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</front><body><![CDATA[ <P align=right><STRONG>EDITORIAL</STRONG></P> <HR>      <p align=center><b><font size="4">EXPLORACIONES COMPLEMENTARIAS EN LAS UVEÍTIS</font></b></p>     <p align=center><b>ANCILLARY TESTS IN UVEITIS</b></p>     <p align=center>GEGÚNDEZ FERNÁNDEZ JA<sup>1</sup></p>     <p align=left>Las uveítis constituyen una importante causa de  ceguera y alteraciones graves de la función visual, destacando entre éstas el  edema macular quístico irreversible, las lesiones de la mácula y del nervio  óptico, distintas anomalías vasculares retinianas, el glaucoma, la catarata o el  desprendimiento de retina. Rothova (1) en un relevante estudio (1996) observó  que el 35% de los pacientes con uveítis tenían pérdida visual significativa y el  4% ceguera legal.</p>     <P align=left>El estudio clínico de las uveítis va a plantear  varios problemas de dimensiones considerables (2): 1.º Se trata de un grupo de  enfermedades de distribución y prevalencia relativamente amplias; 2.º  constituyen una causa importante de daño ocular estructural y funcional  permanente; 3.º existen múltiples etiologías y su abordaje y manejo clínico con  frecuencia ocasionan incertidumbre, retrasos diagnósticos, terapias crónicas e  incluso frustración, sabiendo que tras realizar una cuidadosa historia clínica y  exploración, revisión de síntomas por aparatos y pruebas diagnósticas de  laboratorio e imagen, los resultados pueden ser no concluyentes hasta en un 50%  de los casos.</P>     <P align=left>En las dos últimas décadas se han producido  importantes avances en el terreno de las uveítis, tanto en el conocimiento de  los mecanismos básicos de inflamación ocular y modulación de la respuesta  inmune, como en la introducción de nuevas terapias y métodos diagnósticos.  Intentar averiguar la etiología de una uveítis es fundamental, puesto que de  ello dependerá la elección del tratamiento adecuado y determinar un pronóstico  acertado. La dificultad radica en el elevado número de síndromes uveíticos  conocidos y en su elevada variabilidad semiológica, lo que obliga en no pocas  ocasiones a aplicar terapias empíricas de eficacia relativa. Para tratar de  atenuar este inconveniente es clave el empleo de un riguroso, detallado y  sistematizado método de aproximación diagnóstica, como la  descripción-entrelazado <I>(«Naming-Meshing System») </I>y aproximación a medida  propuestos por Nozik (3).</P>     <P align=left>En general, las uveítis pueden ser de causa  infecciosa o no infecciosa, denominándose «autoinmunes» a estas últimas. Esta  distinción es esencial, ya que el no identificar inicialmente un origen  infeccioso no excluye tal diagnóstico, bien por no ser evidente en un principio  o por no disponer de las técnicas adecuadas. Por otra parte, un abordaje  terapéutico basado en drogas anti-inflamatorias no específicas, podría no llevar  a la remisión o empeorar notablemente un proceso infeccioso de otra forma  curable. La diferenciación es a menudo difícil por varios motivos: las uveítis  infecciosas y no infecciosas pueden presentarse con los mismos signos y síntomas  clínicos; las respuestas inmunes son similares en muchos aspectos (p.e. una  uveítis infecciosa en un principio, puede seguirse de respuestas inmunes que  contribuirán al daño inflamatorio, enmascarando la verdadera naturaleza del  proceso); y finalmente, en muchas uveítis «no infecciosas» existen sospechas  fundadas de que hayan sido infecciosas en origen.</P>     <P align=left>Antes de iniciar cualquier investigación de  laboratorio debemos plantearnos si éstas son necesarias y de ser así, cuáles  serían las pruebas indicadas. Normalmente si las uveítis son «no trascendentes»,  no necesitarán investigaciones adicionales; p.e.: un primer brote de iritis  aguda, no granulomatosa, unilateral, de intensidad media, que responde al  tratamiento con esteroides tópicos de forma rápida y sin recurrencias,  corresponde la mayoría de las veces a una etiología viral no específica o a un  mecanismo inmunomediado de hipersensibilidad frente a determinados antígenos en  diferentes procesos sistémicos banales. Por otra parte, algunos síndromes  uveíticos son tan característicos (p.e. iridociclitis heterocrómica de Fuchs,  crisis glaucomatociclíticas o pars planitis) que se diagnostican únicamente con  el examen oftalmológico.