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<journal-title><![CDATA[Revista Española de Salud Pública]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El Instituto de Salud Carlos III y la sanidad española: Origen de la medicina de laboratorio, de los institutos de salud publica y de la investigación sanitaria]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The «Instituto de Salud Carlos III» and the Public Health in Spain: Origin of Laboratory Medicine and of the Central Laboratories and Research in Public Health]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Ministerio de Sanidad y Consumo Instituto de Salud Carlos III Centro Nacional de Microbiología]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The «Instituto de Salud Carlos III» is the Central Public Health Laboratory in Spain with an important component of scientific research in health related areas, such as cancer, cardiovascular diseases, infectious diseases and enviromental health. The article describes the development of the Public Health Institutes, arising from the introduction and development of scientific and laboratory based medicine and the introduction of vaccination and sanitation with the control of water and food. At about the same time, the discoveries in microbiology and immunology were produced, being the research activities incardinated with the practical advances in the control of products. To cope with the practical needs, Institutions were created with the responsibility of providing smallpox vaccine but incorporating very soon production of sera and other vaccines and water and sanitation control and foods control. At the same time, colonization of countries specially in Africa, South East Asia and explorations in Central America confront the Europeans with new diseases and the need of laboratories where to study them. These circumstances gave rise to the birth of the Central Public Health Laboratories and the National Institutes of Health at the beginning of the XX century in many countries. In Spain, the Spanish Civil War was a breaking point in the development of such an institution that finally was reinvented with the creation of the Instituto de Salud Carlos III, in 1986, incorporating research and epidemiological surveillance and control of diseases and also the responsibilities of the Food and Drug Control, lately separated from it.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Historia]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p ALIGN="right"><b><font face="Verdana" size="2"><a name="up"></a>COLABORACIÓN       ESPECIAL</font></b></p>           <p ALIGN="right">&nbsp;</p>           <p ALIGN="left"><b><font face="Verdana" size="4">El Instituto de Salud Carlos III y la sanidad española. Origen de la medicina&nbsp;    <br>  de laboratorio, de los institutos de salud publica y de la investigación sanitaria</font></b></p>           <p ALIGN="left"><font face="Verdana" size="4"><b>The «Instituto       de Salud Carlos III» and the Public Health in Spain</b> <b>Origin&nbsp;    <br>  of       Laboratory Medicine and of the Central Laboratories and Research in Public Health</b></font>           <p ALIGN="left">&nbsp;           <p ALIGN="left">&nbsp;           <p ALIGN="left"><b><font face="Verdana" size="2">Rafael Nájera Morrondo</font></b>           <p><font face="Verdana" size="2">Centro nacional de       microbiología. Instituto de Salud Carlos III. Ministerio de Sanidad y       Consumo.</font>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2"><a href="#back10">Dirección para </a></font><a href="#back10">c<font face="Verdana" size="2">orrespondencia</font></a><font face="Verdana" size="2">:</font>           <p>&nbsp;           <p>&nbsp;           <p>&nbsp;       <hr size="1">           <p ALIGN="left"><font face="Verdana" size="2"><b>RESUMEN</b></font>           <p><font face="Verdana" size="2">El Instituto de Salud Carlos III       es la sede de los Institutos Nacionales de Sanidad en España, con un       componente muy importante de investigación científica en áreas       relacionadas con la salud, tales como las enfermedades infecciosas, el       cáncer, las enfermedades cardiovasculares y la sanidad ambiental, así       como de vigilancia e investigación epidemiológica. Este artículo       describe el desarrollo de los Institutos de Salud Pública, que se       originan con la introducción y afianzamiento de la Medicina de       Laboratorio y Científica, basada en la incorporación a la práctica       sanitaria, de la vacunación antivariólica, el saneamiento y el control       del agua y de los alimentos.    <br>       Aproximadamente en la misma       época, se producen los grandes descubrimientos de la microbiología y de       la inmunología que se funden con los avances prácticos en el control de       productos. Para hacer frente a las necesidades de orden práctico, se       crearon instituciones con responsabilidad para el mantenimiento y       provisión de la vacuna antivariólica, pero que incorporaron pronto la       producción de sueros y otras vacunas, así como el control de aguas, del       saneamiento y de los alimentos, a medida que los avances científicos lo       permitían. Al mismo tiempo, la colonización de África, la exploración       de muchas zonas de América Central y el Caribe, enfrentaron a los       científicos de los países avanzados con nuevas enfermedades y la       necesidad de laboratorios donde estudiarlas.    <br>       Estas circunstancias dieron       origen, a comienzos del siglo XX al nacimiento de los Institutos       Nacionales de Sanidad en numerosos países, que en España llega hasta hoy       con el Carlos III.</font>           <p><font face="Verdana" size="2"><b>Palabras clave: </b>Historia.       Salud Pública. Epidemiología.</font>       <hr size="1">           <p ALIGN="left"><font face="Verdana" size="2"><b>ABSTRACT</b></font>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">The «Instituto de Salud Carlos       III» is the Central Public Health Laboratory in Spain with an important       component of scientific research in health related areas, such as cancer,       cardiovascular diseases, infectious diseases and enviromental health. The       article describes the development of the Public Health Institutes, arising       from the introduction and development of scientific and laboratory based       medicine and the introduction of vaccination and sanitation with the       control of water and food. At about the same time, the discoveries in       microbiology and immunology were produced, being the research activities       incardinated with the practical advances in the control of products. To       cope with the practical needs, Institutions were created with the       responsibility of providing smallpox vaccine but incorporating very soon       production of sera and other vaccines and water and sanitation control and       foods control. At the same time, colonization of countries specially in       Africa, South East Asia and explorations in Central America confront the       Europeans with new diseases and the need of laboratories where to study       them. These circumstances gave rise to the birth of the Central Public       Health Laboratories and the National Institutes of Health at the beginning       of the XX century in many countries. In Spain, the Spanish Civil War was a       breaking point in the development of such an institution that finally was       reinvented with the creation of the Instituto de Salud Carlos III, in       1986, incorporating research and epidemiological surveillance and control       of diseases and also the responsibilities of the Food and Drug Control,       lately separated from it.</font>           <p><font face="Verdana" size="2"><b>Key words:</b>  Hystory. Public Health.       Epidemiology.</font>       <hr size="1">           <p ALIGN="left">&nbsp;           <p ALIGN="left">&nbsp;           <p ALIGN="left">&nbsp;           <p ALIGN="left"><b><font face="Verdana">Antecedentes. El ambiente       científico sanitario</font></b>           <p><font face="Verdana" size="2">Con Felipe V e Isabel de Farnesio       llegan a España una serie de médicos entre ellos D. José Cervi, su       médico personal, quien influye sobre el monarca para la introducción en       España de las Academias a semejanza de la de París, aún cuando debemos       recordar que existen antecedentes, como la Venerada Tertulia Médica       Hispalense, fundada en 1693 por D. Juan Muñoz y Peralta. Todo esto       refleja un ambiente de cambio, para «<i>el estudio de la verdadera       física, medicina, cirugía, química y botánica» </i>y que como es       lógico, dio origen a luchas entre renovadores y clásicos, como hemos       analizado recientemente (Nájera, 2006).