<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1130-0108</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Revista Española de Enfermedades Digestivas]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Rev. esp. enferm. dig.]]></abbrev-journal-title>
<issn>1130-0108</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Sociedad Española de Patología Digestiva]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1130-01082007000700001</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Mutaciones del gen HFE y riesgo de carcinoma hepatocelular]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[HFE gene mutations abd risk of hepatocellular carcinoma]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Solís Herruzo]]></surname>
<given-names><![CDATA[J. A.]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Solís Muñoz]]></surname>
<given-names><![CDATA[P.]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Hospital Universitario 12 de Octubre  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Madrid ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>07</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>07</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<volume>99</volume>
<numero>7</numero>
<fpage>369</fpage>
<lpage>375</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1130-01082007000700001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1130-01082007000700001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1130-01082007000700001&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="right"><b><font face="Verdana" size="2">EDITORIAL</font></b></p>      <p>&nbsp;</p>      <p><b><font face="Verdana" size="4">Mutaciones del gen HFE y riesgo de carcinoma hepatocelular</font></b></p>      <p><b><font face="Verdana" size="4">HFE gene mutations abd risk of  hepatocellular carcinoma</font></b></p>      <p>&nbsp;</p>      <p>&nbsp;</p>     <p><b><font face="Verdana" size="2">J. A. Sol&iacute;s Herruzo, P. Sol&iacute;s Mu&ntilde;oz</font></b></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Hospital Universitario 12 de Octubre. Madrid</font></p>     <p>&nbsp;</p>      <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">En 1996, Feder y cols. (1,2) comunicaron el hallazgo de un gen en el brazo corto del cromosoma 6 (6p21.3), pr&oacute;ximo a la regi&oacute;n del HLA, que posteriormente pas&oacute; a denominarse HFE y que se relacionaba con la hemocromatosis hereditaria (HH). Este gen codifica una glicoprote&iacute;na de 343 amino&aacute;cidos -perteneciente a la familia de las mol&eacute;culas de histocompatibilidad de clase I- que se une a la b2-microglobulina y se expresa en la membrana de algunas c&eacute;lulas. Esta prote&iacute;na interacciona en la membrana celular con el receptor de la transferrina 1 (TfR1), reduce la afinidad de &eacute;sta por el la transferrina y, en consecuencia, interviene en el metabolismo del hierro (3,4). En ella se pueden reconocer tres asas extracelulares (a1, a2 y a3) y una regi&oacute;n corta intracelular. Su interacci&oacute;n con el TfR-1 se realiza a trav&eacute;s de una depresi&oacute;n existente entre las asas a1 y a2 (5). El asa a3 se forma por existir un puente ti&oacute;nico entre las dos ciste&iacute;nas. Esta asa juega una funci&oacute;n esencial para su uni&oacute;n no-covalente a la b2-microglobulina (b<sub>2</sub>MG) y para junto a esta su transporte desde el ret&iacute;culo endopl&aacute;smico donde se sintetiza a la superficie de las c&eacute;lulas (6). En la publicaci&oacute;n original de Feder y cols. ya se se&ntilde;alaba que exist&iacute;an dos mutaciones en ese gen cuya presencia se encontraba estrechamente relacionada con la HH. Estas dos mutaciones eran la 845G&AElig;A (C282Y) y la sustituci&oacute;n 187G&AElig;C (H63D). La primera impide la uni&oacute;n ti&oacute;lica que da lugar a la formaci&oacute;n del asa a<sub>3</sub> de la mol&eacute;cula HFE. Por esta raz&oacute;n, la mol&eacute;cula HFE que se sintetiza en el ret&iacute;culo endopl&aacute;smico no puede unirse a la b<sub>2</sub>MG y, en consecuencia, no puede migrar a la membrana celular y no se aparece en la superficie de las c&eacute;lulas (3). La segunda mutaci&oacute;n, la 187G&AElig;C, origina el cambio de una histidina por un aspartato en el amino&aacute;cido de la posici&oacute;n 63 (H63D). Este cambio es menos trascendente, ya que no impide que la HFE se localice en las membranas celulares y que interaccione con el TfR1. Sin embargo, es posible que esta mutaci&oacute;n disminuya la afinidad de la mol&eacute;cula HFE por su ligando, el TfR-1 y, con ello, favorezca al absorci&oacute;n intestinal de hierro (2). M&aacute;s recientemente se han descrito otras muchas mutaciones en el gen HFE cuya significaci&oacute;n cl&iacute;nica es dudosa (7). La m&aacute;s frecuente se localiza en la vecindad de la H63D, es la S65C, que tambi&eacute;n parece ejercer efectos sobre el metabolismo del hierro, ya que su presencia se ha asociado con cierto grado de siderosis, en especial cuando al mismo tiempo est&aacute; presente la C282Y, existe abuso alcoh&oacute;lico o alg&uacute;n otro factor que favorezca la sobrecarga de hierro (8).