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</front><body><![CDATA[ <p align="center">MISCEL&Aacute;NEA</p> <hr>     <p align="center"><font size="4"><b>DIARIO DE CAMPO</b></font></p> <table border="0" width="100%">   <tr>     <td width="50%" valign="top">     <p align="left"><b> Despu&eacute;s  de cinco a&ntilde;os de investigaci&oacute;n en el Hospital San  Jorge de Huesca y el Hospital Can Misses de Ibiza he terminado mi  tesis doctoral. A pesar de haber obtenido el <i> cum laude,</i> posteriormente  el premio de investigaci&oacute;n en bio&eacute;tica de la Fundaci&oacute;n  Grifols y de mis intentos por darla a conocer, me quedan cuestiones  pendientes, que el cors&eacute; cient&iacute;fico no sujeta pero  que no quiero dejar en el tintero. Se lo debo a los 102 pacientes  que me lo dieron en herencia y no me gustar&iacute;a perderlo en  el olvido.&nbsp;</b></p>     </td>     <td width="50%" valign="top">     <p><b>THE BEST LEGACY&nbsp;    <br> After  five years of investigation in San Jorge Hospital (Huesca)  and Can Misses Hospital (Ibiza) I have finished my thesis. I received  the "cum laude" qualification and won the Grifols Foundation  research prize. Nevertheless many questions are left unanswered,  which cannot be explained using scientific rules, and which i do  not want left in the air. I cannot forget what the 102 patients  gave to me and what I owe them.&nbsp;</b></p>     </td>   </tr> </table>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size="6" face="Arial">La mejor de las herencias    <br> </font></b><font size="4">Jos&eacute; Ignacio Ricarte D&iacute;ez</font><sup><font size="4">1    <br> </font></sup>Profesor  asociado del Departamento de Enfermer&iacute;a de la Universidad  de las Islas Baleares    <br> Sede Universitaria de Eivissa y Formentera. Ibiza, Baleares, España</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">&nbsp;</p>     <p>Cuando  era residente de familia en el Hospital San Jorge de Huesca realizaba  unas dos guardias mensuales de medicina interna. Tras la guardia,  al encontrarnos con los compa&ntilde;eros, med&iacute;amos lo buena  o mala que hab&iacute;a sido en funci&oacute;n de los fallecimientos  ocurridos. Sent&iacute;amos una gran responsabilidad y culpabilidad  por este hecho. Para evitarlo, deb&iacute;amos hacer todo lo posible  para que ese fatal desenlace no sucediera. Sin embargo, a pesar  de nuestros miedos y esfuerzos, hab&iacute;a pacientes que deb&iacute;an  morirse. Tal vez en estos casos, nuestra energ&iacute;a podr&iacute;a  ir destinada a dignificar esa marcha y apoyar a la familia. Nos  dimos cuenta de c&oacute;mo con esas personas, con las que "nada"  se pod&iacute;a hacer, se pod&iacute;a hacer mucho. Y en una casualidad  de esas poco casuales que ocurren en la vida, el capell&aacute;n  nos hizo llegar los derechos de la persona en situaci&oacute;n terminal  que hab&iacute;a redactado la Sociedad Catalano Balear de Cuidados  Paliativos. Nos descubri&oacute; as&iacute; una serie de necesidades  que se hab&iacute;an articulado en derechos. Pero, ¿se cumpl&iacute;an  esos derechos en nuestro Hospital?. Para comprobarlo lo primero  que hicimos fue desarrollar una encuesta que con una entrevista  semiestructurada y abierta pudiera darnos una aproximaci&oacute;n  de su grado de cumplimiento.</p>     <p> RECIBIMIENTO.&nbsp;Me presentaba a los pacientes como m&eacute;dico del Hospital que  deseaba investigar sobre ciertos aspectos de su estancia e iniciaba  una conversaci&oacute;n atenta. Esa atenci&oacute;n y escucha puede  que fuera lo que me abriera todas las puertas. No hubo ning&uacute;n  paciente que se negase a hablar. Ana expres&oacute; que era la primera  vez que alguien se preocupaba por esas cuestiones. Muchas veces  le hab&iacute;an medido la temperatura, la tensi&oacute;n, la sangre...  