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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Instrumentos de evaluación del dolor en pacientes pediátricos: una revisión (2ª parte)]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Miguel Hernández Centro de Psicología Aplicada ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font size=5><b>REVISIÓN</b></font></p> <hr color="#000000">      <p>&nbsp;</p>      <p><font size=5><b><i>Instrumentos de evaluaci&oacute;n del dolor en pacientes pedi&aacute;tricos: una revisi&oacute;n (2ª parte)</i></b></font></p>     <p><i>Mª. J. Quiles<sup>1,2</sup>, C. J. van-der Hofstadt<sup>1,2</sup> e Y. Quiles<sup>2</sup></i></p> <hr color="#000000" size="1"> <hr color="#000000" size="1"> <table border="0" width="48%"> <tr> <td width="48%" valign="top"><font face="Arial" size="2">Quiles MJ, van-der Hofstadt C J, Quiles Y. Pain assessment tools in pediatric patients: a review (2<sup>nd</sup>part). Rev Soc Esp Dolor 2004; 11: 360-369.</font>     <p>&nbsp;</td> </tr> </table> <hr color="#000000" size="1"> <hr color="#000000" size="1">     <p><font size="2">Este trabajo es una continuación del trabajo publicado en el vol. 10, nº 2, pág 94, año 2003, en el que se acaban de exponer los instrumentos para evaluar el&nbsp;dolor en los pacientes pediátricos.</font></p>     <p><font size="2"><sup>1</sup>Departamento de Psicología de la Salud.    <br> <sup>2</sup>Centro de Psicología Aplicada    <br> Universidad Miguel Hernández. Elche, Alicante.</font></p>     <p><font face="Arial" size="2"><i>Recibido</i>: 10-09-02.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <i>Aceptado</i>: 14-10-02.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>3.3. Medidas psicol&oacute;gicas</b></p>     <p>Permiten acceder al estado subjetivo del paciente con el doble fin de: a) obtener la m&aacute;xima informaci&oacute;n sobre las distintas dimensiones de la percepci&oacute;n del dolor (intensidad, localizaci&oacute;n, duraci&oacute;n, frecuencia); y b) valorar sus cogniciones y reacciones emocionales ante la experiencia dolorosa. Estos aspectos s&oacute;lo pueden ser conocidos a trav&eacute;s de la introspecci&oacute;n, resultando muy dif&iacute;cil hacerlo a partir de las valoraciones de padres o personal sanitario, lo que convierte los autoinformes en instrumentos casi imprescindibles en la evaluaci&oacute;n del dolor. Son ampliamente utilizados en la investigaci&oacute;n y pr&aacute;ctica hospitalaria ya que resultan &uacute;tiles para obtener una r&aacute;pida visi&oacute;n de las dificultades del paciente sobre las que poder indagar posteriormente. Adem&aacute;s, pueden servir como una medida pre/post-tratamiento y como medio de llegar a una descripci&oacute;n "objetiva" de la subjetividad del individuo (60).</p>    <p> El autoinforme infantil es generalmente la medida m&aacute;s fiable y v&aacute;lida del dolor del paciente pedi&aacute;trico (61), siempre que el instrumento utilizado sea apropiado y se adapte a la edad y caracter&iacute;sticas socioculturales del ni&ntilde;o. As&iacute; por ejemplo, las escalas de caras son &uacute;tiles para ni&ntilde;os en edad escolar pero no para ni&ntilde;os de 2 a&ntilde;os (59).</p>    <p> Existen diversos tipos de autoinforme que se adaptan a diferentes necesidades y estados del desarrollo del paciente pedi&aacute;trico. Los m&eacute;todos m&aacute;s comunes son: m&eacute;todos proyectivos, entrevistas, escalas anal&oacute;gicas visuales, autorregistros y cuestionarios. Los tres &uacute;ltimos son los m&aacute;s utilizados por la sencillez del procedimiento y porque se adaptan mejor a la evaluaci&oacute;n r&aacute;pida y fiable tan necesaria en el medio hospitalario. Menor atenci&oacute;n han recibido la entrevista y las pruebas proyectivas.</p>      <p>    <br><i><b>3.3.1. M&eacute;todos proyectivos</b></i></p>     <p>Han sido utilizados para evaluar caracter&iacute;sticas cuantitativas de dolor, as&iacute; como la vivencia del proceso y su repercusi&oacute;n en la vida habitual del ni&ntilde;o (53).</p>    <p> Existen diferentes tipos de m&eacute;todos proyectivos. Uno de los m&aacute;s comunes es la interpretaci&oacute;n de los dibujos del ni&ntilde;o, ya que estos pueden ser una forma de expresi&oacute;n de su dolor. Determinadas caracter&iacute;sticas de los dibujos, como densidad de las l&iacute;neas, n&uacute;mero y tipo de figuras, inclusi&oacute;n de partes del cuerpo (dientes, ojos, miembros, cabeza y genitales) y/o lesiones en las zonas representadas pueden ser un reflejo del estado an&iacute;mico del ni&ntilde;o.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Otro tipo de pruebas se basan en la selecci&oacute;n de colores, dibujos, interpretaci&oacute;n de caricaturas, etc. As&iacute;, por ejemplo, diversas investigaciones han mostrado que el color rojo y negro son los m&aacute;s utilizados para representar el dolor, independientemente de la situaci&oacute;n, edad o sexo del ni&ntilde;o (15,62).</p>      <p>    <br><i><b>3.3.2. Entrevistas estructuradas</b></i></p>     <p>Permiten evaluar de forma completa la experiencia dolorosa, sin centrarse &uacute;nicamente en los aspectos cuantitativos. Un ejemplo de estos instrumentos es &quot;<i>The Pediatric Pain Questionnaire</i>&quot; (63) que consta de las siguientes ocho preguntas relacionadas directamente con el dolor:</p>    <p> 1. Nombra tres cosas que han provocado que sientas dolor.</p>    <p> 2. Rodea las palabras que describen el dolor entre una lista que se le presenta al sujeto.</p>    <p> 3. ¿De qu&eacute; color es el dolor?</p>    <p> 4. Cuando tengo dolor me siento,....</p>    <p> 5. Recuerda el peor dolor que hayas tenido. ¿C&oacute;mo fue? Dime c&oacute;mo te sentiste.</p>    <p> 6. ¿Qu&eacute; te ayuda a sentirte mejor cuando tienes dolor?</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> 7. ¿Qu&eacute; tiene de bueno el dolor?