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</front><body><![CDATA[ <p><i><font face="Arial" size="4">COLABORAC&Iacute;ON</font></i></p> <hr>      <p><b><font face="Arial" size="5">¿Tiene sentido hablar de profesionalismo, hoy?</font></b></p>    <br>      <p><font size="4">H&egrave;lios Pardell Alent&agrave;</font></p>     <p>Consejo Catal&aacute;n de Formaci&oacute;n M&eacute;dica Continuada</p>    <br>  <hr>     <p><font size="2"><i>Correspondencia:</i></font>    <br> <font size="2">Dr. Helios Pardell    <br> Consejo Catal&aacute;n de Formaci&oacute;n M&eacute;dica Continuada    <br> C&oacute;rcega, 257 Pral.   08036 Barcelona    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Tfno: 93-218.3665    <br> Fax: 93-416.1758    <br> E-mail: <a href="mailto:ccfmc@comb.es">ccfmc@comb.es</a>    <br> Consultor de Medicina Interna e Hipertensi&oacute;n. Consorcio&nbsp;Sanitario Integral. Hospital de la Cruz Roja. Hospitalet de Llobregat (Barcelona); Secretario Ejecutivo del Consejo&nbsp;Catal&aacute;n de Formaci&oacute;n M&eacute;dica Continuada; Presidente de &nbsp;la Comisi&oacute;n de Acreditaci&oacute;n Colegial del Consejo de Colegios de M&eacute;dicos de Catalu&ntilde;a</font></p>     <p>&nbsp;</p>      <p><font face="Arial">INTRODUCCI&Oacute;N</font></p>     <p>El ejercicio de la profesi&oacute;n m&eacute;dica en nuestros d&iacute;as poco tiene que ver con el de hace unas d&eacute;cadas. El conjunto de factores que he analizado en otra parte<sup>1</sup> y las que Jovell denomina "transiciones sanitarias" <sup>2</sup>, han modificado radicalmente las condiciones que enmarcan el ejercicio profesional, el cual se ve sometido a tensiones de todo tipo y acechado por diversos frentes, en un contexto social caracterizado por el cambio incesante.</p>     <p>Los distintos an&aacute;lisis de la sociedad de nuestros d&iacute;as han hecho &eacute;nfasis en muy diversos aspectos de la misma. De entre ellos, los cinco que me interesan aqu&iacute; son los que la han conceptualizado como: sociedad del riesgo<sup>3</sup>, sociedad de la modernidad fluida<sup>4</sup>, sociedad de individuos<sup>5</sup>, sociedad de la informaci&oacute;n<sup>6</sup> y sociedad burocr&aacute;tica<sup>7</sup>.</p>     <p>El primero de ellos porqu&eacute; se relaciona estrechamente, por un lado, con los riesgos que la actuaci&oacute;n del profesional especializado genera y, por otro,  con la necesidad de ofrecer una gu&iacute;a de protecci&oacute;n/tranquilidad al individuo angustiado. El segundo porqu&eacute; tiene que ver con la creciente movilidad/inestabilidad de las condiciones sociales, que se traduce en la imperiosa necesidad de proporcionar anclajes de referencia al individuo desorientado. El tercero porqu&eacute;  plantea al profesional la realidad de un auge del individualismo, con una progresiva profundizaci&oacute;n en la igualdad social y una negaci&oacute;n de la autoridad y de los privilegios elitistas. El cuarto porqu&eacute; pone sobre el tapete la disponibilidad de la informaci&oacute;n especializada para todos, con la consecuencia inevitable de la p&eacute;rdida de su car&aacute;cter esot&eacute;rico que confer&iacute;a al profesional un elemento de distanciamiento y poder sobre la poblaci&oacute;n. Y el &uacute;ltimo porqu&eacute; acent&uacute;a el car&aacute;cter burocr&aacute;tico de las organizaciones en las que el m&eacute;dico trabaja mayoritariamente en nuestros d&iacute;as.</p>     <p>Es en este contexto que se plantea la cuesti&oacute;n del profesionalismo en nuestros d&iacute;as, con un debate inacabado acerca de su progresiva desaparici&oacute;n y obsolescencia o, por el contrario, su pervivencia y, m&aacute;s a&uacute;n, su auge y extensi&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De la mano de lo que acabo de decir, asistimos a una evidente paradoja: mientras que, por un lado, la literatura sociol&oacute;gica especializada<sup>8-11 </sup>proclama un auge indiscutible del profesionalismo, el mundo profesional m&eacute;dico est&aacute; viviendo un sentimiento de frustraci&oacute;n, desencanto y p&eacute;rdida de estatus acelerados, que ha hecho florecer una profusa literatura acerca del tema de la insatisfacci&oacute;n de los m&eacute;dicos<sup>12-18</sup>. Y esta sensaci&oacute;n, que entronca con el constructo sociol&oacute;gico de la desilusi&oacute;n como precio del progreso y de la simplicidad perdida<sup>19</sup>, no solo es intensa y omnipresente sin&oacute; que, adem&aacute;s, se ha ido acrecentando en los &uacute;ltimos a&ntilde;os <sup>20-22</sup>, conformando un panorama altamente preocupante para la profesi&oacute;n en conjunto que, en algunos momentos y c&iacute;rculos, experimenta un sentimiento de ocaso inevitable.</p>     <p>¿C&oacute;mo explicar esta paradoja?. ¿Puede la medicina seguir siendo el prototipo de profesi&oacute;n dominante que ha sido en los &uacute;ltimos siglos?.</p>      <p><font face="Arial">QU&Eacute; ES UNA PROFESI&Oacute;N</font></p>     <p>Para responder a estas preguntas es indispensable comprender de qu&eacute; estamos hablando cuando nos referimos a una profesi&oacute;n.</p>     <p>Desde sus primeras formulaciones sistematizadas<sup>23,24 </sup>hasta las aportaciones m&aacute;s recientes<sup>25</sup>, el concepto de profesi&oacute;n no ha dejado de suscitar controversias entre las diferentes escuelas sociol&oacute;gicas, cada una de las cuales ha puesto el acento en distintos componentes y abordajes para su estudio<sup>26</sup>.</p>     <p>Para el prop&oacute;sito de este art&iacute;culo, podemos resumir las caracter&iacute;sticas esenciales de una profesi&oacute;n como sigue :</p>     <p>&bull; Posee un cuerpo de conocimiento espec&iacute;fico, adquirido tras un largo per&iacute;odo de formaci&oacute;n universitaria, y el control del mismo con capacidad normativa (en el caso de la medicina, sobre qu&eacute; es enfermedad)</p>     <p>&bull; Tiene control sobre la organizaci&oacute;n del trabajo basado en aquel conocimiento  </p>     <p>&bull; Dispone de organizaciones profesionales reconocidas legalmente, con capacidad reguladora del acceso a la profesi&oacute;n y de todos los aspectos relacionados con la pr&aacute;ctica de la misma.</p>     <p>&bull; Posee un c&oacute;digo &eacute;tico y tiene  la potestad exclusiva para aplicarlo</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero con estos elementos no se agota el hecho diferencial de la profesi&oacute;n en contraposici&oacute;n al de una ocupaci&oacute;n. Freidson ha enfatizado las que &eacute;l considera tres caracter&iacute;sticas fundamentales de toda profesi&oacute;n, derivadas de las anteriores: monopolio (del saber y de su aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica), credencialismo (requerimientos para el acceso) y elitismo (del conocimiento y en la autoexigencia)<sup>25</sup>. A partir de ellas se deriva el concepto nuclear del profesionalismo: la autonom&iacute;a. &Eacute;sta ha tenido formulaciones mucho m&aacute;s n&iacute;tidas en el pasado, articul&aacute;ndose en funci&oacute;n de cuatro componentes (27-29): remuneraci&oacute;n directa por el cliente, libertad de decisi&oacute;n cl&iacute;nica, liderazgo y control sobre otras profesiones que act&uacute;an en el mismo &aacute;mbito jurisdiccional y capacidad de conducir los conflictos por la via profesional en lugar de la sindical. Hoy, por el contrario, los perfiles de dicha autonom&iacute;a son mucho m&aacute;s borrosos y, de hecho, la p&eacute;rdida o reducci&oacute;n de la misma constituye una de las caracter&iacute;sticas predominantes del acecho al profesionalismo que analizar&eacute; despu&eacute;s.</p>     <p>En otro orden de cosas, todo grupo profesional ha de exhibir unos valores que Abbott ha compendiado en: altruismo, disciplina, eficiencia y compromiso<sup>30</sup>. El altruismo supone un ideal de servicio m&aacute;s all&aacute; de cualquier contrapartida econ&oacute;mica. En este sentido, se ha podido postular que el profesional es tan interesado y competitivo como el no profesional, pero se diferencia de &eacute;ste en que es capaz de moverse por recompensas simb&oacute;licas (prestigio, autoridad, pericia/competencia, formaci&oacute;n cultural, etc&eacute;tera)<sup>31</sup>. De hecho, la presencia de un inter&eacute;s comercial prioritario hacia el cliente es vista por algunos como una muestra de profesionalismo incompleto, de forma que cuanto m&aacute;s se aproxima una asociaci&oacute;n al tipo econ&oacute;mico puro menos aspecto de profesi&oacute;n presenta <sup>32,33</sup>.</p>     <p>La disciplina equivale al ejercicio de la autorregulaci&oacute;n, en base a criterios &eacute;ticos y cient&iacute;fico-t&eacute;cnicos que dimanan del c&oacute;digo &eacute;tico de la profesi&oacute;n y del conocimiento espec&iacute;fico que monopoliza, y comporta la sanci&oacute;n o separaci&oacute;n de aquellos miembros que no los cumplen. La autorregulaci&oacute;n constituye la quintaesencia de toda profesi&oacute;n, hasta tal punto que se ha podido afirmar que una profesi&oacute;n no es m&aacute;s que una ocupaci&oacute;n que ha conseguido autorregularse<sup>34</sup>.</p>     <p>La eficiencia supone la correcta aplicaci&oacute;n del "corpus" de conocimiento a la resoluci&oacute;n de los problemas planteados por los clientes. Ni que decir tiene que, para ello, el profesional debe aplicar discrecionalmente su saber en cada caso, utilizando su acerbo de conocimiento expl&iacute;cito y t&aacute;cito. </p>     <p>Por &uacute;ltimo, el compromiso debe establecerse a tres niveles: la sociedad (el estado), la instituci&oacute;n sanitaria (empleador) y el cliente. Dicho compromiso est&aacute; indisolublemente unido a la observancia del ideario profesional y cuando &eacute;sta se debilita es la propia profesi&oacute;n la que se ve debilitada en su legitimidad social.</p>     <p>En l&iacute;nea con el componente axiom&aacute;tico de la profesi&oacute;n que acabo de describir, hay que remarcar la trascendencia extraordinaria de su componente cultural el cual, por m&aacute;s intangible y sutil que aparezca, llega a ser m&aacute;s importante, si cabe, que el conjunto de componentes enunciados hasta aqu&iacute;, porqu&eacute; es el que m&aacute;s poder y legitimidad social le confiere y el que mas sustenta su car&aacute;cter elitista o diferenciador<sup>35,36</sup>. De hecho, como apunta Guy, se puede decir que los profesionales son diferentes de los no profesionales porqu&eacute; ellos est&aacute;n convencidos que lo son y los dem&aacute;s as&iacute; lo creen<sup>37</sup>. Esta creencia de la poblaci&oacute;n en la superioridad de los profesionales se basa en asunciones muy diversas (inteligencia superior, mayor contacto con las ideas, utilizaci&oacute;n del pensamiento abstracto, trabajo cient&iacute;fico, ...)<sup>38</sup> y en un conjunto de cualidades que aquellos deben procurar mantener con esmero y tenacidad: ejercitarse constantemente en la consecuci&oacute;n del ideal del profesionalismo<sup>39</sup>, interiorizar sus valores como componente espont&aacute;neo de conducta<sup>40</sup>, incorporar la profesi&oacute;n como componente esencial de su vida y ejercerla a plena dedicaci&oacute;n ("vivir la profesi&oacute;n")<sup>41,42</sup>, priorizar el ideal de servicio<sup>43</sup>, exhibir los m&aacute;s altos niveles de exigencia &eacute;tica<sup>44</sup> y fomentar la comunidad de valores y actitudes<sup>45</sup>.</p>     <p>Otro punto de inter&eacute;s que ha merecido la atenci&oacute;n de los soci&oacute;logos de las profesiones es el proceso mediante el cual una ocupaci&oacute;n deviene una profesi&oacute;n<sup>46-50</sup>. Dicho proceso recibe el nombre de profesionalizaci&oacute;n y tiene una duraci&oacute;n y caracter&iacute;sticas variables en cada caso y contexto social, siendo un proceso de doble v&iacute;a; es decir que, al menos en teor&iacute;a, puede desandarse con el correr del tiempo a trav&eacute;s del proceso de desprofesionalizaci&oacute;n<sup>30</sup>. Como ocurr&iacute;a en el caso de la definici&oacute;n de profesi&oacute;n, tambi&eacute;n aqu&iacute; las diversas corrientes de pensamiento sociol&oacute;gico postulan diferentes trazos caracter&iacute;sticos del proceso de profesionalizaci&oacute;n; sin embargo, es posible identificar los componentes nucleares del mismo <sup>9,25,30,51-53</sup>: demostraci&oacute;n del car&aacute;cter especialmente valioso del trabajo del grupo para la sociedad, dificultad para el acceso al conocimiento especializado necesario para llevarlo a cabo, dificultad para estandarizarlo o racionalizarlo en la pr&aacute;ctica, e interacci&oacute;n de influencias pol&iacute;tico-econ&oacute;micas favorables en un momento determinado. Cuando, finalmente, el grupo ocupacional obtiene el reconocimiento del monopolio solicitado y de la capacidad de autorregulaci&oacute;n por parte del estado, adem&aacute;s del reconocimiento expl&iacute;cito de la opini&oacute;n p&uacute;blica y de las instituciones empleadoras, podemos decir que se ha convertido en una profesi&oacute;n, cuyo car&aacute;cter de dominante o supeditada depender&aacute; de su capacidad para imponerse a otras profesiones que act&uacute;an en su &aacute;mbito jurisdiccional propio o en sus fronteras. Esta concesi&oacute;n estatal, siempre determinante, conlleva el compromiso del cumplimiento escrupuloso del ideario profesional postulado por el grupo ocupacional. La sanci&oacute;n del estatus profesional por parte del estado queda bien patente en la regulaci&oacute;n legislativa-administrativa y en la jurisprudencia sobre la colegiaci&oacute;n obligatoria<sup>54</sup>.</p>     <p>En &uacute;ltimo lugar, con objeto de abordar mejor el an&aacute;lisis de las contradicciones y retos del profesionalismo m&eacute;dico en los apartados siguientes, conviene dedicar unas l&iacute;neas a los trazos fundamentales de la profesi&oacute;n m&eacute;dica. </p>     <p>La medicina ha sido tradicionalmente el prototipo de profesi&oacute;n dominante, situada en el epicentro del mundo de la salud. A medida que &eacute;ste ha ido incorporando nuevos componentes, otras profesiones y ocupaciones se han ido agregando; sin embargo, hoy por hoy, nadie duda que el m&eacute;dico sigue siendo el actor sanitario principal. Y a&uacute;n cuando cada vez han aparecido m&aacute;s &aacute;reas de especializaci&oacute;n y sub-especializaci&oacute;n en el &aacute;mbito profesional, el  m&eacute;dico que atiende enfermos sigue siendo el prototipo profesional. A &eacute;l me referir&eacute; fundamentalmente en este art&iacute;culo.</p>     <p>Al comp&aacute;s de los cambios aparecidos en el mundo sanitario, el perfil competencial del m&eacute;dico ha ido ensanch&aacute;ndose y complic&aacute;ndose progresivamente<sup>55,56</sup>. En esta l&iacute;nea, la formulaci&oacute;n m&aacute;s actual llevada a cabo en Espa&ntilde;a<sup>57</sup> incluye como componentes esenciales: el conceptual o de pensamiento cr&iacute;tico (conocimientos), el t&eacute;cnico (habilidades) y el interpersonal (actitudes). Y en el desarrollo taxon&oacute;mico de las competencias, enumera: el encuentro con el paciente, la formulaci&oacute;n de hip&oacute;tesis diagn&oacute;sticas, la clasificaci&oacute;n de los pacientes, la aplicaci&oacute;n de procedimientos diagn&oacute;stico-terap&eacute;uticos, el manejo de situaciones cl&iacute;nicas espec&iacute;ficas, la toma en consideraci&oacute;n de los factores psicol&oacute;gicos, la comunicaci&oacute;n interpersonal, la evaluaci&oacute;n de los factores sociales, la comunicaci&oacute;n/colaboraci&oacute;n entre colegas, la valoraci&oacute;n de riesgos y promoci&oacute;n de la salud, la consideraci&oacute;n de aspectos &eacute;ticos y legales, el mantenimiento de la competencia y la gesti&oacute;n cl&iacute;nica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En una formulaci&oacute;n mucho m&aacute;s esquem&aacute;tica, podr&iacute;amos decir que el m&eacute;dico debe llevar a cabo las tres tareas fundamentales de proveer una asistencia altamente cualificada al paciente, preocuparse por la salud del paciente individual y de la comunidad en general y gestionar eficientemente los recursos sanitarios<sup>58</sup>. El encuentro con el paciente y el establecimiento del diagn&oacute;stico, pron&oacute;stico y plan terape&uacute;tico en el contexto social en el que tienen lugar son considerados, en todos los casos, los elementos nucleares de la labor del profesional m&eacute;dico, acompa&ntilde;ados de otros dos componentes fundamentales, el buen uso del tiempo y la generaci&oacute;n de confianza.</p>     <p>Me parece oportuno poner el &eacute;nfasis en el establecimiento del diagn&oacute;stico y pron&oacute;stico, en el uso adecuado de los recursos disponibles y en la generaci&oacute;n de confianza como elementos nucleares de la labor del m&eacute;dico, al objeto de poder centrar m&aacute;s eficazmente las estrategias de superaci&oacute;n de la situaci&oacute;n actual que voy a analizar en el &uacute;ltimo apartado.</p>      <p><font face="Arial">EL PROFESIONALISMO ACECHADO</font></p>     <p>En todos los pa&iacute;ses en los que se ha estudiado la situaci&oacute;n los m&eacute;dicos tienen poder pero, asimismo, en todos ellos se hallan sometidos a presiones que son vistas m&aacute;s o menos como fuente de indudable declive de la profesi&oacute;n. Dichas fuentes de acoso, a efectos descriptivos, pueden clasificarse en exteriores e interiores a la propia profesi&oacute;n.</p>      <p><b>a. Fuentes Exteriores    <br> a.1. Modificaciones del contexto socio-cultural</b></p>     <p>En un contexto socio-cultural dominado por lo que ha venido en denominarse "postmodernidad"<sup>59</sup> se han producido cambios, por un lado, en el paradigma cient&iacute;fico que sustenta el cuerpo de conocimiento profesional y, por otro, en la condici&oacute;n del individuo y en el concepto de legitimidad-autoridad. Por lo que se refiere a aquellos, el determinismo y la simplicidad se ven substituidos por el indeterminismo y la complejidad y desaparece la certidumbre absoluta para dar paso a la incertidumbre permanente<sup>60</sup> lo que , en palabras de Popper, hace que la ciencia descanse sobre arenas movedizas<sup>61</sup> y obliga a adaptar constantemente el acerbo de conocimiento. En cuanto a los segundos, la identidad-individualidad impulsada por el postmodernismo se ve te&ntilde;ida de ribetes de falsedad-ambig&uuml;edad, con una preeminencia del reino de la inmediatez en detrimento de la trayectoria existencial que menosprecia el sentido de la experiencia<sup>62,63, </sup>lo que hace poco menos que imposible llegar a alcanzar aquel nivel de conocimiento superior, de car&aacute;cter t&aacute;cito o intuitivo<sup>64</sup>, que constituye la esencia del profesional-experto. Adem&aacute;s, en el mundo postmoderno uno puede ser cualquier cosa en cualquier momento, el concepto de deber o de esfuerzo individual pierde significaci&oacute;n en un ambiente de superficialidad, ambivalencia e inautenticidad, y  todo indicio de autoridad es visto como obsoleto; todo lo cual contribuye a socabar los cimientos del profesionalismo tradicional, situado en las ant&iacute;podas de este ambiente cultural postmoderno genuino, y pone en tela de juicio a todos aquellos que eran tenidos por poseedores de saberes no asequibles a la mayor&iacute;a (sacerdotes, m&eacute;dicos, jueces, ....)<sup>65-67</sup>. El auge del movimiento de contestaci&oacute;n a la autoridad profesional tuvo su acm&eacute; en las d&eacute;cadas de los 60s y 70s y de &eacute;l surgieron cr&iacute;ticas al mundo profesional m&eacute;dico que generaron una abundante literatura en nuestro pa&iacute;s y en los de nuestro entorno<sup>68-73.</p> </sup>    <p>El modelo del neoliberalismo contempla con desconfianza al ideario profesional, en cuya autonom&iacute;a encuentra problemas de control y la ve como un obst&aacute;culo a la introducci&oacute;n de reformas sanitarias<sup>74,75</sup>. Por ello, como certeramente afirma Freidson<sup>25</sup>, tanto los partidarios del mercado como los de la gesti&oacute;n burocr&aacute;tica miran al profesionalismo como una aberraci&oacute;n m&aacute;s que como un sistema con una l&oacute;gica interna y una indiscutible integridad.</p>     <p>El ejercicio de la profesi&oacute;n en el estado del bienestar se enfrenta con dos dificultades importantes: el consumerismo y la preocupaci&oacute;n por la reducci&oacute;n de los costes sanitarios. El primero presenta, a su vez, una doble vertiente de acoso profesional al propugnar un igualitarismo a ultranza, que es incompatible con el elitismo propio del profesionalismo<sup>76,77 </sup>y establecer de manera expl&iacute;cita los derechos de los usuarios (enmarcados en el derecho m&aacute;s general a la salud), lo que provoca un aumento de la litigaci&oacute;n contra los m&eacute;dicos ante la justicia ordinaria, obviando el sistema disciplinario de la profesi&oacute;n que queda, as&iacute;, devaluado<sup>43,78</sup>. </p>     <p>La preocupaci&oacute;n creciente por la reducci&oacute;n del gasto sanitario, caracterizado por un crecimiento imparable en todos los pa&iacute;ses desarrollados, hace que el estado intervenga cada vez m&aacute;s activamente en el mundo profesional limitando su autonom&iacute;a, en funci&oacute;n del papel relevante del m&eacute;dico en la generaci&oacute;n de dicho gasto<sup>79,80</sup>. En este contexto de regulaci&oacute;n y en medio de un auge del que ha podido denominarse "sanitarismo coercitivo" <sup>81</sup>, el m&eacute;dico tiende a ser visto m&aacute;s que como un profesional aut&oacute;nomo como un t&eacute;cnico al servicio de la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a, que ha de minimizar la discrecionalidad de su actuaci&oacute;n, maximizar el servicio pr&aacute;ctico inmediato al cliente y devenir un agente al servicio de las necesidades del estado<sup>25</sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este papel bifronte del m&eacute;dico, caracter&iacute;stico de los sistemas sanitarios de los pa&iacute;ses desarrollados, con frecuencia le coloca en una posici&oacute;n dif&iacute;cil ante la poblaci&oacute;n, que tiende a identificarlo como defensor a ultranza de las pol&iacute;ticas de contenci&oacute;n-racionalizaci&oacute;n del gasto promovidas por los gobiernos y por las instituciones sanitarias<sup>82</sup>. Una de las parcelas en las que mas intensamente se percibe este dilema es el de la prescripci&oacute;n, sobre el que pivotan no pocos de los esfuerzos de contenci&oacute;n del gasto y que comportan una inducci&oacute;n mas o menos coercitiva hacia la prescripci&oacute;n m&aacute;s econ&oacute;mica con independencia, a menudo, de criterios de individualizaci&oacute;n y de utilidad cl&iacute;nica<sup>83-85</sup>.