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</front><body><![CDATA[  <title>In Memoriam Mariano Arrazola Sili&oacute; (1922-2009)</title> </head> <body>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>In Memoriam Mariano Arrazola Sili&oacute; (1922-2009)</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font face="Verdana" size="2">Enrique &Uacute;rculo Bare&ntilde;o</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pocos d&iacute;as antes de celebrar sus ochenta y siete primaveras, ha fallecido mi maestro en una g&eacute;lida y lluviosa noche invernal donostiarra, tranquilo en su cama y arropado por su familia. Tres fr&iacute;as esquelas en el Diario Vasco anunciaban el pasado s&aacute;bado 7 de Noviembre su muerte a la que conoc&iacute;a de cerca, tanto por su profesi&oacute;n m&eacute;dica como por su arriesgada afici&oacute;n a tocar el techo del mundo en las monta&ntilde;as m&aacute;s altas. Porque si hubiera que definirlo en dos palabras &eacute;stas ser&iacute;an la de neurocirujano monta&ntilde;ero, ya que sus dos grandes pasiones fueron la neurocirug&iacute;a y la monta&ntilde;a.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Neurocirujano aventurero y pionero de la escuela madrile&ntilde;a de D. Sixto Obrador, a quien admiraba, y tras sus a&ntilde;os de formaci&oacute;n neuroquir&uacute;rgica en Utrecht (Holanda) con el Prof. Verbiest, el Dr. Arrazolase instala en San Sebasti&aacute;n en 1953, introduciendo en nuestra ciudad una especialidad pr&aacute;cticamente desconocida como era la neurocirug&iacute;a. Inicialmente desarrolla su incansable actividad asistencial en la desaparecida cl&iacute;nica San Antonio y en la Cruz Roja de San Sebasti&aacute;n, compagin&aacute;ndola con la que realiza en Bilbao en el Hospital Civil de Basurto, donde acude semanalmente a operar los fines de semana durante varios a&ntilde;os seguidos. Finalmente se establece en la ciudad donostiarra, donde progresivamente impulsa la neurocirug&iacute;a en diferentes centros como el antiguo Hospital Provincial de Guipuzcoa, la cl&iacute;nica Pakea, la Residencia Sanitaria Nuestra Se&ntilde;ora de Ar&aacute;nzazu y la Policl&iacute;nica Gipuzkoa (de &eacute;sta &uacute;ltima promotor y socio fundador). Fue un innovador apasionado de su profesi&oacute;n, entre otras muchas cosas introduce las &uacute;ltimas t&eacute;cnicas diagn&oacute;sticas en la neurocirug&iacute;a del momento, como la neumoencefalograf&iacute;a, ventriculograf&iacute;a, angiograf&iacute;a cerebral, la mielograf&iacute;a, el scanner... y t&eacute;cnicas quir&uacute;rgicas cerebrales como la estereotaxia, leucotom&iacute;as, cirug&iacute;a del Parkinson...o vertebrales como la cirug&iacute;a de la hernia de disco y de la estenosis de canal lumbar, hasta entonces desconocidas en nuestro medio, que realizaba con extraordinaria rapidez, precisi&oacute;n y elegancia quir&uacute;rgica. Pero a &eacute;l lo que le gustaba en realidad eran los grandes retos quir&uacute;rgicos como la compleja cirug&iacute;a de los aneurismas cerebrales, para lo cual preparaban meticulosamente al paciente con antelaci&oacute;n suficiente para inducir una hipotermia moderada (a base de cubitos de hielo y manta de agua fr&iacute;a), que manten&iacute;an durante la intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica. Cre&oacute; una importante escuela de grandes neurocirujanos, muchos de ellos activos en la actualidad y otros ya fallecidos que no incluyo por no olvidar a ninguno. Miembro de diferentes sociedades cient&iacute;ficas, lleg&oacute; a ser presidente de la sociedad luso-espa&ntilde;ola de neurocirug&iacute;a y de la sociedad vasca de neurocirug&iacute;a/neurokirurgiako euskal elkartea (de la que fue socio fundador).