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<institution><![CDATA[,Hospital Universitario Marqués de Valdecilla  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><B><a name="top"></a>CARTA AL DIRECTOR</B></font></P>     <p>&nbsp;</P>     <p>&nbsp;</P>     <p><font face="Verdana" size="4"><B>¿Es posible morir confortablemente?</B></font></P>     <P><font face="Verdana" size="4"><B>Is possible to die comfortably?</B></font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana" size="2"><a href="#bajo">Dirección para correspondencia</a></font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana" size="2"><B>Sr. Director:</B></font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Todo lo que hay sobre la faz de la tierra tiene un fin, s&oacute;lo es cuesti&oacute;n de tiempo. Por lo tanto, como la inmortalidad es inalcanzable parece oportuno plantear el problema de la muerte. La muerte como el amor es un ingrediente esencial de la vida y no debemos olvidar su importancia en los asuntos humanos. Filosofar es pensar por uno mismo, pero nadie puede lograrlo sin apoyarse en el pensamiento de otros. Hay situaciones que &uacute;nicamente se superan por elevaci&oacute;n: desdramatizando. Sin un poco de humor la vida pesa demasiado. "La filosof&iacute;a de la muerte es una meditaci&oacute;n sobre la vida". El fil&oacute;sofo Vladimir Jank&eacute;l&eacute;vitch (1) nos hace algunas reflexiones aclaratorias sobre el tema. La muerte es un fen&oacute;meno que incide en distintos campos como son: el biol&oacute;gico junto con el nacimiento o el envejecimiento; el social como la natalidad o la nupcialidad; y por &uacute;ltimo, el jur&iacute;dico-legal que se registra y clasifica como fen&oacute;meno burocr&aacute;tico. En consecuencia, la muerte es un acto cotidiano, administrativo, banal y abstracto que pone en marcha nombramientos, traslados y promociones. Y entonces ¿Por qu&eacute; la muerte de cualquiera es siempre una especie de esc&aacute;ndalo? ¿Por qu&eacute; despierta tanta curiosidad y horror? ¿Por qu&eacute; el hombre mortal no se ha acostumbrado todav&iacute;a a este acontecimiento natural? Si quieres avanzar, dec&iacute;an los estoicos, has de saber ad&oacute;nde vas. Cuando se nace, ya se tiene edad suficiente para morir. La muerte es el peaje biol&oacute;gico que debemos pagar para poder transitar por las experiencias de la vida. Maim&oacute;nides en el siglo XII dec&iacute;a: "dentro de la medicina no existen leyes absolutas; cada estado, cada individuo, exigen una atenci&oacute;n especial" (2). Para ser correcto el acto m&eacute;dico debe reunir tres condiciones: a) el m&eacute;dico debe tener claro su sistema de valores; b) debe tener un conocimiento b&aacute;sico de la &eacute;tica como disciplina; c) el proceso por el cual llega a las decisiones &eacute;ticas y las implementa, debe ser sistem&aacute;tico y consistente con la l&oacute;gica (3). Dado que en el ejercicio de la Medicina est&aacute;n en juego cuestiones tan trascendentales como la vida, la salud y la felicidad de los individuos, para poder actuar &eacute;ticamente se hace obligatorio aguzar la racionalidad, reflexionar con coherencia y sapiencia. Es importante estar a gusto consigo mismo, para luego poder trasladar esa paz a los dem&aacute;s. Una vez interiorizados estos pensamientos en nuestra vida diaria estamos en condiciones de vivir mejor el presente y afrontar adecuadamente el futuro. Por el momento en el mundo se producen 10 millones de casos nuevos de c&aacute;ncer al a&ntilde;o con 6 millones de muertes anuales. Para el a&ntilde;o 2020 estas cifras estar&aacute;n duplicadas: 20 millones de casos nuevos y 12 millones de muertes (4). En la actualidad una de cada tres personas desarrollar&aacute; un c&aacute;ncer y una de cada cuatro morir&aacute; a consecuencia de &eacute;l. Los conocimientos t&eacute;cnicos habituales de los profesionales de la medicina pueden quedarse ciertamente "cortos" a la hora del encuentro con el paciente con enfermedad progresiva o moribundo. Esta circunstancia se hace muchas veces inc&oacute;moda, ya que los requerimientos y necesidades de estos enfermos y sus familias difieren sustancialmente de los que podemos considerar habituales. La sensaci&oacute;n de incomodidad es debida a que quiz&aacute;s inconscientemente nos damos cuenta de que el principal requisito es la dedicaci&oacute;n, por nuestra parte, del tiempo necesario. La obviedad de que cada persona es diferente, parece que ahora empieza a tenerse en cuenta. El proyecto de vida y las prioridades personales son siempre distintos. En esta fase de la vida se combinan los efectos de la enfermedad (f&iacute;sicos, psicol&oacute;gicos, emocionales y espirituales), y la crisis existencial que supone el afrontamiento de la propia muerte. El cuidado de los pacientes portadores de una enfermedad progresiva resistente al tratamiento curativo es activo y total (5).