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<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Frida Kahlo or the aesthetics of the suffering]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center">MISCEL&Aacute;NEA</p> <hr>     <p align="center"><font size="4"><b>RETABLO DE LAS MARAVILLAS</b></font></p> <table border="0" width="100%">   <tr>     <td width="48%" valign="top">     <p>Recientemente popularizado por la industria cinematogr&aacute;fica, el personaje  de Frida Kahlo (M&eacute;xico, 1907-1954) es m&aacute;s conocido por su vida  singular (compa&ntilde;era de Diego Rivera, comunista y revolucionaria, sus  amores tormentosos, su ambig&uuml;edad sexual) que por las verdaderas aportaciones  de su obra. Una constante en ella fue el utilizar como modelo lo que m&aacute;s  conoc&iacute;a, su propio cuerpo, que pasa a convertirse en el escenario donde  se narra la historia de su existencia. Este art&iacute;culo se detiene en una  dimensi&oacute;n poco explorada, la relaci&oacute;n de su pintura con su dilatada  historia de enfermedades y padecimientos, intentando descubrir los elementos  culturales que componen la personal visi&oacute;n de la autora sobre el sufrimiento  humano.</p>     </td>     <td width="1%" valign="top"></td>     <td width="48%" valign="top">     <p>FRIDA KAHLO OR THE AESTHETICS OF THE SUFFERING    <br> Frida Kahlo (Mexico, 1907-1954) a recently popular person thanks to the cinema  is better known for her singular life (being Diego Rivera's partner, communist  and revolutionary, with stormy love stories and sexually ambiguous) rather than  for the real contribution of her work. Her model used to be the one that she  knew best: her own body, which becomes the scenario in which the story of her  existence is told. This article analyses a dimension that has been little explored:  the relationship between its painting and the long story of illnesses and suffering  that she experienced. It tries to find out the cultural elements that compose  the personal vision of the author about human suffering.</p>     </td>   </tr> </table>     <p align="center">&nbsp;</p> <table border="0" width="100%">   <tr>     <td width="33%"><b><img src="/img/revistas/index/v13n46/64.JPG" border="0"></b></td>     <td width="1%"></td>     <td width="116%">     <p align="center"><b><font size=5>Frida Kahlo o la estética del padecimiento</font></b></p>     <p align="center"><font size="4">Manuel Amezcua    <br> </font>Laboratorio de Investigaci&oacute;n Cualitativa. Fundaci&oacute;n Index,  Granada, Espa&ntilde;a    <br> <a href="mailto:indexcd@interbook.net">indexcd@interbook.net</a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">&nbsp;</p>     <p align="right"><i>Dedicado a Ana Pinson Lane,    <br>  que me introdujo    <br>  en los entresijos de Coyoac&aacute;n</i></p>           <p>&nbsp;</td>   </tr>   <tr>     <td width="33%"></td>     <td width="7%"></td>     <td width="60%"></td>   </tr> </table>     <p>&nbsp;</p> <table border="0" width="100%">   <tr>     <td width="10%" valign="middle"><b><img src="/img/revistas/index/v13n46/64_1.jpg" border="0"></b></td>     <td width="1%" valign="top"></td>     <td width="89%" valign="top">     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>La primera vez que o&iacute; nombrar a Frida Kahlo fue en su ciudad natal,  M&eacute;xico, y lo hicieron unas enfermeras que la defin&iacute;an como una  mujer t&eacute;trica que hab&iacute;a llevado su sentido del sufrimiento hasta  sus &uacute;ltimas consecuencias. Pero despu&eacute;s de visitar la casa azul,  el colonial Coyoac&aacute;n se ha convertido en mi particular centro de peregrinaci&oacute;n  cada vez que viajo al Distrito Federal. La casa azul, llamada as&iacute; por  el intenso color dominante en sus muros, es el solar donde transcurri&oacute;  la mayor parte de la vida de la pintora. En cierta forma me recuerda las kasbas  &aacute;rabes, o los c&aacute;rmenes de Granada, un gran muro azul que se abre  a un para&iacute;so