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En su primera publicaci&oacute;n sobre el gen de la HFE, Feder y cols. destacaron que estas dos mutaciones se encontraban estrechamente relacionadas con la acumulaci&oacute;n excesiva de hierro en el organismo y con la existencia de una HH (1). Esta relaci&oacute;n ha sido confirmada por numerosos estudios posteriores, si bien la frecuencia de esta asociaci&oacute;n var&iacute;a mucho de unos pa&iacute;ses a otros. Mientras que es alta en los pa&iacute;ses del norte de Europa, es m&aacute;s baja en los de la cuenca mediterr&aacute;nea y excepcional en regiones habitadas por poblaci&oacute;n de origen no europea. Espa&ntilde;a, sin duda pa&iacute;s mediterr&aacute;neo, se diferencia de lo que ocurre en otros pa&iacute;ses del sur de Europa. Mientras que en Grecia, Italia y sur de Francia, el 30, 64,5 y 72,3%, respectivamente, de las HH son homocigotos C282Y, en Espa&ntilde;a esto ocurre en el 87% (9). Esta frecuencia nos acerca a lo que ocurre en los pa&iacute;ses del norte de Europa, por ejemplo, a Alemania (94,6%), Reino Unido (91,3%), Suecia (92%), Irlanda (93%) o Breta&ntilde;a (96%) (10). Una excepci&oacute;n a este comportamiento gen&eacute;tico es la poblaci&oacute;n vasca espa&ntilde;ola o francesa, donde la HH se encuentra justificada por la mutaci&oacute;n C282Y en el 57,1 y 53,3%, respectivamente, de los casos. Algunos enfermos con HH, su trastorno metab&oacute;lico se explica por presentar la doble mutaci&oacute;n heterocigota C282Y/H63D. Esto ocurre en el 6,5% de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola y en el 11,4 y 13,3% de la poblaci&oacute;n vasca espa&ntilde;ola y francesa, respectivamente (11,12). Esta peculiar distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica de la HH ligada a la mutaci&oacute;n C282Y se explica f&aacute;cilmente por su relaci&oacute;n con las migraciones del pueblo celta. Este, de origen indo-europeo, se asent&oacute; a finales de la edad de bronce en el centro de Europa y desde aqu&iacute; se extendi&oacute; hacia el norte de Europa, pero tambi&eacute;n por la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, Francia, Suiza, islas brit&aacute;nicas, etc. (13). Probablemente, el Pa&iacute;s Vasco qued&oacute; al margen de esta migraci&oacute;n. El momento en el que se produjo la mutaci&oacute;n C282Y en una familia celta no est&aacute; bien definido. Para unos se produjo en un momento relativamente reciente, hace tan s&oacute;lo unas 70 generaciones, 300 a&ntilde;os antes de JC (14), es decir, despu&eacute;s de que se produjera la migraci&oacute;n celta. Esto significa, que la llegada de esta mutaci&oacute;n a nuestro pa&iacute;s y a otros pa&iacute;ses europeos debi&oacute; ocurrir en &eacute;pocas posteriores, quiz&aacute; con las invasiones del pueblo vikingo. Para otros, la mutaci&oacute;n es m&aacute;s antigua y se remontar&iacute;a a 113 generaciones y, por tanto, su difusi&oacute;n pudo ser paralela a las del pueblo celta (13).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Entre las consecuencias de la sobrecarga de hierro destaca el elevado riesgo de desarrollar un carcinoma hepatocelular (CHC), que en los pacientes con HH es 19 veces mayor al existente en la poblaci&oacute;n general. En efecto, el 45% de los pacientes con HH se complican con este tumor hep&aacute;tico (15-17). Es cierto que en la mayor&iacute;a de los casos, la enfermedad hep&aacute;tica se encuentra en una fase avanzada de su evoluci&oacute;n y existe ya una cirrosis hep&aacute;tica: sin embargo, el CHC tambi&eacute;n se ha descrito en pacientes en quienes a&uacute;n no exist&iacute;a una cirrosis (18,19). Se supone que el dep&oacute;sito de hierro, quiz&aacute; por su papel en la formaci&oacute;n de sustancias reactivos derivados del ox&iacute;geno (ROS) (20,21), pudiera participar en la mutag&eacute;nesis que determina la aparici&oacute;n del tumor. A favor de que el dep&oacute;sito de hierro en los tejidos juegue un papel en la carcinog&eacute;nesis aboga el hecho de que la depleci&oacute;n de hierro en pacientes con HH sin cirrosis previene la aparici&oacute;n del CHC: en las siderosis hep&aacute;ticas diferentes a las relacionadas con el HFE, tambi&eacute;n existe una frecuencia elevada de CHC (22) y, por &uacute;ltimo, en modelos animales de siderosis