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<institution><![CDATA[,Universidad de Alcalá de Henares Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud Departamento de Ciencias Biomédicas]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Verdana" size="2"><b>EDITORIAL</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><b>¿Existen argumentos para combinar un opioide con otro opioide?</b></font></p>     <p><b><font face="Verdana" size="4">Are there arguments for combining an opioid with another opioid?</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>C. &Aacute;lamo</b></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Catedr&aacute;tico Universitario de Farmacolog&iacute;a. Departamento de Ciencias Biom&eacute;dicas. Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud. Universidad de Alcal&aacute; de Henares, Madrid</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">En todas las especialidades m&eacute;dicas, el uso conjunto de dos o m&aacute;s f&aacute;rmacos es m&aacute;s la norma que la excepci&oacute;n. Este hecho tiene sus aspectos positivos, ya que en muchas patolog&iacute;as, como por ejemplo hipertensi&oacute;n arterial, epilepsia, asma bronquial, ansiedad, etc., el uso aislado de un solo medicamento no ser&iacute;a suficiente para tratar todos los s&iacute;ntomas y fases de estas enfermedades. En el mundo de la analgesia, la combinaci&oacute;n de f&aacute;rmacos es tambi&eacute;n una t&eacute;cnica habitual que adem&aacute;s viene consagrada por la denominada escalera analg&eacute;sica de la OMS, en la que en todos los escalones se aconseja el uso de coadyuvantes, como antidepresivos o antiepil&eacute;pticos y, adem&aacute;s, a partir del segundo escal&oacute;n, es necesaria la combinaci&oacute;n de AINE con opioides. Asimismo, cuando empleamos un opioide como medicaci&oacute;n de rescate en dolor incidental, estamos realizando, en la mayor&iacute;a de casos, una combinaci&oacute;n de opioides (1).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Sin embargo, la combinaci&oacute;n de distintos f&aacute;rmacos tambi&eacute;n presenta aspectos negativos, la llamada polifarmacia, que generalmente est&aacute;n relacionados con interacciones farmacol&oacute;gicas, tanto farmacodin&aacute;micas como farmacocin&eacute;ticas, responsables de efectos adversos (2).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Es importante y necesario que, si decidimos combinar dos opioides, hagamos un balance de la relaci&oacute;n beneficio riesgo. En principio, no parece razonable el empleo en combinaci&oacute;n de dos agentes farmacol&oacute;gicos de un mismo grupo terap&eacute;utico con el mismo mecanismo de acci&oacute;n (2). Por ello, una premisa previa para combinar opioides ser&iacute;a saber si existen diferencias entre ellos y si estas diferencias pueden justificar el uso cl&iacute;nico de dos opioides conjuntamente. Hemos de tener presente que en cl&iacute;nica toda norma tiene su excepci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Existe una tendencia creciente a considerar que todos los medicamentos pertenecientes a un mismo grupo terap&eacute;utico son id&eacute;nticos y, por tanto, "no aportan ninguna ventaja" sobre los precedentes. Esta forma de pensar se ha aplicado tambi&eacute;n a los opioides, y as&iacute; se ha considerado que no existen diferencias sustanciales entre ellos, como si la oxicodona, el fentanilo, la hidromorfona, la metadona o la morfina tuvieran las mismas propiedades farmacodin&aacute;micas y farmacocin&eacute;ticas. A nuestro entender este "pensamiento &uacute;nico" no es aplicable a los opioides, ya que no todos son iguales (3) ni desde el punto de vista de su origen, ni en su configuraci&oacute;n qu&iacute;mica ni, por supuesto, en su farmacodinamia ni en su farmacocin&eacute;tica (4). Por tanto, si existen diferencias en todos estos niveles ser&iacute;a il&oacute;gico pensar que no tuvieran ninguna trascendencia cl&iacute;nica. Si fueran todos los opioides iguales, c&oacute;mo se explicar&iacute;a que la respuesta de cada paciente a un determinado opioide fuera idiosincr&aacute;tica y variable (5).