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<journal-title><![CDATA[Cuadernos de Medicina Forense]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Asociación de Médicos Forenses de Andalucía]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Secuelas emocionales en víctimas de abuso sexual en la infancia]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Emotional consequences in victims of sexual abuse in childhood]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad del País Vasco Facultad de Psicología ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this study the immediate and long-term impact of sexual abuse in children and the psychological consequences on their mental health during adult life are reviewed. High-risk situations, as well as protective factors that may minimize the impact of sexual abuse, are analyzed. Implications of these findings for clinical research and forensic practice are commented upon.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>    <p><font size="2" face="Verdana"><a name="top"></a></font><font face="Verdana" size="4"><b>Secuelas emocionales en víctimas de abuso sexual en la infancia</b></font></p>    <p><font face="Verdana" size="4"><b>Emotional consequences in victims of sexual abuse in childhood</b></font></p>    <p>&nbsp;</p>    <p>&nbsp;</p>    <p><font size="2" face="Verdana"><b>E. Echeburúa<sup>1</sup> y P. de Corral<sup>2</sup></b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><sup>1</sup> Catedrático de Psicología Clínica. Facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco.    <br> <sup>2</sup> Profesora Titular de Psicología Clínica. Facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a href="#back">Correspondencia</a></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><font size="2" face="Verdana"><b>RESUMEN</b></font></p>    <p> <font size="2" face="Verdana"> En este estudio se hace un análisis sobre las consecuencias del abuso sexual a  corto y largo plazo, así como sobre el impacto inmediato de la victimización y  de las repercusiones a largo plazo en la salud mental. Se revisan asimismo las  situaciones de alto riesgo y los factores protectores que pueden amortiguar el  impacto del abuso sexual. Se comentan las implicaciones de este estudio para la  investigación clínica y la práctica forense.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>Palabras clave: </b> Abuso sexual. Revelación. Impacto psicológico. Factores de alto riesgo. Factores protectores.</font></p> <hr size="1">     <p><font size="2" face="Verdana"><b>ABSTRACT</b></font></p>    <p> <font size="2" face="Verdana"> In this study the immediate and long-term impact of sexual abuse in children and the psychological consequences on their mental health during adult life are reviewed. High-risk situations, as well as protective factors that may minimize the impact of sexual abuse, are analyzed. Implications of these findings for clinical research and forensic practice are commented upon.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b>Key words: </b> Sexual abuse. Self-disclosure. Psychological impact. High-risk factors. Protective factors.</font></p> <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>Introducción:</b></font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <font size="2" face="Verdana"> El abuso sexual de menores se refiere a cualquier conducta sexual mantenida entre un adulto y un menor. Más que la diferencia de edad -factor, sin duda, fundamental que distorsiona toda posibilidad de relación libremente consentida-, lo que define el abuso es la asimetría entre los implicados en la relación y la presencia de coacción -explícita o implícita-. No deja, por ello, de ser significativo que el 20% del abuso sexual infantil está provocado por otros menores.(1)</font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"><img src="/img/revistas/cmf/n43-44/art06_nota01.jpg" width="665" height="61"></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Las conductas abusivas, que no suelen limitarse a actos aislados, pueden  incluir un contacto físico (genital, anal o bucal) o suponer una utilización del  menor como objeto de estimulación sexual del agresor (exhibicionismo o  proyección de películas pornográficas) &#091;1&#093;.