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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Para que se administran las escalas, cuestionarios, tests e índices?]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center">ARTÍCULOS ESPECIALES</p> <hr>     <p align="center"><b><font size="4">EDITORIALES</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size=5>¿Para que se administran las escalas,    <br> cuestionarios, tests e índices?</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><font size="4">SERGIO R. LÓPEZ ALONSO<sup>1</sup>Y JOSÉ MIGUEL MORALES ASENCIO</font><font size="4"><sup>2</sup>    <br> </font><sup>1</sup>Ldo. Enfermer&iacute;a. Doctorando en Salud P&uacute;blica. Direcci&oacute;n Regional de Desarrollo e Innovaci&oacute;n en Cuidados.    <br> Direcci&oacute;n General de Asistencia Sanitaria. Servicio Andaluz de Salud, Sevilla, Espa&ntilde;a    <br> <sup>2</sup>Titulado Superior en Enfermer&iacute;a. Ldo. en Antropología. Doctorando en Economía de la Salud.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Profesor Asociado de la Escuela Andaluza de Salud Pública. Responsable de la Unidad de Efectividad e Investigación.    <br> Distrito Sanitario Málaga. Servicio Andaluz de Salud, Málaga, España    <br> <a href="mailto:sergiolopezalonso@yahoo.com">sergiolopezalonso@yahoo.com</a></p>      <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <div align="center">       <center>   <table border="0" width="100%">   <tr>   <td width="50%" valign="top"><img src="/img/revistas/index/v14n48-49/7.jpg" width="365" height="296"></td>   <td width="50%" valign="top">     <p>Las razones que impulsan al uso cl&iacute;nico de escalas, cuestionarios, tests,  e &iacute;ndices pueden ser diversas, como son la ayuda al diagn&oacute;stico,  el apoyo al umbral de tratamiento, la comunicaci&oacute;n con otros profesionales,  y el establecimiento de un referente poblacional.</p>     <p>El af&aacute;n cuantitativista que ha gobernado en las disciplinas sanitarias durante  muchos a&ntilde;os, ha convertido la medici&oacute;n cl&iacute;nica en una actividad  omnipresente en la pr&aacute;ctica sanitaria y en la investigaci&oacute;n. Bajo  este enfoque, la legitimidad del dato num&eacute;rico queda avalada por el mundo  f&iacute;sico y objetivable del que procede: tensi&oacute;n arterial, volumen  de eyecci&oacute;n cardiaca, &iacute;ndice de masa corporal. Sin embargo la  atenci&oacute;n sanitaria, en su aspiraci&oacute;n por dar respuesta desde una  creciente multidisciplinariedad a las complejas dimensiones humanas, ha obligado  a explorar &quot;afirmaciones num&eacute;ricas&quot; relacionadas con cu&aacute;nto de  un atributo hay presente en una persona. Ej.: apoyo social percibido o calidad  de vida de una persona.<sup>1</sup> Este tipo de atributo es lo que se conoce como constructo en su estudio m&eacute;trico,  es decir, un concepto hipot&eacute;tico cuya existencia nunca podr&aacute; ser totalmente confirmada.<sup>1</sup></p>   </td>   </tr>   </table>   </center> </div>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es preciso mencionar que pacientes y profesionales utilizan constantemente escalas  para comunicarse entre s&iacute;, tales como &quot;me duele mucho la cabeza&quot; o &quot;he  perdido un poco de peso&quot;. No obstante, estas medidas deben ser consideradas  como un proceso de evaluaci&oacute;n y juicio personal.<sup>2</sup>  Por su parte, una escala de medida debe adecuarse a una serie de axiomas de  medici&oacute;n (modelo) que explique la bondad de la relaci&oacute;n entre  sus variables y, a ser posible, el ajuste de los datos a las predicciones del  modelo.<sup>1</sup> As&iacute;, una escala de riesgo de &uacute;lceras por presi&oacute;n debe estar  compuesta de variables relacionadas entre s&iacute; en base al modelo establecido  (ej. humedad, movilidad.) y que su puntuaci&oacute;n sea capaz de predecir la  aparici&oacute;n o no de &uacute;lceras por presi&oacute;n.