</P>     <P align=left>Podemos agrupar los diferentes métodos diagnósticos  en estudios de laboratorio y de imagen o función (4). Con respecto a los  primeros destacaremos la serología intraocular, citología, cultivos, biopsias y  reacción en cadena de la polimerasa. Con respecto a las pruebas de imagen y  función nos referiremos a la angiografía con verde de indocianina, tomografía de  coherencia óptica, biomicroscopia ultrasónica y láser <I>«cell flare-meter».</P></I>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=left>La serología intraocular constituye un método  indirecto que puede realizarse tanto en humor acuoso como vítreo. Ya que la  simple determinación de anticuerpos en suero puede ser equívoca en el  diagnóstico ocular, resulta de mayor interés, de cara a averiguar la etiología,  demostrar la producción local ocular de estos anticuerpos. Witmer inicialmente  propuso la determinación de anticuerpos en humor acuoso o vítreo y su relación  con el nivel de anticuerpos plasmáticos, estableciendo un cociente significativo  de producción local de anticuerpos si su valor era mayor de 1. Actualmente  empleamos valores superiores a 3 (índice de Goldmann-Witmer) o 4 (índice de  Desmonts), para tener en cuenta el efecto de la rotura de la barrera  hematorretiniana por la inflamación, ya que ésta podría originar un aumento del  nivel local de todos los anticuerpos y proteínas del humor acuoso o vítreo,  originando falsos positivos.</P>     <P align=left>Con relación a la citología, el humor acuoso tiene  poco interés por el pequeño volumen de muestra que se puede obtener, y por la  dificultad en su manipulación para concentrar células que nos den información  sobre la naturaleza de la inflamación ocular. No obstante, podría ser útil en  casos de linfoma intraocular. El humor vítreo es un mal medio para la  conservación celular, debiendo realizarse extensiones directas en fresco si el  material es denso, o si éste es fluido concentraciones mediante filtros de  membrana o citometría de flujo, ya que permiten cuantificar el número total de  células, tipo, densidad de organelas, tamaño y proliferación celular. La  citología del vítreo puede ser útil en la toxoplasmosis y en el linfoma  intraocular.</P>     <P align=left>Los cultivos del aspirado acuoso o vítreo posibilitan  identificar bacterias, hongos o virus, aunque dado el pequeño volumen de muestra  que se obtiene así como el lento crecimiento de algunos gérmenes, muchas  muestras resultarán negativas, sobre todo si no se dejan crecer el tiempo  necesario. El cultivo del humor acuoso es especialmente útil en las  endoftalmitis pseudofáquicas por <I>Propionibacterium Acnes.</I> Actualmente la  PCR ha sustituido en la práctica clínica a los cultivos clásicos, ya que se  trata de una técnica muy sensible y específica que nos puede dar el diagnóstico  en menos de 24 horas, permitiendo modular el tratamiento en función del  resultado, y evitar los numerosos falsos negativos que ofrecen los  cultivos.</P>     <P align=left>Las biopsias de tejidos intraoculares (iris, vítreo,  retina-coroides) o extraoculares (conjuntiva, glándula lagrimal, tubo  digestivo), pueden servir para la tipificación diagnóstica de una enfermedad  sistémica con participación ocular (sarcoidosis), o únicamente oftalmológica. El  lugar ideal para realizar una biopsia debería ser fácilmente accesible, con una  baja tasa de complicaciones y con la mayor rentabilidad diagnóstica posible. Se  emplean tinciones para microscopia óptica, inmunohistoquímica o incluso  microscopia electrónica.