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</front><body><![CDATA[ <P align=right><B><font face="Verdana" size="2">        CARTA AL  DIRECTOR</font></B></P>     <P align=right>&nbsp;</P><B>     <p><font face="Verdana" size="4">Oncocercosis: una forma de vivir</font></p>     <p><font face="Verdana" size="4">Onchocerciasis: one way of living</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p></B>       <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Todo comenzó hace tres años. Estaba trabajando con la  ONG SED (Solidaridad, Educación y Desarrollo) en un pequeño hospital, Saint  Patrick, en Ofinso, Kumasi-Ghana. Nuestra labor era la de abrir un campo de  trabajo oftalmológico.</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Recuerdo que aquella consulta solo contaba con una  vieja lámpara de hendidura y un tonómetro de Schiotz. A pesar de esa carestía de  medios, se agolpaban cientos de personas diariamente para encontrar solución a  sus terribles problemas oftálmicos. Un oftalmólogo, el Dr. Michael, y su  asistente George, se encargaban de diagnosticar y tratar todo lo que buenamente  podían.</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Compartí con ellos un tiempo, el suficiente para  ilusionarme con crear una bonita unidad oftalmológica y tomé nota de todas las  necesidades acuciantes que tenían. Me comprometí que el año siguiente, llevaría  otro tonómetro, unos optotipos, e incluso un autorrefractómetro. Me había metido  en el equipo de Saint Patrick y era un reto personal.</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Ya desde allí, empecé a realizar mis primeros  contactos. Pero, un día, a la salida del bloque operatorio, el cual contaba con  mínimos, apareció la figura ante mí, de un cura. Vestía sotana y alzacuellos, y  el día era de más de 40 grados. Preguntó por mí, lo que me dejó más perplejo,  allí no me conoce nadie. Se había enterado de la presencia de un oftalmólogo  blanco que venía de Europa, y me contó una historia desgarradora. Me habló de un  lugar donde todos están ciegos. Cerca de allí vivía este hombre llamado Thomas,  en el norte de Benin, en la encrucijada con Burkina Faso y Togo, en una ciudad  llamada Tanguietá.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Le escuché atentamente y le expliqué mi proyecto con  el Hospital de Ghana. Él me dio las gracias por mi ayuda, pero me pidió que no  les olvidara. Al despedirnos nos dimos las direcciones y desapareció. La verdad  es que me dejó atónito con todos los relatos y reconozco que me costó centrarme  en la empresa en la que me había comprometido.</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Cuando volví a Valencia, conté las necesidades y el  estudio de los medios que se necesitaban para hacer un servicio decente de  oftalmología. SED me ayudó económicamente a comprar aparatos, y fue en el  Congreso Nacional de Sevilla, donde adquirí hasta 10 instrumentos (optotipos,  autorrefractómetro, tonómetro, biómetro, queratómetro, lente de campo amplio,  frontofocómetro, una caja de cristales para graduar y un montura de pruebas, y  un microscopio portátil para el quirófano). Soñaba con el día de mi regreso  allí, y con la cara de alegría que pondrían el Dr. Michael y especialmente mi  amigo George.</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Poco tiempo antes de mi viaje a Ghana, recibí una  carta del padre Thomas. Me enviaba unas fotos, y me pedía que no le olvidara.  Era un grito de auxilio, y al terminar de leerla me quedé un tiempo tratando de  imaginar cómo podría ser un sitio donde todos sus habitantes fueran ciegos  …</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">En agosto, volvimos a Ofinso. Y a pesar de que sabían  que regresábamos, no sabían nada de los aparatos. Sólo pensar en la sorpresa me  emocionaba. Y así fue, después de problemas en la frontera del aeropuerto de  Accra, el horrible tema de estos países, desde donde pongo mi denuncia, llegamos  al centro del país. Viajamos esos trescientos kilómetros por la noche y bajo la  lluvia. Pero el cansancio se trasformó en una inmensa alegría y nunca olvidaré  aquellos rostros, la expresión incrédula de sus caras al ver todo lo que íbamos  desembalando. Pronto los montamos y les enseñé a utilizarlos. Por cierto, que  fue el gobernador quien estrenó el autorefractómetro.</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">La consulta era fluida, y el sueño de hacía un año se  había hecho realidad. Incluso operamos varias cataratas el primer día para  comprobar el microscopio.</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Una tarde vino George a visitarme a mi casita, que  por cierto estaba dentro del hospital y de repente alguien golpeó la puerta. Era  el padre Thomas. Se alegró mucho de verme, pero me preguntó por qué no le había  respondido a su carta. Eso me dejó sin palabras. Sólo pude contestarle que  estaba muy concentrado en el proyecto de Ghana. Él agradeció mi esfuerzo, pero  me recordó que también hay un sitio en África, donde «la ceguera era una forma  de vida» … y esa idea de compartir una vida con la imposibilidad de ver, en toda  una población, se apoderó de mí. Ya no podía haber más largas, había cumplido  con el objetivo de la consulta en Saint Patrick y tenía que ir a Tanguietá. Así  que me comprometí con el cura en visitarle al año siguiente, y visitar esa aldea  de ciegos.