</p>    <p> 8. ¿Sientes dolor ahora?... Si contesta que s&iacute;, se le entrega un dibujo del contorno de una figura humana para que marque la zona donde le duele (<a href="#f1">Fig. 1</a>).</p>     <p align="center"><a name="f1"><img src="/img/revistas/dolor/v11n6/revision1_fig1.gif" width="309" height="292"></a></p>      <p><i>    <br>Se puede utilizar con ni&ntilde;os (63) y con adolescentes (64). Entre sus ventajas destaca que puede ser aplicado de forma individual o colectiva y que se completa en s&oacute;lo 10 &oacute; 15 minutos</i>.</p>      <p>    <br><i><b>3.3.3. Escalas, inventarios y cuestionarios</b></i></p>     <p><i>Escalas de intervalo</i></p>     <p>Permiten que los pacientes infantiles proporcionen informaci&oacute;n directa sobre la gravedad, localizaci&oacute;n, duraci&oacute;n e intensidad del dolor, as&iacute; como conocer la respuesta a los diferentes tratamientos. Sin embargo, plantean la dificultad de establecer intervalos regulares para una experiencia perceptual continua, a lo que se a&ntilde;ade la dificultad cognitiva de los m&aacute;s peque&ntilde;os para comprender la etiquetas (especialmente las verbales) (24).</p>     <p>Al seleccionar una de estas escalas se debe tener en cuenta que los ni&ntilde;os de 5 a 7 a&ntilde;os no tienen capacidad de diferenciar entre ellos mismos y su entorno, su definici&oacute;n de dolor es "algo" o "alguna" cosa. A partir de los 7 a los 10 a&ntilde;os empiezan a diferenciar entre ellos y los otros y definen el dolor como sensaci&oacute;n y a partir de los 11 a&ntilde;os ya existe una clara diferencia entre ellos y los otros, de manera que la palabra que usan hacen referencia a sufrimiento de tipo f&iacute;sico y ps&iacute;quico (15,65,66).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Dentro de las escalas de intervalo se incluyen las escalas num&eacute;ricas y verbales y las anal&oacute;gico-visuales.</p>     <p>1. <i>Escalas num&eacute;ricas y verbales.</i></p>     <p>En estas la intensidad del dolor se grad&uacute;a en intervalos con etiquetas num&eacute;ricas o verbales (de 0 a 5 o de 0 a 10; nada de dolor/dolor ligero/moderado/intenso...). Un ejemplo de este tipo de escalas es <i>The numeric pain scale/"Escala num&eacute;rica del dolor"</i> (67) en la que los ni&ntilde;os eval&uacute;an su dolor en un continuo de 0 a 10, donde 0 es ausencia de dolor y 10 el peor dolor posible (<a href="#f2">Fig. 2</a>).</p>     <p align="center"><a name="f2"><img src="/img/revistas/dolor/v11n6/revision1_fig2.gif" width="311" height="116"></a></p>      <p>    <br>Se han elaborado variaciones de esta escala, por ejemplo utilizando un rango de puntuaci&oacute;n de 0 (nada de dolor) a 7 (dolor extremo) (68). Estas escalas son ampliamente utilizadas en el medio hospitalario, tanto por los investigadores (69-72) como por el personal sanitario de forma rutinaria para el manejo del control del dolor post-quir&uacute;gico (67). Se ha mostrado su fiabilidad y validez como medida de la intensidad del dolor para los ni&ntilde;os en edad escolar (73).</p>     <p>Tambi&eacute;n son muy utilizadas la escalas tipo Likert con cinco puntos o niveles que suelen ir asociados a palabras que sirven para designar el incremento de malestar en cada nivel: nada, poco, medio, bastante y mucho (14). Existe una variedad de estas escalas que es el term&oacute;metro de dolor, normalmente numerada de 0 a 10 donde 0 representa "ausencia de dolor" y 10 "el pero dolor posible". El ni&ntilde;o se&ntilde;ala la intensidad de su dolor coloreando la barra de mercurio del term&oacute;metro (<a href="#f3">Fig. 3</a>). Otro ejemplo es la Escala de valoraci&oacute;n del dolor de los vasos (<i>The Glassess Rating Scale</i>, 17) (<a href="#f4">Fig. 4</a>).</p>     <p align="center"><a name="f3"><img src="/img/revistas/dolor/v11n6/revision1_fig3.gif" width="311" height="304"></a></p>     <p align="center"><a name="f4"><img src="/img/revistas/dolor/v11n6/revision1_fig4.gif" width="314" height="255"></a></p>      <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>2. <i>Escalas anal&oacute;gicas visuales (VAS).</i></p>    <p> Son instrumentos de tipo gr&aacute;fico que utilizan representaciones visuales concretas del <i>continuum</i> de dolor (por ejemplo, rostros felices o tristes, term&oacute;metros de dolor y gamas de colores). Su principal ventaja para su uso con los ni&ntilde;os es que no requiere que estos entiendan los n&uacute;meros o las palabras asociadas al dolor. Estas escalas son instrumentos v&aacute;lidos y fiables para la evaluaci&oacute;n del dolor y la ansiedad en ni&ntilde;os mayores de cuatro a&ntilde;os (75,76).</p>    <p> Existen varios tipos de escalas gr&aacute;ficas que difieren tanto en el formato como en el grado de evaluaci&oacute;n de sus propiedades psicom&eacute;tricas. Las escalas de color se consideran m&aacute;s adecuadas para ni&ntilde;os de 3-4 a&ntilde;os; a partir de esta edad se puede emplear la num&eacute;rica y la anal&oacute;gica. Con los mayores de 13 a&ntilde;os se emplean las escalas num&eacute;ricas, anal&oacute;gicas y verbales (1).</p>     <p>La <a href="#t1">Tabla I</a> (51,69,74,78-85) resume los principales autoinformes gr&aacute;ficos dise&ntilde;ados para evaluar el dolor infantil (aunque tambi&eacute;n se utilizan para la ansiedad).</p>     <p align="center"><a name="t1"><img src="/img/revistas/dolor/v11n6/revision1_tabla1.gif" width="316" height="564"></a></p>      <p>    <br>1. <i>The visual analogue scale</i> (77).</p>     <p>Consiste en una l&iacute;nea de 100 mil&iacute;metros, donde en un extremo aparece " ausencia de dolor" y en el otro "el peor dolor que nunca hayas sufrido". A los ni&ntilde;os se les pide que indiquen su dolor actual poniendo una peque&ntilde;a marca sobre la escala.