hep&aacute;tica tambi&eacute;n se hallan focos de CHC en ausencia de cirrosis (23). Por la relaci&oacute;n existente entre la acumulaci&oacute;n excesiva de hierro en los tejidos y las mutaciones del gen HFE, se pudiera esperar que en los pacientes con CHC estas mutaciones fueran frecuentes, en especial, entre los pacientes con acumulaci&oacute;n patol&oacute;gica de hierro en los tejidos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En el presente n&uacute;mero de la <i>Revista Espa&ntilde;ola de Enfermedades Digestivas</i>, Ropero y cols. comunican que entre 196 pacientes con CHC la frecuencia de la mutaci&oacute;n C282Y era similar a la hallada en donantes de sangre sanos espa&ntilde;oles de raza blanca. Por el contrario, la frecuencia al&eacute;lica (p = 0,004) y de portadores de la mutaci&oacute;n H63D (p = 0,002) estaba significativamente elevada en los pacientes con CHC (24). Es de destacar que esta asociaci&oacute;n no ha sido observada previamente por otras autores. La mayor&iacute;a de estudios publicados que establecen una relaci&oacute;n entre el gen HFE y el CHC lo hacen a trav&eacute;s de la mutaci&oacute;n C282Y. Este es el caso del estudio de Wallis y cols. en el que hallan esta mutaci&oacute;n en el 7% de los enfermos con CHC, mientras que en su poblaci&oacute;n control la hallan s&oacute;lo en el 0,7% (25,26). Tambi&eacute;n Lauret y cols. encontraron que la frecuencia de la mutaci&oacute;n C282Y, pero no la de la H63D, era significativamente m&aacute;s alta en los pacientes con cirrosis alcoh&oacute;lica y CHC que en los que carec&iacute;an de este tumor (27). En el mismo sentido se&ntilde;ala el estudio de Hellerbrand y cols., cuando entre 137 pacientes con CHC sin HH encuentran que el 12,4% eran heterocigotos C282Y, mientras que esto ocurr&iacute;a s&oacute;lo en 3,7% de los cirr&oacute;ticos sin CHC y en el 4,8% de los controles sanos. Los autores destacan que esta asociaci&oacute;n ten&iacute;a como base la presencia de sobrecargas anormales de hierro en el organismo. Tampoco en este estudio se encuentra que la frecuencia de la H63D estuviera aumentada en los cirr&oacute;ticos con CHC (28). Por su parte, Aldersley y cols. encontraron la mutaci&oacute;n C282Y homocigota o heterocigota en el 6,6 y en el 25%, respectivamente, de los pacientes con CHC. Prevalencias &eacute;stas muy superiores al 0 y 5% encontradas en los controles (29). En contra de lo hallado por los autores referidos, otros aportan resultados discrepantes. Este es el caso de Boige y cols. que estudiaron de forma prospectiva la presencia de mutaciones en el gen HFE en 233 pacientes con cirrosis hep&aacute;tica, 133 con CHC y 100 sin CHC. Al igual que en el estudio comentado, estos autores no pudieron hallar que en los pacientes con CHC la prevalencia de la mutaci&oacute;n C282Y fuera diferente a la encontrada en los pacientes sin CHC o en la poblaci&oacute;n general. En contra de lo hallado por Ropero y cols. en el presente n&uacute;mero de la revista, la frecuencia de la mutaci&oacute;n H63D fue similar en ambos grupos de cirr&oacute;ticos, tuvieran o no la complicaci&oacute;n tumoral (30). Cauza y cols., en 162 pacientes con CHC, estudiaron la frecuencia de las dos principales mutaciones asociadas a la HH y encontraron que si bien el riesgo de padecer un CHC era 19 veces superior en los homocigotos para la mutaci&oacute;n C282Y, los que presentan la mutaci&oacute;n H63D no presentan riesgo elevado de desarrollar esta complicaci&oacute;n tumoral (31). El valor de este estudio, sin embargo, disminuye si se considera que carece de grupo control adecuado y que los resultados fueron comparados con los publicados previamente por otros para la poblaci&oacute;n austriaca. A la misma conclusi&oacute;n llegaron Racchi y cols. (32), sin embargo, tampoco podemos considerar definitivas estas conclusiones, ya que su serien inclu&iacute;a &uacute;nicamente 12 pacientes con CHC. Como se puede comprobar, existen numerosas discrepancias sobre la frecuencia de las mutaciones del gen HFE en las pacientes con CHC. Es muy probable que ello est&eacute; justificado por la naturaleza de la poblaci&oacute;n estudiada, el pa&iacute;s donde se realizaron los diferentes estudios, el car&aacute;cter retrospectivo de algunos de estos, la existencia de factores asociados (alcohol, infecciones virales), del empleo o no de controles cirr&oacute;ticos sin CHC o de poblaci&oacute;n sana y de n&uacute;mero de pacientes incluidos en cada estudio. Sin embargo, todos ello tienen en com&uacute;n que la mutaci&oacute;n H63D no parec&iacute;a estar asociada con la presencia de un CHC. Tan s&oacute;lo en la publicaci&oacute;n de Fracanzani y cols. se menciona que la frecuencia de esta &uacute;ltima mutaci&oacute;n estaba aumentada