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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La construcción social de la Historia de la Enfermería]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Alicante Departamento de Enfermería ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center">ART&Iacute;CULOS ESPECIALES</p> <hr>     <p align="center"><font size="4"><b>EDITORIALES</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size=5>La construcci&oacute;n social de la Historia de la Enfermer&iacute;a</font></b></p>     <p align="center"><font size="4">JOSÉ SILES GONZÁLEZ    <br> </font>Departamento de Enfermer&iacute;a. Universidad de Alicante, Espa&ntilde;a</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/index/v13n47/7.jpg"></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Uno de los retos m&aacute;s sostenidos a lo largo del tiempo, una cuesti&oacute;n  anquilosada y cr&oacute;nica que pende como la espada de Damocles  sobre la entrecortada trayectoria del colectivo enfermero, radica  en la dificultad para definir su imagen social e hist&oacute;rica,  con todas las consecuencias que acarrea este d&eacute;ficit en su  devenir profesional y cient&iacute;fico. Por todo ello, el punto  de partida de este ejercicio de reflexi&oacute;n se orienta en torno  a la consecuci&oacute;n de los siguientes objetivos:</p>     <blockquote>     <p>-Reflexionar  sobre la relaci&oacute;n entre el d&eacute;ficit de identidad de  la enfermer&iacute;a y la capacidad para crear (construir) y gestionar  la memoria colectiva de la misma.</p>     <p>-Analizar  las vinculaciones entre la construcci&oacute;n social de la historia,  la ideolog&iacute;a, el poder y el sistema pol&iacute;tico.</p>     <p>-Describir  las principales causas que, tradicionalmente, han obstaculizado  la socializaci&oacute;n de la enfermer&iacute;a como grupo profesional  y la creaci&oacute;n de su memoria colectiva.</p> </blockquote>     <p>Construcci&oacute;n social de la historia y cultura. Tradicionalmente se han distinguido  dos formas de concebir la construcci&oacute;n social de la historia:  la historia como resultado de la interpretaci&oacute;n del hombre  inserto en su cultura (ha existido siempre la construcci&oacute;n  social de la historia); y la historia como consecuencia de las aportaciones  de todos los individuos, grupos, elementos y factores que participan  en la din&aacute;mica social de una cultura sin ning&uacute;n tipo  de exclusi&oacute;n.</p>     <p>Ambas interpretaciones  coinciden en se&ntilde;alar la dimensi&oacute;n cultural como factor  relevante en el proceso de construcci&oacute;n social de la historia,  por lo que el estudio de las culturas puede considerarse como un  paso previo y esencial para comprender este proceso de construcci&oacute;n  social. Existen multitud de acepciones de cultura, pero siguiendo  con la perspectiva esencialista, cualquier grupo humano cuya existencia  implica la de la cultura, &eacute;sta podr&iacute;a ser definida  de forma universal como "el conjunto de los comportamientos, pensamientos  y sentimientos implicados en el proceso de satisfacci&oacute;n de  necesidades de un grupo humano" (Siles, 2000).</p>     <p>Este  mecanismo de satisfacci&oacute;n de necesidades -fisiol&oacute;gicas,  sociales, psicol&oacute;gicas- provoca por s&iacute; mismo una proyecci&oacute;n  conceptual -inserta en el mapa del lenguaje- que constituye un proceso  de elaboraci&oacute;n totalmente involucrado en el plano semi&oacute;tico:  "El hombre es un animal suspendido en redes de significado que &eacute;l  mismo ha tejido" (Geertz, 1989). Dicho de otra forma, cualquier  conducta desarrollada en un grupo humano tiene un significado  que es el que dota de cohesi&oacute;n cultural a dicho grupo. El  grupo humano compuesto por el amplio y variado colectivo enfermero  tal vez carece a&uacute;n de un perfil preciso desde el punto de  vista cultural y los enfermeros tienen una gran dificultad para  alcanzar consensos sobre problemas nucleares (hist&oacute;ricos),  precisamente porque no son capaces de interpretar con los mismos  significados cuestiones cr&oacute;nicas que siguen pendientes de  soluci&oacute;n desde tiempos inmemoriales.