación entre genes y  enfermedades. Gac Sanit. 2005;19:322-5.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>7. Poirier MC. Chemical-induced DNA  damage and human cancer risk. Nat Rev Cancer. 2004;4:630-7.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>8. Luch A. Nature  and nurture - lessons from chemical carcinogenesis. Nat Rev Cancer.  2005;5:113-25.</FONT></P>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT  face=Arial size=2>9. Porta M, Kogevinas M, Zumeta E, Sunyer J, Ribas-Fitó N.  Concentraciones de compuestos tóxicos persistentes en la población española: el  rompecabezas sin piezas y la protección de la salud pública. Gac Sanit.  2002;16:257-66.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>10. Shackelford RE, Kaufmann WK, Paules RS. Cell cycle  control, checkpoint mechanisms, and genotoxic stress. Environ Health Perspect.  1999;107 Supl 1:5-24.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>11. Porta M, Ayude D, Alguacil J, Jariod M. Exploring  environmental causes of altered ras effects: fragmentation plus integration?  Molec Carcinogenesis. 2003;36:45-52.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>12. Bolúmar F, Porta M. Epidemiologic  methods: beyond clinical medicine, beyond epidemiology. Eur J Epidemiol.  2004;19:733-5.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>13. Gould SJ. The hedgehog, the fox and the magister's pox:  mending the gap between science and the humanities. London: Vintage;  2004.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>14. Rebbeck TR, Martínez ME, Sellers TA, Shields PG, Wild CP, Potter  JD. Genetic variation and cancer: improving the environment for publication of  association studies (editorial). Cancer Epidemiol Biomarkers Prev.  2004;13:1985-6.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>15. Everett M. The social life of genes: privacy, property  and the new genetics. Soc Sci Med. 2003;56:53-65.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>16. Porta M. La influencia  del medio ambiente en la salud pública. Eidon - Revista de la Fundación de  Ciencias de la Salud. 2003;13:20-5 (citado 15 marzo 2005). Disponible en: <a href="http://www.fcs.es/fcs/esp/eidon/Introesp/eidon13/inicio.jsp" target="_blank">  http://www.fcs.es/fcs/esp/eidon/Introesp/eidon13/inicio.jsp</a></FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>17. Davey Smith  G. Cochrane lecture. Randomised by (your) god: Robust inference from an  observational study design (en prensa). J Epidemiol Community Health.  2005.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>18. Porta M. Abre los ojos, sin miedo. Por una pedagogía científica  culturalmente sostenible. WorldWatch. 2004;22:12-3.</FONT></P>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT  face=Arial size=2>19. Bailey JE. Lessons  from metabolic engineering for functional genomics and drug discovery. Nature  Biotechnol. 1999;17:616-8.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>20. Vainio H. Genetic biomarkers and occupational  epidemiology-recollections, reflections and reconsiderations. Scand J Work  Environ Health. 2004;30:1-3.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>21. Caporaso NE. Why have we failed to find the  low penetrance genetic constituents of common cancers? Cancer Epidemiol  Biomarkers Prev. 2002;11:1544-9.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>22. Vogelstein B, Kinzler KW. Carcinogens  leave fingerprints. Nature. 1992;355:209-10.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>23. Vineis P, Malats N, Porta M,  Real FX. Human cancer, carcinogenic exposures and mutational spectra. Mutation  Research. 1999;436:185-94.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>24. Alguacil J, Porta M, Malats N, Kauppinen T,  Kogevinas M, Benavides FG, et al. Occupational exposure to organic solvents and  K-ras mutations in exocrine pancreatic cancer. Carcinogenesis.  2002;23:101-6.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>25. Amin RP, Hamadeh HK, Bushel PR, Bennett L, Afshari CA,  Paules RS. Genomic interrogation of mechanism(s) underlying cellular responses  to toxicants. Toxicology. 2002;181-2:555-63.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>26. Feinberg AP, Tycko B. The  history of cancer epigenetics. Nat Rev Cancer. 2004;4:143-53.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>27. Jaenisch R,  Bird A. Epigenetic regulation of gene expression: how the genome integrates  intrinsic and environmental signals. Nat Genet. 2003;33 Supl:245-54.</FONT></P>    <P><FONT  face=Arial size=2>28.  Herman JG, Baylin SB. Gene silencing in cancer in association with promoter  hypermethylation. N Engl J Med. 2003;349:2042-54.</FONT></P>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT  face=Arial size=2>29. Joo WA, Sul D, Lee DY,  Lee E, Kim CW. Proteomic analysis of plasma proteins of workers exposed to  benzene. Mutat Res. 2004;558:35-44.</FONT></P>     ]]></body>
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