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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El uso pionero de la mostaza nitrogenada por Emilio Roda Pérez en el tratamiento de las uveítis idiopáticas]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Erlangen-Nümberg Departamento de Oftalmología ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><b><font  face="Verdana" size="2">SECCIÓN HISTÓRICA</font> </b></p>     <p>&nbsp;    <p><font  face="Verdana"><b><font  size="4">El uso pionero de la mostaza nitrogenada por Emilio Roda Pérez en el tratamiento de las uveítis idiopáticas</font> </b></font>     <p>&nbsp;    <p>&nbsp;    <p> <b><font  face=Verdana size=2>Bergua A.<sup>1</sup></font> </b></p>     <p><font  face="Verdana" size="2"><sup>1</sup>Doctor en Medicina. Departamento  de Oftalmología de la Universidad de Erlangen-Nümberg. Erlangen. Alemania.    <br> E-mail: <a href="mailto:antonio.bergua@augen.imed.uni-erlangen.de"> antonio.bergua@augen.imed.uni-erlangen.de</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p><b>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font  face="Verdana">Introducción</font></p></b>     <p><font  face=Verdana size=2>En 1860 el químico inglés Frederic Guthrie  (1833-1886) sintentizó el gas mostaza, un arma de guerra química usada durante  la Primera Guerra Mundial en julio de 1917 por los alemanes para impedir el  ataque británico cerca de Ypern (Bélgica). El gas mostaza también se le conoce  con el nombre de Lost, por los descubridores alemanes (Lommel und Steinkopf) o  yperita, por el lugar donde se utilizó por vez primera. En 1919 se observaron  —además de los efectos tóxicos sobre la piel y mucosas— una profunda leucopenia  y aplasia del tejido linfoide en las personas expuestas al gas.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>Con un medicamento derivado del gas mostaza  desarrollado en la década de los años 20 y 30 del siglo XX, la mostaza  nitrogenada, enfermos afectados de linfomas se trataron por primera vez con  éxito en la Universidad de Yale (USA) en 1943. La mostaza nitrogenada fue el  primero de los llamados agentes alquilantes, compuestos capaces de reemplazar un  átomo de hidrógeno en otra molécula por un radical alquilo. Son capaces de  combinarse muy activamente con los grupos amino o sulfidrilo de las proteínas y  los ácidos nucleicos, causando profundas alteraciones en el código genético de  las células expuestas al medicamento, inhibiendo fácilmente su mitosis. La  mostaza nitrogenada conserva las propiedades altamente reactivas e irritantes de  piel y mucosas del gas del que fue sintetizado y por tanto no puede ser  administrada por vía oral sino por vía intravenosa en forma de bolo o en  infusión continua.</font></p> <I>     <p align="center"><font  face="Verdana"><IMG src="/img/revistas/aseo/v81n9/f13-01.jpg" width=300 border=0> </font>  <font  face=Verdana size=2>    <BR><b>Fig. 1. </b>Fotografía de Emilio  Roda Pérez durante    <br> &nbsp;un banquete de la Sociedad Española    <br> &nbsp;de Medicina  Interna.</font></p> </i>     <p><font  face=Verdana size=2>Su uso terapéutico en oftalmología lo introdujo un  internista español, el Dr. Emilio Roda Pérez (1907-1983) en 1950, un hecho  apenas conocido de la historia de la medicina y oftalmología española. La  mostaza nitrogenada ya no se emplea en oftalmología, pero todavía se sigue  utilizando en oncología con el nombre de Mustargen<sup>®</sup>(Merck, USA), un  agente quimioterapéutico conocido también con el nombre de mecloretamina o HN2  hidroclorido. Uno de los primeros países del mundo en usar la mostaza  nitrogenada fue España, de la mano del profesor Carlos Jiménez Díaz (1898-1967),  que lo utilizó fundamentalmente en el tratamiento de la psoriasis y de la  artritis reumatoidea (3,4).