</p>     <p>Las  perspectivas hist&oacute;ricas y el tratamiento del tiempo. La historia  se ha revelado como una ciencia que va m&aacute;s all&aacute; de  la mera erudici&oacute;n, dado que aquellos colectivos que han desarrollado  su propia historia, constituyen grupos socioprofesionales y cient&iacute;ficos  muy vertebrados. Existen tres grandes formas de interpretar el paso  del tiempo -la historia- :</p>     <p>-La historia tradicional, que se ocupaba de los grandes acontecimientos  (sucesiones dr&aacute;sticas, grandes eventos b&eacute;licos, etc),  que eran narrados de forma lineal por un cronista. Desde esta perspectiva  hist&oacute;rica el tiempo era tratado de forma puntual o aguda  dado que no se analizaban m&aacute;s que los hechos en s&iacute;  mismos en el preciso momento que suced&iacute;an (de forma aislada).  Un ejemplo de visi&oacute;n tradicional de la historia de la enfermer&iacute;a  podr&iacute;a ser el papel de Florencia Nightingale en la Guerra  de Crimea, dado que se trata de un acontecimiento sobredimensionado  por la "heroicidad" de la protagonista hist&oacute;rica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>-La perspectiva coyuntural de la historia, que surge en el primer tercio  del siglo XX con la escuela francesa de los Anales (Siles, 1999)  constituye una visi&oacute;n m&aacute;s duradera del tiempo de an&aacute;lisis  de los eventos, permitiendo un an&aacute;lisis m&aacute;s global  del fen&oacute;meno estudiado (factores econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos,  sociales, etc), aunque dicho fen&oacute;meno est&eacute; sujeto  a cambios c&iacute;clicos. Un claro ejemplo de visi&oacute;n estructural  de la historia de la enfermer&iacute;a espa&ntilde;ola podr&iacute;a  ser el caso de la enfermer&iacute;a durante la fase de la II Rep&uacute;blica.</p>     <p>-El enfoque hist&oacute;rico m&aacute;s dilatado, en cuanto al tratamiento  del tiempo, lo representa la historia denominada estructural por  adoptar una perspectiva en la que las estructuras estudiadas resisten  el paso del tiempo (Vilar, 1980) permitiendo el an&aacute;lisis  de su evoluci&oacute;n a la luz de las influencias, que los distintos  factores (ideol&oacute;gicos, pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos,  etc), le imprimen. La enfermer&iacute;a religiosa o la dom&eacute;stica,  con sus respectivas trayectorias ejemplifican dos claros casos de  visi&oacute;n estructural de la historia de la enfermer&iacute;a.</p>     <p>Interpretaciones del concepto de historia y la dial&eacute;ctica historia-existencia  y desarrollo social. Si de lo que se trata es de clarificar el proceso  de construcci&oacute;n social de la historia de la enfermer&iacute;a,  en primer lugar, se deber&iacute;a aportar una descripci&oacute;n  entendible y esencial del concepto de historia. Existen casi tantas  definiciones de historia como historiadores, pero se ha optado por  dos cuyo car&aacute;cter conjuga la esencialidad con la universalidad:  "La cualidad temporal que tiene todo lo que existe y su correspondiente  manifestaci&oacute;n emp&iacute;rica (Ar&oacute;stegui, 1995).  "La &uacute;nica ciencia simult&aacute;neamente din&aacute;mica  y global de las sociedades" (Vilar, 1980).</p>     <p>La historia ha sido entendida como sin&oacute;nimo de existencia social,  no puede existir nada si no tiene historia. Para Hegel, la historia  propiamente dicha no nace sino con el Estado, cuando la vida social  toma conciencia a la luz de esta magna instituci&oacute;n (Lefort,  1978); ¿o tal vez es el Estado el que surge cuando la sociedad  toma conciencia temporal de sus estructuras, es decir, conciencia  hist&oacute;rica de su existencia? ¿Surgen primero las profesiones  y luego su historia, o al rev&eacute;s, o tal vez es un proceso  paralelo e interactivo?