interior: un amplio jard&iacute;n con vegetaciones ex&oacute;ticas  animadas por ex&oacute;ticos animalillos ante la impavidez de extravagantes  figuras de piedra procedentes de las culturas milenarias del pa&iacute;s. </p>     <p>&nbsp; </p>     </td>   </tr> </table>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al jard&iacute;n se abren todas las dependencias de la casa que anta&ntilde;o  se reservaba la familia Kahlo, un universo de mujeres donde se mezclaban la  serena complacencia de la se&ntilde;ora Matilde, con el bullicioso correteo  de los hijos y el mundo de rarezas de criadas y nodrizas. Y tambi&eacute;n estaba  el estudio fotogr&aacute;fico del se&ntilde;or Guillermo Kahlo, el padre de  origen europeo, del que Frida recibi&oacute; tantos afectos como precoces ense&ntilde;anzas  de arte.</p>     <p>La casa de Coyoac&aacute;n es hoy museo de la pintora y apenas ofrece al  visitante una ligera idea del ambiente ecl&eacute;ctico y trasgresor que vivi&oacute;  en sus tiempos m&aacute;s singulares. El c&uacute;mulo de objetos que atesora  (cuadros, muebles, objetos personales, libros, figuras arqueol&oacute;gicas,  exvotos...) est&aacute;n como paralizados por el tiempo y contrastan con las  sombras a&uacute;n calientes de los m&aacute;s destacados representantes de  la intelectualidad mexicana (pintores, poetas, literatos...) y exiliados pol&iacute;ticos  europeos que frecuentaban la casa.</p>     <p>Desde un primer momento me pareci&oacute; interesante la figura de Frida  Kahlo porque siendo una pintora que ha plasmado como nadie la complejidad de  las respuestas humanas ante la enfermedad, en cambio es muy poco conocida en  el mundo de la enfermer&iacute;a. La ocasi&oacute;n adem&aacute;s puede ser  oportuna, puesto que este a&ntilde;o se conmemora el cincuentenario de su muerte,  lo que est&aacute; motivando una explosi&oacute;n de homenajes a nivel internacional  de los que tambi&eacute;n deber&iacute;a hacerse eco la enfermer&iacute;a. </p>     <p>Diego Rivera, reconocido muralista y compa&ntilde;ero de Frida, afirm&oacute;  alguna vez que &quot;una vida contiene los elementos de todas las vidas&quot;. De esta  forma mi propuesta en este art&iacute;culo es acercarnos a la universalidad  del padecimiento tomando como ejemplo la perspectiva de una mujer, que bien  pod&iacute;a ser la perspectiva de las mujeres en general. En este sentido no  hago m&aacute;s que continuar la larga tradici&oacute;n de la antropolog&iacute;a  narrativa (Siles, 2000), y de las corrientes que establecen relaciones entre  el arte (especialmente en la literatura, pero tambi&eacute;n en la pintura o  en el cine) y la enfermedad. En este caso particular seguiremos la tesis de  Didier Anzieu, que defiende que el creador proyecta en su trabajo art&iacute;stico  la imagen de su cuerpo (Anzieu, 1981, cit. por Rico, 2000).</p>     <p><b>Acero y alas de mariposa</b></p>     <p>Frida Kahlo constituye sin duda uno de los iconos del M&eacute;xico finisecular.  La imagen caracter&iacute;stica de su rostro, que ella gustaba exagerar induciendo  un incipiente hirsutismo (peludo entrecejo y somero bigote) satura los objetos  cotidianos y es motivo recurrente en llaveros, tarjetas telef&oacute;nicas,  camisetas y hasta en las calacas del d&iacute;a de muertos. Menos conocida en  el exterior, el personaje de Frida ha sido popularizado recientemente por la  pel&iacute;cula de Salma Hayek, que no ha hecho m&aacute;s que reforzar un proceso  de sacralizaci&oacute;n del personaje que destaca especialmente su vida singular,  m&aacute;s incluso que sus aportaciones a la pintura, y que oculta en parte  la gran influencia que tuvo en la cultura mexicana de la &eacute;poca post-revolucionaria.</p>     <p>El peso de su propia vida es tal que ser&iacute;a imposible comprender su  idea de la est&eacute;tica sin recurrir a su biograf&iacute;a. Pero ¿cu&aacute;les  son las constantes en la vida de la pintora que se van a reflejar en sus obras?.  