</P>     <P align=left>Pero, sin duda, el avance de laboratorio más  relevante lo constituye la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), método de  amplificación enzimática de secuencias de ADN que nos permite su posterior  estudio molecular. La PCR consiste en la utilización de oligonucleótidos  sintéticos (<I>«primers»</I> o cebadores) que hibridan de forma específica con  cadenas de las dos hebras del ADN flanqueando la región de interés,  proporcionándonos unos productos de amplificación que si corresponden con el  peso molecular del virus que buscamos, dan el diagnóstico de certeza. En  oftalmología la PCR tiene un papel fundamental en el diagnóstico etiológico de  las uveítis infecciosas, puesto que es difícil llegar al diagnóstico de certeza  a través de la biopsia coriorretiniana, cultivos (lentitud de crecimiento) o  producción local de anticuerpos. Esta técnica es aun más importante en pacientes  con SIDA, sobre todo ante lesiones coriorretinianas dudosas, cuando los cuadros  son atípicos y varias etiologías pueden ofrecernos una misma lesión retiniana, o  ante una queratouveítis sin foco retiniano donde se sospecha un herpes,  retinitis por citomegalovirus atípica, retinitis toxoplásmica difusa, necrosis  retiniana aguda y necrosis retiniana externa progresiva, sospecha de  tuberculosis coroidea o sífilis ocular.</P>     <P align=left>En resumen, la combinación del índice de  Goldmann-Witmer con la PCR en acuoso y vítreo, ha demostrado que aumenta la  sensibilidad diagnóstica en las retinitis toxoplásmica y herpética. En los  pacientes con SIDA y uveítis es posible encontrar una etiología con ambas  técnicas, aunque en principio la PCR tendría mayor rentabilidad diagnóstica, así  como en pacientes muy inmunodeprimidos o en fases muy precoces de la infección  ocular. El índice de Goldmann-Witmer sería más sensible en fases tardías (3-4  semanas hasta que se sinteticen las inmunoglobulinas) y en individuos inmunocompetentes.</P>     <P align=left>En los últimos años podemos encontrar en la  literatura científica referencias a determinadas pruebas de laboratorio, la  mayoría de ellas poco utilizadas e inespecíficas, aunque no por ello exentas de  valor. Merecen destacarse la determinación de interleuquinas puesto que podrían  diferenciar inflamación (IL<sub>2</sub>, IL<sub>6</sub>, IL<sub>8</sub>) de linfoma (IL<sub>10</sub>); otras citoquinas como  el IFN-&#947;, TNF-ß y TNF-&#945; cuyos niveles  séricos elevados se han correlacionado con un aumento de las recurrencias; el  factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF), que muestra mayores niveles en  acuoso de pacientes con uveítis y edema macular quístico; y el factor de  inhibición de los macrófagos (MIF), el cual se eleva en acuoso cuando existe  vitritis. Otros tests más específicos desde el punto de vista etiológico pueden  ser la cuantificación de la <I>«Chlamydia pneumoniae heat shock protein»</I>  (Cpn-Hsp60), de la cual se han encontrado niveles séricos superiores en  pacientes con uveítis anteriores agudas previas con respecto a los controles  (5), lo que podría sugerir una posible implicación de las Clamydias en la  patogénesis de infecciones recurrentes o crónicas que originan este tipo de  uveítis. Finalmente, el «Anti-cord factor tuberculoso» (IgG-ACF), componente más  antigénico de la pared celular del bacilo de Koch, ha sido estudiado por Sakai  (6) en 15 uveítis con vasculitis retiniana (9 presuntamente tuberculosas); la  determinación de este factor mediante ELISA fue positiva en los 9 casos  presuntos y en ninguno de los otros 6 (3 sarcoidosis, 3 Behçet), y los títulos  resultaron más bajos en los pacientes con quimioterapia antituberculosa previa  que en los no tratados. Estos autores concluyen con que el ACF puede ser útil  para el diagnóstico de tuberculosis ocular, ya que un resultado positivo  indicaría la presencia del bacilo, incluso en ausencia de enfermedad sistémica  activa.