</p>     <p>La existencia de conciencia hist&oacute;rica se ha interpretado a menudo como  la antesala del desarrollo social. Para entender esta acepci&oacute;n  de la historia no hay m&aacute;s que plantarse la siguiente cuesti&oacute;n:  ¿Qu&eacute; es de las sociedades sin historia? Se trata de  sociedades silenciosas, sin voz, que apenas evolucionan y mantienen  en un nirvana sus estructuras ideol&oacute;gicas, sociales, pol&iacute;ticas  y econ&oacute;micas, erigi&eacute;ndose la tradici&oacute;n oral  en la conservadora por antonomasia del patrimonio cultural  (son &aacute;grafas).</p>     <p>Los grupos profesionales, el poder y la memoria colectiva: el caso de  la enfermer&iacute;a. La memoria colectiva dota de identidad a un  grupo social o profesional, dado que, sin partir de un nivel m&iacute;nimo  de poder del grupo en la sociedad, no existe memoria colectiva (d&eacute;ficit  socializador). De forma que mediante el poder del grupo se gestiona  y controla la creaci&oacute;n de la propia memoria (Estado, profesi&oacute;n,  equipo de f&uacute;tbol) (P&eacute;rez Garz&oacute;n, 1999). Esta  din&aacute;mica entre los grupos profesionales, el poder y la memoria  colectiva se desarrolla, por un lado, por la acci&oacute;n de la  disciplina hist&oacute;rica que asume como tarea actuar como depositaria  de la memoria colectiva de la sociedad, grupo o instituci&oacute;n,  y, por otro, por el compromiso que contrae el historiador al asumir  la tarea de crear y gestionar la memoria del grupo/comunidad objeto  de estudio.</p>     <p>La situaci&oacute;n de la enfermer&iacute;a en relaci&oacute;n a su poder y a su capacidad  para proyectar sobre s&iacute; misma y la sociedad su propia memoria  colectiva, se encuentra en un momento de crisis constructiva. Crisis  por la dificultad para que el producto de la construcci&oacute;n  hist&oacute;rica enfermera actual -la memoria emergente- pueda reabsorber  y reubicar las memorias colectivas anteriores ancladas en la dimensi&oacute;n  biol&oacute;gica, de g&eacute;nero y limitadas al &aacute;mbito  dom&eacute;stico en el que el principal cuidado estribaba en la  alimentaci&oacute;n vinculada a los atributos biol&oacute;gicos  que manten&iacute;an unidos a la madre y al ni&ntilde;o (Siles,  1999). En consecuencia, y parad&oacute;jicamente, el reto fundamental  para dar paso libre al producto del actual proceso de construcci&oacute;n  de la historia de la enfermer&iacute;a radica en realizar un esfuerzo  de desconstrucci&oacute;n de los clich&eacute;s que obturan (Derrida,  1998) la transici&oacute;n desde la enfermer&iacute;a desprovista  de historia a un grupo profesional y disciplinar que se ha aplicado  por fin a la creaci&oacute;n y gesti&oacute;n de su memoria hist&oacute;rica;  esto es facilitar la mudanza desde las coordenadas dom&eacute;sticas  y de g&eacute;nero propios del &aacute;mbito dom&eacute;stico a  los cotos cuyas lindes enmarcan a la enfermer&iacute;a en los l&iacute;mites  de la ciencia y la profesionalidad.</p>     <p>Historia versus legitimaci&oacute;n de la sociedad y sus estructuras. La  historia es la disciplina que se encarga de estudiar el funcionamiento  desarrollado por las estructuras sociales a trav&eacute;s del tiempo  en las diferentes culturas. Una estructura alcanza el grado de instituci&oacute;n  cuando la historia demuestra que su funcionalidad sigue vigente  en diferentes etapas hist&oacute;ricas; es este el caso de la familia,  que es tanto una estructura social, como una instituci&oacute;n  primaria y que, desde el Neol&iacute;tico, sigue cumpliendo sus  objetivos socializadores, a la par que se mantiene como una c&eacute;lula  de convivencia tan fundamental como transcultural. La familia ha  sido legitimada por el paso del tiempo y la constataci&oacute;n  de su supervivencia a trav&eacute;s del mismo. Uno de los grandes  escollos para la identificaci&oacute;n profesional de la enfermer&iacute;a  radica en que gran parte de su pasado, su historia y sus funciones  se encuentran entreverados en esa estructura social dom&eacute;stica.  