</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana"><B>Sedaci&oacute;n paliativa</B></font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Cuando nos enfrentamos a enfermos en la etapa final de la vida, nos encontramos a personas con m&uacute;ltiples s&iacute;ntomas no controlados, conflictos internos no resueltos, miedos, sentimientos de culpa e intenso sufrimiento. El enfermo desahuciado tiene vida, pero no la disfruta s&oacute;lo la padece. Desgraciadamente hay un 2-5% de casos en los que el dolor no se puede controlar con las medidas paliativas disponibles siendo necesario controlar el sufrimiento con una sedaci&oacute;n paliativa (6). Se dominan s&iacute;ntomas "refractarios" aquellos que no responden a un tratamiento paliativo correcto e intenso sin comprometer el estado de conciencia y aplicado por profesionales bien entrenados y capacitados. La incidencia de s&iacute;ntomas refractarios en la literatura oscila en un intervalo del 16% al 52% (7). Las categor&iacute;as m&aacute;s frecuentes son (8): delirio, disnea, dolor, sufrimiento psicosocial y estr&eacute;s existencial (9). Se entiende por sedaci&oacute;n terminal la administraci&oacute;n deliberada de f&aacute;rmacos para lograr el alivio, inalcanzable con otras medidas, de un sufrimiento f&iacute;sico y/o psicol&oacute;gico, mediante la disminuci&oacute;n suficientemente profunda y previsiblemente irreversible de la consciencia en un paciente (con su consentimiento expl&iacute;cito, impl&iacute;cito o delegado) cuya muerte se prev&eacute; muy pr&oacute;xima (10). Seg&uacute;n datos de la Consejer&iacute;a de Sanidad de Cantabria en 1999 fallecieron 1.394 personas por c&aacute;ncer. El 50% estaban incluidos en un programa de cuidados paliativos. Un 20% presentaron s&iacute;ntomas refractarios que necesitaron sedaci&oacute;n terminal para conseguir la situaci&oacute;n de confort. El Servicio de Admisi&oacute;n y Documentaci&oacute;n Cl&iacute;nica del Hospital Marqu&eacute;s de Valdecilla registra 1.561 muertes en el a&ntilde;o 2003. El 41% de ellas corresponde a enfermos oncol&oacute;gicos, de los cuales un 41% recibieron sedaci&oacute;n paliativa.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">No existen barreras legales para tratar el dolor, sin embargo, el alivio inadecuado del mismo s&iacute; est&aacute; calificado como negligencia m&eacute;dica. Antes de realizar un acto m&eacute;dico hay que saber "por qu&eacute; se hace", "para qu&eacute; se hace" y "c&oacute;mo se hace". Existe un consenso &eacute;tico en el tratamiento est&aacute;ndar del dolor en el moribundo. Basados en el principio del doble efecto no hay limitaci&oacute;n para el uso de analg&eacute;sicos (opioides y sedantes) para conseguir aliviar el sufrimiento, aunque exista el riesgo conocido de acortar los d&iacute;as de vida (11). La mayor parte de los casos se trata de pacientes que ya no van a despertar.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana"><B>¿Cu&aacute;l es el marco legal de la sedaci&oacute;n terminal? ¿Hay alg&uacute;n tipo de principios morales que puedan ser afirmados como absolutos por siempre y en todas partes?</B></font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Ha habido dos l&iacute;neas antag&oacute;nicas de respuesta: la racionalista o idealista (neokantianos: Habermas 1983 y Apel 1986) y la l&iacute;nea pragm&aacute;tica o ecologista (procedimentalistas americanos: Rorty 1983 y Rawls 1986). El paradigma pragm&aacute;tico afirma que los problemas &eacute;ticos no son tanto cuestiones de principio como de procedimiento. Todo problema moral acaba resolvi&eacute;ndose siempre en una cuesti&oacute;n de procedimiento (12). La racionalidad se demuestra en la capacidad de abandonar el mito de una racionalidad universal que posea una autoridad exclusiva. Para algunos profesionales no est&aacute; clara la distinci&oacute;n entre tratamiento eficaz del dolor, sedaci&oacute;n por s&iacute;ntomas refractarios y la eutanasia activa voluntaria. El principio del doble efecto es una doctrina de la Iglesia Cat&oacute;lica Romana que tiene siglos de antig&uuml;edad. Su aplicabilidad en la toma de decisiones al final de la vida est&aacute; ampliamente aceptada y ratificada (13,14). El principio establece que una acci&oacute;n con dos o m&aacute;s