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Sin entrar en demasiados detalles al respecto, hemos de se&ntilde;alar que las diferencias de origen y qu&iacute;micas de los opioides son patentes. As&iacute;, existen alcaloides naturales derivados del opio, como la morfina y la code&iacute;na, que tienen una estructura qu&iacute;mica fenantr&eacute;nica. Adem&aacute;s, existen derivados semisint&eacute;ticos de la morfina, como la hero&iacute;na o la hidromorfona, mientras que la oxicodona deriva de la oripavina. Adem&aacute;s, tenemos opioides sint&eacute;ticos como el fentanilo y sus derivados (remifentanilo, sufentanilo, alfentanilo), que tienen estructura qu&iacute;mica fenilpiperid&iacute;nica y la metadona que es una fenilpropanolamina. Parece l&oacute;gico pensar que estas diferencias qu&iacute;micas se traduzcan de alguna manera en diferencias farmacocin&eacute;ticas y farmacodin&aacute;micas y, por tanto, cl&iacute;nicas (6-8).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por otra parte, desde 1976 se trabaja con la existencia de tres receptores opioides, todos ellos acoplados a la prote&iacute;na G, a los que se denomin&oacute; Mu, activados por la morfina Kappa, activados por la ketociclazocina y posteriormente el receptor Delta, por el que mostraban gran afinidad las encefalinas. Adem&aacute;s, se conoce la existencia de subtipos diferentes de receptores opioides que se piensa que sean la consecuencia de divisiones alternativas del ARNm <i>(splicing)</i> o de procesos postranslacionales. Inicialmente se sugiri&oacute; la existencia de dos subtipos para el receptor Mu, dos para el Delta y tres para el Kappa (6-8). En la actualidad se sabe que en el humano existen m&aacute;s de 100 polimorfismos gen&eacute;ticos conocidos del receptor Mu. &Eacute;stos dan lugar a receptores Mu sobre los que los agonistas presentan distintas afinidades y actividades intr&iacute;nsecas, lo que hace dif&iacute;cil predecir c&oacute;mo va a actuar cada opioide en cada paciente, ya que depender&aacute; de su dotaci&oacute;n receptorial (9). Podr&iacute;amos decir metaf&oacute;ricamente que la dotaci&oacute;n de receptores opioides de cada paciente es parecida a sus huellas digitales.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Desde el punto de vista farmacodin&aacute;mico, la clasificaci&oacute;n basada en la relaci&oacute;n f&aacute;rmaco-receptor es la que, a nuestro entender, tiene mayor relevancia, tanto desde el punto de vista farmacol&oacute;gico como cl&iacute;nico. Seg&uacute;n esta clasificaci&oacute;n, los opioides se caracterizan de acuerdo a su afinidad, que es la capacidad de unirse al receptor, y a su actividad intr&iacute;nseca o efectividad. Adem&aacute;s, se debe contemplar el espectro de cada opioide sobre los tres principales tipos de receptores. En este sentido, la afinidad de los opioides por los 3 receptores es desigual y solapada. Asimismo, la distribuci&oacute;n de los receptores opioides a nivel central y perif&eacute;rico es muy variable, con zonas donde conviven los tres tipos de receptores; en otras pueden estar aislados y, adem&aacute;s, pueden ser pre o postsin&aacute;pticos. Sin duda, ese solapamiento receptorial y esa distribuci&oacute;n amplia y caprichosa hace que los opioides tengan una ancha gama de funciones fisiol&oacute;gicas (10).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La mayor&iacute;a de los opioides empleados como analg&eacute;sicos presentan afinidad por el receptor Mu, como es el caso de la morfina, el fentanilo, la meperidina, la metadona, etc. Sin embargo, esta afinidad no es totalmente selectiva, ya que pueden presentarla, en distinta medida, sobre otros tipos de receptores opioides. As&iacute;, la oxicodona presenta una afinidad por el receptor Kappa casi tan importante como la que exhibe sobre el receptor Mu, y la metadona la presenta casi por igual sobre los receptores Mu y Delta. Sin embargo, el fentanilo y el tapentadol son m&aacute;s selectivos sobre el receptor Mu. Por otra parte, la buprenorfina exhibe una alta afinidad por los tres tipos de receptores opioides, pero sobre el receptor Mu se comporta como un agonista parcial, siendo agonista puro del receptor Delta y antagonista del receptor Kappa (6-8). Como se puede observar, el perfil de fijaci&oacute;n de diferentes opioides sobre los receptores es muy diferente y ser&iacute;a extra&ntilde;o que este hecho no tuviera traducci&oacute;n precl&iacute;nica y cl&iacute;nica, tal y como se recoge en el excelente trabajo de Salvador y Aliaga en este n&uacute;mero de la revista de la SED.