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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Utilidad de la TAC secuencial y la monitorización de la presión intracraneal para detectar nuevo efecto masa intracraneal en pacientes con traumatismo craneal grave y lesión inicial Tipo I-II]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Objective. To determine the incidence of pathological and intracranial pressure (ICP) changes during the acute posttraumatic period in severe head injury patients presenting with lesions Types I-II (TCDB classification) in the admission CT scan with the aim of defining the most appropriate strategy of sequential CT scanning and ICP monitoring for detecting new intracranial mass effect and improving the final outcome. Material and methods. 56 patients (ages 15-80 years) consecutively admitted during a 2 years period were included. All had the initial CT scan < 24 hours after injury (mean interval = 150 min), several CT controls within the first days of the course and ICP monitoring after admission. Different epidemiological, clinical and radiological variables were recorded and deterioration defined as the development of sustained ICP over 20 mmHg requiring aggressive medical and/or surgical treatment was considered the dependent variable. Uni and multivariate analyses were made for determining the correlation between different parameters and the occurrence of deterioration and the final outcome as assessed with the GOS. Results. The mean GCS score was 5 and 37% of the patients showed pupillary changes; 52.3% had peritraumatic hypotension-hypoxemia, 16.1% anemia and 12.3% coagulation changes. 50% of the patients showed petechial hemorrhages in the white matter or the brainstem, 66% SAH, 40% HIV, 39.3% brain contusion and 21.4% small extraxial hematomas. 57.1% of the patients showed CT changes through the acute post-traumatic period consisting of new contusion (26.8% of the cases), growing of previous contusion (68.2%) or previous extraaxial hematoma (10.7%), and generalized brain swelling (10.7%). 64.9% of the patients made a favourable and 35.7% an unfavourable outcome. Overall, 27 (48.9%) patients developed deterioration, 21 (37.5%) with concurrent CT changes and 6 (10,7%) without new pathology as seen by the CT control. The remaining 29 (51.7%) patients in this series did not develop deterioration in spite that 11(19.6%) showed CT changes. The age, the initial score, the occurrence of peritraumatic hypotension-hypoxemia and coagulation disorders did not correlate with the risk of deterioration. By contrast, the presence of contusion at the initial CT scan (p= 0.01) and the occurrence of CT change (only generalized brain swelling, p= 0.003) significantly correlated with the risk of deterioration; in his turn deterioration increased by a factor of 10 (OR = 9,8) the risk of death and 7 out of the 8 patients who died developed intractable intracranial hypertension. The 8 (14.2%) patients requiring surgery showed simultaneous ICP deterioration and CT changes, but another 11 patients in a similar condition could be managed without surgery. With or without ICP deterioration, patients showing CT changes had a worse outcome than those without new pathologies, but the difference did not reach statistical significance. Discussion and conclusions. Over 50% of the patients with initial Type I-II lesions developed new CT changes and nearly 50% showed intracranial hypertension during the acute posttraumatic period. Considering the high incidences of ICP and CT deterioration through the course, along with the absence of strong predictors and the discordances between CT and ICP changes (which were seen in 30.3% of the cases) we recommend ICP monitoring after admission in all patients and serial CT scanning at 2-4, 12, 24, 48 and 72 hours after injury with additional controls as indicated by clinical or ICP changes in all cases. Though it is clear that the presence of severe intracranial hypertension significantly increased the risk of death, the small size of the sample in this series prevented to assess to what extent the occurrence of new mass effect and/or raised ICP contributed to the development of moderate and severe disability in the survivors which were mainly due to the occurrence of diffuse axonal injury. Finally, demonstrating that sequential CT scanning and ICP monitoring improve the final outcome in this type of patients would require a prospective randomized trial which is impracticable for different reasons, among them the ethical ones.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p><font size="4"><b>Utilidad de la TAC secuencial y la monitorización de la presión intracraneal para detectar nuevo efecto masa    <br> intracraneal en pacientes con traumatismo craneal grave y lesión inicial Tipo I-II</b></font></p>     <p>R.D. Lobato; J.F. Alen; A. Perez-Nuñez; R. Alday; P.A. Gómez; B. Pascual; A. Lagares; P. Miranda, I. Arrese y A. Kaen</p>     <p><font size="2">Servicio de Neurocirugía. Hospital 12 de Octubre, Madrid.</font></p> <hr size="1" color="#000000">     <p><b>Resumen: </b> </p>     <p><b><i>Objetivo</i>.    Analizar los cambios en la patología y presión intracraneal (PIC) durante el    periodo agudo postraumático en una serie de pacientes con trauma craneal grave    y lesiones Tipos I-II en la TAC inicial (clasificación del Traumatic Coma Data    Bank) con el objetivo de diseñar la pauta mas adecuada de uso de TAC secuencial    y monitorización de la PIC para detectar nuevo efecto masa intracraneal y tratar    así de mejorar la evolución final de pacientes. </b> </p>     <p><b><i>Material y métodos</i>. Se analiza una serie de 56 pacientes (edades = 15-80 años) admitidos consecutivamente en un periodo    de dos años que fueron sometidos a TAC inicial &lt; 24 horas tras el impacto,    (intervalo medio = 150 minutos), TACs control en los primeros días del curso,    y monitorización de la PIC. Se recogieron diferentes variables epidemiológicas,    clínicas, radiológicas y se consideró como variable dependiente el desarrollo    de deterioro definido como elevación mantenida de la PIC por encima de 20 mmHg    que requiriera tratamiento agresivo médico y/o quirúrgico. Mediante análisis    bi y multivariante se determinaron las correlaciones entre las diferentes variables    y la aparición de deterioro. Para estimar la afectación neurológica y el resultado    final se emplearon las escalas de coma y evolución de Glasgow, respectivamente.</b></p>     <p><b><i>Resultados</i>. El &quot;score &quot; medio en la serie fue de 5, y 37% de los pacientes tuvieron    cambios pupilares, 52,3% hipotensión-hipoxemia, 16.1% anemia peritraumáticas    y 12,3% alteraciones de la coagulación. 50% de los pacientes mostraron petequias    en sustancia blanca y/o tronco cerebral en la TAC inicial, 66% HSA, 40% HIV,    39,3% contusión y 21,4% hematomas extraaxiales. 57,1% de los pacientes mostraron    cambios en la TAC de control consistentes en nueva contusión en 26,8% de los    casos, crecimiento de contusión previa en 68,2%, crecimiento de hematoma previo    en 10,7% y swelling cerebral generalizado en 10,7%. 64% de los pacientes experimentaron    una evolución final favorable y 35,7% desfavorable. </b></p>     <p><b>27 pacientes (48,9%) desarrollaron deterioro PIC, de los que 21 (37,5%) presentaron    cambios concurrentes en la TAC, y 6 (10,7%) no los mostraron. Los restantes    29 (51,7%) pacientes no presentaron deterioro PIC, aunque 11 (19,6%) de ellos    mostraron cambio TAC. La edad, el &quot;score&quot;, la presencia de hipotension-hipoxemia    peritraumáticas y los trastornos de la coagulación no se correlacionaron con    riesgo de deterioro. Por el contrario, la presencia de contusión inicial (p=0,01)    y el cambio TAC (en forma de desarrollo de swelling cerebral generalizado, p=0,003)    se correlacionaron con la aparición de deterioro; a su vez el deterioro multiplicó    por 10 (OR = 9,8) el riesgo de muerte y 7 de los 8 pacientes que fallecieron    desarrollaron hipertensión intracraneal intratable. Los 8 pacientes (14,2%)    que necesitaron cirugía evacuadora o descompresiva presentaron simultáneamente    cambio PIC y cambio TAC, si bien otros 13 en situación similar pudieron ser    manejados sin cirugía. Mostraran o no deterioro PIC, los pacientes sin cambio    TAC evolucionaron mejor que los que desarrollaron nuevas patologías, pero la    diferencia no alcanzó diferencia significativa.</b></p>     <p><b><i>Discusión y conclusiones</i>. Más de la mitad de los pacientes con lesión inicial Tipo I-II desarrolla cambios patológicos    secuenciales, y casi el 50% presenta hipertensión intracraneal. Dada la alta    incidencia de cambios TAC y PIC, la escasez y debilidad de los factores predictores    de dichos cambios, y la frecuente discordancia entre ambos tipos de cambio (30,3%    de los casos), parece recomendable monitorizar la PIC desde el inicio y practicar    TACs 2-4, 12, 24, 48 y 72 horas tras el impacto en todos los pacientes, y otros    adicionales si la evolución    clínica o de la PIC lo requiriera.</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Si bien parece indudable que el desarrollo de hipertensión intracraneal grave incrementó    significativamente el riesgo de muerte, la escasez de la muestra en la serie    no permite determinar la contribución del nuevo efecto masa y/o la elevación    de la PIC al desarrollo de incapacidad moderada y grave en los pacientes que    no fallecieron, causada principalmente por la lesión axonal difusa. Finalmente,    demostrar que la practica de TAC secuencial y la monitorización de la PIC mejoran    la evolución final de este tipo de pacientes requeriría un estudio prospectivo    aleatorizado que no es practicable por diferentes razones, entre ellas las de    tipo ético.</b></p>     <p>PALABRAS CLAVE: Trauma craneal. Coma. Contusión cerebral. Hematoma epidural. Lesión axonal difusa. Tomografía computarizada. Presión intracraneal.</p> <hr size="1" color="#000000">     <p><b>Value of serial CT scanning and intracranial pressure monitoring for detecting new intracranial mass effect in severe    <br>  head injury patients showing lesions type I-II in the initial CT scan</b></p>     <p><b>Summary</b></p>     <p><b><i>Objective</i>. To determine the incidence of pathological and intracranial pressure (ICP) changes    during the acute posttraumatic period in severe head injury patients presenting    with lesions Types I-II (TCDB classification) in the admission CT scan with    the aim of defining the most appropriate strategy of sequential CT scanning    and ICP monitoring for detecting new intracranial mass effect and improving    the final outcome.