</p>     <p>Estas propiedades m&eacute;tricas son precisamente las que diferencian a un juicio  personal de una escala de medida. Ahora bien, dependiendo de la disciplina estas  propiedades se estudiar&aacute;n dentro del campo de la psicometr&iacute;a,  econometr&iacute;a, antropometr&iacute;a o, en su caso, clinimetr&iacute;a,  tal y como fue denominada por primera vez a la medida de los fen&oacute;menos  cl&iacute;nicos por Alvan R Feinstein<sup>2</sup></p>     <p>En el proceso de construcci&oacute;n clinim&eacute;trica, las propiedades fundamentales  que se le exigen a una escala de medida son la validez y la fiabilidad, o lo  que es lo mismo, la estandarizaci&oacute;n del contenido y la estandarizaci&oacute;n  como escala de medir, respectivamente.<sup>2</sup>  La validez denota la utilidad cient&iacute;fica de la escala, en qu&eacute;  medida se ajusta lo medido a lo que se pretende medir.<sup>3</sup>  Por su parte, la fiabilidad indica la utilidad cient&iacute;fica de la escala  como instrumento que demuestra su precisi&oacute;n a la hora de medir, poniendo  a prueba su reproducibilidad en posteriores medidas o por distintos observadores.<sup>3</sup></p>     <p>Tras un largo y complejo proceso cient&iacute;fico de elaboraci&oacute;n de una escala cl&iacute;nica, cuya exposici&oacute;n excede  del contenido del presente texto, se pone a disposici&oacute;n del profesional  sanitario. Siendo &eacute;ste &uacute;ltimo el que decide su uso en funci&oacute;n  a una utilidad percibida, entre las que se encuentran de forma complementaria:</p>     <p><font face="Arial">Ayuda al diagn&oacute;stico.</font> El diagn&oacute;stico cl&iacute;nico no queda determinado  por la prueba, sino que advierte del riesgo de padecer el problema, siendo el  profesional el que confirma o no su presencia, junto a otros datos cl&iacute;nicos  valorados. Es de suma importancia conocer las capacidades de los m&eacute;todos  diagn&oacute;sticos y pron&oacute;sticos empleados para la correcta interpretaci&oacute;n  de los resultados. Para ello son fundamentales la sensibilidad y especificidad  de una escala a la vez que la prevalencia esperada del problema en la poblaci&oacute;n  sujeta a estudio. No se debe olvidar que el criterio profesional es siempre  necesario para tomar una decisi&oacute;n cl&iacute;nica, y que no sea la escala  la que decida por el profesional.</p>     <p>Como nota aclaratoria deben definirse los conceptos de sensibilidad y especificidad. As&iacute;,  la sensibilidad responde a la proporci&oacute;n de casos (personas con un problema  de salud) en los que la prueba (escala) da positivo, es decir, indica la capacidad  de la escala para detectar casos. En cambio la especificidad es la proporci&oacute;n  de no-casos en los que el resultado de la prueba (escala) es negativo, o lo  que es lo mismo, indica la capacidad para detectar no-casos. <sup>4</sup></p>     <p><font face="Arial">Apoyo al umbral de tratamiento.</font> Si el fin &uacute;ltimo de la administraci&oacute;n  de una escala es determinar una actitud terap&eacute;utica, ser&aacute; necesario  definir de antemano un umbral de tratamiento, es decir, una probabilidad de  padecer el problema de salud previa a la administraci&oacute;n de la escala  a partir de la cu&aacute;l se decidir&aacute; tratar al paciente. Esta probabilidad  umbral depende del beneficio de tratar personas con el problema y del coste  de tratar personas sin el problema.<sup>4</sup> Si el beneficio de intervenir es alto y los costes son peque&ntilde;os, el umbral  de tratamiento ser&aacute; bajo como en la prevenci&oacute;n de &uacute;lceras  por presi&oacute;n, y viceversa. De nuevo, se hace patente el criterio profesional  como elemento determinante en la toma de decisiones cl&iacute;nicas m&aacute;s  all&aacute; del valor num&eacute;rico obtenido tras la administraci&oacute;n de una escala.</p>     <p><font face="Arial">Comunicaci&oacute;n con otros profesionales.</font>  El valor obtenido fruto de la administraci&oacute;n de una escala permite una  comunicaci&oacute;n sintetizada y objetiva, evitando equ&iacute;vocos por parte  del receptor. Esta utilidad es de gran aceptaci&oacute;n para la comunicaci&oacute;n  entre niveles asistenciales. Debe mencionarse que el valor encontrado en una  escala puede y debe ser matizado con informaci&oacute;n de inter&eacute;s, bien  por no estar recogida en la escala o por su relevancia cl&iacute;nica.</p>     <p><font face="Arial">Establecimiento de un referente poblacional</font>. Al ser la escala un instrumento de medida cuyas  propiedades clinim&eacute;tricas son constituidas mediante un estudio con una  poblaci&oacute;n determinada, es l&oacute;gico pensar que el valor de cada persona  estudiada se sit&uacute;a respecto del valor del resto de la poblaci&oacute;n.