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Puesto que la estimulaci&oacute;n de receptores Mu, Delta y Kappa produce diferentes efectos farmacol&oacute;gicos, la localizaci&oacute;n conjunta en una misma sinapsis puede provocar una combinaci&oacute;n de efectos que puede resultar sin&eacute;rgico o contrariamente antagonista. As&iacute;, se ha demostrado la existencia de interacciones entre opioides Mu y Delta. En este sentido, en el animal de experimentaci&oacute;n se ha indicado que cuando un agonista del receptor Mu, como es la morfina, se administra conjuntamente con un antagonista Delta, como el natrindol, se aumenta el efecto analg&eacute;sico y se observa un mejor perfil de efectos secundarios. De estos resultados se puede deducir que el perfil farmacodin&aacute;mico de la morfina se debe a su acci&oacute;n sobre, al menos, dos tipos de receptores, Mu y Delta, y que el bloqueo del segundo mejora su perfil de analgesia y tolerabilidad. Estos y otros datos indican un potencial de efectos sin&eacute;rgicos cuando se utilizan opioides con caracter&iacute;sticas diferentes sobre sus receptores (11).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por otra parte, la morfina y la oxicodona parecen ejercer sus acciones antinociceptivas actuando sobre receptores opioides diferentes (12). En contraste con la morfina, que es primordialmente un agonista Mu, los efectos antinociceptivos de la oxicodona parecen estar mediados principalmente por receptores Kappa, lo que podr&iacute;a explicar que la tolerancia no sea total, y abre la posibilidad de rotaci&oacute;n y de combinaci&oacute;n entre ambas. De hecho, la coadministraci&oacute;n de oxicodona a dosis subanalg&eacute;sicas con morfina produce una marcada sinergia antinociceptiva, a la vez que se producen menos efectos adversos centrales (12). Esta potenciaci&oacute;n podr&iacute;a deberse a la estimulaci&oacute;n de los receptores opioides Mu y Kappa conjuntamente, lo que dar&iacute;a una sinergia aditiva. Adem&aacute;s, se ha podido demostrar que la estimulaci&oacute;n de los receptores Kappa por la oxicodona provoca una regulaci&oacute;n al alza <i>(up-regulation)</i> de los receptores Mu, lo que facilitar&iacute;a el efecto analg&eacute;sico de la morfina (13). Otra posible explicaci&oacute;n de esta sinergia viene dada por la actividad agonista Kappa perif&eacute;rica de la oxicodona, que la hace especialmente eficaz en modelos experimentales de dolor visceral y en humanos, en los que ha mostrado un efecto analg&eacute;sico superior a la morfina en dolor visceral, pero una analgesia similar en dolor muscular (14). Por el contrario, se ha descrito que los agonistas Kappa pueden ver disminuida su actividad analg&eacute;sica por el est&iacute;mulo de los receptores Delta (15). Estos hechos indican que la combinaci&oacute;n de opioides es posible y que, dependiendo de los agentes en juego, se puede obtener sinergias o antagonismos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Los tres miembros cl&aacute;sicos de la familia de receptores opioides son capaces de activar las mismas v&iacute;as de transducci&oacute;n, aunque las regulan de forma muy diferente (16). As&iacute;, los agonistas de los receptores Mu, como el fentanilo, son analg&eacute;sicos muy eficaces en el tratamiento del dolor pero tambi&eacute;n provocan depresi&oacute;n respiratoria, estre&ntilde;imiento y estimulan los circuitos de recompensa, por lo que provocan dependencia. Por el contrario, los agonistas de los receptores Kappa son analg&eacute;sicos potentes, no causan depresi&oacute;n respiratoria ni producen dependencia, pero provocan disforia. Por su parte, los agonistas de receptores Delta tienen poca o ninguna eficacia en modelos de dolor agudo, pero son eficaces en modelos de dolor cr&oacute;nico y presentan propiedades ansiol&iacute;ticas. Adem&aacute;s, los agonistas Delta son menos euforizantes que los Mu, por lo que su potencial de dependencia es menor (15). Asimismo, algunos opioides tambi&eacute;n interact&uacute;an con el cuarto miembro de la familia de receptores opioides, el receptor nociceptina-orfanina FQ, al que se le denomin&oacute; receptor ORL-1. Este receptor es distinto de los otros tres receptores opioides, y sobre el mismo se fijan los p&eacute;ptidos derivados de la pronociceptina-orfanina que, no s&oacute;lo no producen analgesia, sino que pueden bloquear la respuesta analg&eacute;sica de agonistas del receptor Mu y Kappa (17). Los derivados de la oripavina, como la buprenorfina, activan los receptores de ORL-1, lo que hace que disminuya la eficacia analg&eacute;sica aguda mediada por los receptores Mu (15). Por tanto, dependiendo del espectro receptorial del opioide, las diferencias farmacodin&aacute;micas entre ellos son manifiestas, lo que puede justificar un intercambio o una combinaci&oacute;n de opioides.