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Son demasiados los recuerdos que se me agolpan en la cabeza al evocar durante estos d&iacute;as los m&aacute;s de treinta a&ntilde;os de carrera profesional y vital que he compartido con &eacute;l, desde que en 1978 llegu&eacute; a mis 26 a&ntilde;os para ocupar la plaza de Residente en el Servicio de Neurocirug&iacute;a, que &eacute;l dirig&iacute;a en la llamada entonces &quot;Residencia Sanitaria Nuestra Se&ntilde;ora de Ar&aacute;nzazu de la Seguridad Social&quot;. No podr&eacute; olvidar nunca cuando, despu&eacute;s de presentarme en su despacho por primera vez como el nuevo residente de neurocirug&iacute;a y con su mirada serena, inteligente, profunda, pero inquieta y algo triste me dijo que &eacute;l no hab&iacute;a solicitado ning&uacute;n ayudante. Sin embargo, desde entonces nuestra relaci&oacute;n fue progresivamente evolucionando de lo profesional a una aut&eacute;ntica amistad personal: el me ense&ntilde;&oacute; mucho m&aacute;s que neurocirug&iacute;a. De fuerte personalidad, pulso firme y car&aacute;cter impetuoso, ten&iacute;a fama de jefe duro y en quir&oacute;fano temido: impon&iacute;a respeto. Pero los que tuvimos la suerte de conocerlo bien, nos dimos cuenta con los a&ntilde;os que mucho de ello era simple fachada y que debajo de esa coraza hab&iacute;a un gran ser humano, que al cabo de un rato se olvidaba sin rencor de la bronca que nos echaba por nuestras torpezas o errores cometidos. Hu&iacute;a de los honores, halagos, actos sociales y de las palabras huecas, lo que le procur&oacute; en ocasiones ser incomprendido por algunos. Era un hombre solitario que sus pocos ratos libres ocupaba con la lectura.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Para &eacute;l lo importante era el enfermo, no exist&iacute;a horario ni fines de semana, nunca fallaba si se le requer&iacute;a, no se le ve&iacute;a por los pasillos del Hospital, como me confesaba: no soy un &quot;m&eacute;dico saludador&quot;. Con un gran &quot;ojo cl&iacute;nico&quot; sab&iacute;a en cada momento lo que hab&iacute;a que hacer y lo m&aacute;s dif&iacute;cil, lo que no hab&iacute;a que hacer y cu&aacute;ndo dar por finalizada una intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica. Incansable en su trabajo, hab&iacute;a d&iacute;as que no par&aacute;bamos hasta bien entrada la noche: Residencia Sanitaria, Hospital Provincial, Cruz Roja, Cl&iacute;nica Pakea y Policl&iacute;nica era nuestro recorrido diario, para continuar a primera hora de la ma&ntilde;ana siguiente, nunca demostr&oacute; agotamiento cuando los dem&aacute;s est&aacute;bamos desfallecidos. Asistimos juntos a muchos congresos de la especialidad, organizamos algunos y disfrutamos en todos, present&aacute;ndome a los grandes neurocirujanos espa&ntilde;oles y extranjeros amigos suyos. Firmamos juntos algunos art&iacute;culos m&eacute;dicos publicados en revistas de la especialidad. Le apasionaba la docencia y desde que se inaugur&oacute; la Unidad Docente en nuestra ciudad fue profesor asociado de la Facultad de Medicina y Cirug&iacute;a de la Universidad del Pa&iacute;s Vasco, donde ense&ntilde;aba neurocirug&iacute;a a los alumnos de medicina. Me permiti&oacute; dar alguna clase y s&eacute; por boca de sus alumnos que las del Dr. Arrazola eran amenas y muy did&aacute;cticas, por lo que estaba muy bien considerado y querido por el alumnado.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Amante de la naturaleza y del deporte, practic&oacute; con asiduidad bicicleta, remo, esqu&iacute; y sobre todo la escalada de alta monta&ntilde;a. Fue como m&eacute;dico en numerosas expediciones y alcanz&oacute; todas las cimas imaginables desde el Aconcagua hasta el Everest, donde junto a su tarea de alpinista hizo investigaciones sobre el mal de altura y el edema cerebral.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">El espacio y el tiempo impiden extenderme en estas l&iacute;neas de reconocimiento a quien fue mi maestro, con la esperanza de que, aunque no le gustaba, sirva de homenaje personal a un ser querido (&eacute;l sabr&aacute; perdonarme). Estoy seguro Mariano que las monta&ntilde;as y sus nieves, como nosotros, te echar&aacute;n de menos, aunque sigues vivo en nuestra memoria. Ikusi arte.</font></p>      ]]></body>
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