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</front><body><![CDATA[ <p align=right><b>SECCIÓN HISTÓRICA</b></p>  <HR> <B>     <p align="center"><font size="4">MIRADAS, OJOS Y FLUIDOS EN LA PINTURA DEL SIGLO XX</font></p>     <p align="center"></B>MILÁN DE GRADO S<sup>1</sup></p><I>     <p align=right> Ver y ver bien siempre será el primer precepto  del    <BR>arte del pintor. Pero hay que conocer también la    <BR>naturaleza del ojo  que mira</I><SUP>2</SUP>.</p>     <p align=left>     <br> En la pintura occidental el rayo visual fue siempre  de forma explícita o encubierta, un elemento muy valioso dentro de las fuerzas  compositivas que actúan dentro del cuadro, tanto como el ojo, que funciona como  un núcleo magnético atrayendo y repeliendo cualquier cosa que sea atrapada en su  esfera.</p>     <p>Que el pintor vaya más allá de la representación del  ojo y describa la mirada, sus emanaciones luminosas, los fluidos de materia  incandescente y húmeda; que explique gráficamente la ojeada pétrea y  paralizante, o aquella que acecha y lanza sus tentáculos para atrapar un objeto,  es bastante más frecuente en el ámbito de la pintura contemporánea de lo que  podríamos imaginar en un primer momento y además enlaza con un pasado que  todavía hoy parece estar vivo en el ámbito del arte. La memoria de Platón  actualiza épocas en que la mirada fue concebida como un fluido que daba forma a  los objetos, o como tentáculos que proyectándose, se apropian del mundo que los  rodea. Mirada activa, mirada viva, cuyo rayo de luz hiende el espacio y solo  merced a él, se recrea el universo ante los ojos del que mira.</p>     <p align=center><IMG src="/img/aseo/v80n1/historica_archivos/f11-01.jpg" width=300 height=221>     ]]></body>
<body><![CDATA[<BR><font size="2"><i>Picasso, 26,06 68. Aguatinta y punta seca, 25 x 32,5 cm.    <br> </i></font></p>     <p>Su profusión indica que no es un tema ocasional y  aislado, muy al contrario, su permanencia imprime un sello que distingue una  parte de la pintura contemporánea. De la mano de artistas muy dispares  apreciamos que el ojo representado en los cuadros alcanza un protagonismo  excepcional y junto a los fluidos emanados del ojo y a la mirada transforman  profundamente tanto el significado del propio ojo y su cualidad activa, como el  espacio plástico en el que se mueven durante el siglo XX.</p>     <p align=center><IMG src="/img/aseo/v80n1/historica_archivos/f11-02.jpg" width=300 height=198>     <BR><i><font size="2">Granell E. El ojo de fuego, 1952.</font></i>    <br> </p>     <p>Quizá no podamos encontrar trayectorias de la mirada  tan atrevidas y elocuentes como las expresadas por Picasso en uno de sus  aguafuertes. Realizado en 1968, posee una clara influencia de la pintura  veneciana. La exaltación del erotismo encuentra su esencia en el deleite de  mirar y de devolver la mirada. Fruición al transgredir la intimidad, y merced a  su poder de seducción quedar atrapado irremediablemente. En el caso de este  portentoso grabado el rayo visual se sintetiza en unas líneas gráficas simples,  pero la luz de la mirada ha sido expresada a lo largo de la historia de la  pintura fundamentalmente, por fuego, rayos de luz, fulgor, resplandor,  etc.</p>     <p>Para encontrar expresados el resplandor y los fluidos  luminosos, es necesario remontarse lejos, a tradiciones que nutren nuestra  cultura y que están en relación con un ojo que fue sagrado. En el pasado, los  artistas reservaron unilateralmente la manifestación del ojo que emana luz a  ojos santos, divinos, sagrados; ojos que proliferaron en el ámbito mítico y  religioso. Pero si hay un ojo que destaca sobre todos ellos por su poder de  fascinar es un ojo único soporte de lo divino, que gracias a su poder de emanar  luz, crea y da muerte. Su presencia ancha y profunda está diseminada entre las  culturas que poblaron el Mediterráneo; las variantes que encontramos en el área  de asentamiento de los diferentes pueblos, no hacen más que confirmar la unidad  de un símbolo y un mito que durante los últimos milenios ha presidido la cultura  occidental: el Ojo del Mito Solar.</p>     <p align=center><IMG src="/img/aseo/v80n1/historica_archivos/f11-03.jpg" width=300 height=431>     <BR><font size="2"><i>Redon O. Visión, 1879 (Dans le revé).  Litografía,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 27,4 x 20,8. Cabinet des Estampes, París.</i></font>    <br> </p>     <p>En el mundo contemporáneo el ojo que se revela en el  espacio del arte, ha dejado de ser soporte de lo divino y ha perdido los  antiguos atributos religiosos, conservando las cualidades propias de su  naturaleza: la propagación de la mirada, la emanación de luz, la movilidad, el  poder de fascinar y de petrificar.