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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El Índice Nacional de Defunciones: un avance en la accesibilidad de los datos de mortalidad largamente esperado]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Consejería de Sanidad de Murcia Servicio de Epidemiología ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>EDITORIAL</b></font>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="left"><font face="Verdana" size="4"><B>El  Índice Nacional de Defunciones: un avance en la accesibilidad de los datos de  mortalidad largamente esperado</B></font></p>     <p align="left"><font face="Verdana" size="4"><B>The National Death Index: a largely expected  advance in the access to mortality data</B></font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><b>Carmen Navarro</b></font></p>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2">Servicio de Epidemiología, Consejería de Sanidad, Murcia,  España.</font></p>     <p align="left"><font face="Verdana" size="2"><a href="mailto:carmen.navarro@carm.es">carmen.navarro@carm.es</a></font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><FONT face=Verdana size=2>Uno de los manuales clásicos de Salud Pública, al revisar las fuentes de  información disponibles en en su última edición, incluye las estadísticas de  mortalidad entre las fuentes de base poblacional, en contraposición a las que  tienen como marco los servicios sanitarios y cuyo sistema es el registro, frente  a los sistemas de notificación<SUP>1</SUP>. Me parece que es una buena manera de  ubicarlas. Son los únicos registros de base poblacional en los que no hay que  preocuparse por la exhaustividad; es más, por ello y porque su calidad es buena  para las principales causas de muerte<SUP>2,3</SUP>, se emplean los certificados  de defunción para medir el grado de cobertura (exhaustividad) de otros registros  poblacionales como los de cáncer<SUP>4</SUP>.</FONT></p>     <p align="left"><FONT face=Verdana size=2>Podemos abordar las estadísticas de  mortalidad desde muy distintos ángulos: sus usos y aplicaciones, su validez y su  accesibilidad, entre otros. El artículo de Barés et al<SUP>5</SUP>, publicado en  este número de Gaceta Sanitaria, dedicado a estudiar la mortalidad por suicidio,  es un buen ejemplo de la aplicación de las estadísticas de mortalidad, y el  estudio de Abós et al<SUP>6</SUP> aborda uno de los temas de interés en el  control de calidad de la certificación de la defunción.</FONT></p>     <P><FONT face=Verdana size=2>El uso más extendido y popular de las  estadísticas de mortalidad es la forma agregada, ya sea como número absoluto de  defunciones o en forma de tasas. Pero las posibilidades más fructíferas en las  últimas décadas se dirigen a su empleo de forma individualizada y en formato  electrónico<SUP>7</SUP>, es decir, cuando el usuario puede acceder a un fichero  con los registros individuales que contienen la información sobre la causa, la  fecha y el lugar donde ocurre la defunción junto con las variables de  identificación personal: nombre y apellidos, fecha de nacimiento y lugar de  residencia. Si, además, se registran otras variables, como la ocupación o el  nivel de estudios, con la calidad suficiente, las posibilidades que se ofrecen  al investigador son verdaderamente muy variadas y potentes. Las aplicaciones,  por tanto, van desde los estudios en que no es imprescindible conocer la causa  de muerte -como sucede para el cálculo de las personas-tiempo en los  estudios de cohortes o de supervivencia- hasta los ensayos en que sí lo es:  identificación de los eventos en los estudios de cohortes, o identificación de  posibles casos en los registros de enfermedades de base poblacional, cuyo  ejemplo más conocido son los registros de cáncer.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Sin embargo, el acceso a los datos  individualizados de mortalidad varía entre los diferentes países de nuestro  entorno. En algunos, como los países nórdicos o el Reino Unido, el enlace entre  registros de población, mortalidad y cáncer se ha realizado desde hace bastantes  años, y ha permitido llevar a cabo numerosos estudios de cohortes. En otros,  como Estados Unidos, el Índice Nacional de Defunciones (IND) está disponible  también desde hace tiempo<SUP>8</SUP>. En España, por el contrario, la  investigación epidemiológica se ha visto entorpecida por las dificultades para  acceder a los certificados de defunción. En dos reuniones celebradas en Valencia  en la segunda mitad de los años ochenta, para debatir sobre registros de cáncer  en la primera y sobre el secreto estadístico en la segunda<SUP>9</SUP>, se puso  de manifiesto la necesidad de consultar la información de los certificados de  defunción para el normal funcionamiento de los registros de cáncer y otros  sistemas de información. Ya por entonces, Fernando García Benavides se refería  con ironía al certificados de defunción como «ese oscuro objeto de deseo»,  salvando las distancias con el contenido de la película de Buñuel. Refiero la  anécdota para resaltar que han pasado veinte años hasta que por fin el IND es  una realidad en España, pero el camino ha sido tortuoso y el resultado no  satisface completamente todas las necesidades y las expectativas.