</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Fue realmente la introducción de       la pugna por el uso de la variolización, primero y el descubrimiento de       Jenner, después, lo que introduce una serie de parámetros nuevos en la       concepción de la enfermedad y su prevención, con el nacimiento de la       vacunación y el comienzo de la medicina científica y su proyección       hacia la Salud Pública.</font>           <p>&nbsp;           <p align="center"><font face="Verdana" size="2"><img border="0" src="/img/revistas/resp/v80n5/figura41.jpg" width="600" height="490">       </font>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;           <p><b><font face="Verdana" size="2">Desarrollo histórico de la       medicina       científica como base de los Institutos       de Sanidad</font></b>           <p><font face="Verdana" size="2">Como hemos analizado       recientemente (Nájera, 2006 b) podemos considerar al siglo XIX, el       verdadero siglo de la Ciencia, al asumir el Estado y las Universidades su       promoción y financiación de forma sistemática. Como recogen Knight y       Kragh (1998), la Revolución Francesa barre con viejas prácticas y       convenciones aportando la autoridad de la razón. Se produce una       revolución en los conocimientos de la Química, con Lavoisier y se       introduce con inusitada rapidez en la medicina y la farmacia,       constituyendo una de las puertas de entrada de la ciencia en el entender y       el quehacer médico.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">En España a fines del siglo nace       el laboratorio del Seminario de Vergara de la Sociedad Económica       Vascongada, donde Ignacio de Zavalo preparará el acero «colado y       cementado», de tan buena calidad como el que venden los ingleses, los       hermanos Elhúyar, especialmente Juan José descubren el wolframio y en       1786 Chabaneau, «purificará la platina».</font>           <p><font face="Verdana" size="2">La otra gran puerta de entrada de       la ciencia en la medicina va a venir también de la mano de la Revolución       Francesa, la cual con la apertura de los grandes Hospitales públicos a       los médicos para realizar investigación, va a aglutinar una serie de       personas excepcionales, que van a cambiar la medicina, transformándola en       la Ciencia Médica. Entre ellos encontramos a François Bichat y su       discípulo René Laënnec, médico, primero en la Salpêtrière y luego en       el Hôpital Necker, quien en 1.816 diseña y aplica el estetoscopio, lo       que le permitió describir una serie de enfermedades del pulmón como       bronquitis y neumonías, pero especialmente importante en la época, la       tuberculosis. En 1.819 publica su <i>Traité d l'Auscultation médiate</i>,       con descripciones clínicas y patológicas de muchas enfermedades del       pulmón, acuñando su famosa frase: <i>«La Medicina tiene que ser una       Ciencia y el diagnóstico científico su esencia»</i>.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Así, se van a producir los       grandes cambios en la medicina, tanto en las ideas como en la práctica,       al sustituirse la teoría humoral que se había mantenido durante cientos       de años y que explicaba la enfermedad por el desequilibrio de fluidos o       energías, por un fenómeno localizado, basado en cambios materiales en       los órganos y tejidos del cuerpo, dando pie a lo que se ha denominado, la       desaparición del paciente.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">La introducción de los medios       diagnósticos y la medicina científica va a producir cambios       substanciales, aunque paulatinos en la práctica clínica, pasando de la <i>«medicina       de cabecera»</i> a la <i>«medicina hospitalaria»</i> y al nacimiento de       la <i>«medicina de laboratorio»</i>, alterando la relación       médico-paciente, como hemos analizado recientemente. (Nájera, 2.006)</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Desde el punto de vista médico       los cambios van a depender de la introducción de tres técnicas       principales, que van a conducir a tres nuevas formas de examinar la       enfermedad: examen físico (estetoscopio y comienzo de la semiología),       examen clínico-patológico (autopsias para correlacionar la clínica con       el substrato orgánico y uso del microscopio) y examen estadístico       (buscando la significación de los hallazgos y datos).</font>           <p><font face="Verdana" size="2">La «medicina de laboratorio»       supone el estudio de los procesos vitales con las herramientas y conceptos       de la física y la química. Aporta una visión reduccionista del       organismo al admitir que no existen diferencias fundamentales entre los       procesos que ocurren en los organismos y los del mundo inorgánico y con       el tiempo va a ir desplazando la importancia concedida al método       «clínico-patológico» enfocando la enfermedad a nivel celular y en los       procesos bioquímicos (Brunton, 2004).</font>           <p><font face="Verdana" size="2">En la medicina el laboratorio de       química y física se va a proyectar sobre análisis ambientales (agua,       aire, alimentos) y análisis clínicos. Van a comenzar posteriormente los       laboratorios de producción (sueros y vacunas, primero antivariólica,       luego difteria y tétanos) dando origen a los laboratorios de la industria       farmacéutica. El laboratorio de bacteriología aparece como elemento       fundamentalmente diagnóstico y de control en Salud Pública.</font>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Todo ello va a condicionar la       aparición a mediados del siglo XIX de los Laboratorios de Higiene       municipales y nacionales, así como laboratorios en los Hospitales,       Universidades y en la industria.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">En esta breve revisión       histórica vemos confluir la investigación científica con la       investigación clínica y de Salud Pública en el nacimiento a finales del       siglo XIX de los Institutos Nacionales, que van a llegar hasta hoy y en       nuestro caso van a constituir los cimientos del actual Instituto de Salud       Carlos III.</font>           <p><b><font face="Verdana" size="2">El ambiente socio-cultural del       fin de siglo</font></b>           <p><font face="Verdana" size="2">La derrota del 98, con la       pérdida de las últimas colonias fue un revulsivo para la España de la       Restauración en que los partidos burgueses se habían adaptado a la       cómoda y patética alternancia del poder. Frases como las de Rodríguez       Carracido:</font>           <p><font face="Verdana" size="2"><i>«el problema de la educación       científica en España se ha planteado como necesidad apremiante       inmediatamente después de la pérdida de los últimos restos de nuestro       poderío colonial...», «... nuestra derrota era inevitable, por ser los       Estados Unidos el pueblo de la Física y la Química y España el de la       Retórica y Poética»,</i> (Sánchez Ron, 1988), enlazan un siglo       después, con el famoso artículo «España» de Masson de Morvilliers en       la Enciclopedia Metódica en 1.782, que va a exacerbar la «polémica de       la ciencia española». <i>«El español tiene aptitud para las ciencias,       existen muchos libros, y, sin embargo, quizá sea la nación más       ignorante de Europa. ¿Qué se puede esperar de un pueblo que necesita       permiso de un fraile para leer y pensar?», «... un libro impreso en       España sufre regularmente seis censuras antes de poder ver la luz, y son       un miserable franciscano o un bárbaro dominico quienes deben permitir a       un hombre de letras tener genio...»</i></font>           <p><font face="Verdana" size="2">La actitud despótica del       ministro Orovio, dio lugar a la <i>«cuestión universitaria»</i> y como       consecuencia a la Institución Libre de Enseñanza, creada en 1.879 por       Francisco Giner de los Ríos, Manuel Bartolomé Cossio y Gumersindo de       Azcárate, entre otros. Reproducimos un fragmento de la famosa circular de       Orovio:</font>           <p><i><font face="Verdana" size="2">«Que vigile V.S. con el mayor       cuidado para que en los establecimientos que dependen de su autoridad no       se enseñe nada contrario al dogma católico ni a la       sana moral, procurando que los profesores se atengan estrictamente a la       explicación de las asignaturas que les están confiadas, sin extraviar el       espíritu dócil de la juventud por sendas que conduzcan a funestos       errores sociales...»</font></i>           <p><font face="Verdana" size="2">en la que no, obstante, se       denominó «Edad de Plata de la Cultura Española.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">En este ambiente, surge en 1.907,       por el Real Decreto de 11 de Enero la Junta para Ampliación de Estudios e       Investigaciones Científicas, (JAE), bajo la Presidencia de Santiago       Ramón y Cajal, quien en aquellos años escribe «<i>El problema de       España es un problema de cultura, así como los ríos se pierden en la       mar, las inteligencias se pierden en la ignorancia».