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<institution><![CDATA[,Universidad Pompeu Fabra Departamento de Economía y Empresa Centro de Investigación en Economía y Salud]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <P ALIGN="RIGHT"><B><FONT FACE="Verdana" SIZE=2>EDITORIAL</B></FONT> </P>     <P>&nbsp; </P>     <P><B><FONT FACE="Verdana" SIZE=4>Mejor (Servicio) siempre es más (Salud)</FONT></B> </P>     <P>&nbsp; </P>     <P>&nbsp; </P>     <P><B><FONT FACE="Verdana" SIZE=2>Vicente</FONT></B><font face="Arial" size="3" color="#000080"> </font><B><FONT FACE="Verdana" SIZE=2>Ort&uacute;n Rubio</FONT></B> </P>     <P><FONT FACE="Verdana" SIZE=2>Director Centro de Investigaci&oacute;n en Econom&iacute;a y Salud. Departamento de Econom&iacute;a y Empresa. Universidad Pompeu Fabra. </FONT><FONT FACE="Verdana" SIZE=2>Barcelona</FONT> </P> <B><FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>    <BR> </B>Desde que hace cinco a&ntilde;os Vicky Zunzunegui abordara una pregunta parecida en esta secci&oacute;n<SUP>1</SUP>, distintas contribuciones a la Revista han tratado el tema seg&uacute;n muestra el &iacute;ndice por materias de su excelente p&aacute;gina web. Afortunadamente, el editorial brota espont&aacute;neo pues la petici&oacute;n del mismo llega tras la presentaci&oacute;n en Davos del libro del top-gur&uacute; mundial Porter sobre reformas de sistemas sanitarios (ventas millonarias aseguradas) y el mucho m&aacute;s interesante duelo reciente en OK<I> Health Affairs</I> entre David Cutler<SUP>2</SUP>, conferenciante inaugural de las XXV Jornadas de la Asociaci&oacute;n de Econom&iacute;a de la Salud (Barcelona, 2005), y Elliott Fischer<SUP>3</SUP>, conferenciante inaugural de las XXIV Jornadas AES (El Escorial, 2004), cuyos entresijos servir&aacute;n, en lo que sigue, para situar los dos art&iacute;culos de este n&uacute;mero de la revista que me piden enmarcar.</FONT> </P> <B><FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>Del buen empleo de la calderilla</B></FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P>En promedio, la atenci&oacute;n sanitaria produce m&aacute;s beneficios, en cantidad y calidad de vida, que costes pero, al mismo tiempo, m&aacute;s no siempre es mejor sino que, con frecuencia, suele ser peor. Como sociedades gastamos ingentes sumas desarrollando nueva tecnolog&iacute;a (900 millones de d&oacute;lares, por ejemplo, cada medicamento) y s&oacute;lo calderilla hallando formas de utilizar mejor la tecnolog&iacute;a de la que ya disponemos. Sin embargo, para conseguir asistencia de calidad basta aplicar lo que ya se sabe y recordar las constataciones b&aacute;sicas que venimos repitiendo hace a&ntilde;os:</FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>1. Los sistemas sanitarios funcionar&aacute;n cuando los profesionales sanitarios que asignan los recursos tengan la informaci&oacute;n y los incentivos convenientes para tomar decisiones cl&iacute;nicas coste-efectivas.</FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>2. La aut&eacute;ntica gesti&oacute;n sanitaria y la aut&eacute;ntica gesti&oacute;n cl&iacute;nica pasan por reducir el 'abismo' entre lo que puede lograrse, con la tecnolog&iacute;a y los recursos disponibles, y lo que realmente estamos obteniendo.</FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>3. No pagues por A si quieres obtener B. Si pretendes calidad paga por ella. Cuesti&oacute;n de incentivos entre dos actores: el usuario y el profesional. Algo se puede hacer sobre el primero, mucho sobre el segundo.</FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>El mismo a&ntilde;o que el editorial antes citado<SUP>1</SUP>, la publicaci&oacute;n del Informe del Instituto de Medicina de EE.UU<SUP>4</SUP> confirm&oacute; que entre la asistencia sanitaria que tenemos y la que podr&iacute;amos tener no s&oacute;lo existe un trecho sino un abismo. No falta dinero ni tecnolog&iacute;a ni conocimiento. M&aacute;s no siempre es mejor: C&oacute;mo se gasta (¡la buena Medicina!) resulta m&aacute;s relevante que cu&aacute;nto se gasta. Preocuparse por lo que importa -la efectividad, reducir el abismo en calidad- supone incomprensiones, luce poco y consigue escasa financiaci&oacute;n. Pese a todo, la motivaci&oacute;n intr&iacute;nseca funciona y encontramos en nuestra literatura publicaciones que informan sobre experiencias validadas de mejora, incluso revistas de publicaciones secundarias -por ejemplo Gesti&oacute;n Cl&iacute;nica y Sanitaria- empe&ntilde;adas en la cruzada. Como esque-ma inspirador sirva el trabajo de Salvador Peir&oacute; acerca de la reducci&oacute;n de la brecha entre eficacia y efectividad en el abordaje en Espa&ntilde;a 5 del infarto agudo de miocardio.</P>     <P>El art&iacute;culo del profesor Francisco de As&iacute;s Acurcio y sus colaboradores <SUP>6</SUP> en este n&uacute;mero de la revista, se sit&uacute;a asimismo en la l&iacute;nea de investigaci&oacute;n que trata de contribuir a desplazar las pr&aacute;cticas observadas -en este caso el tratamiento de sujetos infectados por VIH en Belo Horizonte- hacia la frontera de posibilidades de producci&oacute;n, horizonte lejano que puede alcanzarse si todo funciona bien. Se trata de otro ejemplo del buen empleo de la calderilla que la investigaci&oacute;n sobre servicios sanitarios exige y que puede ayudar al mejor uso de la tecnolog&iacute;a ya disponible.</FONT> </P> <B><FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>Del pagar por 'ser' al pagar por resultado pasando por el pagar por 'hacer'</B></FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>En los primeros conciertos del extinguido Instituto Nacional de Previsi&oacute;n con hospitales ajenos a la Seguridad Social se part&iacute;a de la estructura de &eacute;stos para pactar las tarifas. Desde 1978 el tambi&eacute;n desaparecido Instituto Nacional de la Salud utiliz&oacute; como criterio fundamental de pago lo que el hospital 'era': grado de especializaci&oacute;n de sus servicios, dotaci&oacute;n de medios diagn&oacute;sticos y terap&eacute;uticos, calificaci&oacute;n de las plantillas, etc. Se desarroll&oacute; incluso una parrilla de categor&iacute;as -desde b&aacute;sico rural a urbano con mucha superespecializaci&oacute;n- en la que cualquier centro hospitalario encajaba. Se pagaba pues por 'ser', con la hip&oacute;tesis impl&iacute;cita, si se quiere, de que una mayor complejidad de la oferta iba asociada a una mayor diversidad y gravedad de los enfermos atendidos, hip&oacute;tesis que obviamente era rechazable en bastantes ocasiones.</FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>Parec&iacute;a m&aacute;s sensato que los centros sanitarios fueran compensados en funci&oacute;n de lo que 'hac&iacute;an' pero -como sabemos- no es lo mismo medir kilowatios o toneladas de acero que estancias o visitas. Fueron los sistemas de ajuste de riesgo los que permitieron clasificar a los pacientes en grupos de isoconsumo de recursos. Si no sabe medirse lo que 'hacen' los centros no pueden establecerse comparaciones ni asignarse los recursos (presupuestos, contratos...) a quienes mejor lo hagan. Efectivamente, la carencia de una medida del producto (aunque fuera intermedio) era un problema sanitario como lo era -y contin&uacute;a si&eacute;ndolo- en los sistemas en educaci&oacute;n, justicia, defensa, polic&iacute;a, o asuntos exteriores. Tampoco algunas actividades de las organizaciones que producen directamente para el mercado se escapan de esta dificultad: relaciones p&uacute;blicas, recursos humanos o planificaci&oacute;n estrat&eacute;gica; en ocasiones han de recurrir a una modalidad de <I>benchmarking</I> conocida como m&eacute;todo Bruegel o 'ciegos conduciendo a ciegos'.</FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>Los Grupos Relacionados con el Diagn&oacute;stico (GRD) de Fetter, implantados en EE.UU. al inicio del a&ntilde;o fiscal de 1984, permitieron aproximar mejor la medida de una parte del producto intermedio hospitalario (lo que se «hace»), adem&aacute;s de ilustrar una r&aacute;pida transici&oacute;n de la investigaci&oacute;n universitaria sobre servicios sanitarios a la aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica y su r&aacute;pida difusi&oacute;n. En Espa&ntilde;a, en 1987, el Consejo Interterritorial del Ministerio de Sanidad y Consumo aprob&oacute; establecer un Conjunto M&iacute;nimo B&aacute;sico de Datos (CMBD) al alta hospitalaria, de acuerdo con los aceptados tanto por el Comit&eacute; Nacional de Estad&iacute;sticas Vitales y de Salud de EE.UU., como por la Comisi&oacute;n de las Comunidades Europeas sobre el conjunto m&iacute;nimo b&aacute;sico de datos europeo, lo cual facilit&oacute; la extensi&oacute;n de los GRD.</FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Los Grupos Cl&iacute;nicos Ajustados (GCA) tambi&eacute;n vinieron de EE.UU, esta vez de Johns Hopkins, con el &aacute;nimo de medir el producto intermedio en atenci&oacute;n ambulatoria, y fueron objeto de tempranas validaciones en Andaluc&iacute;a y Catalu&ntilde;a, fundamentalmente. Sin embargo, Espa&ntilde;a contin&uacute;a sin un CMBD en Atenci&oacute;n Primaria. El art&iacute;culo de Antoni Sicras y colaboradores<SUP>7</SUP> obtiene pesos relativos del coste de la asistencia a trav&eacute;s de los GCA con la vista puesta en la generalizaci&oacute;n del pago capitativo con base territorial que se est&aacute; desarrollando en Catalu&ntilde;a. Adem&aacute;s de los interesantes resultados, los autores insisten en el imprescindible combate contra esa gran infecci&oacute;n nosocomial originada por el virus <I>no computer.</I></FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>Tres sistemas de ajuste de riesgo basados en el diagn&oacute;stico pueden ser &uacute;tiles tanto para un pago capitativo de base territorial como para identificar pacientes tributarios de gesti&oacute;n de casos, seguir el estado de salud de las poblaciones y planificar/evaluar los servicios sanitarios: el mencionado GCA, el de los <I>Clinical Risk Groups </I>(GRG) de 3M y el de las <I>Hierarchical Co-existing Conditions </I>(HCC) de DxCG, citados por el orden de atenci&oacute;n que hasta ahora han recibido en Espa&ntilde;a. Antes de optar sensatamente por uno de los tres, el trabajo pendiente por acometer puede verse, por ejemplo, en un reciente documento de la Fundaci&oacute;n Canadiense de Investigaci&oacute;n sobre Servicios Sanitarios<SUP>8</SUP> que ha orientado la opci&oacute;n de varias provincias hacia los ACG.</FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>'Hacer' no obstante sigue implicando visitas, exploraciones, intervenciones, etc., algunas de las cuales -como las vinculadas con el internamiento hospitalario- podemos aproximar aceptablemente y otras -como la consulta ambulatoria de los hospitales contada con los dedos y sin ajustar- no tanto. En cualquier caso, ha sido posible efectuar una transici&oacute;n paulatina desde premiar el 'ser' a compensar por 'hacer', manteniendo donde est&aacute; indicado -c&aacute;mara hiperb&aacute;rica, servicio de urgencias rural- el pago por 'ser' (en este tipo de servicios cuanto menos 'hagan' mejor).</FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>Cuando falta todav&iacute;a mucho para llegar a medidas satisfactorias de actividad, curiosamente sabemos que ese no es el destino. En una sociedad de enfermos cr&oacute;nicos (diab&eacute;ticos, EPOC, insuficientes card&iacute;acos...), un mayor frenes&iacute; asistencial no suele ser indicio de mejor calidad sino todo lo contrario: Cuanto m&aacute;s (ingresos no programados, comas...) peor. ¿Por qu&eacute; financiamos p&uacute;blicamente los servicios sanitarios? Por su impacto en la salud. Pensemos, pues, en pagar por &eacute;l. De acuerdo, muchas son las variables que influyen en el estado de salud y resulta muy dif&iacute;cil establecer el porcentaje atribuible a la