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por otra parte, la complejidad de las respuestas a distintos opioides se puede deber a su perfil receptorial. Se debe considerar que los receptores opioides est&aacute;n universalmente distribuidos por todo el sistema nervioso central y perif&eacute;rico y, dependiendo de su localizaci&oacute;n diferencial, variar&aacute;n los efectos de los diversos agonistas opi&aacute;ceos. Los cuatro receptores opioides se expresan en la m&eacute;dula espinal, mientras que en el cerebro, se expresan los receptores Mu, Kappa y ORL-1 en corteza, mesenc&eacute;falo y cerebelo. En cambio, los receptores Delta tienen una distribuci&oacute;n focalizada en sistema l&iacute;mbico, a lo que se achaca su actividad ansiol&iacute;tica. Esta distribuci&oacute;n de los receptores opioides puede explicar que existan diferencias de actividad entre ellos seg&uacute;n su v&iacute;a de administraci&oacute;n. Por tanto, dado que los opi&aacute;ceos presentan una afinidad no totalmente espec&iacute;fica, y que los receptores tienen una distribuci&oacute;n heterog&eacute;nea, las diferencias farmacol&oacute;gicas detectadas entre ellos parecen justificadas (18).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Entre los problemas experimentales, y sobre todo cl&iacute;nicos de los opioides, se encuentra la aparici&oacute;n de tolerancia. En este sentido, la morfina, que se considera a un agonista con una actividad intr&iacute;nseca baja, puede inducir tolerancia m&aacute;s f&aacute;cilmente que la presentada por un agonista de alta eficacia, como es el caso del fentanilo o la metadona. El mecanismo por el que se produce la tolerancia no est&aacute; totalmente dilucidado, pero se piensa que pueda deberse a una falta de receptores de reserva consecuencia de la estimulaci&oacute;n con un agonista de baja afinidad. En estas condiciones, la combinaci&oacute;n de morfina con un agonista de alta afinidad, como por ejemplo el fentanilo, mantiene un mayor n&uacute;mero de receptores de reserva y disminuye la tolerancia a la morfina. En este sentido se puede decir que la tolerancia a la morfina es cruzada s&oacute;lo parcialmente con la de un agonista de alta actividad intr&iacute;nseca, como es el caso del fentanilo o la metadona (19).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Otro mecanismo postulado en la aparici&oacute;n de tolerancia es la endocitosis de los receptores opioides. Para algunos autores, este fen&oacute;meno secuestrar&iacute;a los receptores en el interior de la c&eacute;lula, por lo que no podr&iacute;an ser estimulados por los agonistas y se provocar&iacute;a tolerancia. Sin embargo, otros autores se&ntilde;alan que la internalizaci&oacute;n del receptor ser&iacute;a fundamental para su reactivaci&oacute;n y pasar&iacute;an a formar parte de los receptores activados de reserva (19). En este sentido, es interesante destacar que el efecto analg&eacute;sico de la morfina fue potenciado cuando la internalizaci&oacute;n de los receptores Mu fue inducida por la coadministraci&oacute;n de dosis subanalg&eacute;sicas de fentanilo. En cambio, cuando se administraron dosis altas de fentanilo, no se produjo la internalizaci&oacute;n de los receptores ni aument&oacute; el efecto analg&eacute;sico (20). Por lo tanto, es posible que la combinaci&oacute;n de dos opioides con distinta afinidad disminuya la tolerancia a trav&eacute;s de la modulaci&oacute;n de estos mecanismos de endocitosis siempre que se d&eacute; una adecuada combinaci&oacute;n de dosis de ambos agentes. Este es un tema a tener en consideraci&oacute;n en cl&iacute;nica, aunque carecemos de gu&iacute;as que orienten sobre este particular. No obstante, se han descrito efectos sin&eacute;rgicos analg&eacute;sicos, pero no sobre el tracto digestivo, entre metadona y otros opi&aacute;ceos Mu, junto a una tolerancia cruzada incompleta. Sin embargo, la sinergia de combinaci&oacute;n con opioides no es generalizada y pr&aacute;cticamente se ha descrito para la metadona y el fentanilo, la morfina y el M6G y la morfina y la oxicodona (19,21).