</p>     <p>Entre las condiciones socio-culturales cambiantes hay que mencionar, asimismo, la irrupci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a, la cual incide no s&oacute;lo en las condiciones de la pr&aacute;ctica profesional sin&oacute;, adem&aacute;s, en el comportamiento de los individuos, como ampliamente ha analizado Ellul<sup>86</sup>. En un sistema de creciente automatizaci&oacute;n mec&aacute;nica en una sociedad altamente burocratizada, se espera que el individuo devenga un t&eacute;cnico-funcionario<sup>87</sup>. Y puesto que, como ha dicho Jaspers<sup>62</sup>, en el mundo tecnol&oacute;gico todo lo que &eacute;s se acerca al nivel de lo manejable para ser sometido a una adecuada organizaci&oacute;n, el ideal del profesionalismo que tiende, por definici&oacute;n, a la individualizaci&oacute;n y a la diferenciaci&oacute;n se ve desplazado definitivamente.</p>     <p>El desarrollo tecnol&oacute;gico aplicado a la pr&aacute;ctica ensancha extraordinariamente las posibilidades de intervenci&oacute;n pero, por otro lado, incrementa la posibilidad de riesgo iatrog&eacute;nico al que el m&eacute;dico debe hacer frente en la actualidad. Con no poca frecuencia, la tecnolog&iacute;a se interpone como pantalla entre el m&eacute;dico y el paciente dificultando la relaci&oacute;n, que deviene m&aacute;s inhumana y menos personalizada.</p>     <p>La invasi&oacute;n tecnol&oacute;gica del mundo actual, con la puesta a disposici&oacute;n de la poblaci&oacute;n de una completa variedad de aparatos-objetos que posibilitan el autocontrol-autodiagn&oacute;stico, en el contexto de lo que Attali ha denominado "bricolaje de la vida" <sup>88</sup>, atenta contra la posici&oacute;n del profesional m&eacute;dico que ve reducido su campo de aplicaci&oacute;n de conocimientos diagn&oacute;stico-terap&eacute;uticos. Por otro lado, la banalizaci&oacute;n del  acto m&eacute;dico, consecuente a la aplicaci&oacute;n de dicha tecnolog&iacute;a, conduce a una merma de la autoridad profesional del m&eacute;dico<sup>89</sup>. En este sentido, se ha podido estimar que la utilizaci&oacute;n sistem&aacute;tica de un filtro inform&aacute;tico de todos los electrocardiogramas practicados ahorrar&iacute;a unos 1000 cardi&oacute;logos en EE.UU. de Norteam&eacute;rica<sup>90</sup>.</p>     <p>En &iacute;ntima relaci&oacute;n con la invasi&oacute;n tecnol&oacute;gica hemos de considerar la revoluci&oacute;n inform&aacute;tica. Dadas las facilidades actuales de difusi&oacute;n y acceso a la informaci&oacute;n, el p&uacute;blico est&aacute; mucho m&aacute;s informado, lo que comporta una sofisticaci&oacute;n del cliente asociada a una creciente rebeld&iacute;a en todos los &aacute;mbitos en los que el conocimiento del profesional desempe&ntilde;a un papel central<sup>91,92. </sup>Adem&aacute;s, el ac&uacute;mulo de grandes cantidades de informaci&oacute;n en bancos electr&oacute;nicos, susceptibles de ser transferidos incluso al cerebro humano en un futuro aparentemente no muy lejano, hace que no sea necesario aprender monta&ntilde;as de informaci&oacute;n y que el conocimiento del profesional pierda el car&aacute;cter de esot&eacute;rico y de dif&iacute;cil acceso que ha tenido tradicionalmente. Finalmente, con la facilitaci&oacute;n de la accesibilidad a las fuentes primarias, el p&uacute;blico tiene la posibilidad de conocer los indicadores de la que puede ser considerada buena pr&aacute;ctica profesional, lo que debilita el papel tradicional del profesional m&eacute;dico que se vuelve, de esta forma, m&aacute;s vulnerable<sup>93</sup>.</p>     <p>En otro orden de cosas, la frontera entre la salud y la enfermedad se ha ido difuminando progresivamente, produci&eacute;ndose el desplazamiento hacia lo que se ha venido en llamar "metasalud", que incluye campos lim&iacute;trofes como el deporte, la est&eacute;tica, la nutrici&oacute;n, el enriquecimiento cultural o el ocio, lo que provoca la irrupci&oacute;n de otras  profesiones y ocupaciones que compiten con la medicina en su propia &aacute;rea jurisdiccional tradicional.</p>     <p>Y si tomamos en consideraci&oacute;n las condiciones del mercado, es obvio que la saturaci&oacute;n de m&eacute;dicos que ha ocurrido en algunos pa&iacute;ses (en Espa&ntilde;a muy especialmente, a consecuencia de la sobreproducci&oacute;n que ocurri&oacute; en la d&eacute;cada de los 80s) altera profundamente la relaci&oacute;n oferta-demanda<sup>94</sup>, originando unos contingentes de m&eacute;dicos en paro que devienen un peligro evidente para el mantenimiento de los est&aacute;ndares profesionales, por dos razones: muchos de ello no alcanzan la titulaci&oacute;n de especialista correspondiente y, por otro lado, los agentes empleadores pueden instaurar unas condiciones contractuales draconianas que contribuyen grandemente al desprestigio de la profesi&oacute;n (v&eacute;ase al caso de los denominados "contratos basura" en nuestro pa&iacute;s).</p>     <p>En relaci&oacute;n con el punto anterior, voy a considerar uno de los factores de acoso exterior que m&aacute;s literatura ha generado: la proletarizaci&oacute;n del m&eacute;dico. Efectivamente, desde la primer&iacute;sima menci&oacute;n de Tawney a la tendencia a la proletarizaci&oacute;n de los que &eacute;l denomin&oacute; "trabajadores del conocimiento"<sup>95</sup> y, muy especialmente, desde la primera referencia sistem&aacute;tica a dicho fen&oacute;meno en la literatura sociol&oacute;gica<sup>96</sup>, no han parado de aparecer trabajos y estudios sobre el fen&oacute;meno de la proletarizaci&oacute;n del m&eacute;dico en la sociedad moderna, que se ha visto complementada con la referencia a la corporatizaci&oacute;n, en raz&oacute;n de que el trabajo del profesional se lleva a cabo en organizaciones-corporaciones complejas<sup>97</sup>.</p>     <p>Sin entrar en el debate sociol&oacute;gico sobre el tema<sup>98</sup>, lo que resulta evidente es que la progresiva salarizaci&oacute;n del m&eacute;dico como consecuencia de su trabajo en el seno de las organizaciones complejas actuales es un fen&oacute;meno que ha ocurrido en la pr&aacute;ctica totalidad de pa&iacute;ses desarrollados. Incluso en un pais tan liberal como EE.UU. de Norteam&eacute;rica, la proporci&oacute;n de m&eacute;dicos trabajando en r&eacute;gimen de asalariado de las grandes organizaciones sanitarias ha pasado del 28% en 1988 al 43% en 1996<sup>99</sup>.</p>     <p>Este hecho tiene una enorme repercusi&oacute;n sobre el profesionalismo porqu&eacute; las organizaciones complejas se fundamentan en el ideario burocr&aacute;tico que enunciara Weber en el siglo pasado<sup>100</sup> y que progresivamente ha ido invadiendo amplias capas de la sociedad moderna<sup>7,101</sup>; y, como veremos a continuaci&oacute;n, aquel se contrapone radicalmente al ideario profesional.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las caracter&iacute;sticas esenciales de toda organizaci&oacute;n burocr&aacute;tica pueden compendiarse en<sup>102-104</sup>: cadena jer&aacute;rquica de mando, especializaci&oacute;n funcional, normatizaci&oacute;n uniformadora con especificaci&oacute;n de derechos y obligaciones, estandarizaci&oacute;n de las tareas, carrera basada en la competencia t&eacute;cnica individual, relaciones impersonales y coordinaci&oacute;n desde uno o m&aacute;s niveles por encima de d&oacute;nde se lleva a cabo el trabajo a coordinar. En este ambiente de predominio de las relaciones contractuales, cooperaci&oacute;n indirecta e impersonalidad, el proceso de racionalizaci&oacute;n inherente a toda organizaci&oacute;n burocr&aacute;tica se fundamenta en<sup>105</sup>: eficiencia, cuantificabilidad, predictibilidad y control mediante la tecnolog&iacute;a. Ni que decir tiene que todo ello se enfrenta al ideario profesional y convierte en vulnerable al profesional en el seno de la organizaci&oacute;n.</p>     <p>Con independencia de las indudables ventajas de la burocracia, especialmente cuando se aplica a la administraci&oacute;n p&uacute;blica o a corporaciones con una organizaci&oacute;n tayloriana del trabajo, en las cuales permite alcanzar objetivos a trav&eacute;s de una via directa y racional, de manera continuada y repetitiva, con precisi&oacute;n y rapidez, no cabe duda que su aplicaci&oacute;n a la gesti&oacute;n de las organizaciones sanitarias complejas actuales comporta innumerables desventajas. Acaso una de las m&aacute;s importantes sea la influencia decisiva sobre la personalidad de sus empleados-bur&oacute;cratas<sup>106,107 </sup>que socava, una vez m&aacute;s e indefectiblemente, su ideario profesional al abocarlos a una excesiva divisi&oacute;n del trabajo,  una p&eacute;rdida del control sobre las condiciones en las que &eacute;ste se realiza, una preponderancia del salario como est&iacute;mulo base y un auge de la canalizaci&oacute;n de sus conflictos a trav&eacute;s del movimiento sindical<sup>108</sup>. Como acertadamente ha se&ntilde;alado Freidson<sup>25</sup>, la estandarizaci&oacute;n del trabajo corre el riesgo de degradar el servicio al paciente en general y, sobre todo, a aquel que se sale de la norma implantada lo que, en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica, suele ser muy usual. Porqu&eacute; hay que recordar que existe una relaci&oacute;n inversa entre la proliferaci&oacute;n de normas y regulaciones en una organizaci&oacute;n y el grado de confianza entre los individuos, ya sean empleados o clientes<sup>109</sup>. Si desde la perspectiva del profesionalismo la motivaci&oacute;n por el trabajo es intr&iacute;nseca a la propia condici&oacute;n de profesional, desde la perspectiva burocr&aacute;tica aquella radica en los objetivos y normas de la organizaci&oacute;n, por lo que no es de extra&ntilde;ar que cuanto m&aacute;s sentido profesional exhiba el empleado m&aacute;s conflictividad con la organizaci&oacute;n ocurra<sup>110,111.</p> </sup>    <p>El ideario profesional es dif&iacute;cil de aplicar en organizaciones que no fomentan el compromiso ni la flexibilidad que estimule la responsabilidad en la toma de decisiones, la cual se diluye en los esquemas de trabajo en equipo. No cabe duda que esta forma de trabajar en las organizaciones es una via eficaz para optimizar la utilizaci&oacute;n de los recursos humanos, pero engendra el riesgo de degenerar en la superficialidad y el minimalismo, la relajaci&oacute;n del compromiso de los coordinadores, facilitadores o gestores de procesos con sus subordinados y la preeminencia de la comunicaci&oacute;n "per se" sobre el hecho a comunicar<sup>63</sup>. Enlazando con lo que vimos m&aacute;s arriba acerca de la rebeli&oacute;n social contra todo vestigio de autoridad, este repudio de la autoridad y la responsabilidad en aras de la superficialidad, este juego del poder sin autoridad, hace surgir un nuevo tipo caracterol&oacute;gico, el individuo ir&oacute;nico, en substituci&oacute;n del individuo autoexigente, que resulta altamente destructivo en este contexto<sup>112</sup>. Asimismo, aquel ideario profesional es harto dif&iacute;cil de poner en pr&aacute;ctica en contextos de trabajo temporal, a tiempo parcial y altamente inseguro, como el que caracteriza al de muchos m&eacute;dicos de hoy en dia<sup>74</sup>.</p>      <p><b>a.2. Acusaciones contra la profesi&oacute;n</b></p>     <p>Aunque, en general, la relaci&oacute;n individual de los pacientes con los m&eacute;dicos es percibida favorablemente, lo que resulta cada vez m&aacute;s cuestionado es el prestigio de la profesi&oacute;n en conjunto, en funci&oacute;n de lo que se aduce como primac&iacute;a de sus intereses econ&oacute;micos, falta de compromiso social claro, caracter&iacute;sticas de su estructura y organizaci&oacute;n, &eacute;nfasis exagerado en la tecnolog&iacute;a y ausencia de sinton&iacute;a con los problemas que la sociedad percibe como importantes en el &aacute;mbito de la salud<sup>113,114</sup>. Y ello es especialmente relevante en unos momentos en los que todo lo relacionado con la salud ha adquirido una importancia extraordinaria, la sociedad entera se ha medicalizado o, si se quiere, la medicina se ha politizado y &eacute;sta se ha convertido en el centro de muchos de los asuntos clave de un pais<sup>115</sup>.</p>     <p>La poblaci&oacute;n ve simultaneamente a los m&eacute;dicos como sanadores, cient&iacute;ficos, profesionales, empresarios y pol&iacute;ticos, lo que representa algunas ventajes para la profesi&oacute;n a la vez que algunos inconvenientes que enlazan con el punto anterior<sup>116</sup>. Y Oriol-Bosch ha sistematizado las cr&iacute;ticas sociales a la profesi&oacute;n m&eacute;dica en base a algunos de los postulados esenciales del profesionalismo: monopolio, credencialismo, elitismo, corporativismo y arbitrarismo<sup>117</sup>.</p>     <p>Por su parte McKnight<sup>118</sup>, a partir de los presupuestos de Illich<sup>119</sup> centrados en la iatrogenia cl&iacute;nica, social y estructural, ha desarrollado una cr&iacute;tica del mundo profesional en base al secuestro de la capacidad individual y comunitaria para hacer frente a situaciones/condiciones que el profesional ha convertido en necesidades/deficiencias para la cobertura/soluci&oacute;n de las cuales se presenta como &uacute;nica alternativa, convirtiendo a los ciudadanos en clientes. En base a este razonamiento, aduce tres motivos para la rebeli&oacute;n contra las profesiones en general y contra la profesi&oacute;n m&eacute;dica en particular: la ineficiencia (los profesionales hacen cada vez menos utilizando cada vez m&aacute;s recursos), la arrogancia (los profesionales act&uacute;an como &eacute;lites dominantes, con poco respeto hacia el ciudadano) y la iatrogenia (los tres tipos de iatrogenia se&ntilde;alados por Illich). Aunque tales postulados han recibido acerbas cr&iacute;ticas desde posiciones marxistas<sup>120</sup>, no cabe duda que han calado hondo en la sociedad, habiendo contribuido decisivamente al surgimiento del amplio movimiento asociacionista internacional de pacientes y usuarios, cuya manifestaci&oacute;n m&aacute;s visible es la de los enfermos de SIDA pero que se extiende de manera progresiva a otros muchos &aacute;mbitos<sup>121-128</sup>.</p>      <p><b>a.3. Acoso de agentes exteriores</b></p>     <p>Los agentes exteriores que ejercen acoso sobre la profesi&oacute;n son, fundamentalmente el estado (gobierno), las corporaciones sanitarias, los proveedores de medicamentos y material m&eacute;dico-sanitario, los consumidores y otros grupos profesionales<sup>129</sup>.</p>     <p>Las relaciones entre el estado (gobierno) y la profesi&oacute;n m&eacute;dica, desde el S.XIX, cuando aquel le concedi&oacute; expl&iacute;citamente la capacidad de autorregularse via colegios profesionales y actu&oacute; consecuentemente aceptando y favoreciendo su papel dominante en el mundo sanitario, no han dejado de ser conflictivas y oscilantes. Si en un primer momento se produjo una "infiltraci&oacute;n" de los organismos estatales (gubernamentales) por m&eacute;dicos, en los &uacute;ltimos tiempos asistimos a una tendencia invertida de "infiltraci&oacute;n" progresiva de organismos profesionales por los gobiernos y por los consumidores-usuarios<sup>130,131</sup>. El acoso gubernamental a la profesi&oacute;n m&eacute;dica, con el &aacute;nimo de recortar sus privilegios, adopta muy diversas formas pero es un hecho en muchos pa&iacute;ses, desde el Reino Unido<sup>132</sup> hasta Espa&ntilde;a, donde estamos asistiendo a iniciativas reguladoras y legislativas de los gobiernos de algunas Comunidades Aut&oacute;nomas tendentes a limitar el &aacute;mbito de actuaci&oacute;n colegial.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por lo que se refiere a la corporaciones sanitarias, partiendo del an&aacute;lisis que hice m&aacute;s arriba al hablar de la proletarizaci&oacute;n de los m&eacute;dicos, es un hecho bien demostrado que el poder de los gestores-administradores est&aacute; en franca expansi&oacute;n y el de los profesionales que en ellas trabajan en clara regresi&oacute;n, lleg&aacute;ndose a situaciones alarmantes de desaparici&oacute;n del perfil profesional, que pueden conducir a la substituci&oacute;n del profesional m&eacute;dico por un t&eacute;cnico cualificado de grado medio para la ejecuci&oacute;n de algunas de las tareas tradicionalmente ejecutadas por aquel. Este fen&oacute;meno, como veremos m&aacute;s adelante, no ha de suponer forzosamente un deterioro grave del profesionalismo y, por el contrario, puede ofrecerle nuevas oportunidades; pero para que ello sea as&iacute;, el profesional debe entenderlo claramente y actuar en consecuencia.</p>     <p>En cuanto a los proveedores de medicamentos y material m&eacute;dico, unos de los agentes del mundo sanitario en alza al comp&aacute;s de los progresos tecnol&oacute;gicos, en los &uacute;ltimos tiempos han adoptado pol&iacute;ticas activas de marketing dirigido directamente a la poblaci&oacute;n usuaria que, sin lugar a dudas, representan un acoso directo al papel tradicionalmente prescriptor-decisor del m&eacute;dico<sup>133</sup>. Sin movernos del campo del medicamento y enlazando con la actuaci&oacute;n acosadora de los gobiernos que vimos antes, en la pr&aacute;ctica totalidad de los pa&iacute;ses desarrollados se est&aacute;n implantando pol&iacute;ticas de utilizaci&oacute;n de gen&eacute;ricos que son vistas por gran parte de la profesi&oacute;n como una restricci&oacute;n a su libertad de prescripci&oacute;n tradicional<sup>134,135</sup>.</p>     <p>Del papel desempe&ntilde;ado por la poblaci&oacute;n usuaria-consumidora ya habl&eacute; antes al mencionar el asociacionismo internacional en este campo. Una vez m&aacute;s, los gobiernos intervienen activamente promoviendo declaraciones formales de los derechos de los usuarios-pacientes, enmarcadas en el derecho general a la salud que goza del m&aacute;s alto rango legal en todos los pa&iacute;ses con un modelo social de estado del bienestar, que fomentan esta sensaci&oacute;n de acoso exterior por parte de la profesi&oacute;n.</p>     <p>Finalmente, unos agentes exteriores muy importantes de acoso son las profesiones y ocupaciones que se mueven en el mismo campo jurisdiccional o en sus fronteras. Uno de ellos es la enfermer&iacute;a, una profesi&oacute;n tradicionalmente supeditada, que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas est&aacute; intentando delimitar &aacute;reas de jurisdicci&oacute;n propias en detrimento de  las que el m&eacute;dico entend&iacute;a como exclusivas<sup>136-139</sup>. Lo mismo puede decirse de la profesi&oacute;n farmace&uacute;tica, que est&aacute; intentando superar su tradicional papel supeditado y devenir un agente de salud con perfil propio en detrimento, una vez m&aacute;s, del que el m&eacute;dico ha venido entendiendo como suyo<sup>140-142</sup>. Por &uacute;ltimo, un gran n&uacute;mero de ocupaciones o semiprofesiones, pu&eacute;s gozan del estatus legal de profesi&oacute;n sanitaria en muchos pa&iacute;ses incluida Espa&ntilde;a (&oacute;pticos, nutricionistas, fisioterapeutas, psic&oacute;logos cl&iacute;nicos, .......), compiten abiertamente con la profesi&oacute;n m&eacute;dica en los distintos campos de especializaci&oacute;n.</p>      <p><b>b. Fuentes Interiores</b></p>     <p>Las fuentes interiores a la profesi&oacute;n no por ser menos potentes y numerosas son menos importantes, ya que son las que mayormente generan la actitud inadecuada de aquella para enfrentarse a los retos de futuro<sup>143</sup>.</p>     <p>Entre los propios profesionales, como a nivel de la sociedad en general, existen tres concepciones distintas de profesi&oacute;n: la que pone el &eacute;nfasis en el servicio a los dem&aacute;s, la que prioriza el control ocupacional del &aacute;rea jurisdiccional propia por encima del inter&eacute;s del cliente y, finalmente, la que pone el acento en la ideolog&iacute;a de la profesi&oacute;n en el contexto socio-pol&iacute;tico determinado con las contradicciones inherentes a la racionalizaci&oacute;n del uso de recursos<sup>74</sup>. Dado que dichas concepciones coexisten en un momento determinado, resulta obvio que generan tensiones que se traducen, en primer lugar, a nivel de las instituciones profesionales. En efecto, no es infrecuente que algunos de los conflictos internos de la profesi&oacute;n deriven de los posicionamientos de las sociedades cient&iacute;ficas, los &oacute;rganos de representaci&oacute;n-presi&oacute;n, los &oacute;rganos de reconocimiento de la competencia, los &oacute;rganos de concesi&oacute;n de licencia y las organizaciones sindicales<sup>144</sup> en los paises donde se hallan claramente diferenciados.</p>     <p>Una fuente muy importante de conflicto interior son las disputas por la delimitaci&oacute;n de &aacute;reas jurisdiccionales propias entre especialistas y generalistas per&oacute;, tambi&eacute;n, entre especialistas<sup>145-150</sup>, vividas por la poblaci&oacute;m como conflictos de intereses ajenos a sus verdaderas necesidades.  Al comp&aacute;s del desarrollo cient&iacute;fico-t&eacute;cnico, el n&uacute;mero de especialidades y subespecialidades ha crecido espectacularmente <sup>151</sup>. En este sentido, se ha estimado que si en 1908, en un hospital norteamericano, un paciente cardi&oacute;pata era visto por dos m&eacute;dicos y un especialista y tenia una historia cl&iacute;nica de no m&aacute;s de dos p&aacute;ginas, en 1938 el mismo tipo de paciente era visto por ocho m&eacute;dicos y diez especialistas y ten&iacute;a un historial de 29 p&aacute;ginas de promedio<sup>152</sup>; huelga decir que, en la actualidad, tanto el n&uacute;mero de m&eacute;dicos que le atienden como el de p&aacute;ginas de su historia cl&iacute;nica se han visto considerablemente aumentados. Si tal fragmentaci&oacute;n presenta algunas ventajas, no cabe duda que presenta, asimismo, grandes desventajas derivadas del fomento impl&iacute;cito de la tecnificaci&oacute;n de la labor profesional que posibilita la substituci&oacute;n del profesional-experto por el profesional-t&eacute;cnico y, en el l&iacute;mite, la del profesional por el t&eacute;cnico, en base a las ventajas organizativas y econ&oacute;micas evidentes.