</b></p>     <p><b><i>Material and methods</i>. 56 patients (ages 15-80 years) consecutively admitted during a 2 years period were included. All    had the initial CT scan &lt; 24 hours after injury (mean interval = 150 min),    several CT controls within the first days of the course and ICP monitoring after    admission. Different epidemiological, clinical and radiological variables were    recorded and deterioration defined as the development of sustained ICP over    20 mmHg requiring aggressive medical and/or surgical treatment was considered    the dependent variable. Uni and multivariate analyses were made for determining    the correlation between different parameters and the occurrence of deterioration    and the final outcome as assessed with the GOS.</b></p>     <p><b><i>Results</i></b>. <b>The mean GCS score was 5 and 37% of the    patients showed pupillary changes; 52.3% had peritraumatic hypotension-hypoxemia,    16.1% anemia and 12.3% coagulation changes. 50% of the patients showed petechial    hemorrhages in the white matter or the brainstem, 66% SAH, 40% HIV, 39.3% brain    contusion and 21.4% small extraxial hematomas. 57.1% of the patients showed    CT changes through the acute post-traumatic period consisting of new contusion    (26.8% of the cases), growing of previous contusion (68.2%) or previous extraaxial    hematoma (10.7%), and generalized brain swelling (10.7%). 64.9% of the patients    made a favourable and 35.7% an unfavourable outcome.</b></p>     <p><b>Overall, 27 (48.9%) patients developed deterioration, 21 (37.5%) with concurrent CT changes    and 6 (10,7%) without new pathology as seen by the CT control. The remaining    29 (51.7%) patients in this series did not develop deterioration in spite that    11(19.6%) showed CT changes. The age, the initial score, the occurrence of peritraumatic    hypotension-hypoxemia and coagulation disorders did not correlate with the risk    of deterioration. By contrast, the presence of contusion at the initial CT scan    (p= 0.01) and the occurrence of CT change (only generalized brain swelling,    p= 0.003) significantly correlated with the risk of deterioration; in his turn    deterioration increased by a factor of 10 (OR = 9,8) the risk of death and 7    out of the 8 patients who died developed intractable intracranial hypertension.    The 8 (14.2%) patients requiring surgery showed simultaneous ICP deterioration    and CT changes, but another 11 patients in a similar condition could be managed    without surgery. With or without ICP deterioration, patients showing CT changes    had a worse outcome than those without new pathologies, but the difference did    not reach statistical significance.</b></p>     <p><b><i>Discussion and conclusions</i></b>. <b>Over 50% of the patients with initial Type I-II lesions developed new CT changes    and nearly 50% showed intracranial hypertension during the acute posttraumatic    period. Considering the high incidences of ICP and CT deterioration through    the course, along with the absence of strong predictors and the discordances    between CT and ICP changes (which were seen in 30.3% of the cases) we recommend    ICP monitoring after admission in all patients and serial CT scanning at 2-4,    12, 24, 48 and 72 hours after injury with additional controls as indicated by    clinical or ICP changes in all cases.</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Though it is clear that the presence of severe intracranial hypertension significantly    increased the risk of death, the small size of the sample in this series prevented    to assess to what extent the occurrence of new mass effect and/or raised ICP    contributed to the development of moderate and severe disability in the survivors    which were mainly due to the occurrence of diffuse axonal injury. Finally, demonstrating    that sequential CT scanning and ICP monitoring improve the final outcome in    this type of patients would require a prospective randomized trial which is    impracticable for different reasons, among them the ethical ones. </b></p>     <p>KEY WORDS: head injury. Postraumatic    coma. Brain contusion epidural hematoma. Axonal injury. Computerized tomography.    Intracranial pressure.</p> <hr width="50%" size="1" color="#000000" align="left">     <p><i><font size="2">Recibido: 10-09-04. Aceptado: 11-11-04</font></i></p>     <p><i><font size="2"><u>Abreviaturas.</u> ECG: escala de coma de Glasgow.  HIC: hipertensión intracraneal.  HIV: hemorragia intraventricular. HSA:    hemorragia subaracnoidea. PIC: presión intracraneal. TAC: tomografía axial computarizada.    TCDB: traumatic coma data bank. TCG: traumatismo craneal grave. TTPA: tiempo    parcial de tromboplastina activada.</font></i></p>     <p>&nbsp;</p>      <p><b>Introducción</b></p>     <p>Las lesiones difusas Tipos I-II definidas según la clasificación patológica del Traumatic Coma Data Bank (TCDB)<sup>19</sup>,    representan alrededor del 7% y el 24%, respectivamente del total de los casos    de traumatismo craneal grave (TCG) en diferentes series<sup>6,15,19    </sup>y conllevan un riesgo de mortalidad que oscila entre el 5% y el 16% en    los pacientes con lesión inicial tipo I, y alcanza el 21-27% en aquellos con    lesiones tipo II, tras excluir un reducido número de pacientes que fallecen    por causas extraneurológicas<sup>15,19</sup>.</p>     <p>Durante la era angiográfica y los primeros    años de la era TAC se pensó que los pacientes con TCG que no mostraban efecto    masa focal en el examen inicial tenían un riesgo mínimo de desarrollar elevación    de la presión intracraneal (PIC), y que su evolución estaba condicionada casi    exclusivamente por la intensidad de la lesión axonal difusa sufrida tras el    impacto. Sin embargo, pronto se comprobó que aparte de la influencia usualmente    determinante de la lesión axonal, la evolución final de estos pacientes podía    empeorar a causa de la aparición demorada de nuevas lesiones intracraneales    susceptibles de diagnóstico y tratamiento, lo que indicaba la importancia de    disponer de la mejor estrategia diagnóstica para detectar y tratar los cambios    patológicos que ocurren durante la fase aguda del periodo postraumático.</p>     <p>En la actualidad la practica de TAC    secuencial en los pacientes con TCG es una rutina clínica, pero no existe aún    consenso sobre el número y la frecuencia de los controles que deben ser realizados,    y esto es particularmente cierto en los pacientes que muestran lesiones Tipos    I-II en la TAC inicial. Mientras algunos autores afirman que la evaluación neurológica    periódica y la medición de la presión intracraneal (PIC) bastan para detectar    la aparición de nuevas lesiones focales, o de efecto masa generalizado (swelling    cerebral) en estos enfermos<sup>23</sup>, otros opinan que la exploración    neurológica, artefactada siempre por la sedorrelajación, e incluso la monitorización    de la PIC, son menos eficaces que el examen TAC secuencial protocolizado para    diagnosticar precozmente lesiones masa potencialmente quirúrgicas, o swelling    cerebral generalizado que requiera tratamiento médico o craniectomía descompresiva<sup>15,26</sup>.</p>     <p>Aunque algunos autores consideran improcedente    la realización de TACs de control a intervalos fijos y los practican sólo cuando    ocurre empeoramiento clínico o elevación de la PIC, es indudable que con frecuencia    el deterioro neurológico y/o la elevación de la PIC se detectan demoradamente    respecto al desarrollo del efecto masa, lo que puede resultar en la producción    de daño neurológico adicional que a veces, y aún actuando con rapidez, resulta    irreversible<sup>1,2,7,9,13-16,21,27,29</sup>. En cualquier caso, tanto    la TAC secuencial, como la medición de la PIC, aplicadas aislada o conjuntamente,    parecen superar al examen clínico para detectar la aparición de nuevo efecto    masa en pacientes en los que la imprescindible sedorrelajación limita o impide    un seguimiento clínico fiable. Sin embargo, la utilidad diagnóstica comparativa    de estos dos métodos de seguimiento está por determinar. Además, esta comparación    es dificil de realizar porque uno de los métodos proporciona una información    continua, en tanto que el otro aporta visiones patológicas fijas a intervalos    de tiempo variables. Para complicar más el análisis no se debe olvidar que en    la práctica diaria se registran tanto elevaciones de la PIC, como cambios patológicos    en la TAC que carecen de verdadera significación clínica al no requerir ninguna    medida terapéutica especifica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con el objetivo de determinar cual    de los dos métodos de monitorización del incremento de volumen intracraneal    <i>i.e</i>., la monitorización    de la PIC y el examen TAC secuencial es más eficaz para detectar la aparición    de nuevo efecto masa focal o generalizado durante el periodo agudo postraumático    y determinar el grado de concordancia entre los hallazgos con ambas técnicas,    se diseñó este estudio prospectivo en el que se monitorizó la PIC desde el inicio    del curso y se practicó TAC secuencial en una serie de pacientes con TCG que    mostraron lesiones difusas tipos I y II en la TAC de admisión.</p>     <p><b>Material y métodos</b></p>     <p>Entre Enero del 2001 y Diciembre del    2002 fueron admitidos en la Unidad de Politrauma un total de 56 pacientes con    TCG, definido como aquél que conlleva una puntuación de 8 o menor en la Escala    de Coma de Glasgow (ECG)<sup>30</sup> tras resucitación o deterioro    a este &quot;score&quot; dentro de las primeras 6 horas después del trauma,    y que además cumplieron los siguientes criterios de inclusión: edad entre 15    y 80 años, mostrar lesiones Tipo I-II en la TAC de admisión practicada dentro    de las primeras 24 horas tras el impacto, y haber sido sometidos a monitorización    de la PIC. Se excluyeron los pacientes con criterios de muerte cerebral al ingreso.    La mayoría de los pacientes fueron enviados desde el lugar del accidente y los    restantes desde hospitales regionales. Todos los traslados se hicieron en UCI    móvil o helicóptero.