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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Inhibidores de la COX ¿hacia dónde vamos?]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Málaga Facultad de Medicina ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font size=5><b>EDITORIAL</b></font></p> <hr color="#000000">     <p>&nbsp;</p>     <p><b><font size=5><i>Inhibidores de la COX ¿hacia d&oacute;nde vamos?</i></font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p>A principios de los a&ntilde;os 70, Vane (1) describi&oacute; el mecanismo principal por el que el &aacute;cido acetilsalic&iacute;lico y otros AINE ejercen su acci&oacute;n antiinflamatoria. Este autor observ&oacute; que el &aacute;cido acetilsalic&iacute;lico inhib&iacute;a la producci&oacute;n de prostaglandinas en diversas preparaciones experimentales. Algunos a&ntilde;os m&aacute;s tarde se consigui&oacute; aislar la enzima COX como responsable del punto concreto de actuaci&oacute;n de estos compuestos. Seg&uacute;n este esquema, la inhibici&oacute;n de la actividad de la COX bloquea por tanto el proceso inflamatorio, pero al mismo tiempo produce una alteraci&oacute;n en estas funciones fisiol&oacute;gicas que puede conducir a la aparici&oacute;n de efectos no deseables, como ulcus gastroduodenal o lesi&oacute;n renal entre otros. Estos trabajos tuvieron tanta repercusi&oacute;n que permitieron que en 1982 Sir John R. Vane y sus colegas Sune K. Bergstr&ouml;m y Bengt I. Samuelsson recibieran el premio Nobel de Medicina.</p>     <p>Dos d&eacute;cadas m&aacute;s tarde, dos grupos investigadores independientes comandados por Simmons y Herschman (2,3) comunicaron la existencia de una nueva isoforma de COX a la que denominaron COX-2 para distinguirla de la enzima inicialmente descrita (COX-1). A pesar de su similitud estructural, COX-1 y COX-2 son dos prote&iacute;nas diferentes, codificadas por genes con distinta localizaci&oacute;n cromos&oacute;mica: COX-1 en el cromosoma humano 9 y COX-2 en el cromosoma 1. Adem&aacute;s, el gen de COX-2 contiene sitios de uni&oacute;n para muchos factores de transcripci&oacute;n, unos inductores como lipopolisac&aacute;ridos, citoquinas inflamatorias (IL-1b, FNT) o factores de crecimiento y otros inhibidores como glucocorticoides, IL-4, IL-13 e IL-10, que no se encuentran en COX-1 (4). Estas dos caracter&iacute;sticas del gen de COX-2, su peque&ntilde;o tama&ntilde;o y m&uacute;ltiples sitios de uni&oacute;n, hacen que se incluya en el grupo de los genes precoces, mientras que el gen de COX-1 se conoce como un gen de mantenimiento que codifica una prote&iacute;na constitutiva. Tambi&eacute;n son diferentes los ARNm generados por ambos genes ya que el responsable de la s&iacute;ntesis de COX-2 tiene una vida media de 30-60 minutos, lo cual corrobora su clasificaci&oacute;n como gen precoz (5).</p>     <p>   Sin embargo, a pesar de estas diferencias, es llamativo que las prote&iacute;nas que codifican sean muy similares, especialmente en las regiones activas. Las diferencias estructurales entre los centros catal&iacute;ticos de COX-1 y COX-2 son muy peque&ntilde;as y b&aacute;sicamente consisten en que dos residuos de isoleucina en las posiciones 434 y 523 de COX-1 est&aacute;n cambiados por valina en COX-2, lo que determina que en COX-2 exista un espacio volum&eacute;trico mayor y que se origine un bolsillo lateral. Es en ese lugar donde se encuentra el sitio de uni&oacute;n para los inhibidores selectivos de COX-2. El conocimiento de estas diferencias estructurales ha permitido el desarrollo de la nueva generaci&oacute;n de AINE inhibidores selectivos de COX-2 (6).