La legitimaci&oacute;n, pues, constituye un proceso mediante  el que se explican y justifican las experiencias hist&oacute;ricas,  confiriendo validez a las estructuras que cumplen determinadas funciones  necesarias para el normal desenvolvimiento de la sociedad. Ya entrados  en el siglo XXI, la estructura familiar y el rol de cuidadora dom&eacute;stica  de la mujer siguen ralentizando la justificaci&oacute;n profesional  y cient&iacute;fica de la enfermer&iacute;a en el terreno m&aacute;s  resistente a los cambios: el de las mentalidades.</p>     <p>La legitimaci&oacute;n, asimismo, fundamenta el orden social, cient&iacute;fico  y profesional, estableciendo una jerarqu&iacute;a que acaba siendo  amparada por la normativa vigente y controlada por los poderes instalados  en todas y cada una de estas parcelas. Familia, escuela, servicios  sanitarios, sociales, polic&iacute;a, alimentaci&oacute;n, etc,  constituyen estructuras ubicadas en una escala jer&aacute;rquica  que es regulada seg&uacute;n los intereses de las &eacute;lites  que han sido capaces -mediante su legitimaci&oacute;n hist&oacute;rica-  de obtener mayores concentraciones de legitimaci&oacute;n.</p>     <p>La construcci&oacute;n social de la historia versus capacidad de explicar  los fen&oacute;menos mediante la f&aacute;bula: el origen de los  mitos. La frontera entre lo natural y lo sobrenatural fue traspasada  por el hombre primitivo merced su capacidad imaginativa. Mediante  su creatividad el hombre proyect&oacute; en el m&aacute;s all&aacute;  un mundo habitado por personajes inmortales que, a pesar de su car&aacute;cter  divino, obedec&iacute;an una mec&aacute;nica emocional y conductual  muy parecida a la de los pobres mortales. Dioses que comen, beben,  odian, hacen el amor, son fieles y ad&uacute;lteros, se aman y se  aniquilan -aunque sea de forma transitoria- entre s&iacute;; nada  menos alejado de la mentalidad humana. Este enorme parecido entre  divinidades y mortales podr&iacute;a deberse al hecho de que los  dioses, en particular, y el mundo inmortal en general, son el resultado  de la proyecci&oacute;n de la vida del hombre en el m&aacute;s all&aacute;,  efecto deseado de la necesidad del hombre de explicar lo inexplicable:  grandes misterios como la muerte, desastres naturales, plagas, enfermedades,  etc (Siles, 1999). Los primeros historiadores griegos se val&iacute;an  de la f&aacute;bula para saltar una y otra vez de la dimensi&oacute;n  sobrenatural a la natural, ejercicio narrativo que les permiti&oacute;  conservar los mitos. Herodoto salv&oacute; los mitos de la desmemoria,  adapt&aacute;ndolos desde la tradici&oacute;n oral a la historia  escrita, mientras que Hesiodo, en su "Teogon&iacute;a" rescat&oacute;  los mitos del olvido y los introdujo en la memoria colectiva de  los griegos. Asimismo, Hesiodo describe en "Los trabajos y los d&iacute;as",  la vida cotidiana de los griegos, pero permite la influencia de  los dioses dentro de esa esfera caracterizada por la rutina habitual  del quehacer diario.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En consecuencia, la construcci&oacute;n social de la historia, ha estado muy vinculada  a la capacidad creativa del hombre para explicar y ordenar los fen&oacute;menos  mediante la f&aacute;bula (particularmente los relacionados con  la enfermedad y la muerte). Sin la imaginaci&oacute;n y los mitos  al hombre le hubiera costado mucho m&aacute;s soportar los momentos  cr&iacute;ticos por lo que ha pasado a lo largo de la historia.  Desde esta perspectiva constructivista y, a la par, funcional de  los mitos, Kant, alud&iacute;a a su funci&oacute;n moldeadora del  intelecto del individuo, la comunidad y el mundo (Kant, 1999). En  este mismo sentido, la funci&oacute;n explicativa y lenitiva de  los mitos se recoge en la expresi&oacute;n de Malinowski: "Asegurar  al individuo frente al terror provocado por los desastres, la enfermedad  y la muerte" (Malinowski, 1988).