<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0365-6691</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Arch Soc Esp Oftalmol]]></abbrev-journal-title>
<issn>0365-6691</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Sociedad Española de Oftalmología]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0365-66912006000900003</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Charles Schepens un romántico de acero]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sánchez Salorio]]></surname>
<given-names><![CDATA[M.]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>09</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>09</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<volume>81</volume>
<numero>9</numero>
<fpage>501</fpage>
<lpage>506</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0365-66912006000900003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0365-66912006000900003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0365-66912006000900003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="right"><b><font  face="Verdana" size="2">NECROLÓGICA</font></b></p>      <p>&nbsp;</p>      <p><b><font  face="Verdana" size="4">Charles Schepens un romántico de acero</font></b></p>      <p>&nbsp;</p>      <p>&nbsp;</p>      <p><b><font  face=Verdana size=2>Sánchez Salorio M.<sup>1</sup></font></b></p>      <p><font  face="Verdana" size="2"> <sup>1 </sup>Doctor en Medicina. Santiago de Compostela. España.    <br> E-mail: <a href="mailto:ingo@corevia.com">ingo@corevia.com</a></font></p>      <p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font  face=Verdana size=2><i>«Never stop dreaming. What seemed impossible yesterday can become a reality tomorrow»    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Charles L. Schepens.</i></font> </p>     <p align="right"><font  face=Verdana size=2><i>«Yo no aspiro a la felicidad, aspiro a mi obra»    <br> F. Nietzsche, Así habló Zaratustra.</i></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font  face=Verdana size=2>El día 28 del pasado mes de marzo a la edad de 94  años manteniéndose lúcido y activo hasta el último momento falleció en Salem,  Massachussets, Charles L. Schepens.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>Se cierra así no sólo una biografía apasionante —su  actuación como partisano de la resistencia belga durante la Segunda Guerra  Mundial parece arrancada de una novela de aventuras— sino también una obra de  indudable significación histórica.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>Porque no parece aventurado afirmar que en la segunda  mitad del siglo XX las dos personas que más han influido en los usos y  costumbres de la oftalmología mundial han sido Hans Goldmann y Charles Schepens.  La biomicroscopía, la campimetría y la tonometría deben la mayor parte de su  actual precisión y sutileza al ingenio y al afán perfeccionista de Goldmann. La  lente de tres espejos, el campímetro de cupola, el tonómetro de aplanación y la  versión que Goldmann hizo de la lámpara de hendidura nacieron de la cabeza y de  las manos del gran maestro de Berna con tal grado de perfección que apenas han  sido modificados con el paso del tiempo (la automatización actual del campímetro  tiene que ver con la rapidez y el registro gráfico de la exploración pero no ha  añadido nada a sus fundamentos).</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font  face="Verdana">¡Ora serrata a la vista!</font></p> </b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font  face=Verdana size=2>Pero en el interior del globo ocular continuaba  existiendo un territorio inaccesible a la mirada del oftalmólogo. Ese territorio  era la periferia de la retina. La ora serrata y sus aledaños eran una especie de  «terra incognita» situada más allá de la frontera de lo visible. Franquear esa  frontera y transformar ese Farwest en geografía accesible y transitable ha sido  la gran aportación de Charles Schepens. Por ella pero también por otras muchas  es por lo que, en lo que se refiere al conocimiento, al diagnóstico y al  tratamiento del desprendimiento de la retina, la significación histórica de la  obra de Schepens debe de ser considerada como esencial inmediatamente después de  los descubrimientos pioneros de Gonin.