</font></p>    <p> <font size="2" face="Verdana"> No es fácil determinar la incidencia real de este problema en la población  porque ocurre habitualmente en un entorno privado -la familia- y los menores  pueden sentirse impotentes para revelar el abuso &#091;2&#093;. Según la primera encuesta  nacional de Estados Unidos, llevada a cabo en adultos, sobre la historia de  abuso sexual, un 27% de las mujeres y un 16% de los hombres reconocían  retrospectivamente haber sido víctimas de abusos sexuales en la infancia &#091;3&#093;. La  tasa de prevalencia de abusos sexuales graves propiamente dichos, con  implicaciones clínicas para los menores afectados, es considerablemente menor  (en torno al 4%-8% de la población).</font></p>    <p> <font size="2" face="Verdana"> Las víctimas suelen ser más frecuentemente mujeres (58,9%) que hombres (40,1%) y  situarse en una franja de edad entre los 6 y 12 años, si bien con una mayor  proximidad a la pubertad. Hay un mayor número de niñas en el abuso intrafamiliar  (incesto), con una edad de inicio anterior (7-8 años), y un mayor número de  niños en el abuso extrafamiliar (pederastia), con una edad de inicio posterior  (11-12 años) &#091;4&#093;.</font></p>    <p> <font size="2" face="Verdana"> No hay una correspondencia directa entre el concepto psicológico y el jurídico  de abuso sexual. En primer lugar, el concepto psicológico -y hasta coloquial- de  abuso sexual se refiere al ámbito de menores. Sin embargo, en el vigente Código  Penal de 1995 esta figura delictiva se limita a aquellos actos no consentidos  que, sin violencia ni intimidación, atenten contra la libertad sexual de una  persona, sea esta mayor o menor.</font></p>     <p> &nbsp;</p>     <p> <font face="Verdana" size="3"><b>Agresores sexuales, tipos de abusos y víctimas de riesgo:</b></font></p>     <p> <font size="2" face="Verdana">En la mayor parte de los casos el abuso sexual infantil suele ser cometido por  familiares (padres, hermanos mayores, etc.) -es el incesto propiamente dicho- o  por personas relacionadas con la víctima (profesores, entrenadores, monitores,  etc.). En uno y otro caso, que abarcan del 65% al 85% del total y que son las  situaciones más duraderas, no suelen darse conductas violentas asociadas &#091;1&#093;.  Los abusadores sexuales, que frecuentemente muestran un problema de  insatisfacción sexual, se ven tentados a buscar esporádicas satisfacciones  sexuales en los menores que tienen más a mano y que menos se pueden resistir. En  estos casos los agresores pueden mostrar distorsiones cognitivas para  justificarse ante ellos mismos por su conducta: <i> "mi niña está entera&quot;</i>, <i> "la falta  de resistencia supone un deseo del contacto&quot;</i>, <i> "en realidad, es una forma de cariño&quot;</i>, etc.</font></p>     <p> <font size="2" face="Verdana"> La situación habitual incestuosa suele ser la siguiente: un comienzo con  caricias; un paso posterior a la masturbación y al contacto buco genital; y,  solo en algunos casos, una evolución al coito vaginal, que puede ser más tardío  (cuando la niña alcanza la pubertad).</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <font size="2" face="Verdana"> En otros casos los agresores son <i>desconocidos</i>. Este tipo de abuso se limita a  ocasiones aisladas, pero, sin embargo, puede estar ligado a conductas violentas  o a amenazas de ellas. No obstante, la violencia es menos frecuente que en el  caso de las relaciones no consentidas entre adultos porque los niños no ofrecen  resistencia habitualmente.</font></p>    <p> <font size="2" face="Verdana"> Por otra parte, los niños con mayor riesgo de victimización son aquellos con una  capacidad reducida para resistirse o revelarlo, como son los que todavía no  hablan y los que muestran retrasos del desarrollo y discapacidades físicas y  psíquicas. Asimismo son también sujetos de alto riesgo los niños que se  encuentran carentes de afecto en la familia, que pueden inicialmente sentirse  halagados por la atención de la que son objeto, al margen de que este placer con  el tiempo acabe produciendo en ellos un profundo sentimiento de culpa &#091;5&#093; &#091;6&#093;.</font></p>     <p> &nbsp;</p>     <p> <font face="Verdana" size="3"><b>Detección del abuso sexual:</b></font></p>     <p> <font size="2" face="Verdana">Las conductas incestuosas tienden a mantenerse en secreto. Existen diferentes  factores que pueden explicar los motivos de esta ocultación: por parte de la  víctima, el hecho de obtener ciertas ventajas adicionales, como regalos, o el  temor a no ser creída, junto con el miedo a destrozar la familia o a las  represalias del agresor; y por parte del abusador, la posible ruptura de la  pareja y de la familia y el rechazo social acompañado de posibles sanciones  legales &#091;7&#093;.