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<institution><![CDATA[,Hospital Duran i Reynals (I.C.O.)  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>DIARIO DE CAMPO</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font face="Verdana" size="4"><a name="top"></a>El reingreso</font></b></p>     <p><b><font face="Verdana" size="4">The re-enter process</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Daniel Toro P&eacute;rez</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Diplomado en Enfermer&iacute;a, Hospital Duran i Reynals (I.C.O.), Hospitalet,  Barcelona, Espa&ntilde;a</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#back">Dirección para correspondencia</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">Cuando mi compa&ntilde;era del turno de la ma&ntilde;ana pronunci&oacute;  su nombre mi coraz&oacute;n se aceler&oacute;. Ya me advert&iacute;a de que  lo conoc&iacute;a, como si supiera y entendiera lo que eso me iba a suponer.  Como en otras ocasiones en las que el paciente era conocido dijo su nombre y  apellidos, intentando as&iacute; que la imagen de su rostro apareciera en mi  mente. Y as&iacute; fue.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2">R&aacute;pidamente record&eacute; su cara y la de su esposa. Record&eacute;  su sonrisa maliciosa tras esos c&iacute;nicos chistes que sol&iacute;an enmascarar  la preocupaci&oacute;n que ten&iacute;a la enfermedad terminal que padec&iacute;a.  Record&eacute; la multitud de ingresos que hab&iacute;a tenido por las complicaciones  del tratamiento: fiebres, mucositis, diarreas; incluso alguna vez ingres&oacute;  &uacute;nicamente para el tratamiento en s&iacute;. Un se&ntilde;or aut&oacute;nomo,  lleno de vida y, sobretodo, queriendo llenar toda la vida que le quedase. Como  se suele decir &quot;el roce hace el cari&ntilde;o&quot;, as&iacute; que ese deb&iacute;a  ser uno de los motivos por los que sent&iacute;a &quot;algo especial&quot; por ese paciente  y su familia. Ser&iacute;a su actitud colaboradora, o sus ganas de vivir que  te contagiaban, o su humor negro que tanto se parec&iacute;a al m&iacute;o,  o. no lo s&eacute;. Lo que fuera hab&iacute;a hecho que ese fuera uno de los  pacientes &quot;que te llegan&quot; m&aacute;s que otros, algo que nos ocurre a todos  los profesionales de la salud. No es favoritismo ni nada de eso, si no que hay  gente con la que conectas m&aacute;s que con otra. Y este se&ntilde;or era uno  de ellos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Y claro que mi coraz&oacute;n lat&iacute;a r&aacute;pidamente: &eacute;ste  no era un reingreso cualquiera. Mientras escuchaba el <i>parte</i> de la compa&ntilde;era  s&oacute;lo pod&iacute;a relacionar aquellas palabras a un pron&oacute;stico  infausto. &quot;Desorientado, caqu&eacute;ctico, astenia severa, incontinencia de  esf&iacute;nteres, disnea, dolor inespec&iacute;fico.&quot; se entrelazaban en mi  cabeza. Una a una quiz&aacute;s no dec&iacute;an nada en espec&iacute;fico,  pero todas juntas unidas al ya de por s&iacute; grave diagn&oacute;stico que  ten&iacute;a no hac&iacute;a presagiar nada bueno. Tantas otras veces hab&iacute;a  ocurrido lo mismo: ser observador de primera de c&oacute;mo esa enfermedad avanza  de un d&iacute;a para otro de forma galopante en nuestros pacientes.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Todo el impacto de saber de su reingreso iba unido al miedo de ser su enfermero  responsable. ¿El porqu&eacute;? Seguramente miedo a no poder mantener  esa muralla que nos creamos para que no se desaten esas emociones que todos  llevamos dentro y no queremos que nos desborden. Esa idea de que la profesionalidad  no va junto a una l&aacute;grima o muestra de afecto no la comparto. El no querer  que te afecten esas situaciones &quot;m&aacute;s de la cuenta&quot; es algo inconsciente  a cada uno de nosotros. Pero trabajando d&iacute;a a d&iacute;a con enfermos  oncol&oacute;gicos eso es dif&iacute;cil. Por lo que (y tampoco ten&iacute;a  otra opci&oacute;n) mantendr&iacute;a el tipo mientras pudiera, cuidando, como  siempre, al cien por cien a este enfermo y a su cuidadora.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Y segu&iacute; con mi rutina habitual. Salud&eacute; al resto de compa&ntilde;eros,  quiz&aacute;s de una forma m&aacute;s fr&iacute;a de lo normal. &nbsp;En aquel  &quot;control de enfermer&iacute;a&quot; &eacute;ramos unas siete personas, pero yo ten&iacute;a  la sensaci&oacute;n que estaba fuera de all&iacute;. O&iacute;a las conversaciones,  pero no las escuchaba. Prepar&eacute; la medicaci&oacute;n de la tarde. Pon&iacute;a  cada pastilla en su vaso, revis&aacute;ndolo minuciosamente, ya que sab&iacute;a  que mi mente estaba dispersa pensando en ese paciente y en c&oacute;mo me lo  encontrar&iacute;a. &quot;¿Qu&eacute; le digo a su esposa?&quot; y otras preguntas  retumbaban en mi cabeza.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Fui al pasillo donde estaban las habitaciones que ten&iacute;a a mi cargo.  