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<institution><![CDATA[,Centro Gerontológico San Cristóbal  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center">MISCEL&Aacute;NEA</p> <hr>     <p align="center"><b><font size="4">CARTAS AL DIRECTOR</font></b></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="left"><b><font size="4">La sexualidad anciana, del mito a la comprensi&oacute;n</font></b></p>     <p><b>Sr. Director: </b> Existen alrededor del campo de la gerontolog&iacute;a muchos  mitos que poco a poco debemos desterrar. Uno de ellos es la sexualidad en la  vejez. Me gustar&iacute;a poder hablar hoy con franqueza de este tema, aunque  me resulta sinceramente muy dif&iacute;cil, ya que es un tema tan inmerso en  la marginalidad y tan oculto, que las informaciones que disponemos sobre &eacute;l  son confusas y, en ocasiones, contradictorias. La inquietud sobre este tema  me asalt&oacute; cuando conoc&iacute; la noticia de que dos personas mayores  de la residencia en donde yo trabajo, tras una breve relaci&oacute;n, deseaban  contraer matrimonio. La celebraci&oacute;n de la boda iba a ser llevada a cabo  dentro de la intimidad que ofrece una residencia de ancianos de aproximadamente  95 residentes, e iba a ser oficiada por un sacerdote del pueblo. El matrimonio  civil supon&iacute;a para los contrayentes m&aacute;s inconvenientes que ventajas,  por lo que &uacute;nicamente se celebrar&iacute;a la ceremonia religiosa.</p>     <p>Las reacciones que se sucedieron entre el personal de la residencia en los  &uacute;ltimos d&iacute;as han sido de lo m&aacute;s elocuentes. Tras la reacci&oacute;n  inicial de emoci&oacute;n y ternura, el sentimiento que m&aacute;s predomina  entre los profesionales es el de pesimismo. La impresi&oacute;n que tengo es  que parece que todos nosotros nos hemos erigido como jueces y &aacute;rbitros  en su relaci&oacute;n. Lo cual, de entrada constituye una soberana injusticia,  ya que no somos due&ntilde;os de la vida de las personas que cuidamos. Cosa  que, por otro lado, se nos olvida en ocasiones a los sanitarios.</p>     <p>Las cr&iacute;ticas que proliferan en el &aacute;mbito laboral est&aacute;n  dirigidas sobre todo a &eacute;l, ya que es 10 a&ntilde;os menor que ella. Pero  en realidad lo que existe, a mi entender, es una incomprensi&oacute;n derivada  del etnocentrismo en el m&aacute;s amplio sentido del t&eacute;rmino. Es decir,  asociamos ciertos comportamientos a la etapa vital de la juventud, y cuando  &eacute;stos se presentan a edades tan avanzadas nos parece que su actitud es  desproporcionada al sentimiento que la provoca, y que dicho comportamiento es  fingido para atraer la atenci&oacute;n sobre ellos. Bien es cierto que la vejez,  dicen los psic&oacute;logos, es una etapa caracterizada por la moderaci&oacute;n  de la afectividad brusca, pero esto no es raz&oacute;n para obviar que los mayores  tienen la misma capacidad de sentir que el resto de las personas, sea cual sea  su edad. Lo que ocurre es que en la persona mayor, siempre que no existan trastornos  ansiosos o depresivos, las emociones se transforman en estados de &aacute;nimo  m&aacute;s o menos estables.</p>     <p>Pero volviendo al caso que nos ocupa, podemos decir que, en lo que respecta  a su relaci&oacute;n puramente afectiva existe una aprobaci&oacute;n m&aacute;s  o menos consensuada de forma impl&iacute;cita por parte de todo el personal.  