</font></p>     <p> <font size="2" face="Verdana"> A veces la <i> madre</i> tiene conocimiento de lo sucedido. Lo que le puede llevar al  silencio, en algunos casos, es el pánico a la pareja o el miedo a desestructurar  la familia; en otros, el estigma social negativo generado por el abuso sexual o  el temor de no ser capaz de sacar adelante por sí sola la familia.</font></p>     <p> <font size="2" face="Verdana"> De ahí que el abuso sexual pueda salir a la luz de una forma accidental cuando  la víctima decide revelar lo ocurrido -a veces a otros niños o a un profesor- o  cuando se descubre una conducta sexual casualmente por un familiar, vecino o  amigo. El descubrimiento del abuso suele tener lugar bastante tiempo después  (meses o años) de los primeros incidentes.</font></p>    <p> <font size="2" face="Verdana"> En realidad, solo en el 50% de los casos los niños revelan el abuso; únicamente  el 15% se denuncia a las autoridades; y tan solo el 5% se encuentran envueltos  en procesos judiciales. Al contar los menores con muchas limitaciones para  denunciar los abusos sexuales y no presentar habitualmente manifestaciones  físicas inequívocas (debido al tipo de conductas sexuales realizadas: caricias,  masturbaciones, etc.), los indicadores más habituales figuran indicados en la <a href="#t1">  tabla 1</a>.</font></p>     <p align="center"><font size="2" face="Verdana"><a name="t1"><img src="/img/revistas/cmf/n43-44/art06_tabla01.jpg" width="572" height="541"></a></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Son probablemente los indicadores sexuales los que más están relacionados con  la experiencia traumática. En todo caso, los indicadores deben valorarse de  forma global y conjunta, ya que no se puede establecer una relación directa  entre un solo síntoma y el abuso. De hecho, lo más útil puede ser estar  pendientes de los cambios bruscos que tienen lugar en la vida del niño &#091;8&#093; &#091;3&#093;.</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <font size="2" face="Verdana"> Las situaciones familiares de mayor riesgo para el abuso sexual están expuestas  en la <a href="/img/revistas/cmf/n43-44/art06_tabla02.jpg" target="_blank"> tabla 2</a>.</font></p>     <p> &nbsp;</p>     <p> <font face="Verdana" size="3"><b>Secuelas emocionales en las víctimas de abuso sexual:</b></font></p>     <p> <font size="2" face="Verdana">Los menores muy pequeños pueden no ser conscientes del alcance del abuso sexual  en las primeras fases, lo que puede explicar la compatibilidad de estas  conductas con el cariño mostrado al adulto por el menor. Así, por ejemplo, hay  niños que verbalizan el abuso sexual de la siguiente forma: <i> "mi papá hace un  pipí blanco&quot;</i>, <i> "yo no me enteraba porque estaba dormido&quot;</i>, <i> "me dice que no se lo  diga a nadie&quot;</i>, etc.</font></p>     <p>     <br> <font size="2" face="Verdana"><b>a) Consecuencias a corto plazo:</b></font></p>     <p> <font size="2" face="Verdana"> Al menos un 80% de las víctimas sufren consecuencias psicológicas negativas. El  alcance del impacto psicológico va a depender del grado de culpabilización del  niño por parte de los padres, así como de las estrategias de afrontamiento de  que disponga la víctima. En general, las niñas tienden a presentar reacciones  ansioso-depresivas; los niños, fracaso escolar y dificultades inespecíficas de  socialización, así como comportamientos sexuales agresivos &#091;9&#093; &#091;10&#093;.</font></p>    <p> <font size="2" face="Verdana"> Respecto a la edad, los niños muy pequeños (en la etapa de preescolar), al  contar con un repertorio limitado de recursos psicológicos, pueden mostrar  estrategias de negación de lo ocurrido. En los niños un poco mayores (en la  etapa escolar) son más frecuentes los sentimientos de culpa y de vergüenza ante  el suceso. El abuso sexual presenta una especial gravedad en la adolescencia  porque el padre puede intentar el coito, existe un riesgo real de embarazo y la  adolescente toma conciencia del alcance de la relación incestuosa. No son por  ello infrecuentes en la víctima conductas como huidas de casa, consumo abusivo  de alcohol y drogas, promiscuidad sexual e incluso intentos de suicidio (<a href="/img/revistas/cmf/n43-44/art06_tabla03.jpg" target="_blank">tabla 3</a>).</font></p>     <p>     <br> <font size="2" face="Verdana"> <b>b) Consecuencias a largo plazo:</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <font size="2" face="Verdana"> Los efectos a largo plazo son menos frecuentes y más difusos que las secuelas  iniciales, pero pueden afectar, al menos, al 30% de las víctimas (<a href="/img/revistas/cmf/n43-44/art06_tabla04.jpg" target="_blank">tabla 4</a>).