</p>    <p>   En los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os, la aplicaci&oacute;n de modernas t&eacute;cnicas neurofarmacol&oacute;gicas (<i>Northem Blot</i>, inmunohistoqu&iacute;rnica e <i>hibridaci&oacute;n in situ</i>) han suministrado amplia informaci&oacute;n sobre la localizaci&oacute;n y funciones de ambas isoenzimas. En resumen, la COX-1 es la enzima constitutiva que se expresa de forma estable y continua en la mayor&iacute;a de las c&eacute;lulas del organismo. Es la encargada de la s&iacute;ntesis de prostaglandinas e eicosanoides implicados en la homeostasis general y en muchas funciones (protecci&oacute;n de la mucosa g&aacute;strica, activaci&oacute;n plaquetaria, funci&oacute;n renal o diferenciaci&oacute;n de macr&oacute;fagos entre otros). Su grado de expresi&oacute;n var&iacute;a en funci&oacute;n del metabolismo de las diferentes prostaglandinas de los distintos tipos celulares. Entre los tejidos con niveles de COX-1 m&aacute;s elevados destacan el endotelio vascular y las plaquetas. Sus valores se mantienen constantes dentro de una misma poblaci&oacute;n celular, con peque&ntilde;os incrementos (2x- 4x) debidos a est&iacute;mulos hormonales o factores de crecimiento (7).</p>    <p>   La COX-2 es la isoforma indetectable en condiciones basales en la mayor&iacute;a de los tejidos y es responsable de producir prostanoides en los lugares inflamados o alterados de alguna forma, de aqu&iacute; su car&aacute;cter inducible. Sin embargo, en algunas estructuras pueden tener un car&aacute;cter estructural, por ejemplo en ovario, pr&oacute;stata, ri&ntilde;&oacute;n y SNC. La expresi&oacute;n de la COX-2 es r&aacute;pidamente inducida (3-6 h), como se mencion&oacute; anteriormente, por diversos mediadores asociados con la inflamaci&oacute;n y el crecimiento celular, y desempe&ntilde;a un papel esencial en la inflamaci&oacute;n, el dolor, la fiebre y la proliferaci&oacute;n celular normal y patol&oacute;gica. Sin embargo, limitar a este prostanoide toda la responsabilidad del proceso inflamatorio relegando la COX-1 a un papel meramente constitutivo es una idea bastante simplista y alejada de la realidad. La experimentaci&oacute;n ha demostrado lo err&oacute;neo de esta postura ya que diversas l&iacute;neas de investigaci&oacute;n sugieren un papel importante de COX-1 en los procesos inflamatorios, constituyendo la evidencia m&aacute;s concluyente la observaci&oacute;n de una respuesta inflamatoria similar al control en ratones transg&eacute;nicos que carecen del gen de COX-2 (8).</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Desde el descubrimiento de COX-2, muchos equipos de investigaci&oacute;n se lanzaron hacia la b&uacute;squeda de nuevos agentes antiinflamatorios inhibidores selectivos COX-2, bas&aacute;ndose en una hip&oacute;tesis que posteriormente casi se ha convertido en dogma: la inhibici&oacute;n selectiva de COX-2 produce el efecto antiinflamatorio y analg&eacute;sico de los AINE cl&aacute;sicos sin afectar a las PG producidas por COX-1, por lo que se mantienen sus efectos beneficiosos sobre la funci&oacute;n plaquetaria y renal y la mucosa g&aacute;strica (9).</p>    <p>   Para ello se desarrollaron diversos modelos experimentales que han permitido cuantificar la potencia inhibitoria COX-2/COX-1 de los AINE tradicionales y de nueva generaci&oacute;n. Estos modelos han utilizado metodolog&iacute;a diferente en muchos casos usando c&eacute;lulas intactas (c&eacute;lulas animales, plaquetas humanas, monocitos humanos estimulados por liposac&aacute;ridos) o fraccionamientos celulares, lo que ha generado que los ratio COX-2/COX-1 obtenidos para cada AINE estudiado sean diferentes dependiendo del modelo utilizado. Actualmente el m&eacute;todo m&aacute;s aceptado para la estimaci&oacute;n de la selectividad COX-2 en humanos consiste en el ensayo con sangre completa. Este m&eacute;todo proporciona una estimaci&oacute;n directa de la capacidad de un compuesto para inhibir la actividad enzim&aacute;tica de la COX-1 (por ejemplo, la formaci&oacute;n de TXAs a partir de las plaquetas durante la formaci&oacute;n del co&aacute;gulo sangu&iacute;neo) y COX-2 (por ejemplo, la s&iacute;ntesis de PGE2 en monocitos estimulados por polisac&aacute;ridos). Utilizando esta metodolog&iacute;a conjuntamente con la determinaci&oacute;n de PGE2 