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</front><body><![CDATA[ <FONT face=Arial size=2>    <P align="center"><B>OPINIÓN</B></P> <hr color="#000000"> </FONT>     <P align="center"><B><font face="Arial" size="4">Algunas  vertientes <I>prácticas</I> de las guías de práctica clínica</font></B></P>    <P align="center"><FONT face=Arial size=2><b>Carlos  Campillo-Artero</b>    <br> Subdirección de evaluación asistencial. Servei  Balear de la Salut. Palma de Mallorca. Baleares.  España.</FONT> </P>    <P align="right"><font face="Arial" size="2"><b>(Some practical features of clinical <i> practice</i>  guidelines)</b></font></P> <hr color="#000000">     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Bastante se ha escrito y debatido hasta la fecha sobre las guías de práctica  clínica (GPC). No es intención de este artículo repetir lo que ya se ha  consignado en el plano teórico, sino verter algunos comentarios eminentemente  prácticos sobre los peligros que amenazan su elaboración, selección,  implantación, utilización y evaluación en España.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Cuando se analiza la elaboración, difusión  y adopción de GPC se encuentra un primer contrapunto del que, salvando las  debidas distancias, se pueden extraer algunas enseñanzas y detectar diversos  peligros: la miríada de programas y protocolos elaborados en la última década en  atención primaria y de vías clínicas en atención especializada. Desde el punto  de vista cuantitativo, basta con medir el número de programas y protocolos de  los servicios incluidos, como en la Cartera de Servicios de Atención Primaria  del Insalud vigente hasta el 31 de diciembre de 2001 (p. ej., el Programa del  niño sano, el Programa de atención al anciano, el Protocolo del alcoholismo o el  Protocolo de la hipertensión arterial) o el de las vías clínicas sobre un mismo  proceso contempladas en los apartados de calidad de los contratos de gestión de  los hospitales<SUP>1</SUP>. En lo que atañe a las GPC, las primeras evaluaciones  realizadas en el seno del proyecto GUÍASALUD (integrado por técnicos  representantes de todas las comunidades autónomas y uno de cuyos fines es la  creación de un registro nacional activo de guías de práctica  clínica)<SUP>2</SUP> ofrecen resultados congruentes con lo anterior: la cifra de  documentos encontrados en España que llevan el marbete <I>Guía de práctica  clínica</I> supera hoy los 400 (GUÍASALUD, comunicación personal,  2004).</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Desde el punto de vista cualitativo, hay  que poner de relieve las notables deficiencias de estructura de muchos  protocolos, programas, vías y guías clínicas, así como la elevada variabilidad  observada en su formato, ordenación de la información, objetivos, actividades y  modelos de evaluación. Gascón Casanovas et al publicaron hace tiempo un  acendrado trabajo -probablemente aún vigente- sobre estos aspectos en el  ámbito de la atención primaria, y en el marco del proyecto GUÍASALUD se está  haciendo respecto de las GPC<SUP>2,3</SUP>. Además, las revisiones que se han  hecho de las guías de práctica clínica elaboradas en España (en buena parte en  el seno de los proyectos GUÍASALUD) revelan que muchas de ellas no lo son  <I>stricto sensu</I>; pretenden serlo, pero incumplen buena parte de los  requisitos necesarios para ser consideradas como tales<SUP>2</SUP>. No superan,  por ejemplo, el escrutinio de instrumentos de evaluación consensuados y  empleados por la comunidad internacional, como el Appraisal of Guidelines for  Research &amp; Evaluation (AGREE)<SUP>4</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>No es ocioso destacar la ausencia en  nuestro país de evaluaciones rigurosas de la efectividad y la eficiencia  pretendidas con los objetivos y las pautas contenidos en dichos documentos. Este  aspecto cobra especial relevancia cuando las comunidades autónomas que han  recibido las competencias sanitarias hace apenas 2 años se siguen preguntando  qué guías han de implantar, cómo han de hacerlo o qué cambios deben introducir  para mejorar las disponibles (y la realidad no es muy diferente en las  comunidades que recibieron las competencias sanitarias hace más tiempo). A pesar  de ello, ya se han dado los primeros pasos en esta línea, entre los cuales  destacan algunos proyectos de alcance nacional, como GUÍASALUD (<a href="http://www.guiasalud.es" target="_blank">http://www.guiasalud.es</a>) y