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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ensayos clínicos, industria farmacéutica y práctica clínica]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Hospital Virgen del Camino Unidad de Psiquiatría ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[   <hr>     <p align="right"><b>EDITORIAL</b></p>     <p><b><font size="4">Ensayos clínicos, industria farmacéutica y práctica clínica</font></b></p>     <p><font size="4"><i><b>Clinical trials, pharmaceutical companies and clinical practice</b></i></font></p>     <p>    <br><b>V. Peralta</b></p> <hr>     <p><font size="2"><b>Correspondencia</b>    <br> Víctor Peralta Martín    <br> Unidad de Psiquiatría    <br> Hospital Virgen del Camino    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> C/ Irunlarrea, 4    <br> 31008 Pamplona    <br> Tfno: 848422488    <br> Fax: 848429924    <br> E-mail: <a href="mailto:victor.peralta.martin@cfnavarra.es">victor.peralta.martin@cfnavarra.es</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>      <p><b>INTRODUCCIÓN</b>    <br> Los médicos y la industria farmacéutica comparten el objetivo del  progreso en el conocimiento científico; sin embargo, el principal  interés del médico es proporcionar a sus pacientes el mejor tratamiento  posible, mientras que el principal interés de la industria es vender su  producto. La industria farmacéutica colabora en el desarrollo de  importantes avances en medicina y tecnología, y tiene un papel crucial  en la diseminación y actualización de la información médica. Aunque la  relación entre médicos e industria puede ser muy productiva para el  avance del conocimiento, también puede ser el origen de problemas que  pueden repercutir en la práctica clínica. Muchos médicos piensan que su  práctica es impermeable a la poderosa influencia de los laboratorios  farmacéuticos, sin embargo, estudios recientes han demostrado de forma  consistente que esto no es así y que la industria por medio de múltiples  vías puede influir en la información médica y en las subsecuentes  decisiones sobre el tratamiento de los pacientes<sup>1</sup>.</p>     <p>El presente trabajo tiene como objetivo revisar los sesgos potenciales  de los estudios subvencionados por la industria. En primer lugar se  revisan las limitaciones de los ensayos clínicos en general y los sesgos  específicos de los ensayos subvencionados por la industria,  posteriormente se revisan los sesgos en la diseminación de los  resultados y su influencia en práctica clínica, y por último, se  proponen algunos mecanismos para evitar los sesgos de la industria en la  práctica clínica. Para ilustrar todos estos problemas, utilizaremos  principalmente ejemplos de la psicofarmacología, aunque estos problemas  son comunes a los tratamientos farmacológicos y no farmacológicos  desarrollados por la industria en otras áreas de la medicina.</p>      <p><b>LIMITACIONES GENERALES DE LOS ENSAYOS CLÍNICOS</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> La medicina basada en la evidencia (MBE) sitúa al ensayo clínico  aleatorizado (ECA) y los meta-análisis de los mismos en la posición más  alta de la jerarquía de la evidencia científica. Sin embargo, no se ha  ponderado suficientemente la validez para múltiples situaciones clínicas  del resto de fuentes de evidencia, lo que ha conducido a una cierta  mitificación y sobrevaloración de los ECA<sup>2</sup>. Los ECA están  sujetos a una serie de problemas tales como su escasa aplicabilidad en  procesos clínicos complejos, su corta duración, y el estar realizados en  pacientes colaboradores y sin comorbilidad, todo lo cual redunda en una  limitada aplicabilidad clínica<sup>3</sup>. Además, los ECA no son  aplicables a muchos problemas clínicos como es el caso de los efectos  secundarios poco frecuentes, en los que los estudios caso-control u  observacionales son más apropiados. La investigación de las causas de la  enfermedad y del pronóstico, esenciales para la comprensión de la  enfermedad y que son consideradas en un rango menor de evidencia, se  hace mejor mediante estudios de cohortes. La evaluación de la precisión  diagnóstica se hace más eficientemente mediante estudios de cohortes y  un modelo de decisión. De hecho, y para una situación clínica concreta,  cada tipo de estudio tiene su lugar en la evidencia científica. Ante una  determinada situación clínica deberíamos ser capaces de elegir la mejor  opción basada en la evidencia disponible y, por ejemplo, no dejar de  dispensar determinado tratamiento simplemente porque no haya un ECA o un  meta-análisis que lo avale.