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<journal-title><![CDATA[Anales del Sistema Sanitario de Navarra]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La medicina basada en evidencias científicas: mito o realidad de la variabilidad de la práctica clínica y su repercusión en los resultados en salud]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Scientific evidence based medicine: Myth and reality of variability in clinical practice and its impact on health outcomes]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Hospital 12 de Octubre Unidad de Investigación ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Clinical practice is not an exact and reproducible phenomenon since it is carried out in a working framework with a high degree of uncertainty. The different sources of variability in clinical practice are analysed, with special emphasis placed on the quality of the scientific evidence that underlies decision making. On the basis of the change from the traditional model to a practice based on information derived from scientific evidence, different problems are examined in relation to the need for transforming the information into effective action. Finally, with the aim of reducing variability and its harmful impact on health, those areas that should be the object of future analysis and research are enumerated.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Variabilidad de la práctica clínica]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Evidencia v.s. Incertidumbre científica]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Epidemiología Clínica]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[   <hr>      <p align="right"> <b>COLABORACIÓN ESPECIAL</b>      <p> <b><font size="4">La         medicina basada en evidencias científicas: mito o realidad de la         variabilidad de la práctica clínica y su repercusión en los         resultados en salud</font></b>      <p> <i><b><font size="4">Scientific evidence based medicine: Myth and reality of         variability in clinical practice and its impact on health outcomes</font></b></i>      <p>     <br> <b>A. Gómez de la Cámara</b> <hr> <table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" width="100%">   <tr>     <td width="48%" valign="top">             <p align="left">&nbsp;             <p align="left"><b>RESUMEN</b>             <p align="left">La práctica clínica no es un fenómeno exacto y         reproducible al realizarse en un marco de trabajo con un elevado grado         de incertidumbre. Se analizan las diferentes fuentes de variabilidad de         la práctica clínica, con especial énfasis en la debida a la calidad         de la evidencia científica que subyace en la toma de decisiones. Sobre         la base del cambio del modelo tradicional al ejercicio basado en la         información procedente de la evidencia científica, se examinan         diferentes problemas en relación con la necesidad de transformar la         información en acción efectiva. Finalmente, y con el fin de reducir la         variabilidad y su impacto deletéreo sobre la salud, se enumeran         aquellas áreas que deben ser objeto de análisis e investigación en el         futuro.&nbsp;             <p align="left"><b>Palabras clave:</b> Variabilidad de la         práctica clínica. Evidencia v.s. Incertidumbre científica.         Epidemiología Clínica. Información científica.</td>     <td width="4%" valign="top"></td>     <td width="48%" valign="top">             ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="left">&nbsp;             <p align="left"><b>ABSTRACT</b>             <p align="left">Clinical practice is not an exact and reproducible         phenomenon since it is carried out in a working framework with a high         degree of uncertainty. The different sources of variability in clinical         practice are analysed, with special emphasis placed on the quality of         the scientific evidence that underlies decision making. On the basis of         the change from the traditional model to a practice based on information         derived from scientific evidence, different problems are examined in         relation to the need for transforming the information into effective         action. Finally, with the aim of reducing variability and its harmful         impact on health, those areas that should be the object of future         analysis and research are enumerated.             <p align="left"><b>Key words.</b> Variability in clinical         practice. Evidence vs. scientific uncertainty. Clinical epidemiology.         Scientific information.</td>   </tr> </table> <hr> <table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" width="100%">   <tr>     <td width="48%" valign="top">             <p align="left"><font size="2">Unidad de Investigación. Hospital 12 de Octubre.</font>           <p>&nbsp;</td>     <td width="4%" valign="top"></td>     <td width="48%" valign="top"><font size="2"><b>Correspondencia</b>    <br>         A. Gómez de la Cámara    <br>         Unidad de Investigación    <br>         Hospital Doce de Octubre    <br>         Avda. de Córdoba Km 5,4    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>         28041 Madrid</font></td>   </tr> </table>      <p>&nbsp;      <p><b>INTRODUCCIÓN</b>    <br>  La práctica clínica es el proceso de la actuación médica en  relación con la atención a la salud del paciente. Sus componentes  son los datos y la información clínica, las percepciones,  razonamientos, juicios y decisiones de los médicos, los  procedimientos que utilizan y las intervenciones que aplican<sup>1</sup>.    <br>  Al intentar analizarla se observa que la práctica clínica no es un  fenómeno exacto y reproducible. Los mecanismos que rigen la toma de  decisiones son difíciles de entender. Sin duda hay decisiones  correctas, pero las hay también incorrectas y el mecanismo para  saber cuál es la mejor es difícil y elusivo. La resultante es que  muchas decisiones médicas, no necesariamente incorrectas, parecen  arbitrarias, altamente variables y sin explicación obvia. Existe  una gran variabilidad intra e inter-médicos respecto a las  observaciones, percepciones, razonamientos, intervenciones y estilos  de práctica que trae como consecuencia un marco de trabajo con un  gran grado de incertidumbre<sup>2-6</sup>.    <br>  En el problema general de la variabilidad clínica vemos que existe  un componente dependiente del entorno y condiciones de trabajo, pero  a la vez observamos que persiste otro componente de la variabilidad,  difícilmente explicable, que si fuera consecuencia directa de la  arbitrariedad tendería a deteriorar la calidad de los cuidados médicos,  producir un efecto lesivo sobre el crédito profesional y en  definitiva, a cuestionar la eficiencia del sistema<sup>7</sup>.    <br>      <br>  <b>EL PAPEL DE LA INCERTIDUMBRE EN LA PRÁCTICA  CLÍNICA</b>    <br>  La presentación de la enfermedad varía de un enfermo a otro. El médico  ve con frustración que no existe un modelo exacto y se ve envuelto  en un proceso de toma de decisiones en condiciones de incertidumbre.  No existen enfermedades sino enfermos. El inconsciente del colectivo  médico parece querer expresar así la variabilidad extrema  individual que observa en la práctica clínica y la incertidumbre  que le acompaña frente a la supuesta seguridad de las reglas diagnósticas  y pronósticas.&nbsp;    <br>  La incertidumbre se torna en variabilidad en uno de los elementos  clave de la toma de decisiones como es la percepción de las  consecuencias. Si la percepción de las consecuencias es variable,  la probabilidad de una decisión incorrecta aumenta. Frente a un  caso clínico determinado y estándar, la probabilidad de un  determinado pronóstico elaborado por médicos con quehaceres  similares puede ser valorada con una variabilidad extrema o  desconcertante. Consecuencia inmediata es la ausencia de criterios  sobre adecuación diagnóstica o terapéutica. El uso no apropiado  de procedimientos o intervenciones puede instalarse en el sistema y  convivir permanentemente con la consecuente pérdida de eficacia y/o  confianza.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>      <br>  <b>FUENTES DE VARIABILIDAD</b>    <br>  Las variaciones en la práctica médica se han observado en prácticamente  cada paso del proceso de la práctica clínica, sea en la anamnesis,  exploración física, interpretación de pruebas diagnósticas o  respuesta terapéutica. Las razones que expliquen esta variabilidad  pueden tener sus orígenes en:      <blockquote>        <p>•    Características de los pacientes: son causas claras de    variabilidad la posible imprecisión de los datos de la historia    clínica, el examen físico y las pruebas diagnósticas y su    interpretación. La incertidumbre en la relación existente entre    la información clínica y la presencia de una enfermedad, debido    a que no siempre los datos clínicos seleccionados son los    adecuados para llegar a un diagnóstico preciso. No siempre se    dispone de síntomas y signos patognomónicos. Es frecuente    encontrarse con síntomas inespecíficos no encuadrables en una    categoría diagnóstica definida que, además, pueden presentarse    en ausencia de la enfermedad y que conducen a dudas en la petición    e interpretación de las pruebas complementarias e incertidumbre    sobre la prescripción y los resultados del tratamiento.    <br>    • Características de sistema sanitario: los recursos humanos, técnicos    y financieros del sistema sanitario: número de profesionales    sanitarios y no sanitarios, disponibilidad en cantidad y calidad    de medios técnicos en las consultas, disponibilidad y acceso a    pruebas radiológicas y de laboratorio, y recursos económicos son    fuentes claras de variación en el perfil de atención clínica.    <br>    • Estado de salud de la población: la distribución específica    y heterogénea de la morbilidad, mortalidad y factores de riesgo,    la diferente prevalencia de enfermedades en la población atendida    va a determinar variaciones en los valores predictivos de los    tests diagnósticos y de cribado y, en consecuencia, diferencias    en la efectividad de las intervenciones para reducir la morbi-mortalidad.    Por otra parte, los estudios de las enfermedades en diferentes    poblaciones hacen que las pruebas diagnósticas tengan un    rendimiento diferente según cada población o grupo de enfermos    involucrados, haciendo que un test pueda ser más exacto para un    paciente que para otro. Por ejemplo, un test para detectar cáncer    tendrá mayor sensibilidad para grandes tumores o muy avanzados    que para tumores pequeños y localizados con lo que el rendimiento    tenderá a ser diferente según los grupos de pacientes.    <br>    • Características de los médicos: a) Variables socio-demográficas:    Así, los médicos de más edad y las mujeres prescriben más y    solicitan más pruebas complementarias. Los médicos más jóvenes    y varones parece que difieren más su confirmación diagnóstica y    programan más a sus pacientes. Los médicos con ejercicio rural    piden menos exámenes complementarios y derivan menos a    especialidades. b) Formación pregrado, postgrado: son factores    asociados a diferentes comportamientos que propician desarrollos    profesionales y prácticas clínicas diferentes. La formación    continuada, sin embargo, no se asocia de manera clara a un modelo    de actuación definido.</p>  </blockquote>      <p>Existen  diferentes “patrones” de práctica clínica, según trabajen los  médicos aislados o en equipo, con o sin protocolización de  actividades, con consulta programada o no y con ejercicio en el  sistema público o privado. Hay también diferentes “estilos” de  práctica clínica. La práctica en apariencia adherida al rigor y  ortodoxia científica depende en realidad de actitudes personales  del médico, motivaciones, estímulos, creencias.    <br>  En efecto, la variabilidad de la práctica clínica puede explicarse  en gran parte debido a todas estas causas mencionadas, en gran parte  decimos, pero no en su totalidad. Por lo tanto, permanece una porción  de variabilidad de magnitud importante y de vital interés no  explicada. El origen de esta fuente de variabilidad no explicable  hay que buscarla en otra dimensión de la práctica clínica y el  origen más señalado recae sobre la calidad de la evidencia científica  que subyace a la toma de decisiones. Es la distinta naturaleza de la  información, distinta evidencia, que se utiliza por unos y otros clínicos  lo que promovería la imagen variable e incierta de la práctica clínica.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  A su vez, la calidad de la evidencia científica que subyace a la  toma de decisiones puede estar condicionada por:&nbsp;      <blockquote>        <p>•    Ausencia de evidencia o conocimiento científico. Cuando no hay    evidencia científica disponible el médico tiende a basar sus    decisiones en su exclusiva experiencia y la posibilidad de    equivoco aumenta. Las observaciones personales son escasas y no    sistematizadas, la memoria es selectiva, las apreciaciones    sesgadas, la mente no elabora comparaciones entre pacientes    equiparables.    <br>    • Inaccesibilidad a las fuentes de evidencia y/o falta de    destreza en el análisis de la información. En el fondo el    resultado es el mismo: incapacidad para incorporar de manera homogénea    conocimiento válido y fiable desde el punto de vista científico    en la práctica clínica individual.&nbsp;    <br>    • Presencia de información incorrecta o tendenciosa. El afán    de comunicación puede tener muchas causas pero las consecuencias    de contenidos incorrectos son claras. La información no validada    ni fiable inunda el sistema de comunicación científica llenándolo    de “ruido” que confunde, desorienta e induce a error en la    toma de decisiones.&nbsp;    <br>    • Prácticas no contrastadas. En el conjunto de la práctica clínica    hay modas, inercias o situaciones que se mantienen o propagan con    éxito sin entenderse muy bien por qué. Por el contrario, es    notorio el escaso eco que muchas propuestas, guías o protocolos,    obtienen a pesar de diseminarse a través de medios profesionales.    Las circunstancias mencionadas implican que un mismo paciente    puede ver a varios médicos, escuchar opiniones diferentes y por    supuesto recibir diferentes tratamientos. Cuando las diferencias    son pequeñas las consecuencias puede que sólo, y no es poco,    impliquen más carga de ineficiencia en el sistema, más gasto y    menos credibilidad. Cuando las diferencias son importantes pueden    sencillamente poner en juego la vida del paciente.    <br>    • Pérdida de actualización científica. La información médica    se produce y renueva permanentemente de manera inabarcable    influyendo de manera errática o no validada en la práctica. Es    difícil el acceso y seguimiento a toda esta información. El    grado de actualización decae con el tiempo y la formación médica    continuada clásica no funciona.&nbsp;</p>  </blockquote>      <p><b>PRESENCIA  DE “ZONAS GRISES” EN LA EVIDENCIA</b>    <br>  A pesar de la existencia de información abundante y evidencias válidas  en muchos terrenos, siguen existiendo preguntas que sólo la  información en si misma no parece que pueda contestar. Así, por  ejemplo, podemos preguntarnos: ¿Cuánta y cuál es la mejor  evidencia científica para tomar decisiones? ¿Existe un umbral  posible de evidencia? ¿Qué resultados, qué puntos finales debemos  elegir en un ensayo clínico? ¿Son resultados en términos de salud  global como es supervivencia o calidad de vida, o sirven resultados  intermedios como puede ser la normalización de las enzimas séricas,  en el caso de un infarto, o la reducción del tamaño tumoral en una  prueba diagnóstica?    <br>  Además, cualesquiera que sean los resultados utilizados, los  estudios que analicen estos resultados, ¿tienen que ser siempre  controlados o son suficientes las series de casos clínicos?, ¿sirven  los diseños retrospectivos igual que los diseños prospectivos?    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  Si un suficiente número de expertos está de acuerdo en que un  tratamiento es efectivo ¿es necesario tener una demostración empírica  de su eficacia? Por otro lado, ¿cuántos estudios se necesitan para  confirmar el beneficio de una intervención? ¿Son los resultados de  un simple ensayo clínico suficientes para justificar la recomendación  de tratar a todas las personas posibles? ¿Quién tiene autoridad  para sentar la indicación? ¿Quién tiene más carga de evidencia?  Y por último, ¿qué papel tiene el coste económico en la toma de  decisiones?    <br>  Todas estas cuestiones permanecen abiertas y lo más probable es que  el médico tenga necesariamente que seguir tomando decisiones sin  que se contesten de manera explícita y contrastada. Sin embargo, la  medicina no es una práctica aleatoria o fraudulenta. La  variabilidad descrita ocurre porque los médicos nos vemos obligados  a tomar decisiones sobre situaciones muy complejas, bajo  circunstancias muy difíciles y con muy poco apoyo. La medicina no  es ingeniería biomédica. El médico debe enfrentarse en su trabajo  cotidiano con variables muy alejadas de la propia biología y que  introducen componente clave en las decisiones Tomar decisiones sin  conocer <i> a priori</i> los resultados de las distintas opciones y tener  que hacerlo de manera obligada debe tener su margen de confianza.  Por otro lado, no podemos negar que el conjunto de la práctica  medica es eficaz. No en vano todos conocemos a personas que podrían  estar peor o no estar si no hubieran sido atendidas médicamente. La  cuestión por supuesto seguiría siendo dilucidar cuál hubiera sido  la mejor de las atenciones médicas<sup>4</sup>. Pues bien, frente a esta  situación de variabilidad e inestabilidad sí que es posible oponer  una estrategia de reducción de la incertidumbre y un mayor control  de los mecanismos de toma de decisiones por parte del médico. En  concreto, la utilización óptima de información científica  contrastada y fiable, aquella procedente de la mejor investigación  médica sería la clave de un aumento en la eficacia de práctica clínica  y de la atención sanitaria en general, reduciendo la incertidumbre  y aumentado en estima y aval ético<sup>8</sup>.