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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La eterna guerra de la identidad enfermera: un enfoque dialéctico y deconstruccionista]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Alicante Departamento de Enfermería ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b>ARTICULOS ESPECIALES</b></p> <hr>     <p align="center"><b><font size="4">EDITORIALES</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"><b><font size=5>La eterna guerra de la identidad enfermera: un enfoque dial&eacute;ctico  y deconstruccionista</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="4">Jos&eacute; Siles Gonz&aacute;lez</font></p>     <p>Departamento de enfermer&iacute;a. Universidad de Alicante, Espa&ntilde;a</p>     <p><font face="Times New Roman"><a href="mailto:Jose.siles@ua.es">Jose.siles@ua.es</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Holismo <i> versus</i> dial&eacute;ctica</b></p>     <p>La dial&eacute;ctica ha sido entendida y empleada  de forma muy variada seg&uacute;n las &eacute;pocas hist&oacute;ricas. S&oacute;crates  mediante el di&aacute;logo potenciaba la reflexi&oacute;n en sus disc&iacute;pulos para que estos llegaran a &quot;alumbrar&quot; la verdad.  Ya Plat&oacute;n, bas&aacute;ndose en el di&aacute;logo como elemento fundamental,  integr&oacute; en sus discusiones tres fases: tesis, ant&iacute;tesis y s&iacute;ntesis. Arist&oacute;teles  utiliz&oacute; la dial&eacute;ctica como m&eacute;todo apor&eacute;tico. Son  tantos y de forma tan variada los fil&oacute;sofos que se han valido de la dial&eacute;ctica para desarrollar sus pensamientos que sobrepasa  los l&iacute;mites y la naturaleza de este editorial. La dial&eacute;ctica podr&iacute;a  definirse como "la ciencia del movimiento" (Her&aacute;clito). Pero lo que m&aacute;s  puede interesar de la dial&eacute;ctica -desde el af&aacute;n de interpretar  la realidad en toda su amplitud- es su gran complejidad, dado que la dial&eacute;ctica adopta la &quot;multilateralidad  de relaciones&quot; para reflexionar, analizar cr&iacute;ticamente y alcanzar  interpretaciones sint&eacute;ticas (globalizadoras) de la realidad. No en vano, una de las  premisas de las que parte el materialismo dial&eacute;ctico consiste en afirmar  que todo est&aacute; interconectado y que hay un proceso continuo de cambio (movimiento) en esta  interrelaci&oacute;n. Seg&uacute;n Kojeve (1984) fue Hegel el primero  en transformar la dial&eacute;ctica en un m&eacute;todo que fuera m&aacute;s all&aacute; del  di&aacute;logo introduciendo en la descripci&oacute;n de la realidad el car&aacute;cter  din&aacute;mico de la misma. El ser humano como individuo y los grupos que se constituyen a nivel social, pol&iacute;tico  o profesional, tienen que ser descritos sin renunciar a su potencial de cambio  a trav&eacute;s del tiempo.</p>     <p>La dial&eacute;ctica hegeliana no es un m&eacute;todo  de investigaci&oacute;n o exposici&oacute;n filos&oacute;fica, es, sobre todo,  la forma m&aacute;s apropiada para describir la estructura del ser humano y las formas que adopta para adaptarse y realizarse en la vida.  Decir que el ser humano es dial&eacute;ctico implica afirmar, en primer lugar  (a nivel ontol&oacute;gico), que es una totalidad que implica identidad y negaci&oacute;n.  