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>Porque lo cierto era que no todos los oftalmólogos  eran capaces de ver con el espejo cóncavo y la lupa lo que veía Gonin. Y eso  ocurría así no sólo por las limitaciones propias de la oftalmoscopía indirecta  monocular sino también por otra razón. En 1914 May perfeccionó los modelos hasta  entonces muy defectuosos de oftalmoscopios eléctricos de imagen recta. La  comodidad de su manejo, la intensidad de su iluminación y los aumentos de la  imagen hicieron que la oftalmoscopía indirecta fuese cada vez menos usada en la  práctica cotidiana. Las generaciones que nos iniciamos en la oftalmología en los  primeros años de la década de los 50 pensábamos que lo moderno y eficaz era usar  el oftalmoscopio de imagen recta y que ver el fondo de ojo con el espejo cóncavo  era una especie de vestigio anacrónico impropio de la época. La falta de  entrenamiento —y de paciencia— hacía que aún viésemos menos de lo que se podía  ver. Por si el testimonio personal vale para algo he de confesar que yo nunca  pude ver con el espejo cóncavo y la lupa lo que veía mi padre quien lo usaba  todos los días y en todos los pacientes ni mucho menos lo que nos enseñaba Don  Hermenegildo Arruga cuando lo visitábamos en su clínica de Barcelona. En la  Universidad yo tuve un gran maestro pero era un profesor «moderno». D. Angel  Moreu tenía todos los modelos de oftalmoscopios eléctricos que existían en 1950  pero rara vez echaba la mano al espejo y a la lupa. Y lo cierto era que con la  imagen recta no se veía la periferia del fondo de ojo.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>Esa era la situación cuando apareció el oftalmoscopio  binocular. El parto había sido largo y trabajoso. Giraud-Teulon en 1861 había  diseñado un instrumento que tenía en el centro un espejo que enviaba hacia la  pupila del paciente la luz proveniente de una fuente luminosa externa y dos  aberturas laterales provistas de un prisma a través de las cuales llegaban a los  ojos del observador las imágenes del fondo de ojo del paciente (en el Instituto  Oftalmológico Nacional de Madrid se conserva un oftalmoscopio de Giraud-Teulon  que debe ser considerado como un tesoro por su mérito y por su rareza). Las  posibilidades que ofrecía ese instrumento no fueron apreciadas hasta que  Schepens las desarrolló diseñando un modelo nuevo absolutamente original. Vale  la pena escuchar al propio Schepens describir las circunstancias en que se  produjo el parto: <i>«The year was 1943 and there were no tools or materials in  England, where bombs landed and exploded indiscriminately. One of them partially  destroyed the building of London's Moorfields Eye Hospital, where I had just  arrived, having escaped from Belgium. I had received an appointment as a  Moorfields' Scholar: Night after night, regardless of new bombs folling, fires  starting all around, I sifted through the debris in the cavernous spaces of the  hospita's cellars. I ferreted for scraps of wire, optical glass, bits of brass,  screws, hardwore of any kind which might be useful in the building of a  prototype of a binocular ophthalmoscope. I found enough scraps to put together a  primitive instrument, but it worked!»</i>. En 1945 en el Boletín de la Sociedad  Belga de Oftalmología publica «un nouvel ophthalmoscope pour l'examen du  décollement de la retine». El prototipo puede verse ahora en la colección  permanente de instrumentos médicos de la Smithsonian Institution en  Washington.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>En 1947 presenta su comunicación histórica: «A new  ophthalmoscope demonstration». En el primer prototipo, el oftalmoscopio se  sujetaba en la cabeza del oftalmólogo y la luz provenía de una fuente externa.  En 1951 la fuente de luz se incorpora al instrumento en forma de un pequeño  transformador. El modelo reproducía el diseño de lámpara que usan los mineros en  las minas de carbón: la fuente de luz en la cabeza tenía la ventaja de dejar  libres las dos manos. En 1968 Pomerantzeff introduce en el instrumento mejoras  substanciales siguiendo los principios establecidos muchos años antes por  Gullstrand. En ese prototipo se consigue que el trayecto de la luz necesaria  para la iluminación del fondo de ojo atraviese la pupila del paciente por un  lugar diferente al que la atraviesa la luz reflejada que llega a los dos ojos  del observador. Los reflejos provenientes de la córnea y de la superficie  anterior del cristalino son evitados. El oftalmoscopio binocular indirecto  aparece ya como lo conocemos actualmente.