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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Acerca de la transferencia de experiencias del oeste al este europeo: Algunos errores evitables al asesorar sobre reformas sanitarias]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><a name="top"></a><b>OPINIÓN</b></font>     <p>&nbsp;</p>     <p><B><font face="Verdana" size="4">Acerca de la  transferencia de experiencias del oeste al este europeo. Algunos errores  evitables al asesorar sobre reformas sanitarias</font></B></p>     <p><B><font face="Verdana" size="4">About  the transfer of Western experiences to the Eastern Europe. Some avoidable errors  when advising on health-care reforms</font></B></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Antonio Durán<SUP>a</SUP>; Juan Gérvas<SUP>b</SUP> </b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><SUP>a</SUP>Técnicos de Salud S.A., Sevilla, España    <BR><SUP>b</SUP>Equipo CESCA, Madrid, España</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#back">Dirección para correspondencia:</a></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><B><font face="Verdana">Introducción</font></B></p>     <P><FONT face=Verdana size=2>El fracaso de la experiencia comunista en los países del este europeo dio pie a  la intervención del mundo occidental en todos los ámbitos de la organización  social en dichos países, desde la economía a la salud. Sin embargo, y sin  quererlo, a veces ignorante en su origen y a veces arrogante en su destino, el  viento del oeste ha provocado daños. Hubo aciertos (el primero y básico,  responder a la necesidad de ayuda), errores inevitables (ligados a la falta de  preparación para una situación brusca e insólita de desmoronamiento de un  «imperio»), y errores probablemente evitables. Por todo ello, la transición a la  economía de mercado y la organización política democrática fue más dura de lo  esperado, y en algunos países todavía no ha terminado<SUP>1</SUP>. Aun a riesgo  de sobresimplificar, en el sector de la salud se provocó una morbilidad y  mortalidad evitables y el descrédito del sistema sanitario<SUP>2-5</SUP>. Desde  el punto de vista de la racionalidad, algunos vicios se siguen arrastrando, como  la escasa implantación de la «nueva» atención primaria y el excesivo peso de los  hospitales y los especialistas.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Nunca se sabrá si hubiera sido posible otro  curso de acción, dadas las circunstancias. Pero al menos queda el recurso al  estudio de los errores más obvios y evitables, que se repiten frecuentemente en  las intervenciones de los países desarrollados. Tal análisis es el objetivo de  este trabajo, que intenta hallar aplicaciones al ámbito español y poner énfasis  en la atención primaria de salud. Para dicho análisis se han utilizado las  publicaciones ad hoc que se citan, la colección completa de los informes del  Observatorio Europeo de la Organización Mundial de la Salud, Copenhague (Health  Care Systems in Transition), así como el conocimiento de campo directo de los  autores, a través de su actividad de consultoría internacional.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">Situación de partida</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>La respuesta, en términos de servicios de  salud, que las autoridades de la antigua Unión de Repúblicas Soviéticas  Socialistas (URSS; Rusia más las naciones integradas europeas y asiáticas, desde  los países bálticos a Uzbequistán), y del bloque comunista de Europa del este  (Polonia, Hungría, Bulgaria, etc.), dieron a las necesidades de salud fue  bastante homogénea. Durante más de 7 décadas en la URSS, y 4 en Europa central,  hubo un sistema sanitario pensado para dar respuesta sobre todo a las  enfermedades infecciosas. En síntesis, la anquilosis de esta «solución  universal» se mostró definitiva cuando los países superaron el punto de  inflexión epidemiológica que sus primeros logros acarrearon, y hubieron de  afrontar enfermedades sociales multicausales «crónicas», para las que el modelo  no tenía respuesta. En ese contexto, el sistema sanitario perdió apoyo social,  político y financiero, y se desmoronó<SUP>1</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>La rígida estructura sanitaria subsistía,  además, con recursos escasos (una financiación que nunca llegó al 3% del PIB, en  tanto los países de la OCDE gastaban en torno al 6%, ya desde una década antes  de la caída del «Muro de Berlín»)<SUP>1,6</SUP>. Intentaba responder a las  necesidades (casi) sin profesionales de la gestión, con un exceso de  especialistas (p. ej., hasta 281 especialidades reconocidas en Georgia),  agrupados por «programas verticales», poco versátiles, con un exceso de camas de  hospitales de agudos (sin que la voz «cama» fuera nunca asimilable a la empleada  en los países occidentales), y con pocas y poco cualificadas enfermeras. La  atención primaria propiamente dicha (con un médico a cargo de la población) se  reducía tan sólo a algunas áreas rurales remotas. Las policlínicas (los «centros  de salud») respondían con la derivación masiva (hasta el 30%, comparada con el  7% en España y el Reino Unido) a los problemas de los pacientes, lo que  alimentaba el hospitalocentrismo del sistema<SUP>7,8</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>El sistema se rompió, sobre todo, cuando  los médicos perdieron