en las mujeres cirr&oacute;ticas con CHC infectadas por el virus de la hepatitis C. (33). La raz&oacute;n de la asociaci&oacute;n hallada por Ropero y cols. es desconocida. El estudio descarta que ello pudiera deberse a la coincidencia de otros factores asociados, tales como las infecciones virales o el alcohol. Tampoco es probable que ello se deba a una sobrecarga patol&oacute;gica de hierro. Aunque los autores no han podido informar sobre la cuant&iacute;a de hierro existente en el h&iacute;gado de los pacientes con CHC, ya que el &uacute;nico tejido hep&aacute;tico disponible era el tumoral obtenido por punci&oacute;n con aguja fina, es muy probable que la siderosis, de existir, no fuera particularmente alta. Mientras que la mutaci&oacute;n homocigota C282Y se asocia con una sobrecarga bioqu&iacute;mica de hierro (aumento de la saturaci&oacute;n de la transferrina, aumento de ferritina s&eacute;rica) en el 60-70% de los casos (34,35), la mutaci&oacute;n H63D, a&uacute;n en estado homocigoto, tiene escaso impacto cl&iacute;nico (36) y s&oacute;lo alg&uacute;n estudio lo ha relacionado con aumento de la saturaci&oacute;n de transferrina (37). Tan s&oacute;lo, cuando coincide con la mutaci&oacute;n C282Y, en forma de doble heterocigoto, puede originar siderosis hep&aacute;tica importante y cuadros de HH (38). Por todo ello, es muy probable que la asociaci&oacute;n detectada por Ropero y cols. entre el H63D y el CHC no est&eacute; determinada por un exceso de hierro en el h&iacute;gado.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Una posibilidad pudiera ser la existencia en el cromosoma 6 de un &aacute;rea de susceptibilidad tumoral que estuviera ligada gen&eacute;ticamente al locus HFE. Esta eventualidad ha sido mencionada para el c&aacute;ncer de pr&oacute;stata (39) y pudiera explicar algunas observaciones publicadas por las que los pacientes con mutaciones en el gen HFE tienen un mayor riesgo de presentar un c&aacute;ncer extrahep&aacute;tico (40) Este ser&iacute;a el caso del exceso de c&aacute;nceres de mama hallado entre mujeres portadoras de la mutaci&oacute;n C282Y (41) o de la H63D (42). Igualmente se ha mencionado que los heterocigotos HFE tienen un riesgo elevado para presentar gliomas malignos (43) o c&aacute;nceres de colon o est&oacute;mago. (44). Sin embargo, el papel de estas mutaciones y su asociaci&oacute;n con los procesos tumorales, no ha podido ser demostrado por estudios dise&ntilde;ados espec&iacute;ficamente para resolver este tema (45,46).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Los autores del trabajo comentado sugieren que el parentesco existente entre la mol&eacute;cula HFE y las de histocompatibilidad pudiera influir en la respuesta inmune y, por caminos a&uacute;n pendientes de investigar, pudiera conducir al desarrollo tumoral. Se trata sin duda de una hip&oacute;tesis atractiva que deber&aacute; ser tenida en consideraci&oacute;n en futuras estudios.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Desde hace d&eacute;cadas se viene considerando que la cirrosis hep&aacute;tica, por s&iacute; misma, con independencia de su causa, es un factor de riesgo para la aparici&oacute;n de un CHC. En su art&iacute;culo, Ropero y cols. no especifican claramente la enfermedad hep&aacute;tica de fondo sobre la que asentaba el CHC, sin embargo, lo m&aacute;s probable es que en la mayor&iacute;a de sus enfermos existiera una cirrosis hep&aacute;tica. En nuestra experiencia, el 78,5% de los pacientes con CHC presentan una cirrosis hep&aacute;tica y el 13% de los pacientes diagnosticados laparosc&oacute;picamente de cirrosis padec&iacute;an un CHC. En otras series de pacientes con CHC publicadas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en Espa&ntilde;a, la frecuencia de cirrosis en pacientes con este tumor era a&uacute;n mayor y superaba el 95% (47,48). Esta transformaci&oacute;n maligna de los hepatocitos se piensa que se produce en el contexto de un "turnover" celular acelerado originado por la muerte y regeneraci&oacute;n celular, la inflamaci&oacute;n cr&oacute;nica, la activaci&oacute;n de factores de crecimiento y angiog&eacute;nicos, el da&ntilde;o del ADN no adecuadamente reparado, la reordenaci&oacute;n gen&eacute;tica, la activaci&oacute;n de oncogenes y de telomerasas y la inactivaci&oacute;n de genes supresores (49,50) Factores etiol&oacute;gicos de agresi&oacute;n hepatocelular, tales como la infecci&oacute;n cr&oacute;nica por los virus de la hepatitis B y C, el abuso cr&oacute;nico de alcohol y las enfermedades metab&oacute;licas -hemocromatosis, deficiencia de alfa-1 antitripsina, tirosinemia, glucogenosis- estar&iacute;an relacionadas con el CHC a trav&eacute;s de este mecanismo. Sin embargo, algunos de