</p>     <p>Los pacientes fueron manejados de acuerdo    a un protocolo diagnóstico (multimonitorización y TAC secuencial) y terapéutico    médico-quirúrgico preestablecido<sup>14,24</sup>. A menos que la situación    hemodinámica y/o respiratoria lo impidiera, la práctica de TAC secuencial se    planificó a las 12 horas tras el trauma si el inicial fue obtenido en &lt;3-4    horas, y 24, 48 y 72 horas tras el impacto, realizándose además otros adicionales    siempre que concurriera elevación no explicable de la PIC, o deterioro clínico    inesperado.</p>     <p>La monitorización de la PIC, que se    llevó a cabo con sensor intraparenquimatoso (Camino), se instauró tras realizar    el TAC de admisión, y se mantuvo por periodos variables según la evolución clínica,    (media = 7,9 días) los hallazgos en la TAC de control, y la tendencia del propio    parámetro.</p>     <p> Las variables recogidas de manera    prospectiva que fueron introducidas en un banco de datos fueron las siguientes:</p>     <p><i>Epidemiológicas    y clínicas</i>. Edad y sexo, patología previa al trauma, mecanismo del    trauma, existencia de politrauma (facial, ortopédico, torácico, abdominal, raquídeo,    y de partes blandas), existencia de parada cardiorrespiratoria o hipotensión-hipoxemia    peritraumáticas (TA &lt; 90 mmHg y pO<sub>2</sub> &lt; 60 mmHg), alteraciones    hematológicas como anemia (Htco &lt; 30%; Hb &lt; 10 g), coagulopatía (actividad    protrombina &lt; 50%; TTPA &gt; 29; fibrinógeno &lt; 120 y plaquetas &lt; 100.000),    necesidad de cirugía extracraneal urgente, intervalos trauma-ingreso y trauma-TAC    inicial, estado y reacción pupilar y puntuación en la ECG (bien en UCI móvil,    hospital de referencia, o al ingreso en nuestro centro); ya que en la reanimación    de estos pacientes se usan procedimientos y drogas que interfieren en la exploración    se consideró la mejor respuesta motora en la mejor extremidad tras reducir la    sedación.</p>     <p><i>Variables    radiológicas</i>. Se consideraron los siguientes hallazgos en la TAC    inicial: hemorragias petequiales, hemorragia subaracnoidea (HSA), hemorragia    intraventricular (HIV), contusión cerebral y/o hematoma extraaxial &lt; 20-25    cc. En los TAC de control se constató la aparición de nuevas lesiones con efecto    masa focal, o el crecimiento de lesiones preexistentes extra o intraxiales,    y la aparición de swelling cerebral generalizado (lesión tipo III) o desviación    de línea media.</p>     <p><i>Variables    tratamiento y evolución final</i>. Se consideraron la necesidad de indicación    quirúrgica establecida por presencia de lesiones &gt; 25 cc en la TAC control,    o de craniectomía descompresiva cuando la PIC no fuera controlable médicamente,    el tipo de lesión evacuada (contusión, hematoma epidural), el número de veces    que se requirió tratamiento médico especifico por PIC elevada y la presencia    de complicación pulmonar y/o infecciosa. La evolución final se estimó con la    Escala evolutiva de Glasgow<sup>8</sup>.</p>     <p>Se consideró como <i>variable    dependiente </i>el desarrollo de deterioro definido como elevación sostenida    de la PIC por encima de 20 mmHg que requiriera tratamiento médico o quirúrgico,    acompañada o no de deterioro TAC (aparición de nuevas lesiones con efecto masa,    o crecimiento de lesiones preexistentes). Se consideraron los niveles de PIC    (normal, moderadamente elevada e hipertensión intracraneal grave), la tendencia    PIC durante el curso (baja-baja, baja-alta-baja, baja-alta, alta-baja), y la    secuencia temporal o correlación entre los cambios PIC y TAC.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El análisis estadístico incluyó el    estudio de la correlación entre las diferentes variables y la aparición de deterioro    PIC y/o TAC por un lado, y la correlación de la elevación de la PIC y de los    cambios TAC con la evolución final, por otro lado. Para ello se realizó un estudio    descriptivo con cálculo de intervalos de confianza del 95%. Para el estudio    bivariable se utilizó el test del chi cuadrado, el test exacto de Fisher y la <i><b>t </b></i>de Student,    considerándose significativos valores inferiores a 0.05. Así mismo, se realizó    estudio multivariable mediante regresión logística.</p>     <p><b>Resultados</b></p>     <p><b><i>Datos epidemiológicos y clínicos</i></b></p>     <p>La <a href="/img/revistas/neuro/v16n3/investigacion1_tabla1.htm" target="_blank">Tabla 1</a> refleja que 47 pacientes    (83,9%) fueron varones. La media de edad fue de 33,8 +/- 13,7 (DE) años. El    mecanismo del trauma fue atropello en el 8,9% de los casos, accidente de automóvil    en 51,8%, accidente de moto en 21,4%, caída en 16,1% y agresión (impacto directo) en 1,8%.</p>     <p>46 pacientes (84,2%) fueron trasladados    directamente desde el lugar del accidente, y el 15,8% restante desde otro hospital.    El intervalo medio entre trauma e ingreso fue de 80,6 minutos y el transcurrido    entre trauma y TAC inicial de 150,4 minutos. El intervalo entre el TAC inicial    y el primer control fue de 10 +/- 7,9 horas, y un 89,2% de los pacientes tuvieron    el primer control TAC dentro de las primeras 24 horas después del trauma.</p>     <p>44 pacientes (78,6%) presentaron lesiones    extracraneales asociadas, lo que indica la importancia del traumatismo. 27 pacientes    (47,3%) presentaron trauma torácico asociado; 40,3% trauma ortopédico; 29.8%    trauma facial; 15,7% trauma abdominal y 14% trauma en otros lugares como partes    blandas. Seis (10.7%) pacientes precisaron de intervención quirúrgica urgente    (fundamentalmente esplenectomía) antes de ser estudiados con TAC craneal. 17    pacientes (30,4%) hipotensión arterial peritraumática, 10 (17,9%) hipoxemia    y 8 (14,3%) presentaron ambos trastornos; por tanto un total de 25 pacientes    (44,6%) presentaron defectos en la perfusión u oxigenación cerebral más o menos    marcados.</p>     <p> La situación neurológica (peor puntuación    en la ECG dentro de las 6 primeras horas tras el impacto y reactividad pupilar)    se refleja también en la <a href="/img/revistas/neuro/v16n3/investigacion1_tabla1.htm" target="_blank">Tabla 1</a>. La mitad de los pacientes puntuaron entre    3-4, y la puntuación media fue de 5, lo que revela la gravedad del traumatismo    craneal en la serie. 12 pacientes (21,4%) presentaban midriasis unilateral y    3 (5,4%) bilateral al ingreso.</p>     <p>Las  Tablas <a href="/img/revistas/neuro/v16n3/investigacion1_tabla1.htm" target="_blank">1</a> y <a href="#T2">2</a> reflejan la situación    hematológica tras la admisión. 9 pacientes (16,1%) presentaron anemia. Por otra    parte, 7,1% tenían una actividad de protrombina por debajo del 50% y 29,8% por    debajo del 70%. Seis pacientes (10,7%) mostraron una TTPA &gt; de 34; 5.4% un    fibrinógeno &lt;120, y 5,4% cifras de plaquetas &lt;100.000.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><a name="T2"><img src="/img/revistas/neuro/v16n3/1_t2.jpg" width="754" height="228"></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p>La <a href="/img/revistas/neuro/v16n3/investigacion1_tabla1.htm" target="_blank"> Tabla 1</a> muestra la evolución final    que fue: Buena recuperación en 21 (37,5%) casos; Incapacidad moderada en 15    (26,8%); Incapacidad severa en 12 (21,4%) y Exitus en 8 (14,3%). Así, 36 pacientes    (64,2%) tuvieron una evolución favorable, mientras que 20 (35,7%) presentaron    una mala evolución (35,7%).</p>     <p><b><i>Descripción    de los hallazgos TAC inicial-secuencial</i></b></p>     <p><i>TACS iniciales</i>. La <a href="/img/revistas/neuro/v16n3/investigacion1_tabla1.htm" target="_blank">Tabla 1</a> refleja la incidencia de los diferentes hallazgos    patológicos observados en este tipo de pacientes; la mitad mostraron petequias    visibles en la sustancia blanca subcortical, ganglios basales, cuerpo calloso    o tronco cerebral, 66,1% HSA y 33,9% HIV. 22 pacientes (39,3%) presentaron focos    contusivos y 12 (21,4%) hematomas extra-axiales epi o subdurales siempre &lt; 25 cc.</p>     <p><i>TACs secuenciales</i>. La <a href="/img/revistas/neuro/v16n3/investigacion1_tabla1.htm" target="_blank">Tabla 1</a> refleja los cambios patológicos observados    durante la primera semana del curso postraumático. Un total de 32 (57,1%) pacientes    mostraron cambios en las TACs de control, la mayoría de los cuales fueron objetivados    dentro de los cuatro primeros días del curso, y que consistieron en aparición    de nuevos focos contusivos (26,8% de los casos), crecimiento de focos contusivos    existentes en la TAC de admisión (68,2%), (<a href="/img/revistas/neuro/v16n3/investigacion1_figura1.htm" target="_blank">Fig. 1</a>) desarrollo de nuevo hematoma    extraaxial (10,7%), o crecimiento de uno previamente existente (41,7%), y swelling    cerebral generalizado (10,7%).</p>     <p>Un total de 23 (41,1%) pacientes desarrollaron    complicaciones infecciosas, casi siempre de asiento pulmonar que pudieron contribuir    a una evolución adversa en al menos 10 (17,8%) de ellos que presentaron síndrome    de distress respiratorio y swelling cerebral generalizado.</p>     <p><b><i>Descripción    de los cambios en los niveles de PIC</i></b></p>     <p>La <a href="/img/revistas/neuro/v16n3/investigacion1_tabla1.htm" target="_blank">Tabla 1</a> muestra los niveles absolutos    y el curso de la PIC durante el curso agudo postraumático. 8 pacientes (14,3%)    mostraron una PIC normal y un registro plano; 21 (37,5%) desarrollaron elevaciones    fásicas (duración &lt; 15 minutos) sobre un nivel de PIC basal normal relacionadas    o no con maniobras de limpieza-aspiración bronquial, cambio postural u otros    factores, que con frecuencia precisaron de terapia médica no sostenida o agresiva.    Por tanto, se puede considerar que 29 (51,7%) pacientes no desarrollaron hipertensión    intracraneal a lo largo del curso agudo postraumático. 16 pacientes (28,6%)    mostraron elevaciones mantenidas de duración limitada, pero que requirieron    tratamiento médico repetido, por lo que se consideró que estos sufrieron hipertensión    intracraneal moderada. Finalmente, 11 (19,6%) pacientes presentaron hipertensión    intracraneal grave con cambio en la tendencia del registro a elevación sostenida    de la PIC; todos ellos precisaron tratamiento agresivo de la PIC que pudo ser    finalmente controlada en 4 (7,1%) y que resultó incontrolable y fatal en los    otros 7 (12,5%). El número medio de tratamientos médicos por hipertensión intracraneal    en los 27 pacientes fue 13.5 +/- 15,9 (DE); rango 0-82 tratamientos. La <a href="/img/revistas/neuro/v16n3/investigacion1_tabla1.htm" target="_blank">Tabla 1</a> muestra también las tendencias    o patrones del parámetro PIC durante el periodo agudo postraumático. Sólo la    mitad de los pacientes mostraron una PIC que se pudo considerar siempre baja.