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las diferencias farmacocin&eacute;ticas existentes entre opioides tambi&eacute;n nos permiten afirmar que no todos los opioides son iguales. En este sentido, hay que hacer constar que una caracter&iacute;stica propia de este grupo de f&aacute;rmacos es la gran variabilidad interindividual existente desde el punto de vista farmacocin&eacute;tico, que se escapa a los objetivos de esta editorial, pero que hay que tener presente a la hora del ejercicio cl&iacute;nico. A modo de ejemplo, comentar la producci&oacute;n de metabolitos activos y t&oacute;xicos como consecuencia de la metabolizaci&oacute;n por glucuronoconjugaci&oacute;n de la morfina y derivados, que no se producen con otros opioides sint&eacute;ticos, como por ejemplo fentanilo. Por tanto, son varios los argumentos que nos permiten afirmar que existen diferencias qu&iacute;micas entre opioides, lo que les permite actuar de modo diferente sobre distintos receptores y, probablemente, subtipos de receptores, y que las diferencias farmacocin&eacute;ticas son importantes al presentar algunos opioides metabolitos activos y la posibilidad de interacciones farmacol&oacute;gicas (2,4,6).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Una vez que sentamos las bases de las diferencias entre opioides, hemos de se&ntilde;alar que en cl&iacute;nica la potencia y la eficacia de los diferentes analg&eacute;sicos Mu, as&iacute; como sus efectos secundarios, pueden variar impredeciblemente entre los pacientes, lo que obliga a la individualizaci&oacute;n del tratamiento. De hecho, la tolerancia a los opioides observada en cl&iacute;nica es cruzada, pero incompleta, cuando se cambia de un agonista Mu a otro. Adem&aacute;s, algunos pacientes responden mejor a un opioide mientras que otro paciente lo hace a otro diferente. Los efectos adversos para un opioide espec&iacute;fico tambi&eacute;n pueden variar entre distintos pacientes, independientemente de su actividad analg&eacute;sica. Adem&aacute;s, los pacientes con antecedentes de abuso de opioides son capaces de distinguir un opi&aacute;ceo de otro. En conjunto, estas observaciones plantearon la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo conciliarlas con la existencia de un &uacute;nico receptor, ya que la mayor&iacute;a de opioides usados en cl&iacute;nica son agonistas del receptor Mu. Por lo tanto, no todos los f&aacute;rmacos opioides Mu son iguales, tampoco desde el punto de vista cl&iacute;nico, lo que sugiere la presencia de distintos subtipos de receptores Mu en el humano (22,23).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Con los antecedentes comentados nos podemos plantear, como lo realizan en este n&uacute;mero Salvador y Aliaga, si existen argumentos para el empleo de combinaciones de opioides para mejorar el alivio del dolor. La distinta respuesta a los agonistas opioides Mu est&aacute; en la base de la rotaci&oacute;n de opioides. As&iacute;, cuando cambiamos a un paciente de metadona a morfina o viceversa, existen dosis equianalg&eacute;sicas para realizarlo sin riesgos. Sin embargo, si el paciente es tolerante a la morfina, la rotaci&oacute;n a metadona debe realizarse con el 50 % de la dosis equianalg&eacute;sica para evitar la sobredosificaci&oacute;n. Por tanto, la tolerancia a los opioides Mu es cruzada pero incompleta, ya que no se manifiesta en el mismo grado para diferentes opioides, hecho indicativo de que cada opioide puede actuar sobre diferentes subtipos de recetores Mu (23) y, por tanto, abre la posibilidad para la combinaci&oacute;n de estos agentes.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Por otra parte, cuando a nivel experimental se ha estudiado la posibilidad de una sinergia analg&eacute;sica con diferentes opioides, &eacute;sta se ha puesto de manifiesto para la metadona con el metabolito activo de la morfina (morfina 6 glucur&oacute;nido; M6G) y tambi&eacute;n con code&iacute;na, morfina y hero&iacute;na. En cambio, la analgesia morf&iacute;nica s&oacute;lo fue potenciada con la administraci&oacute;n de metadona. Estas diferencias en la sinergia entre diferentes opioides Mu tambi&eacute;n apoyan la idea de la existencia de diferentes subtipos de receptores. La existencia de estos permite la posibilidad de una terapia combinada entre agonistas, ya que todos los opioides Mu no ponen en marcha id&eacute;nticos mecanismos de acci&oacute;n (23).