estos agentes etiol&oacute;gicos probablemente influyen tambi&eacute;n en la cancerog&eacute;nesis por mecanismos m&aacute;s directos. As&iacute;, por ejemplo, el virus de la hepatitis B (VHB) puede integrarse en el genoma de las c&eacute;lulas hep&aacute;ticas infectadas y puede promover la degeneraci&oacute;n maligna de los hepatocitos, ya que al intercalarse en algunos genes, obliga al reordenamiento cromos&oacute;mico y ello provoca inestabilidad gen&oacute;mica (51,52) Esta integraci&oacute;n se ha encontrado en el 80-90% de los HCC (53). Adem&aacute;s, la prote&iacute;na HBx del VHB probablemente est&aacute; tambi&eacute;n implicada en la carcinog&eacute;nesis hep&aacute;tica, aunque no existe unanimidad sobre los mecanismos por los que act&uacute;a (54).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La infecci&oacute;n cr&oacute;nica por el virus de la hepatitis C (VHC) es otra causa importante y creciente de CHC en Europa, Estados Unidos y Jap&oacute;n (55). En los pa&iacute;ses de nuestro entorno, es la causa principal de cirrosis complicada con CHC. Por ejemplo, en un estudio realizado en Valencia y en otro que lo fue en Cantabria, esta infecci&oacute;n estaba presente en el 75% y en el 60,6% de los enfermos, respectivamente (48,56). El riesgo de HCC aumenta a&uacute;n m&aacute;s cuando la infecci&oacute;n por el VHC coincide con la infecci&oacute;n por el VHB (50). Los mecanismos por los que el VHC interviene en la carcinog&eacute;nesis hep&aacute;tica son a&uacute;n peor conocidos, pero sin duda son diferentes a los que participan cuando la enfermedad se debe al VHB, ya que el genoma del VHC no se integra en el genoma celular. Considerando que en estos tumores existe un marcado aumento de la expresi&oacute;n de genes relacionados con las enzimas de la fase I de la biotransformaci&oacute;n de xenobi&oacute;ticos (57), la infecci&oacute;n por el VHC pudiera sensibilizar al h&iacute;gado al efecto de procarcin&oacute;genos y carcin&oacute;genos, por ejemplo, al etanol. En estos tumores, adem&aacute;s, se han encontrado numerosas alteraciones que pudieran intervenir en la g&eacute;nesis tumoral. As&iacute;, por ejemplo, se ha descrito que es frecuente el hallazgo de mutaciones en el gen de la b-catenina (58), reducci&oacute;n del p21, quiz&aacute; como consecuencia de la represi&oacute;n ejercida por la prote&iacute;na "c" del VHC y variedades hipoactivas del p53 (59,60). Adem&aacute;s, la prote&iacute;na NS5A del VHC se comporta como antiapopt&oacute;tica por activar la v&iacute;a de la fosfatidilinositol 3 quinasa (PI3K) y en consecuencia por permitir la supervivencia de c&eacute;lulas gen&eacute;ticamente anormales (61, 62). Aunque en el estudio de Ropero y cols. no est&aacute; claramente especificada la causa de la enfermedad hep&aacute;tica de fondo -presumiblemente una cirrosis- parece que un gran n&uacute;mero de enfermos padec&iacute;a una infecci&oacute;n cr&oacute;nica viral y un n&uacute;mero no determinado probablemente abusaba del alcohol. Por ello, ser&iacute;a interesante conocer, mediante un an&aacute;lisis multivariante, adem&aacute;s del papel de las mutaciones del HFE, la contribuci&oacute;n que al desarrollo del CHC hayan podido hacer algunos factores coincidentes tales como la cirrosis hep&aacute;tica, las infecciones por los virus B y C de la hepatitis y los h&aacute;bitos alcoh&oacute;licos de los pacientes. Muy ilustrativo pudiera ser tambi&eacute;n, para destacar la asociaci&oacute;n del CHC con el H63D, la inclusi&oacute;n de un grupo control formado por cirr&oacute;ticos similares sin evidencias de CHC.</font></p>      <p>      <p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>      <p><font face="Verdana"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">1. Feder JN, Gnirke A, Thomas W, Tsuchihashi Z, Ruddy DA, Basava A, et al. A novel MHC class I-like gene is mutated in patients with hereditary haemochromatosis. Nat Genet 1996; 13: 399-408.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">2. Feder JN, Penny DM, Irrinki A, Lee VK, Lebr&oacute;n JA, Watson N, et al. The hemochromatosis gene product complexes with the transferrin receptor and lowers its affinity for ligand binding. Proc Natl Acad Sci. USA. 1998; 95: 1472-7.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">3. Trinder D, Fox C, Vautier G, Olynyk JK. Molecular pathogenesis of iron overload. Gut 2002; 51: 290-5.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">4. Lebron JA, Bennet MJ, Vaughan DE, Chirino AJ, Show PM, Mintier GA, et al. Crystal structure of the hemochromatosis protein HFE and characterization of its interaction with transferrin receptor. Cell 1998; 93: 111-23.