Era una tarde de septiembre, soleada, y esos rayos luminosos entraban por el  ventanal alumbrando todas las paredes blancas. El estaba en la &uacute;ltima  habitaci&oacute;n a la derecha, precisamente a la que deb&iacute;a dar m&aacute;s  el sol. Curiosamente en esos momentos a m&iacute; me parec&iacute;a la m&aacute;s  gris y fr&iacute;a del pasillo, y eso que seguramente habr&iacute;a otros enfermos  en la misma o peor situaci&oacute;n que &eacute;l en aquel pasillo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Repart&iacute; la medicaci&oacute;n. Salud&eacute; a los pacientes ya conocidos  y me present&eacute; a los reci&eacute;n llegados. Era algo que intentaba hacer  siempre, pudiendo as&iacute; evaluar el cambio de un d&iacute;a para otro de  los enfermos y tener una r&aacute;pida y amplia visi&oacute;n de los pacientes  que no conoc&iacute;a. Pero ni esta tarea consigui&oacute; distraerme lo suficiente  como para quitarme de la cabeza el paciente de la habitaci&oacute;n del fondo  a la derecha.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De forma casi excepcional estaba siendo un comienzo de turno tranquilo, sin  las prisas habituales de las altas y los nuevos ingresos, por lo que el momento  de entrar en aquella habitaci&oacute;n hab&iacute;a llegado. Mi coraz&oacute;n  volvi&oacute; a acelerarse. Piqu&eacute; a la puerta, era algo que hac&iacute;a  siempre, supongo que porque me indignaba que en mi casa entraran en el lavabo  sin antes picar. Y entr&eacute;. Era una habitaci&oacute;n individual, aunque  el espacio podr&iacute;a ser para dos camas. La habitaci&oacute;n estaba iluminada,  con la persiana levantada hasta arriba, pero notaba fr&iacute;o en ella. La  cama quedaba a lo lejos, cerca de la ventana. Su esposa estaba sentada en el  sill&oacute;n frente a su marido, dando la espalda a la puerta. Ten&iacute;a  cogida su mano entre los barrotes de la barandilla sobre la cama. Mir&eacute;  a la esposa, se gir&oacute; hacia m&iacute; y me salud&oacute; cordialmente  con la mirada, conteniendo las l&aacute;grimas en esos ojos hinchados y ojerosos,  pero siempre manteniendo esa leve sonrisa. En muchas ocasiones el humor de &eacute;l  era para protegerla a ella. No quer&iacute;a que ella lo viera flaquear, no  quer&iacute;a que ella sufriera y por eso &eacute;l iba a luchar todo lo posible,  sin reconocer el miedo que a su vez aquella situaci&oacute;n le daba. Ella no  ten&iacute;a el mismo sentido del humor c&iacute;nico que &eacute;l, incluso  alguna vez se escandaliz&oacute; de las <i>burradas</i> que nos dec&iacute;a su marido.  Otras tantas veces re&iacute;a sus chistes, para luego salir de la habitaci&oacute;n  con alg&uacute;n pretexto y desahogarse en medio de l&aacute;grimas con nosotros.  Sab&iacute;a que esto iba a ocurrir, pero uno nunca est&aacute; preparado para  ello. Toqu&eacute; su brazo con mi mano, intentando transmitir mi afecto y apoyo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Di un paso hacia delante y llegu&eacute; frente a &eacute;l. Me apoy&eacute;  en la barandilla de protecci&oacute;n y lo mir&eacute;. Record&eacute; su aspecto  anterior: rapado pero siempre con su boina &quot;estilo franc&eacute;s&quot; como &eacute;l  dec&iacute;a. Ahora hab&iacute;a cambiado mucho: sin su boina se le ve&iacute;a  su calva, hab&iacute;a perdido peso que acentuaba las arrugas de su cara, se  le marcaban las facciones de forma exagerada; su piel ten&iacute;a un tono amarillento  y se pod&iacute;a vislumbrar el pa&ntilde;al por debajo del camis&oacute;n del  hospital. Lo llam&eacute; por su nombre. Entonces abri&oacute; los ojos. Me  mir&oacute;. Segu&iacute;a teniendo esos ojos negro oscuro que expresaban mucho  m&aacute;s que su propia cara. Sonri&oacute;. Era su sonrisa maliciosa que otras  veces hab&iacute;a visto. Mencion&oacute; mi nombre y me acerc&oacute; su mano.  Eso era lo que m&aacute;s tem&iacute;a, lo que hac&iacute;a que mi muralla fuera  cayendo. Pero no me importaba, ya hab&iacute;a pasado otras veces. Not&eacute;  como mis ojos se humedec&iacute;an, pero respir&eacute; hondo y apret&eacute;  su mano, intentando dejar clara mi presencia sin decir nada. Mi coraz&oacute;n  se tranquiliz&oacute;. Fueran o no sus &uacute;ltimos d&iacute;as, mi labor  iba a ser que fueran lo m&aacute;s confortables posible, como tantas otras veces.  Su iron&iacute;a segu&iacute;a estando en aquella mirada, que a la vez nos daba  las gracias por estar siempre ah&iacute;.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b><a href="#top"><img border="0" src="/img/revistas/index/v15n54/seta.gif" width="15" height="17"></a> <a name="back"></a>Dirección para correspondencia:    <br> </b> Ctra. Espluges, 43 1&ordm;-3ª    <br> Cornell&aacute; 08940 Barcelona, Espa&ntilde;a<a href="mailto:%0d%0adanieltoroperez@hotmail.com">    <br> danieltoroperez@hotmail.com</a></font></p>      ]]></body>
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