</p>     <p>La Antropolog&iacute;a de la muerte y la creatividad del hombre en  Mor&iacute;n. En "El hombre y la muerte", Mor&iacute;n (1974) desarrolla  una antropolog&iacute;a de la muerte en donde pone de manifiesto  que la muerte es, o puede llegar a ser, un producto m&aacute;s de  la capacidad de construcci&oacute;n social del hombre (Berger y  Luckman, 1986), no en cuanto al hecho esencial en s&iacute; mismo,  sino en todo lo concerniente a su interpretaci&oacute;n, significado  y asunci&oacute;n de tratamientos y ritos. Asimismo, la relaci&oacute;n  entre religi&oacute;n y capacidad adaptativa del hombre ante los  hechos "ingobernables" de la naturaleza, entre los que ocupa un  lugar nuclear la muerte, fen&oacute;meno que incluso llevaba a los  padres a retener desesperadamente alg&uacute;n recuerdo de sus hijos  mediante el, a la saz&oacute;n, reciente invento de la foto contribuye  a la constataci&oacute;n de la evidente relaci&oacute;n entre  la interpretaci&oacute;n sobrenatural de los fen&oacute;menos, la  capacidad de construcci&oacute;n social del hombre y la incidencia  creciente de la tecnolog&iacute;a en dicho proceso (Gonz&aacute;lez  Faus, 1998). Mor&iacute;n distingue en su obra una triple constante  ante el principal misterio del hombre: conciencia de ruptura que  conlleva la muerte; el da&ntilde;o o traumatismo que esta conciencia/saber  inflige; y, por &uacute;ltimo, la aspiraci&oacute;n  a la inmortalidad. El hombre utiliza la creatividad como instrumento  para superar las contradicciones y frustraciones que provoca la  muerte finiquitando su individualidad, y para ello se pone a la  tarea de elaborar concepciones de la muerte en un contexto bipolar:</p>     <p>1) Cosmomorfismo: inspirado en el recurrente renacimiento de la vida  en la naturaleza (muerte-resurrecci&oacute;n o muerte-descanso eterno).</p>     <p>2) Antropomorfismo: mantiene la individualidad mediante la v&iacute;a de la inmortalidad: individuo  amortal mediante la creatividad (alma, superh&eacute;roe), o la  ciencia (genoma)</p>     <p>En consecuencia, se trata de estudiar la muerte como el fen&oacute;meno que m&aacute;s  ha preocupado al hombre, resultando, a veces, incluso de dif&iacute;cil  e inasimilable explicaci&oacute;n. La muerte, desde la prehistoria,  supuso el fen&oacute;meno al que m&aacute;s imaginaci&oacute;n y  creatividad tuvieron que aplicar los seres pensantes de la tribu  para congraciar la rutina diaria de su presente con la incertidumbre  del futuro.</p>     <p>Caracter&iacute;sticas de la "perversi&oacute;n l&oacute;gica" de los mitos y la historia  tradicional. Todos los pueblos se han legitimado a s&iacute; mismos  como hist&oacute;ricos mediante el recurso al mito. La pureza de  sangre se trasladaba a un car&aacute;cter tipo o personalidad base  (Garc&iacute;a Casta&ntilde;o y Pulido, 1999) y, a su vez, mediante  la capacidad de proyecci&oacute;n creativa, generalmente narrativa,  se enaltec&iacute;an las "esencias colectivas" del grupo humano  construyendo grandes relatos &eacute;picos (El Cid Campeador, La  Canci&oacute;n de Rold&aacute;n, Los Nibelungos, etc), verdaderos  depositarios de las ra&iacute;ces culturales y la idiosincrasia  de los grupos humanos. Estos materiales -plasmados en la narrativa  &eacute;pica- se han entretejido como los mimbres de la historia  de los pueblos y se han instrumentalizado para introducir en la  actividad hermen&eacute;utica de los fen&oacute;menos (interpretaci&oacute;n  de la realidad), elementos ideol&oacute;gicos que responden a la  necesidad de justificar la existencia y legitimaci&oacute;n de grupos  sociales, nacionalidades, estados, y, por supuesto, colectivos profesionales  y cient&iacute;ficos, dado que la ciencia jam&aacute;s ha tenido  la posibilidad -ni siquiera remota- de evolucionar al margen de  la ideolog&iacute;a y los valores del sistema social en el que se  halla integrada (Jim&eacute;nez y Otero, 1990).