sus expectativas profesionales (por la escasa remuneración  y la casi nula inversión en renovación de medios y edificios desde la década de  1960), y la población abandonó la esperanza de recibir atención de calidad,  gratis en el punto de servicio. Los profesionales sanitarios, que nunca ganaron  más que un obrero especializado, recurrieron al cobro «bajo cuerda», en negro,  lo que hoy todavía es una lacra masiva en todos estos países. Esta lacra no es  exclusiva de los países del Este, pues existió en España hasta finales de la  década de 1990, sobre todo en áreas rurales, como Galicia, y pervive hoy en  otros países occidentales, como Grecia<SUP>9</SUP>. Ese cobro ilegal significó  una barrera económica que discriminó a casi toda la población, en tanto las  élites (como políticos, militares, policías y metalúrgicos) tenían sistemas  sanitarios aparte, lo que parece una más que notable exhibición de cinismo  político para una sociedad oficialmente basada en la igualdad<SUP>5</SUP>.  Cuando se empezaron a producir los masivos cambios que constituirían el fin de  los países comunistas en Europa en 1989, dichas sociedades se encontraron con  una estructura económica arruinada y obsoleta, un sistema sanitario empobrecido,  unos profesionales sin expectativas y una sociedad desmoralizada.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">La transición y sus errores  evitables</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>La brusca caída de los regímenes comunistas  en la década de 1990 dejó un vacío agravado por falta de experiencia en  situaciones semejantes. Además, el fracaso del aparato del Estado (p. ej.,  incapaz de recaudar impuestos) coincidía con un aumento brusco de las  expectativas de la población, propio de las situaciones de cambio  social<SUP>2,4</SUP>. Así, en una situación de pobreza en la que incluso se  perdió el «colchón» social del antiguo régimen, sin casi tejido productivo, las  aspiraciones a un sistema sanitario a «lo occidental» señalaban a Alemania como  modelo<SUP>10-13</SUP>. Aún produce sorpresa leer las descripciones de las  aspiraciones «inmediatas» de esos países a un sistema bismarckiano, fundado en  la Seguridad Social con mutuas de obreros y empresarios, que librara a los  recursos estatales de la pesada carga sanitaria y destinase recursos  «finalistas» al sector, sin interferencias políticas<SUP>10,14,15</SUP>. Un  sistema sanitario que diera libertad y autonomía a los médicos como  profesionales independientes, y permitiese a la población la libre elección de  médico, con acceso directo al especialista, y un copago «razonable». En la  persecución de este ideal se produjeron, en nuestra opinión y al menos, 7  errores importantes.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">El abandono abrupto del sistema  previo</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Puesto que se abominaba de la herencia  comunista, políticos y ciudadanos, consultores y agencias internacionales  rechazaron de plano la organización sanitaria<SUP>1,10,16</SUP>. La idea era  hacer tabla rasa y empezar de cero, dando por hecho que era imposible el cambio  de una economía planificada a una economía de mercado conservando nada del  sistema sanitario soviético, siquiera temporalmente<SUP>10</SUP>. En la  esperanza del cambio se abandonó toda atención a la estructura y al personal  (que pasó meses sin sueldo, y años sin directrices ni apoyo). En pocas palabras,  se habló de reforma, pero se hizo una ruptura.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Visto con perspectiva, hubiera sido más  prudente prestar atención a los centros y profesionales existentes, a su  accesibilidad, y a garantizar un mínimo de asistencia a los ciudadanos,  especialmente a los más pobres (p. ej., en Georgia había un servicio de  evacuación urgente con helicópteros del ejército para las aldeas de zonas  montañosas, que suelen quedar aisladas por la nieve hasta 6 meses; su abandono  sin alternativa condenó a la muerte a los pacientes con emergencias  vitales).</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Como no podía ser de otro modo, por la  política de tabla rasa, hubo países, como Hungría y la República Checa, donde la  aplicación improvisada de competencia entre aseguradoras, mecanismos de pago  para incentivar la productividad de los profesionales, etc., llevaron a los  sistemas al borde de la bancarrota<SUP>1,17</SUP>. Paradójicamente, sólo la  intervención estatal (que tanto se rechazaba) mediante la inyección de enormes  cantidades de dinero a posteriori pudo salvar del colapso el sistema sanitario  de esos países. En muy pocos sitios se llevaron a cabo ensayos piloto que  ofrecieran lecciones antes de imponer cambios decisivos (y donde se hicieron,  como en Rumania, se confundieron con maniobras dilatorias de gobiernos  conservadores poscomunistas para mantener el poder)<SUP>1,6</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Evidentemente, nunca es fácil transitar de  una estructura rígida con financiación estatal a otra a través de mutuas, o  privada, o de médicos funcionarios asalariados a considerarlos profesionales  independientes con pago por acto o capitación<SUP>6,10,11,17-19</SUP>. El modelo  del médico general inglés que administra un presupuesto público no era el más  fácil de copiar, y mucho menos el del alemán (al que era obvio que incluso con  un esquema de seguros había que «fijar» una población, como se ha hecho a  comienzos del siglo xxi)<SUP>1,12,17</SUP>. Incluso reconociendo las diferencias  en la situación de partida, basta imaginar lo que sería en España un cambio tal  en la atención primaria. Un cambio brusco se evitó precisamente en la reforma de  la atención primaria española de 1984, que aprovechó lo previo como ladrillos  básicos del nuevo edificio (p. ej., la existencia de un listado de pacientes,  «cupo», por médico general, y un pago por capitación).