procedente de biopsia de mucosa g&aacute;strica realizadas a los mismos pacientes, Creer and Feldman (10) en 1988 analizaron el ratio COX-2/COX-1 de 25 AINE encontrando diferencias entre los compuestos. Algunos (flurbiprofeno o ketoprofeno) fueron COX-1 selectivos (ratio &gt; 8), otros (ibuprofeno, naproxeno) fueron esencialmente no selectivos, mientras que otros (diclofenaco, &aacute;cido mefen&aacute;mico) fueron COX-2 selectivos (ratio aproximado 0,05). En este estudio se observ&oacute; que exist&iacute;a una correlaci&oacute;n significativa entre potencia inhibidora de los AINE estudiados de la s&iacute;ntesis de PGE2 g&aacute;strica y potencia inhibidora COX-1 (p &lt; 0,001) y selectividad COX-1 (p &lt; 0,01), pero no con la potencia inhibidora COX-2. Adem&aacute;s, se observ&oacute; que incluso los compuestos "m&aacute;s selectivos" COX-2 alcanzaban, a las dosis utilizadas habitualmente en cl&iacute;nica, suficientes niveles para producir una inhibici&oacute;n de la s&iacute;ntesis de PGE2 g&aacute;strica.</p>    <p>   Esta falta de selectividad de los AINE disponibles en el momento del descubrimiento de la COX-2, sumado a la posibilidad de dise&ntilde;ar compuestos capaces de unirse de forma m&aacute;s espec&iacute;fica al "bolsillo" lateral de la mol&eacute;cula de la COX-2, estimul&oacute; el desarrollo de nuevos compuestos originando los inhibidores COX-2 espec&iacute;ficos. Estos f&aacute;rmacos no causan supresi&oacute;n cl&iacute;nicamente apreciable de la forma constitutiva de COX a las dosis terap&eacute;uticas m&aacute;ximas, presentando por t&eacute;rmino medio una selectividad 100 veces mayor por inhibir la COX-2 frente a COX-1 <i>in vitro</i> (11). Aunque las estrategias utilizadas en el desarrollo de nuevos f&aacute;rmacos han diferido, los inhibidores selectivos de COX-2 tienen estructuras que facilitan la uni&oacute;n a la cavidad lateral de la enzima: todos poseen una extensi&oacute;n lateral r&iacute;gida que puede acceder al hueco lateral de COX-2 como son grupos sulfonilo, sulfona o sulfonamida.</p>    <p>   Los primeros compuestos utilizados fueron celecoxib y rofecoxib aprobados por la FDA a finales de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 90 para el tratamiento de la artritis reumatoide, osteoartritis y para el alivio del dolor asociado cirug&iacute;a dental y dismenorrea primaria. En el estudio cl&iacute;nico VIGOR (12), rofecoxib produjo un efecto analg&eacute;sico similar a naproxeno con una significativa reducci&oacute;n en la incidencia de perforaci&oacute;n g&aacute;strica, hemorragia gastrointestinal o s&iacute;ntomas de ulcus p&eacute;ptico. A estos compuestos le han seguido en a&ntilde;os posteriores otros similares (valdecoxib, etoricoxib, lumiracoxib, parecoxib) con un perfil farmacol&oacute;gico similar.</p>    <p>   En un ensayo cl&iacute;nico prospectivo publicado en este n&uacute;mero, Garc&iacute;a-Harel y cols. analizan el efecto analgesico de parecoxib 40 mg i.v./12 h vs. ketorolaco 30 mg i.v./8 h en el control del dolor postoperatorio confirmando que el efecto analg&eacute;sico de ambos compuestos es similar.</p>    <p>   El dolor postoperatorio constituye un notable modelo experimental para el estudio de los iCOX-2. En la actualidad parece plenamente aceptado que la inflamaci&oacute;n causa un incremento en la s&iacute;ntesis de PG dependientes de la COX-2 que sensibiliza los nociceptores perif&eacute;ricos y produce hipersensibilidad local al dolor. Conjuntamente con este efecto, nuevos datos sugieren la presencia de una COX-2 constitutiva a nivel de la zona dorsal de la m&eacute;dula que es expresada de forma transitoria tras una lesi&oacute;n o traumatismo en los correspondientes segmentos sensoriales de la m&eacute;dula. Este efecto facilitador es bloqueado por inhibidores COX-2 mientras que los inhibidores COX-1 son ineficaces (13), lo que parece apuntar hacia un doble mecanismo de acci&oacute;n analg&eacute;sica de los iCOX-2: perif&eacute;rica y central.