</p>     <p>Los colectivos profesionales, que han evolucionado hacia las posiciones  m&aacute;s privilegiadas de la sociedad, se consideran a s&iacute;  mismos como &uacute;tiles y hacen valer la pertinencia de su participaci&oacute;n  en el proceso general de satisfacci&oacute;n de necesidades para  proyectar su imagen en la sociedad utilizando para ello todos los  medios de comunicaci&oacute;n de masas de forma que la importancia  de su rol socio-profesional quede patente. Son colectivos profesionales  que influyen en la interpretaci&oacute;n de los sucesos, de forma  que hacen que resulte imprescindible su implicaci&oacute;n para  el an&aacute;lisis y soluci&oacute;n de los mismos. Constituyen  colectivos profesionales que influyen de forma determinante en la  construcci&oacute;n social de su imagen y, en esa misma l&iacute;nea,  est&aacute;n programados para aportar datos sobre eventos seg&uacute;n  las interpretaciones que de los mismos facilitan:</p>     <blockquote>     <p>-Religi&oacute;n imperante (protestantes-cat&oacute;licos/ isl&aacute;micos-cristianos).    <br> -Vencedores.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> -Monarcas, emperadores, jerarcas, pol&iacute;ticos relevantes.    <br> -Ricos, poderosos, desarrollados.    <br> -Hombres (divisi&oacute;n sexual de la actividad hermen&eacute;utica como pre&aacute;mbulo del control de las tareas).    <br> -Grupos profesionales prestigiosos.</p> </blockquote>     <p>Caracter&iacute;sticas de las sociedades donde se escribe la historia tradicional. En las  sociedades inmersas en los valores culturales determinados por la  religi&oacute;n (en el plano sobrenatural), y la monarqu&iacute;a  absoluta, la dictadura o el autoritarismo (en el plano natural),  la consecuencia inmediata es la potenciaci&oacute;n de posturas  intolerantes y el desarrollo de barreras sociales cuya impermeabilidad  impide la interacci&oacute;n entre grupos diversos. El papel social,  profesional y cient&iacute;fico de la enfermer&iacute;a en estas  sociedades est&aacute; limitado a las dimensiones t&eacute;cnicas  y procedimentales. Estas sociedades se caracterizan por el  elevado nivel de exclusi&oacute;n en el orden moral, religioso,  econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y social. La consecuencia inmediata  de este apartamiento radica en la marginaci&oacute;n en el proceso  de interpretaci&oacute;n de la realidad a trav&eacute;s del tiempo  de todos aquellos individuos y grupos no integrados en los esquemas  culturales dominantes. Dicho de otro modo este tipo de sociedades  practican el discurso hist&oacute;rico monol&iacute;tico, unilateral  y excluyente del vencedor.</p>     <p>De la construcci&oacute;n bi-unilateral de la historia o multiculturalismo  (desconocimiento mutuo) al transculturalismo. La construcci&oacute;n  bi-unilateral de la historia es un proceso propio de las sociedades  compuestas por diferentes grupos culturales que no son capaces de  proyectar una historia com&uacute;n porque tampoco tienen clara  la voluntad de desarrollar estrategias para convivir compartiendo  las tareas cotidianas. En las sociedades democr&aacute;ticas en  las que se promueven valores basados en el transculturalismo,  se potencian valores como el di&aacute;logo, el conocimiento mutuo,  el respeto y la tolerancia. La pr&aacute;ctica de estos valores  favorece la interpretaci&oacute;n "polif&oacute;nica" de la realidad  constituyendo el proceso de construcci&oacute;n hist&oacute;rica  de la realidad una actividad compartida de la que se co-responsabilizan  todos y cada uno de los grupos sociales que integran la sociedad  en cuesti&oacute;n. En estas sociedades todos los colectivos tienen  derecho a poseer "voz hist&oacute;rica" y: a interpretar la realidad  por s&iacute; mismos, a co-crear y co-gestionar su propia memoria  hist&oacute;rica, a reflexionar de forma autocr&iacute;tica sobre  sus construcciones hist&oacute;ricas. Esto da lugar a una hermen&eacute;utica  de tipo transcultural que potencia la capacidad de proyecci&oacute;n  simb&oacute;lica de forma plural y creativa.