</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Los meses pasaron, y aunque me quise informar sobre  ese lugar, nadie sabía nada. Lo cierto es que iba a ir solo a visitar un lugar  que nadie conocía y con un hombre con quien había tenido varias conversaciones,  eso sí, muy conmovedoras. Pero el día llegó, y en agosto de 2005 acudí a  Cotonou, la capital de Benin. En un aeropuerto oscuro, casi diría lúgubre, se  agolpaban cientos de personas y recuerdo que todos chillaban. Era de noche y  entre las caras de la gente que esperaba, reconocí al padre Thomas. La gente me  miraba de forma extraña, posiblemente porque era blanco y se me había ocurrido  ir a un país como ese.</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Al día siguiente, tras atravesar todo el país  llegamos al norte, a Tanguietá. Posiblemente uno de los sitios más pobres del  planeta. Llegamos al anochecer, puesto que habíamos recorrido todo el territorio  de sur a norte por horribles carreteras.</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Tras descansar, pronto en la mañana, nos dirigimos a  una aldea, a poca distancia de Tanguietá. Y pude observar que bajo un árbol  estaban sentadas unas personas que eran ayudadas a levantarse por unos chicos.  Los acercaron a donde yo estaba mientras yo escuchaba atentamente las  escalofriantes narraciones del padre Thomas. Eran ciegos. Pronto conocí a Jean.  Un joven, único que hablaba francés, porque era el único que había estudiado en  Braille, y por quien llegué a conocer que es lo pasaba allí. Me contó que casi  todos los que vivían allí estaban ciegos y que habían más aldeas con ciegos. Ese  mismo día acudí al Hospital de San Juan de Dios, donde hay dos monjas españolas,  y un misionero italiano, que además es cirujano. Ellos me aclararon mucho más  .</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Recuerdo que llevamos a unas diez personas, en la  parte de atrás de una furgoneta, todas ciegas, al hospital, para verlas en una  vieja pero útil lámpara de hendidura. Las córneas estaban esclerosadas (<a href="#f1">fig. 1</a>).  Al terminar de revisarles, repasé la literatura y los comentarios del misionero  …</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=center>  <font face="Verdana" size="2"><a name="f1">  <IMG height=445 src="/img/revistas/aseo/v81n5/f03-01.jpg" width=450 border=0></a>     <BR><i><B>Fig.  1.</B> Córneas esclerosadas.</i></font></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Causada por la microfilaria <I>Onchocerca  Volvulus.</I> Endémica del África central y occidental, así como de centro y sur  América. Transmitida por dípteros hematófagos del género <I>Simulium </I>en las  aguas estancadas. La hembra adulta transmite las larvas al ser humano. Éstas se  diseminan por vía subcutánea y maduran a gusanos adultos. Llegan a medir hasta  50 cm y pueden vivir hasta 10 años. Las hembras producen millones de  micrifilarias. Hay entre 8 a 10 millones de infectados en el mundo y 1 millón  están ciegos. La visión se pierde por queratitis esclerosante, uveítis crónica  anterior, coriorretinitis o neuritis óptica. Hoy en día la Ivermectina, que  impide la separación de las microfilarias de la hembra adulta, es el mayor  avance terapéutico no al alcance de todos.</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Estaba claro, era la ceguera de los ríos, era la  oncocercosis. Con aquellos medios no podía pasar de visualizar las córneas. Pero  el misionero italiano, que hacía de todo, me contó que había visto a gente  infectada por estos gusanos con córneas claras y que no veían … sería por tanto  problemas del polo posterior.</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Tras aquellos días en la zona de Tanguietá, de pasar  a Burkina y a Togo, con el padre Thomas, de hablar mucho sobre lo poco que  hacemos por ellos, volví con un terrible sabor de boca. Esa plaga destroza a  millones de personas en el mundo. Y parece que no se detiene porque están  abandonados a su suerte. También podría hablaros de la úlcera de Buruli, que  ayudé a mitigar en Bouaké-Costa de Marfil, o de las simples triquiasis que  llegan a destrozar córneas que ví en Backombel-Senegal.</FONT></P>     <P align=left><FONT size=2 face="Verdana">Nos necesitan. Y confían que algún día iremos a  salvarles, hasta ese momento ellos vivirán ciegos y habrá muchos más, porque la  oncocercosis se ha convertido en su forma de vida.</FONT></P>     <P align=right><FONT size=2 face="Verdana"><b>Torres T.    <BR></b>Doctor en Medicina.  Oftalmólogo    <BR>Profesor Oftalmología del Master Medicina y Cirugía Tropical de  Valencia    <BR>E-mail: <a href="mailto:tioma@comv.es">tioma@comv.es</a></FONT></P>     ]]></body>
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