REDeguías (<a href="http://www.redeguias.net" target="_blank">http://www.redeguias.net</a>), en los cuales  se ha comenzado a elaborar registros de documentos que cumplen criterios  claramente definidos de GPC, a analizar sus características y las barreras que  dificultan su implantación, y a evaluar cambios en la práctica de los  profesionales derivados de su adopción, entre otros objetivos<SUP>2</SUP>. Estos  proyectos, junto con las experiencias de otros países -véase, por ejemplo,  los trabajos de la Canadian Health Services Research Foundation  (http://www.chsrf.ca) o el Health Services Research and Development Service de  la Veterans Administration (<a href="http://www.hsrd.research.va.gov" target="_blank">http://www.hsrd.research.va.gov</a>)- son una  valiosa experiencia que debe ser tenida en cuenta.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=arial,helvetica size=2>Hasta la fecha, la mayor parte de los  esfuerzos realizados con GPC se han dirigido -y a veces dilapidado- a la  estructura (elaborar e implantar programas, protocolos, vías y guías), pocos al  proceso y menos aún a la evaluación de resultados de estas tecnologías, otro  contrapunto digno de mención. Entiéndase que programas, protocolos, vías y guías  son tecnologías en virtud de las definiciones de tecnología médica acuñadas por  la Organización Mundial de la Salud y la Office for Technology Assessment de  Estados Unidos<SUP>5</SUP>. Por añadidura, la precariedad del trabajo realizado  se ha visto reforzada por el tipo de indicadores prodigados en los contratos de  gestión o contratos-programa, tanto en atención primaria como en especializada,  toda vez que, <I>de iure</I> y <I>de facto</I>, los objetivos marcados en ellos,  su evaluación y los consiguientes incentivos con frecuencia se circunscriben al  número de servicios o prestaciones respaldados por programas o protocolos en  atención primaria y al de vías clínicas, guías o procesos implantados en los  hospitales, sin apelar siquiera a los resultados de salud concretos que de ellos  se esperan.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>No hay que llevarse a engaño conformándose  o creyendo que la mera adopción de programas, protocolos y vías clínicas, o de  guías de práctica clínica -por qué iban a ser éstas una excepción-, sea  de antemano un garante de su efectividad y eficiencia. Ambas dependen de muchos  otros elementos, como la medida en que realmente están respaldadas por pruebas  científicas, el grado en que se adaptan a las peculiaridades y a la capacidad  organizativas del lugar de implantación, la factibilidad y viabilidad de las  pautas, recomendaciones, medidas o prestaciones que incluyen, la experiencia  acumulada en el uso de otras guías o protocolos, el que se acompañen o no de  incentivos de diversa naturaleza, y un largo etcétera<SUP>6,7</SUP>. Tampoco  hemos de ser ilusos ni contentarnos con seguir espoleando la tendencia, a veces  atolondrada, al «cuantos más documentos tengamos elaborados, mejor», sin reparar  en el rigor de su contenido, la variabilidad entre el mismo tipo de documentos  ya implantados o la factibilidad de su implantación, seguimiento y evaluación.  Recuérdese a este respecto la norma técnica mínima del Insalud, que obligaba a  disponer en cada una de las gerencias de atención primaria de un programa o  protocolo que respaldara todos y cada uno de los servicios incluidos en la  cartera, y valórese, además, cuántos de ellos se evaluaron a la postre con un  mínimo rigor. Repetir esta actuación sería imperdonable, pero todo parece  indicar que con las GPC podemos estar incurriendo de nuevo en el mismo error que  con protocolos y programas en atención primaria.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Acaso sea útil confiar alevosamente una  sospecha a modo de carnaza para el debate. Los problemas consignados quizá sean  en parte tributarios de una tendencia a adoptar nuevas tecnologías (guías,  protocolos, modelos de gestión clínica, procesos, institutos, etc.) de forma más  o menos inopinada, sin conocerlas cabalmente y en profundidad, con precipitación  y con un sentido de inmediatez, como por mimetismo compulsivo («Otros los hacen,  pues nosotros también y pronto»), y sin analizar a fondo las circunstancias y el  lugar donde se van a implantar, el interés y la formación reales de los que se  van a responsabilizar de ello, ni si se dispone o no de los recursos necesarios.  