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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las bebidas alcohólicas en España: salud y economía]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <P align="right"><font face="Verdana" size="2"><B>EDITORIAL</B></font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana" size="4"><B>Las bebidas alcohólicas en España: salud y economía</B></font></P>     <P><font face="Verdana" size="4"><B>Alcoholic beverages in Spain: health and economics</B></font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><b><font face="Verdana" size="2">Fernando Antoñanzas Villar<SUP>a</SUP>, María Puy Martínez-Zárate<SUP>b</SUP>, Roberto Pradas Velasco<SUP>a</SUP></font></b></P>     <P><font face="Verdana" size="2"><SUP>a</SUP>Universidad de La Rioja, Departamento de Economía y Empresa, Logroño, España    <BR> <SUP>b</SUP>Consejería de Salud, Gobierno de La Rioja, Logroño, España</font></P>     <P>&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana" size="2">Desde diversos foros de la salud pública se insiste en las consecuencias  negativas para la salud derivadas del consumo de alcohol, así como en otras  consecuencias sociales también del mismo signo; sin embargo, en los medios de  comunicación observamos cómo se potencia su consumo y cómo una buena parte de la  industria y del sector turístico pivota sobre la oferta de estos bienes.  Desconocemos si, como en muchas ocasiones, en el término medio está la virtud;  lo que desde luego está claro, por los resultados presentados más adelante, es  que la virtud no reside en el término en que se sitúa el actual consumo.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Seguidamente se describirán la estructura del sector productivo del alcohol,  algunas pautas de su consumo y las consecuencias que acarrea, para luego pasar a  citar las políticas públicas, haciendo especial hincapié en las de carácter  fiscal, y a efectuar una evaluación en cuanto a su capacidad para reducir el  consumo. Finalmente, se presentan algunas conclusiones y vías de avance  orientadas a fomentar la investigación para conocer mejor los aspectos  económicos y de salud pública relacionados con el alcohol, y así diseñar  políticas de salud pública más eficaces.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana"><B>Las bebidas alcohólicas, su producción y venta</B></font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">El sector de la elaboración de bebidas alcohólicas goza de una larga  tradición en España. Su caracterización a partir de datos del INE indica que la  producción alcanzó, en 2005, los 80 millones de hectolitros, lo cual significó  un 40% del total de las bebidas. La producción de cerveza, de 31 millones de  hectolitros fue superada por la agrupación de las 3 clases de vinos (espumosos,  blancos y tintos), cuya producción fue de 38 millones de hectolitros, y entre  las otras bebidas restantes destacan las espirituosas, con 6,5 millones de  hectolitros. Si esta producción se mide en valor, la producción de bebidas  alcohólicas superó la de las otras bebidas (un 55%, o 7.764 millones de euros).  Dentro de las bebidas alcohólicas, el valor de la producción de vino tinto fue  del 28%, el de cerveza de un 35,5%, y el de vino espumoso fue un nada  despreciable 7,2%.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La producción de bebidas se llevó a cabo en 5.800 establecimientos  industriales (de los cuales unos 4.000 correspondieron al sector vitivinícola),  más del 97% de ellos de tamaño inferior a los 50 trabajadores, habiendo empleado  en total a unas 65.600 personas. No obstante, los datos acerca del empleo son  menos precisos cuando se pretende integrar a quienes producen las materias  primas para la elaboración de dichas bebidas alcohólicas. Algunas estimaciones  cifran en 400.000 los ocupados de forma regular en la producción de uva, en las  más de 150.000 explotaciones agrarias, y en unos 170.000 los empleos directos e  indirectos relacionados con la cerveza (nótese que estos últimos pueden integrar  también al sector de la distribución). En algunas regiones, la producción de  estas bebidas alcanza una alta especialización; tal es el caso de La Rioja,  desde donde escribimos estas líneas. La productividad del sector de elaboración  de bebidas alcohólicas en España (valor añadido por persona ocupada) es de las  más altas del sector industrial, y su índice (del 160%) supera ampliamente al  promedio de la industria en general (100%).</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Las ventas de estas bebidas alcohólicas, también en 2005, significaron 9.523  millones de euros, de los cuales un 52% correspondió al vino (por contextualizar  ese valor, cabe decir que es similar al de la factura total de medicamentos  prescritos con receta oficial). La mayor parte de estas ventas se dirigió al  mercado nacional (80%), mientras que del resto, fueron los países de la Unión  Europea los que absorbieron el 70% del valor del producto exportado,  fundamentalmente el llamado vino tranquilo (no espumoso). El perfil de la  balanza comercial es netamente exportador para el vino tranquilo y espumoso (con  tasas de cobertura &#091;cociente entre exportaciones e importaciones&#093; del 5.600 y el  1.000%, respectivamente), mientras que para otros productos, como la cerveza y  los licores, es importador (con tasas de cobertura inferiores al 50%).