</p>     <p><b><i>Correlación    entre diferentes variables clínico-patológicas y aparición de deterioro</i></b></p>     <p>La <a href="#T3"> Tabla 3</a> muestra que del total de    variables clínico-epidemiológicas, analíticas y patológicas, sólo la presencia    de contusión en la TAC inicial (p= 0,01) y la aparición de cambio TAC (p= 0,003)    se correlacionaron significativamente con el desarrollo de deterioro. Sin embargo,    de los posibles cambios TAC observados, únicamente el swelling cerebral generalizado    se correlacionó fuertemente con el riesgo de deterioro (p= 0,007) no alcanzando,    por el contrario, significación estadística el crecimiento de contusión (p=0,6),    o de hematoma extraaxial (p=0,5) previamente existentes. En el estudio multivariable    sólo la presencia de contusión inicial y el desarrollo de swelling cerebral    se revelaron como factores asociados con deterioro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="T3"><img src="/img/revistas/neuro/v16n3/1_t3.jpg" width="751" height="472"></a></p>      <p>&nbsp;</p>     <p><b><i>Correlación entre el desarrollo de deterioro y evolución final</i></b></p>     <p>La <a href="#T4">Tabla 4</a> muestra la correlación entre    desarrollo de deterioro (hipertensión intracraneal) y la evolución a incapacidad    severa y muerte. La presencia de HIC incrementó casi diez veces (OR = 9,8) el    riesgo de muerte y de los 8 pacientes que fallecieron sólo uno dejó de presentar    este cambio. Por el contrario este factor no influyó en el riesgo de desarrollar    incapacidad severa, e incluso pareció tener un efecto protector (OR = 0,28)    que podría ser debido a la ausencia en este subgrupo de los pacientes fallecidos    por haber presentado HIC finalmente incontrolable.</p>     <p align="center"><a name="T4"><img src="/img/revistas/neuro/v16n3/1_t4.jpg" width="760" height="269"></a></p>      <p>&nbsp;</p>     <p>Si bien parece indudable que la hipertensión    intracraneal grave incrementa significativamente el riesgo de muerte, la escasez    de la muestra en la serie no permite determinar la contribución del nuevo efecto    masa y/o la elevación de la PIC al desarrollo de incapacidad moderada y grave    en los pacientes que no fallecieron, que parecen fundamentalmente debidas a    la lesión axonal difusa.</p>     <p><b><i>Correlación    o interrelación de los cambios en la TAC secuencial y los cambios en la PIC</i></b></p>     <p>La <a href="#T5">Tabla 5</a> y la <a href="#F2">Figura 2</a> muestran que    27 pacientes (48,2%) de los 56 de esta serie desarrollaron deterioro definido    como elevación sostenida de la PIC; de estos 21 (37,5%) mostraron cambios concurrentes    en la TAC, en tanto que 6 (10,7%) no mostraron nuevas patologías.</p>     <p align="center"><a name="T5"><img src="/img/revistas/neuro/v16n3/1_t5.jpg" width="757" height="349"></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p align="center"><a name="F2"><img src="/img/revistas/neuro/v16n3/1_2.jpg" width="711" height="479"></a></p>     <p align="center"><font size="2">Figura 2. <i>Diagrama de flujo de los cambios en la TAC secuencial y en la PIC,    <br> &nbsp;y el tipo de tratamiento aplicado en 56 pacientes con lesiones Tipo I-II en la TAC inicial.</i></font></p>      <p>&nbsp;</p>     <p>Los restantes 29 pacientes (51,7%)    no presentaron deterioro de la PIC, y de ellos 11 (19,6%) mostraron cambios    concurrentes en la TAC, mientras que 18 (32,1%) no lo hicieron.</p>     <p>Globalmente, un total de 11 (19,6%)    pacientes mostraron cambios TAC sin cambios relevantes en la PIC, mientras que    6 (10,7%) desarrollaron hipertensión intracraneal sin que la TAC de control    revelara nuevas lesiones focales o difusas, o cambios de las preexistentes que    pudieran explicarlos de algún modo, lo que arroja un 30,3% de discordancias    entre ambos tipos de cambio.</p>     <p>Como se puede apreciar los 8 pacientes    que precisaron cirugía (contusión cerebral en 5, hematoma extra-axial en 2,    y/o craniectomía descompresiva en 3 casos), habían presentado hipertensión intracraneal    acompañada por cambio en la TAC de control, si bien en los restantes 13 con    ambos tipos de cambio la elevación de la PIC pude ser manejada con tratamiento    médico. Por otra parte, ningún paciente sin hipertensión intracraneal precisó    cirugía, independientemente de que presentara (11 casos), o no presentara (18    casos) cambio en la TAC secuencial y, como ya se ha dicho, sólo uno de ellos    falleció. Independientemente del nivel de PIC, los pacientes que desarrollaron    cambios en la TAC evolucionaron peor que aquellos que no los presentaron, pero    la diferencia no fue estadísticamente significativa.</p>     <p><b>Discusión</b></p>     <p>Múltiples estudios realizados en la    era TAC han demostrado que un gran número de pacientes con TCG desarrollan lesiones    demoradas con efecto masa focal o generalizado como son nuevos hematomas extra    o intraparenquimatosos, o swelling cerebral generalizado, que muchas veces se    acompañan de deterioro clínico y empeoran la evolución final, por lo que algunos    autores han tratado de identificar los factores de riesgo para desarrollar nuevo    efecto masa intracraneal, así como el &quot;timing&quot; de su aparición durante    el periodo agudo postraumático, con el objetivo principal de diseñar la mejor    estrategia para el manejo diagnóstico y terapéutico de estos pacientes<sup>1-5,7,9-11,13,15-17,21-23,25-29</sup> Sin embargo, sigue sin resolverse el debate sobre cual debe ser la metodología    para la práctica de TAC secuencial y la monitorización de la PIC en los pacientes    con TCG que muestran, o bien un TAC inicial normal, o hallazgos patológicos    sin efecto masa relevante, (lesiones tipos I-II) y en qué medida determinados    parámetros epidemiológicos, clínicos o los cambios en la evolución neurológica    pueden modificar el empleo de estas técnicas de monitorización.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al comentar los estudios publicados    en la literatura relacionados con este problema clínico, y siguiendo un orden    temporal analizaremos en primer lugar el de Roberson y cols<sup>23</sup>,    que compararon el valor de la TAC secuencial con el examen neurológico y los    cambios en la PIC en una serie de 95 pacientes con TCG. 38 de ellos (40%) tenían    una TAC normal, o casi normal al ingreso, y 80% evolucionaron favorablemente.    Sin embargo, 7 (18%) de los 38 pacientes experimentaron cambios patológicos    apreciables en la TAC de control, si bien ninguno de ellos precisó de cirugía.    Según estos autores &quot;en ningún caso la TAC programada a intervalos fijos    reveló lesiones quirúrgicas que no hubieran sido sospechadas antes por los cambios    ocurridos por la exploración neurológica o los niveles de PIC&quot;, por lo    que conceden a la TAC de control un valor &quot;confirmatorio&quot; de lo anunciado    por los cambios clínicos y de la PIC, y concluyen que a pesar de todo &quot;es    útil obtener TAC de control entre 3 y 7 días después del trauma si el paciente    no mejora&quot;.</p>     <p>En relación con este estudio resulta    difícil aceptar que en verdad casi la mitad de los enfermos tuvieran una TAC    normal, o casi normal en el momento de la admisión, por lo que se deben sospechar,    o bien la existencia de sesgos no aclarados en la selección de los pacientes,    o bien una interpretación inadecuada de los TAC, a lo que pudiera haber contribuido    que el estudio se realizó con máquinas de primera-segunda generación. En cualquier    caso, y como se desprende de los resultados de estudios que se comentan mas    adelante, en la actualidad resulta inaceptable preconizar la práctica de TAC    de control entre el tercer y el séptimo días del periodo agudo postraumáticos    en todos los enfermos con TCG sin matizar la indicación en función de los hallazgos    en la TAC inicial, o el intervalo trauma-TAC inicial.</p>     <p>Kobayashi y cols<sup>10</sup>,    analizaron la aparición de nuevas lesiones con TAC secuencial en una serie de    138 pacientes con TCG; 91 de ellos mostraron nuevos hallazgos en la TAC de control,    que en 60 eran lesiones relevantes consistentes en edema, infarto o hematoma    intra o extracerebral; estos últimos pacientes experimentaron una evolución    significativamente peor que los restantes 78 que no mostraron nuevas lesiones.    En esta serie, 78 (56.5%) de los 138 pacientes tenían lesiones que hubieran    sido clasificadas como difusas en la TAC inicial, pero no se analizaron específicamente    los hallazgos en este subgrupo, por lo que desconocemos cual fue la incidencia    de nuevas lesiones en el mismo. Por otro lado, este estudio, como el anterior,    es previo a la descripción de la clasificación del TCDB, por lo que no se puede    determinar el porcentaje de pacientes incluidos con lesiones tipos I-II. Aunque    no se monitorizó rutinariamente la PIC y los autores no describen los cambios    encontrados, concluyen que este parámetro puede servir de guía para indicar    la práctica de TAC secuencial.</p>     <p>Lee y Liu<sup>13</sup>, analizaron    la correlación entre el descenso del score en la ECG y el deterioro en la TAC    secuencial en una serie de 117 pacientes con trauma moderado y grave. En el    grupo de enfermos en los que el score no cambió o subió, 73% mostraron mejoría    en la TAC; por el contrario, 78% de los que presentaron deterioro clínico subsiguiente    (descenso en el score) mostraron empeoramiento en la TAC de control. Estos autores    refieren que 17% de sus enfermos desarrollaron complicaciones durante el traslado    a la sala TAC, que incluyeron subidas de PIC, desaturación, o cambios hemodinámicos,    por lo que recomiendan practicar TAC de control sólo si ocurre deterioro clínico,    cuando no hay posibilidad de llevar a cabo el examen neurológico, o si la subida    de la PIC no se puede explicar por problemas médicos. De acuerdo con Teasdale,    es criticable en este estudio que 19 de 60 enfermos que mostraron nuevo hematoma    extraaxial en la TAC de control no fueran intervenidos, y que otros 41 en los    que se objetivó un incremento de efecto masa o edema adicional, tampoco recibieran    un tratamiento específico. En cualquier caso, en este estudio no se consideran    separadamente, o en detalle, los hallazgos en los pacientes con lesiones difusas    tipos I y II, por la misma razón que en los anteriores, y tampoco se propugna    una estrategia concreta para la practica de TAC secuencial.