efectos posibles, incluyendo al menos uno bueno y otros malos, es moralmente permisible si se cumplen cuatro condiciones:</font></P>     <blockquote> 	    <P><font face="Verdana" size="2"><B>a) </B>la acci&oacute;n no debe ser inmoral en s&iacute; misma,</font></P> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2"><B>b) </B>la intenci&oacute;n debe ser lograr &uacute;nicamente el efecto bueno, los efectos negativos deben preverse pero no desearse,</font></P> 	    <P><font face="Verdana" size="2"><B>c) </B>la acci&oacute;n no debe conseguir el efecto bueno mediante un efecto malo y</font></P> 	    <P><font face="Verdana" size="2"><B>d) </B>la acci&oacute;n debe ser emprendida debido a una raz&oacute;n de gravedad proporcionada (regla de proporcionalidad). Los t&eacute;rminos de eutanasia pasiva y eutanasia indirecta son inadecuados ya que no corresponden a actos que se incluyan dentro del concepto actual de eutanasia activa voluntaria (15) (administraci&oacute;n de f&aacute;rmacos con la intenci&oacute;n de terminar con la vida del paciente con enfermedad progresiva a requerimiento del mismo y con su consentimiento). La pr&aacute;ctica de suspender tratamientos de soporte vital, como la nutrici&oacute;n artificial o los respiradores cuando son f&uacute;tiles, est&aacute; incluida en la mal denominada eutanasia pasiva, estando aceptada desde el punto de vista &eacute;tico y legal (16). De forma similar ocurre lo mismo con la denominada eutanasia indirecta que se aplica en casos de sufrimiento refractario administrando opioides y/o sedantes a dosis elevadas con la intenci&oacute;n de mejorar el confort del enfermo en fase terminal a pesar de conocer la existencia de riesgo de muerte (17). Las pr&aacute;cticas mal denominadas "eutan&aacute;sicas" (eutanasia pasiva y eutanasia indirecta) son ambas moralmente defendibles y forman parte de la buena pr&aacute;ctica cl&iacute;nica.</font></P> 	    <P>&nbsp;</P> </blockquote>     <P><b><font face="Verdana">Recomendaciones y conclusiones</font></b></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Es necesario incorporar la muerte a la vida y dejar de considerar la medicina como algo que consiste en que la gente no se muera.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La sedaci&oacute;n terminal permite hacer la &uacute;ltima etapa del viaje de la vida de forma humanizada.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Encontrar el l&iacute;mite del esfuerzo terap&eacute;utico contribuye a evitar el ensa&ntilde;amiento terap&eacute;utico y la futilidad terap&eacute;utica.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">El &uacute;ltimo acto de la vida (como todos los dem&aacute;s) debe ser protagonizado por la propia persona respetando sus prioridades, valores y proyecto de vida.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Nadie debe morir con sufrimiento y nadie debe morir solo. Nunca debe faltar el calor de una mano amiga.</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">El asistir a la muerte digna de un ser querido es un bien universal, social y particular que deja buen recuerdo y perdura en el tiempo.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P align="right"><font face="Verdana" size="2"><B>J. Sanz-Ortiz</B></font></P>     <P align="right"><font face="Verdana" size="2">Jefe de Servicio de Oncología. Hospital Universitario Marqu&eacute;s de Valdecilla. Santander</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana"><B>Bibliograf&iacute;a</B></font></P>     <!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">1. Jank&eacute;l&eacute;vitch V. El misterio de la muerte y el fen&oacute;meno de la muerte. En: La Muerte. Vladimir Jank&eacute;l&eacute;vitch (ed). Pretextos. Valencia 2002, pp: 18-43.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884242&pid=S1134-8046200700080000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">2. Schipperges H. La Medicina en el medioevo &aacute;rabe. En: Historia universal de la Medicina. Tomo III. Salvat Editores S. A., Barcelona 1972, p 85.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884243&pid=S1134-8046200700080000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">3. "La toma de decisiones &eacute;ticas en obstetricia y ginecolog&iacute;a". Bolet&iacute;n T&eacute;cnico, nº 136, noviembre 1989.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884244&pid=S1134-8046200700080000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">4. Sikora K. The impact of future technology on cancer care. Clinical Medicine 2002; 2: 560-568.