</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">En definitiva, se trata de un sector innovador en lo tecnológico, exportador  y de alta productividad por trabajador, además de estar muy repartido en cuanto  a la localización de sus empresas por todo el territorio y de contribuir a  asentar a la población en el medio rural. ¡Esto es, un sector con muchos  intereses creados e interesante desde la pura perspectiva económica!</font></P>     <P>&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana"><B>Pero toda esa producción hay que consumirla…</B></font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Las formas de medir el consumo de alcohol son fundamentalmente 2: una, basada  en las cifras macro económicas de producción, exportaciones e importaciones que  se dividen entre la población mayor de 16 años para conseguir los valores per  cápita anuales, y otra basada en encuestas de amplia muestra dirigidas a la  población general o a grupos específicos (p. ej., jóvenes). Las primeras  constituyen una primera aproximación al consumo, pero no son del todo fiables  por carecer de los datos de las existencias de diversas bebidas alcohólicas  tanto al inicio como al final del período (ya que las existencias no se han  consumido).</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La segunda aproximación para medir el consumo de alcohol, mediante encuestas,  es la preferida a efectos de las comparaciones internacionales y temporales. En  España, se dispone de los resultados de las encuestas nacionales de salud (desde  1987), del Panel de Consumo Alimentario y de otras de carácter europeo dirigidas  a jóvenes escolarizados, como la European School Survey Project on Alcohol and  other Drugs (ESPAD). Además, en los amplios trabajos de Gual<SUP>1</SUP> y de  Meana y Pantoja<SUP>2</SUP> sobre el alcohol se pueden encontrar más detalles  sobre diferentes cuestiones relacionadas con el alcohol. Así, se constata que el  perfil de consumo español se va pareciendo más al de otros países europeos,  sobre todo en lo concerniente a los jóvenes, a la feminización del consumo y a  la mayor concentración del consumo durante los fines de semana. En la cantidad  de alcohol consumido y en su clase, el patrón difiere algo por encontrarse la  cantidad per cápita entre los valores más altos y por estar bastante compensada  la cantidad de alcohol procedente de la cerveza y del vino, cosa que no suele  suceder en otros países.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana"><B>Y el consumo de toda esa producción tiene consecuencias…</B></font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Los efectos del consumo de alcohol objeto de interés para la salud pública  son la morbilidad y la mortalidad atribuibles (hasta unas 60 consecuencias  distintas se asocian directamente con el consumo de alcohol)<SUP>3</SUP>, así  como algunas de las potenciales ventajas, recientemente encontradas, derivadas  del consumo, especialmente de vino, en dosis bajas. Además, el consumo de  bebidas alcohólicas genera costes añadidos por las bajas laborales, los  accidentes y la menor productividad, se asocia con un aumento de la violencia  (especialmente la doméstica) y de las alteraciones del orden público, con  marginación y exclusión social, etc. De estas últimas consecuencias, las fuentes  informativas son más bien parciales y se basan en registros y cálculos  estadísticos, no exentas de controversia por los métodos aplicados y la  naturaleza de los datos empleados.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Para España, las muertes prematuras evitables anuales se cifraron en unas  8.600 para el año 2002 (un 2,3% de todas las defunciones y el 9,2% de la carga  de morbilidad, sólo por detrás del tabaco y la hipertensión  arterial)<SUP>4</SUP>. De todas las defunciones, y según las fracciones  atribuibles para las diferentes enfermedades<SUP>2,3</SUP>, se estima que las  cirrosis (causa de unas 3.400 muertes) y los accidentes de tráfico (1.600 de  consecuencias mortales) serían las más destacadas, mientras que cerca de 700  defunciones son causadas por los tumores de esófago, cavidad oral y laringe.