&nbsp;    <br>      <br>  <b>Cambio de paradigmas científicos</b>    <br>  En estas alturas del siglo, los médicos hemos podido observar  sucesivas modificaciones de los paradigmas científicos que han  regido la práctica profesional o clínica. Por un lado, hemos  observado el cambio del paradigma determinístico decimonónico en  el que todo efecto tenía una causa determinante hacia la concepción  de una relación probabilística en la que un conjunto de factores  pueden estadísticamente estar relacionados en mayor o menor  intensidad con un determinado efecto. No hablamos de agente causal  ya, sino que hablamos de red causal o mejor dicho de factores de  riesgo, entendiendo como tales aquellos condicionantes asociados  estadísticamente con la aparición de un fenómeno y que se  relacionan en forma de modelo matemático probabilístico y  multivariante. También a estas alturas del siglo estamos siendo  testigos y protagonistas del cambio de otro paradigma: estamos  observando el paso del modelo clínico tradicional al modelo de  ejercicio basado en la evidencia científica.      <p><b>DEL  MODELO CLÍNICO TRADICIONAL AL MODELO DE EJERCICIO BASADO EN LA  INFORMACIÓN PROCEDENTE DE LA EVIDENCIA CIENTÍFICA</b>    <br>  El modelo clásico sitúa en un lugar destacado la autoridad científica  tradicional y la adhesión a los procedimientos estandarizados. Las  respuestas a los problemas generalmente se obtienen del contacto  directo con expertos locales o bien referidos a los escritos de  expertos internacionales. Sin embargo, las asunciones del nuevo  modelo de medicina basada en la evidencia son distintas<sup>9</sup>:      <blockquote>        <p>–    La experiencia clínica y el desarrollo del instinto clínico son    cruciales y necesarios para ser un médico competente, pero no    suficientes. En ausencia de información recogida con orden, rigor    y comprobación científica, uno debe ser muy cauto en la    interpretación de la información derivada de la sola experiencia    clínica y la intuición dado que muchas veces pueden estar    equivocadas.    <br>    – El estudio y el entendimiento de los mecanismos básicos de la    enfermedad son necesarios pero no suficientes para guiar la práctica    clínica. El razonamiento para el diagnóstico y el tratamiento    derivados de mecanismos fisiopatológicos a menudo es incorrecto,    dando lugar a predicciones inexactas sobre el funcionamiento de    los test diagnósticos y la eficacia de los tratamientos.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    – Es necesario el entendimiento de ciertos principios, métodos    y reglas de comprobación científica y/o evidencia para    interpretar correctamente la información y la literatura sobre    causalidad, pronóstico, tests diagnósticos y estrategias de    tratamiento.</p>  </blockquote>      <p>Se  deduce por lo tanto que los médicos deben documentarse para la toma  de decisiones, consultar regularmente la literatura biomédica  original y leer y ser capaces de valorar críticamente no sólo la  introducción y discusión, sino además la sección de métodos y  resultados de los artículos a la hora de resolver los problemas clínicos  e intentar proveer el mejor cuidado posible a sus pacientes. El  mensaje fundamental es que el médico debe ganar en destrezas y  habilidades para realizar valoraciones independientes de la  información científica circundante y por lo tanto poder evaluar la  credibilidad de los contenidos. Un claro entendimiento del  conocimiento científico subyacente a los problemas que trata  proporcionará un cuidado mejor a de los pacientes.&nbsp;    <br>  Podemos definir por lo tanto la práctica de la medicina basada en  la evidencia como la utilización consciente, explícita y juiciosa  de la mejor evidencia científica disponible a la hora de tomar  decisiones sobre el cuidado de los pacientes. La práctica de la  medicina basada en la evidencia significa integrar la maestría clínica  individual con la mejor evidencia científica disponible procedente  de la investigación válida y fiable<sup>8</sup>.    <br>  Por maestría clínica individual se entiende el dominio del  conocimiento y el juicio que los clínicos individuales adquieren a  través de la experiencia en la práctica clínica. El aumento de la  maestría se refleja de muchas formas, pero especialmente en un  diagnóstico más efectivo y más eficiente, en una identificación  más completa y en una utilización más sensible de los problemas,  derechos y preferencias de los pacientes a la hora de tomar  decisiones clínicas sobre su asistencia.    <br>  Por la mejor evidencia clínica disponible se entiende aquella  investigación adecuada clínicamente, procedente de la investigación  clínica centrada en los pacientes y que se realiza sobre la  exactitud y precisión de las pruebas diagnósticas, el poder de los  marcadores pronósticos y la eficacia y la seguridad de los regímenes  terapéuticos, rehabilitadores y preventivos.    <br>  La práctica de la medicina basada en la evidencia es un proceso de  aprendizaje autodirigido que dura toda la vida, en el que el cuidado  de los propios pacientes crean la necesidad de información clínicamente  importante sobre el diagnóstico, el pronóstico, el tratamiento y  otras cuestiones clínicas y de asistencia sanitaria. Dicho proceso  requiere asumir una serie de premisas:      <blockquote>        <p>–    Las decisiones clínicas deben basarse en la mejor evidencia científica    disponible.    <br>    – El tipo de problema clínico es el que determina el tipo de    evidencia que debe buscarse.    <br>    – Identificar la mejor evidencia necesita de una base metodológica    epidemiológica y bioestadística.