</font> </p>     <p><font  face=Verdana size=2>Si bien la mostaza nitrogenada ha sido substituída  por otras substancias inmunosupresoras para el tratamiento de las uveítis, un  derivado de ella —la ciclofosfamida— todavía forma parte del vademecum  oftalmológico. La ciclofosfamida (Endoxan<sup>®</SUP>) así como la ifosfamida  (Holoxan<sup>®</SUP>) se derivan de la mostaza nitrogenada y son substancias  también alquilantes desarrolladas por el químico alemán Norbert Brock (nacido en  1912) mientras trabajaba para la compañía ASTA (ahora conocida con el nombre de  Baxter Oncology) en 1958. Brock y sus colaboradores convirtieron la mostaza  nitrogenada en una sustancia menos tóxica, una pro-droga que se transportaba  activamente en el interior de las células tumorales. Una vez en ellas esta  pro-droga se transforma enzimáticamente en su forma activa, tóxica para la  célula, especialmente de los linfocitos (1). Norbert Brock y su equipo  sintetizaron más de 1.000 componentes del grupo de la oxazofosforina, entre  ellos la ciclofosfamida (2).</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>El principal uso terapéutico de la ciclofosfamida es  el tratamiento de los linfomas, así como algunas formas de leucemia y algunos  tumores sólidos, en general combinándola con otras formas de quimioterapia.  También se utiliza en el tratamiento de enfermedades autoinmunes, en las que  otras «disease-modifying antirheumatic drugs» (DMARDs) se muestran inefectivas.  Especialmente eficaz con ciclofosfamida es el tratamiento de la  glomerulonefritis asociada al lupus eritematodes sistémico.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font  face=Verdana size=2>En oftalmología el uso de la ciclofosfamida se limita  a aquellos procesos inflamatorios no infecciosos en los que otros compuestos  inmunosupresores se muestran inefectivos o se requiere una potencia  inmunosupresora mayor que la que se lograría con substancias convencionales.  Entre estas indicaciones destacan las vasculitis producidas por la enfermedad de  Wegener (5), la enfermedad de Behçet (6), la oftalmía simpática (7),  etc.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font  face="Verdana">Un internista pionero en el tratamiento sistémico de las  inflamaciones intraoculares</font></p> </b>     <p><font  face=Verdana size=2>Emilio Roda Pérez nació en febrero de 1907 en Cuenca.  Se licenció en Madrid en junio de 1931. Doctor en Medicina por la Universidad  Nacional Mayor de San Marcos, Lima (Perú), una universidad pública fundada en  1551, la más antigua de América, en octubre de 1958. Hizo investigación en  Würzburg (Alemania) desde 1933 a 1936, con el Profesor Tanhauser, sobre el  metabolismo de los fosfolípidos en el hígado de la rata. Posteriormente a la  Guerra Civil española trabajó hasta el año 1963 en Hospital Clínico de San  Carlos de Madrid en el Servicio de Medicina Interna del Profesor Jiménez Díaz.  Entre los años 1959 a 1961 estuvo activo profesionalmente como «Visiting  Professor in Pathology» en la Louisiana State University en Nueva Orleans (USA).  Llegó a publicar entre 80 y 100 trabajos en diferentes revistas médicas, pero  más frecuentemente en La Revista Clínica Española. Falleció en Madrid el 21 de  marzo de 1983 (datos facilitados por su hijo, el neurocirujano madrileño Dr.  Enrique Roda Frade).</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font  face="Verdana">El uso de la mostaza nitrogenada en la uveítis de  tratamiento refractario</font></p> </b>     <p><font  face=Verdana size=2>El primer trabajo sobre el uso de la mostaza  nitrogenada en el tratamiento de las inflamaciones intraoculares lo presentó  Emilio Roda en el Congreso Internacional de Reumatismo, celebrado en Barcelona  el 24 de septiembre de 1951 y posteriormente en el XXIX Congreso de la Sociedad  Oftalmológica Hispanoamericana, que se celebró en Madrid entre el 1 y el 5 de  octubre del mismo año (8). Fruto de sus experiencias clínicas con la mostaza  nitrogenada Roda publicó tres trabajos entre 1951 y 1953 (9-11). Trató un total  de seis pacientes, de los que cinco pudo documentar extensamente y uno  interrumpió el tratamiento. De los cinco pacientes tratados cuatro evolucionaron  positivamente y en uno, «por cierto excepcionalmente avanzado», no obtuvo una  mejoría clínica significativa.