</p>     <p>Este tipo de escalas ha sido ampliamente usada con adultos. En el caso de los pacientes pedi&aacute;tricos, existe evidencia de que correlacionan de forma significativa con los indicadores conductuales de dolor (78).</p>     <p>2. <i>Anxiety visual analogue scale/"Escala an&aacute;loga visual de la ansiedad"</i> (75).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se trata de una escala gr&aacute;fica de 10 cent&iacute;metros de longitud con los extremos marcados como &quot;<i>muy tranquilo</i>&quot; (0 cm) y &quot;<i>muy nervioso</i>&quot; (10 cm) o con dos caras con expresiones faciales opuestas unidas por una l&iacute;nea sin referencias num&eacute;ricas (75) (<a href="#f5">Fig. 5</a>). Al ni&ntilde;o se le pide que se&ntilde;ale el punto que mejor representa la ansiedad que siente.</p>     <p align="center"><a name="f5"><img src="/img/revistas/dolor/v11n6/revision1_fig5.gif" width="316" height="122"></a></p>      <p>    <br>Esta escala es una modificaci&oacute;n de la t&eacute;cnica descrita por Clarke y Spear (1964) (86) con adultos. Es frecuente en el &aacute;mbito hospitalario por la sencillez y rapidez de la evaluaci&oacute;n (69,79,87-93).</p>    <p> 3. <i>The Eland color tool</i> (El juego de los colores de Eland) (94).</p>    <p> Es una escala de color donde los ni&ntilde;os seleccionan uno de los ocho colores que corresponden con distintas intensidades de dolor, desde nada de dolor hasta el peor dolor posible.</p>    <p> 4. <i>Poker chip tool</i> (PCT) (<i>El juego de las fichas de p&oacute;ker</i>) (81).</p>    <p> Permite a los ni&ntilde;os cuantificar el dolor cuando seleccionan una de las cuatro cartas de p&oacute;quer que se le muestran para indicar su molestia. Constan de cuatro puntos rojos y uno blanco que representan una "cantidad" de dolor: un punto blanco significa ausencia de dolor mientras que los rojos indican presencia de malestar. Para graduar la intensidad del dolor se valora que un punto supone poco dolor y cuatro rojos el mayor dolor que se puede soportar. El ni&ntilde;o ha de seleccionar el color y el n&uacute;mero de fichas que representan el malestar que siente.</p>    <p> Es muy utilizado en la evaluaci&oacute;n del dolor de ni&ntilde;os de 3 a 13 a&ntilde;os (69,87,88,95-97). Este cuestionario tambi&eacute;n ha sido utilizado con padres para cuantificar el dolor de sus hijos (97).</p>    <p> 5. <i>Escalas de dibujos faciales</i>.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Estos autoinformes constan de un cierto n&uacute;mero de caras (normalmente de 5 a 10), con distintas expresiones de malestar graduadas de forma ascendente. Para su uso se pide al paciente que imagine que las caras corresponden a un ni&ntilde;o que padece su misma enfermedad. Posteriormente se le indica que valore su miedo o ansiedad indicando la cara que mejor representa lo que siente en ese momento. La parte posterior es una regla graduada que permite convertir la se&ntilde;al del ni&ntilde;o en datos num&eacute;ricos.</p>    <p> Se han elaborado diversas versiones de este instrumento, variando tanto el n&uacute;mero de caras como el nivel de evaluaci&oacute;n de sus propiedades psicom&eacute;tricas. Ejemplos de estos instrumentos son "la escala de las nueve caras" (85), "la escala de siete caras" (92), "la escala de caras de Wong-Baker" (1) y el "term&oacute;metro del miedo" (93).</p>     <p>La "escala de las nueve caras" (<i>the nine face scale</i>) (85) consta de nueve rostros de los que cuatro representan diversas magnitudes de afecto positivo, cuatro afecto negativo y uno representa una cara neutra (98) (<a href="#f6">Fig. 6</a>).</p>     <p align="center"><a name="f6"><img src="/img/revistas/dolor/v11n6/revision1_fig6.gif" width="615" height="211"></a></p>      <p>    <br>Tras la aplicaci&oacute;n, se asignan valores ordinales a los datos obtenidos. En los estudios previos, se ha asociado un reconocimiento m&eacute;dico con una media de dolor de 2,3 (poco dolor) mientras que la media para una punci&oacute;n lumbar con sedaci&oacute;n es de 80,2 (muy doloroso) (85).</p>    <p> A partir de los cinco a&ntilde;os, los ni&ntilde;os utilizan esta escala con la misma facilidad que una escala visual anal&oacute;gica de 100 cent&iacute;metros de longitud.</p>    <p> Se ha usado para evaluar la ansiedad del paciente infantil y tambi&eacute;n para que las madres eval&uacute;en a sus hijos (40,99).</p>    <p> La "escala de caras" (<i>the faces scale</i>) (92) ha sido desarrollada en un hospital australiano <i>(The Prince of Wales Children's Hospital&rsquo;</i><i>)</i> a partir de los dibujos de los pacientes infantiles hospitalizados. Actualmente, se est&aacute;n realizando diversos estudios sobre sus propiedades psicom&eacute;tricas, obteni&eacute;ndose resultados prometedores. Est&aacute; empezando a ser utilizada en la investigaci&oacute;n aplicada (89,100). En la <a href="#f7"> Figura 7</a> se presenta esta escala.</p>     <p align="center"><a name="f7"><img src="/img/revistas/dolor/v11n6/revision1_fig7.gif" width="615" height="162"></a></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <br>La Escala de Wong-Baker y el term&oacute;metro del miedo son dos ejemplos de escalas faciales (de cinco rostros) utilizadas en los estudios sobre hospitalizaci&oacute;n infantil y en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica.</p>    <p> Tambi&eacute;n dentro de este tipo de escalas se incluye <i>The Oucher</i> (80). Se trata de un autoinforme dise&ntilde;ado para medir la intensidad del dolor de ni&ntilde;os de 3 a 12 a&ntilde;os. Consta de una escala vertical num&eacute;rica (de 0 a 100) y seis fotograf&iacute;as del mismo ni&ntilde;o con diferentes expresiones de dolor en el otro lado, mostrando un malestar creciente desde un semblante tranquilo a una imagen en la que aparece gritando de dolor. Cada cara est&aacute; unida a un n&uacute;mero de la escala de forma que a la expresi&oacute;n del ni&ntilde;o tranquilo le corresponde un cero y a la del ni&ntilde;o que sufre much&iacute;simo dolor un diez. Para determinar qu&eacute; escala se usa con cada ni&ntilde;o se le pide que cuente hasta 100; los pacientes que son capaces de hacerlo usan la escala num&eacute;rica, los dem&aacute;s la fotogr&aacute;fica.