</p>     <p>Eugenio Granell en su <I>Ojo de fuego</I> (1952),  muestra un fragmento de mármol del ojo del David de Miguel Ángel. Como si fuera  un vestigio mínimo de un cultura que aun hoy no ha extinguido su fuego, el ojo  proyecta rayos de fuego, luz móvil, con un designio determinado: continuar  creando.</p>     <p align=center><IMG src="/img/aseo/v80n1/historica_archivos/f11-04.jpg" width=250 height=349>     <BR><font size="2"><i>Dalí S. Moisés, s/fecha. Dibujo a pluma y acuarela.</i></font></p>     <p align=left>    <br> La proyección de luz a partir del ojo, recoge una  antigua tradición inaugurada por Platón que encuentra terreno abonado en el  movimiento Surrealista. Los artistas encontrarán temas fecundos, recreándolos en  el ojo fálico y la mirada prensil, en contraste con el ojo herido y  sangrante.</p>     <p>Uno de los artistas, precursor innegable en el  tratamiento del ojo y la mirada, es Redon. En una de las ilustraciones  realizadas para «A Edgar Allan Poe», <I>Visión</I> (1879), observamos un ojo  sobrenatural dirigirse hacia lo alto, flotando en un espacio al que excede. Es  el protagonista indiscutible del cuadro y el resplandor que emana a partir de él  nos habla de su naturaleza luminosa y radiante.</p>     <p align=center><IMG src="/img/aseo/v80n1/historica_archivos/f11-05.jpg" width=300 height=372>     ]]></body>
<body><![CDATA[<BR><font size="2"><i>Schönberg A. Lágrimas, s/f. Óleo s/lienzo, 29 x 23 cm.</i></font></p>     <p align=left>    <br> El <I>Moisés</I> (s/fecha),que pinta Dalí da cuenta  de los fluidos del ojo como una luz resplandeciente, al tiempo que espesas  lágrimas gotean. La oposición entre la sutil materia de la luz divina y la  grosera materia humana, marcan ese gesto de hacer más humano lo divino y una  forma privada de atentar contra un padre todopoderoso.</p>     <p>Si la luz es materia sutil y nos relaciona con los  dioses, las lágrimas son materia humana y expresan sentimientos. Schönberg,  músico cuya afición le llevó casi exclusivamente a pintar miradas, muestra en  <I>Lágrimas</I> (s/fecha), la emoción incontenible superpuesta a los ojos,  expresando la cualidad del sentimiento y de la mirada de rebosar de la mera  forma concreta.</p>     <p align=center><IMG src="/img/aseo/v80n1/historica_archivos/f11-06.jpg" width=250 height=325>     <BR><font size="2"><i>Ernst M. La corte del dragón, 1934.    <br> Collage (3, 104).</i></font></p>     <p align=left>    <br> Más allá de expresar un sentimiento e inundar el  espacio de fluidos húmedos, el ojo posee el poder de magnetizar, petrificar,  transgredir, violar y de matar. En el <I>collage</I> de Max Ernst, ilustración  realizada para <I>La corte del dragón</I> (3. 104) (1934), encontramos esta  cualidad activa de la mirada. El personaje que sustenta la dualidad  ángel-demonio, sugerida por las alas de naturaleza opuesta, mira con fiereza una  esfera de cristal homóloga del ojo. Su transparencia y dureza nos habla de  petrificación, de posesión, de apoderarse de la voluntad con el hechizo de la  mirada.</p>     <p>Estos ejemplos son escasos si pensamos en las  cuantiosas imágenes que genera el siglo XX, pero dan cuenta de un fenómeno mucho  más amplio y profundo que teniendo al ojo y a la mirada como protagonistas, han  revolucionado el panorama del arte actual. El tratamiento insólito del ojo, así  como el del resplandor de la mirada, de sus trayectorias y fluidos han  despertado perspectivas que estuvieron en el origen de nuestra cultura. Hoy  totalmente transformados aportan la innovación sin haber olvidado su extraordinario poder para fascinar, inquietar y crear universos en los que la manifestación del ojo y la mirada han propiciado que florezca el enigma.</p> <hr width="30%" align="left">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2"><sup>1</sup> Doctora en Bellas Artes, U.C.M. Pintora.    <br> <sup>2</sup> Odilon Redon: <i>A soi même. Journal (1867-1920)</i>. José Cortí, H. Floury Editeur, Paris.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><B>BIBLIOGRAFÍA</B></p>     <p align="left">1. Azara P. La imagen y el olvido. El arte como engaño en la filosofía de Platon. Madrid: Siruela; 1995.</p>     <p align="left">2. París J. El espacio y la mirada. Madrid: TAURUS; 1967.</p>     <p align="left">3. Fanés F. Historia del ojo: de Redon a Duchamp. Barcelona: Saber; 1985.</p>     <p align="left">4. Giacometti A. La pointe à l'oeil. In: Cahiers du Musée National d'Art Moderne. París: Centre Georges Pompidou; 1932; 19/87. (Sculpture).</p>     <p align="left">5. Granell Trias E. Los paréntesis de la mirada (un homenaje a Luis Buñuel). Teruel: Museo Provincial de Teruel; 1933; 83-84.</p>      ]]></body>
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