Conozcamos algunos reflejos:</p>     <p>a) Sus amores tormentosos (incluso su ambig&uuml;edad sexual y su sexualidad  exacerbada), entre los que destaca su relaci&oacute;n con el pintor muralista  Diego Rivera. El doble matrimonio con Rivera le ha reportado a Frida un balance  neutro: est&aacute; claro que sali&oacute; beneficiada de la popularidad que  alcanzara el pintor, pero &eacute;ste a su vez eclips&oacute; en parte la importancia  de su pintura, que siempre ha sido vista en un segundo plano.</p>     <p>b) Su militancia pol&iacute;tica en el comunismo revolucionario, que ella  vivi&oacute; con la pasi&oacute;n que le caracterizaba (incluyendo una relaci&oacute;n  amorosa con Le&oacute;n Trotsky).</p>     <p>c) Pero sobre todo, su historia de la enfermedad, que comienza a los seis  a&ntilde;os en que sufre un ataque de polio que le afect&oacute; a la pierna  derecha y que le provocar&iacute;a un estigma que le acompa&ntilde;ar&iacute;a  a lo largo de la vida (Frida la coja). A los 18 a&ntilde;os es v&iacute;ctima  de un accidente de tr&aacute;fico que le provoca graves lesiones en la columna  vertebral, la pierna derecha y la pelvis, que le hace permanecer inm&oacute;vil  durante largos periodos. Tiene varios abortos y es intervenida en 34 ocasiones,  falleciendo a los 47 a&ntilde;os de edad como consecuencia de las complicaciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><img src="/img/revistas/index/v13n46/64_2.JPG" width="334" height="336"></p>    <br>      <p>Otra constante, sin la cual ser&iacute;a imposible interpretar el mensaje  subliminal de sus obras, es su personalidad ambivalente, cargada de oposiciones  y de contradicciones, que produc&iacute;a una especial fascinaci&oacute;n en  quienes le conocieron, una fascinaci&oacute;n que se transfiere a quienes contemplan  hoy sus obras. As&iacute; defin&iacute;a esta personalidad dual tal vez quien  mejor la conoci&oacute; y la soport&oacute;, su eterno compa&ntilde;ero Diego  Rivera, que dec&iacute;a de ella que era &quot;...&aacute;cida y tierna, dura como  el acero y delicada y fina como el ala de una mariposa, adorable como una bella  sonrisa y profunda y cruel como la amargura de la vida&quot; (Wolfe, 1941: 412).</p>     <p><b>El cuerpo, escenario de la vida</b></p>     <p>Posiblemente sea la historiadora del arte Araceli Rico quien m&aacute;s haya  profundizado en las relaciones intangibles entre la vida y la obra de la pol&eacute;mica  pintora mexicana: &quot;Hablar de la obra de Frida Kahlo es recorrer una camino pleno  de intensidades en el que el universo de la mujer lleva siempre la primera voz&quot;  (Rico, 2000: 15). En un acercamiento en el que la perspectiva de g&eacute;nero  est&aacute; omnipresente, Rico defiende que el pensamiento de las mujeres est&aacute;  determinado en buena parte por la estructura de su cuerpo, de tal manera que  cuando se expresa a trav&eacute;s del arte el lenguaje de la mujer participa  de la imagen del cuerpo. La pintura de Frida reproduce &quot;cuerpos silenciosos,  inm&oacute;viles, paralizados por el terror y el sufrimiento&quot; (Rico, 2000: 23).  En ella trata de aprehender y de proyectar lo que sucede en el interior de su  cuerpo, siendo &eacute;ste el principio y el fin de su universo, la imagen de  su existencia, imagen que se abre para dejar que la mirada del otro penetre  hacia su interior.</p>     <p>Algunos cr&iacute;ticos destacan el exhibicionismo de Frida en sus obras,  pero ¿acaso el cuerpo no est&aacute; ah&iacute; para ser expuesto?, ¿no  es funci&oacute;n de la pintura el exhibir?. La pintora anuda personajes y situaciones  un tanto extremas que provocan en quien las mira sentimientos siempre excesivos,  de confusi&oacute;n o de angustia, y es que Frida muestra su cuerpo como si  de un espect&aacute;culo se tratase.