</p>    <p> Sus principales ventajas residen en la adecuaci&oacute;n de sus propiedades psicom&eacute;tricas y en que es f&aacute;cil de usar con ni&ntilde;os peque&ntilde;os, por lo que cada vez est&aacute; m&aacute;s presente en las investigaciones sobre evaluaci&oacute;n del dolor (39,40,88), as&iacute; como la adecuaci&oacute;n de sus propiedades psicom&eacute;tricas.    <br></p>     <p><i>Cuestionarios</i></p>     <p>Los cuestionarios pueden ser una fuente de informaci&oacute;n adicional sobre la causa del dolor, las actitudes del ni&ntilde;o, su entendimiento del dolor, el entorno familiar, habilidad verbal para describir y conocer las experiencias anteriores de dolor. Tiene en cuenta el estado de desarrollo de los ni&ntilde;os, valorando la intensidad, sensibilidad, afectividad, cualidad y localizaci&oacute;n (99). A continuaci&oacute;n destacamos algunos de los cuestionarios m&aacute;s utilizados en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica:</p>    <p> 1. <i>The Pain Coping Questionnaire/"Cuestionario de afrontamiento del dolor"</i> (101).</p>    <p> Es una nueva medida de afrontamiento del dolor para ni&ntilde;os y adolescentes, que consta de ocho subescalas (b&uacute;squeda de informaci&oacute;n, soluci&oacute;n de problemas, b&uacute;squeda de apoyo social, auto-instrucciones, distracci&oacute;n comportamental, distracci&oacute;n cognitiva, externalizaci&oacute;n e internalizaci&oacute;n), que a su vez se agrupan en tres factores: acercamiento, evitaci&oacute;n focalizada en el problema y evitaci&oacute;n centrada en la emoci&oacute;n.</p>    <p> La <i>escala de acercamiento</i> mide los intentos de tratar con el dolor y el uso de m&eacute;todos activos para regular los sentimientos en esta situaci&oacute;n. Est&aacute; compuesta de las subescalas de b&uacute;squeda de informaci&oacute;n, soluci&oacute;n de problemas y auto-instrucciones positivas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La <i>escala de evitaci&oacute;n centrada en el problema</i> recoge los intentos de alejarse del dolor, con las subescalas de auto-instrucciones positivas, distracci&oacute;n comportamental y escalas de distracci&oacute;n cognitiva.</p>     <p>La <i>evitaci&oacute;n centrada en la emoci&oacute;n</i> mide estrategias de afrontamiento que permiten la libre expresi&oacute;n de sentimientos, lo que refleja una falta de esfuerzo por graduar los sentimientos cuando hay dolor. Consta de las escalas de externalizaci&oacute;n e internalizaci&oacute;n/catastrofismo.</p>     <p>Puede ser aplicado desde los seis a&ntilde;os hasta la adolescencia, y se completa en s&oacute;lo 15 minutos. Las propiedades psicom&eacute;tricas de la escala completa y de cada uno de los factores son satisfactorias. A pesar de ser una prueba de reciente creaci&oacute;n, ya ha sido utilizada en numerosos estudios con ni&ntilde;os sometidos a cirug&iacute;a de d&iacute;a (100,102), el afrontamiento y control de la medicaci&oacute;n en adolescentes (103), y el estudio sobre la influencia del modelado de los padres en las percepciones y manejo del dolor en los ni&ntilde;os (104).</p>     <p>2. <i>The Adolescent Pediatric Pain Tool (APPT)/"La escala de dolor pedi&aacute;trico en adolescentes"</i> (104).</p>     <p>Esta escala eval&uacute;a la localizaci&oacute;n del dolor, su intensidad y cualidad en ni&ntilde;os de 8 a 17 a&ntilde;os. La puntuaci&oacute;n incluye tres componentes: un dibujo del contorno de cuerpo, una escala de intensidad gr&aacute;fica y un listado de adjetivos de dolor.</p>    <p> La validez y fiabilidad de los tres componentes han sido evaluados por separado (105-107) y juntos (106). Los resultados obtenidos hasta ahora en los estudios realizados para valorar sus propiedades psicom&eacute;tricos son prometedores, por lo que ya empieza a ser un instrumento de uso habitual en la planta pedi&aacute;trica (40).</p>     <p>3. <i>The Abu-Saad Paediatric Pain Assement Tool</i> (108,109).</p>    <p> Consta de 32 palabras descriptores de dolor (<a href="#t2">Tabla II</a>) y una escala de 10 cent&iacute;metros con graduaciones cada cm (en un rango de "No me duele" a "Tengo dolor severo") y un n&uacute;mero de preguntas que valoran la influencia del dolor en la vida diaria y las estrategias de afrontamiento que utiliza el ni&ntilde;o. A los ni&ntilde;os se les pide que indiquen la intensidad de su dolor y que elijan, de la lista de descriptores del dolor, la palabra que mejor describe su dolor actual. De esta forma se obtienen dos medidas, una puntuaci&oacute;n de intensidad y otra de cualidad de la sensaci&oacute;n dolorosa.</p>     <p align="center"><a name="t2"><img src="/img/revistas/dolor/v11n6/revision1_tabla2.gif" width="308" height="194"></a></p>      <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>Los estudios psicom&eacute;tricos relacionados con la escala proporcionan evidencias de su validez aparente y de contenido (108), as&iacute; como de una adecuada consistencia interna (109). El an&aacute;lisis de la lista de descriptores del dolor mostr&oacute; dos factores: uno que incluye los adjetivos relativos a la sensaci&oacute;n de dominio de dolor, y el segundo referido al dominio afectivo/evaluativo de este.</p>     <p>Finalmente, y a modo de conclusi&oacute;n, presentamos una selecci&oacute;n de las pruebas que se recomienda utilizar en cada nivel de edad, junto a la informaci&oacute;n que pueden proporcionar los ni&ntilde;os en cada nivel evolutivo (<a href="#t3">Tabla III</a>).