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Aun con todas estas dificultades referidas a la documentación de partida  respecto a las fuentes epidemiológicas, se han calculado los costes sociales  derivados del abuso del alcohol. Estos estudios de costes carecen de una  metodología común, lo que dificulta la comparación de los resultados entre  países o en diferentes momentos, pero en cualquier caso sirven de reflexión  acerca de la carga que un factor de riesgo impone a la sociedad. Incluso se  utilizan para examinar si la recaudación obtenida por los impuestos aplicados a  las sustancias que aumentan los factores de riesgo (p. ej., el tabaco y el  alcohol) compensa los costes quela Administración Pública soporta al financiar  los tratamientos sanitarios derivados del consumo de tales sustancias. En este  sentido, el estudio de Portella<SUP>5</SUP>, de 1998, cifró para España el coste  social anual en 637.718 millones de pesetas (unos 3.800 millones de euros), de  los cuales un 64% correspondía a los denominados costes directos (utilización de  servicios sanitarios, pérdidas materiales derivadas de accidentes de tráfico,  actuaciones de la Administración Pública derivadas de la actividad criminal,  etc.), mientras que el 36% restante representaba los costes indirectos  vinculados a las pérdidas de productividad.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Por otra parte, desde principios de la década de los noventa, algunos  trabajos<SUP>6-8</SUP> han resaltado la forma de «J» de la función que relaciona  la mortalidad cardiovascular (variable representada en el eje vertical) con el  consumo de bebidas alcohólicas (en el eje horizontal), y el mínimo de esta  función para los hombres en consumos diarios se hallaba en 20-40 g de etanol y  más cercano a los 10 g para las mujeres; esto es, el mínimo no se encontraba  para consumos nulos sino que parecía constatarse un efecto protector asociado  con un bajo consumo. Otros estudios han matizado las cifras de morbilidad por  grupos de edad y asociado los efectos del consumo de alcohol con el de ciertos  alimentos<SUP>9,10</SUP>, y se han cuestionado si la naturaleza de los efectos  protectores del vino se debe o no al contenido etílico propiamente dicho o al de  otros compuestos con factores antioxidantes<SUP>11</SUP>. En cualquier caso,  como puede figurarse, esta clase de investigaciones requiere más ensayos  clínicos adecuadamente diseñados y efectuar un estricto control sobre otras  variables, lo cual no siempre se consigue. Por estas razones, algunos autores,  como Fillmore<SUP>12</SUP>, resaltaron que buena parte de los hallazgos  estadísticos de asociaciones entre el consumo de vino y la mejora de algún  indicador epidemiológico se debía a errores de medida y a factores de  confusión.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana"><B>Pero se intentan aplicar políticas públicas…</B></font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">El marco de referencia de las políticas públicas dirigidas a la reducción del  consumo de alcohol es la denominada Estrategia Nacional de Drogas, elaborada en  1999 y vigente para el período 2000-2008. Dicha estrategia cuenta con órganos de  coordinación para acometer las actividades programadas, de manera que es la  Comisión Interautonómica del Plan Nacional de Drogas la encargada del  seguimiento de los programas y de debatir las vías de actuación. Durante el  gobierno del Partido Popular de 2000-2004, el Plan Nacional de Drogas se  gestionaba desde una institución administrativa con rango de Subsecretaría de  Estado, mientras que con el gobierno del PSOE, en 2004, cambió la gestión a un  nivel inferior, de Dirección General, y pasó su dependencia del Ministerio de  Interior al Ministerio de Sanidad y Consumo. Este matiz es importante, ya que el  diferente encuadre administrativo lleva a que algunas de las resoluciones no  tengan el carácter vinculante en otros departamentos de la propia Administración  o incluso del Ministerio de Sanidad y Consumo.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Además, en el Ministerio de Sanidad y Consumo hay otro órgano de coordinación  en materia de drogas, la Conferencia Sectorial sobre Drogas, de carácter más  transversal, que aprueba algunas directrices acerca de cómo abordar la gestión  de diferentes aspectos relacionados con las drogas, así como la transferencia de  fondos a las comunidades autónomas; pero el órgano real de seguimiento y control  de las acciones es la citada Comisión Interautonómica. Quizá uno de los retos  organizativos pendientes es clarificar cuál es la institución encargada de fijar  las prioridades, esto es, la forma de implementar la Estrategia Nacional de  Drogas, en nuestro caso, los aspectos concernientes al alcohol, ya que los  órganos señalados tienen un carácter más orientado hacia la coordinación o la  discusión y no tanto a la promoción de iniciativas.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Los intentos de legislar un marco normativo de carácter restrictivo, como la  «non nata» Ley del Alcohol, quedaron suspendidos («retirada temporalmente» fue  el término aplicado, en la primavera de 2007, por la ministra de Sanidad y  Consumo), dada la potencial amenaza que significaba para la gran cantidad de  intereses económicos en torno a estas bebidas y por la fuerte presión social,  que mostraba deseos de mantener sus pautas de comportamiento respecto a estos  productos (cosa que no sucedió, por ejemplo, con la llamada Ley del tabaco (Ley  28/2005 de 26 de diciembre), aprobada por unanimidad en el Congreso).