</p>     <p>En el marco de una sociedad democr&aacute;tica culturalmente compleja,  la historia debe construirse con la aportaci&oacute;n de las de  todos los colectivos integrantes de la comunidad. Este proceso plural  contribuye a facilitar la reflexi&oacute;n en com&uacute;n sobre  los problemas econ&oacute;micos, sociales, pol&iacute;ticos... de  salud, etc. Dado que la din&aacute;mica social actual revela que  la estabilidad fundamentada en el aislamiento social constituye  una utop&iacute;a, se debe considerar la construcci&oacute;n unilateral  de la historia como algo cuyo significado est&aacute; muy cerca  de la aberraci&oacute;n. En definitiva y, despu&eacute;s de todo  lo expuesto, no ser&iacute;a del todo aventurado formular conclusiones  como las que se relacionan a continuaci&oacute;n:&nbsp;</p>     <blockquote>     <p>-Las ra&iacute;ces biol&oacute;gicas que inciden en la divisi&oacute;n  sexual del trabajo han mantenido a las cuidadoras dentro del l&iacute;mite  del &aacute;mbito dom&eacute;stico, obstaculizando su proceso de  profesionalizaci&oacute;n.</p>     <p>-La construcci&oacute;n de nuevos significados para la actividad de  cuidar ha chocado con s&oacute;lidos impedimentos ideol&oacute;gicos  y de g&eacute;nero, dificultando la creaci&oacute;n de una memoria  colectiva liberada de estereotipos aberrantes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>-Para que el proceso de construcci&oacute;n social de la historia de la  enfermer&iacute;a sea efectivo, es preciso realizar una profunda  reflexi&oacute;n cr&iacute;tica acompa&ntilde;ada de una fase previa  de desconstrucci&oacute;n de los clich&eacute;s anquilosantes que  mantienen la enfermer&iacute;a en esquemas mentales del pasado.</p>     <p>-La construcci&oacute;n social  y transcultural de la historia s&oacute;lo es posibles en marcos  pol&iacute;ticos democr&aacute;ticos en los que la ideolog&iacute;a  predominante (en todos los niveles: profesional, social), est&aacute;  en consonancia con el sistema pol&iacute;tico, y esto es particularmente  v&aacute;lido para la historia de la enfermer&iacute;a, dado que  no se puede entender su proceso de profesionalizaci&oacute;n sin  considerar su gran vinculaci&oacute;n al mundo de la mujer y al  papel de &eacute;sta en el sistema educativo, social y laboral.</p> </blockquote>      <p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     <!-- ref --><p>Ar&oacute;stegui J (1995). La investigaci&oacute;n hist&oacute;rica: teor&iacute;a y m&eacute;todo. Cr&iacute;tica, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652556&pid=S1132-1296200400030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Berger P y Luckman T (1986). La construcci&oacute;n social de la realidad. Amorrortu, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652558&pid=S1132-1296200400030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Derrida J (1998). Notas sobre deconstrucci&oacute;n y pragmatismo, en Mouffe Ch. (comp.), Deconstrucci&oacute;n y pragmatismo. Paid&oacute;s, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652560&pid=S1132-1296200400030000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Garc&iacute;a casta&ntilde;o J y Pulido R (1999). Antropolog&iacute;a de la educaci&oacute;n. Eudema, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652562&pid=S1132-1296200400030000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Geertz C (1998). El antrop&oacute;logo c&oacute;mo autor. Paid&oacute;s, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652564&pid=S1132-1296200400030000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez Faus I (1998). Fe en Dios y