No olvidemos tampoco que a veces se soslayan los resultados de las evaluaciones  de su efectividad y eficiencia procedentes de otros lugares (¿abundan?) y que a  menudo confundimos medios con fines<SUP>8</SUP>. Las guías clínicas, los  protocolos, los programas o los planes son medios con los cuales se pretende  introducir cambios, modificar alguna parcela de la realidad, obtener algún  resultado prefijado, no fines en sí mismos.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Además, deberíamos ser cautos antes de  implantar en nuestro ámbito de trabajo guías elaboradas por otros en otro lugar  -aunque correspondan a la de una o más sociedades científicas nacionales o  extranjeras- sin escrutar previamente su viabilidad en las condiciones  específicas en que se van a emplear, actualizarlas, valorar la idoneidad de  introducir alguna modificación para responder a imperativos locales de  organización, programación o coordinación, ni estimar la necesidad de adaptarlas  a la disponibilidad de recursos humanos y materiales del entorno  concreto.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Disponer de todo ello cuesta dinero y  consume bastante tiempo de muchos profesionales que, a buen seguro, tienen otra  actividad como principal ocupación. Usufructuar el voluntarismo de los demás no  está bien, pero abusar de él es una conducta reprochable que resta autoridad  moral a los directivos. Si las gerencias y los equipos directivos deciden  utilizar GPC, han de estar seguros con antelación de que pueden proporcionar el  respaldo organizativo, económico y metodológico necesario para garantizar su  uso, porque su implantación, seguimiento y evaluación consumen recursos de  diversa índole. Tampoco deben conformarse con la implantación de estas  tecnologías. ¿Cuántos de estos documentos han acabado reposando en los anaqueles  de las librerías de nuestros despachos? ¿Cuántos los pusieron sobre la mesa de  su consulta tras recibir el aviso de la inminente llegada del auditor? Además,  en lugar de las frecuentes atribuciones gratuitas (y, por consiguiente, falaces)  de su efectividad, eficiencia, o de ambas, habríamos de hacer los esfuerzos  necesarios para sustentarlas, implantarlas, controlarlas, así como para evaluar  con rigor si realmente sirven para alcanzar los objetivos marcados en mayor o  menor medida.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>En suma, parece haber un parangón entre lo  apuntado en diversas publicaciones en relación con las GPC y las conclusiones  que se extraen al reflexionar sobre lo ocurrido con programas, protocolos y vías  clínicas en el vasto campo de pruebas del Sistema Nacional de Salud. Y ello se  ha producido a despecho de que, en principio, con las guías se pretende, entre  otras cosas, alcanzar objetivos frustrados con programas y protocolos (reducir  la variabilidad injustificada en la práctica clínica, adoptar las tecnologías  cuya efectividad está respaldada suficientemente por pruebas científicas, etc.)  y de que, por definición y a diferencia de estos últimos, los métodos para  elaborar las GPC deberían ser sistemáticos y tener en cuenta esas pruebas, so  pena de ponernos en evidencia.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Resta preguntar si las consejerías de  sanidad y las gerencias de atención primaria y especializada de sus servicios de  salud tienen y deben desempeñar algún papel con miras a subsanar estas  deficiencias. Tal vez las nuevas versiones de los planes de salud y de los  planes estratégicos y de gestión de ambos ámbitos de la atención sanitaria hayan  de incluir un apartado, si no lo contienen ya, para prescribir medidas dirigidas  a evitar o minimizar de algún modo los problemas que ya parecen estar planteando  las GPC. Los contratos de gestión -con sus incentivos apendiculares de mayor  o menor contenido- podrían constituir una herramienta útil adicional que no  deba descartarse para contribuir, mediante la elaboración, la implantación y la  evaluación de las las GPC, entre otras cosas, a reducir la variabilidad  observada en la práctica clínica, mejorar la gestión de procesos y la  coordinación entre atención primaria y especializada, potenciar la  ambulatorización y, en definitiva, a fomentar la evaluación de resultados y la  práctica clínica basada en pruebas científicas. Eso sí, a este último recurso yo  sólo acudiría tras cerciorarme de que dichos contratos de gestión gozan de  predicamento y confianza entre los gestores y los profesionales, lo cual, seamos  honestos, no siempre ocurre.