</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><B><font face="Verdana">La creencia ingenua en la democracia  política como sistema que conlleva, per se, la solución de los problemas  sociales</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>La experiencia española enseña que la  democracia no es sólo un sistema organizativo, ni el simple establecimiento de  elecciones y partidos políticos, ni la separación de poderes, ni la libertad de  prensa, ni la libertad de expresión. Es, sobre todo, una forma negociada de  resolución de problemas con respeto a las minorías, sobre la que hay que  construir paso a paso soluciones de transferencias de recursos entre grupos  sociales que no siempre son sencillos de articular. La democracia es, asimismo,  un <I>ethos</I>, un conjunto de valores a los que se adhieren los ciudadanos y  los políticos. El indobritánico Amartya Sen, premio Nobel de Economía, habla de  5 libertades clave para el desarrollo democrático: libertades políticas (p. ej.,  prensa, reunión), facilidades económicas (comercio, distribución), oportunidades  sociales (educación, salud), garantías de transparencia (evitar corrupción) y  seguridad protectora (paro, pensiones)<SUP>20</SUP>. Son esos valores los que  facilitan la convivencia y el reparto de recursos, de forma que los distintos  intereses se compensen entre sí y resulten tolerables las soluciones «menos  malas» a que se llega<SUP>21</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>La existencia formal de la democracia, en  una situación de carencia de estos valores, no soluciona ningún problema social;  tampoco los del sistema sanitario. Una democracia limitada a sus expresiones  rituales, como elecciones y demás, provoca «falsas soluciones», excesivamente  beneficiosas para algunos, y suele acarrear nepotismo, corrupción y abusos de  grupos de presión varios. No es raro, así, que el clima político se hiciera  inmanejable, con turbulencias y cambios que hacían imposible mantener una  reforma sanitaria (que requiere plazos razonablemente dilatados y ciclos  políticos con una relativa estabilidad)<SUP>1,16,19,22</SUP>. La constancia en  el apoyo político (de partidos políticos de signo distinto) a un proceso tan  complejo es una de las claves del éxito de la reforma sanitaria de la atención  primaria en España, si se la compara con la de Portugal, por ejemplo.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">La omnipresencia de la corrupción,  fomentada por la privatización sin poder de regulación</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Todos los países precisan gobiernos  eficaces, que mantengan el imperio de la ley, tengan el monopolio de la fuerza,  ejerzan el control efectivo de todo el territorio, sean percibidos como  legítimos, y puedan proporcionar servicios públicos e infraestructuras  esenciales, para lo cual dispongan de capacidad de regulación. Esa regulación  debe ser ejercida, sin embargo, con estricto respeto a los derechos de los  ciudadanos y de los agentes sociales, sin permitir a nadie «extraer beneficio  privado de detentar una posición pública». La corrupción desmoraliza, fomenta el  mal gobierno, provoca pobreza y dificulta el establecimiento de la  democracia<SUP>23</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>La conducta intachable del regulador es  especialmente importante cuando se fomenta la privatización, pues la corrupción  es un caldo de cultivo muy pernicioso para dicha opción<SUP>16,19,24</SUP>. Muy  a favor de la privatización por razones ideológicas, sin embargo, la ayuda  internacional para la reforma sanitaria en esos países tardó demasiado tiempo en  reaccionar contra (y en algunos casos quizá convivió con) la corrupción. Con  ello se contribuía al círculo vicioso que ha llevado a los países ex comunistas  a ser incluidos por Transparencia Internacional entre los «suspensos» en lo que  respecta a percepción de corrupción<SUP>25,26</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>La corrupción en sanidad es un problema  universal en los sistemas sanitarios<SUP>26</SUP>. En nuestro país es una  cuestión prácticamente no estudiada, aunque España ha hecho importantes  progresos en la lucha contra la corrupción en las últimas décadas. Ahora bien,  sería ingenuo asumir que ha desaparecido de nuestros hospitales y centros de  salud (aunque sin duda es, en todo caso, incomparablemente menor que la  existente en los países poscomunistas). Especular qué pasaría en un escenario de  privatizaciones del sistema sanitario español escapa al ámbito de este  documento.