</p>     <p><b>Cuerpo y padecimiento</b></p>     <p>El cuerpo real de Frida Kahlo es sobre todo un objeto portador de enfermedad,  pero en cambio en su pintura no la describe, como podr&iacute;a ocurrir en los  dibujos anat&oacute;micos, sino que intenta explicar las consecuencias que la  enfermedad produce en su estado de &aacute;nimo, la manera en c&oacute;mo &eacute;sta  afecta a su vida en toda su complejidad existencial, transmitiendo la impotencia  y la desesperaci&oacute;n humana, o sea, intenta explicarnos su padecimiento,  su <i>illness</i> (Amezcua, 2000).</p>     <p>En realidad lo que Frida hace con su pintura es desafiar la concepci&oacute;n  cartesiana de separaci&oacute;n entre cuerpo y mente (algo que caracteriza al  sistema m&eacute;dico, contra el cual arremete con frecuencia como el causante  de sus dolencias) para presentarnos lo que Fran&ccedil;oise Laplantine define  como la &quot;enfermedad en primera persona&quot;, que alude a la subjetividad del paciente  a la hora de interpretar el proceso de enfermar (Laplantine, 1992). La &quot;enfermedad  en tercera persona&quot; aludir&iacute;a al conocimiento biom&eacute;dico de la enfermedad,  al que Frida Kahlo representa en forma de instrumentos quir&uacute;rgicos que  muestra como instrumentos de tortura, tan ineficientes como la pinza hemost&aacute;tica  que no evita que una de las Fridas siamesas se desangre en <i>Las dos Fridas</i>  (1939). Aunque oficialmente medita sobre la crisis matrimonial y la separaci&oacute;n,  posiblemente sea este cuadro el que m&aacute;s claramente refleja la dualidad  enfermedad-padecimiento que la pintora deja entrever en las obras que aluden  a su estado de salud. La enfermedad f&iacute;sica aparece representada por la  Frida vestida a la europea, con un traje victoriano de un blanco hospitalario,  que hace resaltar a&uacute;n m&aacute;s el coraz&oacute;n abierto y los vasos  que terminan desangr&aacute;ndose sobre su regazo. La Frida ataviada con el  traje tradicional de tehuana sostiene en sus manos un medall&oacute;n con el  retrato de Diego Rivera cuando era ni&ntilde;o, acababa de separarse de &eacute;l,  ¿hay mejor forma de expresar su padecimiento?. No son dos Fridas, sino  una misma desdoblada, as&iacute; lo muestra una larga arteria que une los dos  corazones y que deja claro que son una misma esencia (Kettenmann, 1992).</p>     <p>Si continuamos mirando sus cuadros, podremos descubrir algunos de los elementos  culturales que componen est&eacute;ticamente el particular padecimiento de Frida Kahlo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Lo m&iacute;stico y lo mitol&oacute;gico</b></p>     <p>La enfermedad en general, pero especialmente la enfermedad cr&oacute;nica  e invalidante, tensiona el sentimiento metaf&iacute;sico de la existencia. A  diferencia de su madre, Frida no fue persona de profundas creencias religiosas,  m&aacute;s bien todo lo contrario, una agn&oacute;stica convencida, y sin embargo  su personalidad dual una vez m&aacute;s nos procura algunas contradicciones:  a&uacute;n cuando evita plasmar los temas religiosos, en su obra destaca la  religiosidad casi m&iacute;stica en la encarnaci&oacute;n de su cuerpo (Andr&eacute;  Bret&oacute;n, cit. por Rico, 2000:47).</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/index/v13n46/64_3.JPG" width="310" height="426"></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>En <i>Autorretrato con collar de espinas</i> (1940), por ejemplo, aparecen  diversos elementos tomados claramente de la simbolog&iacute;a cristiana. El  collar de espinas que aprieta su cuello hasta hacerle sangrar recuerda la corona  de espinas presente en la pasi&oacute;n de Cristo. Un mono manipulando inocentemente  las espinas, un gato encrespado y un p&aacute;jaro muerto colgado del collar  simbolizan la crueldad, tan presente en la obra de Frida, que recrea con frecuencia  en cuerpos heridos y mutilados que se exhiben como en un escenario. </p>     <p>En este cuadro, la expresi&oacute;n neutra o complaciente de su rostro recuerda  las figuras de la m&iacute;stica cristiana tal como las pintaban los artistas  del renacimiento, con su inagotable capacidad de sufrimiento y aceptaci&oacute;n  del dolor, un dolor que a veces se convierte en gozo. Es el padecimiento gozoso  de los m&aacute;rtires, que exhiben el martirio con caras imp&aacute;vidas y  directas. El estoicismo del m&aacute;rtir es la expresi&oacute;n est&eacute;tica  del padecimiento.