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>Además, durante estos años Schepens incorporó a la  exploración oftalmoscópica una maniobra descrita por Trantas en 1900: la  depresión escleral. Para ver la periferia de la retina Trantas deprimía la  esclera con su dedo pulgar. Schepens diseñó un depresor metálico dotado de un  dedal para poder ser manejado con un solo dedo. La indentación escleral que se  conseguía así era mucho más intensa, segura y localizada que la que Trantas  producía con su dedo.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>La periferia de la retina, ahí donde se generan la  mayoría de los desprendimientos de la retina, por primera vez en la historia  podía ser ya observada en visión estereoscópica y con una iluminación adecuada.  La mirada de Schepens y con ella la de todos los oftalmólogos entraba en un  nuevo mundo. Tal como el 12 de Octubre de 1492 desde la cofa del palo mayor de  la Pinta, Rodrigo de Triana gritó alborozado: ¡Tierra a la vista!, Charles  Schepens podía haber gritado a los oftalmólogos de todo el mundo: ¡Ora serrata a  la vista!</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>Porque el procedimiento era tan efectivo que pronto  se hizo universal. La cabeza del oftalmólogo que hoy en día, gracias, a los  protocolos de actuación y a los principios de la medicina basada en la evidencia  ya no necesita ser usada para pensar; asumía una nueva e importante función: ser  el soporte sobre el que se amarra el oftalmoscopio binocular inventado,  desarrollado y perfeccionado por Charles Schepens. Desde Helmholtz y Ruete nadie  hizo tanto como Schepens para facilitar la observación del fondo de ojo. Esa es  la gran deuda que todos hemos contraído con la figura impresionante del gran  maestro de Boston.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font  face="Verdana">Si la retina no se acerca a la coroides se acerca a la  retina. La indentación extraescleral</font></p> </b>     <p><font  face=Verdana size=2>Pero a Charles Schepens no le debemos tan sólo el  haber ampliado el horizonte de nuestra mirada cuando exploramos el fondo de  ojo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font  face=Verdana size=2>También le debemos haber mejorado la eficacia de lo  que hacemos con nuestras propias manos cuando operamos un desprendimiento de la  retina. Porque Schepens ha sido quien sistematizó y generalizó una maniobra  quirúrgica hoy en día de uso habitual: el «scleral buckling».</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>En 1949, en Düsseldorf, Custodis había recuperado una  maniobra descrita por Hess en 1937: la «Skleraleindellung». La indentación  escleral que Hess provocaba de modo pasajero Custodis va a transformarla en  permanente mediante lo que llamó «plombage» suturando sobre la esclera un  implante de poliviol, Custodis producía un abombamiento local de la pared ocular  hacia la cavidad vítrea situando el implante en el lugar correspondiente a las  roturas. La indentación contactaba con los desgarros, los taponaba y al mismo  tiempo aliviaba las tracciones vítreas. Custodis aplicaba sobre la esclera  diatermia superficial y nunca hacía punción evacuadora. AI apretar las suturas  se elevaba la presión intraocular colapsando la arteria central de la retina por  lo que había que anudar los hilos de modo paulatino. En 1956 Custodis publica  una serie de 515 casos en la que sólo en un único caso tuvo que recurrir a una  paracentesis de la cámara anterior para aliviar la hipertensión ocular provocada  por la indentación.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>En 1951 Schepens inicia los trabajos que van a  conducir a la sistematización de la indentación escleral y a su uso como  maniobra habitual en la cirugía del desprendimiento de la retina. En 1953  publica los primeros resultados. En 1956 describe la indentación segmentaria  utilizando un tubo como material de implante. En 1957 describe la indentación  circular. El procedimiento había sido diseñado principalmente para hacer  permanente el efecto de los implantes locales. Por esa razón las ventajas del  procedimiento sólo deberían apreciarse a medio y largo plazo. Pero los  resultados mejoraban de inmediato. El cerclaje actúa porque al reducir el  diámetro ecuatorial del globo alivia las tracciones en la base del vítreo, en la  periferia y en algunos casos —especialmente en el D.R. de los afáquicos— porque  la indentación que produce tapona pequeños desgarros que podían haber pasado  desapercibidos en la exploración preoperatoria. La indentación circular resistió  la prueba del tiempo y se constituyó como un procedimiento esencial en la  cirugía del DR.