</font></p>     <p> <font size="2" face="Verdana"> Los problemas más habituales son las alteraciones en la esfera sexual  -disfunciones sexuales y menor capacidad de disfrute, especialmente-, la  depresión y el trastorno de estrés postraumático, así como un control inadecuado  de la ira (en el caso de los varones, volcada al exterior en forma de violencia;  en el de las mujeres, canalizada en forma de conductas autodestructivas) &#091;11&#093;.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En otros casos, sin embargo, el impacto psicológico a largo plazo del abuso  sexual puede ser pequeño (a menos que se trate de un abuso sexual grave con  penetración) si la víctima no cuenta con otras adversidades adicionales, como el  abandono emocional, el maltrato físico, el divorcio de los padres, una patología  familiar grave, etc.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Desde el punto de vista del trauma en sí mismo, lo que predice una peor  evolución a largo plazo es la presencia de sucesos traumáticos diversos en la  víctima, la frecuencia y la duración de los abusos, la posible existencia de una  violación y la vinculación familiar con el agresor, así como las consecuencias  negativas derivadas de la revelación del abuso (por ejemplo, romperse la  familia, poner en duda el testimonio del menor, etc.) &#091;3&#093;.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="3"><b>Factores mediadores del abuso sexual infantil:</b></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">No todas las personas reaccionan de la misma manera frente a la experiencia de  victimización, ni todas las experiencias comparten las mismas características.  El impacto emocional de una agresión sexual está modulado por cuatro variables:  el <i> perfil individual</i> de la víctima (estabilidad psicológica, edad, sexo y  contexto familiar); las <i> características del acto abusivo</i> (frecuencia, severidad,  existencia de violencia o de amenazas, cronicidad, etc.); la <i> relación existente  con el abusador</i>; y, por último, las <i> consecuencias asociadas al descubrimiento  del abuso</i>.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En general, la gravedad de las secuelas está en función de la <i> frecuencia y  duración</i> de la experiencia, así como del <i> empleo de fuerza y de amenazas</i> o de la  existencia de una <i> violación</i> propiamente dicha (penetración vaginal, anal o  bucal). De este modo, cuanto más crónico e intenso es el abuso, mayor es el  desarrollo de un sentimiento de indefensión y de vulnerabilidad y más probable  resulta la aparición de síntomas.</font></p>    <p> <font size="2" face="Verdana"> Respecto a la <i> relación de la víctima con el agresor</i>, lo que importa no es tanto  el grado de parentesco entre ambos, sino el nivel de intimidad emocional  existente. De esta forma, a mayor grado de intimidad, mayor será el impacto  psicológico, que se puede agravar si la víctima no recibe apoyo de la familia o  se ve obligada a abandonar el hogar. Por otro lado, en lo que se refiere a la  edad del agresor, los abusos sexuales cometidos por adolescentes resultan, en  general, menos traumatizantes para las víctimas que los efectuados por adultos.</font></p>    <p> <font size="2" face="Verdana"> Por último, no se puede soslayar la importancia de las <i> consecuencias derivadas  de la revelación del abuso</i> en el tipo e intensidad de los síntomas  experimentados. La reacción del entorno desempeña un papel fundamental. El apoyo  parental -dar crédito al testimonio del menor y protegerlo-, especialmente de la  madre, es un elemento clave para que las víctimas mantengan o recuperen su nivel  de adaptación general después de la revelación. Probablemente la sensación de  ser creídos es uno de los mejores mecanismos para predecir la evolución a la  normalidad de los niños víctimas de abuso sexual.</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <font size="2" face="Verdana"> En ocasiones, la respuesta de los padres ante la revelación del abuso puede ser  más intensa que la del propio niño, sobre todo en los casos en que la madre se  percata del abuso sexual a su hijo protagonizado por su propia pareja. Los  sentimientos de vergüenza y culpa, de cólera y pena, de miedo y ansiedad, pueden  afectar a los padres de tal manera que se muestran incapaces de proteger al niño  adecuadamente y, en los casos más graves, pueden llegar incluso a culparlo de lo  sucedido.