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">La «ideologización» de las propuestas en  ausencia de un modelo experimentado de reforma</font></B></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Verdana size=2>Por múltiples razones (a fin de cuentas, se  trataba del final de la «guerra fría» que uno de los dos bandos había ganado),  las reformas sociales en los países poscomunistas se aplicaron desde una  perspectiva de uniformidad en la que dominaban los programas de liberalización,  estabilización y privatización, aplicados con más criterio ideológico que  inteligencia práctica<SUP>1</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Obviando la experiencia de los países de la  OCDE (donde el gasto sanitario público supera siempre con mucho al gasto  privado), o el ejemplo de los países nórdicos (con un sector público muy  potente, compatible con ser los líderes mundiales en lo referente a  competitividad, innovación y falta de corrupción), pareció «olvidarse» que la  privatización recomendable debería ser siempre moderada al principio. Aplicando  de forma rígida la -por otra parte discutible- mayor eficiencia de lo  privado frente a lo público, se aplicaron fórmulas privatizadoras masivas y  rápidas en un contexto de crisis económica y volatilidad  política<SUP>21-24</SUP>. Ello condujo al ya citado abandono total del sistema  previo, y a la extensión de la corrupción<SUP>25,26</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>El principal desajuste se produjo en la  reforma de la atención primaria, aceptada a cambio de apoyo financiero pero  rechazada por la mayoría de la «clase médica»<SUP>19,27-29</SUP>. Además, se  acompañó de una descentralización política y fiscal a los municipios, lo que en  el fondo significaba liberar lastre de los presupuestos centrales, y dejar la  reforma en manos de lo que cada municipio pudiera dedicar a atención  primaria<SUP>16</SUP>. En muchos casos, la atención primaria se aplicó (y se  sigue aplicando) no como un programa horizontal polivalente, capaz de dar  respuesta a los problemas de salud de la población, sino como un programa  vertical más, del tipo de los previamente existentes en el mundo comunista  orientados a servir problemas y clientes concretos (tuberculosis, mujer, niños,  etc.). De hecho, por ejemplo, se han introducido programas como el «  ;tratamiento directamente observado» para combatir la tuberculosis, típico de  atención primaria, dependiendo de los especialistas de las estructuras  verticales a cargo de los «programas» de tuberculosis<SUP>8</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>La tensión entre una organización sanitaria  vertical (basada en especialistas) y otra horizontal (basada en generalistas, en  la atención primaria) es mundial, y existe también en España y los países  occidentales<SUP>30</SUP>. El problema en los países del Este es que la atención  primaria de salud parece condenada a librar una batalla por su supervivencia  (más que por su desarrollo), dadas las diferencias de recursos en cada  subsector.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">Énfasis excesivo en los aspectos de  «contenido» de la reforma, con abandono de los de «proceso»</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>La reforma del sistema sanitario no se hace  en un laboratorio, sino en un país y un contexto socioeconómico determinados.  Los sistemas expresan una historia, una cultura, una situación económica y unas  relaciones de poder entre diversos grupos. Son, pues, el resultado «posible» de  múltiples intereses (legítimos y espurios) de múltiples actores, bien  profesionales -médicos, enfermeras y farmacéuticos- bien industria  especializada, y demás. Por ello, en toda reforma es tan importante el contenido  (¿qué se propone?) como el proceso que se sugiere para conseguirlo (¿de qué modo  hacerlo aceptable para los actores del siste-ma?)<SUP>31</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>La reforma sanitaria, pues, tendría que  centrarse simultáneamente en diseñar un contenido y un proceso de desarrollo  para lograr el cambio (el camino a recorrer: la secuencia de pasos dados, la  velocidad global del cambio, la duración de la reforma, sus efectos secundarios,  los espacios de negociación, etc.). Por ejemplo, es un error obvio formar con  dinero del programa PHARE, de la Unión Europea, a los mejores médicos generales  (húngaros, polacos, etc.) según el modelo británico y holandés y no ofrecerles  un marco de trabajo mínimamente atractivo<SUP>1,13,27-29</SUP>. La mayoría, en  consecuencia, emigró tras recibir la formación, o se cambió de sector, en busca  de mejores retribuciones.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Además de identificar los objetivos  deseables, por tanto, las reformas sanitarias requieren un análisis cuidadoso  del contexto político, profesional y social. Sin dicho análisis se pueden  ignorar intereses legítimos y espurios, enfrentándose innecesariamente a  potenciales aliados. En el caso que nos ocupa, fue lo que sucedió con los  intereses de miles de profesionales y de cientos de instituciones, que pronto se  hicieron sensibles a la nostalgia del «hospitalocentrismo», llegando a apoyar en  ocasiones a verdaderos paladines de la corrupción y el nepotismo. El heredado  «hospitalocentrismo» del sistema hizo el resto, convirtiendo en inviable (con  alguna excepción, como Eslovenia y Estonia) una reforma procoordinación que  favoreciera el papel de la atención primaria como opción global y puerta de  entrada<SUP>1,2,13,15,32,33</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Las consecuencias del citado predominio  ideológico en los argumentos de los reformadores (falto de un razonamiento  estratégico global, y de atención al proceso de reforma) se agravaron ante la  carencia de un grupo profesional nacional formado, responsable socialmente. La  reforma quedó reducida, en muchos casos, a puras discusiones de «principios»  abstractos. La situación política precisaba de una respuesta política, que  faltó<SUP>5,19,34,35</SUP>.