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>El IND se creó el año 2000, aunque antes de  su puesta en funcionamiento, la normativa ha tenido que modificarse en 2001 y  2005 para, entre otros motivos, irse adaptando a las transformaciones de la  estructura del Ministerio de Sanidad y Consumo. Es un sistema de información que  contiene los datos personales de todas y cada una de las defunciones que han  sido inscritas en los Registros Civiles de todo el Estado. Se elabora a partir  de los ficheros de datos que son cedidos por los Ministerios de Justicia y de  Economía y Hacienda, a través del Instituto Nacional de Estadística (INE), al  Ministerio de Sanidad y Consumo. En concreto, el Instituto de Información  Sanitaria de la Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud se encarga de  la elaboración del Índice, así como de su gestión y mantenimiento. Tiene la  estructura de una base de datos: las variables incluidas son nombre y apellidos  del fallecido, documento nacional de identidad desde 1996, lugar y fecha de  nacimiento, sexo, estado civil, nacionalidad, dirección de residencia, lugar y  fecha del fallecimiento. Según el Manual de Usuario<SUP>10</SUP>, contiene datos  a partir de 1987. El acceso está restringido a centros de investigación,  administraciones sanitarias y centros y establecimientos sanitarios, todos ellos  de carácter público. La solicitud de datos tiene que tener el respaldo del  responsable de la institución, y es preciso que el peticionario disponga de la  correspondiente acreditación electrónica que permita su inequívoca  identificación por medios informáticos. En general, los trámites de solicitud no  son muy complicados, sobre todo si lo comparamos con otros procedimientos  administrativos. Hay dos modalidades de acceso, ambas en línea. La consulta  individualizada, caso a caso, y la consulta colectiva en la que el usuario  proporciona al sistema un fichero con todos los casos de los que desea  información. Por último, cabe señalar que la consulta del IND es  gratuita.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>La limitación más importante del IND es que  no contiene ninguna información relativa a la causa de muerte. A pesar de que  era una demanda de investigadores y sociedades científicas y que alguna  Consejería de Sanidad, como la de la Región de Murcia, lo solicitaron al  Ministerio de Sanidad y Consumo, el IND no se ha modificado en este sentido. Es  una lástima que la celebración no pueda ser completa, pero no cabe ninguna duda  de que el IND es una fuente de información muy útil y necesaria que estamos  empezando a utilizar, y no tardaremos en que sea una fuente habitual más en  numerosos estudios, como ya lo es en otros países.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>A pesar de todo lo indicado anteriormente,  en nuestro país es posible obtener información sobre la causa de muerte de un  conjunto de personas a través del INE. Para ello, es preciso firmar un convenio  y, aunque se realice entre dos administraciones públicas, pagar las tasas  correspondientes. Puesto que la cantidad es elevada, teniendo en cuenta las  dificultades para financiar los proyectos de investigación al 100%, habría que  tenerlo en cuenta para incluirlo en la elaboración de los presupuestos. El  procedimiento garantiza que no se obtiene la causa de defunción de un individuo  del que los investigadores no conocen previamente sus datos personales. El  investigador debe trasladarse a la sede del INE para comprobar si los individuos  asignados por el enlace de registros es el adecuado; posteriormente, se añade la  fecha de la defunción y la causa. La base de datos original debe estar  previamente inscrita en la Agencia de Protección de Datos. El Estudio  Prospectivo Europeo sobre Cáncer y Nutrición (EPIC)<SUP>11</SUP> fue el primero  que firmó un convenio de esta naturaleza en 1998, aunque antes los  investigadores del síndrome del aceite tóxico ya habían accedido a estos  documentos<SUP>12</SUP>. El convenio para el EPIC es de 10 años de duración, y,  desde entonces, cada año se actualiza el estado vital de la cohorte y se añade  la causa de muerte de los fallecidos. Los trámites fueron laboriosos y se  prolongaron más de un año. Está claro que si el IND incorporase la causa de la  muerte, no serían necesarios los convenios, y el procedimiento no sólo  resultaría más barato sino que se podría simplificar  considerablemente.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Es de desear que también, finalmente, se  encuentre solución a otra de las limitaciones de acceso no resueltas por  completo. Para poder utilizar los certificados de defunción como fuente de  posibles casos en los registros de base poblacional, se necesita acceder a ellos  sin tener información previa del individuo, es decir, contrastar los  certificados de defunción con mención de la enfermedad objeto del registro con  la base de datos del propio registro. Para ello, sería necesario que el IND  incorporara, como ya se ha señalado previamente, la causa de defunción y que se  pudiese cruzar la base de datos del registro con todas las defunciones  contenidas en el IND cuya causa fuese la enfermedad estudiada. Así, se  incorporarían al registro como posibles casos todos los individuos identificados  por el certificado de defunción. En Inglaterra, desde hace varias décadas, los  registros de cáncer reciben periódicamente de las oficinas de estadística los  datos de los certificados de defunción de las personas fallecidas por esta causa  que residen en su área de cobertura<SUP>13</SUP>. El objetivo máximo se  alcanzaría con la codificación múltiple de causas de muerte, en cuyo caso se  podría realizar el contraste con todas las defunciones con mención en cualquiera  de sus causas a la referida enfermedad.