Pero una relaci&oacute;n afectiva debe de ser complementada con una relaci&oacute;n  sexual que es en este caso el centro de la controversia. Por sexualidad podemos  entender aquella faceta de la personalidad que describe las creencias, actitudes  y sentimientos que tenemos acerca de la relaci&oacute;n sexual, y que se deben  traducir en un comportamiento sexual. Todos los seres humanos somos sexuados,  es decir, nos posicionamos en el mundo como hombre o como mujer, y jugamos los  roles que dichas posiciones tienen asignadas. Si entendemos que es precisamente  en la vejez donde hay una mayor diferenciaci&oacute;n de la personalidad (porque  las experiencias vividas son cada vez mayores) deber&iacute;a de ser en la vejez  donde hubiera un mayor desarrollo de la sexualidad. En cambio los hechos que  llegamos a vislumbrar (que no debemos olvidar son pocos y contradictorios) sirven  para que construyamos algunos mitos sobre la sexualidad anciana. Algunos de  los m&aacute;s comunes son los siguientes:</p>     <blockquote>     <p>-La sexualidad en las personas mayores no existe. La creencia en este mito  explica algunas actitudes y comportamientos de negaci&oacute;n como el hecho  de no dar la posibilidad de compartir cama (una cama de matrimonio). La falta  de discreci&oacute;n a la hora de entrar en una habitaci&oacute;n o interrumpir  una conversaci&oacute;n, puede contribuir a la percepci&oacute;n l&oacute;gica  de que no es posible cierta intimidad, sobre todo en residencias de ancianos.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>-El mito del "viejo verde". Dicha imagen se construye principalmente sobre  el var&oacute;n, y sigue la premisa de que la persona mayor "necesita" la misma  frecuencia de encuentro sexual que una persona joven, pero debido a un descenso  de su funcionalidad o de las posibilidades de relacionarse, debe buscar la satisfacci&oacute;n  de sus impulsos sexuales por otras v&iacute;as.</p>     <p>-Por &uacute;ltimo, aunque no menos importante, es percibir la sexualidad  anciana como algo vergonzoso o incluso degradante. La construcci&oacute;n de  este mito est&aacute; muy relacionada con la imagen del acto sexual o de la  sexualidad inculcada por los medios de comunicaci&oacute;n. Aunque tambi&eacute;n  debemos decir que este mito est&aacute; favorecido por la opini&oacute;n de  ciertas personas mayores, que no debemos olvidar han vivido en un momento hist&oacute;rico  distinto al nuestro. Estos mitos no tienen por qu&eacute; funcionar separadamente,  al contrario, lo com&uacute;n es que apliquemos estas tres im&aacute;genes deformadas  a la vez.</p> </blockquote>     <p>Resumiendo, debemos dejar a un lado aquellos enfoques simplistas que nos  muestran la vejez como un ciclo vital asexuado o con una sexualidad deformada.  Existen tantas creencias y tantos comportamientos sexuales como individuos y  resultar&iacute;a muy poco sensato, adem&aacute;s de err&oacute;neo, asociar  ciertas conductas a determinados grupos de edad. </p>     <p>El objetivo que debemos tener los enfermeros que nos dedicamos a la gerontolog&iacute;a  es proporcionar todos aquellos recursos que est&eacute;n a nuestro alcance para  conseguir que la persona mayor desarrolle sus capacidades al m&aacute;ximo y  cubra en lo que pueda todas sus necesidades. La sexualidad es una parte muy  importante de la vida del sujeto, por lo que no debemos desvincularla del resto  de su personalidad. En el caso que nos ocupa, estas dos personas han decidido  contraer matrimonio, no como un medio de sostenerse econ&oacute;micamente, sino  como una decisi&oacute;n firme a legitimar su relaci&oacute;n afectiva y sexual.  Espero sinceramente que solventen los problemas familiares, estructurales y  biol&oacute;gicos que actualmente tienen y consigan consumar su relaci&oacute;n.  Por ahora, los profesionales de la residencia en la que trabajo, que en ocasiones  ejercemos de amigos, sopesamos la posibilidad de comprarles una cama de matrimonio.</p>     <p>Rafael Montoya Ju&aacute;rez    <br> Enfermero, Centro Gerontol&oacute;gico San Crist&oacute;bal, Las Gabias, Granada, Espa&ntilde;a </p>       ]]></body>
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