</p>      <p><b>SESGOS DE LOS ENSAYOS CLÍNICOS SUBVENCIONADOS POR LA INDUSTRIA  FARMACÉUTICA</b>    <br> Los ECA financiados por la industria farmacéutica pueden presentar  importantes sesgos metodológicos que, si no sé es consciente de ellos y  se controlan adecuadamente, pueden influir negativamente en la práctica  clínica. Aproximadamente el 90% de los estudios comparativos de  tratamientos arrojan resultados favorables (en términos de eficacia o de  seguridad) a la compañía que financia el producto<sup>4</sup>, y la  probabilidad de que los ensayos financiados por una determinada compañía  arrojen resultados favorables, respecto a los financiados por la  competencia, se multiplica por cuatro<sup>5</sup>. Estos datos arrojan  serias dudas sobre la metodología de la planificación, desarrollo y  publicación del los ensayos clínicos financiados por la industria. Por  otra parte, la presión por vender el producto es tal, que es  virtualmente imposible que el departamento científico de la compañía  pueda realizar estudios no sesgados. En realidad, estos departamentos  pueden actuar como subdepartamentos de marketing dirigidos a buscar  argumentos científicos para promocionar las ventas<sup>6</sup>. El  ejemplo típico de esto son los estudios de fase IV  post-comercialización, uno de cuyos objetivos principales es la  promoción del producto.</p>     <p>Para intentar demostrar la superioridad relativa de un determinado  medicamento, la industria frecuentemente utiliza una serie de  estrategias<sup>7</sup>, algunas de las cuales detallamos a  continuación:     <blockquote>     <p>1. Modificaciones en el medicamento de comparación que afectan a su  dosis y patrón de prescripción.    <br> 2. Establecimiento del punto final del estudio a posteriori.    <br> 3. Enmascaramiento de los efectos secundarios.    <br> 4. Manipulación estadística de los datos.    <br> 5. Efecto corruptor en los investigadores que evalúan los pacientes del  estudio.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 6. Publicaciones repetidas de los mismos o similares hallazgos con la  finalidad de aumentar el impacto científico.    <br> 7. Resaltar los hallazgos favorables al financiador y no publicar los  desfavorables.    <br> 8. Y enmascaramiento de la autoría científica. </blockquote>     <p>A continuación, describiremos brevemente estos sesgos.</p> En el ámbito de la psiquiatría, la batalla entre compañías farmacéuticas  por desarrollar y vender sus productos se ha centrado en la última  década en el campo de los antipsicóticos y antidepresivos de nueva  generación, fármacos que no han demostrado superior eficacia con  respecto a los de primera generación y pueden llegar a ser hasta 50  veces más caros, por lo que las compañías pretenden demostrar un  hipotético mejor perfil de efectos secundarios. Respecto a los antipsicóticos, el medicamento patrón de comparación es el haloperidol,  y en los ensayos de la industria tiende a utilizarse en dosis que doblan  las de la práctica clínica habitual y con un patrón de prescripción que  favorece picos del medicamento en sangre, con lo cual se maximizan sus  efectos secundarios.</p>     <p>En vez de partir de hipótesis y métodos preestablecidos, los hallazgos  más importantes se pueden seleccionar en función de aquellos "puntos  finales" que favorezcan al medicamento, y otros puntos de corte previos  o posteriores tienden a omitirse (dragado de datos). Así, resulta  sospechoso que se publique el perfil comparativo de efectos secundarios  de un antidepresivo tras sólo una semana de tratamiento, o que otro  estudio publique datos de la séptima semana de tratamiento cuando lo más  probable es que haya sido diseñado para 8 semanas.    <p>     <p>Los investigadores (mal llamados así, ya que son meros evaluadores del  estado clínico) que evalúan los pacientes del estudio están expuestos a  varios sesgos que tienden a favorecer el producto. El primero de ellos  es el dinero que reciben por el ensayo, que habitualmente multiplica el  correspondiente al centro para el que trabaja. El segundo factor es que  los investigadores son habitualmente invitados a congresos (generalmente  en lugares turísticos o exóticos) por la empresa que subvenciona el  estudio. Por último, y en el caso de que el investigador pueda figurar  como autor, es fácil imaginar la dirección del sesgo en la evaluación de  pacientes, sabiendo que, en el caso de que el estudio no tenga  resultados positivos para el producto, éste probablemente no se publicará.    <p>     <p>La publicación repetida es un hecho frecuente, en el que están  implicadas las revistas científicas. Así por ejemplo, una determinada  compañía publicó 4 artículos solapados en revistas de prestigio sobre el  mejor perfil de efectos secundarios de su antipsicótico de segunda  generación en relación con el medicamento comparador. De manera similar,  otra compañía publicó 5 estudios sólo para demostrar que sus dos  antidepresivos provocaban menor disfunción sexual que el fármaco  competidor. Los hallazgos favorables suelen remarcarse en el <i>abstract</i>  del artículo, mientras que otros datos potencialmente más importantes  desde el punto de vista clínico, y que no son de interés para la  compañía, quedan oscurecidos en la maraña de análisis estadísticos. La  publicación múltiple y selectiva tiene tal repercusión sobre la  fiabilidad de los datos, que puede hacer muy difícil la comparación  entre distintos antidepresivos para saber cuál es el más apropiado para  tratar la depresión<sup>8</sup>. Es bien conocido que los ensayos con  resultados negativos no suelen ser publicados, y sus datos ocultados  para investigadores independientes. Así, con el objeto de realizar un  análisis independiente sobre los efectos de los nuevos antipsicóticos en  los síntomas negativos de la esquizofrenia, un prestigioso investigador  solicitó los datos a diferentes compañías, sin conseguir respuesta  alguna por parte de estas<sup>9</sup>.</p>     <p>Los efectos secundarios de los nuevos fármacos tienden a ser  sistemáticamente enmascarados o minimizados y sólo por la experiencia  clínica o tras la publicación de estudios independientes, se comprueba  que la frecuencia y la gravedad de los efectos adversos es mucho mayor  que la inicialmente señalada. El ejemplo más claro son los efectos  metabólicos de los nuevos antipsicóticos. Otro ejemplo es la disfunción  sexual causada por los antidepresivos, donde la batalla entre compañías  ha alcanzado tintes esperpénticos, como lo demuestran las tasas de  prevalencia de la disfunción proporcionada por las propias compañías que  oscilan entre un 2 y un 73%, dependiendo de qué medicamento es el  financiado y cuál el comparador.</p> Cuando se encuentran tendencias que favorecen al nuevo medicamento, pero  que no son estadísticamente significativas, es práctica habitual  concluir que éste "es más efectivo" o que tiene "menos efectos  secundarios". También hay que ser conscientes de la práctica de  convertir una tendencia en "estadísticamente significativa" simplemente  aumentando la muestra. Esta práctica que es legítima desde el punto de  vista científico, no lo es tanto desde el punto de vista clínico, ya que  diferencias estadísticamente significativas no se corresponden  necesariamente con diferencias clínicamente significativas. A este  respecto, para saber en qué medida un tratamiento es mejor que otro en  la práctica clínica, se debería publicar siempre el estadístico del  número necesario para tratar, algo que en la práctica es la excepción  más que la regla. Por último, un análisis estadístico que favorece  sistemáticamente a la medicación nueva es el denominado "última  observación llevada hacia delante". Éste es un procedimiento habitual  para tratar el problema de los pacientes que salen del estudio  prematuramente, pero las causas de este hecho no son aleatorias, sino  motivadas por múltiples factores del diseño, lo que tiende a favorecer  al medicamento nuevo. Este procedimiento ha sido señalado el principal  factor que ha influido en demostrar la presunta superioridad de los  nuevos antipsicóticos sobre los clásicos<sup>9</sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una manera muy sutil de presentar los resultados es hacer que estos  parezcan como "independientes", cuando en realidad es la compañía la que  está exclusivamente detrás de éstos. Así, puede suceder que los  verdaderos diseñadores del estudio no aparezcan como autores del mismo,  y que en la autoría, generalmente en un lugar destacado, figuren  prestigiosos investigadores que podrían ser considerados independientes  por la opinión pública científica, pero que apenas han colaborado en el  diseño del mismo, en la elaboración de los datos, o en la redacción del  artículo. Los trabajos subvencionados por la industria está plagada de  ejemplos de estos autores "independientes".