</i></font>           <p><font face="Verdana" size="2">Castillejo, Secretario de la JAE       fue a su vez el hilo conductor con el International Health Board de la       Fundación Rockefeller, que posteriormente, a partir de los años 20's       jugó un papel importante en la formación y apoyo de distintas       instituciones científicas y sanitarias (Rodríguez Ocaña, 1998; Weinding, 2000).</font>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">En 1931 aparece otra institución       importante en el conjunto del desarrollo científico español con gran       trascendencia en el ambiente biomédico y sanitario, la Fundación       Nacional para Investigaciones Científicas y Ensayos de Reforma, que va a       durar hasta 1.939. Comenzó a actuar en 1.932 con Teófilo Hernando como       Presidente y Castillejo como Director Administrativo. Tuvo una gran       actividad biomédica en los breves años de su existencia, con la       inauguración de diversos laboratorios de: Histología y Cultivos       Celulares (Universidad de Valladolid), de Química Orgánica (Universidad       de Salamanca), de Hematología (Universidad de Zaragoza), de Genética       (Universidad de Salamanca) y de Embriología (Universidad de Cádiz),       adscribiéndose a ella, el Instituto Cajal, ya existente (Formentín       Ibáñez y Rodríguez Fraile, 2001).</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Con todos estos antecedentes y       las subsiguientes condenas a todo lo realizado previamente: ideas,       personas e instituciones, va a surgir, después de la guerra civil, el       Consejo Superior de Investigaciones Científicas, (Ley de 24 de noviembre       de 1939 y Reglamento de 10 de febrero de 1940), con una visión resumida       por Ibáñez Martín parafraseando a José Antonio Primo de Rivera, con la       frase «por la ciencia hacia Dios» (Claret Miranda, 2006).</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Como botón de muestra, veamos lo       que escribió Antonio de Gregorio Rocasolano, el maestro de José María       Albareda, Secretario General Vitalicio del Consejo Superior de       Investigaciones Científicas en <i>«Una poderosa fuerza secreta: la       Institución Libre de Enseñanza»</i>, 1.940, libro inspirado en el de       Enrique Súñer, Presidente del Tribunal de Responsabilidades Políticas, <i>«Los       intelectuales y la tragedia española», </i>Burgos, 1.937 (1ª ed.):</font>           <p><i><font face="Verdana" size="2">«... Lo que importa       -concluye- es que las Logias masónicas no puedan actuar sobre el       Ministerio de Instrucción Pública contra la paz y el progreso de       España, desde la trinchera de la Institución Libre de Enseñanza. Lo que       importa es que los que llevamos en el corazón a España, opongamos a la       funesta táctica internacionalista de la Institución una labor cultural       de honda raíz española, alejada de toda política de partido, puesto       nuestro ideal en el servicio de Dios y en la grandeza de la España       inmortal»</font></i>           <p><b><font face="Verdana" size="2">Origen de los Institutos       Nacionales       de Sanidad</font></b>           <p><font face="Verdana" size="2">Las instituciones hospitalarias <i>medievales</i>,       en general más de beneficencia que médicas, llegan hasta el siglo XVIII       y en algunos casos hasta el XX. No obstante la política de creación de       hospitales de los siglos XVII y XVIII, financiados por los gobiernos,       siguiendo la teoría política del mercantilismo o cameralismo va a dar       origen a hospitales especializados ya que muchos pacientes no son       admitidos en los hospitales generales, lo que como hemos visto al hablar       de los cambios en la medicina, va a favorecer las demandas de       investigación y enseñanza.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Así, en las <i>«Constituciones       del Hospital Real de Santiago»</i> sobre las enfermedades que pudieran       contagiarse, se recoje:<i> «ni con licencia del administrador se acoja a       ninguno que traiga mal contagioso» y «para esto, todas las noches al       acostarse los peregrinos, los han de ver desnudos antes que se acuesten y       los que no estuvieren limpios acostarlos han en una cama a parte que ay       para los sarnosos».</i> En el capítulo 10 dice <i>«que no se reciban en       él, peregrinos enfermos de peste, bubas o lepra, y sí los de tabardillo,       sarna y otros males por no haber contagio y de peligro, pero advierte que       para los sarnosos haya aposentos aparte y también que se guarde con mucho       cuidado lo dispuesto sobre la ropa sucia de los enfermos». </i>En otro       pasaje, se cita que<i> «los enfermos que aspiraban a ser recibidos en el       hospital se presentaban a la puerta, llamándose en seguida al médico       para que los examinase y viese si padecían alguna enfermedad contagiosa,       en lo que se debía poner gran diligencia a fin de evitar los casos que se       habían dado de que por hacer esperar a los peregrinos enfermos a la       puerta toda la noche, alguna vez aparecieron muertos al día siguiente» y       si el diagnóstico no era claro se les recibía lo mismo pero sólo por       una noche, «pues era menos inconveniente echarle al enfermo al otro día,       si no debió ser recibido, que no dexarlo morir a la puerta» </i>(Vázquez       de Parga y cols., 1948)<i>.</i></font>           <p><font face="Verdana" size="2">Entre estas instituciones       hospitalarias van a surgir los que vienen ligados al primer elemento de       prevención específico, esto es la vacuna antivariólica,       desarrollándose de esta forma los Hospitales de vacunación a lo largo       del siglo XIX, como continuación del fundado en 1.799 en Londres, el       London Small-Pox and Inoculation Hospital o el Inoculation Institute en       Brno (Bohemia), para asegurar la conservación y distribución de la       vacuna.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Aparte la vacuna antivariólica,       otro factor importante en el desarrollo de los Institutos de Sanidad va a       ser la Higiene, que se enseña ya como Higiene Pública en París,       creándose la primera cátedra en 1.794. En España se enseña junto con       la Fisiología desde 1.804 hasta 1.843 en que con el Plan Mata se crearon       las primeras Facultades de Medicina y en ellas y en los Colegios, las       primeras cátedras de Higiene Privada y Pública. En 1.845, con el Plan       Pidal y a instancias de Mateo Seoane se desdobla la Higiene en Privada,       que se imparte en segundo año y Pública en el último, así como se crea       un nuevo curso de «Higiene Pública considerada en sus relaciones con la       ciencia del Gobierno», que se explicará en el primer año del Doctorado,       estudiándose en ella, por primera vez, los temas relacionados con la       Administración y la legislación sanitaria.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Un tercer factor en este surgir       de los Institutos, especialmente en Inglaterra, Alemania y Bélgica va a       ser la Medicina Tropical, ligada al colonialismo y a la       necesidad de estudiar y tratar de resolver problemas ligados a la       penetración y a la explotación de las tierras africanas. En nuestro       país, prácticamente no se despierta la necesidad y el interés hasta la       penetración en los bosques de Guinea, con las explotaciones forestales.       En 1.910 se materializa en la famosa expedición a las posesiones del       Golfo de Guinea, reflejadas en el informe de Pittaluga (Pittaluga, 1910)       sobre la enfermedad del sueño (tripanosomiasis africana) que originó la       instalación de un pequeño laboratorio, que se continuó posteriormente       con la «Hipnosería» de Fernando Poó, donde estuvo de médico y       Director, Luis Nájera Angulo en 1929 y 1930. (<a href="#f">figuras 2-4</a>).</font>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="Verdana" size="2"><a name="f"><img border="0" src="/img/revistas/resp/v80n5/figura42.jpg" width="600" height="800">       </a></font>           <p align="center"><font face="Verdana" size="2"><img border="0" src="/img/revistas/resp/v80n5/figura43.jpg" width="600" height="725">       </font>           <p>&nbsp;           <p><b><font face="Verdana" size="2">Instituto Nacional de Vacuna</font></b>           <p><font face="Verdana" size="2">En nuestro país la primera       institución sanitaria moderna fue el Instituto Nacional de Vacuna, creado       por Real Decreto de 24 de Julio de 1871 siendo Ministro de Fomento, D.       