</p>     <p>Lobato y cols<sup>17</sup>,    en un estudio retrospectivo sobre 448 pacientes con TCG observaron que los 46    (10%) que tuvieron una TAC normal durante todo el periodo agudo postraumático    no experimentaron elevaciones mantenidas de la PIC que requirieran tratamiento    específico, y en todos ellos la evolución final fue favorable. Sin embargo,    los autores enfatizan que estos 46 pacientes representaron sólo dos tercios    del total de 69 que habían presentado una TAC inicial normal o casi normal,    indicando que uno de cada tres pacientes con TAC inicial normal (un 5.2% del    total de la serie) desarrollaron nuevas patologías en la TAC de control que    cursaron con hipertensión intracraneal y precisaron manejo terapéutico adicional.    Aunque en el estudio se afirma que la monitorización de la PIC puede ser omitida    &quot;cuando el paciente presenta una TAC normal&quot; los autores reconocen    que no se puede excluir con seguridad absoluta a ningún paciente con TAC de    admisión normal del beneficio que puede derivarse de dicha monitorización ya    que existe una probabilidad sobre tres de que aparezca nuevo efecto masa intracraneal;    por ello el estudio concluye recomendando una estrategia combinada que puede    incluir indicación rutinaria de medición de la PIC en todos los casos y/o practica    de TAC de control a intervalos cortos y prefijados, salvo si el paciente experimenta    una mejoría rápida tras el ingreso.</p>     <p>En el estudio sobre 753 pacientes con    trauma grave del TCDB americano, Eisenberg y cols<sup>6</sup>, encontraron    que un 10-15% de los pacientes con TAC normal en el momento de la admisión desarrollaron    elevaciones de la PIC durante el periodo agudo postraumático. La razón por la    que la incidencia de hipertensión intracraneal en pacientes con TAC inicial    normal fue 2 a 3 veces mas alta que en el estudio mencionado de Lobato y cols<sup>17</sup>,    queda por determinar, si bien una posibilidad es que la definición de hipertensión    intracraneal o la calidad de los estudios TAC fueran distintas en ambos estudios.</p>     <p>En otro estudio posterior de Lobato    y cols<sup>15</sup>, sobre TAC secuencial en pacientes con TCG, un    total de 271 (30.3%) mostraron lesiones difusas, bien tipo I (24 casos) o bien    tipo II (247 casos) en la TAC de admisión. 4 (16,6%) de los 24 pacientes con    lesión tipo I desarrollaron nuevo efecto masa focal o difuso que precisó tratamiento    específico, porcentaje este similar al referido por Eisenberg y cols<sup>6</sup>.    Por otra parte, de los 247 pacientes con lesión tipo II, 31 (12.5%) y 19 (7.6%)    desarrollaron nueva masa focal o efecto masa difuso, respectivamente que requirió    así mismo tratamiento. Por tanto, un 20% de los pacientes (1 de cada 5) con    lesiones tipos I-II en la TAC inicial desarrollaron nuevo efecto masa intracraneal.    La evolución final fue favorable en el 82% de los pacientes con lesión tipo    I que no desarrollaron cambios, frente a tan sólo el 56% en los que el TAC demostró    nuevo efecto masa, (p &lt;0.05); en los pacientes con lesión tipo II la evolución    fue favorable en el 66% de los que no presentaron cambios, en comparación con    el 36% de los que desarrollaron cambios en la TAC; (p&lt; 0.01). Los cambios    patológicos ocurrieron en su mayor parte en los dos primeros días después del    impacto, por lo que los autores recomiendan practicar al menos un TAC de control    en este intervalo de tiempo. La práctica totalidad de las nuevas lesiones con    efecto masa relevante se acompañaron de elevación de la PIC, pero este parámetro    no se monitorizó desde el inicio en todos los casos y tampoco se analizó la    correlación entre el &quot;timing&quot; de los cambios PIC y los cambios TAC.</p>     <p>En un estudio más reciente, Servadei    y cols<sup>26</sup>, determinaron la aparición de nuevas lesiones intracraneales    durante el periodo agudo postraumático en la serie de pacientes con trauma grave    y moderado recogida prospectivamente y recomiendan igualmente practicar TAC    secuencial en los pacientes que muestran inicialmente lesiones difusas, ya que    uno de cada 6 tiene riesgo de desarrollar cambios patológicos clínicamente relevantes.    En efecto, de 464 pacientes inicialmente etiquetados de haber sufrido una lesión    cerebral difusa, 76 (16%) mostraron cambios patológicos relevantes en la TAC    de control. De un total de 80 pacientes con lesión inicial tipo I, 6 evolucionaron    a lesiones tipos II-III y 4 a masa evacuable; de los 219 inicialmente diagnosticados    de lesiones difusas tipo II, 13 evolucionaron a lesiones tipos III-IV, y 36    a masa evacuable. Al igual que en el estudio de Lobato y cols, el desarrollo    de masa focal se asoció a una evolución final significativamente más desfavorable,    (62% vs 38% de evolución adversa con y sin cambio patológico, respectivamente;    (p&lt; 0.01), pero tampoco se analizó la correlación entre los cambios en la    PIC y las variaciones en la TAC secuencial.</p>     <p>En un estudio previo Servadei y cols<sup>27</sup>,    encontraron que 15 de un total de 37 pacientes con lesiones masa detectadas    con TAC de control practicado dentro de las primeras 12 horas tras el trauma,    habían mostrado lesiones difusas en la TAC inicial (2 tipo I, 7 tipo II y 6    tipos III-IV). Las nuevas lesiones masa en los 9 enfermos con lesiones iniciales    tipos I y II fueron detectadas bien por deterioro clínico, o bien mediante TAC    de control programado, y cuando el TAC se obtiene dentro de las 3 primeras horas    después del impacto los autores recomiendan repetirlo dentro de las siguientes    12 horas. En un comentario a este artículo Chesnut manifiesta que la aparición    de una nueva lesión, o la expansión de una previamente observada es importante    no sólo para prevenir el deterioro progresivo neurológico, sino también para    evitar el empleo de tratamiento médico empírico, como es el intento de reducción    de la PIC elevada atribuida a una masa focal &quot;oculta&quot; (no visualizada    con TAC e inexistente en realidad), ya que estas terapias no están exentas a    su vez de riesgo. Este último autor considera interesante determinar hasta que    punto el empleo de un monitor de PIC con poco riesgo como es el Camino, puede    obviar la necesidad de TAC de control a intervalos fijos o programado. En otro    comentario acompañante, Marshall<sup>18 </sup>señala que en cinco pacientes    de esta serie la elevación de la PIC sin deterioro clínico concomitante condujo    a la práctica de la TAC de control que evidenció una lesión masa a evacuar,    destacando así la utilidad de la medición de este parámetro en el manejo de    estos enfermos. En este sentido parece útil resaltar que no sólo es inadecuado    tratar empíricamente PIC elevadas atribuidas a efecto masa no comprobado con    TAC y realmente inexistente, sino que a veces se practican igualmente TACs de    control superfluos sobre la base de una elevación &quot;no explicada&quot; de    la PIC, que finalmente no tiene ninguna significación y es autolimitada; en    esta ultima circunstancia se podría hablar de una medida PIC falsamente positiva,    pero no de un manejo erróneo inducido por la información proporcionada por este    método de monitorización.</p>     <p>Aparte de los estudios descriptivos    de los cambios TAC secuenciales mencionados anteriormente, otro aspecto importante    que ha ocupado a diferentes autores es el análisis de los factores asociados    con el riesgo del desarrollo de lesiones demoradas. Narayan y cols<sup>21</sup>,    recomendaron monitorizar la PIC en los pacientes con TCG y TAC inicial normal    que tuvieran una edad &gt; 40 años, hipotensión peritraumática y un &quot;score&quot;    &lt; 5, al observar que la incidencia de hipertensión intracraneal alcanzó el    60% en los pacientes con dos o más de estos factores, frente a tan solo el 4%    en aquellos con uno o ninguno. Aun cuando la escasez numérica de la muestra    en nuestro estudio pudiera limitar la significación de los hallazgos, los únicos    factores que se correlacionaron de manera estadísticamente significativa con    el desarrollo de deterioro en el estudio bivariable fueron la presencia de cambio    TAC, la presencia de contusión en la TAC inicial y el desarrollo de swelling    cerebral generalizado, y sólo los dos últimos lo hicieron en el estudio multivariable.    Así, si bien el primero de estos criterios <i>i.e</i>.,    la presencia de focos contusivos en la TAC inicial serviría para indicar monitorización    de la PIC desde el inicio, la aparición de cambio TAC no serviría para establecer    ni la secuencia de TAC control, ni la necesidad de monitorización de la PIC,    ya que se trata de un suceso demorado en el tiempo que es en sí mismo el objeto    de predicción. La presencia de marcadores de lesión axonal difusa, como son    las petequias en sustancia blanca y la HIV, aún cuando se asociaron con el desarrollo    de incapacidad severa, no lo hicieron con el riesgo de deterioro en la PIC.    Por todo ello, y como no identificamos ningún factor o variable capaz de predecir    el desarrollo de swelling cerebral generalizado, que usualmente cursa con elevación    sostenida de la PIC, lo más conveniente parecería monitorizar este parámetro    desde el comienzo del curso postraumático en todos los pacientes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otro factor considerado como posiblemente    involucrado en el desarrollo de lesiones hemorrágicas demoradas son las alteraciones    de la coagulación que aparecen frecuentemente tras el TCG, y que han sido analizadas    en estudios tanto clínicos como experimentales<sup>5,9,11,25,28,29,31,32</sup>.    Stein y cols<sup>29</sup>, en una primera serie de 253 pacientes seleccionados    para práctica de TAC secuencial por presentar un score &lt;7, o no mejorar de    manera rápida tras el trauma aún cuando mostraran scores mas altos, observaron    que 123 (48.6%) desarrollaron lesión intracraneal demorada; de estos 55% mostraron    anormalidades en los tiempos de protrombina, tromboplastina o recuento de plaquetas    en el primer estudio de coagulación, en tanto que sólo el 9% no tenían alteraciones    en dichos parámetros (p&lt;0.001). El estudio concluye que el riesgo de desarrollar    lesión intracraneal demorada sube del 31% en ausencia del trastorno de la coagulación    al 85% cuando al menos uno de los parámetros mencionados está alterado, por    lo que recomiendan la práctica frecuente de TAC de control en estos pacientes.