</p>      <p><b>SESGOS EN LA DISEMINACIÓN DE LOS RESULTADOS DE LOS ESTUDIOS FINANCIADOS POR LA INDUSTRIA</b>    <br> Las compañías farmacéuticas dedican aproximadamente la cuarta parte del  presupuesto total del desarrollo del producto a su promoción<sup>7</sup>,  y esta vasta cantidad de dinero tiene como objetivo final convencer al  clínico de las bondades relativas del producto sobre los demás. Este  objetivo se lleva a cabo por varios procedimientos que actúan de manera  sinérgica, y que por mecanismos muchas veces poco conscientes inducen  prácticas clínicas de prescripción de un determinado producto<sup>10</sup>.  Algunos de estos procedimientos son los siguientes: publicaciones  científicas, congresos y reuniones científicas; la creación de una nueva  terminología científica adaptada a las necesidades de la industria, y la  visita médica.</p>     <p>La influencia de las compañías farmacéuticas en prestigiosas revistas  científicas es intrigante y poco conocida. Por una parte, los ensayos  sobre un nuevo medicamento tienden a ser muy citados, por lo que éstos  son bien recibidos en revistas con alto factor de impacto. Sin embargo,  llama la atención la desproporción entre la originalidad o repercusión  del nuevo tratamiento en la práctica clínica y el alto factor de impacto  de las revistas en que son publicados. Así por ejemplo, la revista de  mayor impacto en psiquiatría (factor 11) recientemente publicó un ECA  comparativo entre un neuroléptico de segunda generación y placebo en la  manía aguda, cuando el valor científico del estudio se correspondería  con su publicación en una revista con factor de impacto de 1 o menos.  Por otra parte, es norma habitual de algunas revistas publicar  suplementos o monografías que son esponsorizados por la industria en  donde los estudios no suelen ser revisados de forma independiente.</p>     <p>Es ya un tópico hablar de la presencia e influencia de la industria en  los congresos de las sociedades científicas oficiales, y aunque esto se  ha comenzado a regular en los últimos años, el poder de su influencia  permanece intacto, máxime cuando la mayor parte de la financiación de  los congresos y otras actividades científicas sigue corriendo a cargo de  la industria. Más llamativo es la organización de reuniones  aparentemente científicas, siempre con algún atractivo extra-científico,  cuyo único objetivo es promocionar el producto. En ambas circunstancias,  la influencia de los denominados líderes de opinión en la promoción del  producto es muy importante, y son bien conocidos esos casos de 'líderes'  de opinión que sucesivamente hablan bien de cada fármaco que sale al  mercado. Otra variante, quizá hoy la más utilizada por la industria dado  que actualmente se tienden a evitar procedimientos publicitarios más  directos, es invitar a los médicos a congresos que en principio no  tienen una relación directa con el producto, pero que tienen el  atractivo de realizarse en lugares de interés turístico.</p>     <p>Uno de los mecanismos más sutiles utilizados por la industria para  promocionar la bondad de un producto, es crear términos médicos o  incluso nuevos trastornos que puedan ser objetivo de sus productos. De  este modo, el término "estabilizante del ánimo" es utilizado por  determinadas compañías de antiepilépticos o antipsicóticos para  promocionar estos fármacos más allá del efecto terapéutico que producen  sobre un episodio maníaco. Así mismo, algunas compañías que venden  antidepresivos han creado artificialmente una presunta entidad  nosológica denominada "trastorno de ansiedad social" con el único  objetivo de que los pacientes sean tratados con este tipo de fármacos.  