Manuel Ruiz Zorrilla, bajo el reinado de Amadeo I de Saboya <i>«con       objeto de impulsar la vacuna contra la viruela, enfermedad que venía       ocasionando más de 6.000 muertos al año»</i>, según recoge Navarro y       García (2001). No se instaló sin embargo hasta el 7 de Marzo de 1874       como <i>«Centro Provisional de Vacunación»</i> bajo la dirección de la       Real Academia de Medicina por la Real Orden de 17 de Abril de 1875. Por       Real Orden de 24 de Enero de 1876 se reorganiza, cambiando su nombre por       el de Centro General de Vacunación, aprobándose su Reglamento el 14 de       Septiembre de 1876. Finalmente, el 1 de Julio de 1877 pasó a denominarse       Instituto de Vacunación del Estado y por Real Decreto de 20 de Noviembre       de 1.895 se reorganizó su personal, siendo su primer Director Francisco       Méndez Alvaro (1806-1883), organizador a su vez de la Sociedad Española       de Higiene y su último Director, Marcial Taboada de la Riva (1837-1913).</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Es interesante consignar que en       la «Exposición» del Decreto fundacional se dice al Rey, Amadeo:</font>           <p><i><font face="Verdana" size="2">«SEÑOR: El Ministro de       Fomento va a llamar la atención de V.M. hacia un asunto de gravísima       importancia que se refiere a la salud pública y respecto del cual es       imposible permanecer ya indiferente».</font></i>           <p><font face="Verdana" size="2">Tras esta exposición pasa a       exponer el propósito del Decreto:</font>           <p><i><font face="Verdana" size="2">«El adjunto decreto tiende a       promover la ilustración sobre la vacuna, a combatir esa epidemia funesta       y a continuar en este punto una tradición gloriosa para nuestro país»</font></i>           <p><font face="Verdana" size="2">y más adelante señala un punto       que fue clave en la expedición de Balmis a la que hace referencia y que       va a ser clave en la necesidad del naciente Instituto:</font>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i><font face="Verdana" size="2">«... por los hombres       previsores y amantes del bien público en vista del prudente y decidido       empeño con que se procuró <u>la conservación y perpetuación del fluido       vacuno</u> en tan dilatadas comarcas. En muchísimas poblaciones de la       América española quedaron establecidas por la celosa iniciativa de los       Profesores que tomaron parte en aquella exposición juntas centrales de       vacuna y casas para perpetuar y conservar este inestimable       preservativo...»</font></i>           <p><i><font face="Verdana" size="2">«...como hasta hoy lo ha       cumplido la Casa Central de Vacuna de Manila. Inspiradas fueron también       por el mismo plausible propósito las reglas contenidas en la Real cédula       de 21 de Abril de 1.805, por las que se mandó entre otras cosas, que en       cada hospital hubiese una sala destinada a la conservación de la       vacuna...»</font></i>           <p><font face="Verdana" size="2">y junto a las consideraciones de       tipo práctico para asegurar la conservación de la vacuna hace alusión a       diferentes cuestiones de</font>           <p><i><font face="Verdana" size="2">«...Medicina humana y       comparada, de Higiene privada y pública, de Administración y de       Beneficencia cuyo estudio y cuya resolución, <u>esencialmente       científicas </u>(El subrayado es nuestro, para llamar la atención del       nacimiento de una institución cuya función será asegurar la       conservación de la vacuna y cuya base ya se considera esencialmente       científica. Por otra parte se trae a colación que su creación se       enmarca en una corriente europea de creación de Institutos similares.),       interesan no sólo al prestigio de tan inestimable preservativo, á la       Autoridad de los Municipios y al Gobierno de la Nación, sino también a       las familias, á la vida social y al bienestar de los pueblos».</font></i>           <p><i><font face="Verdana" size="2">«De tal importancia son       algunas de esas cuestiones y tan urgente aparece su estudio, que hubiera       creído el Ministro que suscribe que dejaba un lamentable vacío si no       sometía a la aprobación de V.M. la creación de un <u>Instituto nacional       de Vacuna, imitando en este punto la conducta del mayor número de los       Gobiernos de Europa. En Berlín, en Viena, en Nápoles, en Milán, en       París, en Londres, en San Petesburgo,</u> no sólo en las capitales de       los Estados, sino en poblaciones de segundo orden, existen Institutos de       vacunación que con este u otro nombre han hecho inmensos beneficios a la       salud pública, demostrando de una manera indudable que la viruela es una       epidemia que se combate con facilidad y que puede llegar a extinguirse».</font></i>           <p><font face="Verdana" size="2">A continuación hace referencia a       Irlanda y Nápoles donde la conservación adecuada y administración de la       vacuna ha conseguido reducir considerablemente el número de casos fatales       de la enfermedad, como labor del <i>«gran Instituto Jenneriano»</i>, el       cual, como en el caso del de Nápoles se apoya, según se deduce del texto       en una <i>«comisión de vacunación»</i>, con capacidad para exigir el       certificado de vacunación hasta para tramitar un expediente cualquiera.       Finalmente concluye con una consideración de gran interés, esto es       recabando para el Instituto el constituirse en un <i>«campo abonado para       los progresos científicos» y «centro de previsora beneficencia para la       salud de los pueblos, deberá ser también punto de partida y fuente de       provechosos conocimientos para las medidas que en asuntos de tanta       cuantía haya de adoptar la Administración pública»</i></font>           <p><font face="Verdana" size="2">Finaliza apuntando que<i> «el       Gobierno podrá reclamar los consejos que crea convenientes de un       Instituto creado para el especial conocimiento de las viruelas y de la       vacuna y obligado a tareas activas e incesantes de investigación y de       estudio, que deben ser y que sin duda llegarán á ser útiles para la       patria y gloriosas para la ciencia».</i></font>           <p><font face="Verdana" size="2">Se puede observar que en 1871 no       se menciona la Bacteriología, que no va a aparecer en nuestra       legislación de institutos hasta el decreto de 1984 y con mayor propiedad       en el de 1899, aún cuando el Instituto Pasteur de París se creó en       1881.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Es importante señalar que en       este Decreto, que crea la primera institución sanitaria nacional, se       señala ya la idea de resolver un importante problema de salud pública,       su dependencia de la investigación científica, su configuración como       organismo consultivo de la administración, su similitud con instituciones       similares de otros países de Europa y su constitución como organismo de       investigación. Todos ellos son los componentes que van a aparecer más de       100 años después como bases en la creación del Instituto de Salud       Carlos III, como <i>«organo de apoyo científico técnico del Ministerio       de Sanidad y de los Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas»</i>,       que se configura posteriormente como Organismo Público de Investigación.</font>           <p><b><font face="Verdana" size="2">Otros Institutos en el mundo y       en España</font></b>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">El otro elemento fundamental en       el desarrollo de las instituciones sanitarias de carácter científico va       a venir constituido por el desarrollo de los conocimientos en       Bacteriología, Virología e Inmunología a lo largo del siglo XIX.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Entre 1881, fecha de la creación       del Instituto Pasteur y 1913 en que se crea el Medical Research Council,       van a aparecer en el mundo occidental una serie de instituciones efectoras       de investigación biomédica y sanitaria y/o financiadoras de la misma, y       entre ellas, de forma destacada, las instituciones que representan la       asunción por parte de los Estados, de las responsabilidades en Salud       Pública con la incorporación de los avances científicos y su       articulación para aplicarlas en la práctica.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Así aparecen, entre otras, las       siguientes instituciones: Instituto de Enfermedades Infecciosas. Berlín       (1891), Instituto de Medicina Experimental. San Petesburgo (1892),       Instituto Británico de Medicina Preventiva. Londres, luego Lister (1893),       Instituto Nacional de Bacteriología y de Higiene. Madrid (1894),       Instituto de Higiene Experimental. Montevideo. Uruguay (1896), Liverpool       School of Tropical Medicine. Liverpool (1899), Instituto de Sueroterapia,       Vacunación y Bacteriología. Madrid (1899), National Institutes of Health       (NIH) - Marine Hospital Service (1904). Antecedentes en 1798, 1887 y el       primer laboratorio, Washington (1891), Instituto Nacional de Higiene de       Alfonso XIII (1911) y el Medical Research Council. Londres (1913).