</p>     <p align="center"><a name="t3"><img src="/img/revistas/dolor/v11n6/revision1_tabla3.gif" width="303" height="340"></a></p>      <p>    <br><i>Autorregistros</i></p>     <p>Tienen la ventaja de presentar la conducta de dolor en el mismo momento que se produce. Por ello son muy utilizados en situaciones naturales.</p>    <p> 1. <i>Pain Diary/"Diario de dolor"</i> (110).</p>    <p> Autoinforme con formato de diario, que incluye una escala de respuesta tipo Likert con la siguiente gradaci&oacute;n: 0=nada de dolor, 1= dolor ligero, 2= dolor medio, 3= dolor moderado, 4= dolor severo; 5= dolor muy severo y la pregunta: ¿Cu&aacute;nto dolor est&aacute;s experimentando ahora? </p>    <p> El dolor se eval&uacute;a dos veces al d&iacute;a durante el periodo post-quir&uacute;rgico. La puntuaci&oacute;n se obtiene con la suma de los &iacute;tems que el ni&ntilde;o punt&uacute;a por encima de dos. Los estudios psicom&eacute;tricos realizados apoyan la validez de este instrumento (110).</p>    <p> 2. <i>Diario de la cefalea</i>.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En el caso espec&iacute;fico de los dolores de cabeza, el autorregistro de la sintomatolog&iacute;a del dolor es una parte importante de la evaluaci&oacute;n, pues permite obtener datos cuantitativos concernientes a la actividad del dolor. En este sentido el diario de la cefalea es el m&aacute;s utilizado (111). Para ello se instruye a los pacientes en el registro de la gravedad de la cefalea, su localizaci&oacute;n, las medicaciones y la actividad que desarrolla por lo menos cuatro veces al d&iacute;a (p. ej. al desayunar, almorzar, cenar y acostarse). El diario de la cefalea suministra una evaluaci&oacute;n muy molecular del dolor que difiere de los datos procedentes de una entrevista o de cuestionarios m&aacute;s globales, ofreciendo datos m&aacute;s seguros que los proporcionados por padres y ni&ntilde;os en las entrevistas. Para garantizar su efectividad resulta fundamental adiestrar al ni&ntilde;o acerca de c&oacute;mo cumplimentarlo.</p>      <p>    <br><b>4. CONCLUSIÓN</b></p>     <p>En este trabajo se presenta una revisi&oacute;n de los principales instrumentos para valorar el dolor en pacientes pedi&aacute;tricos, haciendo especial hincapi&eacute; en aquellos que se consideran m&aacute;s relevantes para el &aacute;mbito aplicado. Un objetivo adicional ha sido poner estos instrumentos al alcance de los profesionales sanitarios con el fin de facilitar su incorporaci&oacute;n a la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica.</p>     <p>El cuidado del enfermo se sit&uacute;a en el marco de referencia bio-psico-social y tiene por objeto mejorar su calidad de vida en el medio que se considere m&aacute;s adecuado. Esta atenci&oacute;n implica un cuidado de todos los s&iacute;ntomas de la enfermedad, as&iacute; como del dolor y la ansiedad asociados. El padecimiento de un determinado tipo de dolor, desde el postoperatorio a un dolor recurrente como una cefalea, constituye una actividad aversiva que altera el comportamiento y la reactividad emocional del ni&ntilde;o, lo que exige un acercamiento global al problema.</p>     <p>A lo largo de este trabajo se han comentado los factores m&aacute;s relevantes que inciden en la percepci&oacute;n del dolor y que podr&iacute;an afectar a las respuestas que da el ni&ntilde;o ante la evaluaci&oacute;n de esta experiencia. Por ejemplo, la n&aacute;usea tiende a hacer que un ni&ntilde;o se sienta "mal por todas partes", lo que se puede reflejar en la puntuaci&oacute;n de dolor. Pero, quiz&aacute; el factor m&aacute;s importante y que no siempre ha recibido la atenci&oacute;n necesaria ha sido la ansiedad. Esta potencia la percepci&oacute;n dolorosa, convirtiendo en temidos est&iacute;mulos tanto aquellos que provocan dolor como los que no lo hacen, favoreciendo que se generalice el temor ante cualquier experiencia en el &aacute;mbito sanitario.</p>     <p>Existen numerosos instrumentos de medida que permiten recoger las respuestas cognitivas, comportamentales y psicofisiol&oacute;gicas que emite el paciente infantil ante el est&iacute;mulo doloroso. Actualmente, se dispone de excelentes medidas de autoinforme para ni&ntilde;os de m&aacute;s de 5 a&ntilde;os y buenos registros comportamentales para valorar el dolor agudo en ni&ntilde;os que superan los dos a&ntilde;os de edad (59). Si bien todos los instrumentos de autoinforme y conductuales para dolor requieren m&aacute;s pruebas metodol&oacute;gicas, est&aacute; claro que proporcionan informaci&oacute;n m&aacute;s detallada de la que tradicionalmente se ha compilado sobre ni&ntilde;os con dolor.</p>     <p>En la evaluaci&oacute;n del dolor del paciente pedi&aacute;trico se han de tener en cuenta una serie de consideraciones como, por ejemplo, evitar en la medida de lo posible basar la evaluaci&oacute;n en una &uacute;nica escala. Otro aspecto a considerar se refiere a la importancia de validar cada instrumento antes de utilizarlo para una determinada poblaci&oacute;n afectada de un tipo espec&iacute;fico de dolor (53). Al elegir un instrumento (o m&aacute;s de uno entre los disponibles) se debe valorar su adecuaci&oacute;n metodol&oacute;gica y sus propiedades psicom&eacute;tricas, as&iacute; como su adecuaci&oacute;n al tipo de dolor que pretendemos medir. Este tipo de precisiones son importantes, puesto que la mayor&iacute;a de las veces estos instrumentos han sido creados para una investigaci&oacute;n u problema concreto, y es preciso valorar su adecuaci&oacute;n al trasladarlo a otros trastornos. Otra variable importante es la edad y el desarrollo cognitivo del sujeto, que condiciona su capacidad para evaluar las sensaciones dolorosas.