</p>     <p>No hay m&aacute;s que ver las iniciativas de muchos hospitales de nuestro pa&iacute;s, de contratar a m&eacute;dicos exclusivamente para operar cataratas o varices, para darse cuenta de que seguir profundizando en esta via no puede conducir m&aacute;s que a un deterioro acelerado de la profesi&oacute;n.</p>     <p>En relaci&oacute;n con el punto anterior, hay que enmarcar la tensiones entre los m&eacute;dicos convencionales y los que se adhieren a las pr&aacute;cticas no convencionales, alternativas o complemenrtarias<sup>153-160</sup>. Estas son ampliamente utilizadas por la poblaci&oacute;n en todos los pa&iacute;ses desarrollados y los gobiernos las ven con creciente inter&eacute;s en el contexto de la racionalizaci&oacute;n-contenci&oacute;n de costes imperante.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El desarrollo de nuevos esquemas de organizaci&oacute;n-gesti&oacute;n de las organizaciones sanitarias han propiciado la irrupci&oacute;n de una progresiva fragmentaci&oacute;n de la homogeneidad de la profesi&oacute;n, que contribuye poderosamente a generar tensiones intraprofesionales. En efecto, en este contexto de tensiones se ha podido hablar de "m&eacute;dicos contra m&eacute;dicos"<sup>161</sup> y Hafferty y Light han sistematizado las &aacute;reas de disputa contraponiendo los m&eacute;dicos generadores de conocimiento a los que lo utilizan, los m&eacute;dicos generadores de normas a los que deben seguirlas, los m&eacute;dicos gestores a los gestionados, y los m&eacute;dicos empleadores a los empleados<sup>129</sup>. Especialmente en las organizaciones complejas de hoy en dia, se da con mucha frecuencia el caso del "m&eacute;dico espiralista" que cambia a menudo de puesto de trabajo en una ascenci&oacute;n por la via de la gesti&oacute;n, que le permite aumentar su salario y mejorar su posici&oacute;n con cada cambio, a costa de dejar de lado el ideal profesional<sup>152</sup>.</p>     <p>Como consecuencia del trabajo profesional en aquellas organizaciones complejas y el ambiente que en ellas existe, se observa una creciente sindicalizaci&oacute;n. Este hecho, por s&iacute; mismo, no tiene porqu&eacute; ser negativo para la profesi&oacute;n pero lo es cuando, como viene ocurriendo en muchos pa&iacute;ses el nuestro incluido, el ideal sindical suplanta al ideal profesional. Como ejemplo de dicha suplantaci&oacute;n podemos considerar lo que viene ocurriendo con la formaci&oacute;n m&eacute;dica continuada. Que los m&eacute;dicos exijan que les sea proporcionada por el agente empleador, en el lugar de trabajo, durante su jornada laboral y sin coste no cabe duda que constituye una reivindicaci&oacute;n sindical loable pero, vista desde la perspectiva profesional, representa una miop&iacute;a extraordinaria porqu&eacute; deja en manos del empleador una responsabilidad primaria del m&eacute;dico que abdica, as&iacute;, de una de sus obligaciones m&aacute;s importantes, mantenerse competente, con lo que contribuye a devaluar su papel como profesional responsable, comprometido y capacitado para dar respuesta a las necesidades de cada momento<sup>162</sup>. En otro orden de cosas, la homologaci&oacute;n del colectivo profesional con otros colectivos ocupacionales no profesionales actua tambi&eacute;n y poderosamente en detrimento de la profesi&oacute;n. </p>     <p>Las grandes variaciones que se observan en la aplicaci&oacute;n del conocimiento a la pr&aacute;ctica por parte de los profesionales, incluso en situaciones cl&iacute;nicas altamente protocolizadas<sup>163</sup>, no se acaba de reconciliar muy bien con el fundamento cient&iacute;fico invocado y da argumentos a los gobiernos para que intervengan con objeto de asegurar la racionalidad y uniformidad de actuaci&oacute;n y la disminuci&oacute;n de costes consiguiente<sup>164</sup>, lo que se traduce en un nuevo acoso a la profesi&oacute;n.</p>     <p>En conexi&oacute;n con este punto hay que considerar la introducci&oacute;n de guia cl&iacute;nicas y protocolos de actuaci&oacute;n, uno de los aspectos m&aacute;s sobresalientes de la denominada medicina basada en la evidencia. De las bondades de los mismos, entre otras para asegurar unos est&aacute;ndares (m&iacute;nimos) de calidad, nadie puede dudar; sin embargo, lo que no suele ser tenido en cuenta son los peligros potenciales que encierran para la profesi&oacute;n desde tres vertientes. La primera de ellas es la ant&iacute;tesis existente entre el ideal de uniformizaci&oacute;n-harmonizaci&oacute;n de los protocolos y guias y el ideal de discrecionalidad del profesionalismo genuino. Con ellos se pretende la resoluci&oacute;n de situaciones est&aacute;ndar mientras que, en la pr&aacute;ctica, el profesional se encuentra con situaciones espec&iacute;ficas que ha de resolver utilizando su experiencia y conocimientos. La aplicaci&oacute;n de un protocolo-guia la puede hacer cualquier profesional-t&eacute;cnico, en ocasiones sin necesidad de ser m&eacute;dico, mientras que la aplicaci&oacute;n adaptada a la situaci&oacute;n del paciente concreto &uacute;nicamente la puede hacer un profesional-experto, con un gran bagaje de conocimiento t&aacute;cito. No es dif&iacute;cil deducir que esta limitaci&oacute;n entronca con aquella fragmentaci&oacute;n del quehacer profesional de la que hablaba antes y contribuye a potenciar los peligros se&ntilde;alados all&iacute; para el ideario profesional.</p>     <p>Otra vertiente es la de la producci&oacute;n de los protocolos-guias y su repercusi&oacute;n sobre la autonom&iacute;a de actuaci&ograve;n  y la irrupci&oacute;n de grupos de profesionales enfrentados. En efecto, como ha se&ntilde;alado Harrison<sup>165</sup>, por m&aacute;s que los protocolos-guias pueden servir como elemento de potenciaci&oacute;n de la autonom&iacute;a profesional, en la pr&aacute;ctica lo que ocurre es una limitaci&oacute;n de la misma para aquellos que los aplican  los cuales, adem&aacute;s, pueden asistir a su utilizaci&oacute;n  por parte de los gestores para definir los m&aacute;rgenes de actuaci&oacute;n profesional en los contratos de servicios<sup>166</sup>. Por otro lado, no hay que desde&ntilde;ar el peligro potencial de que los m&eacute;dicos que producen protocolos-guias se conviertan en unos nuevos burocr&aacute;tas<sup>165</sup>.</p>     <p>La tercera vertiente de consideraci&oacute;n es la actitud de los profesionales ante los protocolos-guias y su cumplimiento. Inmersos en el ambiente de superficialidad y escaso compromiso que analic&eacute; m&aacute;s arriba, muchos profesionales exhiben unos niveles de cumplimiento limitados, como se ha demostrado en el caso de la guia sobre asma de la British Thoracic Society, al encontrarse que las enfermeras comunitarias la conocen y aplican mejor que los m&eacute;dicos<sup>167</sup>.</p>     <p>De entre el resto de fuentes de acoso interior cabe mencionar las dificultades que encuentra el profesional para explicar el componente t&aacute;cito de su acerbo de conocimiento a los dem&aacute;s; la propia ignorancia consciente del m&eacute;dico de la naturaleza del profesionalismo, c&oacute;mo se adquiere y preserva<sup>117</sup>; la apat&iacute;a hacia las organizaciones profesionales, que son vistas como ajenas cuando no criticadas abiertamente en la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses occidentales<sup>168</sup>; y, por encima de todo, como un magma que todo lo impregna, el descontento, la desmotivaci&oacute;n, el desencanto del m&eacute;dico en particular y de la profesi&oacute;n mayoritariamente.</p>     <p>Este profundo descontento, que se ha convertido en el bander&iacute;n de enganche de una gran parte de la profesi&oacute;n, viene en gran manera motivado por la p&eacute;rdida de capacidad de autocontrol en manos de los agentes de control externo, pero tambi&eacute;n, por los cambios socio-culturales y el tipo de personalidad que ha aparecido en el mundo postmoderno. El car&aacute;cter de acoso que esto representa para la profesi&oacute;n deriva del hecho de que el profesional actual se encuentra realmente desorientado, al igual que la sociedad en general<sup>169</sup>, lo que se traduce en una dificultad para organizar la vida (la vida profesional, en este caso) mediante convicciones razonadas y razonables y para encontra soluciones al panorama desesperanzador en el que vive la profesi&oacute;n en conjunto.</p>     <p>En resumen, a la vista de los acosos exteriores e interiores que sufre la profesi&oacute;n m&eacute;dica en la actualidad se puede hablar de un verdadero riesgo de desprofesionalizaci&oacute;n<sup>170</sup>. Por m&aacute;s que la teor&iacute;a de la desprofesionalizaci&oacute;n ha sido rebatida desde diversos sectores, no cabe duda que, en la realidad, se pueden observar trazas de la misma en todos los pa&iacute;ses. Para Espa&ntilde;a propongo el esquema de la <a href="#t1">Tabla 1</a>, en el que he intentado compendiar aquellos elementos que, en un sentido u otro, pueden intervenir en dicho proceso<sup>171</sup> y que deber&iacute;an ser tenidos en cuenta, estimulando los positivos y combatiendo los negativos, si, como espero, la profesi&oacute;n m&eacute;dica de nuestro pa&iacute;s toma conciencia de la situaci&oacute;n en la que se encuentra y de los peligros que la acechan.</p>     <P align="center"><a name="t1"><img border="0" src="/img/revistas/edu/v6n2/art1_t1.gif"></a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>      <p><font face="Arial">COMO SUPERAR LA SITUACI&Oacute;N</font></p>     <p>En respuesta al reto que acabo de plantear, en este apartado voy a intentar compendiar las posibilidades del m&eacute;dico de hoy para superar con &eacute;xito la prueba de fuego del mantenimiento y mejora de su ideario profesional. En todas las estrategias que voy a analizar subyace una idea capital: los m&eacute;dicos han de ser capaces de ver la realidad libres de prejuicios y de complejos, partiendo de la base de que "nada es tan invisible como lo obvio"<sup>172</sup>.</p>      <p><b>a. Combatir t&oacute;picos y falacias</b></p>     <p>Algunas de las actitudes de los m&eacute;dicos est&aacute;n basadas en falsas asunciones de la realidad. V&eacute;ase, por ejemplo, el caso de la creencia en el deterioro de la confianza del p&uacute;blico hacia la profesi&oacute;n, que se contradice con la informaci&oacute;n de la que se dispone. En efecto, tanto los datos de encuestas llevadas a cabo en el Reino Unido<sup>173,174 </sup>como en Espa&ntilde;a<sup>175</sup> demuestran como la profesi&oacute;n m&eacute;dica sigue situ&aacute;ndose entre las dos o tres primeras en el ranking de consideraci&oacute;n y confianza de la poblaci&oacute;n.</p>     <p>Lo mismo puede decirse de la creencia, muy extendida entre la profesi&oacute;n, de que &eacute;sta se ha convertido en el blanco de los ataques de los medios de comunicaci&oacute;n. Una vez m&aacute;s, la informaci&oacute;n de que disponemos no la sustenta como se deriva de los resultados del an&aacute;lisis de los art&iacute;culos aparecidos en tres grandes peri&oacute;dicos ingleses (Daily Telegraph, Guardian y Daily Mail) durante los a&ntilde;os 1980-2000, que demuestra que, a&uacute;n cuando han aumentado las noticias sobre cuestiones relacionadas con la salud y la medicina, no ha variado significativamente la relaci&oacute;n entre buena y mala prensa de los m&eacute;dicos a lo largo de estos veinte a&ntilde;os<sup>176</sup>.</p>     <p>Y otra de estas asunciones que no se corresponden estrictamente con la realidad es la relacionada con la p&eacute;rdida dram&aacute;tica de autonom&iacute;a. Como ha demostrado Carlin, la creencia de que el m&eacute;dico liberal de anta&ntilde;o gozaba de un grado significativamente mayor de autonom&iacute;a es una falacia porqu&eacute; tiende a desconocer los elementos numerosos y tanto o m&aacute;s poderosos que ahora que existian entonces para condicionar la libertad de decisi&oacute;n del m&eacute;dico<sup>177</sup>; y en el mismo sentido ha abundado Mechanic, al concluir que no existe una correlaci&oacute;n directa entre la p&eacute;rdida de autonom&iacute;a del profesional actual con el desarrollo del estado del bienestar y la consiguiente intervenci&oacute;n estatal<sup>178</sup>. As&iacute; pues, empezamos a ver como algunas de las percepciones de los m&eacute;dicos acerca de su situaci&oacute;n actual, por m&aacute;s que se sustenten en hechos reales, se ven considerablemente magnificadas por la propia actitud de los profesionales, derivada de aquellos cambios socio-culturales y modificaciones de personalidad que analic&eacute; m&aacute;s arriba.</p>     <p>En esta misma l&iacute;nea hay que situar el descontento, des&aacute;nimo y desmotivaci&oacute;n que exhiben los m&eacute;dicos a diario como elemento aglutinador del sentir colectivo de la profesi&oacute;n. Que esta percepci&oacute;n existe es incuestionable; basta con ver las publicaciones a las que hice referencia al comienzo y otras que abundan a&uacute;n mas en el fen&oacute;meno, al referir que hasta un tercio de los m&eacute;dicos irlandeses no optar&iacute;an por estudiar medicina si volvieran a empezar sus estudios universitarios<sup>179</sup> o que un 43% de los m&eacute;dicos californianos est&aacute;n dispuestos a abandonar la profesi&oacute;n en los pr&oacute;ximos tres a&ntilde;os<sup>180</sup>. De lo que se trata es de situar esta sensaci&oacute;n en el contexto en el que emerge y desentra&ntilde;ar sus or&iacute;genes, para poder combatirla con &eacute;xito.</p>     <p> Por lo que se refiere al contexto, es bueno recordar que el descontento e insatisfacci&oacute;n es una caracter&iacute;stica com&uacute;n a la sociedad de la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses europeos, como ha puesto de manifiesto la "Encuesta mundial de valores 2000" llevada a cabo en 65 pa&iacute;ses de todo el mundo<sup>181</sup>, de lo que podemos deducir que el sentimiento de los m&eacute;dicos no difiere del de la poblaci&oacute;n en general y no constituye, pu&eacute;s, un elemento diferencial. En esta misma l&iacute;nea, tampoco parece que un fen&oacute;meno aducido como &iacute;ntimamente relacionado con aquella sensaci&oacute;n, el estr&eacute;s, sea un elemento diferencial dado que, seg&uacute;n han demostrado McManus y cols.<sup>182</sup>, el estr&eacute;s percibido por los m&eacute;dicos del Reino Unido no difiere significativamente del percibido por la poblaci&oacute;n general. A la vista de estos hechos y de las respuestas que los m&eacute;dicos ingleses y de otras naciones dieron al cuestionario lanzado a trav&eacute;s de su p&aacute;gina web por el British Medical Journal y las que van dando los m&eacute;dicos catalanes y de otras areas de Espa&ntilde;a al del Colegio Oficial de M&eacute;dicos de Barcelona difundido, asimismo, a trav&eacute;s de su p&aacute;gina web, hemos de concluir que muchas de las causas aducidas son escasamente consistentes y altamente subjetivas y que, en consecuencia, gran parte del problema radica en la propia actitud de los m&eacute;dicos, que no para de verse potenciada en un c&iacute;rculo de retroalimentaci&oacute;n permanente a trav&eacute;s de debates, reuniones, publicaciones, etc&eacute;tera, que magnifica un hecho que, a la luz de los datos emp&iacute;ricos de que se dispone, no parece tener las dimensiones que se le atribuyen ni distribuirse homogeneramente en el seno de la profesi&oacute;n<sup>183,184. </sup>Como han puesto de relieve diversos autores, esta sensaci&oacute;n de desencanto y frustraci&oacute;n, enmarcada en el clima de desorientaci&oacute;n de que habl&eacute; antes, se relaciona estrechamente con una baja autoestima y confianza en las propias potencialidades<sup>185,186</sup>; por lo que bueno ser&aacute; recordar que, para superarla, lo primero que hay que hacer es fomentar la autosuficiencia y autoeficacia<sup>187,188</sup>, sin abandonarse al desencanto ni instalarse en la "cultura de la queja"<sup>189</sup> sino poniendo en pr&aacute;ctica una cultura del liderazgo y del compromiso responsable<sup>190,191</sup>.</p>     <p> Y como &uacute;ltimo punto, me parece oportuno se&ntilde;alar que aducir todo este armamentario para justificar la desmotivaci&oacute;n profesional no contribuye en nada a facilitar la salida de la crisis ni a preciar la figura del m&eacute;dico; la motivaci&oacute;n es un hecho enormemente complejo, profundamente arraigado en la propia personalidad<sup>192</sup>, por lo que acusar a factores exteriores de la desmotivaci&oacute;n no hace otra cosa que patentizar las limitaciones propias a la hora de encarar la situaci&oacute;n, por no tomar en consideraci&oacute;n los factores de orden interno que han de ayudar primariamente al m&eacute;dico a encontrar su motivaci&oacute;n por el trabajo profesional. Como oportunamente se&ntilde;alan Edwards y cols<sup>193</sup>, para superar la desmotivaci&oacute;n no basta con mejores condiciones estructurales, materiales y econ&oacute;micas sino que hay que adecuar el balance entre expectativas y realidades, profundizando en el profesionalismo. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>b. Rebatir las acusaciones</b></p>     <p>Todas las acusaciones que se lanzan contra la profesi&oacute;n (monopolio, credencialismo, elitismo, corporativimismo y arbitrarismo) son netamente rebatibles<sup>118</sup> y constituyen, por ello, una excelente oportunidad para aumentar aquella autoestima de la que hablaba, al permitir adoptar un posicionamiento activo de reafirmaci&oacute;n de los valores profesionales aut&eacute;nticos. La profesi&oacute;n tiene ante s&iacute; dos v&iacute;as de actuaci&oacute;n en este terreno: por un lado, la elaboraci&oacute;n y diseminaci&oacute;n de mensajes que contrarresten el impacto de las acusaciones y, por otro, la actuaci&oacute;n decidida en algunos casos tomando como base su ideario.</p>     <p>El monopolio nada tiene que ver con el sentido que se le da en el mercado, ya que no reposa en la riqueza o el poder econ&oacute;mico y ni tan solo en el conocimiento en s&iacute; sin&oacute; m&aacute;s bien en el ejercicio de una esfera de saber basado en la competencia. Si la profesi&oacute;n sabe enlazar esta reivindicaci&oacute;n con el servicio al cliente-paciente, el monopolio basado en la competencia puede ser presentado como una garant&iacute;a de calidad de la prestaci&oacute;n, muy especialmente si se acompa&ntilde;a de la puesta en pr&aacute;ctica de iniciativas de evaluaci&oacute;n peri&oacute;dica de la competencia individual.</p>     <p>Por lo que respecta al credencialismo, hay que presentarlo como "un sistema de se&ntilde;ales credenciadoras, creible, fiable, comprensible y actualizado"<sup>118</sup> y debe apoyarse en aquellas iniciativas de las que acabo de hablar, tendentes a la recertificaci&oacute;n-recolegiaci&oacute;n o a evaluar periodicamente la competencia del m&eacute;dico en ejercicio<sup>194-196</sup>, algunas de las cuales ya se han aplicado limitadamente en nuestro pais<sup>197-200</sup>.</p>     <p>El elitismo hay que reivindicarlo centr&aacute;ndolo en el sentido de la exigencia y compromiso superiores que entra&ntilde;a y distanci&aacute;ndolo de concepciones equivocadamente  asociadas a &eacute;l como desigualdad o injusticia<sup>201,202</sup>; tan err&oacute;neo resulta equiparar democracia con igualitarismo como elitismo con inequidad e injusticia<sup>19</sup>. Hay que hacer un considerable esfuerzo hacia fuera y, sobre todo, hacia dentro de la profesi&oacute;n porqu&eacute;, en efecto, es el propio m&eacute;dico qui&eacute;n actualmente se siente inc&oacute;modo cuando se le habla de elitismo, inmerso como se halla en un ambiente de igualitarismo y populismo a ultranza.</p>     <p>El arbitrarismo debe ser enunciado m&aacute;s bien como discrecionalismo, es decir la aplicaci&oacute;n del conocimiento general a cada caso concreto en un af&aacute;n de individualizar la atenci&oacute;n al paciente, como contraposici&oacute;n a la racionalizaci&oacute;n homogeneizadora que propugnan los sistemas burocr&aacute;ticos de gesti&oacute;n actuales. Si es presentado de esta forma,  no cabe duda que la profesi&oacute;n puede obtener el soporte de la ciudadan&iacute;a, deseosa cada vez m&aacute;s de que se respete su identidad y sus caracter&iacute;sticas personales en el encuentro con el m&eacute;dico. &Eacute;ste, por su lado, debe convencerse de que tanto mejor profesional se es cuanta m&aacute;s capacidad se tiene para responder a situaciones de incertidumbre y no normatizadas, haciendo uso de la experiencia y del saber t&aacute;cito del que repetidamente he hablado; qui&eacute;n unicamente sabe actuar siguiendo los c&oacute;digos y protocolos y no se atreve a superarlos cuando los aplica al paciente concreto, cae en el terreno del profesional-t&eacute;cnico que debe situarse, como vimos,  en un rango inferior al del profesional-experto<sup>203</sup>. </p>     <p>Por &uacute;ltimo, en relaci&oacute;n con la acusaci&oacute;n de corporativismo, la profesi&oacute;n debe hacer un profundo an&aacute;lisis de su actuaci&oacute;n hist&oacute;rica y ser capaz de ver que cuanto m&aacute;s se encierra en la defensa de sus propios intereses a trav&eacute;s de pr&aacute;cticas defensivas encubridoras, olvidando los de la poblaci&oacute;n a la que debe servir, m&aacute;s se aleja de la legitimidad que le confiere el contrato social que sustenta su estatus. A&uacute;n cuando la acusaci&oacute;n gen&eacute;rica de corporativismo es injusta, es recomendable que la profesi&oacute;n adopte medidas urgentes en dos campos relacionados con su capacidad de autorregulaci&oacute;n: el de los errores m&eacute;dicos y el de los profesionales que incumplen los requerimientos &eacute;ticos y cient&iacute;fico-profesionales.