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Verdana size=2>En España, la reforma de la atención  primaria tuvo también una fuerte carga ideológica y un sesgo en pro del  «contenido» (con escaso énfasis en el necesario aspecto «procoordinación» de  ésta). Sólo la estabilidad global de la economía (con el consiguiente margen  para satisfacer a los demás sectores del sistema, especialmente el hospitalario  y el farmacéutico) permitió un margen de maniobra que no puso en peligro su  supervivencia (aunque el precio que se pagó fue un alar- gamiento enorme de los  plazos inicialmente previstos para acabar la reforma).</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">La rápida, radical (excesiva)  descentralización municipal en el sector sanitario</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>La descentralización tiene múltiples  ventajas teóricas, al acercar la decisión y los recursos al sitio donde se  plasman las necesidades, por lo que se supone que debe facilitar su resolución  mediante la participación y la democracia<SUP>16,36</SUP>. En el este europeo y  en Asia Central, como se señaló, la descentralización municipal se promovió en  nombre de la mejora de la eficiencia y para responder a las demandas sanitarias  locales. Como en el caso de los otros 2 pilares de la reforma (privatización de  la provisión y financiación del sistema a través de mutuas públicas y privadas),  políticos, ciudadanos, y agencias y consultores internacionales expresaban el  rechazo al poder central absoluto previo (que ignoraba las circunstancias  locales)<SUP>1,16,19,36</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>En la práctica, sin embargo, la experiencia  en países desarrollados ya había avisado de que la descentralización sólo debe  hacerse con las precauciones debidas, con normas claras y con suficiente  dotación presupuestaria. Si en el sector sanitario se transfiere la  responsabilidad pero no la capacidad de respuesta -la autoridad y el dinero  necesarios-, la descentralización municipal lleva a su parálisis y a graves  problemas de equidad (entre regiones ricas y pobres, y entre el medio urbano y  el rural). Los casos de Letonia, Lituania y Rusia, en particular, fueron una  repetición dramática de ese error. Como sucedió con la privatización, la  descentralización se llevó en los países europeos del Este mucho más allá de lo  logrado en décadas en los países desarrollados de la Unión  Europea<SUP>19,37</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Por las razones antes explicadas, además,  la mayoría de las veces se transfirió la atención primaria, pero no la atención  hospitalaria (que se aseguraba así los únicos recursos «oficiales» disponibles).  La consecuencia fue que quien se vio expuesto a la falta de recursos y al  descrédito consiguiente fue (¡es!) justo el nivel más próximo a las necesidades  de la población. En España, el proceso de descentralización a las comunidades  autónomas (no a los ayuntamientos), se ha hecho con un nivel razonable de  recursos y competencias y, aunque persisten graves problemas de coordinación y  cohesión, parece haber sido positivo en su conjunto<SUP>38</SUP>.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">Falta de acuerdo y coordinación en la  práctica entre múltiples agencias y consultores internacionales</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Es difícil saber qué fracción de  responsabilidad tienen en la evolución de los acontecimientos de los países  poscomunistas las organizaciones y los consultores internacionales encargados de  aportar la inteligencia necesaria para conducir los procesos de reforma. De una  parte, es obvio que, en tanto son portadores de dinero y conocimiento, su  influencia no ha sido desdeñable. Siendo realistas, sin embargo, resulta también  cierto que la situación en esos países respondía a condicionantes profundos y  potentes. Condicionantes más intensos que las doctrinas que distintas agencias y  consultores internacionales pudieran desplegar en discusiones con un número  limitado de burócratas e intermediarios (interesados sobre todo en su propia  supervivencia, como cabe deducir del caos social, los problemas económicos, y la  absoluta falta de gobierno que se vivió en muchos de estos países).</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Con esta reserva sobre la fuerza de los  condicionantes locales, cabe reprochar a las organizaciones internacionales, a  los países occidentales y a otras agencias (la Organización Mundial de la Salud,  el Banco Mundial, la Unión Europea, Estados Unidos y agencias bilaterales como  GTZ, USAID, DFID, SiDA, CIDA, múltiples organizaciones no gubernamentales, y  demás) haber actuado con un notable grado de torpeza y falta de coordinación.  Torpeza derivada del interés por defender su respectiva «propia filosofía»,  traducida en una negativa obcecada a coordinarse sobre el terreno y a buscar  enfoques pragmáticos de «común denominador». Curiosamente, el desarrollo de la  atención primaria fue un objetivo formalmente compartido por todas las agencias  y consultores, pero los condicionantes financieros y de organización eliminaron  con torpeza en la práctica cualquier posibilidad de trabajo  fructífero.