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">5. Bennet MJ, Lebron JA, Bjorkman PJ. Crystal structure of the haemochromatosis protein HFE complexed with transferrin receptor. Nature 2000; 403: 46-53.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">6. Ehrlich R, Lemonnier FA. HFE: a novel nonclassic class I molecule that is involved in iron metabolism. Immunity 2000; 13: 585-8.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">7. Sol&iacute;s-Herruzo JA, Sol&iacute;s-Mu&ntilde;oz P. Non-HFE hemochromatosis. Rev Esp Enferm Dig 2005; 97: 266-286.</font></p>    <p> <font face="Verdana" size="2">8. Wallace DF, Walter AP, Pietrangelo A, Clare M, Bomford AB, Dixon JL, et al. Frequency of the S65C mutation of HFE and iron overload in 309 subjects heterozygous for C282Y. J Hepatol 2002; 36: 474-9.</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <font face="Verdana" size="2">9. S&aacute;nchez M, Bruguera M, Bosch J, Rod&eacute;s J, Ballesta F, Oliva R. Prevalence of the Cys282Tyr and His63Asp HFE gene mutations in Spanish patients with hereditary hemochromatosis and in controls. J Hepatol 1998; 29: 725-8.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">10. Byrnes V, Ryan E, Barrett S, Kenny P, Mayne P, Crowe J. Genetic hemochromatosis, a celtic disease: is it now time fro population screening? Genetic test 2001; 5: 127-30.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">11. De Juan MD, Reta A, Castiella A, Pozueta J, Prado A, Cuadrado E. HFE gene mutations analysis in Basque hereditary haemochromatosis patients and controls. Eur J Hum Genet 2001; 9: 961-4.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">12. Bauduer F, Scribans C, Degioanni A, Ronoux M, Dutour O. Distribution of the C282Y and H63D polymorphisms in hereditary hemochromatosis patients from the French Basque Country. Ann Hematol 2005; 84: 99-10.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">13. Ramalho F. Hemocromatosis hereditaria e influencia de la civilizaci&oacute;n celta. www.sepd.es.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">14. Olsson KR, Ritter D. The ancestral haplotype in patients with hemochromatosis from central and western Sweden. Procc Inter. Symposium on Iron in Biology and Medicine. France, July 1997.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">15. Deugnier YM, Guyader D, Crantock L, Lopez JM, Turlin B, Yaouanq J, et al. Primary liver cancer in genetic hemochromatosis: A clinical, pathological, and pathogenetic study of 54 cases. Gastroenterology 1993; 104: 228-34.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">16. Francanzani AL, Conte D, Franquelli M, Taioli E, Mattioli M, Losco A, et al. Increased cancer risk in a cohort of 230 patients with hereditary hemochromatosis in comparison to a matched control patients with non-iron-related chronic liver disease. Hepatology 2001; 33: 647-51.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">17. Cauza E, Peck-Radosavljevic M, Ulrico-Pur H, Datz C, Gschwantle M, Sch&ouml;niger-Hekele M, et al. Mutations of the HFE gene in patients with hepatocellular carcinoma. Am J Gastroenterol 2003; 98: 442-7.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">18. Kew MC. Pathogenesis of hepatocellular carcinoma in hereditary hemochromatosis: occurrence in non-cirrhotic patients. Hepatology 1990; 11: 1086-7.</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <font face="Verdana" size="2">19. Britto MR, Thomas LA, Balaratnam N, Griffiths AP, Duane PD. Hepatocellular carcinoma in non-cirrhotic liver in genetic haemochromatosis. Scand J Gastroenterol 2000; 35: 889-93.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">20. Loeb LA, James EA, Waltersdorph AM, Klebanoff SJ. Mutagenesis by the auto-oxidation of iron with isolated DNA. Proc Natl Acad Sci USA. 1988; 85: 3918-22.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">21. Bacon B, Britton RS. The pathology of hepatic iron overload: a free radical-mediated process? Hepatology 1990; 11: 127-37.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">22. Mandishona E, McPhail AP, Gordeuk VR, Keedda MA, Peterson AC, Rouault TA, et al. Dietary iron overload as a risk factor for hepatocellular carcinoma in black Africans. Hepatology 1998; 27: 1563-6 .</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">23. Asare GA, Patterson AC, Kew MC, Kahn S, Mossanda KS. Iron-free neoplastic nodules and hepatocellular carcinoma without cirrhosis in Wistar ratsfed a diet high in iron. J Pathol 2006; 208: 82-90.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">24. Ropero P, Brice&ntilde;o O, L&oacute;pez-Alonso G, Garc&iacute;a-Ag&uacute;ndez JA, Gonz&aacute;lez-Fern&aacute;ndez FA, Garc&iacute;a-Hoz F, et al. Mutation H63D of the HFE gene is associated with an elevated risk of developing hepatocelular carcinoma. Rev Esp Enferm Dig 2007; ....