</p>     <p>En general, se sugiere utilizar las medidas psicofisiol&oacute;gicas en edades tempranas (hasta los tres a&ntilde;os) y a partir de esta ya se pueden utilizar m&eacute;todos de autoinforme en combinaci&oacute;n con observaciones estructuradas y registros psicofisiol&oacute;gicos (112). Cuando el paciente alcance los seis a&ntilde;os, la fuente principal de datos ser&aacute; el autoinforme, completando esta informaci&oacute;n con la procedente de medidas conductuales y fisiol&oacute;gicas (29).</p>     <p>A pesar de su aparente simplicidad, el dolor es un fen&oacute;meno complejo que resulta dif&iacute;cil de evaluar. El dolor percibido ha de ser el criterio de referencia b&aacute;sico, pero junto a este se han de tener en cuenta otros factores que influyen en la comunicaci&oacute;n del dolor y su efecto en el medio ambiente, aspectos cognitivos y atencionales que pueden modularlo o amplificarlo, factores emocionales y fisiol&oacute;gicos, como el estado de &aacute;nimo, la depresi&oacute;n, la ansiedad, etc., as&iacute; como caracter&iacute;sticas personales derivadas de la propia historia y experiencia y referencias situacionales que pueden concitar la puesta en marcha de algunos de los mecanismos y variables se&ntilde;aladas (24).</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Quienes proporcionan atenci&oacute;n a la salud de ni&ntilde;os necesitan trabajar juntos para resolver m&uacute;ltiples problemas de pr&aacute;ctica e investigaci&oacute;n vinculados con su dolor. La intervenci&oacute;n y el control eficaz del dolor infantil se han de basar en una evaluaci&oacute;n que permita conocer la percepci&oacute;n subjetiva del paciente (113).</p>      <p>&nbsp;</p>     <p><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>     <p>ALGUNAS CITAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS MENCIONADAS PERTENECIENTES A LA PRIMERA PARTE</p>     <!-- ref --><p>1. Mart&iacute;nez MA. Dolor en el ni&ntilde;o: Se necesitan tratamientos m&aacute;s eficaces. Rol Enferm 1997; 226: 13-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825773&pid=S1134-8046200400060000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>13. Wicks-Nelson R, Israel AC. Psicopatolog&iacute;a del ni&ntilde;o y del adolescente. Madrid: Prentice Hall, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825775&pid=S1134-8046200400060000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>14. Bragado C, Fern&aacute;ndez A. Tratamiento psicol&oacute;gico del dolor y la ansiedad evocados por procedimientos m&eacute;dicos invasivos en oncolog&iacute;a pedi&aacute;trica. Psicothema 1996; 8: 625-56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825777&pid=S1134-8046200400060000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>15. McGrath PJ. An assessment of children's pain: a review of behavioural, physiological and direct scaling techniques. Pain 1987; 54: 329-34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825779&pid=S1134-8046200400060000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>24. Ca&ntilde;ete MA, Font MF, Verdeguer A, Castel V. El dolor en el ni&ntilde;o con c&aacute;ncer. Dolor 1995; 10; 258-64.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825781&pid=S1134-8046200400060000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>29. McGrath PJ, Beyer J, Cleeland C, Eland J, McGrath PA. Report of the Subcommittee on assessment and methodologic issues on the management of pain in childhood cancer. Pediatrics 1990; 86: 814-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825783&pid=S1134-8046200400060000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>40. Van Cleve L, Johnson L, Pothier P. Pain responses of hospitalized infants and children to venipuncture and intravenous cannulation. J Pediatr Nurs 1996; 11: 161-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825785&pid=S1134-8046200400060000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>51. McGrath PJ, Unruh AM. Pain in children and adolescents. New York: Elsevier/North-Holland, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825787&pid=S1134-8046200400060000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>53. Barajas C, Ba&ntilde;os JE. La valoraci&oacute;n del dolor en pediatr&iacute;a. Dolor 1995; 10: 221-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825789&pid=S1134-8046200400060000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>59. Chambers CT, McGrath PJ. Pain Measuremen in Children. In: Ashburn MA, Rice LJ, eds. The management of pain. New York: Churchill Livingstone, 1998. p. 625-34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825791&pid=S1134-8046200400060000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <p>SEGUNDA PARTE</p>     <!-- ref --><p>60. Quiles MJ, Pedroche S. Evaluaci&oacute;n y psicol&oacute;gica en la hospitalizaci&oacute;n infantil. En: Preparaci&oacute;n psicol&oacute;gica a la hospitalizaci&oacute;n infantil. Madrid: Biblioteca Nueva, 1999. p. 68-74.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825794&pid=S1134-8046200400060000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>61. Merskey H, Bogduk N. Classification of chronic pain: description of chronic pain syndromes and definitions of pain terms. IASP Press, Seattle, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825796&pid=S1134-8046200400060000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>62. Varni JW, Thompson KL. The Varni-Thompson Pediatric Pain Questionnaire: chronic musculoskeletal pain in juvenile rheumatoid arthritis. Pain 1987; 28: 27-38.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825798&pid=S1134-8046200400060000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>63. Tesler M, Ward J, Saavedra M. Developing an instrument for eleictin children's description of pain. Percept Mot Skills 1983; 56: 315-21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825800&pid=S1134-8046200400060000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>64. Savedra M, Tesler M, Wegner C. How do children describe pain? J Adolesc Health Care 1988; 9: 315-20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825802&pid=S1134-8046200400060000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>65. Thompson KL, Varni JW. A developmental cognitive-biobehavioral approach to pediatric pain assessment. Pain 1986; 25: 283-96.