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Verdana size=2>Además, en la primera década de reformas en  el Este europeo, la influencia de las modas en el panorama sanitario hizo que se  fiaran demasiadas expectativas a la «compra estratégica», sobre lo que había  poco conocimiento empírico. Simplificando mucho, se recomendó a países  arruinados y desmoralizados, como solución cuasi-mágica, hacer lo que muchos  países occidentales no han sido capaces de hacer: desarrollar una función de  compra estratégica en la que un fondo (mutua) privado o público sería capaz de  determinar eficientemente qué servicios contratar o comprar, prestados por  quién, para qué población, de qué calidad, a qué costes, y en qué estructura y  con qué gestión (¡como si España, Estados Unidos, Francia, Italia y Suiza, por  ejemplo, lo hubieran logrado!).</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>El resultado fue la creación de un número  variable de «fondos del seguro sanitario» que acabaron en la ruina, o  controlados directamente por los respectivos ministerios de hacienda (p. ej.,  Albania, Armenia, Bosnia, Bulgaria, Hungría, y Kazajstán). O, con el mismo  resultado, la creación de seguros privados que en esencia produjeron  monumentales desfalcos al no poder honrar sus compromisos de financiación  (República Checa, y Rusia como ejemplos). Sólo Estonia y Kirguizistán (y en otra  dimensión, con muchos más recursos, Eslovenia) han avanzado en esa dirección de  forma sólida y sostenida<SUP>1</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Posteriormente, el énfasis ha cambiado a la  «función de tutela o rectoría» <I>(stewardship),</I> más centrado en hacer  conscientes a las autoridades públicas de la importancia de «hacer bien lo  posible»<SUP>35,39,40</SUP>. Se recomienda pasar de la rigidez al pragmatismo,  pero de nuevo se supone que los agentes sociales serán capaces de poner en  contexto las recomendaciones. Quizá en muchas de ellas vuelve a haber un  importante componente de moda y teoría, y poco de evaluación de experiencias  prácticas. La pregunta es: si la mano invisible del mercado tiene dificultad  para determinar los servicios necesarios, ¿puede hacerlo mejor el burócrata  «sabio»? Y sobre todo, ¿puede hacerlo un «sabio» sin experiencias analizadas,  sin fundamento empírico, sin evaluación paralela?</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>En definitiva, es difícil saber qué parte  de la indudable mejora de la situación en los últimos años es imputable a un  mejor asesoramiento de las instancias internacionales y qué a la mejora de la  situación económica y política (ampliación de la Unión Europea, ayudas  económicas masivas, formación de cuadros gestores en el extranjero, implantación  de industria y servicios «desplazados» del oeste al este en busca de la  disminución de costes, y demás). En España, la Organización Mundial de la Salud  fue la agencia más influyente en la reforma de la atención primaria, en la  pasada década de los ochenta, con los centros de salud finlandeses (y cubanos)  como modelo.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">Conclusión</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Los sistemas sanitarios son «hijos» de sus  países respectivos, y reflejan la historia y la cultura de éstos. Expresan,  también, un equilibrio entre intereses contrapuestos en el esfuerzo de responder  a las necesidades en salud mediante la financiación y producción de servicios,  la generación de los recursos precisos, y la regulación de dichos sistemas. El  derrumbe de la organización soviética del centro y el este de Europa provocó un  verdadero experimento social al que no se dio la mejor respuesta, y ello generó  una tragedia, el descrédito de la reforma y el aumento de la mortalidad, la  morbilidad y el sufrimiento<SUP>1,3,4,8,41-44</SUP>. Lamentablemente, por ahora  no hay una exigencia ética ni legal para la revisión y evaluación de estos  «experimentos», en los que muchas veces se recomiendan y aplican medidas no  ensayadas previamente, o de eficacia dudosa<SUP>40,45,46</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>En nuestro análisis contamos con la ventaja  de valorar aciertos y errores «a toro pasado», a posteriori, lo que ayuda mucho,  pero puede ofuscar al dar oportunidad de enfatizar el «ya lo decía yo», y de  endurecer el juicio global. Sin embargo, nuestra evaluación global no es  pesimista (además, el ingreso en la Unión Europea de muchos de esos países está  contribuyendo decisivamente a su normalización democrática, económica y social),  aunque la historia confirma que son frecuentes los errores  señalados<SUP>16,24,36</SUP>, y creemos que es una obligación ética el aprender  de la experiencia<SUP>40</SUP>.