</font></p>    <p> <font size="2" face="Verdana"> No deja de ser significativa la influencia de situaciones de estrés adicionales,  como consecuencia de la revelación del abuso, sobre la estabilidad emocional de  la víctima. En concreto, la posible ruptura (legal o de hecho) de la pareja, el  encarcelamiento del padre o padrastro, la salida de la víctima del hogar (única  vía a veces para garantizar su seguridad, pero que supone un coste emocional y  de adaptación importante) o la implicación en un proceso judicial (con las  posibles consecuencias penales para el abusador) son algunas de estas  situaciones. Respecto al último punto señalado, los juicios largos, las  testificaciones reiteradas y los testimonios puestos en entredicho suponen una  victimización secundaria y ofrecen un peor pronóstico.</font></p>     <p> &nbsp;</p>     <p> <font face="Verdana" size="3"><b>Conclusiones:</b></font></p>     <p> <font size="2" face="Verdana"> El abuso sexual en la infancia es un fenómeno invisible porque se supone que la  infancia es feliz, que la familia es protectora y que el sexo no existe en esa  fase de la vida. Sin embargo, el abuso sexual infantil puede llegar a afectar a  un 15%-20% de la población (a un 4%-8% en un sentido estricto), lo que supone un  problema social importante y que afecta a uno y otro sexo (especialmente a  niñas). Los menores no son, sin embargo, solo víctimas de las agresiones  sexuales, sino que también pueden ser agresores. De hecho, el 20% de este tipo  de delitos está causado por otros menores &#091;12&#093;.</font></p>    <p> <font size="2" face="Verdana"> Las consecuencias de la victimización a corto plazo son, en general,  devastadoras para el funcionamiento psicológico de la víctima, sobre todo cuando  el agresor es un miembro de la misma familia y cuando se ha producido una  violación. Las consecuencias a largo plazo son más inciertas, si bien hay una  cierta correlación entre el abuso sexual sufrido en la infancia y la aparición  de alteraciones emocionales o de comportamientos sexuales inadaptados en la vida  adulta. No deja de ser significativo que un 25% de los niños abusados  sexualmente se conviertan ellos mismos en abusadores cuando llegan a ser  adultos. El papel de los factores amortiguadores -familia, relaciones sociales,  autoestima, etc.- en la reducción del impacto psicológico parece sumamente  importante, pero está aún por esclarecer &#091;13&#093;.</font></p>    <p> <font size="2" face="Verdana"> Desde la perspectiva de la evaluación, el diagnóstico precoz, por un lado, tiene  una enorme importancia para impedir la continuación del abuso sexual, con las  consecuencias que ello implica para el desarrollo del niño &#091;14&#093;. Por otro, el  análisis de la validez del testimonio desempeña un papel fundamental. Las  implicaciones legales y familiares de este problema, así como la corta edad de  muchas de las víctimas implicadas, requieren una evaluación cuidadosa, en donde  se analicen con detalle -y mediante procedimientos múltiples- la capacidad de  fabulación y la posible distorsión de la realidad, así como la veracidad de las  retractaciones. En concreto, hay una tendencia al aumento del <i> abuso de las  denuncias de abuso</i>, sobre todo en el caso de mujeres que denuncian a sus ex  parejas con acusaciones hechas en litigios por la custodia de los hijos, por un  deseo de venganza o por una situación de despecho. Se echa en falta una mayor  finura en los procedimientos de diagnóstico actualmente disponibles &#091;14&#093; &#091;15&#093;  &#091;16&#093; &#091;17&#093;.</font></p>    <p> <font size="2" face="Verdana"> Por último, un reto de futuro es ahondar en el papel mediador de los factores de  vulnerabilidad y de protección. Solo de este modo se puede abordar una toma de  decisiones adecuada entre las distintas alternativas posibles y no  necesariamente excluyentes: el tratamiento de la víctima, la salida del agresor  del hogar, la separación del menor de los padres, el apoyo social a la familia,  la terapia del agresor, etc. &#091;18&#093;. </font> <font size="2" face="Wingdings">  q</font></p>     <p> &nbsp;</p>     <p> <font face="Verdana" size="3"><b>Bibliografía:</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> <font size="2" face="Verdana"> 1. Echeburúa, E. y Guerricaechevarría, C. (2000). Abuso sexual en la infancia:  víctimas y agresores. Barcelona. Ariel.