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884245&pid=S1134-8046200700080000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">5. World Health Organization. Symptom relief in terminal illness. Geneva, Switzerland: World Health Organization, 1988.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884246&pid=S1134-8046200700080000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">6. Quill TE, Lo B, Brock DW. Palliative options of last resort: a comparison of voluntarily stopping eating and drinking, terminal sedation, physician-assisted suicide, and voluntary active euthanasia. JAMA 1997; 278: 2099-104.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884247&pid=S1134-8046200700080000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">7. Cherny NI, Portenoy NK. Sedation in the management of refractory symptoms: guidelines for evaluation and treatment. J Palliat Care 1994; 10: 31-38.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884248&pid=S1134-8046200700080000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">8. Porta-Sales J, N&uacute;&ntilde;ez Olarte JM, Altisent Trota R, Bisbert Aguilar A, Loncan Vidal P, Mu&ntilde;oz S&aacute;nchez D, et al. Aspectos &eacute;ticos de la sedaci&oacute;n en cuidados paliativos. Med Pal (Madrid) 2002; 9 (1): 41-46.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884249&pid=S1134-8046200700080000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">9. Doyle D. Have we looked beyond the physical and psychosocial? J Pain Sympt Manage 1992; 7 (5): 302-311.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884250&pid=S1134-8046200700080000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">10. Porta Sales J, Ylla-Catal&aacute; Bor&eacute; A, Estibalez Gil I, Griman Malet A, Lafuerza Torres M, Nabal Vicu&ntilde;a C, et al. Estudio multic&eacute;ntrico catalana-balear sobre la sedaci&oacute;n Terminal en Cuidados Paliativos. Med Pal (Madrid) 1994; 6 (4): 153-158.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884251&pid=S1134-8046200700080000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">11. Quill Te, Lee BC, Nunn S. Palliative treatments of last resort: choosing the least harmful alternative. University of Pennsylvania Center for Bioethics Assisted Suicide Consensus Panel. Ann Intern Med 2000; 132: 488-93.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884252&pid=S1134-8046200700080000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">12. Rodr&iacute;guez L&oacute;pez A. Problemas &eacute;ticos de la prevenci&oacute;n primaria en psiquiatr&iacute;a. En: Hechos y Valores en Psiquiatr&iacute;a. Enrique Baca y Jos&eacute; L&aacute;zaro (eds). Editorial Triacastela . Madrid 2003; pp: 413-422.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884253&pid=S1134-8046200700080000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">13. Sulmasy DP, Pellegrino ED. The rule of double effect: clearing up the double talk. Arch Intern Med 1999; 159: 545-550.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884254&pid=S1134-8046200700080000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">14. Quill TE, Dresser R, Brock DW. The rule of double effect a critique of its role in end-of-life decision making. N Engl J Med 1997; 337: 1768-1771.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884255&pid=S1134-8046200700080000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">15. Emanuel EJ. Euthanasia and physician assisted suicide.  &quot;2004 UpToDate&quot; www.uptodate.com  (consultado 11-03-2004).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884256&pid=S1134-8046200700080000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">16. Amundsen DW, The physician's obligation to prolong life: a medical duty without classical roots. Hastings Cent Rep 1978; 8 (4): 23-30.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884257&pid=S1134-8046200700080000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">17. Emanuel EJ. The history of euthanasia debates in the United Status and Britain. Ann Intern Med 1994; 121 (10): 793-802.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4884258&pid=S1134-8046200700080000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana" size="2"><b><a href="#top"> <img border="0" src="/img/revistas/dolor/v14n8/seta.gif" width="15" height="17"></a> <a name="bajo"></a>Dirección para correspondencia:</b>    <BR>Jaime Sanz    <BR>E-mail: <a href="mailto:oncsoj@humv.es">oncsoj@humv.es</a>    <br>Financiaci&oacute;n: Ninguna    <BR>Conflictos de interés: No declarados</font></P>     ]]></body>
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