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>El primer paciente tratado con mostaza nitrogenada  fue una mujer madrileña peluquera de 33 años de edad atendida por vez primera  por Roda Pérez el 20 de noviembre de 1950 (8). Padecía desde hace quince años  una uveítis en el ojo derecho de origen desconocido. Las reacciones de  Wassermann eran negativas, así como las tuberculínicas. El ojo izquierdo se  afectó de forma transitoria, con disminución de la visión y la presencia de  dolores retrooculares «muy intensos», siete años atrás. Pero siete meses antes  de consultar al Dr. Roda Pérez — remitida por el Dr. Manuel López Enríquez— el  ojo izquierdo empeoró de nuevo. El ojo derecho, ya ciego desde hace tiempo,  también se vio afectado de dolores muy intensos, lo que aconsejó su enucleación,  que realizó el doctor Hermenegildo Arruga (1886-1972). Esta paciente fue tratada  desde el comienzo de su uveítis en 1936 con todos los tratamientos existentes en  aquella época como eran la fototerapia, salicilatos, midriáticos, antiluéticos  (¿sales de mercurio?), tuberculina, etc. En 1944 fue tratada cuando empeoró el  ojo izquierdo con 20 gramos de estreptomicina, sin obtener mejoría alguna. Una  leve mejoría —aunque transitoria— se consiguió tras una aplicación  subconjuntival e intramuscular de 600.000 Unidades de Penicilina. «Fue entonces»  —señala Roda Pérez— «y por las razones que después señalaremos, cuando  aconsejamos el tratamiento de esta paciente con mostaza nitrogenada, que por  primera vez que sepamos, después de una búsqueda minuciosa de la literatura  mundial, se realizaba en este tipo de procesos. Se le administraron cuatro  inyecciones en los días 24 y 27 de noviembre y 1 y 16 de diciembre del año 1950.  La dosis administrada en cada inyección fue de 5 mg.; 20 mg en total». Las  inyecciones fueron aplicadas por el Doctor Carrión. No se produjeron en la  paciente así tratada reacciones secundarias inmediatas, ni en el lugar de la  inyección ni de forma generalizada. El hemograma se mantuvo normal en cuanto a  los hematíes, pero se produjo una disminución continuada de los leucocitos. Por  este motivo como tratamiento coadyuvante se le administraron a la paciente una  dieta hiperproteica rica en vitaminas del grupo B y vitamina C así como un  preparado a base de pentanucleótido. La última exploración ocular, que se  realizó en la clínica del Doctor Carreras, ponía de manifiesto la presencia de  Tyndall en la cámara anterior y sinequia posterior en el sector inferior de la  pupila. En el fondo de ojo se apreciaba algún foco coroideo «evolucionado», pero  no pigmentado.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>En el segundo trabajo publicado sobre el tratamiento  de las uveítis idiopáticas con mostaza nitrogenada, Roda Pérez informa sobre  cuatro casos más, además de resumir de nuevo la evolución clínica del señalado  anteriormente (9). El segundo paciente tratado con mostaza nitrogenada era una  joven madrileña de veinte años de edad. Dos años antes de ser tratada presentó  un cuadro de disminución transitoria de la visión en ambos ojos así como empezó  a notar «nieblas» en el campo visual del ojo izquierdo. Las pupilas se dilataron  y deformaron. Pérdida de apetito y adelgazamiento de nueve kilos en dos meses.  Una exploración oftalmológica más detenida mostró «una marcada inyección ciliar  y conjuntival» en los dos ojos. Además, el ojo izquierdo presentaba un iris  inflamado, sinequias posteriores en forma de hoja de trébol. También se observó  una turbidez difusa del vítreo con flóculos flotantes. El ojo derecho presentaba  signos de inflamación mucho menos acusados. El tratamiento con inyecciones  intravenosas de mostaza nitrogenada, 5 mg cada semana, produjo en el ojo  izquierdo «una acusada mejoría de su agudeza visual, habiendo desaparecido la  inflamación del iris con reabsorción de los exudados de vítreo». En el ojo  derecho la turbidez del vítreo desapareció completamente. Esta paciente mantuvo  una mejoría permanente desde el tratamiento con mostaza nitrogenada. El tercer  paciente fue una mujer zaragozana de 38 años de edad afectada en el ojo derecho  de una «iritis difusa metastásica, de probable origen reumático». El tratamiento  con la misma pauta de mostaza nitrogenada lo