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>Los esfuerzos encaminados a mejorar la  situación también podrían caer en un erial si no se fortalece la coordinación  entre comunidades autónomas e internacional, no vayamos a incurrir en un  «síndrome de la torre de Babel», lo que sin duda actuaría como garante de la  variabilidad a priori, repercutiría en la atención de los pacientes, y reduciría  el interés y la confianza de los que están dispuestos a hacer y de los que ya  han hecho un trabajo riguroso y honesto al respecto. A veces las pretensiones  políticas, académicas y gerenciales están algo alejadas de la práctica clínica  cotidiana.</FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2><B>Conflictos de interés</B></FONT></P>     <P><FONT face=arial,helvetica size=2>El Servei Balear de la Salut no comparte  necesariamente las opiniones contenidas en este artículo, cuya responsabilidad  corresponde exclusivamente a su autor.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>    <br> <font face="arial,helvetica" size="2"><b>Bibliografía</b></font></P>     <!-- ref --><P><FONT face=Arial  size=2>1. Instituto Nacional de la Salud. Cartera de Servicios de Atención  Primaria. Definiciones, criterios de acreditación, indicadores de cobertura y  normas técnicas mínimas. Madrid: Insalud; 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2359106&pid=S0213-9111200500050000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>2. Guía salud. Análisis del  cuestionario sobre «Implantación y utilización de guías de práctica clínica:  instrumentos, recursos y redes». Documento de trabajo n.º 17. Barcelona:  Fundación Salud Innovación y Sociedad, 2003. Disponible en: <a href="http://www.fundsis.org/Actividades/publicaciones/Documento%20de%20trabajo%2017.pdf" target="_blank">http://www.fundsis.org/Actividades/publicaciones/Documento%20de%20trabajo%2017.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2359107&pid=S0213-9111200500050000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>3.  Gascón Casanovas JJ, López Montesinos MJ, Gaona Ramón JM, Saura Llamas J,  Saturno Hernández PJ. Evaluación de la calidad de los denominados «protocolos  clínicos» de atención primaria elaborados en la Comunidad Autónoma de Murcia.  1999;23:204-10.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2359108&pid=S0213-9111200500050000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>4. The AGREE Collaboration. Appraisal of Guidelines for  Research &amp; Evaluation (AGREE) Instrument. London: The AGREE Collaboration;  2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2359109&pid=S0213-9111200500050000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>5. Office of Technology Assessment. Assessing the efficacy and safety  of medical technologies. Washington, DC: US Government Printing Office;  1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2359110&pid=S0213-9111200500050000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>6. Field MJ, Lohr KN. Guidelines for clinical practice. From  development to use. Washington, DC: Institute of Medicine, National Academy  Press; 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2359111&pid=S0213-9111200500050000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>7. Banta HD, Luce B. Health care technology and its assessment.  An international perspective. New York: Oxford University Press; 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2359112&pid=S0213-9111200500050000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>8.  Grimshaw JM, Thomas RE, MacLennan G, et al. Effectiveness and efficiency of  guideline dissemination and implementation strategies. Health Technol Assess.  2004;8:1-74.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2359113&pid=S0213-9111200500050000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P><i>Correspondencia</i>: Carlos Campillo-Artero.    <br> Subdirección de evaluación asistencial.    <br> Servei Balear de la Salut.    <br> Reina Esclaramunda, 9. 07003 Palma de Mallorca.    <br> Baleares. España.    <br> Correo electrónico: <a href="mailto:campillo@ocea.es">campillo@ocea.es</a></P>     <P><i>Recibido</i>: 26 de agosto de 2004.    <br> <i>Aceptado</i>: 9 de mayo de 2005.</P> </FONT>     ]]></body><back>
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