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En efecto, pese a que se ha identificado un &uacute;nico gen del receptor opioide Mu, se reconoce la existencia de m&uacute;ltiples receptores opioides Mu con efectos farmacol&oacute;gicos diferenciados. El <i>splicing</i> alternativo es un mecanismo de corte y empalme de cadenas de prote&iacute;nas (ARNm) que es muy importante para generar prote&iacute;nas diversas y ha sido bien documentado en relaci&oacute;n con el receptor opioide Mu. Mediante este mecanismo, el receptor Mu, pese a proceder de un mismo gen, puede presentar modificaciones estructurales de trascendencia funcional. As&iacute;, todos los tipos de receptores opioides tienen siete dominios de transmembrana (Tm), tres internos y tres extracelulares, con una regi&oacute;n N-terminal extracelular y una cola intracelular C-terminal. Los opioides se unen al receptor tanto por su dominio extracelular como por los dominios de transmembrana que son id&eacute;nticos, puesto que se forman a partir de una prote&iacute;na que se conserva totalmente entre las variantes. Los dominios de uni&oacute;n se comportan como puntos de anclaje para los ligandos y filtran el contacto de estos con la zona responsable de la activaci&oacute;n del receptor opioide. Mientras que el dominio de uni&oacute;n de los ligandos al receptor Mu parece variar poco, los dominios restantes del receptor pueden estar modificados, lo que explica por qu&eacute; distintos ligandos muestran la misma selectividad para el receptor pero la respuesta puede ser diferente. En este sentido se ha podido determinar la existencia de variantes en el ex&oacute;n responsable de los 12 amino&aacute;cidos de la cadena terminal, lo que configura diferentes secuencias de amino&aacute;cidos y, por tanto, la presencia de receptores Mu con distinta capacidad de respuesta. Incluso, dentro de un mismo receptor, diferentes agonistas Mu, como sucede con la morfina y el fentanilo, pese a fijarse sobre un mismo dominio de uni&oacute;n, pueden activar dominios diferentes. Estas peculiaridades podr&iacute;an explicar las diferencias farmacol&oacute;gicas existentes entre diversos opioides con afinidad por un mismo receptor (7,8,23).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La segunda cuesti&oacute;n que debemos plantearnos, dadas las diferencias existentes en el perfil receptorial de cada opioide y las diferencias en los receptores opioides humanos, es si el uso combinado de dos opioides puede resultar beneficioso para el paciente. En este sentido, existen trabajos cl&iacute;nicos que ponen de manifiesto que el empleo conjunto de dos opioides, con afinidad diferente por distintos tipos de receptores, mejora el efecto analg&eacute;sico, a la vez que limita la carga de eventos adversos (24). De acuerdo con este autor, la combinaci&oacute;n de morfina con oxicodona se traduce por una eficacia analg&eacute;sica, especialmente en dolor visceral, con menor tasa de efectos adversos. Como se ha comentado, hay que destacar que ambos opioides son agonistas de receptores Mu, pero adem&aacute;s la oxicodona presenta una importante afinidad sobre receptores Kappa, lo que la dota de un perfil de analgesia diferencial.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">En conclusi&oacute;n podemos se&ntilde;alar que existe una gran incertidumbre en relaci&oacute;n con la posibilidad de combinaci&oacute;n de opioides. A favor de la misma debemos tener claro que no todos los opioides son iguales y esa premisa es indispensable para que pueda plantearse una combinaci&oacute;n de los mismos. Adem&aacute;s, la presencia de receptores diferentes para los opioides, Mu, Delta y Kappa, de por s&iacute; habla de la posibilidad de combinaci&oacute;n al existir agonistas con diferentes perfiles de actuaci&oacute;n sobre estos tres receptores. Adem&aacute;s, la existencia de polimorfismos y <i>splicing</i> justifica que existan muchos m&aacute;s subtipos de receptores, al menos para el receptor Mu. Sin embargo, el beneficio potencial de una combinaci&oacute;n de opioides con capacidad de actuar sobre diferentes subtipos de receptores necesita