</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">25. Wallis G, Wimperis JZ, Lonsdale R, Jennings BA. Haemochromatosis gene mutation in hepatocellular cancer. Lancet 1997; 350: 565-6.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">26. Willis G, Bardsley V, Fellows IW, Lonsdale R, Wimperis JZ, Jennings BA. Hepatocellular carcinoma and the penetrance of HFE C282Y mutation: a cross sectional study. BMC Gastroenterol 2005; 5: 17.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">27. Lauret E, Rodr&iacute;guez M, Gonz&aacute;lez S, Linares A, L&oacute;pez-V&aacute;zquez A, Mart&iacute;nez-Borra J, et al. HFE gene mutations in alcoholic and virus-related cirrhotic patients with hepatocelular carcinoma. Am J Gastroenterol 2002; 97: 1016-21.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">28. Hellerbrand C, P&ouml;ppi A, Hartmann A, Sch&ouml;lmerich J, Lock G. HFE C282Y heterozygosity in hepatocellular carcinoma: evidence for an increased prevalence. Clin Gastroenterol Hepatol 2003; 1: 279-84.</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <font face="Verdana" size="2">29. Aldersley MA, Komolmit P, Hamlin PJ, et al. Incresed prevalence of the hemochromatosis gene mutation in patients with hepatocellular carcinoma. Gastroenterology 1999; 116: 1182A.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">30. Boige V, Cast&eacute;ra L, de Roux N, Ganne-Carri&eacute; N, Ducot B, Pelletier G, et al. Lack of association between HFE gene mutation and hepatocellular carcinoma in patients with cirrhosis. Gut 2003; 52: 1178-81.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">31. Cauza E, Peck-Radosavijevic M, Ulrich-Pur H, Datz C, Gschwantle M, Sch&ouml;niger-Hekele M, et al. Mutations of the HFE gene in patients with hepatocellular carcinoma. Am J Gastroenterol 2003; 98: 442-7.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">32. Racchi O, Mangerini R, Rapezzi D, Gaetani GF, Nobile MT, Picciotto A et al. Mutations of the HFE gene and the risk of hepatocellular carcinoma. Blood Cells Mol Dis 1999; 25: 350-3.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">33. Francanzani AL, Fargion S, Stazi MA, Valenti L, Amoroso P, Cariani E et al. Association between heterozygosity for HFE gene mutation and hepatitis virases in hepatocellular carcinoma. Blood Cells Mol Dis 2005; 35: 27-32.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">34. Olynyk JK, Cullen DJ, Aquilia S, Rossi E, Summerville L, Powell LW. A population-based study of the clinical expression of the hemochromatosis gene. N Engl J Med 1999; 341: 718-24.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">35. Beutler E, Felitti VJ, Kuziol JA, Ho NJ, Gelbart T. Penetrance of 845G&Dagger;A (C282Y) HFE hereditary hemochromatosis mutation in the USA. Lancet 2002; 359: 211-8.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">36. Beutler E. The significance of the 187G (H63D) mutation in hemochromatosis. Am J Hum Genet 1997; 61: 762-4.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">37. Gochee PA, Powell LW, Cullen DJ, Du Sart D, Rossi E, Olynyk JK. A population-based study of the biochemical and clinical expression of the H62D hemochromatosis mutations. Gastroenterology 2002; 122: 646-51.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">38. Fargion S, Stazi MA, Francanzani AL, Mattioli M, Sampietro M, Tavazzi D, et al. Mutations in the HFE gene and their interaction with exogenous risk factors in hepatocellular carcinoma. Blood Cells Mol Dis 2001; 27: 505-11.</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <font face="Verdana" size="2">39. Easton DF, Schaid DJ, Whittemore AS, Isaacs WJ. Internacional Consortium for Prostate Cancer Genetics. Where are the prostate cancer genes? A summary of eight genome wide searches. Prostate 2003; 57: 261-9.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">40. Geier D, Hebert B, Potti A. Risk of primary non-hepatocellulat malignancies in hereditary hemochromatosis. Anticancer Res 2002; 22: 3797-9.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">41. Kallianpur AR, Hall LD, Yadav M, Christman BW, Dittus RS, Haines JL, et al. Increased prevalence of the HFE C282Y hemochromatosis allele in women with breast cancer. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev 2004; 13: 205-12.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">42. Barton JC, Bertoli LF, Acton RT. HFE C282Y and H63D in adults with malignancies in a community medical oncology practice. BMC Cancer 2004; 4: 6.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">43. Martinez di Montemuros F, Tavazzi D, Salsano E, Piepoli T, Pollo B, Fiorelli G, et al. High frequency of the H63D mutation of the hemochromatosis gene (HFE) in malignant gliomas. Neurology 2001; 57: 1342.