tolera de forma perfecta. La  paciente fue controlada desde el punto de vista oftalmológico por el profesor  Tena Ibarra que refiere que después de una semana de tratamiento los fenómenos  inflamatarios del ojo derecho habían desaparecido, «no existiendo exudados en la  cámara anterior». La cuarta paciente, de 34 años, referida por el profesor  Carreras, padecía de una uveítis bilateral, «muy antigua, con oclusión y  seclusión pupilar en ojo izquierdo y coloboma quirúrgico de iris a las VIII  horas, siendo imposible ver el fondo en este ojo. En el derecho presenta  sinequia posterior casi total, excepto a las VIII horas. El fondo se ve muy  dificilmente a causa de la turbidez del vítreo y cuerpos flotantes del mismo».  El tratamiento con mostaza nitrogenada se mostró inefectivo. La quinta paciente,  de 47 años, padeció una enucleación del ojo derecho a los 20 años de edad  después de perder la vista a causa de las complicaciones producidas por unas  «ulceraciones corneales» después de padecer el sarampión cuando tenía siete  años. El ojo izquierdo, normal hasta un mes antes de referir la paciente al Dr.  Roda Pérez, padeció «repentinamente de moscas volantes y fosfenos», notando una  acusada pérdida de visión acompañada de cefaleas gravitativas muy intensas. La  exploración oftalmoscópica del único ojo mostraba una inyección ciliar y  conjuntival muy marcada así como una pupila irregular por la presencia de  sinequias múltiples. El fondo de ojo no era visible debido a la turbidez del  vítreo. Después de un mes de tratamiento con mostaza nitrogenada el fondo de ojo  era de nuevo visible, ya que los exudados de la cámara anterior y la turbidez  del vítreo habían remitido. Los fénomenos inflamatorios del iris habían  desaparecido, con persistencia de las sinequias posteriores. «La enferma  subjetivamente se encuentra extraordinariamente mejorada y dice ver  infinitamente mejor que lo hacía cuando empezó su tratamiento». Una sexta y  última enferma, de diecisiete años fue también tratada por una uveítis anterior  idiopática pero sin terminar el protocolo establecido por el Dr. Roda ya que la  paciente no acudió más a la consulta.</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>En el tercer y último trabajo (9) se relatan las  mismas experiencias clínicas y terapéuticas que en el aparecido en La Revista  Clínica Española en 1951. Pero en esta ocasión la discusión es más amplia que en  los trabajos anteriores así como, al final de la exposición de los casos,  aparecen una serie de comentarios de mano de Costi, Mario Esteban, Gustavo Leoz  de la Fuente, y López Enríquez. El Doctor Costi justifica el empleo existoso de  la mostaza nitrogenada «por su interferencia en el sistema de reacción».  Refiere, además, que tiene una experiencia de tres pacientes con iritis  idiopática que trató con mostaza nitrogenada conjuntamente con el Dr. Parra.  «Los resultados fueron excelentes en los tres, desapareciendo los signos  bioquímicos de inflamación de iris». Y más adelante añade: «El mayor  inconveniente de esta técnica es que el oftalmólogo no siempre la conoce lo  suficiente para emplearla directamente; pero esto se puede vencer enviando los  enfermos al internista para su tratamiento, igual que hacemos con los  diabéticos, nefríticos, hipertensos, etc.».</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font  face=Verdana size=2>Para Mario Esteban (que fue uno de los oftalmólogos  que exploró los pacientes tratados por el Doctor Roda) «los problemas que  plantean las uveítis hay que enfocarles fundamentalmente desde el punto de vista  etiopatogénico, base para establecer una terapéutica racional». …/…  «Desgraciadamente, vemos uveítis que ni por caracteres clínicos ni por las  comprobaciones de laboratorio acertamos a calificar» …/… «A la mostaza  nitrogenada no podemos concederle la virtud de actuar etiológicamente, sino sólo  la de modificar los tejidos y la actividad celular en un sentido más o menos  favorable» …/… «Y por lo que respecta a la mostaza nitrogenada, como medicación  empleada en otras afecciones, por ejemplo, en el Hodking, sus efectos inmediatos  son a veces magníficos, pero poco duraderos, y su aplicación es delicada y no  exenta de cuidados».