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</front><body><![CDATA[ <FONT face=Arial size=2>    <p align="center"><B>CARTAS AL DIRECTOR</B></p> <hr color="#000000"> </FONT>     <p><B><font face="Arial">Desde los AINE «recomendados» a la recomendación de los  AINE    <br> </font></B></p><FONT face=Arial size=2></FONT>     <p><FONT face=arial,helvetica size=2><I>Sr. Director:</I></FONT></p>     <p><FONT face=arial,helvetica size=2>La carta de Rosich y Soler sobre el  comentario de uno de nosotros<SUP>1</SUP> a su sugestivo trabajo<SUP>2</SUP>  tiene diversos aspectos de interés en el debate sobre políticas farmacéuticas y  gestión de la prescripción. En primer lugar, la pregunta sobre los motivos de la  imposición de visado a los coxib por el Ministerio de Sanidad y Consumo (MSC) en  julio de 2002, cuando el consumo de estos fármacos había sufrido un importante  descenso tras la alerta de septiembre de 2001, lleva -más allá de los datos  de consumo- a especular sobre los componentes políticos de algunas medidas.  El MSC tomó esta decisión en un contexto de conflicto de competencias con la  Junta de Andalucía (comunidad que impuso previamente el visado de los coxib en  su territorio, decisión recurrida en los tribunales por el MSC, y recientemente  resuelta de forma favorable a la Junta) y de negociación para que la Ley de  Cohesión tuviera un apoyo mayoritario en el Congreso. Como posteriormente se ha  vivido una situación paralela, a propósito del visado de los antipsicóticos  atípicos, quizá valga la pena señalar que deberían diferenciarse los visados  derivados del perfil de seguridad de un determinado fármaco (p. ej., la  talidomida), que probablemente deban ser competencia estatal, de los visados  derivados de la utilización inadecuada de un fármaco en un contexto concreto,  que formalmente son una medida de gestión y que podría imponerse en un solo  territorio, o a un solo centro de salud, incluso a facultativos individuales. La  gestión de la prescripción en el Sistema Nacional de Salud, si quiere ser  gestión, debe poder tomar medidas para intervenir sobre la prescripción  inadecuada en un contexto local, y el visado (aunque sus inconvenientes y escasa  capacidad educativa lo puedan convertir en un recurso de excepción) es una de  estas posibles medidas.</FONT></p>     <p><FONT face=arial,helvetica size=2>Sobre el impacto de las alertas,  coincidimos en que apenas existen -y se echan de menos- estudios al  respecto. Los más frecuentes trabajos en Estados Unidos muestran una discreta  efectividad para estas medidas, pero tanto el tipo de alerta como el contexto  son demasiado diferentes. Es cierto que en algunos casos -por ejemplo, las  alertas sobre la terapia hormonal sustitutiva vinculadas a la identificación de  nuevos riesgos en megaensayos recientes- sí que ha habido una importante  reducción del consumo<SUP>3</SUP>, pero resulta imposible aislar el efecto del  alerta del efecto de la publicación del propio estudio clínico y el debate  científico asociado y, en casos como el comentado, de la difusión al público de  este debate a través de los medios de comunicación.</FONT></p>     <p><FONT face=arial,helvetica size=2>Tampoco hay demasiados estudios, en el  entorno español, que hayan evaluado la adecuación de la prescripción de coxib.  Rocamora Batallo y Vallano Ferraz<SUP>4</SUP> encontraron un 72% de inadecuación  respecto a las indicaciones autorizadas y un 100% de casos que podría haber sido  manejado con un fármaco alternativo<SUP>4</SUP>, aunque las características de  este estudio (realizado en una sola farmacia, ámbito rural, con un número mínimo  de pacientes y previo a la entrada en vigor del visado) lo hace poco  generalizable. Los datos preliminares aportados en la carta de Rosich y Soler  sugieren que todavía se mantiene un grado de inadecuación significativo en el  manejo de los coxib (el 17% de los 234 pacientes en tratamiento con celecoxib en  2005 en el Alt Penedès-Garraf tenían alguna contraindicación cardiovascular).  