</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La mayoría de las acciones y políticas públicas se han centrado en la  prevención y van dirigidas a la población general, especialmente a la juvenil.  Algunas de estas políticas de prevención aplicadas son las imitaciones para la  venta y el consumo de alcohol, el control de la publicidad, la educación para la  salud, las campañas de seguridad vial y los cambios en los precios de las  bebidas alcohólicas<SUP>13,14</SUP>. Nos detendremos un poco más en esta última,  cuya idea es simple: encarecer los productos de manera que ciertos grupos (p.  ej., los más jóvenes, que suelen tener una menor capacidad adquisitiva) reduzcan  el consumo. De hecho, la práctica del «botellón», aparte de sus componentes  sociológicos de rebeldía, búsqueda de asociación y sensación de independencia o  de «madurez» que pueda tener, nace también como una respuesta de los jóvenes  para evitar pagar el alto margen comercial de los bares y discotecas adquiriendo  las bebidas a precio de coste en los supermercados. Hay que tener presente que  más de la mitad del precio final del vino servido en los establecimientos  públicos corresponde al margen de la distribución; el margen para la producción  en la bodega y para el viticultor es aproximadamente de un 40%<SUP>15</SUP>.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Dado que hay un mercado competitivo en las diferentes bebidas alcohólicas  (numerosos productores, distribuidores y consumidores), los precios vienen  fijados por la coincidencia de la oferta con la demanda. Así pues, una forma de  lograr que el precio del producto aumente es que la Administración intervenga  mediante la fijación de impuestos. Ese establecimiento de impuestos se ha  practicado desde hace tiempo, aunque no con esta nueva finalidad extrafiscal, la  sanitaria, reconocida en la propia normativa (exposición de motivos de la Ley  38/1992, de 28 de diciembre, de Impuestos Especiales y reforzada en el reciente  Real Decreto Ley 12/2005 de 16 de septiembre sobre el Impuesto Especial del  Alcohol). A pesar de este interés, las modificaciones en la tarifa del impuesto  apenas recuperaron el desfase producido por la inflación desde 2001.  (Recuérdese que este impuesto especial se aplica sobre el volumen, sobre los  litros de la bebida &#091;cerveza, productos intermedios hasta de 22° y sobre otras  bebidas alcohólicas de mayor graduación, quedando exentos los vinos, tanto  tranquilos como espumosos&#093; y no sobre el valor del producto final, lo que sería  un impuesto ad valorem, fijado en forma de proporción y que no precisaría  actualización para compensar la inflación<SUP>16</SUP>.)</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Los valores del impuesto especial fijados en España nos sitúan, en general,  como el país con impuestos más bajos en todas las gamas de productos  alcohólicos. Por ejemplo, destaca que frente a una exención del impuesto sobre  el vino en España, el aplicado en el Reino Unido sea de 2,31 euros por litro, o  el de 8 céntimos en promedio por litro de cerveza aplicado en España y los 1,09  euros aplicados en Irlanda, a pesar de ser este último país un gran productor de  esta bebida. En el terreno de las bebidas de más alta graduación (p. ej., de  40º), se aplica en España un impuesto de3,3 euros por litro, mientras que en  Irlanda supera los 15 euros, en Suecia los 22 euros y en Alemania y Francia se  aproxima a los 6 euros.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Con estos valores de la tarifa del impuesto especial, los precios son menores  que en los países del entorno, así como la recaudación en valores absolutos. De  hecho, se situó en torno a los 1.300 millones de euros en 2005, y ha  experimentado aumentos menores que los de la inflación durante varios años de la  presente década (una consecuencia directa del diseño del impuesto por volumen y  de la ausencia de actualización anual).</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La investigación económica sobre la repercusión de los cambios en el consumo  ante variaciones en los precios, medida a través de las elasticidades, indica  que son menores que la unidad<SUP>17</SUP>. Es decir, unos aumentos del 15%, por  ejemplo, en el precio de un bien llevan a reducciones de su consumo en menos de  esa proporción. De hecho, en varios estudios se resalta la baja elasticidad,  menor incluso de 0,5, para los productos alcohólicos, lo cual, según las  clasificaciones económicas, indicaría su carácter de bienes de primera necesidad  o su carácter adictivo. Aunque esta baja elasticidad significaría también que  las políticas de aumento de precios apenas tendrían efectos en la  disminución del consumo (que es lo que se pretende), se ha comprobado que el  consumo de ciertos grupos es más sensible a cambios en los precios (p. ej., el  de los jóvenes), por lo que no habría que desdeñar la aplicación de estas  políticas de precios. En cualquier caso, deberían estudiarse con más profundidad  las variables que influyen en el consumo, además del propio precio, para diseñar  mejor las políticas dirigidas a reducir la demanda de estas bebidas.