pero pocas sus deseos. Y como Ana, todos los pacientes aprovecharon  para contar lo que quer&iacute;an a aquella persona que se les acerc&oacute;  con tiempo para escucharles. Ni los peores s&iacute;ntomas supon&iacute;an  un obst&aacute;culo. En medio de mi conversaci&oacute;n con Joaqu&iacute;n,  lleg&oacute; el celador para realizarle una radiograf&iacute;a.  Pero no quiso ir "porque estaba tosiendo mucho". Yo me ofrec&iacute;  tambi&eacute;n para volver otro d&iacute;a y no molestarle, pero  Joaqu&iacute;n quer&iacute;a seguir hablando. Necesitaba la conversaci&oacute;n  m&aacute;s que las radiograf&iacute;as.</p>     <p>Cabe  destacar que el 15,59% de los pacientes terminales entrevistados  ten&iacute;an como familiares m&aacute;s cercanos a hermanos o sobrinos  y el 12,44% no ten&iacute;an a nadie. Todas estas personas recib&iacute;an  escasas visitas y su necesidad por hablar era mucho mayor. En esos  casos puede que debamos cumplir un papel que vaya un poco m&aacute;s  all&aacute; del sanitario acompa&ntilde;&aacute;ndoles en sus &uacute;ltimos  momentos.</p>     <p>El di&aacute;logo, en  el que yo no pose&iacute;a ya el rol de m&eacute;dico, ni el paciente  el rol de enfermo, reconoc&iacute;a y reafirmaba su dimensi&oacute;n  humana y de persona, desapareciendo la etiqueta que le identifica  seg&uacute;n la cama que ocupa o la patolog&iacute;a que padece.  Esta ha sido una de las cuestiones peor puntuadas en la encuesta  y se traduce en otros de los aspectos investigados: el inter&eacute;s  por aspectos extra-sanitarios y necesidades personales, el conocimiento  de las creencias del paciente, la escucha de sus deseos y la atenci&oacute;n  integral con todas las dimensiones de la persona. Si la atenci&oacute;n  sanitaria y el control sintom&aacute;tico obtienen muy buena puntuaci&oacute;n,  lo que escapa a las te&oacute;ricas funciones f&iacute;sicas suspende.  El hecho de descubrir a la persona como tal nos revela necesidades  que pueden sufrir. El recordar, por ejemplo, el cumplea&ntilde;os  y felicitar a nuestros pacientes ingresados puede tener un efecto  que no imaginamos. Tal vez seamos los primeros, los &uacute;nicos  o los &uacute;ltimos en felicitarles.</p>     <p> LA  INFORMACI&Oacute;N.&nbsp;El manejo de la informaci&oacute;n es un tema  de continua discusi&oacute;n. Solemos informar primero a la familia  para despu&eacute;s decidir qu&eacute; contamos al paciente. As&iacute;,  a pesar de que el 67,6% de los enfermos preguntasen, s&oacute;lo  se les hab&iacute;a dado completa informaci&oacute;n al 41,18%,  sabiendo parte importante pero no completa otro 13,73%. A un 32,35%  se le manten&iacute;a en la indefinici&oacute;n y a un 12,75% se  le hab&iacute;a dado otra informaci&oacute;n no real.</p>     <p>Lo  que tampoco debe suceder es lo que pasaba con Enrique. Tras hablar  con &eacute;l me dijo: "Soy mayor, s&eacute; que estoy enfermo  y que me queda poco... pero por favor, no se lo diga a mi familia".  Al salir a hablar con su familia, la hija me dijo antes de que pudiera  abrir mi boca: "Sabemos lo mal que se encuentra pero no le diga  nada". Si todos ya conoc&iacute;an el secreto, ¿por qu&eacute;  no lo compart&iacute;an juntos, se desped&iacute;an y se dec&iacute;an  lo que se tuvieran que decir?.</p>     <p>Los  pacientes son los primeros a los que no les resulta extra&ntilde;o.  