</p>    <p>   Sin embargo, nuevas investigaciones apuntan hacia otras aplicaciones de los ICOX-2 no relacionadas con su efecto analg&eacute;sico, como por ejemplo en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer. Se ha observado una correlaci&oacute;n significativa entre expresi&oacute;n de COX-2 en determinadas &aacute;reas cerebrales relacionadas con la memoria (hipocampo, cortex) y dep&oacute;sito de prote&iacute;na B-amiloide en las placas neur&iacute;ticas, lo que podr&iacute;a sugerir una base inflamatoria en el proceso neurodegenerativo (14). Este hecho podr&iacute;a justificar la disminuci&oacute;n del riesgo de contraer la enfermedad en ancianos usuarios habituales de AINE durante periodos prolongados (15). De la misma manera, al igual que la administraci&oacute;n de AAS y sulindac reduce la mortalidad del c&aacute;ncer colorrectal, estudios experimentales realizados en modelos animales de c&aacute;ncer de colon (16) han observado una sobreexpresi&oacute;n de COX-2 en c&eacute;lulas tumorales, por lo que posiblemente su bloqueo con iCOX-2 desarrolle un efecto beneficioso.</p>    <p>   Lamentablemente, el descubrimiento de nuevas aplicaciones tambi&eacute;n se ha acompa&ntilde;ado de nuevas limitaciones: estudios cl&iacute;nicos han demostrado la capacidad de los inhibidores espec&iacute;ficos COX-2 de disminuir la producci&oacute;n de prostaciclinas en voluntarios sanos (17). Teniendo en cuenta la ausencia de efectos de estos compuestos sobre la COX-1 (productora de TXA), te&oacute;ricamente su administraci&oacute;n conduce a una alteraci&oacute;n del balance PGI/TXA con un predominio de este &uacute;ltimo, lo que podr&iacute;a justificar la asociaci&oacute;n que se ha establecido entre algunos inhibidores COX-2 y complicaci&oacute;n isqu&eacute;mica coronaria que ha conducido a una alerta farmacol&oacute;gica en nuestro pa&iacute;s. En su art&iacute;culo, Garc&iacute;a-Harel y cols. revisan las limitaciones terap&eacute;uticas de los coxibs en este tipo de patolog&iacute;a.</p>    <p>   Finalmente, el panorama se ha visto con una nueva aportaci&oacute;n de la investigaci&oacute;n: la presencia de una tercera isoforma de la COX, la COX-3. Su existencia se plante&oacute; en la d&eacute;cada de los 80 como un intento para explicar el mecanismo de acci&oacute;n del paracetamol (un analg&eacute;sico que inhibe muy d&eacute;bilmente las isoformas COX-1 y COX-2), por lo que no posee efecto antiinflamatorio o antiagregante y no afecta a la s&iacute;ntesis de PG en la mucosa g&aacute;strica. Su efecto analg&eacute;sico y antipir&eacute;tico se aparta del patr&oacute;n generado por el resto de los AINE y en base a diversos estudios experimentales, parece relacionarse con una nueva isoforma (COX-3) que muestra similitudes estructurales con la COX-1. Al igual que esta, su maquinaria de s&iacute;ntesis se ubica en el cromosoma 9 y es una isoforma de tipo constitutiva. La mayor diferencia entre COX-1 y COX-3 es que el ARNm que codifica COX-3 presenta un intr&oacute;n-1 capaz de codificar una secuencia de 30 amino&aacute;cidos. Esta secuencia de amino&aacute;cidos es insertada en el extremo N-terminal de la enzima y al parecer es la responsable de la mayor sensibilidad de COX-3 vs. COX-1, al tono oxidativo del medio celular, de forma que cuanto mayores sean los cambios redox ambientales y mayor la cantidad de sustrato (productos oxidativos) menos sensible es COX-3 a su inhibici&oacute;n y, cuanto menor es la cantidad de productos oxidativos, mayor ser&aacute; el efecto de los inhibidores COX-3. Esto explica la diferente susceptibilidad personal al efecto de estos f&aacute;rmacos y su diferente potencia en funci&oacute;n de la intensidad y del origen del cuadro doloroso y febril (18).