</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/index/v13n46/64_4.JPG" width="300" height="273"></p>    <br>     <p>En<i> Mi nana y yo o Yo mamando</i> (1937) la artista muestra otro episodio  autobiogr&aacute;fico: su alimentaci&oacute;n por una ama de leche debido a  que su madre dej&oacute; de amamantarla para alimentar a su hermana reci&eacute;n  nacida. Aqu&iacute; Frida nos presenta una visi&oacute;n instrumental de la  lactancia que se caracteriza por su despersonalizaci&oacute;n, por la reducci&oacute;n  a un acto fisiol&oacute;gico despojado de sentimiento maternal. Ahora se aparta  conscientemente de la ternura que muestran las pinturas de las v&iacute;rgenes  amamantando y presenta dos figuras sin relaci&oacute;n afectiva entre s&iacute;,  que todav&iacute;a refuerza a&uacute;n m&aacute;s enmascarando a los personajes,  a la nodriza con una m&aacute;scara precolombina y ella misma dot&aacute;ndose  de una cara de mujer adulta en la que acent&uacute;a su inexpresividad.</p>     <p>La pintora recrea el mito de la gran nodriza (personalmente me hace recordar  la impasibilidad de las enfermeras del nido del hospital donde trabajo cuando  dan el biber&oacute;n a los beb&eacute;s que han sido apartados de sus madres).  Es claro el referente mitol&oacute;gico a la cultura ind&iacute;gena, a la tierra  madre, con la leche que cae del cielo como gotas de lluvia que alimentan los  campos, alude a la fertilidad, al origen de la naturaleza.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Lo popular y lo er&oacute;tico</b></p>     <p>Una de las piezas m&aacute;s singulares de la casa azul es el hueco de la  escalera que comunica los dos pisos. Sus cuatro paredes est&aacute;n tapizadas  por una colecci&oacute;n de retablos que Frida atesor&oacute; en vida. Tambi&eacute;n  llamados exvotos o milagros, estas pinturas populares fueron muy del gusto de  la gente hasta mediado el pasado siglo y se utilizaban para dejar testimonio  de favores recibidos por alguna advocaci&oacute;n religiosa en particular. Frida  utilizar&aacute; con cierta frecuencia la t&eacute;cnica del exvoto pintado  para exponer su problem&aacute;tica individual, como en el caso de <i>Henry  Ford Hospital o La cama volando</i> (1932), que representa el aborto que tuvo  en Detroit en 1932.</p>     <p>En esta pintura destaca la sencillez de formas, reduciendo la acci&oacute;n  a lo esencial: la pintora yace desvalida mientras se desangra en una gran cama  suspendida en el aire, en sus manos sostiene los hilos que le unen a diversos  elementos alusivos a su problema que parecen circular en torno a su cuerpo.  Tambi&eacute;n destaca el espacio reducido, estrecho, propio de mujeres artistas,  que tienden a pintar espacios cerrados. Nuevamente aparece el teatro donde pone  en escena su propia vida, aqu&iacute; pinta el &quot;milagro&quot; de su existencia amenazada  por la destrucci&oacute;n del cuerpo (es el cuerpo el que expresa, no el rostro,  que evoca las <i>artes morendi</i> de los siglos XIV y XV). La ausencia de perspectiva,  donde se mezcla el mundo real con el imaginado, el horizonte con el paisaje  industrial, evocan la sensaci&oacute;n de soledad y desamparo que la autora  experiment&oacute; tras la p&eacute;rdida de su hijo, unida a lo inh&oacute;spito  de la estancia en el hospital.