En segundo lugar (a nivel metaf&iacute;sico) el ser humano se realiza dentro  de la naturaleza (mundo natural), pero tambi&eacute;n en un mundo hist&oacute;rico (mundo  humano). En tercer lugar (a nivel fenomenol&oacute;gico), el ser humano  aparece como algo que existe emp&iacute;ricamente en un momento dado, pero se trata de una objetividad  aparente que no resiste el paso del tiempo sin experimentar cambios, dado que los humanos son seres hist&oacute;ricos, mortales que desde su libertad  individual tienen la capacidad de luchar y trabajar para producir cambios mediante  la acci&oacute;n creativa (no quedar marginados de los cambios en el estatismo  cr&oacute;nico del &quot;esclavo&quot; (Kojeve, 1984). En este sentido, el papel  de la mujer y de la enfermer&iacute;a en la sociedad participa de las caracter&iacute;sticas  rese&ntilde;adas y est&aacute; expuesto a la din&aacute;mica dial&eacute;ctica  en general consistiendo uno de sus rasgos diferenciales en la ausencia hist&oacute;rica de conciencia cr&iacute;tica  que ha incidido en la ralentizaci&oacute;n de su evoluci&oacute;n como representante  del sexo oprimido (propia del rol del esclavo). S&oacute;lo a partir del reconocimiento que obtienen  las enfermeras en los conflictos b&eacute;licos y el auge del movimiento  feminista se gener&oacute; y se fue vertebrando el deseo de cambio.</p>     <p><b>Identidad, negaci&oacute;n y s&iacute;ntesis</b></p>     <p>Desde la perspectiva de la ontolog&iacute;a  Hegeliana se constatan tres categor&iacute;as fundamentales: identidad, negatividad  y totalidad.</p>     <p><font face="Arial">Identidad de la mujer como cuidadora y dom&eacute;stica</font>. Identidad que deviene  del respeto a la tradici&oacute;n heredera de la divisi&oacute;n sexual  ancestral del trabajo mediante la que sus tareas quedan claramente marcadas en la vida cotidiana:  embarazo, parto, lactancia, crianza. La identidad en esta fase potencia el ideal del acuerdo del pensamiento consigo mismo, promulga la homogeneidad  de actividades y expectativas. Se trata de una identidad dada que existe en  s&iacute; misma (&quot;ser en s&iacute;&quot; cara opuesta del &quot;ser  para s&iacute;&quot;) y cuya justificaci&oacute;n es tan remota como el origen  del hombre constat&aacute;ndose y repiti&eacute;ndose hasta la saciedad en mitos y creencias de diversas culturas. Corresponde a una fase  del pensamiento que es necesario superar, dado que la mujer, en este marco,  no es un ser que pueda evolucionar hist&oacute;ricamente, no es un ser en  el tiempo en tanto que &quot;ser para s&iacute;&quot;, es s&oacute;lo un &quot;ser  en s&iacute;&quot; condenada al estancamiento social, laboral y educativo; instalada en un mundo de expectativas obliteradas  por una &oacute;rbita de actividades cr&oacute;nicas y anquilosantes.</p>     <p>Identidad  de g&eacute;nero, identidades espec&iacute;ficas tanto para la mujer y el hombre.  Existe un proceso previo a este paso: la identidad del ser humano que se revela  como un &quot;factotum&quot; en el que est&aacute;n implicados factores de todo tipo  o acaso el hombre surge s&oacute;lo como consecuencia de evoluciones fisiol&oacute;gicas.  Para Kojeve es el deseo el que convierte al hombre en lo que es (deseo antrop&oacute;geno),  y este deseo est&aacute; provocando, asimismo el surgimiento de la autoconciencia.  Kojeve afirma que el animal tiene sentimiento de s&iacute; pero el hombre  tiene conciencia de s&iacute;, conciencias que se revela en la capacidad ling&uuml;&iacute;stica  y el desarrollo conceptual cuya palabra crucial es &quot;YO&quot;. El problema  del paso del sentimiento de s&iacute; a la conciencia de s&iacute; se transforma  finalmente en el problema de distinguir entre el deseo animal y el deseo humano. Para Kojeve  el mecanismo del deseo tanto en el animal como en el humano es un  mecanismo negativo. Cuando uno desea asimila aquello que es el objeto del  deseo, por ejemplo comer. &quot;Negativo&quot; en el sentido que transforma  esa comida asimil&aacute;ndola. Pero el deseo animal es un deseo de cosas que &quot;cosifica&quot;.      <br>    <br>La posibilidad de hacer surgir el hombre de  lo animal pasa por un deseo que transcienda lo puramente fisiol&oacute;gico  y que, en consecuencia, no cosifique. Para Kojeve la &uacute;nica realidad que existe -y que no es natural- es  el Deseo, pero en esta fase primigenia de identidad, la mujer no va a traspasar  del todo la frontera del &quot;ser en s&iacute;&quot; que no desea transformar su situaci&oacute;n  respecto al poder que la mantiene en una situaci&oacute;n muy parecida a la  del esclavo hegeliano, dado que ambos carecen de conciencia cr&iacute;tica y viven en el mundo de  lo puramente natural y ahist&oacute;rico.</p>     <p><font face="Arial">Negaci&oacute;n o fuerza negatriz de las limitaciones de la mujer como cuidadora  y dom&eacute;stica</font>. &quot;Toda vida que se limita &uacute;nicamente a la mera  conservaci&oacute;n es una decadencia&quot; se&ntilde;ala Heidegger en el camino hacia la evoluci&oacute;n  como la din&aacute;mica correcta que es contraria al estancamiento y la sumisi&oacute;n  (Heidegger, 2000). Pero c&oacute;mo se inicia ese proceso de cambio que va a dinamizar  el tr&aacute;nsito de actividades dom&eacute;sticas a profesionales dentro de  un marco mucho m&aacute;s amplio: la reivindicaci&oacute;n femenina por la igualdad en todos  los terrenos y la toma de conciencia de una sociedad dividida en g&eacute;neros.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La negaci&oacute;n del estatuto de esclava  o el inicio de la lucha de la mujer por el reconocimiento social, educativo  y profesional es consecuencia de un deseo (Kojeve, 1984), una pulsi&oacute;n polarizada por la necesidad de un  cambio del &quot;ser en s&iacute;&quot; al &quot;ser para s&iacute;&quot;. Constituye  el primer paso mediante el que el ser humano identifica el esfuerzo y la lucha como un mecanismo inherente a la  superaci&oacute;n del &quot;status quo&quot; (de la sumisi&oacute;n, dependencia  o esclavitud), es decir en la conciencia cr&iacute;tica de cada persona o grupo radica el impulso  primigenio a trav&eacute;s del que se va a materializar la pulsi&oacute;n o  deseo de transformaci&oacute;n de lo dado o preexistente (Kojeve, 1984) que mantiene esclavizada a la mujer  dentro de un marco de limitaciones de g&eacute;nero y en cuyo n&uacute;cleo  central resulta f&aacute;cilmente divisable la enfermer&iacute;a dom&eacute;stica y tambi&eacute;n  de la religiosa.    <br>    <br>Para Nietzsche existe una moral de se&ntilde;ores  y otra moral de esclavos. La moral de los se&ntilde;ores es la moral de la aristocracia.  Los se&ntilde;ores o arist&oacute;cratas fabrican un sistema de valores a su medida y esta ortopedia  axiol&oacute;gica se impone a los dem&aacute;s con la mayor naturalidad. Esto  no s&oacute;lo ocurre en entre personas, sino que la misma mec&aacute;nica parece funcionar para  regular la relaci&oacute;n entre colectivos sociales, laborales y profesionales.  Por ejemplo -y s&oacute;lo por ejemplo- los m&eacute;dicos (grupo profesional con altas  cotas de institucionalizaci&oacute;n) organizan la forma de actuar y de pensar  de las enfermeras (grupo de neodom&eacute;sticas que act&uacute;an fuera de su primitivo entorno natural,  el hogar, y que no reun&iacute;a niveles de institucionalizaci&oacute;n  equivalente al de los m&eacute;dicos). Parece evidente la transversalidad de esta mec&aacute;nica inherente  a la dial&eacute;ctica hegeliana que reinterpreta Kojeve ejercitando su capacidad  de s&iacute;ntesis para integrar en su proceso hermen&eacute;utico todo lo que puede resultar v&aacute;lido  en aportaciones tan nucleares y dis&iacute;miles como las de Hegel (dial&eacute;ctica),  Marx (las distintas fases de la historia hasta la abolici&oacute;n del Estado merced  la concienciaci&oacute;n cr&iacute;tica y la lucha de clases) y Heiddeger  (la importancia del tiempo en la construcci&oacute;n del ser y su conciencia: el ser hist&oacute;rico).  Pero si lo que se pretende es obtener una visi&oacute;n hol&iacute;stica (francamente  transversal) de la historia en general y de la enfermer&iacute;a en particular, se debe ir m&aacute;s  all&aacute; de Kojeve y se&ntilde;alar aportaciones -tan relevantes y complejas-  como las del deconstruccionismo de Derrida.    <br>    <br>No puede existir s&iacute;ntesis dial&eacute;ctica  si el pensamiento y su producto espec&iacute;fico -la reflexi&oacute;n- est&aacute;n  al servicio del dogma. Para la visi&oacute;n global de los fen&oacute;menos, particularmente de los conflictos, es preciso desarrollar  la capacidad de deconstrucci&oacute;n para desmontar todos los engranajes conceptuales,  ling&uuml;&iacute;sticos y axiol&oacute;gicos que conforman el soporte estructural  de la ideolog&iacute;a y el poder que representa la misma. Esta labor de cuestionamiento  de todo lo dado -especialmente del significado del lenguaje y su deformaci&oacute;n  de la realidad- resulta crucial para trascender aquello que nos impide ver la  realidad tal y como es. La mujer y la enfermer&iacute;a han sufrido en sus &quot;carnes&quot;  la lapidaria dictadura de los estereotipos manteniendo a ambas, conjuntamente  como dos siamesas, en una limitada &oacute;rbita de expectativas que respond&iacute;an  a una forma determinada de ideolog&iacute;a imperante (la moral de los arist&oacute;cratas  de Nietzsche). Pero la manida expresi&oacute;n &quot;transversalidad&quot; resulta  de nuevo inevitable, dado que tanto la ideolog&iacute;a, como los estereotipos  y los valores de los se&ntilde;ores, s&oacute;lo tienen importancia si se llegan a materializar  mediante el lenguaje. Derrida acusa al lenguaje como un forzador de la realidad,  dado que la violenta. Por mucho que se quiera, cualquier interpretaci&oacute;n de la  realidad no dejar&aacute; de mutilarla y tanto m&aacute;s sangrante resultar&aacute;  el asunto cuanto m&aacute;s exacto se quiera ser en una interpretaci&oacute;n que intente apresar los  fen&oacute;menos en una definici&oacute;n... lapidaria... estereotipante. Resumiendo  mucho podr&iacute;amos expresar de forma coloquial la siguiente aseveraci&oacute;n: para que la  enfermer&iacute;a profesional sea un hecho, la enfermer&iacute;a dom&eacute;stica  tiene que morir... o al menos se deben diferenciar de forma suficientemente n&iacute;tida hasta el punto  que, cada una dentro de sus respectivas lindes, resulten del todo inconfundibles.      <br>    <br>Este proceso de concienciaci&oacute;n -todo  lo rese&ntilde;ado forma parte del mismo- incluye, asimismo, asumir los riesgos  propios de la din&aacute;mica hist&oacute;rica, la dial&eacute;ctica y los procesos de cambio que llevan aparejados una alta  cuota de conflictividad debido a la disparidad de intereses entre individuos  y grupos sociales, &eacute;tnicos, culturales y profesionales. El papel dom&eacute;stico  de la mujer en el hogar y las labores sociosanitarias desempe&ntilde;adas tradicionalmente  por el colectivo femenino sin rebasar el umbral de la vida cotidiana se ha mantenido,  en lo esencial, pr&aacute;cticamente estable durante siglos. La concienciaci&oacute;n  de la mujer respecto a las opciones de cambio de esta situaci&oacute;n &quot;cr&oacute;nica&quot;  (perdurable en el tiempo) ha constituido un requisito preliminar a cualquier  tipo de pretensi&oacute;n o deseo de transformaci&oacute;n significativa de sus vidas.  He aqu&iacute; donde, seg&uacute;n la perspectiva dial&eacute;ctica y las categor&iacute;as  ontol&oacute;gicas hegelianas, se deber&iacute;a producir la negaci&oacute;n del &quot;ser en s&iacute;&quot;  (enquistado en los l&iacute;mites de las tareas ancestrales: parto, lactancia,  crianza, cuidados, etc), para poder elaborar un nuevo mundo hist&oacute;rico en el que la mujer pueda &quot;ser  para s&iacute;&quot; (atravesando los l&iacute;mites impuestos por la categor&iacute;a  anterior mediante la asunci&oacute;n de una perspectiva libre de atavismos ideol&oacute;gicos). Adoptando, de  nuevo, un enfoque transversal, se podr&iacute;a equiparar la negatividad con  la muerte de lo preexistente, lo que puede interpretarse como una cierta capacidad de deconstrucci&oacute;n  (Derrida, 1998), que a su vez est&aacute; re&ntilde;ido con la alienaci&oacute;n  que producen los adoctrinamientos ideol&oacute;gicos.     <br>    <br>Sin duda las grandes gestas de las mujeres  que han realizado sus labores como enfermeras en diferentes conflictos b&eacute;licos  (Kalish, 1981; 1995) ha contribuido a la obtenci&oacute;n de un reconocimiento expreso por parte  de la sociedad que ha llegado a las masas a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n:  Florencia Nightingale, Edith Cavell (Kalish, 1981, 1995) y especialmente  el cine (Level, 1973; Siles, 1998) han ayudado a difundir. Las heroicidades  de algunas mujeres enfermeras supusieron un pilar para que la sociedad se cuestionara  si realmente esas mujeres serv&iacute;an para algo m&aacute;s que para aquello  que la tradici&oacute;n, los valores y las creencias -en una sociedad patriarcal-  les ten&iacute;a reservado.</p>     <p><font face="Arial">S&iacute;ntesis versus totalidad: evoluci&oacute;n de la mujer y la enfermera  en una sociedad en transici&oacute;n.</font> Aunque todav&iacute;a no existen las condiciones  hist&oacute;ricas que permitan se&ntilde;alar que se ha culminado el proceso dial&eacute;ctico,  podr&iacute;a se&ntilde;alarse un hipot&eacute;tico final cuando se llegara  a producir el resultado de una doble s&iacute;ntesis:    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br>-S&iacute;ntesis mujer &quot;ser en s&iacute;&quot;  (ausencia de conciencia cr&iacute;tica y de cambios hist&oacute;ricos) -mujer  &quot;ser para s&iacute;&quot; (construcci&oacute;n conciencia cr&iacute;tica  y deseo de cambios hist&oacute;ricos).    <br>    <br>-S&iacute;ntesis dom&eacute;stico (cuidadora  vida cotidiana) -profesional (cualificaci&oacute;n cient&iacute;fica de los  cuidados).    <br>    <br>En todo proceso dial&eacute;ctico, a pesar  de los cambios, siempre quedan reliquias que, en el paisaje incluso despu&eacute;s  de la batalla dial&eacute;ctica (en la que a&uacute;n estamos inmersos), destacan como rescoldos que se resisten a apagarse  definitivamente: como el caso de la vocaci&oacute;n de la cuidadora de g&eacute;nero  en cuya identidad se siguen confundiendo la dimensi&oacute;n maternal con todo lo  que tenga que ver con los cuidados, o el no menos manido estereotipo de la cuidadora  religiosa. He aqu&iacute; el poder de las palabras y la enorme resistencia  al cambio de sus significados (Foucault, 1981). Las palabras &quot;mujer&quot;  y &quot;enfermera&quot; hacen referencia a dos situaciones tan ficticias como legitimas, dado que  han sido sancionadas por la sociedad patriarcal y que alejan a ambas  de la percepci&oacute;n de sus aut&eacute;nticas realidades (las expectativas:  realidades potenciales). Todo ello provoca que &quot;mujeres&quot; y &quot;enfermeras&quot;  se mantengan dentro de los l&iacute;mites marcados por la sociedad para el genero al que pertenecen.  Pero lo m&aacute;s problem&aacute;tico se plantea cuando son las propias mujeres  y enfermeras las que, tal como se&ntilde;ala Kojeve, tienden a plegar su pensamiento a  estos estereotipos institucionalizados manteni&eacute;ndose ellas mismas en  la creencia de que su situaci&oacute;n es la natural de sus seres (adopci&oacute;n del estatuto  de esclavos sumidos en una sociedad supuesta y atemporal). Para salir de ese  estatismo es preciso la toma de conciencia cr&iacute;tica (reflexi&oacute;n  o puesta en cuesti&oacute;n de la situaci&oacute;n de esclavo) que se inici&oacute;  a finales del siglo XIX con la alianza entre el feminismo incipiente y las trabajadoras que necesitaban  dignificar las escasas actividades laborales a su alcance (entre los que destacaba  la enfermer&iacute;a). Este