</font>           <p><b><font face="Verdana" size="2">Instituto Nacional de       Bacteriología       y de Higiene</font></b>           <p><font face="Verdana" size="2">Se creó por Real Decreto de 23       de Octubre de 1894 siendo Ministro de la Gobernación, D. Alberto Aguilera       y Velasco, y «Reina Regente del Reino, en nombre de Mi Augusto Hijo el       Rey D. Alfonso XIII, María Cristina» de Habsburgo-Lorena. Este Instituto       no llegó a ponerse en marcha, siendo interesante constatar que la       intencionalidad de no desarrollarlo ya se vislumbra en la propia       redacción del decreto. Así, es curioso que, en contraposición al       Instituto Nacional de Vacuna, se refiere exclusivamente <i>«...a los       aspectos bacteriológicos y químicos con aplicación a los servicios       sanitarios, á las inoculaciones preventivas contra la viruela (pero no       disuelve el Instituto Nacional de Vacuna)... a todos los procedimientos       curativos derivados de los conocimientos bacteriológicos, á la       desinfección y á Parque sanitario»</i>. Como se puede apreciar se le da       un carácter exclusivamente de servicio, de aplicación a los servicios       sanitarios, olvidando todo aspecto de investigación o docencia sanitaria.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Por otra parte y exponente de la       poca voluntad política de ponerlo en marcha, se afirma que:</font>           <p><i><font face="Verdana" size="2">«... para su edificación se       utilizarán los solares que a este fin sean cedidos gratuitamente al       Ministerio de la Gobernación» y «Se aplicará á las obras y á la       compra del material la parte necesaria del crédito extraordinario       concedido para atenciones de epidemias por Ley de 14 de Junio de este       año.»</font></i>           <p><font face="Verdana" size="2">Es interesante destacar que si       analizamos las dotaciones presupuestarias de esos años, según recoge       Rico Avello (1961), para el bienio 1893-1894 se consigna un total de       531.000 pesetas y para el 1895-1896, todavía más bajo, de 480.740       pesetas, lo que indica una época, desde 1890 de enormes restricciones       presupuestarias en ese quinquenio, ya que si comparamos con el quinquenio       anterior, encontramos dotaciones de más del doble, cercano a tres veces,       con 1.291.620 en el bienio 1883-1884. Todo ello indica una vez más la       falta de voluntad política de su creación, pudiéndose interpretar el       Decreto como una forma de salir al paso de lo que la fuerza imparable del       desarrollo de laboratorios en Europa y aún en España exigía:</font>           <p><font face="Verdana" size="2"><i>«Los Centros urbanos de       desinfección, los Institutos antirrábicos, <u>los Laboratorios de       bacteriología y de química aplicadas se multiplican en Europa y en       América, y bien puede decirse que no hay en el extranjero capital de       mediana importancia que no haya atendido prontamente á estas exigencias       de humanidad</u> á que obligan los nuevos estudios y los éxitos       alcanzados aún en breve tiempo</i>».</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Estas consideraciones, las       realiza dos veces a lo largo del Decreto y son sin duda inspiradas en el       Decreto de creación del Instituto Nacional de Vacuna, ya que su       redacción y el propio concepto son prácticamente iguales.</font>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Por otra parte, también en       España se habían fundado ya, y el Decreto hace mención de ellos, el<i>       «Laboratorio Bacteriológico sostenido por la celosa Diputación       provincial de Madrid»</i> y el Laboratorio Municipal de Barcelona.       Mencionar también que ya antes de 1881 se había creado el Laboratorio       Municipal de Valencia.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">En la propia «Exposición» del       Decreto se refleja la intencionalidad exclusivamente política de este       decreto</font>           <p><font face="Verdana" size="2"><i>«Es imposible que España       tarde en adoptar procedimientos aceptados en todas partes, y en favorecer       estudios y trabajos a que</i> <i>desde hace tiempo están       dispuestas nuestras energías científicas. De este modo se comprendió       por el propio Ministro que suscribe <u>al presentar al Senado el nuevo       proyecto de ley de Sanidad, y al consignar en él la creación de       laboratorios bacteriológicos y químicos con aplicación a la higiene</u>»</i>       </font>           <p><b><font face="Verdana" size="2">Instituto de Sueroterapia,       Vacunación       y Bacteriología, con la denominación       de Alfonso XIII</font></b>           <p><font face="Verdana" size="2">Se crea por Real Decreto de 28 de       Octubre de 1899 siendo Ministro de la Gobernación, Eduardo Dato, durante       la regencia de María Cristina.</font>           <p><i><font face="Verdana" size="2">«En nombre de Mi Augusto Hijo       el Rey D. Alfonso XIII y como Reina Regente del Reino,</font></i>           <p><i><font face="Verdana" size="2">Vengo en decretar lo       siguiente:</font></i>           <p><i><font face="Verdana" size="2">Artículo 1º. Se declaran       disueltos los actuales Instituto Central de Bacteriología é Higiene y el       de Vacunación del Estado, y en su lugar se crea un Instituto de       Sueroterapia, Vacunación y Bacteriología con la denominación de Alfonso       XIII, destinado:</font></i>           <blockquote>           <p><i><font face="Verdana" size="2">1.º A los análisis e       investigaciones microbianas y bacteriológicas...</font></i>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i><font face="Verdana" size="2">2.º A la enseñanza práctica       de la técnica bacteriológica...</font></i>           <p><i><font face="Verdana" size="2">3.º A la obtención de las       linfas...»</font></i>       </blockquote>           <p><font face="Verdana" size="2">Así, el mencionado Instituto se       organiza en 3 Secciones:</font>           <blockquote>           <p><font face="Verdana" size="2">1. De análisis bacteriológicos       y enseñanza de su técnica.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">2. De sueroterapia y obtención       de sueros y vacunas preventivos.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">3. De inoculaciones y de la       vacuna.</font>       </blockquote>           <p><font face="Verdana" size="2">Como se menciona en la       Exposición del Decreto,<i> «... la Bacteriología, o sea con la rama de       la Biología que estudia esos seres infinitamente pequeños... producen       muchas veces la enfermedad ó la muerte de nuestros semejantes...»,       «...El glorioso descubrimiento de Jenner... abre ancha vía de       aplicaciones análogas de inoculaciones preventivas a males tan       mortíferos o más que la viruela...», «La difteria, una de las plagas       más mortíferas de la infancia se trata desde ha poco con éxito evidente       por inoculaciones preventivas y curativas...», «...la rabia encuentra su       tratamiento salvador en ingeniosos cultivos...»</i></font>           <p><font face="Verdana" size="2">Se puede apreciar la diferencia       con el anterior Instituto, el del Decreto de Alberto Aguilera, que como se       menciona en este Decreto, <i>«...no llegó a tener realización efectiva       , cayendo aquel decreto , inspirado en tan sanos y elevados pensamientos       en la que pudiera llamarse derogación absoluta del desuso».</i></font>           <p><font face="Verdana" size="2">La diferencia estaría en los       elementos de tipo práctico que introduce, pero especialmente la       introducción en la medicina del uso terapéutico del suero       antidiftérico, elemento salvador de tantos niños asfixiados por la       difteria, más de 2000 defunciones anuales consignadas, según recoge       Rico-Avello (1961) y que como se refleja en numerosas obras literarias,       volvían «milagrosamente» a la vida, dando un espaldarazo al quehacer       médico, tan degradado con sangrías, ventosas y ungüentos. Hay que tener       en cuenta que en nuestro país, el suero antidiftérico se empieza a       aplicar a partir de 1895, a los 7 años de su descubrimiento por Roux en       1888, siendo esta medida terapéutica uno de los grandes estímulos a la       creación del Instituto.</font>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Sin embargo, si nos fijamos en el       Artículo 2º del Real Decreto, <i>«Los gastos de este Instituto se       cubrirán con las consignaciones que figuran en el cap. 10, artículos 2º       y 3º, y en el cap. 11, artículos 2º y 5º»</i>, con lo que no parece       se dotaran partidas presupuestarias extraordinarias para su instalación y       así quedó alojado en una antigua vaquería de la calle de Ferraz,       posiblemente la sede del extinguido Instituto Nacional de Vacuna, no       trasladándose al nuevo edificio, moderno y funcional hasta 1913.