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Por ello, lo más sorprendente, quizá, es la  escasa evaluación del trabajo realizado en los países excomunistas, donde  algunos errores han sido «clásicos». Parafraseando a Newton, «las cosas suceden  como si» no se quisiera evaluar las reformas, lo que aumenta el peligro de  cometer los mismos errores en situaciones (razonablemente) similares, en el  presente y en el futuro. Llama la atención que en tanto el análisis de la  secuencia lógica (identificación de un problema, recomendación para resolverlo,  decisión, cambio en la estructura y el proceso, y resolución, empeoramiento o  estancamiento del problema) se enseña en las escuelas de negocios y se aplica en  la industria privada, el sector a cargo de la ayuda sanitaria internacional se  muestra remiso a aprender de las experiencias pasadas<SUP>36,40</SUP>. Seguimos  careciendo de una urdimbre que nos permita comprender en su contexto las  consecuencias de las distintas alternativas propuestas. Pero seguimos apelando a  la solidaridad (¿caridad?) de los ciudadanos occidentales para que mitiguen el  sufrimiento de los países de ingresos bajos con sus impuestos, como si  tuviéramos soluciones ensayadas (y analizadas).</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Respecto a toda reforma sanitaria, y con  independencia de quién la sugiera o imponga y de los objetivos implícitos y  explícitos de ésta, nuestra recomendación es que sin evaluación paralela y final  debería ser vista como falta de ética, e inaceptable<SUP>40</SUP>. El problema  está bastante extendido y quizá sirva de ejemplo la reforma de la atención  primaria en España, que nunca ha sido evaluada rigurosamente (y por ello sólo  puede ser recomendada como modelo con las debidas precauciones). Pero ya se sabe  que «mal de muchos» no es precisamente una idea con la que irse a dormir  tranquilo a la cama.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">Conflictos de interés</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Los autores han intervenido como  consultores en varios de los países citados en este trabajo, para varias de las  agencias cuya actividad se analiza en el mismo.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">Agradecimientos</font></B></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Este estudio fue financiado por la  Fundación para la Formación de la Organización Médica Colegial y Fundación de  Ciencias de la Salud, con el patrocinio del Ministerio de Sanidad y Consumo, y  GSK.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>Este texto se elaboró a partir del cuarto  taller presencial de los Seminarios sobre Innovación en Atención Primaria, que  en 2005 se dedicó a la coordinación entre primaria y especializada. Se celebró  en Madrid, en octubre de 2005, y fue ponente del mismo Antonio Durán, y  coordinador Juan Gérvas. Los asistentes al taller ayudaron con sus preguntas y  comentarios a centrar la cuestión tratada. Los errores y omisiones, si los  hubiera, son responsabilidad de los autores. Asistieron a dicho taller médicos  de atención primaria y salubristas; por orden alfabético del primer apellido:  Fernando A. Alonso Pérez, Josep Casajuana Brunet, Felipe Chavida, Jesús  Domínguez Velázquez, Luis Miguel García Olmos, Nieves Gómez Moreno, Javier  González Medel, Fernando Malmierca Sánchez, Sergio Minué, Ángel Otero Puim e,  Rafael de Pablo González, Luis Palomo Cobos, Raimundo Pastor Sánchez, Mercedes  Pérez Fernández, Miguel Ángel Ripoll Lozano, Ángel Ruiz Téllez, Francisco  Toquero de la Torre, Juan Simó Miñana, José Manuel Solla Camino, y José Ramón  Vázquez Díaz.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana"><b>Bibliografía</b></font></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>1. Durán A, Rico A. Lecciones de  una década de reformas sanitarias en los países postcomunistas. Rev Adm Sanit.  2003;1:403-24.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Verdana size=2>2. Makara P. Health promotion in eastern Europe: a regional  case study of economic reform and health development. Health Promotion Int.  1998;13:177-81.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>3. Chen M, Mastilica M. Health care reform in Croatia: for  better o for worse? Am J Public Health. 1998;88:1156-60.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>4. Stone R. Stress:  the invisible hand in eastern Europe's death rates. Science.  2000;288:1732-3.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>5. Vagero D. Equity and efficiency in health reform. A  European view. Soc Sci Med. 1994;39:1203-10.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>6. D'Intignano B. Health systems  in flux as East meets West. World Health Forum. 1992;13:38-42.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>7. Ensor T.  Options for health sector funding. En: Witter S, Ensor T, editors. An  introduction to health economics for Eastern Europe and the former Soviet Union.  Chichester: Wiley and Sons; 1997.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>8. Floyd L, Hutubessy R, Samyshkin Y,  Korobitsyn A, Fedorin I, Volchenkov G, et al. Health-systems efficiency in the  Russian Federation: tuberculosis control. Bull WHO. 2006;84:43-51.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>9. Tountas  Y, Karnaki P, Pavi E, Souliotis K. The «unexpected» growth of the private health  sector in Greece. Health Policy. 2005;74:2005:167-80.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>10. Chinchon M. Health  sector reforms in central and eastern Europe: paradigm reversed? Int Labour Rev.  1991;130:311-27.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>11. Deppe HU, Oreskovic S. Back to Europe: back to Bismarck?  Int J Health Services. 1996;26:777-802.</FONT></P>     ]]></body>