</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/index/v13n46/64_5.JPG" width="437" height="370" border="0"></p>    <br>     <p>Consecuencia del accidente que tuvo en su adolescencia, hacia el final de  su vida se vio obligada a llevar cors&eacute;s ortop&eacute;dicos, unas veces  de escayola y otras de acero. En <i>La columna rota</i> (1944) representa el  estado de angustia y de excitaci&oacute;n que le produc&iacute;an sus lesiones  vertebrales y los m&eacute;todos para contenerlas. Se trata de uno de sus cuadros  m&aacute;s singulares, en el que relata la historia de un cuerpo que se exhibe:  &quot;el deseo de ser visto, de ser mirado, es tan primitivo como el deseo de ver&quot;,  afirma Paul Schilder (cit. por Rico). Como en otros cuadros, nos propone un  erotismo ligado a manifestaciones de crueldad y violencia, sugiriendo la idea  del erotismo del sufrimiento. Tambi&eacute;n aqu&iacute; nos muestra su cuerpo  a la manera de los m&aacute;rtires de la iconograf&iacute;a cristiana, con alusiones  claras al martirio de San Sebasti&aacute;n (comp&aacute;rese con las obras del  Greco).</p>     <p>Frida exhibe su cuerpo desnudo abierto en dos por una columna j&oacute;nica  que se derrumba: el dolor y la angustia aparecen representados por los clavos  que agujerean su cuerpo y por los cinturones de acero que lo comprimen, mientras  que el paisaje yermo y resquebrajado sugiere la soledad y el desamparo.</p>     <p>Hay que aclarar que la recurrencia a elementos religiosos y cristianos no  era coherente con la posici&oacute;n anticlerical de Frida, en realidad su intenci&oacute;n  era conectar con la est&eacute;tica aceptada por el pueblo, a la vez que su  prop&oacute;sito de mostrarse a s&iacute; misma en el papel de m&aacute;rtir.</p>     <p><b>Para la reflexi&oacute;n</b></p>     <p>Frida Kahlo nos muestra a trav&eacute;s de sus cuadros su experiencia cultural,  interpersonal y personal de la enfermedad, su visi&oacute;n subjetiva, objeto  de la fenomenolog&iacute;a, y por tanto nos proporciona una informaci&oacute;n  important&iacute;sima sobre el concepto de padecimiento. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Nunca como en el caso de Frida Kahlo se puede afirmar que &quot;la obra es el  reflejo de un estado del alma&quot;, en este caso el alma de una mujer atormentada,  pero a la vez excepcional en su manera de afrontar una existencia angustiosa  y traum&aacute;tica, hasta convertirla en expresi&oacute;n est&eacute;tica.  &quot;Me retrato a mi misma porque paso mucho tiempo sola y porque yo soy el motivo  que mejor conozco...&quot; afirm&oacute; en alguna ocasi&oacute;n (Lowe, 2001).</p>     <p>Terminaremos con las palabras con que la describe Araceli Rico, que tan bien  ha sabido penetrar en la fantas&iacute;a de esta mujer herida: &quot;una mujer con  ojos de p&aacute;jaro negro que grita y llora por no querer renunciar a la vida,  por tratar de configurarse como un ser completo que es capaz de explorar su  pasi&oacute;n, su amor, su cuerpo y su erotismo; una mujer, en fin, que no acept&oacute;  el anonimato y la pobreza que le brindaban la seguridad de un 'hogar tranquilo'  tomando la pintura como haza&ntilde;a de su propia libertad&quot; (Rico, 2000: 21).</p>      <p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     <p>Amezcua M (2000). Enfermedad y padecimiento: significados del enfermar para la pr&aacute;ctica de los cuidados. Cultura de los Cuidados, 7-8:60-67.</p>     <p>Anzieu D (1981). Le corps de l'oeuvre: essai psychanalytique sur le travail cr&eacute;ateur. Paris: Ed. Gallimard.</p>     <p>Kettenmann A (1992). Frida Kahlo 1907-1954. Dolor y pasi&oacute;n. K&ouml;ln (Alemania): Benedikt Taschen.</p>     <p>Laplantine F (1992). Anthropologie de la maladie. Paris: Editions Payot.</p>     <p>Lowe SM (ed) (2001). El Diario de Frida Kahlo. Un &iacute;ntimo autorretrato. Madrid: Debate y C&iacute;rculo de Lectores.</p>     <p>Rico A (2000). Frida Kahlo. Fantas&iacute;a de un cuerpo herido. M&eacute;xico: Plaza y Vald&eacute;s ed.</p>     <p>Siles Gonz&aacute;lez J (2000). Antropolog&iacute;a Narrativa de los Cuidados. Alicante: Consejo de Enfermer&iacute;a de la Comunidad Valenciana.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Wolfe BD (1941). Diego Rivera, su vida, su obra y su &eacute;poca. Santiago de Chile: Ercilla.</p>       ]]></body>
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