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</front><body><![CDATA[ <p align="center">MISCEL&Aacute;NEA</p> <hr>     <p align="center"><font size="4"><b>CARTAS AL DIRECTOR</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="left"><b><font size="4">Ciento volando</font></b></p>     <p><b>Sr. Director:</b> Nada es lo que parece ser. Cuando se cre&iacute;a tener todo  atado y bien atado, basta una simple brisa para soltar las riendas de una vida  controlada, calculada y tambi&eacute;n so&ntilde;ada hasta el m&aacute;s m&iacute;nimo  detalle. La inseguridad imperante en todos los &aacute;mbitos amenaza desde  cualquier esquina, para asaltarnos precisamente cuando menos lo esperamos. El  trabajo, la vivienda, la amistad, el amor... ninguna faceta de nuestra vida  est&aacute; inmune ante los estragos de esa incertidumbre, la plena certeza  por otro lado de que lo que tienes hoy posiblemente lo pierdas ma&ntilde;ana.</p>     <p>Es en el trabajo donde hoy d&iacute;a esa inseguridad se hace m&aacute;s  patente, y quiz&aacute;s m&aacute;s devastadora. El trabajo no s&oacute;lo como  sustento para asegurar nuestra supervivencia, sino entendido como principal  elemento para el desarrollo personal y equilibrio psicol&oacute;gico de las  personas, se ha convertido para muchos profesionales en esa peque&ntilde;a gota  que a base de caer repetida e ininterrumpidamente ha creado un gran agujero  en la moral y en las ilusiones que manten&iacute;an en un principio.</p>     <p>La enfermer&iacute;a sabe muy bien de ello. Cuando por aquel entonces de  unos inicios ya marcados por las informaciones y comentarios de un futuro incierto  en materia laboral, se manten&iacute;a viva la esperanza en la posibilidad de  cambio, muchos profesionales son a&uacute;n espectadores y sufridores de esa  misma inseguridad. Los que ya se estrenaron hace varios a&ntilde;os en la materia  e inician un prometedor periodo laboral, ven mermadas sus expectativas cuando  comprueban un d&iacute;a inesperado que ya no son necesarios en ese puesto que  ocupan, que sus objetivos y proyectos no ser&aacute;n cumplidos, que sus compa&ntilde;eros  dejar&aacute;n de serlo, y que posiblemente toda la labor que desempe&ntilde;aron  caiga en el olvido, como si s&oacute;lo fuesen uno m&aacute;s en una larga cadena  de producci&oacute;n.</p>     <p>Y vuelta de nuevo al fantasma del desempleo, mientras los a&ntilde;os pasan  y nada parece cambiar. S&oacute;lo la inseguridad se mantiene viva. Volver&aacute;n  las llamadas y con ellas el trabajo de nuevo, volver&aacute; la motivaci&oacute;n,  volver&aacute; la esperanza, el miedo... Malos tiempos corren.</p>     <p>Pasar&aacute;n los a&ntilde;os y ser&aacute; inevitable, habr&aacute; que  volver la vista atr&aacute;s y reconocer el importante papel que jug&oacute;  una generaci&oacute;n que supo mantener la ilusi&oacute;n y la profesionalidad  m&aacute;s all&aacute; de los contratiempos y de la inestabilidad, que no se  rindi&oacute; ante la impotencia de no pertenecer a ning&uacute;n lugar, de  no sentirse necesitado en ning&uacute;n otro, que puso lo mejor de s&iacute;  por encima de aquellos que pensaban que no merec&iacute;a la pena el esfuerzo  para tan precaria situaci&oacute;n. Profesionales que decidieron un d&iacute;a  agarrarse a la cadena de inseguridades para usarla a su favor, para producir,  para crear. </p>     <p>No importa lo que nos depare el futuro, nuestro momento est&aacute; aqu&iacute;  y ahora, hasta que podamos encontrar nuestro sitio, esperando siempre que &eacute;ste  llegar&aacute;. Mientras no haya oportunidad de p&aacute;jaro en mano no nos  queda otra opci&oacute;n, ciento volando.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Marta &Aacute;ngel Rueda    <br> Enfermera, Hospital Universitario Virgen Macarena, Sevilla, Espa&ntilde;a</p>       ]]></body>
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