</p>     <p>En el primer caso, la profesi&oacute;n debe modificar su tradicional actitud de reserva y ocultaci&oacute;n y encarar el problema con apertura y vis&oacute;n clara de futuro. Debe aceptar, en primer lugar, que el problema es real<sup>204,205 </sup>y, por otra parte, que equivocarse es humano, por lo cual debe poner manos a la obra para buscar soluciones en colaboraci&oacute;n con otros<sup>206-209 </sup>y ser capaz de aprender a partir de los errores<sup>210,211</sup>. A buen seguro que un planteamiento de este tipo, si se acompa&ntilde;a de propuestas colaterales tendentes a resarcir a los perjudicados, ha de gozar de la aceptaci&oacute;n de los actores sociales, inmersos en la sociedad del riesgo de que habl&eacute; al inicio y en un proceso de prevenci&oacute;n pactada de eventos azarosos  y de garant&iacute;a y mejora de la calidad<sup>212</sup>.</p>     <p>En el caso de las conductas profesionales desviadas, ya sea por incompetencia o por incumplimiento de los deberes &eacute;ticos, las organizaciones profesionales han de ser mucho m&aacute;s rigurosas de lo que lo han sido hasta ahora, ejerciendo sin dilaci&oacute;n y en toda su amplitud las competencias que las normativas legales y administrativas les conceden y promoviendo, cuando sea el caso, otras que las complementen. El cumplimiento de esta faceta disciplinaria debe reposar en un marco preventivo, basado en la recertificaci&oacute;n-recolegiaci&oacute;n, y en un marco sancionador que tienda, por un lado, a diferenciar claramente el error de la falta; por otro, a ofrecer oportunidades de reciclaje al profesional incompetente; y, finalmente, a separar de la profesi&oacute;n al m&eacute;dico que se haga merecedor de esta sanci&oacute;n m&aacute;xima<sup>213-216</sup>. Sin duda, las actuaciones en este campo son las que mas eficazmente han de contribuir a reforzar la imagen de la profesi&oacute;n ante la sociedad, al hacer m&aacute;s cre&iacute;ble su compromiso con la defensa de la salud de los ciudadanos por encima de los intereses de los propios m&eacute;dicos. </p>      <p><b>c. Promover y fomentar el profesionalismo</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este sentido, las organizaciones profesionales pueden actuar en, al menos, cuatro &aacute;mbitos. El primero es el de tratar de conseguir que el profesionalismo entre en los planes de estudio de las facultades de medicina, con el objetivo de que los futuros m&eacute;dicos se familiaricen con el ideario profesional desde el inicio, como la manera m&aacute;s eficaz de socializarse en este ideario e introyectarlo en su conducta<sup>217</sup>. En los &uacute;ltimos tiempos ha surgido una literatura abundante sobre el tema y los ejemplos en los que inspirarse son numerosos<sup>56, 218-222</sup>.</p>     <p>Un segundo &aacute;mbito es el del  establecimiento de una clara distinci&oacute;n entre la titulaci&oacute;n universitaria/administrativa de m&eacute;dico/especialista y la licencia para el ejercicio, con lo que se consigue patentizar uno de los componentes esenciales de la autorregulacion (control de acceso).. Esta distinci&oacute;n ya existe en algunos paises (notoriamente en el Reino Unido), pero no en la mayor&iacute;a. En Espa&ntilde;a, no parece que debiera ser dif&iacute;cil introducirla; de hecho, recientemente (a mediados de 2002) el Consejo General de la Abogac&iacute;a hizo p&uacute;blico su inter&eacute;s por aplicarla en un inmediato futuro.</p>     <p>All&iacute; donde, como en Espa&ntilde;a, no lo han hecho, las organizaciones profesionales han de reformular expl&iacute;citamente el ideario profesional, actualiz&aacute;ndolo y difundi&eacute;ndolo ampliamente. Para ello pueden tomar ejemplo de las iniciativas llevadas a cabo en los &uacute;ltimos tiempos en distintos paises<sup>223-225</sup>, que han producido versiones puestas al dia, enfatizando algunos componentes como los de humanitarismo, honradez, confianza, confidencialidad, competencia, compromiso, contrato con el paciente y contrato con la sociedad<sup>226</sup>. En estas nuevas formulaciones deben incluirse, adem&aacute;s, conceptos tan importantes como el de la buena comunicaci&oacute;n con el paciente, la interdependencia y el partenariado, la necesidad de enfrentarse a la complejidad utilizando nuevas formas de pensamiento, la conveniencia de fomentar la creatividad y el liderazgo, la pugna por la excelencia ofreciendo una prestaci&oacute;n altamente diferenciada y cualificada, la oportunidad de limitar los excesos de medicalizaci&oacute;n que diversos actores del mundo sanitario est&aacute;n interesados en fomentar y, por &uacute;ltimo, la conciencia de que no se puede actuar ignorando las limitaciones de recursos propiciando una "medicina marginal" que aporta escasos beneficios para la salud de los individuos a un precio injustificadamente elevado<sup>227-235</sup>.</p>     <p>Por otra parte, en los c&oacute;digos &eacute;ticos tradicionales deben incorporarse nuevas concepciones relacionadas con la que Lipovetsky denomina "&eacute;tica prudente" en substituci&oacute;n de la &eacute;tica maximalista<sup>236</sup>; con la investigaci&oacute;n cl&iacute;nica, un campo especialmente sensible en la actualidad, en el que la profesi&oacute;n debe dedicar mayor atenci&oacute;n para evitar que los intereses profesionales sean confundidos con los de terceros<sup>237,238</sup>; y, muy especialmente, con los aspectos &eacute;ticos de las organizaciones, en lo que se refiere al deber de proporcionar las condiciones m&iacute;nimas que garanticen que el trabajo del m&eacute;dico pueda desarrollarse en condiciones adecuadas de calidad y seguridad para el paciente<sup>25, 239</sup>. Aqu&iacute; hay que recordar, como lo hace Aubia<sup>240</sup> tomando los postulados de MacIntyre<sup>241</sup>, que la corriente del neohipocraticismo &eacute;tico converge con el ideario del profesionalismo en su capacidad para proporcionar herramientas &uacute;tiles, al m&eacute;dico y a sus organizaciones profesionales, para hacer frente a la influencia "corruptora" de las instituciones.</p>     <p>En este misma l&iacute;nea y retomando algunas de las ideas expuestas anteriormente, las organizaciones profesionales pueden y deben hacer esfuerzos considerables para difundir mensajes orientados a dar a conocer lo esencial del profesionalismo a la poblaci&oacute;n y al resto de actores sociales, con los que han de contar para mantener o mejorar su estatus. Han de aprovechar cualquier ocasi&oacute;n para ello y, adem&aacute;s, deben dise&ntilde;ar campa&ntilde;as informativas para  este fin tomando el ejemplo de otras profesiones, sanitarias o no, que lo han hecho en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.</p>     <p>En otro orden de cosas, han de introducir incentivos o distinciones profesionales que tiendan a resaltar el comportamiento profesional excelente y hacer un ejercicio de memoria hist&oacute;rica en el que recuerden el ejemplo de profesionales distinguidos, con el objetivo de enfatizar el largo camino seguido por la profesi&oacute;n a lo largo del tiempo y aportar referentes prestigiosos, muchos de los cuales gozan de un enorme aprecio popular por sus indiscutibles m&eacute;ritos y aportaciones sanitarias y sociales.</p>     <p>Finalmente, es deseable que las organizaciones profesionales dediquen recursos a la gestaci&oacute;n de ideas que les permitan enfrentarse con mejores garant&iacute;as de &eacute;xito a los retos futuros en base al ideario profesional. Aunque esta recomendaci&oacute;n es &uacute;til para todos los pa&iacute;ses, lo es especialmente para aquellos que, como el nuestro, tienden a olvidar este componente de preveer el futuro para mejor afrontarlo.</p>      <p><b>d. Ejercer m&aacute;s activamente el profesionalismo</b></p>     <p>Este es un campo de actuaci&oacute;n especialmente importante porqu&eacute; entronca con la defensa de la profesi&oacute;n y de su &aacute;rea jurisdiccional propia, de la que habl&eacute; m&aacute;s arriba como un elemento indispensable para el mantenimiento del estatus profesional permanentemente. A efectos descriptivos y en funci&oacute;n de la relevancia del trabajo profesional en el seno de organizaciones burocr&aacute;ticas complejas, voy a diferenciar las actuaciones en dichas organizaciones y las actuaciones en general.</p>     <p>Por lo que se refiere a las primeras conviene, ante todo, rebatir algunas falacias y t&oacute;picos muy extendidos como el de la supuesta incompatibilidad entre los objetivos de las organizaciones y los del profesional que trabaja en ellas y el de la ant&iacute;tesis entre la gesti&oacute;n y la cl&iacute;nica. En efecto, los fines y objetivos de las organizaciones pueden coexistir perfectamente con el ideario profesional, si ambas partes se aplican en conseguirlo con inteligencia y voluntad<sup>242</sup>; por otro lado, si los profesionales dependen de aquellas laboralmente, ellas dependen a su vez de los profesionales para alcanzar sus objetivos<sup>37</sup>. En cuanto a las supuesta radical ant&iacute;tesis entre la mentalidad gestora y la mentalidad cl&iacute;nica, parte de una incomprensi&oacute;n de lo que una y otra persiguen y del m&eacute;todo de razonamiento que utilizan. Si se contemplan desde una &oacute;ptica desapasionada, se puede ver como ambas comparten m&aacute;s de lo que parece y que se pueden hacer aproximaciones razonables partiendo, por ejemplo, de las herramientas de la epidemiolog&iacute;a cl&iacute;nica<sup>243-247 </sup>y de las experiencias concretas evaluadas<sup>248</sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al considerar el engarce del profesional en las organizaciones, hemos de distinguir entre las que poseen una fuerte cultura de organizaci&oacute;n y las que la poseen m&aacute;s d&eacute;bil<sup>249</sup>. Si a este sustrato cultural a&ntilde;adimos el de la cultura profesional imperante, resulta una clasificaci&oacute;n en cuatro categor&iacute;as (fuerte cultura organizativa y fuerte cultura profesional, d&eacute;bil cultura organizativa y fuerte cultura profesional, fuerte cultura organizativa y d&eacute;bil cultura profesional, d&eacute;bil cultura organizativa y d&eacute;bil cultura profesional) que nos ha de ser muy &uacute;til a la hora de programar actuaciones orientadas a potenciar el papel del profesional en una organizaci&oacute;n concreta. En este mismo sentido, tambi&eacute;n nos puede ser &uacute;til retomar los conceptos de Mintzberg acerca de las que &eacute;l denomina "burocracias profesionales" u "organizaciones de servicios personales"<sup>250</sup>, que otros hab&iacute;an etiquetado antes de "organizaciones con capacidad de autocorrecci&oacute;n"<sup>251</sup> para diferenciarlas de las burocracias tradicionales o burocracias maquinales, y en las que tienen un papel protagonista las iniciativas de "peer review"y abundan los comit&eacute;s y equipos de trabajo "ad hoc". En este tipo de organizaciones, que en los &uacute;ltimos tiempos han evolucionado hacia las que se denominan "organizaciones inteligentes" u "organizaciones orientadas hacia el aprendizaje"<sup>252-254</sup>, cuyas caracter&iacute;sticas he analizado en otra parte<sup>163</sup>, el ideario burocr&aacute;tico que vimos en apartados anteriores se halla superado<sup>255</sup> y se da una primacia absoluta del capital intelectual<sup>256</sup> por m&aacute;s que, en la pr&aacute;ctica, los nuevos esquemas organizativos todav&iacute;a coexistan con los tradicionales taylorianos y weberianos.</p>     <p>Tales organizaciones presentan una serie de caracter&iacute;sticas que, si el profesional sabe aprovechar &oacute;ptimamente haciendo gala de una mentalidad proactiva y huyendo de las rutinas defensivas propias de los trabajadores cualificados<sup>257</sup>, le pueden conferir una ventaja indudable. Para ello, en primer&iacute;simo lugar, debe convencerse de que su mentalidad de profesional, preparado para manejar situaciones complejas y diferenciadas y para utilizar el razonamiento t&aacute;cito/intuitivo<sup>258,259</sup>, le confiere una superioridad natural que ha de saber aprovechar. Si, bas&aacute;ndose en las esencias del profesionalismo, adopta una actitud de confianza m&aacute;s en s&iacute; mismo que en la posici&oacute;n jer&aacute;rquica, de capacidad de colaboraci&oacute;n con otros, de compromiso y entusiasmo y de disponibilidad para aprender permanentemente<sup>260</sup>, sin lugar a dudas puede resituarse ventajosamente en el seno de la organizaci&oacute;n por m&aacute;s que &eacute;sta intente recortar su autonom&iacute;a profundizando en la normatizaci&oacute;n y la divisi&oacute;n del trabajo a ultranza. En este punto hay que insistir, una vez m&aacute;s, en que el profesional debe posicionarse l&uacute;cidamente ante el tema de los protocolos/gu&iacute;as de actuaci&oacute;n<sup>261</sup> y los m&aacute;s actuales esquemas de gesti&oacute;n por procesos, sabiendo aprovechar sus incuestionables ventajas (b&aacute;sicamente la garant&iacute;a de una calidad m&iacute;nima homog&eacute;nea y la evitaci&oacute;n de errores de bulto) pero sabiendo valorar, asimismo, sus indudables desventajas (contraposici&oacute;n a la discrecionalidad, generaci&oacute;n de trabajo improductivo con sus consecuencias sobre la oferta de servicios, aumento ostensible de costes en algunos casos<sup>262</sup> y, por &uacute;ltimo, cobertura limitada del espectro asistencial).</p>     <p>En esta misma l&iacute;nea, el profesional puede aprovechar otros fen&oacute;menos que se dan en las organizaciones para afianzar su posici&oacute;n. Uno de ellos es el que Pfeffer y Sutton han calificado de "trampa del discurso inteligente", seg&uacute;n la cual con frecuencia se usa una palabrer&iacute;a complicada y vac&iacute;a de contenido operativo<sup>263</sup>; ni que decir tiene que frente a ella, el profesional debe posicionarse con su discurso pragm&aacute;tico de resoluci&oacute;n de problemas concretos, capaz de superar la laguna existente entre conocimiento y acci&oacute;n, tan caracter&iacute;stico de las organizaciones. Otro es el que Argyris ha tipificado como "falacia de la comunicaci&oacute;n"<sup>264</sup>, basada en la implementaci&oacute;n de numerosas inciativas tendentes a facilitar la comunicaci&oacute;n entre los empleados y los clientes, con la vista puesta en el hecho de la comunicaci&oacute;n m&aacute;s que en el contenido de la misma y con un relegamiento ostensible del profesional; dichas iniciativas pueden llegar a representar un serio obst&aacute;culo para la consecuci&oacute;n de los objetivos reales de la organizaci&oacute;n y, sobre todo, para el aprendizaje continuo y ofrecen una inmejorable oportunidad al profesional para aportar su criterio de sensatez en la comunicaci&oacute;n con el paciente, basado en la confianza y la trasmisi&oacute;n de mensajes con sentido. Un &uacute;ltimo fen&oacute;meno de la organizaci&oacute;n que puede ser aprovechado por el profesional es la existencia de la estructura informal o la "otra cara de la burocracia" <sup>265</sup>, en base a la cual puede adaptarse con ventaja a la estrategia actual de organizaci&oacute;n denominada "comunidades de pr&aacute;ctica<sup>266</sup>, que viene gozando de una buena aceptaci&oacute;n y que no le ha de ser desconocida al m&eacute;dico, acostumbrado tradicionalmente a participar en grupos de trabajo intra o interhospitalarios ajenos por completo a cualquier regulaci&oacute;n burocr&aacute;tico-administrativa.</p>     <p>La sensaci&oacute;n de que el poder de los gestores no para de crecer y el de los profesionales de retroceder debe modularse con algunas aportaciones que enfatizan hechos observables en los &uacute;ltimos tiempos y que contradicen aquella creencia<sup>74</sup>: el considerable poder de que a&uacute;n disponen los grupos profesionales, el progresivo auge de clientela privada en algunos paises, la falta de inter&eacute;s de los propios gestores por aumentar su poder en algunas &aacute;reas, la fragmentaci&oacute;n y conflictividad de intereses entre ellos, el inter&eacute;s de algunos gobiernos en no conceder mayores cotas de poder a los gestores, el creciente poder de los usuarios organizados, la incomodidad en la que se mueven los gestores a la hora de racionalizar la prestaci&oacute;n asistencial en contraposici&oacute;n al h&aacute;bito del profesional de seleccionar el esquema asistencial m&aacute;s adecuado para cada paciente y, por &uacute;ltimo, la posibilidad m&aacute;s que te&oacute;rica de que los propios m&eacute;dicos se conviertan en gestores competentes, sin necesidad de adherirse a la ideolog&iacute;a de gesti&oacute;n actual<sup>267,268</sup>, bas&aacute;ndose en sus capacidades de gesti&oacute;n cl&iacute;nica<sup>269</sup> y de juicio cl&iacute;nico como soporte<sup>243,270</sup>.</p>     <p>En este contexto, menos desfavorable de lo que ellos mismo con frecuencia creen, los m&eacute;dicos que trabajan en organizaciones deben actuar decididamente en varios frentes. El primero es tratar de minimizar los enfrentamientos entre los diversos tipos de profesional, rehabilitando la figura del director m&eacute;dico (en Espa&ntilde;a, como en otros pa&iacute;ses, injustamente relegada), que no tiene porqu&eacute; alejarse definitivamente y en todos los casos de la pr&aacute;ctica asistencial, siendo aconsejable que sea elegido entre los propios m&eacute;dicos, y aceptando y estimulando la participaci&oacute;n de colegas con formaci&oacute;n espec&iacute;fica en cargos de gesti&oacute;n intermedios. El segundo es potenciar los estamentos de cariz profesional, distingi&eacute;ndolos netamente de los de car&aacute;cter sindical. El tercero, activar intensamente los comit&eacute;s de calidad y de &eacute;tica, lamentablemente caidos en el ostracismo en muchos centros sanitarios de nuestro pais, en una abdicaci&oacute;n injustificable del ancestral ideario profesional del "peer review"<sup>271</sup>. El cuarto, participar activamente en la que modernamente ha venido en llamarse "clinical governance"<sup>272</sup>, que incluye el trabajo relacionado con la organizaci&oacute;n de los esquemas asistenciales, del control de calidad y del dise&ntilde;o de programas de desarrollo profesional continuo, entre otros, y cuyo tiempo necesario, de una enorme trascendencia para el mantenimiento-mejora del estatus profesional, ha de reivindicarse como tiempo computable en su horario laboral incementando la proporci&oacute;n que representa actualmente, como propone el "informe Wanless" <sup>273</sup> (incremento del 5% actual en los hospitales del Reino Unido al 10% propuesto); en este mismo sentido, el m&eacute;dico debe reivindicar sus capacidades y ejercerlas activamente en el mantenimiento interno de la organizaci&oacute;n y en la adaptaci&oacute;n al ambiente externo, dos actividades complementarias a la actividad nuclear de toda organizaci&oacute;n que no es otra que el cumplimiento de sus objetivos en t&eacute;rminos de producci&oacute;n asistencial<sup>274</sup>. Y el quinto, actuar en el frente de la carrera profesional, que debe verse como una inmejorable oportunidad de afianzar la posici&oacute;n del profesional en base a su ideario y unirse inextrincablemente al mantenimiento de la competencia, a la formaci&oacute;n continuada y, en la concepci&oacute;n m&aacute;s actual, al desarrollo profesional continuo <sup>275</sup>.</p>     <p>Las actuaciones generales han de contemplarse desde el punto de vista de los m&eacute;dicos y de sus corporaciones profesionales. Aquellos deben, en primer lugar, ejercer cotidianamente el profesionalismo sin complejos, creyendo firmemente en sus bondades y caracter&iacute;sticas diferenciales, seg&uacute;n vimos al definir una profesi&oacute;n; si por negligencia o falta de convencimiento el m&eacute;dico se aleja del perfil de profesional exigible, el profesionalismo se resiente. Tambi&eacute;n han de involucrarse m&aacute;s activamente en el funcionamiento de sus corporaciones profesionales, superando la aton&iacute;a y criticismo actuales tan comunes en nuestro pa&iacute;s y en otros muchos, incluso en aquellos de tanta tradici&oacute;n profesional como el Reino Unido<sup>276</sup>. Adem&aacute;s, han de saber encontrar l&iacute;deres profesionales que sean capaces de conducirlos por sendas que, superando la tentaci&oacute;n del enfrentamiento sistem&aacute;tico y la actuaci&oacute;n reactiva, les permitan resituarse con ventaja en el panorama sanitario actual, lleno de nuevas oportunidades para el profesional competente y responsable<sup>277,278</sup>. Finalmente, un &aacute;mbito en el que, a pesar de las aparentes desventajas pueden actuar cimentando su posici&oacute;n, es el de la informaci&oacute;n.</p>     <p>En efecto, a&uacute;n cuando, como vimos en un apartado anterior, el acceso f&aacute;cil del p&uacute;blico a una cantidad cada vez mayor de informaci&oacute;n puede liberarle aparentemente de la dependencia del profesional, en la pr&aacute;ctica lo que ocurre es que aumenta la incertidumbre y la contingencia<sup>279</sup> y que el individuo se ve obligado a la toma de decisiones continuamente en un contexto de amplia libertad ("homo optionis" se ha denominado al hombre de hoy)<sup>280</sup>, que le comporta una actitud ambivalente y huidiza frente a la misma, que ya enunciara Fromm hace m&aacute;s de cincuenta<sup>281</sup> y que mas recientemente ha puesto de manifiesto Crozier<sup>282</sup>. En este ambiente de exceso de informaci&oacute;n<sup>283</sup>, lo que hace falta son filtros adecuados que protejan al individuo de la informaci&oacute;n inexacta y superflua<sup>284</sup>, que actuen como un verdadero "sistema inmunitario de la informaci&oacute;n"<sup>285</sup>. Y es obvio que esta funci&oacute;n la puede y debe ejercer el m&eacute;dico en el mundo sanitario, en beneficio del cliente-paciente y de su propia posici&oacute;n profesional que sale, as&iacute;, reforzada; sobre todo si, adicionalmente, tambi&eacute;n act&uacute;a como garante de la fiabilidad o confianza que el individuo necesita en el contexto de los "sistemas expertos" y "sistemas  abstractos" que Giddens ha postulado como caracter&iacute;sticos de nuestra &eacute;poca<sup>286</sup> o en el de la sociedad del riesgo descrita por Beck<sup>3</sup>.