</p>     <p>En otro estudio subsiguiente en el    que seleccionaron 337 pacientes también con trauma moderado y grave Stein y    cols<sup>28</sup>, observaron que 149 (44.5%) desarrollaron lesión    intracraneal demorada que se asoció con la severidad del daño cerebral estimado    inicialmente, la necesidad de resucitación cardiopulmonar en el lugar del accidente,    la presencia de coagulopatía al ingreso y la de hematoma subdural en la TAC    inicial. Los pacientes con lesión aparecida en la TAC de control presentaron    una evolución final significativamente peor que los que no mostraron deterioro    en la TAC. Aunque en ninguno de los dos trabajos mencionados se especifican    los cambios ocurridos en función de la categoría diagnóstica observada en la    TAC inicial, se dice que &quot;el desarrollo de lesión cerebral demorada empeoró    la evolución final en todas las categorías de lesión&quot; y los autores recomiendan    practicar TAC de rutina en el seguimiento inmediato de todos los pacientes que    se deterioran, o de manera automática a las 12-24 horas tras el ingreso si hay    coagulopatía, o ausencia de mejoría neurológica. Afirman que &quot;una vez que    el TAC de control evidencia la presencia de lesión cerebral adicional de aparición    demorada el paciente tiene un riesgo significativamente mayor de presentar también    deterioro clínico, elevación del PIC, peor evolución final y muerte&quot;, pero    no consideran la posible utilidad de la TAC secuencial programada en comparación    con el examen neurológico repetido, o la monitorización de la PIC. En un comentario    a este trabajo Marshall aduce que la alta frecuencia de incremento volumétrico    intracraneal tras la TAC inicial revela la necesidad de determinar de manera    continua la presión y el volumen intracraneales mediante la monitorización de    la PIC y la práctica de TAC secuencial.</p>     <p>Más recientemente, Oertel y cols<sup>22</sup>,    analizaron la incidencia demorada de hemorragia intra o extraaxial en una cohorte    de 142 pacientes con trauma craneal moderado y grave que fueron estudiados con    TAC dentro de las primeras 24 horas tras el impacto; el intervalo medio trauma-TAC    inicial fue de 2 horas y el intervalo medio entre este examen y el primer control    TAC de tan solo 7 horas. 60 (42.3%) pacientes mostraron nueva lesión hemorrágica    en la TAC de control, y en el 87% de éstos se había practicado el primer TAC    dentro de las dos primeras horas tras el impacto. La probabilidad de desarrollar    nueva lesión hemorrágica fue del 51% en los pacientes que mostraron hematoma    intraparenquimatoso-contusión en la TAC de admisión, 22% en los que mostraron    hematoma epidural, 17% en los que presentaron hemorragia subaracnoidea y 11%    en aquéllos con hematoma subdural. El análisis con regresión logística mostró    que la edad avanzada, el sexo masculino, el TAC inicial precoz (&lt; 2 horas)    y la prolongación del tiempo de tromboplastina fueron predictores fiables de    aparición de hemorragia intracraneal demorada. Aunque se aclara que el porcentaje    de pacientes con PIC &gt;20 mmHg fue significativamente mayor en el subgrupo    de los que desarrollaron hemorragia demorada que en el que no la presentaron,    no se analizó la correlación temporal entre ambos cambios, ni en qué medida    la monitorización de la PIC condicionó la secuencia de TAC de control; sin embargo,    los autores apuntan que la elevación de la PIC ocurrió en un 25% de los pacientes    que eventualmente necesitaron evacuación quirúrgica de su lesión hemorrágica.    Dado que casi la mitad de los pacientes con trauma craneal que son estudiados    con TAC dentro de las 4 primeras horas después del impacto van a desarrollar    cambios hemorrágicos posteriores, Oertel y cols recomiendan repetir la TAC en    un plazo de 4-6 horas después del inicial<sup>22</sup>.</p>     <p>Aparte de la falta de influencia de    la edad, el &quot;score&quot; inicial, y la existencia de hipotensión-hipoxemia    peritraumáticas sobre el riesgo de deterioro observada en nuestro estudio, tampoco    las alteraciones de la coagulación registradas tras el ingreso se correlacionaron    con la incidencia de deterioro por un lado, el desarrollo de hematomas quirúrgicos    demorados por otro, o una peor evolución final. Por tanto, y de acuerdo con    nuestros hallazgos estos parámetros no sirven para diseñar la estrategia de    TAC control y/o monitorización de la PIC en los pacientes con lesiones iniciales    tipos I-II. La diferencia en la significación de los trastornos de la coagulación    entre nuestro estudio y los de Stein y cols<sup>28,29 </sup>y Oertel    y cols<sup>22 </sup>que contemplaron series más numerosas de pacientes    pudiera deberse a que en ellos se incluyeron pacientes con traumatismos no solo    graves, sino también moderados y pacientes con diferentes tipos de lesiones    en la TAC inicial. Aunque en algunos estudios sobre hematoma intracraneal postraumático    demorado no se observó una mayor incidencia de coagulopatía<sup>5,25    </sup>parece lógico pensar que este trastorno pueda favorecer la aparición de    nuevas hemorragias o el incremento volumétrico de las preexistentes en los pacientes    con trauma craneal<sup>9,11,22,31</sup>. y algunos estudios realizados    en el laboratorio apoyan que las alteraciones de la coagulación favorecen esta    patología<sup>32</sup>. Una vez más pudiera ser que la escasez numérica    de la muestra en nuestro estudio justifique las diferencias observadas con los    estudios mencionados.</p>     <p>Teniendo en cuenta los datos que se    desprenden de los estudios mencionados y del presente análisis, parece claro    que los pacientes con TCG que muestran lesiones difusas en la TAC de admisión    tienen un riesgo significativo de desarrollar nuevo efecto masa intracraneal    que es capaz de producir deterioro neurológico o muerte, y que la mayor parte    de las veces dicho cambio aparece en los dos o tres primeros días después del    trauma. Sin embargo, las estrategias propuestas por los diferentes investigadores    para detectar cuanto antes el incremento de efecto masa intracraneal focal o    generalizado<sup>1,15-18,22,26-29</sup>, resultan dispares entre si,    al apoyarse en diferente medida en el uso de los criterios clínico, patológico    (TAC), y fisiológico (PIC) para practicar el seguimiento. Por consiguiente,    si bien la necesidad de TAC de control y monitorización de la PIC resulta clara    en los pacientes con lesiones tipos III, IV y V<sup>15</sup>, queda    por determinar cual es la mejor estrategia diagnóstica en presencia de lesiones    tipos I-II.</p>     <p>Si bien, y como ya se dijo, en el estudio    de Roberson y cols<sup>23 </sup>ninguna lesión que requiriera cirugía    fue detectada por TAC realizados a intervalos fijos antes de que fuera anunciada    por cambios en el estado neurológico o la elevación de la PIC, no se sabe hasta    que punto la monitorización de la PIC puede obviar la indicación de TACs de    control preprogramados, ya que en ocasiones la hipertensión intracraneal se    desarrolla bruscamente aún cuando la lesión que la motiva podría haber sido    detectada previamente con la TAC y evacuada antes de causar isquemia cerebral    adicional<sup>1</sup>. Para dificultar más el diseño de un algoritmo    de manejo diagnóstico en este escenario clínico se ha de recordar que hay pacientes    que muestran elevaciones autolimitadas de la PIC no concurrentes con cambio    TAC ni deterioro clínico, mientras que otros presentan lesiones focales que    si bien no se acompañan de elevación de la PIC, alcanzan un tamaño en el límite    de la indicación quirúrgica, planteando la duda sobre la conveniencia de su    evacuación, particularmente cuando asientan a nivel del lóbulo temporal. En    cualquier caso, utilizar la aparición de deterioro neurológico como criterio    guía para la práctica de la TAC de control no es aceptable, al ser precisamente    el daño cerebral secundario lo que se trata de prevenir con una adecuada estrategia    diagnóstica.</p>     <p>Así pues en la actualidad seguimos    sin saber si en los enfermos que no muestran efecto masa al ingreso (aquéllos    con lesiones tipos I-II) se debe practicar un TAC de control ultraprecoz seguido    de controles diarios durante los 3-4 primeros días, monitorizar la PIC desde    el inicio para guiar la practica de TACs de control, o recurrir al uso simultáneo    de ambas estrategias diagnósticas cuya utilización conlleva algunos riesgos    y los correspondientes costes.</p>     <p>El presente estudio, que se diseñó    para tratar de responder a estas interrogantes, incluyó pacientes con lesiones    tipos I-II admitidos consecutivamente tras sufrir TCG, de los que más de dos    tercios tenían lesiones extracraneales asociadas, mostraban puntuaciones considerablemente    bajas en la ECG, y presentaron además una incidencia elevada de hipotensión-hipoxemia    peritraumáticas. Los intervalos trauma-TAC inicial y TAC inicial-primer TAC control fueron cortos, lo que    revela un buen funcionamiento del sistema de atención extra-intrahospitalario    en nuestro medio, y el número de controles TAC en la primera semana fue elevado,    por lo que se puede asumir que tanto la incidencia de los cambios patológicos,    como el &quot;timing&quot; de su aparición durante el periodo agudo postraumático,    se determinaron de manera precisa. Finalmente, la PIC fue monitorizada durante    periodos de tiempo suficientemente prolongados en todos los pacientes. Además,    se practicaron estudios de coagulación al ingreso y controles posteriores en    todos los casos. Por todo ello, se puede considerar que la serie de pacientes    incluidos y la metodología del estudio son adecuados para responder a la cuestión    planteada anteriormente. No obstante, una limitación del análisis podría ser    la escasez numérica de la muestra que comprometería el alcance de significación    estadística de algunas correlaciones entre parámetros clínicos y patológicos    con el riesgo de deterioro y la evolución final.</p>     <p>Al analizar la evolución durante el    periodo pos-traumático agudo lo primero que llama la atención es el elevado    porcentaje de pacientes (57,1%) que desarrollaron nuevo efecto masa focal, o    swelling cerebral generalizado. Este porcentaje supera a los observados previamente    por otros autores y por nosotros mismos<sup>15,26</sup>, y corrobora    que el riesgo de sufrir deterioro patológico intracraneal es muy alto en estos    pacientes. Sin embargo, también replica la evidencia de que una proporción importante    de las lesiones encontradas no tienen significación clínica, o al menos no se    acompañan de repercusión en los niveles de PIC, ni precisan ser finalmente evacuadas.    