Pero también hay que ver la distancia con la situación de 2001: en el trabajo  origen de este debate<SUP>2</SUP> pueden estimarse en más de 2.000 las personas  que tomaban algún coxib antes del alerta del MSC (y la intervención educativa  desarrollada por sus autores), de modo que el impacto poblacional de este  problema, en número de pacientes afectados, se ha reducido  considerablemente.</FONT></p>     <p><FONT face=arial,helvetica size=2>Finalmente, una preocupación. Las políticas  de contención del gasto en antiinflamatorios no esteroideos (AINE) usan  indicadores de prescripción -a veces asociados a incentivos económicos-  como el «porcentaje de AINE recomendados» utilizado por Rosich et al<SUP>2</SUP>  (aún de uso generalizado como indicador de supuesta calidad de la prescripción).  Este uso muestra que muchos de los intentos de «racionalizar» el uso de coxib ha  sugerido que otros AINE -especialmente los derivados del ácido  propiónico- eran menos problemáticos. En la <a href="/img/revistas/gs/v19n6/138v19n06-13082799tab01.gif" target="_blank"> figura 1</a> se muestra la evolución  -en dosis diarias definidas por 1.000 habitantes y día (DHD)- del  consumo de AINE por grupos terapéuticos en los últimos 5 años en la Comunidad  Valenciana. Puede observarse que la reducción del consumo de coxib ha ido  acompañada de un notable crecimiento del uso de derivados del ácido propiónico  (de hecho, este grupo ha tirado del consumo global de AINE que, en DHD, ha  crecido algo más del 30% en dicho período). Es plausible que este incremento  -y pese a la prescripción en asociación con «prazoles»- esté teniendo un  importante impacto en términos de hemorragias digestivas (y mejor no pensar en  el impacto cardiovascular de confirmarse, como algunos estudios  apuntan<SUP>5</SUP>, que -al menos algunos- derivados del ácido  propiónico y otros AINE también podrían incrementar el riesgo cardiovascular).  Es posible que las Administraciones sanitarias y determinados colectivos hayan  librado (y ganado) la «batalla» de los coxib en el Sistema Nacional de Salud,  pero parece que para ello se han preocupado más de qué AINE se debería  prescribir (derivado del propiónico, genérico, en denominación común  internacional, etc.), que de si se debería prescribir o no un AINE. Quizá, a la  vista de los datos de consumo y las nuevas informaciones sobre  seguridad<SUP>5</SUP>, sea tiempo de repensar estos indicadores y trasladar la  discusión desde los AINE «recomendados» a la recomendación de los  AINE.</FONT></p>     <p><FONT face=arial,helvetica size=2>Conflicto de intereses: Ninguno en relación  con este trabajo.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </FONT></p> <FONT face=Arial size=2>    <p align="right"><b>Salvador Peiró<SUP>a</SUP>  / Pedro Cervera<SUP>b</SUP></b><SUP>    <br> <i> a</i></SUP><i>Escuela Valenciana de Estudios de la Salud. Valencia.  España.<SUP>    <br> b</SUP>Servicio de Farmacia de Atención Primaria del Área 12.  Agencia    <br> Valenciana de la Salud. Valencia. España.    <br> Correo electrónico: <a href="mailto:peiro_bor@gva.es">peiro_bor@gva.es</a>&nbsp;</i></FONT>  </p>    <p>&nbsp;  </p>    <p><font face="arial,helvetica" size="2"><b>Bibliografía</b></font>  </p>     <p><FONT face=Arial size=2>1. Peiró S. Comentario: complejidades en la evaluación de intervenciones complejas. Gac  Sanit. 2005;19:234-7.</FONT> </p>     <p><FONT face=Arial size=2>2. Rosich I, Soler M, Tomàs R, Crusat MD. Utilización de coxibs: una estrategia de intervención en la atención primaria. Gac Sanit. 2005;19:229-34.</FONT> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><FONT face=Arial size=2>3. Majumdar SR, Almasi EA, Stafford RS. Promotion and prescribing of hormone therapy after report of harm by the Women's Health Initiative. JAMA. 2004;292:1983-8.</FONT> </p>     <p><FONT face=Arial size=2>4. Rocamora Batalla M, Vallano Ferraz A. Utilización inadecuada de los AINE inhibidores selectivos de la Cox-2. Aten  Primaria. 2002;29:122.</FONT> </p>     <p><FONT face=Arial size=2>5. Hippisley-Cox J, Coupland C. Risk of myocardial infarction in patients taking cyclo-oxygenase-2 inhibitors or conventional non-steroidal anti-inflammatory drugs: population based nested case-control analysis. BMJ. 2005;330:1366.</FONT> </p>      ]]></body>
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