</p>     <p>Por lo que se refiere a las corporaciones profesionales, en nuestro pa&iacute;s muy especificamente los colegios de m&eacute;dicos, han de tener claro que deben actuar en los tres frentes propios de toda organizaci&oacute;n que he mencionado m&aacute;s arriba: consecuci&oacute;n de sus objetivos espec&iacute;ficos, mantenimiento de su sistema interno y adaptaci&oacute;n al ambiente exterior<sup>274</sup>.</p>     <p>En lo tocante al primero, deben profundizar en el ideario del profesionalismo en las l&iacute;neas que enunci&eacute; antes y, muy especialmente en la resoluci&oacute;n del dilema autonom&iacute;a-responsabilidad que subyace en toda la problem&aacute;tica profesional del momento<sup>287</sup>. Deben esforzarse en hacer m&aacute;s cre&iacute;ble la autorregulaci&oacute;n288, para lo cual deben poner en pr&aacute;ctica  muchas de las actuaciones enunciadas en los apartados anteriores. Deben fomentar nuevas formas de gesti&oacute;n profesional que satisfazgan m&aacute;s a los m&eacute;dicos (la experiencia del Colegio de M&eacute;dicos de Barcelona en este sentido es altamente esperanzadora) y estimular el conocimiento y profundizar en las posibilidades de la antes mencionada "clinical governance" <sup>272, 289, 290</sup>. Y han de actuar m&aacute;s decididamente en el &aacute;mbito de la formaci&oacute;n m&eacute;dica continuada, sobre todo en lo que se refiere a su acreditaci&oacute;n, bas&aacute;ndose en las experiencias ya existentes <sup>291</sup>, en la que hace un tiempo est&aacute; introduciendo la U.E.M.S. a nivel europeo, y en la que actualmente se est&aacute; desarrollando en nuestro pa&iacute;s con la preparaci&oacute;n del sistema de acreditaci&oacute;n de actividades formativas para m&eacute;dicos (SEAFORMEC), dependiente del de la Comisi&oacute;n de Formaci&oacute;n Continuada del Sistema Nacional de Salud, y en el que se integran el Consejo General de Colegios M&eacute;dicos, la Federaci&oacute;n de Asociaciones Cient&iacute;fico-M&eacute;dica de Espa&ntilde;a, la Conferencia de Decanos de Facultades de Medicina y el Consejo Nacional de Especialidades M&eacute;dicas. En base a tales iniciativas y a otras que, como vimos, se est&aacute;n llevando a cabo en el terreno de la evaluaci&oacute;n de la competencia, han de profundizar decididamente en la recertificaci&oacute;n-recolegiaci&oacute;n, como est&aacute; ocurriendo en algunos pa&iacute;ses europeos y hace tiempo se est&aacute; aplicando en otros.</p>     <p>En el mantenimiento de su estructura interna es evidente que, particularmente en nuestro pa&iacute;s, han de adaptarla a las necesidades actuales, dot&aacute;ndose de bases estatutarias s&oacute;lidas y puestas al d&iacute;a, adoptando esquemas organizativos &aacute;giles y capaces de dar respuesta a la situaci&oacute;n cambiante y de conferir a la profesi&oacute;n la imagen que se pretende, articulando iniciativas modernas de registro-licencia y promoviendo iniciativas que reposen en una mentalidad proactiva de adelantarse al futuro en substituci&oacute;n de la mentalidad reactiva que ha imperado en los &uacute;ltimos tiempos. Adicionalmente, han de dedicar esfuerzos a canalizar las tensiones entre los distintos grupos de profesionales <sup>292</sup> y agrupar los esfuerzos de las distintas organizaciones con objeto de superar las rivalidades y los conflictos abiertos y conseguir que la profesi&oacute;n hable con una sola voz <sup>293</sup>. En este sentido, es importante que se diferencien claramente los &aacute;mbitos de las organizaciones sindicales de los de las genuinamente profesionales, con objeto de aprovechar sus sinergias evitando los solapamientos confundentes, a menudo negativos para la profesi&oacute;n; y si, como ocurre en algunos casos, es una misma organizaci&oacute;n qui&eacute;n desempe&ntilde;a ambas funciones, es altamente aconsejable que diferencie n&iacute;tidamente dos estructuras operativas al cargo de cada una de dichas funciones. Algunas experiencias recientes, aunque se hayan llevado a cabo en un contexto tan diferente como el de EE.UU. de Norteam&eacute;rica, pueden servir de pauta orientadora <sup>294-296</sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En aquel contexto de partenariado de que habl&eacute;, las corporaciones profesionales han de ser capaces de establecer alianzas estrat&eacute;gicas con los dem&aacute;s agentes sociales: agencias gubernamentales, organizaciones comunitarias, gestores sanitarios, otros proveedores sanitarios, compa&ntilde;&iacute;as de seguros, .... Y, en base al ideario profesional repetidamente enunciado, han de saber aprovechar las complicidades con el estado (sanci&oacute;n y protecci&oacute;n del &aacute;mbito jurisdiccional propio) <sup>117</sup> y ejercer todo su potencial de influencia pol&iacute;tica mediante su participaci&oacute;n en los altos puestos de gobierno, en la gesti&oacute;n directa o indirecta de las agencias gubernamentales, en la multitud de actuaciones de sus &oacute;rganos de presi&oacute;n o en la red de asociaciones profesionales e interprofesionales<sup>298</sup>.</p>     <p>Tras haber puesto orden en su propia casa, como dice Salter<sup>299</sup>, la profesi&oacute;n podr&aacute; abordar la renovaci&oacute;n del contrato social que le legitimiza con los dos agentes principales: el p&uacute;blico y el gobierno. Para ello, bueno ser&aacute; que incorpore los principios del nuevo paradigma para las organizaciones del siglo XXI que han formulado Bennis y Mische<sup>300</sup>.</p>     <p>Con el p&uacute;blico debe profundizar en su confianza dado que, en caso contrario, a medida que aumenta la desconfianza y las protestas p&uacute;blicas, la tentaci&oacute;n de que el estado intervenga para regular la pr&aacute;ctica profesional es muy fuerte <sup>301</sup>. Para ello es indispensable que la profesi&oacute;n reafirme su compromiso de servicio a la poblaci&oacute;n por encima de todo <sup>302</sup> y lo haga visible a trav&eacute;s de iniciativas de defensa de los derechos de los pacientes ("advocacy") frente al gobierno, las agencias gubernamentales, las instituciones sanitarias y las compa&ntilde;ias de seguros en un contexto de "compromiso razonable" <sup>301-305</sup>; estas iniciativas, junto a otras que he venido enunciando en base a las propuestas de los m&uacute;ltiples autores que han estudiado el tema<sup>306</sup>, han de contribuir a ganar amplios niveles de confianza, como se ha visto en nuestro pa&iacute;s cuando se han puesto en pr&aacute;ctica . Tambi&eacute;n debe contemplarse, con la prudencia necesaria en cada situaci&oacute;n, la participaci&oacute;n m&aacute;s activa de la poblaci&oacute;n en todo lo que se refiere al manejo de su salud<sup>307</sup> y en el propio proceso de regulaci&oacute;n de la profesi&oacute;n (el General Medical Council, que viene regulando la profesi&oacute;n m&eacute;dica del Reino Unido desde 1858, ha incrementado en un 25% el n&uacute;mero de miembros no profesionales en su &oacute;rgano de gobierno en los &uacute;ltimos tiempos)<sup>308</sup>, respetando sus derechos e intereses y sabiendo balancear adecuadamente sus puntos de vista sobre la pr&aacute;ctica profesional<sup>309</sup>. Y, finalmente, si antes habl&eacute; del papel del m&eacute;dico como filtro del exceso de informaci&oacute;n, tambi&eacute;n podemos hablar aqu&iacute; del papel de sus organizaciones profesionales como garantes de la fiabilidad de las fuentes de informaci&oacute;n para el p&uacute;blico vehiculizadas a trav&eacute;s de las cada vez m&aacute;s frecuentes p&aacute;ginas web existentes, a trav&eacute;s de iniciativas de acreditaci&oacute;n o reconocimiento de las mismas (recu&eacute;rdese que s&oacute;lo en la Uni&oacute;n Europea existen en la actualidad unas 10.000 p&aacute;ginas web sobre salud y van creciendo a un ritmo de unas 300 por mes<sup>273</sup>).</p>     <p>Con el gobierno ha de pactar ofreci&eacute;ndose a profundizar en el ideario profesional, particularmente por lo que se refiere a la autorregulaci&oacute;n efectiva, la colaboraci&oacute;n en el uso racional de los recursos sanitarios y la participaci&oacute;n en la definici&oacute;n del cat&aacute;logo de prestaciones; a cambio, ha de ver reconocidos expl&iacute;citamente su &aacute;mbito jurisdiccional, su papel clave en la definici&oacute;n de la pol&iacute;tica sanitaria y su papel no menos importante en la distribuci&oacute;n de los recursos disponibles.</p>     <p>En base a estas premisas y recordando el mensaje que Sir M. Shock  lanzara a los m&eacute;dicos brit&aacute;nicos en 1994 con ocasi&oacute;n del congreso de la profesi&oacute;n ("el m&eacute;dico es diferente, el paciente es diferente, la medicina es diferente; todo es diferente, salvo la manera de organizarse los m&eacute;dicos")<sup>226</sup>, la profesi&oacute;n debe renegociar abiertamente el contrato social que sostiene su estatus<sup>310</sup>, poniendo en ello todo el empe&ntilde;o con la vista puesta en el futuro a medio y largo plazo, y sobre el que deben producirse debates como el que en 2001 ha organizado el Colegio de M&eacute;dicos de Barcelona<sup>311</sup>. &Uacute;nicamente as&iacute; podr&aacute; convertirse en la alternativa al estado y al mercado en la regulaci&oacute;n del mundo sanitario, que tan enf&aacute;ticamente han postulado Freidson<sup>25</sup> y Wuthnow <sup>312</sup> en los &uacute;ltimos tiempos.</p>      <p><font face="Arial">AGRADECIMIENTOS</font></p>     <p><i>Agradezco muy sinceramente los comentarios y sugerencias de J. Aubia, JM. Bertr&aacute;n, M. Bruguera, A. Gual. A.J. Jovell, A. Oriol-Bosch, J. Rodr&iacute;guez y G. Sierra, que han contribuido a enriquecer el texto final.</i></p>      <p><font face="Arial">BIBLIOGRAF&Iacute;A</font></p>     <!-- ref --><p>1. Pardell H. ¿Qu&eacute; podemos esperar de la formaci&oacute;n m&eacute;dica continuada?. Mitos y realidades. Med Clin (Barc). 2000, 114: 419-30&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776848&pid=S1575-1813200300020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Jovell AJ. El futuro de la profesi&oacute;n m&eacute;dica. An&aacute;lisis del cambio social y los roles de la profesi&oacute;n m&eacute;dica en el siglo XXI. Barcelona. Bibliotea Josep Laporte. 2001&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776849&pid=S1575-1813200300020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Beck U. La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad. Barcelona. Paid&oacute;s. 1998&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776850&pid=S1575-1813200300020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Bauman Z. Liquid modernity. Cambridge. Polity Press. 2000&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776851&pid=S1575-1813200300020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Elias N. The society of individuals. Oxford. Blackwell. 1991&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776852&pid=S1575-1813200300020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Castells M. La era de la informaci&oacute;n. 3 vols.  Madrid. Alianza. 1997-1998&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776853&pid=S1575-1813200300020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Crozier M. Le ph&eacute;nom&egrave;ne bureaucratique. Paris. Editions du Seuil. 1964&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776854&pid=S1575-1813200300020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Price DK. The scientific state. London. Oxford University Press. 1965&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776855&pid=S1575-1813200300020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Larson MS. The rise of professionalism. Berkeley, CA. University of California Press. 1977&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776856&pid=S1575-1813200300020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Freidson E. Professionalism reborn. Theory, prophecy and policy. Chicago, IL. The University of Chicago Press. 1994&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776857&pid=S1575-1813200300020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Brint S. In an age of experts. The changing role of professionals in politics and public life. Princeton, NJ. Princeton University Press. 1994&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776858&pid=S1575-1813200300020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Lichtenstein R. The job satisfaction and retention of physicians in organized settings: literature review. Med Care Rev. 1984, 41: 139-79&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776859&pid=S1575-1813200300020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Reames HR, Dunstone DC. Professional satisfaction of physicians. Arch Intern Med. 1989, 149: 1951-6&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776860&pid=S1575-1813200300020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Richards T. Disillusioned doctors. BMJ. 1997, 314: 1705-6&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776861&pid=S1575-1813200300020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Kassirer JP. Doctors discontent. NEJM. 1998, 339: 1543-4&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776862&pid=S1575-1813200300020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Bruguera M. ¿ C&uacute;al es el grado de satisfacci&oacute;n de los m&eacute;dicos ?. JANO. 1999, 56: 1295&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776863&pid=S1575-1813200300020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Editorial. Dealing with job dissatisfaction in medicine. Lancet. 2001, 357: 1377&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776864&pid=S1575-1813200300020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Smith R. Why are doctors so unhappy ?. BMJ. 2001, 322: 1073-4&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776865&pid=S1575-1813200300020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Lasch C. La rebeli&oacute;n de las &eacute;lites y la traici&oacute;n a la democracia. Barcelona. Paid&oacute;s. 1996&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776866&pid=S1575-1813200300020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Burke RJ, Stress, satisfaction and militancy among Canadian physicians: a longitudinal study. Soc Sci Med. 1996, 43: 517-24&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776867&pid=S1575-1813200300020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Murray A, Montgomery JE, Chang H, Rogers W, Inui T, Safran G. Doctor discontent. A comparison of physician satisfaction in different delivery system settings, 1986 and 1997. J Gen Intern Med. 2001, 16: 451-9&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776868&pid=S1575-1813200300020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Allen I. Doctors and their careers: A new generation. London. Policy Studies Institute. 1994&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776869&pid=S1575-1813200300020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Carr-Saunders AM, Wilson PA. The professions. Oxford. Clarendom Press. 1933&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776870&pid=S1575-1813200300020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Parsons T. The professions and social structure. Social Forces. 1939, 17: 457-67&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776871&pid=S1575-1813200300020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Freidson E. Professionalism. The third logic. Cambridge. Polity Press. 2001&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776872&pid=S1575-1813200300020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Rodr&iacute;guez F, Guill&eacute;n MF. Organizaciones y profesiones en la sociedad contempor&aacute;nea. Rev Esp Invest Sociol. 1992, 59: 9-18&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776873&pid=S1575-1813200300020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Tolliday H. Clinical autonomy. In: Jacques E, ed. Health services: Their nature and organization and role of patients, doctors, nurses and the complementary professions. London. Heinemann. 1978. 32-52&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776874&pid=S1575-1813200300020000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Light D, Levine S. The changing character of the medical profession: A theoretical overview. The Milbank Quarterly. 1988, 66 (Suppl 2): 10-32&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776875&pid=S1575-1813200300020000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Freddi G. Problems of organizational rationality in health systems: Political controls and policy options. In: Freddi G, Bj&ouml;rkman JW, eds. Controlling medical professionals. The comparative politics of  health governance. London. Sage. 1989. 1-27&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776876&pid=S1575-1813200300020000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Abbott A. The system of professions. An essay on the division of expert labor. Chicago, IL. The University of Chicago Press. 1998&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776877&pid=S1575-1813200300020000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Parsons T. The motivation in economic activities. In: Anonymus. Essays in sociological theory, pure and applied. New York, NY. The Free Press. 1949. 200-217&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776878&pid=S1575-1813200300020000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Turner BS. Medical power and social knowledge. 2nd edition. London. Sage. 1996&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776879&pid=S1575-1813200300020000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Mac Iver RM, Page CH. Sociolog&iacute;a. Madrid. Tecnos. 1969&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776880&pid=S1575-1813200300020000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Wolinsky FD. The professional dominance perspective revisited. The  Milbank Quarterly. 1988, 66 (Suppl 2): 33-47&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776881&pid=S1575-1813200300020000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Freidson E. Profession of medicine: A study in the sociology of applied knowledge. Chicago, IL. The University of Chicago Press. 1970&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776882&pid=S1575-1813200300020000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Barzum J. The professions under siege. Harper's. 1978, 257: 61-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776883&pid=S1575-1813200300020000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Guy ME. Professionals in organizations. Debunking a myth. New York, NY. Praeger. 1985&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776884&pid=S1575-1813200300020000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Khoury RM. Demythologizing the professions. Internat Rev Hist Poli Sci. 1980, 17: 57-70&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776885&pid=S1575-1813200300020000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Cruess  RL, Cruess SR, Johnston SE. Professionalism: an ideal to be sustained. Lancet. 2000, 356: 156-9&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776886&pid=S1575-1813200300020000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Moore ES. The remain of the profession, or what the butler knew. Ann Intern Med. 2001, 134: 255-9&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776887&pid=S1575-1813200300020000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Swich HM. Toward a normative definition of medical professionalism. Acad Med. 2000, 75: 612-6&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776888&pid=S1575-1813200300020000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Moore WE. The professions: roles and rules. New York, NY. Russell Sage Foundation. 1970&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776889&pid=S1575-1813200300020000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Reed RR, Evans D. The deprofessionalization of medicine. Causes, effects and responses. JAMA. 1987, 258: 3279-82&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776890&pid=S1575-1813200300020000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Cruess RL, Cruess SR, Johnston SE. Renewing professiomalism: An opportuninty for medicine. Acad Med. 1999, 74: 878-84&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776891&pid=S1575-1813200300020000200044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. Mosher F. Professions in public service. Pub Admi Rev. 1978, 38: 144-50&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776892&pid=S1575-1813200300020000200045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. Wilensky HL. The professionalization of everyone ?. Am J Sociol. 1964, 70: 137-58&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776893&pid=S1575-1813200300020000200046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. Millerson G. The qualifying associations. London. Routledge. 1964&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776894&pid=S1575-1813200300020000200047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48. Goode WJ jr. The theoretical limits of professionalization. In: Etzioni A, ed. The semiprofessions and their organization. New York, NY. The Free Press. 1969. 266-313&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776895&pid=S1575-1813200300020000200048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. Jackson JA. Professions and professionalization. Cambridge. Cam-bridge University Press. 1970&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776896&pid=S1575-1813200300020000200049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50. Coe R. The process of development of established professions. J Health Soc Behav. 1970, 11: 59-67&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776897&pid=S1575-1813200300020000200050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51. Berlant JL. Profession and monopoly. Berkeley, CA. University of California Press. 