</p>     <p>-De este modo, un punto de corte establecido en la escala puede servir como <i>criterio de distribuci&oacute;n de recursos o bien de derivaci&oacute;n a otro profesional</i>. Entre los recursos mencionados  se pueden destacar los colchones antiescaras o los andadores, y entre los profesionales  a derivar se encuentran los psic&oacute;logos o rehabilitadores. En este punto  es fundamental el papel del profesional a la hora de atenuar las imperfecciones  e injusticias de todo criterio, cuyos matices externos escapan a su cobertura.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>-Otra utilidad importante se encuentra en la <i> investigaci&oacute;n cl&iacute;nica</i>. Al encontrar valores objetivos cuantificables  y con un referente poblacional, la escala se convierte en uno de los m&eacute;todos  de recogida de datos m&aacute;s utilizados en la investigaci&oacute;n cuantitativa.  De este modo, mediante una escala se pueden desarrollar investigaciones para  describir atributos poblacionales, compararlos con otras poblaciones o con una  misma poblaci&oacute;n mediada por un intervalo de tiempo, e incluso valorar  la efectividad de una determinada intervenci&oacute;n. Las escalas de calidad  de vida son el paradigma de este uso y han posibilitado expandir los estudios  de efectividad desde el punto de vista de coste-utilidad, aunque a&uacute;n  persisten algunas lagunas por resolver desde el punto de vista de los modelos  econ&oacute;micos utilitaristas.</p>     <p>Como limitaci&oacute;n adicional a la extrapolaci&oacute;n de instrumentos desarrollados en contextos  ajenos donde se dan poblaciones con diferencias socioculturales, la adaptaci&oacute;n  transcultural al medio donde se pretende usar es un paso obligado y muchas veces  menoscabado en los estudios de validaci&oacute;n. Como resultado de esta negligencia  es frecuente encontrar un perjuicio en la validez del contenido de la escala,  y una variaci&oacute;n en su sensibilidad y especificidad.</p>     <p>No debe perderse de vista que ninguna prueba es perfecta, y que cualquier puntuaci&oacute;n  observada en un cuestionario es la suma de una puntuaci&oacute;n verdadera y  un error aleatorio.<sup>1</sup> El desconocimiento del error de medici&oacute;n de las pruebas indicadas puede  poner en riesgo a la persona en estudio. El proceso de construcci&oacute;n clinim&eacute;trica  puede, si est&aacute; bien realizado, disminuir al m&iacute;nimo este error.  La evaluaci&oacute;n cr&iacute;tica del instrumento y del estudio de validaci&oacute;n  aportar&aacute; elementos de juicio suficientes como para determinar su aplicabilidad.</p>     <p>Finalmente, es preciso recordar que el uso indiscriminado de instrumentos clinim&eacute;tricos nunca podr&aacute; suplir  las imprescindibles habilidades en entrevista cl&iacute;nica y el conocimiento cualitativo de las respuestas humanas a la hora de emitir juicios. Es en sinergia con estas habilidades y conocimientos, como aumenta y se enriquece la deliberaci&oacute;n cl&iacute;nica.</p>      <p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     <!-- ref --><p>1. Nunnally J, Bernstein I. Teor&iacute;a Psicom&eacute;trica. 3ª Edici&oacute;n. M&eacute;xico: Mc Graw Hill, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652876&pid=S1132-1296200500010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Feinstein AR. Clinimetrics. New Haven: Yale University Press, 1987&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652878&pid=S1132-1296200500010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Streiner DL, Norman GR. Health measurement scales. A practical guide to their development and use. 3rd Edition. New York: Oxford University Press, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652879&pid=S1132-1296200500010000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>4. Latour J. An&aacute;lisis de decisiones. Quaderns 12. Valencia: Instituto Valenciano de Estudios en Salud P&uacute;blica, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652881&pid=S1132-1296200500010000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       ]]></body><back>
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