</p>    <p>   Una nueva isoforma de COX-3 plantea interesantes posibilidades terap&eacute;uticas y puede arrojar explicaciones sobre el efecto sin&eacute;rgico observado al asociar determinados AINE. En este sentido, en el mencionado art&iacute;culo de Garc&iacute;a-Harel y cols. se observa c&oacute;mo el analg&eacute;sico de rescate utilizado en el dise&ntilde;o experimental es paracetamol (un iCOX-3). Lamentablemente, el art&iacute;culo no muestra la evoluci&oacute;n de EVA tras su administraci&oacute;n lo que ser&iacute;a de indudable inter&eacute;s para poder cuantificar este efecto. Otros compuestos que han demostrado tambi&eacute;n actividad inhibidora selectiva COX-3 son fenacetina, dipirona y diclofenaco (este &uacute;ltimo con gran afinidad tambi&eacute;n por COX-1). Estudios futuros deber&aacute;n validar a nivel cl&iacute;nico el valor de estas prometedoras observaciones experimentales.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right">       <br>   <b>A. G&oacute;mez-Luque</b></p>    <p align="right">   Anestesi&oacute;logo, Profesor Titular de Anestesiolog&iacute;a.    <br>   Facultad de Medicina. Universidad de M&aacute;laga</p>    <p>   &nbsp;</p>    <p>   <b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>       <p>1. Vane JR. Inhibition of prostaglandin synthesis as a mechanism of action for aspirin-like drugs. Nat New Bio 1971; 231: 232-5.</p>    <p>2. Simmonds DL. Variant of cyclooxygenase-1 and their roles in medicine. Thomb Res 2003; 110: 265-8.</p>    <p>3. Hershmann HR. Proataglandin synthase-2. Biochim Biophys Acta 1996; 1299: 125-40.</p>    <p>4. Bahkle YS. Structure of COX-1 and COX-2 enzymes and their interaction with inhibitors. Drugs today 1999; 35: 237-50.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>5. Otto CJ, Smith WL. Prostaglandin endoperoxide synthetase-1 and -2. J Lipid Mediat Cell Signal 1995; 12: 139-56.</p>    <p>6. Cannon GW. Cyclooxygenase-2 selective inhibitors. Drugs Today 1999; 35: 487-96.</p>    <p>7. Seibert K, Zhang Y, Leahy K, Hauser S, Masferrer J, Perkins W, et al. Pharmacological and biochemical demonstration of the role of cycloxygenase 2 in inflammation and pain. Proc Natl Acad Sci USA 1994; 91: 12013-7.</p>    <p>8. Wallace JL, Bak A, McKnight W, Asfaha S, Sharvey KA, McNaughton WK. Cyclooxygenase 1 contributes to inflammatory responses in rats and mice: implications for gastrointestinal toxicity. Gastroenterology 1998; 115: 101-9.</p>    <p>9. Hawkey CJ. Cox-2 inhibitors. Lancet 1999; 353: 307-14.</p>    <p>  10. Cryer B, Feldman M. Cyclooxygenase-1 and cyclooxygenase-2 slectivity of widely used nonsteroidal anti-inflammatory drugs. Am J Med 1998; 104: 413-21.</p>    <p>11. Lipsky LPE, Abrahamson SB, Crofford L, DuBois RN, Simon LS, van de Putte LBA. Classification of cyclooxygenase inhibitors. J Rheumatol 1998; 25: 2298-303.</p>    <p>12. Bombardier C, Laine L, Reicin A, Shapiro D, Burgos-Vargas R, Davis B, et al. VIGOR study group a double-blind comparison of rofecoxib and naproxen on the incidence of clinically important upper gastrointestinal events: the VIGOR trial. N Engl J Med 2000; 343: 1520-8.</p>    <p>13. Beiche F, Brune K, Geisslinger G, Goppelt-Struebe M. Expression of cyclooxygenase isoforms in the rat spinal cord and their regulation during adjuvant-induced arthritis. Inflamm Res 1998; 47: 482-7.</p>    <p>14. Pasinetti GM. Cyclooxygenase as a target for the antiamyloidogenic activities of nonsteroidal anti-inflammatory drugs in Alzheimer's disease. Neurosignals 2002; 11: 293-7.</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>15. Bradbury J. How NSAIDs might prevent Alzheimer's disease. Lancet Neurol 2004; 3: 638.</p>    <p>16. Kawamori T, Uchiya N, Kitamura T, Ohuchida S, Yamamoto H, Maruyama T, et al. Evaluation of a selective prostaglandin E receptor EP1 antagonist for potential properties in colon carcinogenesis. Anticancer Res 2001; 21: 3865-9.</p>    <p>17. Catella-Lawson F, Crofford LJ. Cyclooxygenase inhibition and thrombogenicity. Am J Med 2001; 110 (Supl. 3A): 28S-32S.</p>    <p>18. Botting RM. Mechanism of action of acetaminophen: Is there a cyclooxygenase 3? Clin Infect Dis 2000; 31: s202-210.</p>      ]]></body>
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