1975&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776898&pid=S1575-1813200300020000200051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. Fielding A, Portwood D. Professions and the state. Sociol Rev. 1980, 28: 23-53&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776899&pid=S1575-1813200300020000200052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. Freidson E. Professional power. A study of the institutionalization of formal knowledge. Chicago, Il. The University of Chicago Press. 1986&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776900&pid=S1575-1813200300020000200053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>54. Gonz&aacute;lez Salinas P. La colegiaci&oacute;n obligatoria es "requerimiento indispensable" del ejercicio de la Medicina. DM. 16-X-2001. p. 10&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776901&pid=S1575-1813200300020000200054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>55. Task Force on Competence. Description of the competent physician. Evanston, IL. American Board of Medical Specialties. 1999&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776902&pid=S1575-1813200300020000200055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>56. General Medical Council. Tomorrow's doctors. 2ond. Edition  London. GMC. 2002&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776903&pid=S1575-1813200300020000200056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>57. Consell Catal&agrave; d'Especialitats en Ci&egrave;ncies de la Salut. Compet&egrave;ncies de professions sanit&agrave;ries. Barcelona. I.E.S. Generalitat de Catalunya. 2002&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776904&pid=S1575-1813200300020000200057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>58. Calman K. The profession of medicine. BMJ. 1994, 309: 1140-3&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776905&pid=S1575-1813200300020000200058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>59. Lyotard J-F. La condition postmoderne. Paris. Les &Eacute;ditions du Minuit. 1979&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776906&pid=S1575-1813200300020000200059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>60. Prigogine I. La fin des certitudes. Paris. &Eacute;ditions Odile Jacob. 1996&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776907&pid=S1575-1813200300020000200060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>61. Popper K. Conjetures and refutations. London. Routledge. 1962&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776908&pid=S1575-1813200300020000200061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>62. Jaspers K. Ambiente espiritual de nuestro tiempo. Barcelona. Labor. 1933&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776909&pid=S1575-1813200300020000200062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>63. Sennett R. La corrosi&oacute;n del car&aacute;cter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. Barcelona. Anagrama. 2000&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776910&pid=S1575-1813200300020000200063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>64. Polanyi M. The tacit dimension. London. Routledge &amp; Kegan Paul. 1967&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776911&pid=S1575-1813200300020000200064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>65. Gergen KJ. El yo saturado. Dilemas de identidad en el mundo contempor&aacute;neo. Barcelona. Paid&oacute;s. 1992&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776912&pid=S1575-1813200300020000200065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>66. Jameson F. El posmodernismo o la l&oacute;gica del modernismo avanzado. Barcelona. Paid&oacute;s. 1995&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776913&pid=S1575-1813200300020000200066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>67. P&eacute;rez Jim&eacute;nes JC. S&iacute;ndromes modernos. Tendencias de la sociedad actual. Madrid. Espasa-Calpe. 2002&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776914&pid=S1575-1813200300020000200067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>68. Acar&iacute;n N, Espasa R, Verg&eacute;s J, Campo M. La salud, exigencia popular. Barcelona. Laia. 1976&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776915&pid=S1575-1813200300020000200068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>69. Valtue&ntilde;a JA. Contra la medicina del m&eacute;dico. Barcelona. Barral. 1976&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776916&pid=S1575-1813200300020000200069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>70. Caro G. La m&eacute;decine en question. Paris. F. Maspero. 1969&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776917&pid=S1575-1813200300020000200070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>71. Sournia JC. Ces malades qu'on fabrique. La m&eacute;decine gaspill&eacute;e. Paris. Editions du Seuil. 1977&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776918&pid=S1575-1813200300020000200071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>72. Attali J. L'ordre canibal. Vie et mort de la m&eacute;decine. Paris. Editions Grasset et Fasquelle. 1979&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776919&pid=S1575-1813200300020000200072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>73. Berlinguer G. Medicina e politica. Bari. De Donato. 1973&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776920&pid=S1575-1813200300020000200073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>74. Harrison S, Pollitt C. Controlling health professionals. Buckingham. Open University Press. 1994&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776921&pid=S1575-1813200300020000200074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>75. Broadbent J, Dietrich M, Roberts J. The end of professions ?. In: Broadbent J, Dietrich M, Roberts J, eds. The end of professions. The restructuring of professional work. London. Routledge. 1997. 1-13&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776922&pid=S1575-1813200300020000200075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>76. Portwood D, Fielding A. Privilege and the professions. Sociol Rev. 1981, 29: 749-33&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776923&pid=S1575-1813200300020000200076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>77. Haug M, Lavin B. Consumerism in medicine: Challenging physician authority. Beverly Hills, CA. Sage. 1983&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776924&pid=S1575-1813200300020000200077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>78. Eve R, Hodgkin P. Professionalism and medicine. In: Broadbent J, Dietrich M, Roberts J, eds. The end of professions ?. The restructuring of professional work. London. Routledge. 1997. 69-85&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776925&pid=S1575-1813200300020000200078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>79. D&ouml;hler M. Physicians' professional autonomy in the welfare state. In: Freddi G, Bj&ouml;rkman JW, eds. Controlling medical professionals. London. Sage. 1989. 178-197&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776926&pid=S1575-1813200300020000200079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>80. Pardell H. El m&eacute;dico como principal agente econ&oacute;mico del sistema de salud. Hipertensi&oacute;n. 1996, 13: 313-4&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776927&pid=S1575-1813200300020000200080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>81. Skrabanek P. The death of human medicine and the rise of coercitive healthism. London. Social Affairs Unit. 1994&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776928&pid=S1575-1813200300020000200081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>82. Abrams FR. The doctor with two heads. The patient versus the cost. NEJM. 1993, 328: 976-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776929&pid=S1575-1813200300020000200082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>83. O'Brien R. The doctor-patient relationship. In: Greenberg AM, Ray-mond SU, eds. Beyond the crisis: preserving the capacity for excellence in health care and medical sciences. New York, NY. The New York Academy of Sciences. 1994. 22-26&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776930&pid=S1575-1813200300020000200083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>84. Barber N. What constitutes good prescribing. BMJ. 1995, 310: 923-5&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776931&pid=S1575-1813200300020000200084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>85. Pardell H. ¿ Es el coste un criterio de calidad de la prescripci&oacute;n terape&uacute;tica ?. Hipertensi&oacute;n. 1996, 13: 1-2&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776932&pid=S1575-1813200300020000200085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>86. Ellul J. The technological society. New York, NY. Vintage Books. 1964&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776933&pid=S1575-1813200300020000200086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>87. Gehlen A. Man in the age of technology. New Yor, NY. Columbia University Press. 1980&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776934&pid=S1575-1813200300020000200087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>88. Attali J. Milenio. Barcelona. Seix y Barral. 1991&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776935&pid=S1575-1813200300020000200088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>89. Strange S. The retreat of the state. Cambridge. Cambridge University Press. 1996&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776936&pid=S1575-1813200300020000200089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>90. Benezit M, Raak Y. Machines a soigner. Vers une m&eacute;decine a haute technologie. Paris. Dunod. 1981&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776937&pid=S1575-1813200300020000200090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>91. Lopata H. Expertization of everyone and the revolt of the client. Social Quarterly. 1976, 17: 435-7&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776938&pid=S1575-1813200300020000200091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>92. Haug MR. Computer technology and the obsolescence of the concept of profession. In: Haug MR, Dofny J, eds. Word and technology. Beverly Hills, CA. Sage. 1977. 215-228&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776939&pid=S1575-1813200300020000200092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>93. Majeed F, Voss S. Performance indicators for General Practice. BMJ. 1995, 311: 209-10&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776940&pid=S1575-1813200300020000200093&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>94. Editorial. Medicina, ¿ una larga carrera hacia el desempleo ?. JANO. 2001, LXI (1398): 519&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776941&pid=S1575-1813200300020000200094&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>95. Tawney RH. The acquisitive society. London. G. Bell &amp; Sons Ltd. 1921&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776942&pid=S1575-1813200300020000200095&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>96. McKinley JB, Arches J. Toward the proletarianization of physicians. Internat J Health Services. 1985, 15: 161-95&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776943&pid=S1575-1813200300020000200096&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>97. McKinley JB, Stoeckle JD. Corporatization and the social transformation of doctoring. Internat J Health Services. 1988, 18: 191-205&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776944&pid=S1575-1813200300020000200097&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>98. Navarro V. Professional dominance or proletarianization ?: Neither. The Milbank Quarterly. 1988, 66 (Suppl 2): 57-75&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776945&pid=S1575-1813200300020000200098&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>99. Emmons DW, Kletke PR. An examination of practice size. Socioeco-nomic characteristics of medical practide in 1997. Chicago, IL. Center for Health Policy Research. 1997&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776946&pid=S1575-1813200300020000200099&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>100. Weber M. Econom&iacute;a y sociedad. M&eacute;xico. Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. 1944&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776947&pid=S1575-1813200300020000200100&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>101. Blau PM. Bureaucracy in modern society. New York, NY. Random House. 1956&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776948&pid=S1575-1813200300020000200101&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>102. Hall RH. The concept of bureaucracy: An empirical assessment. Am J Sociol. 1963, 69: 33-9&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776949&pid=S1575-1813200300020000200102&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>103. Merton RK. Teor&iacute;a y estructura sociales. M&eacute;xico. Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. 1964&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776950&pid=S1575-1813200300020000200103&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>104. Bennis W. Beyond bureaucracy. San Francisco, CA. Jossey-Bass. 1993&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776951&pid=S1575-1813200300020000200104&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>105. Starkey K, ed. How organizations learn. London. ITP. 1996&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776952&pid=S1575-1813200300020000200105&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>106. Merton RK. Bureaucratic structure and personality. Social Forces. 1940, 16: 560-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776953&pid=S1575-1813200300020000200106&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>107. Whyte WH jr. El hombre organizaci&oacute;n. M&eacute;xico. Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. 1961&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776954&pid=S1575-1813200300020000200107&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>108. Oppenheimer M. The proletarianization of the profession. Sociol Rev Monograph. 1973, 2: 213-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776955&pid=S1575-1813200300020000200108&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>109. Fukuyama F. Trust. The social virtues and the creation of prosperity. New York, NY. Free Press. 1996&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776956&pid=S1575-1813200300020000200109&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>110. Pavalko RM. Sociology of occupations and professions. Itasco, Il. F.E. Peacock Publishers, Inc. 1971&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776957&pid=S1575-1813200300020000200110&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>111. Scott WR. Professionals in bureaucracies - areas of conflict. In: Vollmer HM, Mills DL, eds. Professionalization. Englewood Cliffs, NJ. Prentice Hall. 1966. 265-275&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776958&pid=S1575-1813200300020000200111&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>112. Rorty T. Contingency, irony and solidarity. Cambridge. Cambridge University Press. 1989&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776959&pid=S1575-1813200300020000200112&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>113. Weatherall DJ. The inhumanity of medicine. BMJ. 1994, 309: 1671-2&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776960&pid=S1575-1813200300020000200113&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>114. Mechanic D. Public perceptions of medicine. NEJM. 1985, 312: 181-3&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776961&pid=S1575-1813200300020000200114&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>115. Shock M. Medicine at the centre of the nation's affairs. BMJ. 1994, 309: 1730-3&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776962&pid=S1575-1813200300020000200115&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>116. Moran M, Wood B. States, regulation and the medical profession. Buckingham. Open University Press. 1993&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776963&pid=S1575-1813200300020000200116&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>117. Oriol-Bosch A. Crisis del profesionalismo o la soluci&oacute;n de la crisis. En: Opini&oacute;n Quiral. Sostenibilidad del sistema sanitario. Barcelona. Fundaci&oacute;n Privada Vila Casas. 2001. 57-70&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776964&pid=S1575-1813200300020000200117&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>118. McKnight J. The careless society. Community and its counterfeits. New York, NY. Basic Books. 1995&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776965&pid=S1575-1813200300020000200118&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>119. Illich I. Medical nemesis. The expropiation of health. London. Calder and Boyards. 1975&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776966&pid=S1575-1813200300020000200119&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>120. Navarro V. The industrialization of fetishism and the fetishism of industrialization: A critique of Ivan Illich. Soc Sci Med. 1975, 9: 351-63&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776967&pid=S1575-1813200300020000200120&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>121. Wachter RM. AIDS, activism, and the politics of health. NEJM. 1992, 326: 128-33&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776968&pid=S1575-1813200300020000200121&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>122. Emke I. Medical authority and its discontents: A case of organized non-compliance. Critical Sociol. 1993, 19: 57-80&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776969&pid=S1575-1813200300020000200122&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>123. Epstein S. Impure science. AIDS, activism, and the politics of knowledge. Berkeley, CA. University of California Press. 1996&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776970&pid=S1575-1813200300020000200123&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>124. Hoffman LM. The politics of knowledge. Activist movements in medicine and planning. Albany, NY. State University of New York Press. 1989&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776971&pid=S1575-1813200300020000200124&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>125. Liberati A. Consumer participation in research and health care. BMJ. 1997, 315: 499&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776972&pid=S1575-1813200300020000200125&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>126. Sanderson H, Mountney L. The development of patient groupings for more effective management of health care. Eur J Pub Health. 1997, 7: 210-4&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776973&pid=S1575-1813200300020000200126&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>127. Rameckers E. Using health outcomes data to inform decision-making. Patient perspective. Pharmacoeconomics. 2001, 19 (Suppl 2): 53-5&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776974&pid=S1575-1813200300020000200127&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>128. LeBuhn RA, Swankin DA. Measuring continuing competence of health care practitioners: where are we now &#151; were are we aheah ?. Washington DC. Citizen Advocacy Center. 2001&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776975&pid=S1575-1813200300020000200128&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>129. Hafferty FW, Light DW. Professional dynamics and the changing nature of medical work. J Health Soc Behv. 1995, extra issue: 132-53&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776976&pid=S1575-1813200300020000200129&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>130. Coburn D. State authority, medical dominance, and trends in the regulation of the health professions: The Ontario case. Soc Sci Med. 1993, 37: 129-38&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776977&pid=S1575-1813200300020000200130&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>131. Taylor MG. The role of medical profession in the formulation and execution of public policy. Can J Econ Polit Sci. 1960, 25: 108-27&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776978&pid=S1575-1813200300020000200131&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>132. Pereira D. Deprofessionalising doctors ?. The independence of the British medical profession is under unprecedent attack. BMJ. 2002, 324: 627-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776979&pid=S1575-1813200300020000200132&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>133. Go on, it's good for you. The Economist. August 87h, 1998. 57-58&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776980&pid=S1575-1813200300020000200133&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>134. Soutworth A. Generic pharmaceuticals. 1996 edition. Financial Times Management Report. London. Pearson Professional Ltd. 1996&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776981&pid=S1575-1813200300020000200134&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>135. Declaraci&oacute;n dela Comisi&oacute;n Central de Deontolog&iacute;a. &Eacute;tica de la prescripci&oacute;n y sustituci&oacute;n de medicamentos gen&eacute;ricos. Boletin de la Organizaci&oacute;n M&eacute;dica Colegial. Abril 2000. 