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    – Las conclusiones obtenidas de la evidencia sólo son útiles    si tienen aplicación para la atención sanitaria de individuos o    poblaciones.    <br>    – La capacitación profesional debe ser evaluada    permanentemente.&nbsp;</p>  </blockquote>      <p>El  proceso de puesta en marcha de una práctica clínica basada en la  evidencia requiere a su vez cumplimentar una serie de escalones que  nos llevan desde el problema inicial a abordar hasta la decisión en  la cabecera del enfermo y que consisten en:      <blockquote>        <p>–    Convertir las necesidades de información en preguntas    susceptibles de respuesta.    <br>    – Localizar con la máxima eficiencia las mejores evidencias    científicas con las que responder la pregunta formulada (sean    sobre exploración clínica, diagnóstico de laboratorio, o de    otras fuentes bibliográficas).    <br>    – Valorar críticamente la validez, fiabilidad y utilidad de las    evidencias encontradas.    <br>    – Aplicar los resultados de esa valoración a la práctica clínica.    <br>    – Evaluar su rendimiento.</p>  </blockquote>      <p><b>BASES  PARA LA PRÁCTICA</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  Sin duda, este nuevo paradigma empezó a expresarse hace ya casi  tres decenios a raíz de la aparición de una serie de artículos  proponiendo a los clínicos metodología renovada para acceder,  evaluar e interpretar la literatura médica<sup>10</sup>. Gracias a esta  iniciativa se señalaron unas bases en torno a la validez, precisión  y pertinencia de la evidencia científica que subyacía a los  cuidados sanitarios que ha sido continuada y ampliada por la escuela  de McMaster<sup>11,12</sup>. La valoración crítica de la  literatura es por lo tanto el principal precedente del intento de  incorporar la información científica más válida y fiable en la  práctica clínica.&nbsp;    <br>  La MBE está contemplándose desde distinta ópticas y, así,  encontramos múltiples abordajes y definiciones, desde aquella que  dice que es “el proceso de construcción de conocimiento a partir  de la actividad clínica y de incorporación crítica a la práctica  clínica de los conocimientos validados necesarios para el cuidado  de los pacientes”, o de aquella que dice que “es la incorporación  al ejercicio clínico del conocimiento de las estimaciones estadísticas  (probabilísticas) sobre el riesgo, el pronóstico, o el  tratamiento”, o bien la mencionada anteriormente y más genuina  que dice que la práctica de la MBE es el uso consciente, explícito  y prudente de la mejor evidencia o el conocimiento científico  disponible en la actualidad a la hora de tomar decisiones sobre el  cuidado de los pacientes individuales. Es evidente que ha habido una  serie de malas interpretaciones sobre el concepto de MBE y aquí,  una vez más, los medios parecen que intentan sobrepasar a los  fines. No es un problema de bioestadística, ni es un problema de  metodología epidemiológica, y muchísimo menos es un problema de  ordenadores o de Internet a pesar de que se ha querido ver así. Se  puede hacer MBE sin tener ordenadores, sin saber nada de estadística,  como también es cierto que se puede hacer medicina sin fonendos y  sin esfigmomanómetro. Es claro que los instrumentos se han  confundido con el objetivo o fin dado que no se pretende más que  proponer “un modelo evolucionado del ejercicio clínico  tradicional complementado con la información científica más válida  a la que se puede tener acceso”.&nbsp;    <br>  Ahora bien, aunque la búsqueda de una base científica sólida y  objetiva para la toma de decisiones ha sido perseguida por los médicos  secularmente, es posible que el auge de la MBE se deba a la pretensión  inconsciente de un reposicionamiento profesional y social del médico  que conduce a plantear un claro cambio en la función del médico.  Probablemente estemos ante un cambio de paradigma profesional,  probablemente un sector de la clase médica esté asumiendo  definitivamente una función técnica con un sustrato científico y  con un servicio social, alejándose cada vez de la función social  de desempeñar un cargo o ejercer pasivamente un estatus. El médico  pasa de observador pasivo de la realidad a analista activo de la  misma, y pasa de describir qué es lo que sucede a razonar científicamente  la acción emprendida. El substrato sobre el que se realiza toda  esta transformación es sin duda la información, en concreto la  información científica. El proceso profundo de la MBE es la  transformación de la información en acción efectiva.    <br>  La práctica clínica es un proceso permanente de toma de decisiones  sobre el estado de salud del individuo cuyo sustrato es la información  clínica. Por su parte, los servicios de salud necesitan información  exhaustiva y sensible para desarrollar políticas sanitarias,  monitorizar los procesos y evaluar las intervenciones. A su vez, la  investigación debe identificar, justificar y depurar hipótesis,  detectar errores y defectos previos, diseñar escenarios de trabajo,  señalar variables secundarias y afectos diferidos o posibles y  proponer alternativas. En todas estas actividades centrales en el  ejercicio y la práctica de la medicina, la información juega un  papel capital.    <br>  Aquí es necesario centrarnos sobre el papel capital que el manejo  de la información juega en todo este proceso. Hay quien denomina  toda esta etapa el tránsito de la biomedicina a la infomedicina,  del conocimiento limitado a las posibilidades de un conocimiento  extensísimo a veces ilimitado. Podíamos incluso decir que la MBE  es un proceso de optimización de la información que utilizamos con  el fin de tomar decisiones médicas más efectivas, y es un fenómeno  que exige completar y tener consciencia de que existe un proceso y  un circuito cerrado cuyo origen es la investigación que genera  información y que abre conocimiento, que continúa por la  comunicación de este conocimiento, sigue con su registro y  clasificación sistemática, se recicla a través de su búsqueda y  su accesibilidad –que es la valoración de su calidad– y que  cierra el proceso definitivo en la aplicación en la práctica.    <br>  El manejo de la información científica en el ejercicio práctico  de la medicina siempre ha sido problemático. Podríamos  descomponerlo en múltiples facetas e insistir por un lado, en la  existencia de una información torpe, inútil, no validada en la práctica  y por otro la presencia de espacios o lagunas de información  necesaria pero que nunca se rellenan. Hay que citar a Elisabeth  Barrett-Connor<sup>13</sup> quien ya durante la década de los 70  llamó la atención sobre el desfase y la inconsistencia de la  información que veníamos manejando. Así, Barrett-Connor citaba cómo  en 1941 ya se conocía que la sintomatología tradicionalmente  atribuida a los áscaris en la infancia no era específica de los niños  infectados, o que las hemorragias subungueales no eran específicas  de la endocarditis bacteriana, o bien que el clásico cortejo sintomático  de la colecistitis atribuida a las mujeres no era tal, o bien que  las convulsiones febriles en la infancia eran un cuadro más  frecuente y menos abigarrado de lo que se pensaba tradicionalmente.  Barrett-Connor llama por primera vez la atención sobre la  persistencia de aspectos del conocimiento no suficientemente  validados pero que persisten en la “información oficial de la  medicina”.    <br>  Trece años más tarde, Renaldo Battista desde Canadá plantea a  través de la <i> Canadian Task Force on Periodic Health Examinations</i><sup>14  </sup>la necesidad de valorar la efectividad clínica de las  intervenciones, evaluando estandarizadamente la información científica  disponible. Esta acción pionera o al menos emblemática no está  siendo reconocida o recordada tal como debiera pero, paradójicamente,  a esta acción debemos la archifamosa clasificación de la evidencia  en grados o categorías de certeza. El grupo de trabajo canadiense a  la hora de establecer las guías preventivas señala la adecuación  basándose en la calidad de dicha información.    <br>  Vemos con estos ejemplos como el medio exige un papel activo en la  utilización de la información en vez del papel pasivo que ha  venido utilizando tradicionalmente. Se cuestiona la calidad, la  verosimilitud, y la adecuación de las prácticas clínicas que se  realizan.    <br>  Sin embargo, junto a estos llamamientos siguen existiendo y  conviviendo lagunas y déficits. Anualmente son miles las  publicaciones y cientos de miles los artículos, trabajos,  comunicaciones que afluyen al ámbito del ejercicio de la medicina.  Es imposible absorber o al menos analizar semejante cantidad de  información. Un profesional generalista debería invertir más  tiempo leyendo que trabajando si quisiera estar al día. Sin  embargo, mientras que determinadas prácticas establecidas persisten  independientemente de que se haya demostrado que son ineficaces e  incluso nocivas, los nuevos conocimientos procedentes de la  investigación a menudo tardan mucho en ser incorporados y  utilizados en el trabajo cotidiano    <br>  Las razones por las que la información científica no se han  incorporado a la práctica pueden ser muchas y hay modelos teóricos  que lo estudian. En muchas ocasiones las características del  mensaje pueden influenciar su absorción. Por ejemplo, la manera en  que el efecto de un tratamiento se presenta sea en comparación de  medias o proporciones o bien en forma de reducción relativa del  riesgo, en forma de reducción absoluta o su recíproco, es decir,  el número de personas necesarias a tratar para evitar un caso,  seguro que influencia la respuesta de los médicos. La presentación  de los resultados como una reducción del riesgo relativo que no  toma en consideración el riesgo basal de los sujetos magnifica los  efectos y tiende a asimilar y a adoptar el mensaje con facilidad,  incluso de una manera mucho más fácil que la utilización del NNT.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  En otras ocasiones los criterios sobre validez interna y externa, es  decir, aplicabilidad clínica, pueden resultar conflictivos<sup>15</sup>.  Los estudios de investigación, los estudios clínicos se realizan  generalmente sobre una población de estudio homogénea y excluyen  casos clínicamente complicados intentando reforzar la validez  interna, exagerando la exactitud y fiabilidad de las  determinaciones. Sin embargo, esta selección puede que no sea la  adecuada y que no encaje o represente el tipo de paciente sobre el  que se pretende aplicar la intervención que se estudia. La práctica  médica se realiza a menudo con pacientes que presentan una gran  complejidad de problemas. Los pacientes ancianos y las mujeres están  infrarrepresentados en los ensayos clínicos. Los pacientes con  comorbilidad (un fenómeno habitual entre los pacientes más  mayores) generalmente se excluyen. Por otro lado, la información  científica obtenida a partir de los pacientes que han sido  derivados a especialistas no puede ser fácilmente generalizada a  los pacientes que se ven en atención primaria porque presentan  cuadros menos graves o lo que es peor en estadios clínicos mucho más  iniciales.