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>La oftalmoscopía binocular y la indentación circular  son las dos aportaciones que hacen que el nombre de Charles Schepens figure ya  para siempre en la historia del diagnóstico y del tratamiento del  desprendimiento de la retina.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font  face="Verdana">«Bringing the laboratory to the bedside». La creación de  estructuras: The Schepens Eye Research Institute</font></p> </b>     <p><font  face=Verdana size=2>Pero a mí me gustaría rematar estas líneas añadiendo  una breve observación. Cuando Gonin era un héroe de fama mundial recibió la  visita de un periodista quién a la vista de la escasez de medios y de  instalaciones de la clínica de Lausanne le preguntó: ¿Dónde tiene usted su  laboratorio? Gonin sonrió, dirigió el dedo índice de su mano derecha hacia su  propia cabeza y le dijo simplemente: «aquí». Para realizar su obra, Gonin no  necesitó más que pacientes, el espejo cóncavo, una lupa, poner incandescente el  Paquelin, un microscopio para analizar sus propias preparaciones histológicas...  y su inteligencia.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>Por el contrario la fidelidad al espíritu y a la  complejidad de su tiempo obligó a Charles Schepens a ser además de médico,  cirujano e investigador, un creador de organizaciones.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>En 1947 creó en el «Massachusetts Eye and Ear  Infirmary» el primer servicio de retina del mundo. Después estructuró el grupo  Retina Associates y en 1950 la Retina Foundation que hoy en día lleva el nombre  de «Schepens Eye Research Institute».</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>Tal como en su día inventó el oftalmoscopio  binocular; Schepens inventa ahora «estructuras» organizativas modernas que  permitan el trabajo en equipo, potencien su propio liderazgo y muy especialmente  que hagan posible la fecundación cruzada entre clínica e investigación.  «Bringing the laboratory to the bedside» es el mensaje. Romper el bloqueo tantas  veces existentes entre la clínica y la investigación ha sido una constante en la  vida de Schepens. El día en que le preguntaron cuál consideraba la aportación  más importante de su larga vida como médico y cirujano dio una respuesta que a  pesar de su extensión me atrevo a reproducir textualmente porque pocas veces se  habrá expresado con tanta precisión y autenticidad no sólo la diferencia del  «outlook» que caracteriza al cínico y al investigador sino también la necesidad  de su interconexión para hacer surgir esa «atmosphere» que hace posible la  actividad creativa.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font  face=Verdana size=2><i>«Well, after learned what I could about the clinical  aspects of retinal detachment, I became convinced that we needed more research,  and that in order for the research to succeed, it was essential to create a  partnership between clinical practitioners interested in progress through  clinical reseach and the full time bench researcher. I consider the  collaborative efforts between these two disparate groups in more than forty  years at our Institute, my most important achievement. We were able to create an  atmosphere where these two very different "especies" not only worked together;  but they stimulated one another; helped each other to achieve the optimum  results. I believe this the most important thing I could have done in my "little life&quot;»</i>.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2><i>«I don 't think real progress can be made unless a  true collaboration exists between the two very different disciplines. The  clinician alone doesn't have the time or patience to wait for results. The task  of bringing the laboratory to the bedside is a never ending one. We have made a  good stort. But much more has to be done».