Este trastorno no existe como tal, y todo lo más es un síntoma de  numerosas enfermedades mentales, y que incluso puede darse en gente  normal de forma circunstancial. Otro ejemplo es el concepto de  "esquizofrenia resistente al tratamiento", farmacológico por supuesto,  obviando que el tratamiento de la enfermedad es multifactorial<sup>11</sup>.</p>     <p>Todas las circunstancias mencionadas anteriormente tienen su reflejo en  la visita médica en la que el comercial presenta la quintaesencia del  producto de manera muy visual mediante sencillos gráficos en los que  demuestra las bondades del producto. Puede que además acompañe algún  artículo científico convenientemente seleccionado, o de un libro  apropiadamente subrayado en el que un líder de opinión glosa las  bondades del producto. Lo cierto es que en la visita médica es donde  habitualmente convergen la literatura 'científica' convenientemente  aderezada y la organización de viajes a congresos y demás reuniones  científicas donde casi siempre se hablará del producto, y en los casos  en que haya simposios específicos sobre el producto, la asistencia será  poco menos que obligada.</p>      <p><b>LAS CONSECUENCIAS SOBRE LA PRÁCTICA CLÍNICA</b>    <br> Los sesgos introducidos por la industria en la elaboración de los  ensayos clínicos y en la diseminación de los datos pueden conducir a una  serie de prácticas clínicas que posiblemente no representan la mejor de  las opciones para un adecuado tratamiento de los pacientes. En concreto,  estas prácticas incluyen:     <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>1. El empleo de fármacos que en muchos de los casos no aportan una  ventaja sustancial con respecto al arsenal terapéutico ya existente.</p>     <p>2. La tendencia a la polifarmacia, ya que como cada laboratorio aporta  las ventajas específicas de su producto, no es difícil llegar a la  conclusión de que se precisen varios fármacos para tratar diferentes  aspectos del mismo trastorno.</p>     <p>3. La tendencia a primar los tratamientos farmacológicos en detrimento  de otros no farmacológicos, lo que origina importantes sesgos en el  manejo clínico de los pacientes. Esto es particularmente evidente en los  trastornos mentales graves, ya que el tratamiento de determinados  síntomas o trastornos se reduce al abordaje farmacológico cuando se ha  demostrado que otras intervenciones (rehabilitadoras,  cognitivo-conductuales) pueden ser incluso más eficaces.</p>     <p>4. Dado que los nuevos psicofármacos no han demostrado una eficacia  superior a los ya existentes, las actuaciones de la industria han estado  dirigidas a demostrar que los nuevos medicamentos producen menos efectos  secundarios, por lo que probablemente han utilizado dosis relativamente  bajas de su propio fármaco (y altas del comparador) en los ensayos  clínicos. La práctica clínica ha demostrado, que en muchas ocasiones,  las dosis de uso habitual de los nuevos fármacos es frecuentemente el  doble y en ocasiones el triple de la recomendada en la ficha técnica,  por lo que apenas existe información sobre los efectos del fármaco a  tales dosis.</p>     <p>5. Y todos los puntos anteriores conducen a un incremento desmesurado  del gasto farmacéutico, y dado el carácter limitado de las prestaciones  sanitarias, el gasto farmacéutico redunda en la correspondiente  disminución de recursos para otras áreas asistenciales. </blockquote>      <p><b>¿CÓMO EVITAR LOS SESGOS QUE LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA INTRODUCE EN LA  PRÁCTICA CLÍNICA?</b>    <br> No es fácil evitar los sesgos de la industria sobre la práctica clínica  cuando grandes sumas de dinero se invierten en influir en las decisiones  del especialista. A esto se añade la publicidad directa al público y a  los médicos generales, así como el importante apoyo comercial dedicado a  las sociedades científicas, publicaciones médicas, y líderes de opinión.  Desde un punto de vista comercial es legítimo que una compañía intente  vender su producto, pero es necesario habilitar mecanismos que coloquen  los estudios subvencionados por la industria en su contexto real dentro  de la evidencia científica. Probablemente no hay soluciones  unilaterales, y éstas deben venir de la existencia de códigos explícitos  de regulación de sus propias prácticas por parte de la industria, las  revistas científicas, las sociedades científicas y profesionales, y los  médicos. Estos códigos deberían ser supervisados y corregidos por la  administración sanitaria a sus diferentes niveles, incluyendo los  propios servicios clínicos, mediante la elaboración de una normativa  ética y de buena práctica profesional de obligado cumplimiento en la que  debería hacerse explícito los criterios aceptables e inaceptables de  interacción entre los médicos y la industria<sup>12</sup>.