ser m&aacute;s explorada. La complejidad de los sistemas de receptores opioides, su heterogeneidad, las diferentes actividades de ligandos sobre subtipos de receptores, a la vez que permiten la combinaci&oacute;n de distintos agentes, tambi&eacute;n dificulta saber cu&aacute;l es la combinaci&oacute;n m&aacute;s adecuada. Sin duda, si queremos realizar una combinaci&oacute;n de opioides m&aacute;s racional, no basta con tener una serie de hip&oacute;tesis fascinantes sino que se requiere m&aacute;s datos experimentales y sobre todo cl&iacute;nicos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La combinaci&oacute;n de opioides en cl&iacute;nica no debe tomarse como norma, pero las excepciones son posibles pese a la escasa informaci&oacute;n precl&iacute;nica y cl&iacute;nica que poseemos al respecto.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. World Health Organization. Cancer Pain Relief. Geneva: Office of Publications, World Health Organization; 1986.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932181&pid=S1134-8046201600030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Cruz-Hern&aacute;ndez JJ, &Aacute;lamo C, de Castro J, et al. Monograf&iacute;a "Aula de dolor paciente oncol&oacute;gico". 2<sup>a</sup> ed. Ed. Mundipharma Pharmaceuticals, S.L.; 2012. p. 228.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932183&pid=S1134-8046201600030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Rodrigo Royo M. ¿Todos los opioides son iguales? ¿Tienen todos la misma eficacia y ocasionan id&eacute;nticos efectos secundarios? ¿Se pueden intercambiar? Rev Soc Esp Dolor 2010;17(2):67-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932185&pid=S1134-8046201600030000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. &Aacute;lamo C, L&oacute;pez-Mu&ntilde;&oacute;z P, Garc&iacute;a-Garc&iacute;a P. Tratamiento farmacol&oacute;gico del dolor neurop&aacute;tico en el anciano. En: Gu&iacute;a de buena pr&aacute;ctica cl&iacute;nica en geriatr&iacute;a. Dolor neurop&aacute;tico en el anciano. Madrid: Ed Sociedad Espa&ntilde;ola de geriatr&iacute;a y gerontolog&iacute;a. Madrid; 2012. DL: 20727-2012. 33-49.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932187&pid=S1134-8046201600030000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Tobin DG, Andrews R, BecKer WC. Prescribing opioids in primary care: Safely starting, monitoring, and stopping. Cleveland Clinic Journal of Medicine 2016;83(3):207-15.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932189&pid=S1134-8046201600030000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. &Aacute;lamo C, L&oacute;pez-Mu&ntilde;&oacute;z F. Agonistas y antagonistas de los receptores opioides. Cap&iacute;tulo 59. En: Tratado de Psicofarmacolog&iacute;a. Bases y aplicaci&oacute;n cl&iacute;nica. Salazar M, Peralta C, Pastor FJ, editores. 2<sup>a</sup> ed. Madrid: Editorial M&eacute;dica Panamericana; 2010. p. 742-4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932191&pid=S1134-8046201600030000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. &Aacute;lamo C, L&oacute;pez-Mu&ntilde;&oacute;z F. Analg&eacute;sicos opioides. Rev Soc Esp Dolor 2016; 13(I):13-34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932193&pid=S1134-8046201600030000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. Florez. F&aacute;rmacos opioides: caracter&iacute;sticas farmacol&oacute;gicas. En: Florez. El tratamiento farmacol&oacute;gico del dolor. Madrid: Ars M&eacute;dica ed; 2007. p. 73-116.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932195&pid=S1134-8046201600030000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9. Smith HS. Variations in opioid responsiveness. Pain Physician 2008;11:237-48.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932197&pid=S1134-8046201600030000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. Slowe SJ, Simonin F, Kieffer B, Kitchen I. Quantitative autoradiography of mu-, delta- and kappa1 opioid receptors in kappa-opioid receptor knockout mice. Brain Res 1999;818:335-45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932199&pid=S1134-8046201600030000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">11. Dietis N, Guerrini R, Calo G, Salvadori S, Rowbotham DJ, Lambert DG. Simultaneous targeting of Multiple opioid receptors: a strategy to improve side-effect profile. Br J Anaesth 2009;103:38-49.