intervenci&oacute;n sanitaria. Remont&eacute;monos un poco en el tiempo, hasta antes de nacer; si supi&eacute;ramos que seremos diab&eacute;ticos o que tendremos un c&aacute;ncer digestivo, ¿en qu&eacute; pa&iacute;s del mundo nos gustar&iacute;a vivir? En el que mejor controle la diabetes -medible a trav&eacute;s de la hemoglobina glicosilada- o en el que tuviera mayor supervivencia tras c&aacute;ncer -aproximable, por ejemplo, por el porcentaje de c&aacute;nceres digestivos diagnosticados en Urgencias Hospitalarias. Algo puede, pues, decirse ya sobre los resultados que realmente importan a los ciudadanos.</P>     <P>El necesario avance hacia medidas de resultado de la atenci&oacute;n sanitaria contribuir&aacute; a reducir la brecha entre eficacia y efectividad y a obtener una base de evaluaci&oacute;n del comportamiento sobre la que incentivar la calidad de los proveedores y la elecci&oacute;n informada de los usuarios. Todo con un coste mundial de investigaci&oacute;n en servicios sanitarios muy inferior al de desarrollar un nuevo medicamento. M&aacute;s no siempre es mejor, pero mejor (servicio) siempre es m&aacute;s (salud).</FONT> </P>     <P>&nbsp; </P> <B><FONT FACE="Verdana">    <P ALIGN="CENTER">BIBLIOGRAF&Iacute;A</B></FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>1. Zunzunegui M. ¿M&aacute;s servicios o mejores servicios? Calidad y eficiencia en los servicios hospitalarios para las personas mayores. Rev Esp Salud P&uacute;blica. 2001; 75: 181-182.</FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>2. Cutler D. Making sense of medical technology. Health Affairs (edici&oacute;n electr&oacute;nica). 2006 (publicado 7 febrero). Disponible en: </FONT><a HREF="http://content.healthaffairs.org/cgi/reprint/hlthaff.25.w48v1" target="_blank"><FONT FACE="Verdana" SIZE=2>http://content.healthaffairs. org/cgi/reprint/hlthaff.25.w48v1</FONT></a><FONT FACE="Verdana" SIZE=2> </P>     <P>3. Skinner J, Staiger D, Fisher E. Is technological change in medicine always worth it? The case of acute myocardial infarction. Health Affairs (edici&oacute;n electr&oacute;nica). 2006 (publicado 7 febrero). Disponible en: </FONT><a HREF="http://content.healthaffairs.org/cgi/reprint/hlthaff.25.w34v1" target="_blank"><FONT FACE="Verdana" SIZE=2>http://content.healthaffairs.org/cgi/reprint/hlthaff.2 5.w34v1</FONT></a><FONT FACE="Verdana" SIZE=2> </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>4. Institute of Medicine. Crossing the Quality Chasm: A New Health System for the 21st century. Washington: National Academy Press; 2001.</FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>5. Peir&oacute; S. De la gesti&oacute;n de lo complementario a la gesti&oacute;n integral de la atenci&oacute;n a la salud. En Ort&uacute;n V (dir): Gesti&oacute;n Cl&iacute;nica y Sanitaria. Barcelona: Masson; 2003. p 17-87.</FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>6. Acurcio FA, Puig-Junoy J, Bonolo PF, Ceccato MGB, Guimar&atilde;es MDC. An&aacute;lisis coste-efectividad de la adhesi&oacute;n inicial a la terapia antirretroviral entre individuos afectados por el VIH en Belo Horizonte, Brasil. Rev Esp Salud P&uacute;blica. 2006; 80: 41-54.</FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>7. Sicras-Mainar A, Serrat-Tarr&eacute;s J, Navarro-Artieda R, Llopart L&oacute;pez JR. Posibilidades de los grupos cl&iacute;nicos ajustados en el ajuste de riesgos de pago caritativo. Rev Esp Salud P&uacute;blica. 2006; 80: 55-65.</FONT> </P> <FONT FACE="Verdana" SIZE=2>    <P>8. Berlinguet M, Preyra C, Dean S. Comparing the value of three main diagnostic-based risk-adjustment systems. Canadian Health Services Research Foundation; 2005. Accesible en: </FONT><a HREF="http://www.chsrf.ca/final_research/ogc/pdf/berlinguet_final.pdf" target="_blank"><FONT FACE="Verdana" SIZE=2>http://www. chsrf.ca/final_research/ogc/pdf/berlinguet_final.pdf</FONT></a></P>     ]]></body>
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