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">44. Nelson RL, Davis FG, Persky V, Becker E. Risk of neoplastic and other diseases among people with heterozygosity for hereditary hemochromatosis. Cancer 1995; 76: 875-9.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">45. Syrj&auml;kosk K, Fredriksson H, Ikonen T, Kuukasj&auml;rvi T, Autio V, Matikainen MP, et al. Hemochromatosis gene mutations among Finnish male breast and prostate cancer patients. Int J Cancer 2006; 118: 518-20.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">46. Elmberg M, Hultcrantz R, Ekbom A, Brandt L, Olsson S, Olsson R, et al. Cancer risk in patients with hereditary hemochromatosis and in their first-degree relatives. Gastroenterology 2003; 125: 1733-41.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">47. Rodr&iacute;guez-Vidigal FF, Baz MJ, Romero J, Del Puerto M. Epidemiolog&iacute;a del carcinoma hepatocelular en un &aacute;rea rural. Papel de los virus hepatotropos en la supervivencia. Ann Intern Med 2005: 22: 162-6.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">48. Garc&iacute;a-Torres ML, Zaragoza A, Giner R, Primo J, Olmo JA. Incidencia y factores epidemiol&oacute;gicos del carcinoma hepatocelular en Valencia durante el a&ntilde;o 2000. Rev Esp Enferm Digest 2003; 95: 381-4.</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <font face="Verdana" size="2">49. Moradpour D, Wands JR. Molecular patog&eacute;nesis of hepatocellular carcinoma. En: Zakim D, Boyer TD eds. Hepatology. A textbook of liver disease. Saunders Philadelphia. 4th ed. 2003; 1371-81.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">50. Sol&iacute;s Herruzo JA. Hepatocellular carcinoma. Epidemiological and etiological factors. Rev Esp Enferm Digest 2003; 95: 377-80.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">51. Rogler CE, Chiasari FV. Cellular and molecular mechanisms of hepatocarcinogenesis. Semin Liver Dis. 1992; 12: 265-78.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">52. Urano Y, Watanabe K, Lin C, Hino O, Tamaoki T. Interstitial chromosomal deletion within 4q11-q13 in a human hepatoma cell line. Cancer Res 1991; 51: 1460-4.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">53. Buend&iacute;a MA Genetics of hepatocellular Carcinoma. Semin Cancer Biol 2000; 10: 185-200.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">54. Andrisani OM, Barnabas S. The transcriptional function of the hepatitis B virus X protein and its role in hepatocarcinogenesis. Int J Oncol 1999; 15: 373-9.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">55. El-Serag HB, Davila JA, Petersen NJ, McGlynn KA. The continuing increase in the incidence of hepatocellular carcinoma in the United States: an update. Ann Intern Med 2003: 139: 817-23.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">56. Crespo J, Due&ntilde;as C, S&aacute;nchez-Antol&iacute;n G, F&aacute;brega E, Carte B, Pons-Romero F. Infecci&oacute;n por el virus de la hepatitis B y C en pacientes con carcinoma hepatocelular. Med Clin (Barc) 1996; 106: 241-5.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">57. Okabe H, Satoh S, Kato T, Kitahara O, Yanagawa R, Yamaoka Y et al. Genome-wide analysis of gene expression in human hepatocellular carcinomas using cDNA microarray. Cancer Res 2001; 61: 2129-37.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">58. Hsu HC, Jeng YM, Mao TL, Chu JS, Lai PL, Peng SY. Beta-catenin mutations are associated with a subset of low-stage hepatocellular carcinoma negative for hepatitis B virus and with favorable prognosis. Am J Pathol 2000; 157: 763-70.</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <font face="Verdana" size="2">59. Anzola M, Cuevas N, L&oacute;pez-Mart&iacute;nez M, Saiz A, Burgos JJ, Mart&iacute;nez de Pancorbo M. Frequent loss of p53 codon 72 Pro variant in hepatitis C virus-positive carriers with hepatocellular carcinoma. Cancer Lett 2003; 193: 199-205.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">60. Okada F, Shiraki T, Maekawa M, Sato S. A p53 polymorphism associated risk of hepatitis C virus infection. Cancer Lett 2001; 172: 137-42.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">61. Street A, Macdonald A, Crowder K, Harris M. The hepatitis C virus NS5A protein activates a phosphoinositide 3-kinase-dependent survival signaling cascade. J Biol Chem 2004; 279: 12232-41.</font></p>    <p>   <font face="Verdana" size="2">62. He Y, Nakao H, Tan SL, Polyak PJ, Neddermann P, Vijaysri S, et al. Subversion of cell signaling pathways by hepatitis C virus nonstructural 5A protein via interaction with Grb2 and P85 phosphatidylinositol 3-kinase. J Virol 2002; 76: 9207-17.</font></p>      ]]></body>
</article>