Así, de los 32 (57,1%) pacientes que mostraron cambios en la TAC, 11 (34,3%)    no desarrollaron hipertensión intracraneal (Tabla 5 y Fig. 2), y finalmente    sólo 8 (14,2%) en toda la serie necesitaron una intervención quirúrgica para    aliviar el efecto masa. Aunque este porcentaje de lesiones operables parece    relativamente bajo, si careciésemos de otro método alternativo fiable para detectarlas,    deberíamos admitir que la TAC secuencial ha de ser practicada en todos los casos    y a intervalos cortos, particularmente en presencia de lesión inicial tipo II,    que conlleva un riesgo mas alto de desarrollar nuevo efecto masa que la lesión    tipo I<sup>15,22,26</sup>. En nuestro estudio los porcentajes de pacientes    que experimentaron crecimiento de masa intra (contusión cerebral), o extraaxial    (hematoma epi o subdural) visible ya en la TAC de admisión, pero lo suficientemente    pequeñas para que los pacientes fueran clasificados como portadores de lesión    tipo II, fueron del 68.2% y 41.7%, respectivamente, aún cuando la mayor parte    de ellas no tuvieran que ser finalmente evacuadas. En cualquier caso, en los    pacientes que hicieron cambio TAC la monitorización de la PIC contribuyó de    manera esencial a decidir cuales de ellos fueron candidatos a tratamiento médico    o quirúrgico y cuales no. Por otra parte, en los 11 pacientes mencionados que    desarrollaron cambio TAC sin hipertensión intracraneal, y que representan un    20% del total de casos en nuestra serie, la falta de monitorización de la PIC    podría haber inducido a tratar una supuesta elevación de la misma asumida erróneamente    sobre la base del cambio patológico observado en la TAC de control.</p>     <p>La otra observación principal en nuestro    estudio fue que los pacientes con lesiones tipos I-II muestran una alta incidencia    de elevación sostenida de la PIC, y así finalmente 27 (48,2%) requirieron tratamiento    más o menos agresivo de la hipertensión intracraneal (Tabla 5 y Fig. 2). Es    importante hacer notar que en 6 de ellos (10,7%) el cambio en la PIC no se acompañó    de cambios relevantes en la TAC por lo que la utilización exclusiva de la TAC    secuencial pudiera haber llevado a la omisión del tratamiento de la hipertensión    intracraneal aún cuando en realidad era necesaria.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Nuestra propuesta final de manejo diagnóstico,    que es la de utilizar simultáneamente los dos métodos de detección de incremento    del volumen intracraneal en los pacientes con lesiones iniciales tipos I-II,    se justifica también porque en un 30,3% de ellos la TAC secuencial y la monitorización    de la PIC mostraron discordancias a la hora de detectar nuevo efecto masa. El    hecho de que en una quinta parte (19,6%) de los pacientes la TAC detectara efecto    masa intracraneal sin que ocurriera elevación sincrónica relevante de la PIC,    podría indicar que, o bien la monitorización de la PIC aportó un resultado falsamente    negativo, o bien la TAC ofreció un resultado falsamente positivo, ya que en    ellos la masa no precisó ser evacuada al no sobrepasar su tamaño la capacidad    de compensación volumétrica intracraneal. Sin embargo, se considere o no el    parámetro PIC como un falso negativo en este escenario clínico, debemos aceptar    que son precisamente los enfermos que muestran inicialmente alguna patología    en la TAC en los que la práctica de controles TAC secuenciales y la monitorización    de la PIC parecen más claramente indicados.</p>     <p>La situación contrapuesta se observó    en los 6 (10,7%) pacientes que mostraron elevaciones de la PIC sin cambios apreciables    y correlativos en la TAC de control. En esta situación podría igualmente considerarse,    o bien que la PIC es un criterio diagnóstico de aumento de masa intracraneal    falsamente positivo, o bien su hipótesis alternativa, es decir, que la TAC es    un criterio falsamente negativo para detectar efecto masa difuso intracraneal,    u otro tipo de trastorno hidrodinámico que justifique la elevación de la presión.    El hecho de que en estos pacientes sin aparente patología subyacente fuera necesario    tratar médicamente de manera repetida y agresiva la hipertensión intracraneal    refuta que en este escenario clínico la PIC elevada represente un indicador    falsamente positivo. En cambio, la consideración de falso negativo para la TAC    debería ser admitida, lo que plantea cual debe ser la estrategia de control    TAC en esta situación particular; las alternativas extremas serían o prescindir    de nuevos controles TAC al observar que uno de ellos es normal, o por el contrario,    acortar los intervalos de control TAC al ser casi la norma que ocurra un cambio    patológico en el paciente que va a desarrollar hipertensión intracraneal. La    segunda opción parece la más apropiada, ya que en algunos pacientes que desarrollan    &quot;swelling&quot; cerebral generalizado el colapso más o menos completo de    los espacios cisternales y ventriculares precede en poco tiempo a la elevación    de la PIC.</p>     <p>La observación de elevaciones de la    PIC aparentemente paradójicas que cursan sin correlato patológico reconocible,    plantea la necesidad de determinar si existen pacientes en los que no es necesario    tratar una PIC elevada, y si es así, cual es el perfil clinicopatológico de    estos pacientes, cual el mecanismo de la hipertensión intracraneal que desarrollan,    y cuales los límites de elevación y duración aceptables para obviar el tratamiento.    En teoría podrían existir trastornos postraumáticos de tipo pseudotumoral en    los que una alteración en la circulación-absorción del LCR podría cursar con    aumento de la carga hidrostática (y por tanto elevación de la PIC) que al estar    distribuida de manera homogénea en el compartimento intracraneal no colapsaría    los espacios que contienen LCR, ni producirían isquemia cerebral (&quot;pseudotumor-like    conditions&quot;). La capacidad de la TAC para demostrar alteraciones de la    hidrodinámica y hemodinámica intracraneales es desde luego limitada, y parece    razonable esperar que las nuevas técnicas de RM, al igual que nos están permitiendo    mejorar la predicción del pronóstico final<sup>12</sup>, nos ayuden    a entender el mecanismo de ciertas elevaciones de la PIC, que aunque ahora nos    parecen paradójicas, pudieran relacionarse con cambios en el volumen sanguíneo    y flujo cerebrales, o la distribución del agua intra-extracelular.</p>     <p>El hecho de que éste y otros estudios    previos no hayan permitido determinar en qué medida la monitorización de la    PIC permite optimizar la estrategia de TAC secuencial en los pacientes con TCG    y lesiones tipo I-II en la TAC inicial, bien disminuyendo el número de controles,    o por el contrario, aumentándolo en algunos enfermos, para nada limita el valor    de la medición continua de la PIC en este escenario clínico. Aunque algunos    autores aún sostienen que el uso combinado de monitorización de la PIC y TAC    secuencial a intervalos prefijados puede resultar redundante y generar riesgos    evitables y costes innecesarios, en el momento actual parece recomendable monitorizar    la PIC de entrada en todos los casos. Las lesiones con efecto masa causan daño    neurológico secundario cuando elevan la PIC, y es por ello que hemos utilizado    la hipertensión intracraneal como criterio definitorio de deterioro, en detrimento    de los hallazgos patológicos evidenciados por la TAC.</p>     <p>Teniendo en cuenta la evidencia proporcionada    por este estudio, podría sugerirse que una buena pauta para el manejo de los    pacientes comatosos (y por tanto sometidos a sedorrelajación que artefacta o    elimina el valor de la exploración neurológica como criterio de seguimiento)    y lesión tipo I-II en la TAC de admisión sería practicar TACs a las 4-6, 12,    24 y 48 horas tras el impacto, aumentando el numero de controles a instancias    de posibles elevaciones de la PIC monitorizada desde el inicio. Es innegable    que con frecuencia la TAC realizada a intervalos prefijados detecta lesiones    que por su envergadura van a ir seguidas inmediatamente de deterioro PIC, permitiendo    así extremar la vigilancia y acelerar el tratamiento pertinente cuando éste    sea eventualmente necesario. Tomando las precauciones adecuadas es posible evitar    las desaturaciones y la inestabilidad hemodinámica que pueden ocurrir durante    el traslado de los pacientes a la sala TAC. Aún cuando parece indudable que    detectar la presencia de nuevas masas evacuables y controlar las elevaciones    de la PIC ha de conllevar una mejoría de la evolución final de estos enfermos,    demostrar que la práctica de TAC secuencial y la monitorización de la PIC influyen    positivamente en el resultado final requeriría un estudio prospectivo aleatorizado    que no es practicable por diferentes razones, entre ellas las de tipo ético.</p>     <p>Aunque por definición las lesiones    hemorrágicas iniciales en los enfermos con lesiones Tipo I-II son de pequeño    tamaño, pudiera ser que aquéllos expuestos al riesgo de desarrollar progresión    de las mismas durante el curso postraumático en la manera descrita por Oertel    et al<sup>22</sup>, se beneficiaran de la administración del factor    VII recombinante activado, que se ha mostrado capaz de frenar el incremento    de volumen del hematoma en los pacientes con hemorragia intracerebral aguda    espontánea<sup>20</sup>. De hecho, en un futuro próximo se va a emprender    un estudio prospectivo aleatorizado en pacientes con lesiones hemorrágicas postraumáticas    de pequeño tamaño para determinar si este factor es eficaz para limitar su crecimiento    durante las primeras horas después del impacto.</p>      <p><b>Bibliografía</b></p>     <!-- ref --><p>1. Bullock, R., Golek, J., Blake, G.: Traumatic intracerebral hematoma- which patients should undergo surgical evacuation? CT scan features and ICP monitoring as a basis for decision making. Surg Neurol 1989; 32: 181-187.