&nbsp;    <br>  Gran parte de las necesidades de información científica se ignoran  en las corrientes y en los hábitos investigadores actuales. Los  estudios sobre efectividad de la atención sanitaria con frecuencia  presentan una validez interna débil. Como ejemplo son aquellas  evaluaciones de intervenciones farmacológicas que no están  enmascaradas. Al analizar los efectos o el impacto de guías de práctica  clínica complejas o programas de salud, el problema suele ser todavía  mayor. La evaluación de los procedimientos diagnósticos tiene que  luchar con dificultades que no se encuentran recogidos en los libros  de metodología. Por ejemplo, a la hora de validar información  diagnóstica sobre la lumbalgia, sobre el síndrome de la fatiga crónica  o sobre la hiperplasia benigna de próstata, la presencia de una  referencia estándar incluso a escala conceptual no existe. Por otro  lado, a la hora de estudiar síntomas y signos como es el dolor o  las molestias abdominales crónicas o una velocidad de sedimentación  elevada la utilización de patrones de referencia masivos o  complejos no puede ser utilizada habitualmente. Por lo tanto, si  realmente queremos y pretendemos alcanzar evidencias con validez  interna y que tengan validez externa para la práctica clínica  necesitamos realizar estudios basados en la realidad clínica que  incluyan, no ignoren, la realidad de la medicina y sus dificultades  inherentes. Dado que ningún estudio individual puede incluir la  realidad clínica completa, la búsqueda de meta-análisis de  distintos procesos diagnósticos y terapéuticos que incluyen a la  vez subgrupos importantes, como pacientes ancianos u otros con  patrones de comorbilidad habituales, son indispensables. Para apoyar  la toma de decisiones individual, este tipo de estudios meta-analíticos  o englobadores deben evaluar la modificación del efecto que se  observa en cada subgrupo más que valorar el efecto global de las  medidas ajustadas por los diferentes subgrupos.&nbsp;    <br>  A la hora de revisar el conocimiento clínico disponible debemos ser  cautos al adoptar criterios demasiados detallados y estrictos sobre  lo que se considere buena o mala validez. Los métodos de estudio en  sí mismos deben también evolucionar. Los ensayos controlados  aleatorios se desarrollaron hace más de 50 años y han ido  evolucionando alrededor de preguntas clínicas muy importantes y muy  nítidas pero sin llegar completamente al fondo del trabajo  cotidiano. Al mismo tiempo, mucho conocimiento médico se ha ido  adquiriendo y ganando independientemente del producido en los  ensayos clínicos. Dada la limitada adaptabilidad de la práctica clínica  para responder cuestiones a través de ensayos clínicos, parece que  la exploración de métodos cuasi experimentales que respeten el  principio de comparabilidad y calidad pueden y deben ser impulsados.  Sería el caso de los estudios que pretendan comparar procedimientos  y distintas prácticas clínicas con presencia de factores de  confusión fácilmente controlables o identificables. Por otro lado,  los requerimientos de poder estadístico que tanto limitan la  factibilidad de los estudios pueden llegar a ser menos críticos en  una época en la que la evidencia prospectiva se puede ir acumulando  fácilmente. Las bases de datos informatizadas y las redes de  ordenadores pueden aportar un nexo que ligue y englobe la práctica  individual y el estudio sistemático de la atención sanitaria  generando una gran base de investigación clínica. A la hora de  promover estos procesos la comunidad clínica puede capitalizar la  interacción que debe darse entre práctica (aprendizaje sobre  evidencia informal) e investigación, (aprendizaje sobre evidencia  formalmente desarrollada).    <br>  Por otro lado, hay que proponer a los editores de las revistas, a  las agencias de financiación de la investigación y de evaluación  de tecnologías que abran sus objetivos hacia la realidad cotidiana  y hacia la realidad clínica, en vez de persistir en políticas de  publicación o de financiación de terrenos idealizados donde el  conocimiento, que si bien puede crear estructuras coherentes y  razonables fenomenológicas, puede estar avanzando de manera  paralela y desconectada con la realidad cotidiana. Debemos evitar  crear dos mundos distintos.    <br>  A la vista del fenómeno del manejo de la información en el  ejercicio de la práctica cotidiana, hay que señalar la incorporación  a la práctica clínica de la información procedente de la  investigación como el proceso clave que permite una actualización  permanente y una incorporación constante del conocimiento a la  atención de nuestros pacientes, y que por tanto contribuiría de  manera primordial en la reducción de la variabilidad en la atención  de pacientes y poblaciones. Sin embargo, queda mucho por hacer. En  relación con la mencionada reducción de la variabilidad y su  impacto deletéreo sobre la salud de individuos y poblaciones  debemos señalar una serie de áreas o de puntos de análisis-estudio  para incluir en nuestras agendas y que serían los siguientes<sup>16</sup>:        <p>1.    Influencia de la fuente y presentación de la información científica    sobre su incorporación por los profesionales sanitarios y otras    estructuras.    <br>    2. Principales fuentes de información sobre efectividad de la    atención sanitaria utilizadas por los médicos.    <br>    3. Manejo de las situaciones de incertidumbre y de riesgo por los    clínicos.    <br>    4. Papel de los usuarios en la implementación de los hallazgos de    la investigación.    <br>    5. ¿Por qué unos clínicos cambian y otros no, y adaptan su práctica    clínica en respuesta a los hallazgos procedentes de la    investigación?    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    6. ¿Quién debe encargarse de asegurar el cambio de la práctica    clínica?    <br>    7. ¿Qué factores profesionales de gestión organizativos,    comerciales se asocian para el impulso del cambio en la practica    clínica?, con particular énfasis en los proveedores.    <br>    8. ¿Qué tipo de intervenciones son necesarias para que la clase    directiva del sistema sanitario promueva el trabajo basado en la    evidencia científica?    <br>    9. Promoción y desarrollo de proyectos de investigación locales.    <br>    10. Valorar la efectividad y coste de las auditorías como medio    de promover la incorporación de los hallazgos de la investigación    a la práctica clínica.    <br>    11. Estrategias educativas de desarrollo profesional continuado    que promuevan la incorporación de la investigación a la práctica.    <br>    12. Efectividad y coste de la enseñanza de la valoración crítica    de la información científica entre los clínicos, pacientes o    usuarios, gestores, y proveedores a la hora de promover la    incorporación de los hallazgos a la investigación.    <br>    13. Papel de la formación pregraduada en la promoción de la    incorporación de la información procedente de investigación.    <br>    14. Impacto de las guías de práctica clínica en otras    disciplinas distintas de la medicina o bien, impacto de las guías    de práctica clínica en las fuentes que son origen de los    conocimientos sobre las que se basan.    <br>    15. Papel de los medios de comunicación en promover la    incorporación de la investigación.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    16. Impacto de los agentes profesionales o de gestión en la    incorporación de la investigación.    <br>    17. Efecto de la práctica basada en la evidencia en las medidas    de política sanitaria global.    <br>    18. Valoración del impacto o del efecto de una propuesta política    global que promueva la efectividad clínica.    <br>    19. Utilización de la evidencia basada en la investigación por    parte de los políticos sanitarios.</p>        <p><b>BIBLIOGRAFÍA<font color="#800000">    <br>    </font>  </b>    <!-- ref --><br>    1. Pozo F, Ricoy JR, Lázaro P. Una estrategia de investigación en  el sistema nacional de salud: I. La epidemiología clínica. Med  Clin (Barc) 1994; 102: 664-669.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267073&pid=S1137-6627200300010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      <!-- ref --><br>  2. Wenberg J. Dealing with medical practice variation: aproposal for  action. Health Aff 1984; 3: 6-31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267075&pid=S1137-6627200300010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><br>  3. Eddy DM. Variations in physician practice: the role of  uncertainty. Health Aff 1984; 3: 74-89.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267077&pid=S1137-6627200300010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      <!-- ref --><br>  4. Moore KN, Cody DJ, Glazener CMA. Conservative management for post  prostatectomy incontinence (Cochrane Review). En: The Cochrane  Library, Issue 3, 2000. Oxford: Update Software.&nbsp;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267079&pid=S1137-6627200300010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      <!-- ref --><br>  5. Coppin C, Porzsolt F, Kumpf J, Coldman A, Wilt T. Immunotherapy  for advanced renal cell cancer (Cochrane Review). En: The Cochrane  Library, Issue 3, 2000. Oxford: Update Software.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267081&pid=S1137-6627200300010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      <!-- ref --><br>  6. Wilt T, Ishani A, MacDonald R, Stark G, Mulrow C, Lau J.  Beta-sitosterols for benign prostatic hyperplasia (Cochrane Review).  En: The Cochrane Library, Issue 3, 2000. Oxford: Update Software.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267083&pid=S1137-6627200300010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      <!-- ref --><br>  7. Eddy DM. The Challenge. JAMA 1990; 263: 287-290.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267085&pid=S1137-6627200300010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><br>  8. Sackett D, Richardson WS, Rosenberg W, Haynes RB. Evidence-based  medicine. How to practice and teach EBM. Churchill Livingstone.  London, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267087&pid=S1137-6627200300010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      <!-- ref --><br>  9. Sackett D, Roseberg WM, Muir Gray JA, Haynes RB, Richardson WS.  Evidence based medicine: What it is and what it isn´t. [Editorial]  Br Med J 1996; 312: 71-72.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267089&pid=S1137-6627200300010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      <!-- ref --><br>  10. Evidence-based Medicine Working Group. Evidence-based Medicine.  A New Approach to Teaching the Practice of Medicine. JAMA 1992; 268:  2420-2425.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267091&pid=S1137-6627200300010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      <!-- ref --><br>  11. Haynes RB, Mckibbon KA, Fitzgerald D, Guyatt GH, Walker CJ,  Sackett DL. How to keep up with the medical literature: I. why try  to keep up and how to get started. Ann Intern Med 1986; 105:  149-153.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267093&pid=S1137-6627200300010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      <!-- ref --><br>  12. Evidence-based Medicine Working Group. Evidence-based Medicine.  Users’s guide to biomedical literature. How to get started. JAMA  1993; 270: 2093-2095.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267095&pid=S1137-6627200300010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><br>  13. Barrett-Connor E. Infectious and chronic diseases epidemiology:  Separate and unequal? Am J Epidemiol 1997; 109: 249.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267097&pid=S1137-6627200300010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      <!-- ref --><br>  14. Woolf SH, Battista RN, Anderson GM, Logan AG, Wang E. Assessing  the clinical effectiveness of preventive maneuvers: analytic  principles and systematic methods in reviewing evidence and  developing clinical practice recommendations. A report by the  Canadian Task Force on the Periodic Health Examination. J Clin  Epidemiol 1990; 43: 891-905.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267099&pid=S1137-6627200300010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      <!-- ref --><br>  15. Konttnerus AJ. Medicine based evidences a prerequisite for the  evidence based medicine: Br Med J 1997; 311: 1109-1110.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267101&pid=S1137-6627200300010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      <!-- ref --><br>  16. Haines A. The science of the perpetual change. Br J Gen Pract  1996; 46: 114-119.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=267103&pid=S1137-6627200300010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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