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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana" size="2"><b><a name="top"></a>MISCEL&Aacute;NEA</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>CARTAS AL DIRECTOR</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>Lesiones por humedad</b></font></p>     <p><b><font face="Verdana" size="4">Moisture lesions</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#bajo">Dirección para correspondencia</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Sr. Director:  </font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Se define el riesgo de deterioro de la integridad cut&aacute;nea como la posibilidad de que la piel se vea negativamente afectada por diversos factores, como pueden ser la presi&oacute;n, la cizalla o la humedad.<sup>1</sup> Buena parte de las escalas que se utilizan para objetivar este riesgo (Norton, Braden, EMINA, etc.) incluyen estas variables; y, entre ellas, a la humedad como un factor adyuvante y/o precipitante.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ciertamente, la humedad aparece &iacute;ntimamente relacionada con determinadas heridas y con la lesi&oacute;n de la piel, debido a condiciones como la incontinencia urinaria, la incontinencia fecal, el d&eacute;bito de heridas adyacentes o, incluso, al uso inadecuado de pomadas por parte de cuidadores o de profesionales (l&eacute;ase yatrogenia). Y en numerosas ocasiones, aunque sea inadvertido, la humedad se convierte en el principal mecanismo lesivo. De hecho, diversos autores postulan una serie de caracter&iacute;sticas cl&iacute;nicas que pueden definir una lesi&oacute;n por humedad con respecto a cualquier otra, en particular de las &uacute;lceras por presi&oacute;n en sus primeros estadios, que resultan de las m&aacute;s complejas de diferenciar. Entre otros signos y caracter&iacute;sticas cl&iacute;nicas de las lesiones por humedad, se han se&ntilde;alado aquellas heridas poco profundas, en las que destaca la p&eacute;rdida de las capas m&aacute;s superficiales de la piel, que se sit&uacute;an en zonas en las que concurre normalmente un exceso de humedad, y no sobre prominencias &oacute;seas, aunque puedan aparecer tambi&eacute;n en dichos puntos. Es com&uacute;n que los bordes sean irregulares, apareciendo frecuentemente m&aacute;s de una herida cercana, y suelen estar acompa&ntilde;adas de la maceraci&oacute;n de la piel adyacente, o de un eritema que se objetiva como blanqueable a la presi&oacute;n digital, y que en muchas ocasiones se distribuye a ambos lados de un pliegue cut&aacute;neo, simulando una &quot;lesi&oacute;n en espejo&quot;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En cambio, suele considerarse la presi&oacute;n como causa principal si se aprecia necrosis (la humedad no produce tal situaci&oacute;n, por lo que nos encontrar&iacute;amos antes una &uacute;lcera por presi&oacute;n de grado III o IV);<sup>2,3</sup> y es m&aacute;s que probable si un eritema no es blanqueable a la presi&oacute;n digital (&uacute;lcera por presi&oacute;n de grado I).<sup>2,3</sup> Y esta diferenciaci&oacute;n en cuanto a la cl&iacute;nica, tambi&eacute;n se produce con respecto al tratamiento. Y por ello, en el manejo del deterioro de la integridad cut&aacute;nea, igual que al detectarse un exceso de presi&oacute;n como etiolog&iacute;a de una herida, la primera intervenci&oacute;n enfermera (dentro de un plan de cuidados establecido) ser&aacute; la de procurar el manejo de las presiones (antes de pensar en un ap&oacute;sito u otro, que ser&iacute;a lo menos importante, aunque muchas veces oigamos ¿a esta herida qu&eacute; puedo ponerle?); cuando se identificara una lesi&oacute;n motivada por un exceso de humedad, los primeros cuidados deber&iacute;an estar encaminados a revertir esa situaci&oacute;n, y mantener la piel limpia y seca.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero, en numerosas ocasiones, esto no es as&iacute;, porque no se valora correctamente la situaci&oacute;n o porque no se establecen las medidas terap&eacute;uticas m&aacute;s oportunas. Y as&iacute;, una piel que se encuentra expuesta a un exceso de humedad (por motivos ya comentados tales como las incontinencias, o la piel perilesional de una herida con un volumen de exudado de moderado a abundante), es sometida al uso de pomadas para su tratamiento que propician un aumento de la carga global de humedad en la zona, con el consiguiente aumento del riesgo de lesi&oacute;n. Es m&aacute;s, en ciertas oportunidades su uso, que no es siquiera sometido a una evaluaci&oacute;n cuidadosa de su beneficio-riesgo, resulta adem&aacute;s desproporcionado y muy abundante.