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932201&pid=S1134-8046201600030000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">12. Ross FB, Wallis SC, Smith MT. Co-administration of sub-antinociceptive doses of oxycodone and morphine produces marked antinociceptive synergy with reduced CNS side-effects in rats. Pain 2000;84:421-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932203&pid=S1134-8046201600030000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">13. Narita M, Khotib J, Suzuki M, Ozaki S, Yajima Y, Suzuki T. Heterologous mu-opioid receptor adaptation by repeated stimulation of kappa-opioid receptor: Up-regulation of G-protein activation and antinociception. J Neurochem 2003;85:1171-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932205&pid=S1134-8046201600030000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">14. Staahl C, Christrup LL, Andersen SD, Arendt-Nielsen L, Drewes AM. A comparative study of oxycodone and morphine in a multi-modal, tissue-differentiated experimental pain model. Pain 2006; 123:28-36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932207&pid=S1134-8046201600030000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">15. Taylor AM, Roberts KW, Pradhan AA, Akbari HA, Walwyn W, Lutfy K, et al. Anti-nociception mediated  by a kappa opioid receptor agonist is blocked by a delta receptor agonist. Br J Pharmacol 2015; 172(2): 691-703.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932209&pid=S1134-8046201600030000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">16. Cox BM, Christie MJ, Lakshmi D, Toll L, Traynor JR. Challenges for opioid receptor nomenclature: IUPHAR Review 9. Br J Pharmacol 2015;172:317-23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932211&pid=S1134-8046201600030000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">17. Vazquez-DeRose J, Stauber G, Khroyan TV, Xie XS, Zaveri NT, Toll L. Retrodialysis of N/OFQ into the nucleus accumbens shell blocks cocaine-induced increases in extracellular dopamine and locomotor activity. Eur J Pharmacol 2013;699:200-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932213&pid=S1134-8046201600030000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">18. Faget L, Erbs E, Le Merrer J, Scherrer G, Matifas A, Benturquia N, et al. In vivo visualization of Delta opioid receptors upon physiological activation uncovers a distinct internalization profile. J Neurosci 2012;32:7301-10.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932215&pid=S1134-8046201600030000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">19. Mercadante S. Opioid combination: Rationale and possible clinical applications. Ann Palliat Med 2013;2(4):189-96.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932217&pid=S1134-8046201600030000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">20. Hashimoto T, Saito Y, Yamada K,  Hara N, Kirihara Y, Tsuchiya M. Enhancement of morphine analgesic effect with induction of Mu-opioid receptor endocytosis in rats. Anesthesiology 2006;105:574-80.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932219&pid=S1134-8046201600030000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">21. Nielsen CK, Ross FB, Lotfipour S, Saini KS, Edwards SR, Smith MT. Oxycodone and morphine have distinctly different pharmacological profiles: Radioligand binding and behavioural studies in two rat models of neuropathic pain. Pain 2007;132:289-300.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932221&pid=S1134-8046201600030000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">22. Pasternak GW. The pharmacology of Mu analgesics: From patients to genes. Neuroscientist 2001; 7:220-31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932223&pid=S1134-8046201600030000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">23. Pasternak GW. Opioids and their receptors: Are we there yet? Neuropharmacology 2014;76:198-203.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932225&pid=S1134-8046201600030000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">24. Nicholson BD. Dual-Opioid Therapy: Changing the Paradigm. Pain Medicine 2012;13:S1-S3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4932227&pid=S1134-8046201600030000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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