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349018&pid=S1130-1473200500030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Clifton, G.L., Grossman, R.G., Makela, M.E., Miner, M.E., Handel, S., Sadhu, V.: Neurological course and correlated computerized tomography findings after severe closed head injury. J Neurosurg 1980; 52: 611-624&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349020&pid=S1130-1473200500030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Cordobés, F., de la Fuente, M., Lobato, R.D. et al.:Intraventricular hemorrhage in severe head injury. J Neurosurg 1983; 58: 217-222&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349021&pid=S1130-1473200500030000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Cordobés, F., Lobato, R.D., Rivas, J.J. et al.: Posttraumatic diffuse brain axonal injury. Analysis of 78 patients studied with computed tomography. Acta Neurochir (Wien) 1986; 81: 27-35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349022&pid=S1130-1473200500030000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Diaz, F.G., Yock, D.H., Larson, D., Rockswold, G.L.: Early diagnosis of delayed posttraumatic intracerebral hematomas. J Neurosurg 1979; 50: 217-223&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349024&pid=S1130-1473200500030000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Eisenberg, H.M., Gary, H.E., Aldrich, E.F., et al.: Initial CT findings in 753 patients with severe head injury. A report from the NIH Traumatic Coma Data Bank. J Neurosurg 1990; 73: 688-698.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349025&pid=S1130-1473200500030000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. Gudeman, S.K., Kishore, P.R.S., Miller, J.D., et al.: The genesis and significance of delayed traumatic intracerebral hematoma. Neurosurgery 1979; 5: 309-313.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349027&pid=S1130-1473200500030000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. Jennett, B., Bond, M.: Assessment of outcome after severe brain damage. A practical scale. Lancet 1975; 1: 480-484.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349029&pid=S1130-1473200500030000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>9. Kaufmann, H.H., Moake, J.L., Olson, J.D., et al.: Delayed and recurrent intracranial hematomas related to disseminated intravascular clotting and fibrinolysis in head injury. Neurosurgery 1980; 7: 445-449.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349031&pid=S1130-1473200500030000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. Kobayashi, S., Nakazawa, S., Otsuka, T.: Clinical value of serial computed tomography with severe head injury. Surg Neurol 1983; 20: 25-29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349033&pid=S1130-1473200500030000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. Kumura, E., Sato, M., Fukuda, A., et al.: Coagulation disorders following acute head injury. Acta Neurochir (Wien) 1987; 85: 23-28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349035&pid=S1130-1473200500030000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12. Lagares, A., Ramos, A., Alday, R., et al.: Valor pronóstico de la RM craneal en el traumatismo craneoencefálico moderado y grave. Patología Aparato Locomotor 2005; 3: 41-54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349037&pid=S1130-1473200500030000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>13. Lee, S.T., Liu, T.N.: Delayed intracranial hemorrhage in patients with multiple trauma and shock-related hypotension. Acta Neurochir (Wien) 1991; 113: 121-124.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349039&pid=S1130-1473200500030000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>14. Lobato, R.D., Cordobes, F., Rivas, J.J., et al.: Outcome from severe head injury related to the type of intracraneal lesion. A computerized tomography study. J Neurosurg 1983; 59: 762-774.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349041&pid=S1130-1473200500030000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. Lobato, R.D., Gómez, P.A., Alday, R., et al.: Sequential computerized tomography changes and related final outcome in severe head injury patients. Acta Neurochir (Wien) 1997; 139: 385-391.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349043&pid=S1130-1473200500030000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. Lobato, R.D., Rivas, J.J., Gómez, P.A., et al.: Head-injuried patients who talk and deteriorate into coma. Analysis of 211 cases studied with computerized tomography. J Neurosurg 1991; 75: 256-261.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349045&pid=S1130-1473200500030000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. Lobato, R.D., Sarabia, R., Rivas, J.J., et al.: Normal computerized tomography scans in severe head injury. Prognostic and clinical management implications. 1986; 65: 784-789.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349047&pid=S1130-1473200500030000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>18. Marshall, L.F.: Comment. Neurosurgery 2000; 46: 47.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349049&pid=S1130-1473200500030000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>19. Marshall, L.F., Bowers, S.A., Klauber, M.R., et al.: A new classification of head injury based on computerized tomography. J Neurosurg 1991; 75: Suppl S14-S20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349051&pid=S1130-1473200500030000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20. Mayer, S.A., Brun, N.C., Begtrup, K., et al.: Recombinant activated factor VII for acute intracerebral hemorrhage. N Eng J Med 2005; 352: 777-785.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349053&pid=S1130-1473200500030000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>21. Narayan, R.K., Kishore, P.R., Becker, D.P. et al.: Intracranial pressure: to monitor or not to monitor. J Neurosurg 1982; 56: 650-659.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349055&pid=S1130-1473200500030000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>22. Oertel, M., Kelly, D.F., McArthur, D., et al.: Progressive hemorrhage after head trauma: predictors and consequences of evolving injury. J Neurosurg 2002; 96: 109-116.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349057&pid=S1130-1473200500030000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>23. Roberson, F.C., Kishore, P.R.S., Miller, J.D., Lipper, H.H., Becker, D.P.: The value of serial computerized tomography in the management of severe head injury. Surg Neurol 1979; 12: 161-167.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349059&pid=S1130-1473200500030000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>24. Sahuquillo, J., Biestro, A., Mena, P.M., et al.: Medidas de primer nivel en el tratamiento de la hipertensión intracraneal en el paciente con traumatismo craneoencefálico grave. Propuesta y justificación de un protocolo. Neurocirugía 2002; 13: 78-100.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349061&pid=S1130-1473200500030000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. Sawada, Y., Sadamitsu, D., Sakamoto, T., et al.: Lack of correlation between delayed traumatic intracerebral hematoma and disseminated intravascular coagulation. J Neurol Neurosurg Psychiatry 1984; 47: 1125-1127.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349063&pid=S1130-1473200500030000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>26. Servadei, F., Murray, G.D., Penny, K., et al.: The value of the &quot;worst&quot; computed tomographic scans in clinical studies of moderate and severe head injury. European Brain Injury Consortium. Neurosurgery 2000; 46: 70-77.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349065&pid=S1130-1473200500030000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>27. Servadei, F., Nanni, A., Nasi, M.T., et al.: Evolving brain lesions in the first 12 hours after head injury: Analysis of 37 comatose patients. Neurosurgery 1995; 37: 899-907.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349067&pid=S1130-1473200500030000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>28. Stein, S.C., Spettell, C., Young, G., Ross, S.E.: Delayed and progressive brain injury in closed-head trauma: radiological demonstration. Neurosurgery 1993; 32: 25-31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349069&pid=S1130-1473200500030000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>29. Stein, S.C., Young, G.S., Talucci, R.C., et al.: Delayed brain injury after head trauma: significance of coagulopathy. Neurosurgery 1992;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349071&pid=S1130-1473200500030000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>30: 160-165. 30. Teasdale, G., Jennett, B.: Assessment of coma and impaired consciousness. A practical scale. Lancet 1984; 2: 81-84.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349073&pid=S1130-1473200500030000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>31. Touho, H., Hirakawa, K., Hino, A., et al.: Relationship between abnormalities in coagulation and fibrinolysis and postoperative intracranial hemorrhage in head injury. Neurosurgery 1986; 19: 523-531.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349075&pid=S1130-1473200500030000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>32. van der Sande, Emeiss, J.J., Lindeman, J.: Intravascular coagulation: a common phenomenon in minor experimental head injury. J Neurosurg 1981; 54:21-25&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3349077&pid=S1130-1473200500030000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>Lobato, R.D.; Alen, J.F.; Perez-Nuñez, A.; Alday, R.; Gómez, P.A.; Pascual, B.; Lagares, A.; Miranda, P.; Arrese, I.; Kaen, A.: Utilidad de la TAC secuencial y la monitorización de la presión intracraneal para detectar nuevo efecto masa intracraneal en pacientes con traumatismo craneal grave y lesión inicial Tipo I-II. Neurocirugía 2005; 16: 217-234.</p>  <hr size="1" color="#000000">     <p><i><font size="2">Correspondencia postal</i><font size="2">: RD Lobato. Servicio Neurocirugía. Hospital &quot;12 de Octubre&quot;. Avda Cordoba /sn. 28041 Madrid.</font></p>       ]]></body><back>
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<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Traumatic intracerebral hematoma- which patients should undergo surgical evacuation?: CT scan features and ICP monitoring as a basis for decision making]]></article-title>
<source><![CDATA[Surg Neurol]]></source>
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<label>3</label><nlm-citation citation-type="journal">
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