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Esta situaci&oacute;n deja claro, en primer lugar, que no se considera suficientemente que la efectividad de estos f&aacute;rmacos no va en relaci&oacute;n con la cantidad de pomada (es decir, la dosis); y que como cualquier otro medicamento, tambi&eacute;n pueden presentar efectos adversos, como el da&ntilde;o de la piel por el exceso de humedad que tratamos de exponer. Propongamos un ejemplo que se usa con los cuidadores. Al preguntarles qu&eacute; le ocurrir&iacute;a a la piel de su mano si la sumergi&eacute;ramos durante 24 horas en un recipiente con agua, suelen responder que se da&ntilde;ar&iacute;a, obviamente. Y si hici&eacute;ramos la misma pregunta, pero metiendo la mano en otro recipiente lleno de pomada (incluso utilizando las que ellos consideran como &quot;mejores&quot;, como las indicadas para &quot;beb&eacute;s&quot;, o alguna &quot;muy buena para las quemaduras&quot;), la piel de la citada mano tambi&eacute;n se da&ntilde;ar&iacute;a, inevitablemente. Por tanto, y sin lugar a dudas, siguiendo el mismo ejemplo, cuando valoramos una zona donde la piel est&aacute; en contacto mantenido, durante muchas horas, con un exceso de humedad (sea provocada por el d&eacute;bito de una herida, por alg&uacute;n tipo de incontinencia, por una gran cantidad de pomada, por la traspiraci&oacute;n, etc.) podemos afirmar que tiene un riesgo elevado de verse negativamente afectada, de da&ntilde;arse. Y la aplicaci&oacute;n de una pomada puede aumentar ese riesgo, que s&oacute;lo ser&iacute;a entendido si el posible beneficio es mayor (aunque rara es la vez en la que el provecho superar&iacute;a claramente al perjuicio).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como ejemplos frecuentes de lesiones por humedad podemos citar la irritaci&oacute;n o eritema del pliegue inguinal, del pliegue gl&uacute;teo, o de la zona perianal, que en ocasiones adquiere una distribuci&oacute;n &quot;en pa&ntilde;al&quot; (tanto en reci&eacute;n nacidos como en personas de avanzada edad); o la piel adyacente a una herida (perilesional) macerada por un drenado de moderado a abundante; y otros, como la irritaci&oacute;n del pliegue mamario por la acumulaci&oacute;n de humedad debida a la transpiraci&oacute;n y/o la fricci&oacute;n. Por dicho motivo, se insiste en que la irritaci&oacute;n, los da&ntilde;os en la piel y las heridas motivadas por un exceso de humedad deben ser tratadas primero eliminando la causa. Es decir, limpiando la piel seg&uacute;n se necesite con agua y jabones neutros, y sec&aacute;ndola minuciosamente. Y valorar detenidamente la necesidad y el beneficio-riesgo de aplicar una determinada pomada, sea cual sea &eacute;sta. Y en caso de ser necesarias, utilizar en su justa medida, pues poner m&aacute;s cantidad de la cuenta no ayuda a curar antes, todo lo contrario.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">De hecho, hasta los fabricantes recomiendan un uso moderado de las mismas, extendiendo bien poca cantidad, hasta que queda una capa muy fina, una pel&iacute;cula que haga brillar la piel pero sin que queden restos aparentes de las mismas. Adem&aacute;s, las heridas exudativas hacen que las pomadas se diluyan y se arrastren a zonas sanas, a parches etc. Por lo que su uso y su acci&oacute;n son a&uacute;n m&aacute;s controvertidos si cabe si no est&aacute;n en el lecho de la herida.