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<body><![CDATA[<P><FONT face=Verdana size=2>22. Jurgova E. The transposition of Slovack  health care system and its influence on primary care services. Eur J Gen Pract.  1998;4:34-6.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>23. Ensor T, Durán A. Fraud and corruption as challenges to  effective regulation in the health care sector. En: Regulating entrepreneurial  behaviour in the health sector. Oxford: OUP; 2002.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>24. Sen K, Koivusalo M.  Health care reforms and developing countries. A critical overview. Int J Health  Plann Mgmt. 1998;13:199-215.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>25. Transparency International. Índice de  Percepción de la Corrupción de Transparency International 2005. Berlín:  Transpareny Internacional; 2005 &#091;citado 8 May 2006&#093; Disponible en:  www.transparency.org/policy_research/surveys_indices/cpi/2005/media_pack</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>26.  Dyer O. New report on corruption in health. Bull WHO. 2006;84:84-5.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>27.  Goranov MN, Balaskova MI. General practice in Bulgaria. Eur J Gen Pract.  1998;4:37-8.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>28. Windak A. The return of old family doctors in the new  Europe. Eur J Gen Pract. 1998;4:168-70.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>29. Whitehouse CR. The development of  family medicine training in Poland. A decade of European cooperation. Eur J Gen  Pract. 2000;6:23-6.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>30. Cueto M. The origins of primary health care and  selective primary health care. Am J Public Health. 2004;94:1864-74.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>31. Walt  G, Gilson L. Reforming the health sector in developing countries: the central  role of policy analysis. Health Policy Planning. 1994;9:353-70.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Verdana size=2>32. Svab I.  Primary health care reform in Slovenia: first results. Social Sci Med.  1995;41:141-4.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>33. Markota M, Svab I, Sarain K. Slovenian experience of  health care reform. Croatian Med J. 2001;40:190-4.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>34. Cleaves P.  Implementation amidst scarcity and apathy political power and policy design. En:  Grindle M, editor. Politician policy implementation in the third world.  Princeton: Princeton University Press; 1980.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>35. Durán A. Políticas y  sistemas sanitarios. Granada: EASP; 2004.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>36. Homedes N, Ugalde A. Why  neoliberal reforms have failed in Latin America. Health Policy.  2005;71:83-96.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>37. Abel-Smith B, Figueras J, Holland J, McKee M, Mossialos E.  Choices in health policy. An agenda for the European Union. Aldershot: Darmouth;  1995.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>38. López-Casasnovas G, Rico A. La descentralización, ¿parte del  problema sanitario o de su solución? Gac Sanit. 2003;17:319-26.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>39. OMS.  Informe Mundial de la Salud 2000. Sistemas sanitarios: mejorar el desempeño.  Genève: OMS; 2000.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>40. Daniels N. Toward ethical review of health system  transformations. Am J Public Health. 2006;96:447-51.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>41. Vienomen M,  Jankauskiene D, Vask A. Towards evidence-based health care reform. Bull WHO.  1999;77:44-7.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><FONT face=Verdana size=2>42. Razum H, Jahn A, Snow R. Maternal mortality in the former  East Germany before and after reunification: changes in risk by marital status.  BMJ. 1999;319:1104-5.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>43. Nolte E. The health impact of German unification:  still much to learn. J Epidemiol Community Health. 2000;54:568.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>44. McKee M,  Shkolnikov V. Understanding the toll of premature death among men in eastern  Europe. BMJ. 2001;323:1051-5.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>45. Goicoetxea J, editor. Primary health care  development in southern Europe and its relevance to the countries of central and  eastern Europe. Copenhagen: WHO-Europe; 2003.</FONT></P>     <P><FONT face=Verdana size=2>46. McKee M, MacLehose L, Busse  R, editors. Health reform in pre-accesion countries. Buckingham: OUP;  2004.</FONT></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><b><a name="back" href="#top"><font face="Verdana" size="2"><img border="0" src="/img/revistas/gs/v20n4/seta.gif" width="15" height="17"></font></a><font face="Verdana" size="2"> Dirección para correspondencia:</font></b><font face="Verdana" size="2">    <br> </font><FONT face=Verdana size=2>Juan Gérvas.    <BR>Equipo CESCA.    ]]></body>
<body><![CDATA[<BR>Travesía de la Playa, 3.    <br> 28730 Buitrago del Lozoya. Madrid.  España.    <BR>Correo electrónico: <A  href="mailto:jgervasc@meditex.es">jgervasc@meditex.es</A></FONT> </P>     <P><font size="2"><FONT face=Verdana>Recibido: 8 de febrero de  2006.    <br> Aceptado: 30 de mayo de  2006.</FONT></font></P>      ]]></body>
</article>