</font>           <p><b><font face="Verdana" size="2">Evolución del Instituto       Alfonso XIII       y su continuación hasta el Carlos III</font></b>           <p><font face="Verdana" size="2">El Instituto va evolucionando y       asumiendo distintas responsabilidades, no sólo las relacionadas con la       preparación de la vacuna antivariólica y rabia, sino que prepara otras       vacunas y sueros, así como el control de alimentos y medicamentos. Según       recoge Navarro y García (2001), el Instituto arranca con ímpetu y así,       en el curso 1900-1901, produce 53.274 viales de vacuna antivariólica, 40       litros de antitoxina diftérica, 483 frascos de suero antidiftérico y 50       gramos de suero desecado. En 1905 se inicia la publicación del Boletín       del Instituto, que dirigía el propio Cajal y se inicia una importante       labor docente. En 1911, por RD del 24 de Enero se cambia la denominación       del Instituto por Instituto Nacional de Higiene, «Alfonso XIII» y a       raíz del brote de cólera en Vendrell (Tarragona) se convoca un Curso       oficial de Enseñanza práctica de Bacteriología aplicada al       diagnóstico, del Cólera Morbo Asiático, que se repetirá en 1913 y       1915. Para los que vivimos la epidemia de cólera en España el año 1971,       nos parece absolutamente superponible, 60 años después.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Como podemos apreciar, el       industrialismo con el acúmulo de la población en los suburbios de las       grandes ciudades industriales dio lugar a una contaminación masiva de los       ríos, que como en el caso del Támesis a su paso por el Parlamento,       producía un hedor insoportable y el riesgo de infecciones, especialmente       de carácter hídrico-fecal. El comienzo de la época del saneamiento       moderno, con provisión de agua a los nuevos barrios y salida de las aguas       servidas, hizo que con la manipulación del agua se produjeran numerosas infecciones, dejando el       terreno abonado para las epidemias de cólera del XIX.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">En 1913 se inaugura el nuevo       edificio de la Moncloa, con 4 Secciones: Bacteriología, Vacunación,       Biología y Seroterapia y 2 Departamentos: Veterinaria y Química. El       esquema organizativo se va a conservar casi 75 años, hasta la creación       del Carlos III, salvo por la novedad de la introducción de la Virología,       de la mano de Florencio Pérez Gallardo con todo el desarrollo que él y       esta Ciencia aportaron al resurgir del Instituto.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">El Instituto Alfonso XIII cambia       de nombre con la II República, pasando a denominarse el año 1934,       Instituto Nacional de Sanidad, integrando la Escuela Nacional de Sanidad       bajo la dirección de Gustavo Pittaluga.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Así llegó hasta el fin de la       guerra civil de 1936-1939 en que en 1939, por Orden de 29 de Abril se crea       el Instituto Superior de Enseñanza e Investigación Sanitarias que nunca       llegó a desarrollarse hasta que al hacerse la Ley de Bases de Sanidad       Nacional de 1944, las funciones del Instituto se adscriben a la Escuela       Nacional de Sanidad, sin dotaciones adecuadas, trasladándose de una       buhardilla en la calle de Claudio Coello, 67 al Pabellón 1 de la Ciudad       Universitaria, ocupando dos plantas y un sótano. (<a href="#f5">figuras 5 y       6</a>).</font>           <p align="center"><font face="Verdana" size="2"><a name="f5"><img border="0" src="/img/revistas/resp/v80n5/figura44.jpg" width="600" height="907">       </a></font>           <p><font face="Verdana" size="2">A pesar de las precarias       condiciones de los limitados laboratorios y la carencia de medios, debidos       a las estrecheces de la postguerra, Florencio Pérez Gallardo trabajando       con Gerardo Clavero del Campo, descubren la cepa E de <i>Rickettsia       prowazekii, </i>cepa atenuada que fue asumida y estudiada en EEUU. por el       propio Florencio y por Herald Cox, reconociéndose, desde el punto de       vista práctico como una vacuna eficaz frente al tifus exantemático,       especialmente importante en el período de la guerra, al no existir       todavía el DDT. Sin embargo la trascendencia científica básica del       fenómeno de la atenuación de un agente patógeno, no fue posible       asumirlo, precisamente por la falta de un Instituto y un ambiente       científico adecuado, desaprovechándose lo que supuso uno de los       descubrimientos más importantes en la biología y patogenia de las       enfermedades infecciosas desde que Pasteur, Calmette-Guérin y Theiler       consiguieran la atenuación del virus rábico, el bacilo tuberculoso o el       virus de la fiebre amarilla. Es interesante recordar que a este último le       fue concedido el Premio Nóbel de 1951. (<a href="#f7">figura 7</a>).</font>           <p align="center"><a name="f7"><img border="0" src="/img/revistas/resp/v80n5/figura45a.jpg" width="600" height="386"></a>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Florencio, tras los estudios       sobre la poliomielitis y su éxito con la vacunación frente a esta       enfermedad desde la Sección de Virus de la Escuela Nacional de Sanidad,       consigue, que se construya y dote un Centro, el Centro Nacional de Virus,       que funcionaba en la propia Escuela, luego transformado en el Centro       Nacional de Virología y Ecología Sanitarias, ya en Majadahonda       (CENVYES), luego Centro Nacional de Microbiología, Virología e       Inmunología Sanitarias en Majadahonda, recuperando el nombre de Instituto       Nacional de Sanidad al agruparse con el Centro Nacional de       Farmacobiología y el de Alimentación y Nutrición, bajo esta clásica       denominación y llegando hasta la creación del Carlos III.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Es de destacar que en ese Centro       y hasta el año 1982 se mantuvo un edificio, «el piloto»con unos       laboratorios de producción de vacunas, fundamentalmente vacuna       antivariólica, que manteniendo la tradición y la falta de interés       comercial, se había mantenido sin interrupción como competencia de       sanidad. Allí surgió una unidad moderna, que producía vacuna       liofilizada en piel de ternera, con la cepa Lister y que se distribuía a       las Jefaturas Provinciales de Sanidad. (<a href="#f8">figura 8</a>).</font>           <p align="center"><a name="f8"><img border="0" src="/img/revistas/resp/v80n5/figura45b.jpg" width="600" height="464"></a>           <p>&nbsp;           <p><font face="Verdana" size="2"><b>Instituto de Salud Carlos III.</b></font>       <font face="Verdana" size="2"><b>Introducción. Creación y       desarrollo</b></font>           <p><font face="Verdana" size="2">El Instituto de Salud Carlos III       se crea por la Ley 14/1986, General de Sanidad, configurándose como el       «órgano de apoyo científico técnico del Ministerio de Sanidad y       Consumo y de los Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas»,       siendo Ministro de Sanidad y Consumo, Ernest Lluch.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Conviene resaltar en esta       definición la importancia concedida desde su concepción a la       investigación científica, verdadero motor de cualquier actividad de       desarrollo y aplicación posterior de conocimientos. En este sentido, el       Instituto recupera la tradición científica del antiguo Alfonso XIII y       del más moderno, Instituto Nacional de Higiene, del año 1911, que bajo       la dirección de Santiago Ramón y Cajal aúna los avances de la       investigación en Ciencias Biomédicas con su aplicación práctica a los       problemas de la Salud Pública, como entronque social para contribuir a       paliar los problemas sanitarios de la población. (<a href="#f9">figura 9</a>).</font>           <p align="center"><font face="Verdana" size="2"><a name="f9"><img border="0" src="/img/revistas/resp/v80n5/figura46.jpg" width="600" height="475">       </a></font>           <p><font face="Verdana" size="2">Como hemos visto anteriormente,       con el triunfo de las fuerzas militares sublevadas frente al Gobierno de       la República, el Instituto desaparece con el pretexto de que va a ser       sustituido por un gran Instituto (Orden de 29 de Abril de 1939) de       Enseñanza e Investigación Sanitarias a construir en los terrenos de       Chamartín que como hemos mencionado, no llegó nunca a existir. Realmente       se puede pensar que si las batallas mas sangrientas en la Ciudad       Universitaria, durante la guerra civil, se mantuvieron en el edificio del       Hospital Clínico y no obstante, este pudo ser reconstruido, la falta de       continuidad del Instituto de Sanidad debió ser una decisión política       del momento. Esta hipótesis no sería ilógica si consideramos que en ese       solar y en el edificio en él ubicado, se instalaron las oficinas del       Sindicato Español Universitario (SEU), sindicato falangista y el Colegio       Mayor José Antonio, también de esta organización fascista.