Puede que simplemente confirmemos unas sospechas que ya basan en  los silencios de los familiares, el rictus de gravedad, su propia  sintomatolog&iacute;a o la necesidad de estancia hospitalaria. Un  75,5% de los enfermos encuestados se encontraban bien adaptados  a su proceso, siendo adem&aacute;s este porcentaje mejor entre los  que dispon&iacute;an la informaci&oacute;n que entre los que no  sab&iacute;an la realidad. Esta preparaci&oacute;n me la expres&oacute;  Angel dici&eacute;ndome "ya tengo la maleta hecha, o sea que cuando  me digan". Francisca utiliz&oacute; otra forma para decirme lo mismo:  "Creo que no es nada bueno, pero estoy preparada". Ese miedo que  nosotros mismos tenemos a la muerte no lo encontr&eacute; en estas  personas aunque s&iacute; pod&iacute;a existir un miedo a sufrir.  A pesar de esta mejor adaptaci&oacute;n entre aquellos que sab&iacute;an  su diagn&oacute;stico no podemos generalizar ya que tambi&eacute;n  hubo para quien no fue as&iacute;. Por lo tanto, no se puede concluir  que lo mejor es informar o no informar, sino que debemos acercarnos  al enfermo para conocer y descubrir qu&eacute; es lo que necesita.</p>     <p> DESPEDIDA.&nbsp;Cuando terminaba la entrevista, la despedida sol&iacute;a prolongarse  todav&iacute;a un rato. Con el habitual y cordial apret&oacute;n  de manos me reten&iacute;an un poco m&aacute;s para que no me pudiera  marchar. Ellos sospechaban sobre el poco tiempo que les quedaba  y puede que esa fuese su &uacute;ltima oportunidad para transmitir  algo que no contaron ni a sus familiares, ni a su m&eacute;dico.  Esta necesidad de despedirse era tan patente que Jos&eacute;, un  hombre de fuerte car&aacute;cter y con una dif&iacute;cil relaci&oacute;n  con su mujer, lleg&oacute; a escribir como frase del Mini-mental  test "amo a mi mujer". Utiliz&oacute; esta prueba para expresar  algo que puede que hiciera tiempo que no le dec&iacute;a a su mujer,  con quien incluso sol&iacute;a hablar a gritos.</p>     <p>Para  m&iacute; tambi&eacute;n resultaba dif&iacute;cil despedirme. Aunque  realizamos tres entrevistas a cada paciente para validar la encuesta,  yo no sab&iacute;a si volver&iacute;a a verlos. Recuerdo que cuando  me desped&iacute; de Juan, antes de irme de vacaciones, me mostr&oacute;  su pu&ntilde;o con el pulgar hacia arriba: el romano gesto de la  vida. Y yo pens&eacute; en los deseos de ese paciente: deseos de  vida, de lucha, de esperanza... y tuve miedo porque alg&uacute;n  d&iacute;a eso se acabar&iacute;a. No pod&iacute;amos curarle pero  pod&iacute;amos, como nos ense&ntilde;an los derechos del paciente  en situaci&oacute;n terminal, hacer mucho por dignificar los d&iacute;as  que les queden. A Juan, Santiago y tantas otras personas de las  que no supe o no pude despedirme he querido dedicar la tesis. Ojal&aacute;  sepamos decir y hacer lo que debamos en vida. Esta ha sido otra  de las ense&ntilde;anzas que he aprendido.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Notas</b></p>     <p>Los nombres utilizados en este art&iacute;culo son ficticios aunque  las situaciones s&iacute; fueron reales.</p>     <p> La tesis "Evaluaci&oacute;n de los derechos de la persona en situaci&oacute;n  terminal en un hospital general" fue publicada en el 2003 por el  Institut Borja de Bio&eacute;tica por medio de la editorial Mapfre.</p>      <p><b>Agradecimientos</b></p>     <p>Desear&iacute;a agradecer el apoyo y la ayuda de todos los compa&ntilde;eros del Hospital San Jorge de Huesca y Can Misses de Ibiza, en especial de mi director (Dr Miguel Montoro) y del capell&aacute;n del Hospital San Jorge (D Pedro Abad).</p> <hr align="left" width="30%">     <p><font size="2"><sup>1</sup> DIRECCIÓN PARA CORRESPONDENCIA    <br> José Ignacio Ricarte Díez. Departamento de Enfermería de la Universidad delas Islas Baleares. Sede Universitaria de Eivissa y Formentera.    <br>  C/ Bes, 9. 07800 Ibiza (Baleares, Espa&ntilde;a) <a href="mailto:jiricarte@hotmail.com">jiricarte@hotmail.com</a></font> </p>     <p><font size="2">Manuscrito recibido el 25.05.2004 Manuscrito aceptado el 5.07.2004</font> </p>       ]]></body>
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