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825804&pid=S1134-8046200400060000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>66. Valls JM. Problem&aacute;tica del dolor en pediatr&iacute;a. Dolor 1988; 3: 28-32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825806&pid=S1134-8046200400060000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>67. Lambert SA. The effects of hypnosis/guided imagery on the postoperative course of children. J Dev Behav Pediatr 1996; 17: 307-10.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825808&pid=S1134-8046200400060000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>68. Rodr&iacute;guez JE, Graham-Pole J, Kury S, Kubar W, Hoffmann RG. Behavioral distress, fear and pain among children hospitalized for bone marrow transplantation. Clin Transplant 1995; 9: 1-3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825810&pid=S1134-8046200400060000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>69. Beyer JE, Aradine CR. Convergent and discriminant validity of a self-report measure of pain intensity for children. Child Health Care 1988; 1: 274-82.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825812&pid=S1134-8046200400060000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>70. Hilgard JR, LeBaron S. Relief of pain in children and adolescents with cancer: quantitative measures and clinical observations. Int J Clin Exp Hypn 1982; 30: 417-42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825814&pid=S1134-8046200400060000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>71. Zeltzer LK, Fanurik D, LeBaron S. The cold pressure paradigm children: Feasibility of an intervention model (Part II). Pain 1989; 37: 305-13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825816&pid=S1134-8046200400060000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>72. Zeltzer L, LeBaron S. Hypnosis and nonhypnotic techniques for reduction of pain and anxiety during painful procedures in children and adolescents with cancer. J Pediatr 1982; 101: 1032-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825818&pid=S1134-8046200400060000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>73. Saverda M, Gibbons P, Tesler M. How do children describe pain? A tentative assessment. Pain 1982; 14: 95-104.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825820&pid=S1134-8046200400060000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>74. Clarke P, Spear FG. Reliability and sensitivity in the self-assessment of well being, abstracted. Bulletin of British Psychology Society, 18ª, 1964.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825822&pid=S1134-8046200400060000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>75. Abu-Saad H. Assessing children's responses to pain. Pain 1984; 19: 163-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825824&pid=S1134-8046200400060000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>76. McGrath PA, De Veber LL. The management of acute pain evoked by medical procedures in children with cancer. J Pain Symptom Manage 1986; 1: 145-50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825826&pid=S1134-8046200400060000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>77. Huskisson EC. Visual analogue scales. En: Melzack R, ed. Pain measurement and assesment. Nueva York: Raven Press, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825828&pid=S1134-8046200400060000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>78. Abu-Saad H, Holzemer W. Measuring children's self-assessment of pain. Issues Compr Pediatr Nurs 1981; 5: 337-49.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825830&pid=S1134-8046200400060000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>79. Tesler MD, Savedra MC, Holzemer WL, Wilkie DJ, Ward JA, Paul SM. The Word-Graphic Rating Scale as a measure of children's and adolescents' pain intensity. Res Nurs Health 1991; 14: 361-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825832&pid=S1134-8046200400060000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>80. Beyer J. The Oucher: A user's manual and technical report. Evanston, H: Hudson, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825834&pid=S1134-8046200400060000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>81. Hester N. The preoperational child's reaction to immunizations. Nurs Res 1979; 28: 250-4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825836&pid=S1134-8046200400060000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>82. Molsberry D. Young children's subjective quantifications of pain following surgery. Unpublished master's thesis. Iowa City: The University of Iowa, 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825838&pid=S1134-8046200400060000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>83. Eland JM. Minimizing pain associated with prekindergarten intramuscular injections. Issues Compr Pediatr Nurs 1981; 5: 361-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825840&pid=S1134-8046200400060000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>84. Hay H. The pain ladder: The measurement of pain intensity in children and adults- a methodological approach. Unpublished master's research report. Montreal: MacGill University, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825842&pid=S1134-8046200400060000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>85. McGrath PJ, de Veber LL, Hearn MT. Multidimensional pain assessment in children. En: Fields HL, Dubner R, Cervero F, eds. Advances in pain research and therapy: proceedings from the 4th world Congress on Pain. New York: Raven Press 1985; 9: 387-93.