</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>El doctor Gustavo Leoz de la Fuente conocía los casos  tratados con mostaza nitrogenada, que fueron seguidos por el doctor Bartalozzi  en la clínica del profesor Carreras, donde trabajaban. «Efectivamente», comenta  Leoz de la Fuente, «el tratamiento etiológico es el ideal, y con toda seguridad  el más eficaz. Ahora bien, en muchas iritis, iridociclitis y uveítis la  etiología, a pesar de todas las tentativas, permanece desconocida, y en estos  casos es donde conviene no empeñarse en hacer un tratamiento etiológico,  esperando sin hacer nada, o muy poco, y repitiendo las investigaciones y  exploraciones clínicas. Es como al que se le quema la casa y, antes de llamar a  los bomberos, empieza por buscar el origen del fuego, y cuando llegan aquéllos,  ya no tienen nada que apagar porque está todo quemado. La mostaza nitrogenada  nos permite, con los cuidados necesarios, hacer algo, y generalmente eficaz,  cuando no tenemos nada que hacer».</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>Por útimo, López Enríquez estimó «de gran interés  deslindar las indicaciones de las mostazas nitrogenadas en oftalmología y, muy  principalmente, comparar su valor curativo en relación con otros medios, ya  clásicos, de aplicación más sencilla».</font></p>     <p><font  face=Verdana size=2>El reconocimiento a la labor pionera en el  tratamiento de las uveítis por medio del empleo de la mostaza nitrogenada del  Emilio Roda Pérez no ha pasado desapercibida en la literatura anglosajona. Así,  en una introducción histórica sobre el empleo farmacológico de la ciclofosfamida  (su variante menos tóxica) en oftalmología, Albert Vitale y Stephen Foster citan  los trabajos pioneros del internista español (11).</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font  face="Verdana">Bibliografía</font> </p> </b>     <p><font  face="Verdana" size="2">1. Zhang J, Tian Q, Yung Chan S, Chuen Li S, Zhou S, Duan W, et al. Metabolism and transport of oxazaphosphorines and the clinical implications. Drug Metab Rev 2005; 37: 611-703.</font></p>    <p><font  face="Verdana" size="2">2. Brock N. The history of the oxazaphosphorine cytostatics. Cancer 1996; 78: 542-547.</font></p>    <p><font  face="Verdana" size="2">3. Jimenez Diaz C, Lopez Garcia, Merchante A, Perianes J. Treatment of rheumatoid arthritis with nitrogen mustard; preliminary report. J Am Med Assoc 1951; 147: 1418-1419.</font></p>    <p><font  face="Verdana" size="2">4. Jiménez Díaz C, Merchante A, Perianes J, López García E. Treatment of psoriasis with nitrogen mustard. Rev Clin Esp 1950; 39: 341.</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font  face="Verdana" size="2">5. Damico FM, Kiss S, Young LH. Sympathetic ophthalmia. Semin Ophthalmol 2005; 20: 191-197.</font></p>    <p><font  face="Verdana" size="2">6. Evereklioglu C. Current concepts in the etiology and treatment of Behcet disease. Surv Ophthalmol 2005; 50: 297-350.</font></p>    <p><font  face="Verdana" size="2">7. Wardyn KA, Ycinska K, Matuszkiewicz-Rowinska J, Chipczynska M. Pseudotumour orbitae as the initial manifestation in Wegener's granulomatosis in a 7-year-old girl. Clin Rheumatol 2003; 22: 472-474.</font></p>    <p><font  face="Verdana" size="2">8. Roda Pérez E. Sobre un caso de uveítis de etiología ignota tratado con mostaza nitrogenada. Rev Clin Esp 1951; 41: 265-267.</font></p>    <p><font  face="Verdana" size="2">9. Roda Pérez E. El tratamiento de las uveítis de etiología ignota con mostaza nitrogenada. Rev Clin Esp 1952; 44: 173-180.</font></p>    <p><font  face="Verdana" size="2">10. Roda Pérez E. El tratamiento de las uveítis de etiología ignota con mostaza nitrogenada. Archivos Soc Oftalmol Hisp Am 1952; 12: 131-151.</font></p>    <p><font  face="Verdana" size="2">11. Vitale AT, Foster CS. Immunosuppressive chemotherapy. In: Zimmerman TJ. Textbook of Ocular Pharmacology. Philadelphia: Lippincott-Raven; 1997; I: 723-761.</font></p>     ]]></body>
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