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<institution><![CDATA[,Escuela Andaluza de Salud Pública Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <P align="right"><B><font face="Verdana" size="2">IMAGINARIO COLECTIVO</font></B></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana" size="4">Calidad, calidad y calidad</font></B></P>     <P><B><font face="Verdana" size="4">Quality, quality and quality</font></B></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana" size="2"><b>José Luis Bimbela  Pedrola</b></font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública,  Escuela Andaluza de Salud Pública, Granada,  España.</font></P>     <P>&nbsp;</P>    <P></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><I><FONT face=Verdana size=2>Perdón imposible, que cumpla su  condena    <br> Perdón, imposible  que cumpla su condena</FONT></I><FONT face=Verdana size=2>    <br> José Antonio Millán<SUP>1</SUP></FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><FONT face=Verdana size=2>¿Qué hay en el imaginario colectivo sobre  la calidad?, ¿qué piensa la gente?, ¿y los pacientes?, ¿qué piensan los  sanitarios cuando hablan de calidad?, ¿y los directivos de los servicios de  salud? La verdad es que llevamos ya unos cuantos años llenando nuestra cabeza,  nuestros papeles, nuestro día a día, con la palabra calidad. Casi parece una  invocación mágica. Como si al pronunciarla repetidamente sus maravillosos  efectos se extendieran como polvo de estrellas por todos los poros de nuestros  proyectos y nuestras intervenciones. La verdad es que me encanta que este  concepto, esta idea esté tan de moda. Con el paso del tiempo, uno acaba pensando  que una de las (pocas) revoluciones aún posibles es la de la calidad. Calidad a  la hora de atender a los pacientes, calidad a la hora de relacionarse con los  compañeros, los equipos, los jefes y los subordinados. Calidad a la hora de  escribir un artículo para enviar a una revista con impacto. Calidad, calidad y  calidad.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>La duda que me asalta entonces en este  universo con tanta calidad, es: ¿por qué en salud pública nos movemos aún, en  algunos temas, en una cutrez (<I>cutre</I>: mísero, descuidado, de baja calidad,  pobretón, según la Real Academia Española) tan llamativa? Por ejemplo, está  causando sorpresa que un número importante de médicos no siga las sugerencias,  protocolos y normas que instituciones y sociedades científicas muy bien  intencionadas les proponen. ¿Acaso no hemos aprendido aún, después de años  trabajando el tema del cumplimiento terapéutico, que para intervenir y provocar  cambios duraderos en el comportamiento humano -más complejo que cualquier  virus, como nos recordó Mann hace décadas- es imprescindible (repito,  im-pres-cin-di-ble) llevar a cabo previamente un diagnóstico conductual de  calidad? Igual que haríamos antes de una intervención clínica. Pensar que un  paciente, o un médico, va a modificar sus conductas y sus hábitos a base de  «<I>bla, bla, bla</I>» (recomendaciones, sugerencias, advertencias) es como  utilizar, hoy día, un microscopio del xix: pasado, viejo, obsoleto, de muy poca  calidad.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>¿Y qué decir de la tan nombrada y tan poco  actuada «gestión de las emociones» (de las propias y de las ajenas)? Se siguen  explicando conductas sobre la base de etiquetas («No se toma la medicación  <I>porque es un inconsciente»</I>), cuando dichas etiquetas se habían utilizado  sólo para ahorrarse saliva y no tener que describir todas las conductas que  hacía el paciente; se continúan llenando los dichos y los hechos de palabras tan  «mejorables» (de tan poca calidad) como <I>siempre, todo, nunca, nada, jamás,  imposible</I>; se sigue dando por supuesto lo que los demás piensan o las  razones de sus conductas sin tener pruebas «de calidad» de ello («Éste <I>debe  pensar</I> que soy tonto y no me entero», «Seguro que <I>lo que quiere</I>  es...») y se actúa en función de esas suposiciones.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Vale también la pena dedicar algunas líneas  para hablar de nuestras «comunicaciones». Si una coma aquí o allí es importante  (nada menos que la vida del reo está en juego, en el ejemplo que encabeza este  artículo), cómo no va a serlo un verbo <I>(</I>«<I>quiero que...</I>» frente a  «me gustaría que...»), un adjetivo (<I>mal</I>/mejorable) o una conjunción («los  datos de prescripción han mejorado, <I>pero</I> siguen siendo bajos» frente a  «los datos de prescripción han mejorado y vamos a ver cómo conseguimos  mejorarlos aún mas»). Cuántas veces no caemos aún en la trampa de la disyuntiva  («macro <I>o</I> micro», «cuali <I>o</I> cuanti», «mis objetivos <I>o</I> sus  objetivos») cuando podríamos utilizar de forma mucho más indicada y realista la  elegante copulativa («macro <I>y</I> micro», «cuali <I>y</I> cuanti», «mis  objetivos <I>y</I> sus objetivos»).</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>¿Difícil?, claro. Aunque, seguramente algo  menos que conseguir que te publiquen un artículo en la revista de impacto  correspondiente. ¿Complejo?, desde luego. Y por ello, apasionante y retador. ¿Un  arte?, muy probablemente. Y que por tanto va a requerir, además de un poco de  inspiración, un mucho de transpiración (esfuerzo, trabajo, sudor,  entrenamiento). Eso que llama Goleman el «recableado mental», para conseguir que  las nuevas conexiones neuronales que se crean al poner en marcha una nueva forma  de pensar y de hacer se consoliden y los cambios se mantengan. No me gustaría  sonar muy dramático, pero viendo cómo anda el mundo en estos últimos tiempos,  creo que nos jugamos mucho, también en salud pública, en esta apuesta por la  calidad, calidad y calidad. ¿Qué piensan los sanitarios cuando hablan de  calidad? ¿y los directivos de los servicios de salud? ¿y los pacientes... y la  gente? ¿qué hay en el imaginario colectivo sobre la  calidad?</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><b><font face="Verdana" size="3">Bibliografía</font></b></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>1. Millán JA. Perdón,  imposible. Barcelona: RBA; 2005.</FONT> </P>      ]]></body>
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