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana"><B>Conclusiones</B></font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Desde la perspectiva económica, la producción y la distribución de las  bebidas alcohólicas son un ejemplo singular de un sector económico que aporta un  gran valor añadido a la sociedad española. Sin embargo, el consumo de alcohol  genera claros problemas de salud pública, así como otros de índole social,  mientras que los potenciales efectos beneficiosos derivados del consumo moderado  de algunas bebidas alcohólicas requieren una mayor investigación clínica para  ser concluyentes. En cualquier caso, el hecho de que las empresas productoras y  distribuidoras aumenten los factores de riesgo de múltiples enfermedades,  especialmente entre sus mejores clientes, habría de abordarse con más atención  por parte de quienes tienen capacidad de modificar las políticas económicas y  sanitarias. ¡En ello nos va la vida!</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana"><B>Agradecimientos</B></font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">A Juan del Pozo Irribarría, del Servicio de Drogodependencias, Dirección General de Salud Pública y Consumo del Gobierno de La Rioja, por sus comentarios y aportaciones a una primera versión de este artículo.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana"><B>Bibliografía</B></font></P>     <!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">1. Gual A, editor. Monografía Alcohol. Adicciones. 2002;14 Supl 1.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2395825&pid=S0213-9111200800030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">2. Meana JJ, Pantoja L. Nuevas interpretaciones y nuevos abordajes del alcoholismo. Bilbao: Universidad de Deusto; 2000.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2395826&pid=S0213-9111200800030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">3. Anderson P, Baumberg B. Alcohol in Europe. A report for the European Commission. London: Institute of Alcohol Studies; 2006.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2395827&pid=S0213-9111200800030000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">4. Córdoba R, Robledo T, Nebot M, Cabezas C, Megido MJ, Marques F, et al. Alcohol, vino y salud: mitos y realidades. Aten Primaria. 2007;39:637-9.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2395828&pid=S0213-9111200800030000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">5. Portella E, Ridao M, Carrillo E, Ribas E. El alcohol y su abuso: impacto socioeconómico. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 1998.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2395829&pid=S0213-9111200800030000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">6. Renaud S, Lorgeril M. Wine alcohol, platelets and the French paradox for coronary heart disease. Lancet. 1992;339: 1523-6.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2395830&pid=S0213-9111200800030000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">7. Gunzerath L, Faden V, Zakhari S, Warren K. Report on moderate drinking. National Institute of Alcohol Abuse and Alcoholism. Clin Exp Res. 2004;28:829-47.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2395831&pid=S0213-9111200800030000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">8. O'Keefe JH, Bybee KA, Lavie CJ. Alcohol and cardiovascular health: the razor-sharp double-edged sword. J Am Coll Cardiol. En prensa 2007.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2395832&pid=S0213-9111200800030000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">9. Rayo I, Martín E. Vino y corazón. 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Alcohol-free red wine enhances plasma antioxidant capacity in humans. J Nutr. 1998; 128:1003-7.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2395835&pid=S0213-9111200800030000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">12. Fillmore KM, Kerr WC, Stockwell T. Moderate alcohol use and reduced mortality risk: systematic error in prospective studies. Addict Res Theory. 2006;14;101-32.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2395836&pid=S0213-9111200800030000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">13. Robledo T. Políticas institucionales de prevención de los problemas de salud generados por el consumo de bebidas alcohólicas en España y Europa. Adicciones. 2004;14 Supl 1:303-15.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2395837&pid=S0213-9111200800030000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">14. Calafat A. Estrategias preventivas del abuso de alcohol. Adicciones. 2004;14 Supl 1:319-37.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2395838&pid=S0213-9111200800030000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">15. San Martín J. 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