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Es cierto que en algunas comunidades  autónomas se han encontrado soluciones a este problema, pero es necesario que,  con todas las garantías de confidencialidad que las leyes y la ética exigen, se  concilien los derechos de los ciudadanos a que la investigación epidemiológica y  de salud pública avance para mejorar su salud con su derecho a la intimidad  personal<SUP>4,14</SUP>. El Barómetro Sanitario o la Encuesta Nacional de Salud  podrían ser buenos instrumentos para pulsar la opinión de la población sobre  este asunto. Los estudios realizados en otros países muestran que los ciudadanos  no consideran una intromisión en su intimidad el uso de información personal e  identificable por parte de los registros de cáncer, cuando se establece con  fines de investigación y control de la salud<SUP>15</SUP>.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">Agradecimientos</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Deseo dar las gracias a Fernando Benavides,  Manuel Posada, Carlos A. González, Carmen Martínez, María José Tormo y Lluís  Cirera, porque su memoria y/o sus comentarios me han ayudado a escribir este  editoral. Asimismo, deseo dar las gracias a todos los que han dedicado tiempo y  esfuerzo a que hayamos podido avanzar.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><b><font face="Verdana">Bibliografía</font></b></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>1. Domínguez Rojas V, Regidor Poyatos E, De Juanes Pardo JR, Calle Purón  ME. Sistemas de Información sanitaria en España. En: Piédrola Gil, editor.  Medicina preventiva y salud pública. 10ª ed. Barcelona: Masson; 2001.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>2.  Benavides FG, Bolúmar F, Peris R. Quality of Death Certificate in Valencia,  Spain. Am J Public Health. 1989;79:1352-4.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>3. Cirera Ll, Navarro C. Validez  de la certificación de la muerte por cáncer en la Comunidad de Murcia.  Oncología. 2002; 25:264-72.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>4. Navarro C, Lizán M, Tormo MJ. Usos del  Certificado de Defunción en un registro de cáncer de población. Gac Sanit.  1988;7:197-202.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>5. Barés MA, Gispert R, Puig X, Freitas A, Ribas G,  Puigdefàbregas A. Evolución temporal y distribución geográfica de la mortalidad  por suicidio en Cataluña y España (1996-2002). Gac Sanit. 2006;20:473-80.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Verdana size=2>6.  Abós R, Pérez G, Rovira E, Canela J, Doménech J, Bardina JR. Programa piloto  para la mejora de la certificación de las causas de muerte en atención primaria  en Cataluña. Gac Sanit. 2006;20:450-6</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>7. Hallan SI, Dahl K, Oien CM,  Grootendorst DC, Aasberg A, Colmen J, et al. Screening strategies for chronic  kidney disease in the general population: follow-up of cross sectional health  survey. BMJ. 2006; 333:1047.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>8. Howe GR. Use of computerized record linkage  in cohort studies. Epidemiologic Rev. 1998;20:112-21.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>9. Benavides FG, Moya  C, coordinadores. Investigación sanitaria y derecho a la intimidad: una visión  general del problema. Confidencialidad y derecho a la intimidad en la  investigación sanitaria. Madrid: Ministerio de Sanidad y Consumo; 1988. p.  11-9.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>10. Manual de acceso al Índice Nacional de Defunciones &#091;consultado  23/10/2006&#093;. Disponible en: <a href="http://www.msc.es/estadEstudios/estadisticas/docs/IndiceDefunciones.pdf" target="_blank">  http://www.msc.es/estadEstudios/estadisticas/docs/IndiceDefunciones.pdf</a></FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>11.  González CA, Navarro C, Martínez C, Quirós JR, Dorronsoro M, Barricarte A, et  al. El estudio prospectivo europeo sobre cáncer y nutrición (EPIC). Rev Esp  Salud Pública. 2004;78:167-76.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>12. Abaitua I, Philen R, Posada M, Gómez de la  Cámara A, Díez M, Jiménez O, et al. Toxic oil syndrome mortality: the first 13  years. Int J Epidemiol. 1998;27:1057-63.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>13. Registration of Cancer Bill  &#091;HL&#093;. 15 March 2005 &#091;consultado 26/10/2006&#093;. Disponible en: <a href="http://www.publications.parliament.uk/pa/ld200405/ldbills/046/2005046.htm" target="_blank">  http://www.publications.parliament.uk/pa/ld200405/ldbills/046/2005046.htm</a></FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>14.  Benavides FG. El secreto estadístico y la investigación sanitaria: un delicado,  pero necesario, himeneo. Gac Sanit. 1988;8:221-3.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>15. Barret G, Cassell JA,  Peacock JL, Coleman MP. National survey of British public's views on use of  identifiable medical data by the National Cancer Registry. BMJ.  2006:6;332:1068-72</FONT></P>    ]]></body>
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