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Creemos que la interrupción de       cerca de 50 años, período de tiempo similar al de su existencia, es la       base de la falta de asunción de un Instituto Nacional de Sanidad, por el       sistema sanitario, que se fue desarrollando por la presión exclusivamente       asistencial de los trabajadores, independientemente de los servicios       sanitarios y de un Instituto. Así, muchos profesionales no entienden       todavía el papel que debe jugar una institución como ésta, como pieza       fundamental del Sistema Sanitario.</font>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">Así, como indicador de la falta       de claridad conceptual, estos Centros de control sanitario (fármacos y       alimentos) y de Virología fundamentalmente, que se habían desarrollado       en Majadahonda, se unen en una naciente institución con los antiguos       Dispensarios y Hospitales de los Patronatos Nacional Antituberculoso y de       las Enfermedades del Tórax y el Patronato Nacional de Asistencia       Psiquiátrica, en extinción, que constituía todo lo que de «sanitario»       quedaba en el Ministerio de la Gobernación, gestionado a través de la       Dirección General de Sanidad. Dado lo heterogéneo de su contenido y ante       la incapacidad de los gestores del momento para buscar una solución       técnica, se opta por denominar a este conjunto heterogéneo de       instituciones, con un nombre que agrupe lo que de común se podía       percibir en todos ellos, esto es la necesidad de que fueran       «administrados», naciendo así la denominada, Administración Institucional de la       Sanidad Nacional (AISNA), que llega hasta la creación del Instituto de       Salud Carlos III.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Fue Enrique Nájera, Director       General de Salud Pública, en esos años, quien transmitió a Ernest       Lluch, Ministro de Sanidad y Consumo, la necesidad de contar con un       Instituto, que recuperara la tradición del antiguo Instituto Nacional de       Higiene «Alfonso XIII» y se proyectara en la España moderna hacia       modelos más cercanos a los Centros para el Control de la Enfermedad       (CDC), de Atlanta, los Institutos Nacionales de Sanidad (NIH), de       Bethesda, la «joya de la corona», como fue denominado dentro del       Departamento de Salud y Servicios Humanos (el Ministerio de Sanidad       Americano), y que «si no existiera, habría que inventarlo» y a la       Administración para los Alimentos y Medicamentos (FDA) americanos o al       Public Health Laboratory Service (PHLS) y Medical Research Council (MRC)       inglés. Con esa idea, se elaboró el Título VII de la Ley General de       Sanidad, «Del Instituto de Salud Carlos III», dándole amplitud de miras       a la vez que un entronque adecuado con las estructuras existentes y el       esquema de desarrollo sanitario previsto. Lluch, decidió darle el nombre       de Carlos III, en homenaje a un rey símbolo del progreso en la historia       de España.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">En Octubre de 1986 fui nombrado       Director del Instituto de Salud Carlos III, que se acababa de configurar       en la Ley General de Sanidad unos meses antes, con el reto de su       concepción, organización y puesta en marcha. El reto era estimulante. El       Instituto, estaba presente en la tradición familiar ya que mi padre, Luis       Nájera Angulo había trabajado con Pittaluga en Parasitología. Muchos       años después, con Florencio y mis hermanos, Enrique, Pilar, José       Antonio comentábamos el tema. Fue motivo de lecturas y pensamientos.       Anteriormente, en 1982, cuando me nombraron Director del Centro Nacional       de Microbiología, tuve ocasión de formar parte de la Red de Laboratorios       de Microbiología de Europa, que en muchos casos formaban parte de       complejos más amplios, con actividad en otras áreas sanitarias. Pude       visitar numerosos laboratorios, así como ampliar mi conocimiento de los       CDC y los NIH. Con ese bagaje cultural comenzamos a pensar en el futuro       Carlos III, con Enrique, con Pilar, y con otros varios y muy valiosos       colaboradores.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Lo fundamental era armar las       piezas del puzzle, constituido por las estructuras, recursos de personal y       económicos existentes con unas funciones en parte existentes y en parte       diseñadas para conseguir una estructura funcional moderna, sin olvidar       una premisa fundamental, unir el servicio con la investigación, entroncar       la sanidad y la ciencia, dentro del marco fundamental de las Leyes de la       Ciencia y de Sanidad, para plasmarlo en un Decreto que abriera horizontes       en vez de cerrarlos.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">En febrero de 1987, y después de       conseguir terminar de transferir, en un tiempo record de tres meses, el       conjunto de hospitales y dispensarios que «fueron heredados» de la       Administración Institucional de la Sanidad Nacional (AISNA) mediante el       oportuno Real Decreto de liquidación de AISNA, se aprobó el que       desarrollaba el Instituto (R.D. 10/1988 de 8 de enero), lo que marcó su       arranque efectivo bajo el impulso del entonces Ministro de Sanidad y       Consumo, Julián García Vargas.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">El Instituto, incorporó una       serie de Centros previamente existentes, como el Centro Nacional de       Microbiología, Virología e Inmunología Sanitarias, creado como hemos       dicho, por Florencio Pérez Gallardo y que sirvió de motor en el       desarrollo de todo el área sanitaria de Majadahonda, con el Centro       Nacional de Alimentación y Nutrición y el Centro Nacional de       Farmacobiología; la Escuela Nacional de Sanidad y la Escuela Nacional de       Administración Sanitaria y un personal perteneciente a múltiples cuerpos       y escalas y con una alta proporción de personal de contratación laboral.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">A partir de 1987, quedó       estructurado en cinco Subdirecciones Generales, acorde con las funciones a       desarrollar, tanto en Salud Pública como en Investigación Biomédica y       Sanitaria: Control Sanitario (Benjamín Sánchez Murias), Salud (Juan       Mateos), Formación (Gerardo Clavero), Investigación (Quino Márquez) y       Secretaría General (Pedro García Blanco y luego Rafael Fernández       Sedano), que agrupaban respectivamente las responsabilidades encomendadas       al Instituto por la Ley General de Sanidad: «control de medicamentos,       productos sanitarios y productos biológicos, control sanitario de       alimentos y de productos químicos potencialmente peligrosos, sanidad       ambiental, alimentación, metabolismo y nutrición, epidemiología y       sistemas de información, control de enfermedades infecciosas e       inmunológicas, investigación clínica, investigaciones sobre genética y       reproducción humana, formación especializada del personal sanitario al       servicio de la salud y gestión sanitaria, ciencias sociales y económicas       aplicadas a la salud, fomento y coordinación de las actividades de       investigación biomédica y sanitaria en el marco de la Ley de Fomento y       Coordinación General de la Investigación Científica y Técnica,       educación sanitaria de la población, así como cualesquiera otras de       interés para el Sistema Nacional de Salud que le sean asignadas. Por otra       parte, en conjunción con los órganos responsables de la sanidad de las       Comunidades Autónomas, el Instituto debía proponer al Ministerio de       Sanidad y Consumo la designación de unidades asistenciales de referencia       nacional.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Como exponente de la concepción       científica del Instituto, desde su inicio se pensó en unirlo al esfuerzo       del Estado en la configuración del sistema de Ciencia y Tecnología y que       en la Ley 13/1986 de Fomento y Coordinación General de la Investigación       Científica y Técnica configuraba los Organismos Públicos de       Investigación. Así, una vez aprobada la organización del Instituto       mediante el Real Decreto 10/1988 de 8 de Enero, se consiguió que mediante       la Ley 327/1988 se incluyera como Organismo Público de Investigación.