construcci&oacute;n social de la historia. Trotta, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652566&pid=S1132-1296200400030000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jim&eacute;nez MP, Otero L (1990). La ciencia como construcci&oacute;n social. Cuadernos de Pedagog&iacute;a, 180: 23-28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652568&pid=S1132-1296200400030000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kant I (1999). Lo bello, lo sublime y la paz perpetua. Espasa Calpe, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652570&pid=S1132-1296200400030000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Lefort C (1978). Las formas de la historia. Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652572&pid=S1132-1296200400030000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Malinowski B (1988). Por una teor&iacute;a cient&iacute;fica de la cultura. Sarpe, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652574&pid=S1132-1296200400030000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Morin E (1974). El hombre y la muerte. Kair&oacute;s, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652576&pid=S1132-1296200400030000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Morin E (1984). Ciencia de la Conciencia. Barcelona: Anthropos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652578&pid=S1132-1296200400030000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Morin E (1995). Introducci&oacute;n al pensamiento complejo. Gedisa, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652580&pid=S1132-1296200400030000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>P&eacute;rez Garz&oacute;n S (1999). La gesti&oacute;n de la memoria. Cr&iacute;tica, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652582&pid=S1132-1296200400030000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Raddcliffe-Brown AR (1986). Estructura y funci&oacute;n en la sociedad primitiva. Agostini, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652584&pid=S1132-1296200400030000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Siles J (1994). Evoluci&oacute;n hist&oacute;rica del corporativismo de Enfermer&iacute;a. La influencia de los colegios en el proceso de socializaci&oacute;n profesional. Index, III/10: 11-15.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652586&pid=S1132-1296200400030000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Siles J (1996). El proceso de institucionalizaci&oacute;n de la enfermer&iacute;a en Espa&ntilde;a. En: Hern&aacute;ndez F, Historia de la enfermer&iacute;a en Espa&ntilde;a. S&iacute;ntesis, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652588&pid=S1132-1296200400030000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Siles J (1999). Historia de la enfermer&iacute;a. Aguaclara, Alicante.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652590&pid=S1132-1296200400030000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Siles J (2000). Antropolog&iacute;a narrativa. CECOVA, Alicante.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652592&pid=S1132-1296200400030000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Topolski J (1985). Metodolog&iacute;a de la Historia. C&aacute;tedra, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652594&pid=S1132-1296200400030000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Vilar P (1980). Iniciaci&oacute;n al vocabulario de an&aacute;lisis hist&oacute;rico. Grijalbo, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652596&pid=S1132-1296200400030000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Zagor&iacute;n P (2004). Historia, referente y narraci&oacute;n: reflexiones sobre el postmodernismo hoy. Historia Social, 50: 95-117.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652598&pid=S1132-1296200400030000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       ]]></body><back>
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