</i></font></p>     <p><font  face=Verdana size=2><i>«The bench researcher and the practitioner have very  different outlooks on life. The doctor gets his rewards every day from his  patients. They thank him, sometimes in an exaggerated way. He gets immediate  satisfaction from seeing the result of a successful surgical procedure, or the  right course of treatment. The Ph.D. Seldom gets thanked for what he does.  Sometimes he has to wait years to get any recognition, even from his peers, when  he finally publishes something he has been working on for years. The fundamental  aims of the bench scientist and the physician are basically the same, but the  goals of their daily lives are totally different. The researchers are seldom  pushed by the desire to help a patient. They don't know patients. Their main  motivation is curiosity. They want to know what is behind this thing that they  don't quite understand».</i></font></p>     <p><font  face=Verdana size=2><i>«How can he find out what is there and explain it to  others? is what he's asking. The physician's impetus is not basic curiosity, of  course, some curiosity is there, but his principal drive is to help a  patient.»</i></font> </p>     <p align="center"><font  face="Verdana"><IMG src="/img/revistas/aseo/v81n9/f04-01.jpg" width=400 border=0>     <BR> </font> <font  face=Verdana size=2><i>Charles Schepens en Santiago de  Compostela en 1992.     <br> Le acompañaban, de izquierda a derecha: A. Domínguez,     <br> M.  Sánchez Salorio, C. Capeans, D. Ducournau y B. Corcóstegui.</i></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p><font  face=Verdana size=2>En <i>«The Schepens Legacy»</i>, como lema esencial de su  legado, Schepens escribió en la cubierta del libro:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font  face=Verdana size=2>LA CLAVE DEL LEGADO    <br> «<i>Never stop dreaming. What seemed impossible  yesterday can became a reality tomorrow</i>».</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>El sueño es aquí la metáfora que reivindica la  capacidad creativa propia de la imaginación. Para el científico creativo sólo lo  improbable es interesante y la imaginación es todavía el instrumento —el método—  más adecuado para desvelar lo desconocido. Ver lo que todos ven y ser capaz de  pensar lo que antes nadie había pensado, esa es la clave del descubridor. Como  lo es también el ambiente en que ese proceso surge y se alimenta.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>En un tiempo y en un país en el que parece que el  ideal se orienta hacia el investigador-funcionario quizás convenga recordar que  Charles Schepens fué un médico preocupado antes que por ninguna otra cosa en  resolver los problemas graves que presentaban sus pacientes. Fue la observación  clínica (a los 82 años todavía pasaba consulta) la principal referencia tanto  para identificar los problemas como para inventar las soluciones. Y también  convendría resaltar que fué capaz de hacer lo que hizo precisamente en el marco  rabiosamente competitivo de esa «anarquía organizada» en que consiste la  universidad norteamericana. En la que la legitimidad no deriva nunca de disponer  de un título sino de la eficacia y de la capacidad de autorealización. Y  autorealizarse consiste en conseguir hacer operativos los propios sueños. No en  vano en algún lugar nos dijo Shakespeare que «estamos constituidos por la misma  materia que nuestros sueños».</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>Por no haber cesado nunca de soñar, por haber sido  capaz de encontrar una relación operativa entre sus sueños y su actividad y por  haber sabido constituirse en gestor eficaz de su propio Imaginario, Charles  Schepens debe ser considerado como un héroe de la medicina de nuestro  tiempo.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>En <i>«Les idées a l´endroit» Alain de Benoist escribió:  «L'homme de l'avenir sera le seigneur des contraires. II aura la memoire plus  longue et     <BR>L'imagination la plus forte. II pratiquera un romantisme d'acier»</i>.  La memoria más larga y la imaginación más fuerte. Duro, tenaz, obstinado pero  también siempre abierto y soñador, siempre intentando sacar lo mejor de si mismo  para darlo a los demás. Esa es la clave, al menos para mí, que explica la vida y  la obra de Charles Schepens: haber sido, y seguir siendo hasta el final un  «romántico de acero».</font></p>     ]]></body>
</article>