</p>     <p>Sin embargo, quizá el aspecto más importante de todo este proceso lo  constituye una adecuada formación del médico en las bases de la MBE.  Esta formación idealmente debería comenzar en el pregrado y ser  continuada a lo largo del ejercicio profesional. La práctica de la MBE  se puede definir como la utilización consciente, explícita y juiciosa de  la mejor evidencia científica disponible a la hora de tomar decisiones  que afecten al cuidado de los pacientes. Esta práctica requiere, entre  otras habilidades, una base de metodología científica, epidemiológica y  bioestadística<sup>13</sup>, que habilitaría al médico en el manejo las  fuentes de evidencia disponibles para elegir el mejor tratamiento para  una situación clínica dada. Más concretamente, todo médico debería ser  capaz de leer y analizar críticamente la literatura científica, con el  objeto de poder formarse una opinión propia de los estudios originales  sin la mediación de terceras instancias. La función de la industria en  la educación médica es legítima, y hoy por hoy probablemente necesaria.  El reto, sin embargo, es maximizar la objetividad de la información  científica generada por la industria y minimizar los sesgos derivados de  sus intereses comerciales, y sin lugar a dudas, para lograr este  objetivo, el factor más importante es una buena formación científica y ética del médico.</p> &nbsp; <hr align="left" width="30%">     <p><i>Agradecimientos</i></p>     <p>A mis compañeros de la Sección de Psiquiatría, por haber contribuido a elaborar muchas de las ideas expuestas en este trabajo durante frecuentes y largas conversaciones.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>BIBLIOGRAFÍA</b>    <p>     <p>1. Coyle SL. Physician-Industry relations. Part 1: Individual physicians. Ann Intern Med 2002; 136: 396-402.</p>     <p>2. Tonelli MR. The philosophical limits of evidence-based medicine. Acad Med 1998; 73: 1234-1240.3.</p>     <p>3. Zarin DA, Young JL, West JC. Challenges to evidence-based medicine: A comparison of patients and treatments in randomized controlled trials with patients and treatments in a practice research network. Soc Psychiatry Psychiatr Epidemiol 2005; 40: 27-35.</p>     <p>4. Cho MK, Bero LA. The quality of drug studies in symposium proceedings. Ann Intern Med 1996; 124: 485-489.</p>     <p>5. Lexchin J, Bero LA, Djulbegovic B, Clark O. Pharmaceutical industry sponsorship and research outcome and quality: systematic review. Brit Med J 2003; 326: 1-10.</p>     <p>6. Friss S. To what extent should papers submitted from drug companies be published in medical journals? Acta Psychiatr Scand 1999; 99: 157-159.</p>     <p>7. Safer DJ. Design and reporting modifications in industry-sponsored comparative psychopharmachology trials. J Nerv Mental Dis 2002; 190: 583-592.</p>     <p>8. Melander H, Ahlqvist-Rastad J, Meijer G, Beermann B. Evidence b(i)ased medicine-selective reporting from studies sponsored by pharmaceutical industry: review of studies in new drug applications. Brit Med J 2003; 326: 1171-1173.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>9. Carpenter WT. How the doctor can counter commercial bias in the dissemination of pharmacotherapeutic knowledge. J Nerv Mental Dis 2002; 190: 593-596.</p>     <p>10. Dana J, Loewenstein G. A social science perspective on gifts to physicians from industry. JAMA 2003; 290: 252-255.</p>     <p>11. Peralta V, Cuesta MJ. Factores predictores de la respuesta al tratamiento antipsicótico: problemas metodológicos. Aula Médica Psiquiatría 1999; 1: 98-106.</p>     <p>12. Coyle SL. Physician-Industry relations. Part 2: Organizational issues. Ann Intern Med 2002; 136: 403-406.</p>     <p>13. Gómez de la Cámara A. La medicina basada en la evidencia científica: mito o realidad de la variabilidad de la práctica clínica y su repercusión en los estados de salud. An Sist Sanit Navar 2002; 25: 11-26.</p>       ]]></body>
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