</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Así pues, desde su inicio, el       Instituto se adaptó al contenido de las Leyes de Sanidad y de la Ciencia,       pero con ser muy importante el plan inicial, no se consideró más que       como el arranque del Instituto, con la idea de seguir ampliándolo y       mejorando su calidad de forma progresiva en el futuro, tratando de       aproximarnos a los Institutos del entorno europeo en el que nos estábamos       integrando. Como exponente de la importancia concedida a la Salud Pública       se logró consensuar en el Consejo Interterritorial de Sanidad un plan de       Vigilancia Epidemiológica e iniciar la Red de Laboratorios de Salud       Pública. Estas consideraciones resumen el impacto de la configuración       del Instituto de Salud Carlos III como Organismo Público de       Investigación, fundiendo ambos conceptos como originariamente concibieron       Santiago Ramón y Cajal, Francisco Tello y Gustavo Pittaluga, ilustres       científicos y sanitarios.</font>           <p>&nbsp;           ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="Verdana" size="2"><img border="0" src="/img/revistas/resp/v80n5/figura47.jpg" width="600" height="457">       </font>           <p>&nbsp;           <p><font face="Verdana" size="2">Ya decían Pittaluga, de Buen y       Benzo en su Ponencia Oficial «<i>Organismos centrales de investigación y       enseñanza sanitarias y sus relaciones con los demás centros sanitarios»</i>       en el I Congreso Nacional de Sanidad, (Nájera, 1934) con respecto a la       investigación sanitaria: «<i>Es necesario que la investigación sea       considerada como un fin, y no como un lujo»</i>. Abogaban ya por una       ordenación y coordinación de la investigación sanitaria, ligada a los       problemas y que se difundieran sus hallazgos, reconociendo que: «<i>Hoy       por hoy, la organización adecuada no existe, puesto que la Comisión       permanente de Investigaciones sanitarias tiene por única finalidad el       fomentar la investigación científica en España, sin ningún carácter       ejecutivo sobre los Organismos sanitarios</i>».</font>           <p><font face="Verdana" size="2">La incorporación posterior del       Fondo de Investigaciones Sanitarias y el desarrollo del Instituto como       centro de coordinación de la investigación sanitaria en nuestro país,       idea del primitivo proyecto de investigación extramural, así como unas       ideas de desarrollo futuro, ha fue expuesto en un trabajo presentado en la       Real Academia Nacional de Medicina con ocasión del 25 aniversario de la       Fundación del FIS (Nájera, 2006b).</font>           <p><font face="Verdana" size="2">Esperamos que el Instituto siga       desarrollándose impulsando la investigación intramural de forma similar       a como se ha desarrollado la extramural, para conseguir una institución       acorde con nuestro nivel general socioeconómico.</font>           <p>&nbsp;           <p><font face="Verdana"><b>Bibliografía</b></font>           <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Brunton D. Medicine       Transformed. Health, Disease and Society in Europe. 1.800-1.930.       Manchester: The Open University; 2004.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637171&pid=S1135-5727200600050001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">2. Claret Miranda, J. El atroz       desmoche. La destrucción de la Universidad española por el franquismo.       1936-1945. Barcelona: Crítica; 2006.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637172&pid=S1135-5727200600050001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">3. Formentín Ibáñez J y       Rodríguez Fraile E. La Fundación Nacional para Investigaciones       Científicas (1.931-1.939). Actas del Consejo de Administración y Estudio       preliminar. Monografías 22. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones       Científicas; 2001.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637173&pid=S1135-5727200600050001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">4. Knight D and Kragh H. The       Making of the Chemist. The Social History of Chemistry in Europe       1.789-1.914. Cambridge: Cambridge University Press; 1998.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637174&pid=S1135-5727200600050001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">5. Ley 13/1986 de 14 de Abril, de       Fomento y Coordinación General de la investigación Científica y       Técnica.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637175&pid=S1135-5727200600050001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">6. Nájera L. Ponencias oficiales       y discusiones recogidas y publicadas por el Dr. Luis Nájera Angulo.       Primer Congreso Nacional de Sanidad. Madrid, 6-12 de mayo de 1934. 4       tomos. Madrid; 1935.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637176&pid=S1135-5727200600050001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">7. Nájera R. La Vacunación       Antivariólica y el nacimiento de la medicina de laboratorio, de los       institutos de Salud Pública y de la investigación sanitaria. En San       Jorge y el Dragón. Historia de la Viruela y su erradicación. Temas de       Historia de la Medicina. Gobierno de Navarra. Departamento de Salud; 2006.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637177&pid=S1135-5727200600050001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">8. Nájera R. La creación del       Instituto de Salud Carlos III y su proyección a la investigación       sanitaria. En «Acto Conmemorativo de los 25 años del FIS». Real       Academia Nacional de Medicina. Madrid. 31 de Enero de 2006.. Madrid; RANM;       2006b.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637178&pid=S1135-5727200600050001300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">9. Navarro y García R. Historia       de las Instituciones Sanitarias Nacionales. Instituto de Salud Carlos III.       Madrid: Ministerio de Sanidad y Consumo; 2001.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637179&pid=S1135-5727200600050001300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">10. Pittaluga G. Informe de la       Comisión del Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII enviada a las       posesiones españolas del Golfo de Guinea, para el estudio de la       enfermedad del sueño y de las condiciones sanitarias de la colonia. .       Madrid: Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII; 1910.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637180&pid=S1135-5727200600050001300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">11. Rico-Avello C. El ambiente       sanitario español en la primera década del siglo actual. Rev San Hig       Púb 1961; XXXV:1-127.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637181&pid=S1135-5727200600050001300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">12. Rocke AJ. Nationalizing       Science. Adolphe Wurtz and the Battle for French Chemistry. The MIT Press.       Cambridge: Mass; 2001.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637182&pid=S1135-5727200600050001300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">13. Rodríguez Ocaña E, Bernabeu       Mestre J y Barona JL. La Fundación Rockefeller y España, 1.914-1.939. Un       acuerdo para la modernización científica y sanitaria. En: García JL,       Moreno JM, Ruiz G (coords.). Estudios de historia de las técnicas, la       arqueología industrial y las ciencias. VI Congreso de la Sociedad       Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, Segovia-La       Granja, 1.996. Salamanca: Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y       León;1998,2:531-9.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637183&pid=S1135-5727200600050001300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">14. Sánchez Ron JM. La Junta       para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. 80 Años       Después. 2 Vols., Estudios sobre la Ciencia. . Madrid: CSIC; 1988.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637184&pid=S1135-5727200600050001300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">15. Vázquez de Parga L, Lacarra       JM y Uría R. Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela. Madrid: CSIC;       1948.P.401-61.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637185&pid=S1135-5727200600050001300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">16. Weinding P. La Fundación       Rockefeller y el Organismo de Salud de la Sociedad de Naciones: Algunas       conexiones españolas. Rev Esp Salud Pública 2000;74:15-26.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5637186&pid=S1135-5727200600050001300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>&nbsp;           <p>&nbsp;           <p><font face="Verdana" size="2"><a href="#up"><img border="0" src="/img/revistas/resp/v80n5/seta.gif" width="15" height="17"></a><a name="back10"></a><b>Correspondencia:</b>    <br>        Rafael Nájera Morrondo    <br>       Centro nacional de       microbiología.    <br>       Instituto de Salud Carlos III.    <br>       Carretera de Majadahonda a       Pozuelo, Km. 2    ]]></body>
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