28&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776982&pid=S1575-1813200300020000200135&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>136. Mundinger MO, Kane RL, Lenz ER, Totten AM, Tsai W-Y, Cleary PD, Friedewald WT, Siu AL, Shelanski ML. Primary care outcomes in patients treated by nurse practitioners or physicians. JAMA. 283, 2000: 59-68&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776983&pid=S1575-1813200300020000200136&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>137. Shum C, Humphreys A, Wheeler D, Cochrane M-A, Skoda S, Clement S. Nurse management of patients with minor illnesses in general practice: multicentre, randomised controlled trial. BMJ. 2000, 320: 1038-43&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776984&pid=S1575-1813200300020000200137&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>138. Kinnersley P, Anderson E, Parry K, Clement J, Archard L, Turton P, Stainthorpe A, Fraser A, Butler CC, Rogers C. Randomised controlled trial of nurse practitioner versus general practitioner care for patients requesting "same day" consultations in primary care. BMJ. 2000, 320: 1043-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776985&pid=S1575-1813200300020000200138&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>139. Venning P, Durie A, Roland M, Roberts C, Leese B. Randomised controlled trial comparing cost effectiveness of general practitioners and nurse practitioners in primary care. BMJ. 2000, 320: 1048-53&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776986&pid=S1575-1813200300020000200139&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>140. Macarthur D. The growing influence of the pharrmacists in Europe. Opportunities in a changing market. Financial Times Management Report. London. Pearson Professional Ltd. 1995&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776987&pid=S1575-1813200300020000200140&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>141. The pharmacists at the crossroads of new health risks: an indispensable partner for their management. Strasbourg. Council of Europe Publishing. 2000&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776988&pid=S1575-1813200300020000200141&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>142. Declaraci&oacute;n de la Comisi&oacute;n Central de Deontolog&iacute;a. L&iacute;mites de las funciones profesionales de m&eacute;dicos y farmace&uacute;ticos. Boletin de la Organizaci&oacute;n M&eacute;dica Colegial. Abril 2000. 26-7&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776989&pid=S1575-1813200300020000200142&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>143. Zola IK, Miller S. The erosion of medicine from within. In: Freidson E, ed. The professions and their prospects. Beverly Hills, CA. Sage.1973. 153-72&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776990&pid=S1575-1813200300020000200143&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>144. Burrage M, Jarausch K, Siegrist H. An actor based framework for the study of professions. In: Burrage M, Torstendahl R, eds. Professions in theory and history: rethinking the study of professions. London. Sage. 1990&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776991&pid=S1575-1813200300020000200144&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>145. Manresa JM. El m&eacute;dico de atenci&oacute;n primaria, el especialista, ¿ y el internista ?. Med Clin (Barc. ) 1995, 105: 374-6&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776992&pid=S1575-1813200300020000200145&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>146. Foz M, Pujol R, Erill S, Lloveras G, Martin Zurro A, Massana Ll. An&agrave;lisi comparativa de les compet&egrave;ncies professionals entre especialistes en medicina interna i en  medicina  de familia i comunit&agrave;ria. Salut Catalunya. 1995, 9: 193-7&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776993&pid=S1575-1813200300020000200146&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>147. Anderson RJ. Subspecialization in internal medicine: A historial review, an analysis, and proposals for change. Am J Med. 1995, 99: 74-81&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776994&pid=S1575-1813200300020000200147&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>148. Dalen JE. US physicians manpower needs. Generalists and specialists: Achieving the balance. Arch Intern Med. 1996, 156: 21-4&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776995&pid=S1575-1813200300020000200148&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>149. Sim&oacute; J, G&aacute;lvez J, Morote MV, Palaz&oacute;n G. El m&eacute;dico de cabecera o la b&uacute;squeda de la identidad perdida: informaci&oacute;n para internistas y otros especialistas. Med Clin (Barc). 1997, 109: 343-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776996&pid=S1575-1813200300020000200149&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>150. Jewell D. Supporting diversity in primary care. BMJ. 1997, 314: 1706-7&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776997&pid=S1575-1813200300020000200150&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>151. Editorial. Specialists. Lancet. 1951, i: 25&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776998&pid=S1575-1813200300020000200151&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>152. Susser MW, Watson W. Sociology in medicine. 2nd. Edition. London. Oxford University Press. 1971&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1776999&pid=S1575-1813200300020000200152&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>153. Alternative Medicine. Expanding medical horizons. A report of the NIH on alternative medical systems and practice in the United States. Bethesda, MD. National Institutes of Health. 1994&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777000&pid=S1575-1813200300020000200153&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>154. Dalen JE. "Conventional" and "unconventional" medicine.Can they be integrated ?. Arch Intern Med. 1998, 158: 2179-81&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777001&pid=S1575-1813200300020000200154&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>155. Editorial. Complementary medicine: time for critical engagement. Lancet. 2000, 356: 2023&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777002&pid=S1575-1813200300020000200155&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>156. Ernst E. The role of complementary and alternative medicine. BMJ. 2000, 321: 1133-5&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777003&pid=S1575-1813200300020000200156&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>157. Owen DK, Lewith G, Stephens CR: Can doctors respond to patients' increasing interest in complementary and alternative medicines ?. BMJ. 2001, 322: 154-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777004&pid=S1575-1813200300020000200157&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>158. Kaptchuk TJ, Eisenberg DM. Varieties of healing. I: medical pluralism in the United States. Ann Intern Med. 2001, 135: 189-95&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777005&pid=S1575-1813200300020000200158&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>159. Documents de posici&oacute; del COMB. Pr&agrave;ctiques m&egrave;diques alternatives i terap&egrave;utiques complement&agrave;ries. Servei d'Informaci&oacute; Col.legial del COMB. Abril-Maig 2001. 19-20&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777006&pid=S1575-1813200300020000200159&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>160. McCarthy M. US panel calls for more support of alternative medicine. Lancet. 2002, 359: 1213 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777007&pid=S1575-1813200300020000200160&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>161. Manian FA. Physicians vs.physicians. Arch Intern Med. 2001, 161: 801-2&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777008&pid=S1575-1813200300020000200161&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>162. Pardell H. Formaci&oacute;n m&eacute;dica continuada, ¿individual o institucional?. Med Clin (Barc). 2001, 116: 698-700&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777009&pid=S1575-1813200300020000200162&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>163. Fiol M, Cabad&eacute;s A, Sala J, Marrugat J, Elosua R, Vega G, Tormo MJ et al. Variabilidad en el manejo hopitalario del infarto agudo de miocardio en Espa&ntilde;a. Estudio IBERICA (Investigaci&oacute;n, B&uacute;squeda Espec&iacute;fica y Registro de Isquemia Coronaria Aguda). Rev Esp. Cardiol. 2001, 54: 443-52&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777010&pid=S1575-1813200300020000200163&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>164. Evans R. The dog in the night: medical practice variations and health policy. In: Anderson T, Mooney G, eds. The challenges of medical practice variations. London. Macmillan. 1990. 117-152 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777011&pid=S1575-1813200300020000200164&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>165. Harrison S. Clinical autonomy and health policy. Past and future. In: Exworthy M, Halford S, eds. Professionals and the new managerianisme in the public sector. Buckingham. Open University Press. 1999. 50-64&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777012&pid=S1575-1813200300020000200165&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>166. Hopkins A, Solomon K. Can contracts drive clinical care ?. BMJ. 1996, 313: 447-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777013&pid=S1575-1813200300020000200166&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>167. Pearson MG. How can the implementation of guidelines be improved ?. Chest. 2000, 117 (Suppl): 38-41&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777014&pid=S1575-1813200300020000200167&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>168. Hafferty FW, McKinlay JB, eds. The changing medical profession. An international perspective. New York, NY. Oxford University Press. 1993&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777015&pid=S1575-1813200300020000200168&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>169. Marias J. Tratado de lo mejor: la moral y las formas de vida. Madrid. Alianza. 1996&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777016&pid=S1575-1813200300020000200169&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>170. Haugh MR. Deprofesionalization: An alternate hypothesis for the future. Sociol Rev Mon. 1973, 20: 195-211&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777017&pid=S1575-1813200300020000200170&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>171. Pardell H. Profesionalismo, formaci&oacute;n continuada y recertificaci&oacute;n: una visi&oacute;n desde la perspectiva m&eacute;dica. Gesti&oacute;n y Evaluaci&oacute;n de Costes Sanitarios. 2002, 3: 283-93&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777018&pid=S1575-1813200300020000200171&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>172. Farson R. Management of the absurd. Paradoxes in leadership. New York, NY. Touchstone/Simon &amp; Schuster. 1996&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777019&pid=S1575-1813200300020000200172&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>173. Ferriman A. Poll shows public still has trust in doctors. BMJ. 2001, 322: 694&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777020&pid=S1575-1813200300020000200173&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>174. Kmietowicz Z. R.E.S.P.E.C.T. &#151; Why doctors are still getting enough of it. BMJ. 2002, 324: 11&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777021&pid=S1575-1813200300020000200174&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>175. El pulso de la naci&oacute;n. Barcelona. C&iacute;rculo de Lectores/Galaxia Gutemberg. 1996&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777022&pid=S1575-1813200300020000200175&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>176. Ali NY, Lo TYS, Auvache VL, White PD. Bad press for doctors: 21 years survey of three national newspapers. BMJ. 2001, 323: 782-3&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777023&pid=S1575-1813200300020000200176&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>177. Carlin J. Lawyers in their own. New Burnswick, NJ. Rutgers University Press. 1962&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777024&pid=S1575-1813200300020000200177&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>178. Mechanic D. The growth of bureaucratic medicine. New York, NY. Wiley. 1976&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777025&pid=S1575-1813200300020000200178&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>179. Birchard K. Survey reveals extent of Irish doctors' dissatisfaction. Lancet. 2000, 356: 1585&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777026&pid=S1575-1813200300020000200179&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>180. Parmley WW. What is our contract with society ?. JACC. 2001, 38: 1226-7&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777027&pid=S1575-1813200300020000200180&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>181. Encuesta mundial de valores 2000. La Vanguardia. 13 Agosto 2002. 19-20&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777028&pid=S1575-1813200300020000200181&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>182. McManus IC, Winder BC, Gordon D. Are UK doctors particularly stressed ?. Lancet. 1999, 354: 1358-9&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777029&pid=S1575-1813200300020000200182&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>183. Bruguera M. La opini&oacute;n de los m&eacute;dicos de Barcelona. En: An&oacute;nimo. La motivaci&oacute;n del m&eacute;dico: motor del sistema sanitario. Barcelona. Fundaci&oacute;n Pharmacia. 2002. 49-50&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777030&pid=S1575-1813200300020000200183&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>184. Leigh JP, Kravitz RL, Schembri M, Samuels SJ, Mobley S. Physician career satisfaction across specialties. Arch Intern Med. 2002, 162: 1577-84&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777031&pid=S1575-1813200300020000200184&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>185. Lent RW, Brown SD, Hackett G. Toward a unifying social cognitive theory of career and academic interest, choice and performance. J Vocat Behav. 1994, 45: 79-122&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777032&pid=S1575-1813200300020000200185&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>186. Hackett G. Self-efficacy in career choice and development. In: Bandura A, ed. Self-efficacy in changing societies. Cambridge. Cambridge University Press. 1999. 232-258&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777033&pid=S1575-1813200300020000200186&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>187. Matsui T, Onglatco ML. Career self-efficacy as a moderator ot the relation between occupational stress and strain. J Vocat Behav. 1992, 41: 79-88&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777034&pid=S1575-1813200300020000200187&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>188. Bandura A. Sel-efficacy. The exercise of control. New York, NY. WH Freeman &amp; Comp. 1997&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777035&pid=S1575-1813200300020000200188&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>189. Hughes R. Culture of complaint. New York, NY. Oxford University Press. 1993&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777036&pid=S1575-1813200300020000200189&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>190. Bruguera M. Buscando soluciones a la  insatisfacci&oacute;n de los m&eacute;dicos. JANO.1999, 56 (1298): 1868 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777037&pid=S1575-1813200300020000200190&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>191. Sierra G. Los retos de la profesi&oacute;n m&eacute;dica en la era del conocimiento. En: An&oacute;nimo. La motivaci&oacute;n del m&eacute;dico: motor del sistema sanitario. Barcelona. Fundaci&oacute;n Pharmacia. 2002. 25-31&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777038&pid=S1575-1813200300020000200191&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>192. Maslow AH. Motivation and personality. 3rd. edition. New York, NY. Addison Wesley Longman, Inc. 1987&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777039&pid=S1575-1813200300020000200192&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>193. Edwards N, Kornacki MJ, Silversin J. Unhappy doctors: what are the causes and what can be done ?. BMJ. 2002, 324: 835-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777040&pid=S1575-1813200300020000200193&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>194. Pardell H. Sobre la recertificaci&oacute;n de los m&eacute;dicos en Espa&ntilde;a. Med Clin (Barc). 2000, 115: 261-3&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777041&pid=S1575-1813200300020000200194&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>195. Martin Zurro A. Evaluaci&oacute;n de la formaci&oacute;n posgraduada, certificaci&oacute;n y recertificaci&oacute;n de los m&eacute;dicos de familia en diferentes paises (Reino Unido, Estados Unidos, Canad&aacute;, Holanda, Australia y Espa&ntilde;a). Aten Primaria. 2002, 30: 46-56&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777042&pid=S1575-1813200300020000200195&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>196. Blay C, Descarrega R, Iruela A, Kronfly E, Barragan N, Serrallach S. Evaluaci&oacute;n de la competencia profesional de los m&eacute;dicos. Cuadernos de Gesti&oacute;n. 1997, 3: 68-75&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777043&pid=S1575-1813200300020000200196&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>197. Mart&iacute;nez Carretero JM, Blay C. Societats cient&iacute;fiques de l'ACMCB participen en l'avaluaci&oacute; de la compet&egrave;ncia cl&iacute;nica. L'Informatiu de l'ACMCB. Novembre 2000. 8-9&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777044&pid=S1575-1813200300020000200197&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>198. Ruiz E, Florensa E, Cots JM, Sellar&eacute;s J, Iruela A, Blay C, Morera R, Martinez Carretero JM. Primeras experiencias en evaluaci&oacute;n de la competencia cl&iacute;nica de los m&eacute;dicos de familia en Catalunya. Aten Primaria. 2001, 28: 105-9&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777045&pid=S1575-1813200300020000200198&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>199. Pardell H, Ramos A, Bruguera M. Experiencias pioneras de recertificaci&oacute;n. En: Pardell H, ed. Formaci&oacute;n m&eacute;dica continuada a debate. Barcelona. Ediciones Mayo, SA. 2001. 39-45&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777046&pid=S1575-1813200300020000200199&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>200. Cots JM, ed. Gu&iacute;a de formaci&oacute;n m&eacute;dica y competencia profesional en Atenci&oacute;n Primaria. Barcelona. semFYC. 2002&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777047&pid=S1575-1813200300020000200200&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>201. Henry III WA. In defense of elitism. New York, NY. Doubleday. 1994&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777048&pid=S1575-1813200300020000200201&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>202. Marquand D. Professionals and politics. Toward a new mentality. In: Broadbent J, Dietrich M, Roberts J, eds. The end of professions ?. The restructuring of professional work. London. Routledge. 1997. 140-147&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777049&pid=S1575-1813200300020000200202&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>203. Fox RC. Training for uncertainty. In: Merton RK, Reader GC, Kendal PL. The student physician. Cambridge, MA. Harvard University Press. 1957. 207-247&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777050&pid=S1575-1813200300020000200203&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>204. Brennan TA. The Institute of Medicine report on medical errors &#151;  Could it do harm ?. NEJM. 2000, 342: 1123-5&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777051&pid=S1575-1813200300020000200204&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>205. Alberti KGMM. Medical errors: a common problem. Its is time to get serious about them. BMJ. 2001, 322: 501-2&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777052&pid=S1575-1813200300020000200205&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>206. Kohn LT, Corrigan JM, Donaldson MS, eds. To err is human. Building a safer health system. Washington, DC. Institute of Medicine /National Academy Press. 1999&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777053&pid=S1575-1813200300020000200206&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>207. Leape LL. Error in medicine. JAMA. 1994, 272: 1851-67&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777054&pid=S1575-1813200300020000200207&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>208. Reason J. Human error: models and management. BMJ. 2000, 320: 768-70&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777055&pid=S1575-1813200300020000200208&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>209. Helmreich RL. On error management: lessons from aviation. BMJ. 2000, 320: 781-5&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777056&pid=S1575-1813200300020000200209&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>210. Bates DW, Gawande AA. Error in medicine: What have we learned ?. Ann Intern Med. 2000,132: 763-7&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777057&pid=S1575-1813200300020000200210&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>211. Blumenthal D. Making medical errors into "medical treasures". JAMA. 1994, 272: 1867-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777058&pid=S1575-1813200300020000200211&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>212. Vincent Ch. Risk, safety and the dark side of quality. BMJ. 1997, 314: 1775-6&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777059&pid=S1575-1813200300020000200212&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>213. Rosenthal MM. The incompetent doctor. Behind cloosed doors. Buckingham. Open University Press. 