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825844&pid=S1134-8046200400060000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>86. Edwinson M, Fredikzon B, Rosberg B. Comparison of preparation and narcotic-sedative premedication in children undergoing surgery. Pediatr Nurs 1992; 18: 337-42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825846&pid=S1134-8046200400060000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>87. Aradine CR, Beyer JE, Tompkins JM. Children's pain perception before and after analgesia: A study of instrument construct validity and related issues. J Pediatr Nurs 1988; 3: 11-23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825848&pid=S1134-8046200400060000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>88. Beyer JE, Aradine CR. Patterns of pediatric pain intensity: A methodological investigation of a self-report scale. Clin J Pain 1987; 3: 130-41.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825850&pid=S1134-8046200400060000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>89. Kain ZN, Mayes LC, Caramico LA. Preoperative preparation in children: A cross-sectional study. J Clin Anaesth 1996; 8: 508-14.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825852&pid=S1134-8046200400060000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>90. Kain ZN, Mayes LC, Caramico LA, Silver D, Spieker M, Nygren MM, et al. Parental presence during induction of anesthesia: a randomized controlled trial. Anesthesiology, 1996; 84: 1060-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825854&pid=S1134-8046200400060000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>91. Bieri D, Reeve RA, Champion GD, Addicoat L, Ziegler JB. The Faces Pain scale for the self-assessment of the severity of pain experienced by children: Developmental, initial validation, and preliminary investigation for ratio scale properties. Pain 1990; 74: 139-50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825856&pid=S1134-8046200400060000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>92. Ortigosa JM. Estudio de la eficacia de dos programas de preparaci&oacute;n a la hospitalizaci&oacute;n quir&uacute;rgica infantil basados en el Modelado Filmado y las Habilidades de Afrontamiento. Tesis doctoral no publicada. Facultad de Psicolog&iacute;a. Universidad de Murcia, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825858&pid=S1134-8046200400060000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>93. Bennett-Branson SM, Craig KD. Postoperative pain in children: developmental and family influences on spontaneous coping strategies. Can J Behav Sci 1993; 25: 355-83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825860&pid=S1134-8046200400060000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>94. Eland JM. Minimizing injection pain associated with prekindergarten immunization. Issuess Compr Pediatr Nurs 1982; 5: 361-72.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825862&pid=S1134-8046200400060000500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>95. Hester NO, Foster RL, kristensen K. Measurement of pain in children: generalizability and validity of the pain ladder and the poker chip tool. En: Tyler D, Krane E, eds. Advances in pain research and therapy: Pediatric Pain. Nueva York: Raven Press, 1990; 15: 79-84.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825864&pid=S1134-8046200400060000500046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>96. Romsing J, Hertel S, Moller-Sonnergaard J, Rasmussen M. Postoperative pain in Danish children: self-report measures of pain intensity. J Pediatr Psychol 1996; 11: 119-24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825866&pid=S1134-8046200400060000500047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>97. Romsing J, Walther-Larsen S. Postoperative pain in children: a survey of parents' expectations and perceptions of their children's experiences. Pediatr Anaesthes 1996; 6: 215-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825868&pid=S1134-8046200400060000500048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>98. McGrath PA, Seifert CE, Speechley KN, Booth JC, Stitt, L, Gibson MC. A new analogue scale for assessing children´s pain: an initial validation study. Pain 1996; 64: 435-43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825870&pid=S1134-8046200400060000500049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>99. Richardson GM, McGrath PJ, Cunningham SJ, Humphreys P. Validity of the headache diary for children. Headache 1983; 23: 184-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825872&pid=S1134-8046200400060000500050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>100. Santos AP, Coelho B, Farr&eacute; R. Dolor en pediatr&iacute;a: fisiopatolog&iacute;a y valoraci&oacute;n. Farm Clin 1994; 11: 742-56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825874&pid=S1134-8046200400060000500051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>101. Goodman JE. Parental Modeling of Pain Behavior. Dalhousie University, Halifax, Nova Scotia, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825876&pid=S1134-8046200400060000500052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>102. Bedard GBV, Reid GJ, McGrath PJ, Chambers CT. Coping and self-nediaction among a community sample on junior high students. Pain Res Manage 1997; 10: 102-10.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4825878&pid=S1134-8046200400060000500053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>    <!-- ref --><p>103. Savedra MC, Tesler MD, Holzemer WL, Ward JA. Adolescent Pediatric Pain Tool (APPT). Preliminary User's Manual. 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