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1556913&pid=S1135-7606200600010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <font size="2" face="Verdana"> 2. Noguerol, V. (1997). Aspectos psicológicos del abuso sexual infantil. En J.  Casado, J.A. Díaz y C. Martínez (Eds.) (1997). Niños maltratados. Madrid. Díaz  de Santos, pp. 177-182.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1556914&pid=S1135-7606200600010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <font size="2" face="Verdana"> 3. Finkelhor, D. (1999). Victimología infantil. En J. Sanmartín (Ed.). Violencia  contra niños. Barcelona. Ariel, pp. 149-218.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1556915&pid=S1135-7606200600010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <font size="2" face="Verdana"> 4. Vázquez Mezquita, B. (1995). Agresión sexual. Evaluación y tratamiento en  menores. Madrid. 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El laberinto de la violencia. Causas, tipos y efectos.  Barcelona. Ariel, pp. 195-203.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1556918&pid=S1135-7606200600010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <font size="2" face="Verdana"> 7. Horno, P., Santos, A. y Molino, C. (2001). Abuso sexual infantil: manual de  formación para profesionales. Madrid. Save the Children España.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1556919&pid=S1135-7606200600010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <font size="2" face="Verdana"> 8. Echeburúa, E. y Guerricaechevarría, C. (1999). Abuso sexual en la infancia:  concepto, factores de riesgo y efectos psicopatológicos. En J. Sanmartín (Ed.).  Violencia contra niños. Barcelona. Ariel, pp. 81-106.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1556920&pid=S1135-7606200600010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <font size="2" face="Verdana"> 9. Cantón, J. y Cortés, M.R. (1996). Malos tratos y abuso sexual infantil.  Madrid. Siglo XXI.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1556921&pid=S1135-7606200600010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <font size="2" face="Verdana"> 10. Cantón, J. y Cortés, M.R. (2001). Sintomatología, evaluación y tratamiento  del abuso sexual infantil. En V.E. Caballo y M.A. Simón (Eds.). Manual de  psicología clínica infantil y del adolescente. Madrid. Pirámide, pp. 293-321.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1556922&pid=S1135-7606200600010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <font size="2" face="Verdana"> 11. Mas, B. y Carrasco, M.A. (2005). Abuso sexual y maltrato infantil. En M.I.  Comeche y M.A. Vallejo (Eds.). Manual de terapia de conducta en la infancia.  Madrid. 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Madrid. Biblioteca Nueva.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1556925&pid=S1135-7606200600010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <font size="2" face="Verdana"> 14. Cantón, J. y Cortés, M.R. (2000). Guía para la evaluación del abuso sexual  infantil. Madrid. Pirámide.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1556926&pid=S1135-7606200600010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <font size="2" face="Verdana"> 15. Cantón, J. y Cortés, M.R. (2002). Evaluación pericial de los abusos sexuales  en la infancia. En M. Lameiras (Ed.). Abusos sexuales en la infancia. Abordaje  psicológico y jurídico. Madrid. Biblioteca Nueva, pp. 85-113.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1556927&pid=S1135-7606200600010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <font size="2" face="Verdana"> 16. Echeburúa, E., Guerricaechevarría, C. y Vega-Osés, A. (1998). Evaluación de  la validez del testimonio de víctimas de abuso sexual en la infancia. 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Abuso sexual infantil: prevención y tratamiento. En J.  Sanmartín (Ed.). Violencia contra niños. Barcelona. Ariel, pp. 125-146.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1556930&pid=S1135-7606200600010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> <font size="2" face="Verdana"> 19. Echeburúa, E. y Guerricaechevarría, C. (1998). Abuso sexual en la infancia.  En M.A. Vallejo (Ed.). Manual de terapia de conducta. Madrid. Dykinson, vol. 2º,  pp. 563-601.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1556931&pid=S1135-7606200600010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p> &nbsp;</p>     ]]></body>
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