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Como conclusi&oacute;n, cabe destacar que se hace muy necesaria la educaci&oacute;n sanitaria al paciente y/o a la familia para los autocuidados de la piel y de estas lesiones. Por este motivo, se ense&ntilde;a la importancia de una higiene correcta, instruyendo en el cambio de pa&ntilde;al cada vez que sea necesario, la limpieza de la piel con agua y un jab&oacute;n neutro, aclarado y un minucioso secado de toda la piel, prestando especial atenci&oacute;n a zonas donde puede quedar acumulada m&aacute;s humedad (como zonas interdigitales o los pliegues corporales). As&iacute; mismo, si fuese necesario, entre otras medidas, se recomienda el uso gasas entre los pliegues cut&aacute;neos, o entre los dedos de los pies, para disminuir la fricci&oacute;n mec&aacute;nica y absorber la humedad existente, resultante por ejemplo de la transpiraci&oacute;n; y tambi&eacute;n, propiciar un ambiente fresco, que evite una sudoraci&oacute;n excesiva, particularmente importante en meses c&aacute;lidos. Una recomendaci&oacute;n muy frecuente es tambi&eacute;n, para el cuidado de la piel, la aplicaci&oacute;n de cremas hidratantes, que debe hacerse seg&uacute;n estas mismas indicaciones, sobre la piel limpia y seca en poca cantidad, repitiendo cada vez que sea necesario, e insistiendo en no usar nunca en ning&uacute;n pliegue (interdigital, intergl&uacute;teo, inguinal, etc.) pues en esas zonas tiende a acumularse, irritar la piel, favorecer la aparici&oacute;n de micosis, grietas, heridas, entre otros.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Y adem&aacute;s, junto a estas medidas generales, se deben considerar toda la serie de intervenciones y actividades enfermeras incluidas en el plan de cuidados que se debe desarrollar con cada paciente, de forma individual, atendiendo a la valoraci&oacute;n realizada con cada uno de ellos. Y por &uacute;ltimo, tambi&eacute;n resulta imprescindible rese&ntilde;ar que ninguna pomada es inocua, y que debe valorarse detenidamente su beneficio-riesgo, ense&ntilde;ando a aplicarla s&oacute;lo cuando sea estrictamente necesaria y en su justa medida, porque m&aacute;s cantidad no cura antes; y en cambio, s&iacute; puede da&ntilde;ar la piel de nuestro paciente.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><b>Marco Antonio Zapata Sampedro<sup>1</sup>, Laura Castro Varela<sup>2</sup>, Rosario Pizarro Garc&iacute;a<sup>2</sup></b><sup>    <br> 1</sup>Diplomado Universitario en Enfermer&iacute;a. Centro de salud Pol&iacute;gono Norte. Distrito Sanitario de Atenci&oacute;n Primaria, Sevilla, Espa&ntilde;a.    <br><sup>2</sup>Diplomada Universitaria en Enfermer&iacute;a. Centre Hospitalier Intercommunal Robert Ballanger, Aulnay sous Bois. Par&iacute;s, Francia</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Luis Rodrigo MT. Los diagn&oacute;sticos enfermeros. Revisi&oacute;n cr&iacute;tica y gu&iacute;a pr&aacute;ctica. Ed. Masson. 2<sup>a</sup> edici&oacute;n. Barcelona, 2002.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2682201&pid=S1132-1296200900030001600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Defloor T, Schoonhoven L, Fletcher J, Furtado K, Heyman H, Lubbers M, et al. Pressure Ulcer Classification: Differentiation Between Pressure Ulcers and Moisture Lesions. Statement of the European Pressure Ulcer Advisory Panel. J Wound Ostomy Continence Nurs 2005; 32(5):302-6. Disponible en: <a target="_blank" href="http://epuap.com/review6_3/page6.html">http://epuap.com/review6_3/page6.html</a> &#091;Acceso 08 Nov 2007&#093;.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2682202&pid=S1132-1296200900030001600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Garc&iacute;a Fern&aacute;ndez FP, Ibars Moncasi P, Mart&iacute;nez Cuervo F, Perdomo P&eacute;rez E, Rodr&iacute;guez Palma M, Rueda L&oacute;pez J, et al. Incontinencia y &Uacute;lceras por Presi&oacute;n. Serie Documentos T&eacute;cnicos GNEAUPP n<sup>o</sup> 10. Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en &Uacute;lceras por Presi&oacute;n y Heridas Cr&oacute;nicas. Madrid. 2006. Disponible en: <a target="_blank" href="http://www.gneaupp.org/docs/doc_10_gneaupp.pdf">http://www.gneaupp.org/docs/doc_10_gneaupp.pdf</a> &#091;Acceso 17 Dic 2007&#093;.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2682203&pid=S1132-1296200900030001600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b><a href="#top"> <img border="0" src="/img/revistas/index/v18n3/seta.gif" width="15" height="17"></a><a name="bajo"></a>Dirección para correspondencia:</b>    <br>Marco A. Zapata Sanpedro.    <br>C/ Antonio Buero Vallejo 3-1<sup>o</sup>D, 41009 Sevilla, Espa&ntilde;a    <br> <a href="mailto:in.ictv.ocvli@gmail.com">in.ictv.ocvli@gmail.com</a></font></p>      ]]></body><back>
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