</P>     <P align=left>En el capítulo de las pruebas diagnósticas de imagen  o función, el estudio con verde de indocianina (AVI) es particularmente útil en  las uveítis de localización coroidea (p.e. coroiditis serpiginosa), dado que  esta fase es muy rápida en la AFG y las alteraciones vasculares retinianas  podrían ocultar los cambios coroideos. También es útil en algunas coroiditis  multifocales, epiteliopatía placoide multifocal aguda, coriorretinopatía en  perdigonada y para localizar exactamente y valorar la evolución de las zonas de  inflamación escleral. La AVI resulta de mayor sensibilidad que la AFG en la  detección de recidivas en muchos cuadros de uveítis posterior.</P>     <P align=left>Una técnica de reciente introducción, aunque muy  costosa, es la tomografía de coherencia óptica (OCT), la cual permite medir en  micras el engrosamiento macular e incluso observar las celdillas de un edema  macular quístico, por lo que resultará muy útil para valorar el grado de  severidad estructural anatómica y funcional. La OCT y el análisis del espesor  retiniano tienen un valor añadido para la localización, detección de estadios  precoces y estudio del edema intrarretiniano, siendo su sensibilidad del 96%. Se  considera de mayor valor que la AFG en casos precoces, ya que la agudeza visual  parece guardar más relación con el engrosamiento macular que con los fenómenos  de difusión o escape angiográfico; de ahí que pueda ser muy útil en uveítis  donde la pérdida de visión tenga un origen multifactorial, o como coadyuvante de  otras técnicas de medición de la agudeza visual potencial como la  interferometría por láser.</P>     <P align=left>La biomicroscopia ultrasónica permite un estudio de  gran resolución de las estructuras del segmento anterior, siendo útil en las  pars planitis con opacidad de medios, en el diagnóstico de glaucoma de ángulo  cerrado en la enfermedad de Vogt-Koyanagi-Harada, granulomas periféricos por  toxocara, síndromes de efusión uveal, tumores del segmento anterior, uveítis  pseudofáquicas, escleritis y, en general, en la patología del cuerpo  ciliar-vítreo periférico-pars plana.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=left>Finalmente, el láser <I>«cell-flare-meter»</I> es un  método mucho más sensible que la exploración con lámpara de hendidura para  detectar cambios en la permeabilidad de la barrera hematoacuosa, siendo capaz de  cuantificar las células y la concentración de proteínas en la cámara anterior.  Es muy útil para conocer y diagnosticar los distintos patrones de inflamación,  monitorizar la respuesta al tratamiento, mejorar el seguimiento objetivo de la  inflamación y conocer el valor predictivo de las posibles recurrencias de la  uveítis a partir de valores umbrales de inflamación.</P> <FONT face=Arial>  <hr width="30%" align="left"> </FONT>     <P align=left><font size="2"><sup>1</sup> Doctor en Medicina.</font></P>     <P align=left>&nbsp;</P>     <P align=center><B>BIBLIOGRAFÍA</B></P>     <P align=left>1. Rothova A, Suttorp-van Schulten MS, Frits Treffers W, Kijlstra    A. Causes and frequency of blindness in patients with intraocular inflammatory    disease. Br J Ophthalmol 1996; 80: 332-336.</P>       <P align=left>2. Foster SC, Vitale AT. Diagnosis and treatment of uveitis.    Philadelphia: Saunders WB. 2002. </P>       <P align=left>3. Smith RE, Nozik RA. Uveitis: a clinical approach to diagnosis    and management. 2nd ed. Baltimore: Williams &amp; Wilkins. 1989. </P>       <P align=left>4. Cano P, Quijada A. Exploraciones complemetarias en las uveítis.    En: Gegúndez JA. Aproximación clínica al diagnóstico de las uveítis. Madrid:    Sociedad Española de Oftalmología 2002; Chap. 4. </P>       <P align=left>5. Huhtinen M, Puolakkainen M, Laasila K, Sarvas M, Karma A,    Leirisalo-Repo M. Chlamydial antibodies in patients with previous acute    anterior uveitis. Invest Ophthalmol Vis Sci 2001; 42: 1816-1819. </P>       <P align=left>6. Sakai J, Matsuzawa S, Usui M, Yano I. New diagnostic approach    for ocular tuberculosis by ELISA using the cord factor as antigen. Br J    Ophthalmol 2001; 85: 130-133. </P>     ]]></body>
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