fue el inicio del proceso dial&eacute;ctico en  el que se halla inmersa la enfermer&iacute;a. El objetivo de negar su identidad  anterior provocando la muerte o deconstrucci&oacute;n del estatuto de esclavo y el significado de  palabras coercitivas cargadas de valores negativos desde la perspectiva de g&eacute;nero  que siguen recalcitrantes ejerciendo de yugo ling&uuml;&iacute;stico e ideol&oacute;gico,  s&oacute;lo podr&aacute; alcanzarse mediante el pensamiento cr&iacute;tico y  la acci&oacute;n creativa. Esta combinaci&oacute;n puede contribuir a la emergencia de nuevos horizontes  de libertad y expectativas de integraci&oacute;n social, educativa, pol&iacute;tica  y profesional de esa doble identidad tan estrechamente vinculada por la historia: mujer y enfermera.  Sin duda la evoluci&oacute;n de la coexistencia de una enfermer&iacute;a vocacional  ligada al g&eacute;nero con una enfermer&iacute;a profesional y cient&iacute;fica  ha sido, a la vez y parad&oacute;jicamente, una fuente de conflictos y de enriquecimiento;  pero tal vez ha llegado el momento de marcar definitivamente los l&iacute;mites entre una  y otra. Sin embargo, mientras todo esto ocurra, hay que reconocer que la parte  m&aacute;s delicada de este proceso de lucha dial&eacute;ctica la constituye la lucha  interna, la guerra civil de mujeres contra mujeres y enfermeras contra enfermeras  que siguen sin llegar a consensuar aspectos esenciales y b&aacute;sicos para  alcanzar una s&iacute;ntesis de lo que deber&iacute;a ser la enfermer&iacute;a  y del papel de la mujer en la sociedad. Dicho de otro modo, hasta que la mujer no alcance su pleno desarrollo  en la sociedad, y aun considerando la enorme amplitud de factores interrelacionados y la complejidad del tema, la enfermer&iacute;a seguir&aacute;  esperando que llegue su momento.</p>     <p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     <p>Castro, A (sin a&ntilde;o). Kojeve: el deseo  en la posthistoria. Disponible en <a href="http://www.descartes.org.ar/etexts-castro.htm" target="_blank"> http://www.descartes.org.ar/etexts-castro.htm</a>  &#091;Consultado el 27.09.2005&#093;.    <br>    <br>Derrida, J (1998). De la gramatolog&iacute;a.  Siglo XXI, M&eacute;xico.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br>Foucault, M (1981). Un di&aacute;logo sobre  el poder y otras conversaciones, Madrid, Alianza.     <br>    <br>Fukuyama, F (1992). The End of History and  the Last Man. Penguin, Harmondsworth.     <br>    <br>Heidegger, M (2000). El ser y el tiempo. Fondo  de Cultura Econ&oacute;mica, Madrid.    <br>    <br>Kalisch P, et al (1981). When nurses were national  heroines: images of nursing in american film 1942-1945. Nurs For; 20(1): 15-61.    <br>    <br>Kalisch P, et al (1995). Nurses under fire:  The world War II experiences of nurses on Bataan and Corregidor. Nurs Res; 44(5):  260-271.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br>Kojeve, A (1994). La idea de la muerte en Hegel.  Leviat&aacute;n, Buenos Aires.    <br>    <br>- (2000). Outline of a Phenomenology of Right.  Rowman &amp; Littlefield, London.    <br>    <br>Lebel JP (1973). Cine e ideolog&iacute;a. Ed.  Granica, Buenos Aires.    <br>    <br>Linage, A (1999). En torno a las enfermeras  de la Guerra Civil. H&iacute;ades. IV(5-6):169-187.    <br><font face="Times New Roman">    <br>Siles, J (1996). Enfermer&iacute;a y conflictos  b&eacute;licos: una historia por hacer. Index Enferm. V(15):7-8.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br>Siles, J (1998). La enfermer&iacute;a en el  cine: imagen durante la guerra civil espa&ntilde;ola. ROL Enferm. XXI(244):25-31.      <br>    <br>Stevens SY (1994). Aviation pioneers: World  War II air evacuation nurses. Image J Nurs Sch; 26(2): 95-99. </font></p>      ]]></body>
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