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777060&pid=S1575-1813200300020000200213&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>214. Scally G. Tackling deficient doctors. Mentoring and appraisal may stave off calls for reaccreditation. BMJ. 1997, 314: 1568&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777062&pid=S1575-1813200300020000200214&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>215. Scutchfield FD, Benjamin R. The role of the medical profession in physicians discipline. JAMA. 1998, 279: 1915-6&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777063&pid=S1575-1813200300020000200215&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>216. Dewar S, Finlayson B. Dealing with poor clinical performance: new proposals are ill throguh out and more about politics than policy. BMJ. 2001, 322: 66&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777064&pid=S1575-1813200300020000200216&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>217. Stelling JG, Bucher R. Professional cloning: the patterning of physicians. In: Shapiro EC, Lowenstein LM, eds. Becoming a physician. Cambridge, MA. Ballinger Publishing Co. 1979. 139-61&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777065&pid=S1575-1813200300020000200217&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>218. Crues SR, Crues RL. Professionalism must be taught. BMJ. 1997, 315: 1674-7&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777066&pid=S1575-1813200300020000200218&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>219. Crues RL, Crues SR. Teaching medicine as a profession in the service of healing. Acad Med. 1997, 72: 941-52&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777067&pid=S1575-1813200300020000200219&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>220. Hensel WA, Dickey NW. Teaching professionalism: Passing the torch. Acad Med. 1998, 73: 865-70&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777068&pid=S1575-1813200300020000200220&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>221. Whitcomb ME. Fostering and evaluating professionalism in medical education. Acad Med. 2002, 77: 473-4&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777069&pid=S1575-1813200300020000200221&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>222. Robins LS, Braddock CH, Fryer-Edwards KA. Using the American Board of Internal Medicine's "Elements of professionalism" for undergraduate ethics education. Acad Med. 2002, 77: 523-31&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777070&pid=S1575-1813200300020000200222&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>223. Cruess RL, Crues SR, Johnston SE. Professionalism: an ideal to be sustained. Lancet. 2000, 356: 156-9&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777071&pid=S1575-1813200300020000200223&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>224. CMA Policy Index. The future of medicine. CMAJ. 2000, 163: 757-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777072&pid=S1575-1813200300020000200224&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>225. Medical Professionalism Project. Medical professionalism in the new millenium: a physicians' charter. Lancet. 2002, 359: 520-22&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777073&pid=S1575-1813200300020000200225&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>226. Smith R. Medicine's core values. BMJ. 1994, 309: 1247-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777074&pid=S1575-1813200300020000200226&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>227. Emmanuel EJ, Dubler NN . Preserving the physician-patient relationship in the era of managed care. JAMA. 1995, 273: 323-9&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777075&pid=S1575-1813200300020000200227&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>228. Prather SE. The new health partners. Renewing the leadership of physician practice. San Francisco, CA. Jossey-Bass. 1999&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777076&pid=S1575-1813200300020000200228&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>229. Plseck PE, Greenhalgh T. The challenge of complexity in health care. BMJ. 2001, 323: 6258&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777077&pid=S1575-1813200300020000200229&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>230. De Bono E. Parallel thinking. London. Penguin Books. 1994&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777078&pid=S1575-1813200300020000200230&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>231. Whatmore J. Releasing creativity. London. Kogan Page Ltd. 1999&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777079&pid=S1575-1813200300020000200231&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>232. Moyniham T. To much medicine ?. Almost certainly. BMJ. 2002, 324: 859-60&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777080&pid=S1575-1813200300020000200232&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>233. Leibovici L, Lievre M. Medicalisation: peering from inside medicine. BMJ. 2002, 324: 866&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777081&pid=S1575-1813200300020000200233&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>234. Harvard Business Review on Leadership. Boston, MA. Harvard Business School Publishing Corporation. 1998&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777082&pid=S1575-1813200300020000200234&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>235. Lamm RD. Marginal medicine. JAMA. 1998, 280: 931-3&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777083&pid=S1575-1813200300020000200235&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>236. Lipovetsky G. El crep&uacute;sculo del deber. La &eacute;tica indolora de los nuevos tiempos democr&aacute;ticos. Barcelona. Anagrama. 2002&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777084&pid=S1575-1813200300020000200236&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>237. Halpern SD, Karlawish JHT, Berlin JA. The continuing unethical conduct of undeporwered clinical trials. JAMA. 2002, 288: 358-62&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777085&pid=S1575-1813200300020000200237&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>238. Moyniham R, Heath I, Henry D. Selling sickness: the pharmaceutical industry and disease mongering. BMJ. 2002, 324: 886-91&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777086&pid=S1575-1813200300020000200238&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>239. del Llano J, Mill&aacute;n J. &Eacute;tica y gesti&oacute;n sanitaria. Med Clin (Barc), 2002, 118: 337-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777087&pid=S1575-1813200300020000200239&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>240. Aubia J. Dilemes &eacute;tics i consentiment informat. Barcelona. 2002 (in&eacute;dito)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777088&pid=S1575-1813200300020000200240&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>241. MacIntyre A. After virtue. Notre Dame, IN. University of Notre Dame. 1984&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777089&pid=S1575-1813200300020000200241&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>242. Organ DW, Greene CN. The effects of formalization on professional involvement: a compensatory process approach. Adm Sci Quarterly. 1981, 26: 237-52&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777090&pid=S1575-1813200300020000200242&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>243. Feinstein AR. Clinical judgement. Huntington, NY. RE Krieger Publishing Co. 1967&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777091&pid=S1575-1813200300020000200243&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>244. Weinstein MC, Fineberg HV. Clinical decision analysis. Philadelphia, PA. WB Saunders Co. 1980&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777092&pid=S1575-1813200300020000200244&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>245. Pardell H, Marcillas J, Fuentes J. Criterios de selecci&oacute;n de un procedimiento diagn&oacute;stico. Med Clin (Barc). 1983, 80: 53-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777093&pid=S1575-1813200300020000200245&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>246. Solomon RJ. Clinical practice management. Gaithersburg, MD. Aspen Publishers, Inc. 1991&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777094&pid=S1575-1813200300020000200246&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>247. Marin I. ¿ Puede la gesti&oacute;n sanitaria tener fundamento cl&iacute;nico ?. Med Clin (Barc). 1995, 104: 381-6&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777095&pid=S1575-1813200300020000200247&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>248. Mallick R, Strosberg M, Lambrinos J, Groeger JS. The intensive care unit medical director as manager. Impact on performance. Med Care. 1995, 33: 611-24&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777096&pid=S1575-1813200300020000200248&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>249. Deal TE, Kennedy AA. Corporate cultures. Reading, MA. Addison Wesley. 1982&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777097&pid=S1575-1813200300020000200249&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>250. Mintzberg H. La estructura de las organizaciones. Barcelona. Ariel. 1984&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777098&pid=S1575-1813200300020000200250&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>251. Landau M. On the concept of self-correcting organization. Pub Adm Rev. 1969, 29: 346-58&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777099&pid=S1575-1813200300020000200251&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>252. Marquard M, Reynolds A. Global learning organization. Burr Ridge, Il. Richard D Irwing, Inc. 1994&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777100&pid=S1575-1813200300020000200252&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>253. Senge PM. The fifth discipline. The art &amp; practice of the learning organization. New York, NY. Currency Doubleday. 1994&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777101&pid=S1575-1813200300020000200253&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>254. Pearn M, Roderick C, Mulrooney C. Learning organizations in practice. London. McGraw-Hill Book Co. 1997&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777102&pid=S1575-1813200300020000200254&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>255. Pinchot G &amp; E. The end of bureaucracy &amp; the rise of intelligent organization. San Francisco, CA. Berrett-Koehler. 1993&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777103&pid=S1575-1813200300020000200255&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>256. Brooking A. El capital intelectual. El principal activo de las empresas del tercer milenio. Barcelona. Paid&oacute;s. 1997&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777104&pid=S1575-1813200300020000200256&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>257. Argyris C. Strategy, change and defensive rutines. Boston, MA. MA Pitman. 1995&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777105&pid=S1575-1813200300020000200257&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>258. Agor WH. El comportamiento intuitivo en la empresa. Barcelona. Paid&oacute;s. 1991&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777106&pid=S1575-1813200300020000200258&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>259. Plseck PE, Wilson T. Complexity, leadership and management in healthcare organizations. BMJ. 2001, 323: 746-9&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777107&pid=S1575-1813200300020000200259&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>260. Kanter RM. Beyond the cowboy and the corpocrat. In: Starkey K, ed. How organizations learn. London. ITP. 1996&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777108&pid=S1575-1813200300020000200260&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>261. Servicio de Responsabilidad Profesional del COMB. Protocolos y guias de pr&aacute;ctica cl&iacute;nica. Vol. 3 de "Praxis Cl&iacute;nica y Responsabilidad". Barcelona/Madrid. COMB/Diario M&eacute;dico. 2002&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777109&pid=S1575-1813200300020000200261&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>262. Haycox A, Bagust A, Walley T. Clinical guidelines: the hidden costs. BMJ. 1999, 318: 391-3&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777110&pid=S1575-1813200300020000200262&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>263. Pfeffer J, Sutton RI. The smart talk trap.In: Harvard Business Review on Organizational Learning. Boston, MA. Harvard Business School Publishing Corporation. 2001, 21-44&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777111&pid=S1575-1813200300020000200263&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>264. Argyris C. Good communication that blocks learning. In: Harvard Business Review on Organizational Learning. Boston, MA. Harvard Business School Publishing Corporation. 2001. 87-109&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777112&pid=S1575-1813200300020000200264&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>265. Page CH. Bureaucracy's other face. Social Forces. 1946, XXV: 88-94&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777113&pid=S1575-1813200300020000200265&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>266. Wenger EC, Snyder WM. Communities of practice. The organizational frontier. In: Harvar Business Review on Organizational Learning. Boston, MA. Harvard Business School Publishing Corporation. 2001. 1-20&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777114&pid=S1575-1813200300020000200266&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>267. Smith R, Graham A, Chantler C. Doctors becoming managers. BMJ. 1989, 298: 311&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777115&pid=S1575-1813200300020000200267&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>268. Hunter DJ. Doctors as managers: poachers turned gamekeepers ?. Soc Sci Med. 1992, 35: 557-66&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777116&pid=S1575-1813200300020000200268&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>269. Disken S, Dixon M, Halpern S, Shocket G. Models of clinical management. London. Institute of Health Services. 1990&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777117&pid=S1575-1813200300020000200269&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>270. Dowie J, Elstein A, eds. Professional judgement: A reader in clinical-decision making. Cambridge. Cambridge University Press. 1988&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777118&pid=S1575-1813200300020000200270&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>271. Muir R. Peers and bureaucrats. London. Constable. 1910&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777119&pid=S1575-1813200300020000200271&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>272. Lugon M, Secker-Walker J, eds. Advancing clinical gobernance. London. The Royal Society of Medicine Press Ltd. 2001&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777120&pid=S1575-1813200300020000200272&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>273. Wanless D. Securing the future health. Taking a long-term view. Final report. London. The Public Inquiry Unit, HM Treasury. 2002&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777121&pid=S1575-1813200300020000200273&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>274. Argyris C. Integrating individual and the organization. New Brunswick, NJ. Transaction Publishers. 2000&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777122&pid=S1575-1813200300020000200274&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>275. Pardell H, Bruguera M. ¿Formaci&oacute;n m&eacute;dica continuada o desarrollo profesional continuo del m&eacute;dico?. Educaci&oacute;n M&eacute;dica. 2002, 5: 90-5&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777123&pid=S1575-1813200300020000200275&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>276. Carnall D. Doctors and medical politics. Why don't they get involved ?. BMJ. 1995, 311: 1519-20&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777124&pid=S1575-1813200300020000200276&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>277. Morris I, Smith R. The future of medicine. Brighter than you might think. BMJ. 1994, 309: 1099-100&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777125&pid=S1575-1813200300020000200277&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>278. Treasure T. Redefining leadership in health care. Leadership is not the same as browbeating. BMJ. 2001, 323: 1263-4&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777126&pid=S1575-1813200300020000200278&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>279. Stehr N. The fragility of modern societies. Knowledge and risk in the information age. London. Sage. 2001&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777127&pid=S1575-1813200300020000200279&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>280. Beck U, Beck-Gernsheim E. Individualization. London. Sage. 2002&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777128&pid=S1575-1813200300020000200280&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>281. Fromm E. Escape from freedom. New York, NY. Holt Rinehart &amp; Winston. 1941&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777129&pid=S1575-1813200300020000200281&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>282. Crozier M. La societé bloquée. Paris. Editions du Seuil. 1970&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777130&pid=S1575-1813200300020000200282&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>283. Shenk D. Data smog. Surviving the information glut. New York, NY. Harper Collins Publishers. 1997&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777131&pid=S1575-1813200300020000200283&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>284. Postman N. Technopoly: The surrender of culture to technology. New York, NY. Vintage Books. 1993&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777132&pid=S1575-1813200300020000200284&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>285. Shapiro AL. El mundo en un clic. Barcelona. Grijalbo Mondadori. 2001&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777133&pid=S1575-1813200300020000200285&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>286. Giddens A. The consequences of modernity. Cambridge. Polity Press. 1990&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777134&pid=S1575-1813200300020000200286&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>287. Morlans M. El nou paradigma professional: entre l’autonomia i la responsabilitat. Servei d’Informació Col.legial del COMB. Novembre 2001-Gener 2002. 5-6&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777135&pid=S1575-1813200300020000200287&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>288. Johnson JN. Making self regulation credible. Through benchmarking, peer review, appraisal and management. BMJ. 1998, 316: 1847-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777136&pid=S1575-1813200300020000200288&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>289. Huntington J, Gillam S, Rosen R. Organisational development for clinical governance. BMJ. 2000, 321: 679-82&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777137&pid=S1575-1813200300020000200289&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>290. McColl A, Roland M. Knowledge and information for clinial governance. BMJ. 2000, 321: 871-4&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777138&pid=S1575-1813200300020000200290&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>291. Pardell H, Oriol-Bosch A, en nombre de la Comisión Permanente del Consejo Catalán de la Formación Médica Continuada. Sobre la acreditación de la formación médica continuada en España. Med Clin (Barc) (en prensa)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777139&pid=S1575-1813200300020000200291&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>292. de los Reyes M, Pérez JM, García P, Borrell F, Gracia D, para el Proyecto de Bioética para Clínicos del Instituto de Bioética de la Fundación de Ciencias de la Salud. Relaciones entre profesionales sanitarios. Med Clin (Barc). 2001, 117: 339-50&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777140&pid=S1575-1813200300020000200292&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>293.Grabham T. Divided we fall (yet again).The medical profession’s need to speak with one voice. BMJ. 1994, 309: 1100-1&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777141&pid=S1575-1813200300020000200293&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>294. Choudhry S, Brennan TA. Collective bargaining by physicians. Labor law, antitrust law, and organized medicine. NEJM. 2001, 345: 1141-4&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777142&pid=S1575-1813200300020000200294&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>295. American College of Physicians-American Society of Internal Medicine. Physicians and joint negotiation. Ann Intern Med. 2001, 134: 787-92&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777143&pid=S1575-1813200300020000200295&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>296. Hsia DC. Can joint negotiation restore physicians’ professional autonomy ?. Ann Intern Med. 2001, 134: 780-2&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777144&pid=S1575-1813200300020000200296&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>297. Johnson T. Governamentality and the institutionalization of expertise. In: Johnson T, Larkin G, Saks M, eds. Health professions and the state in Europe. London. Routledge. 1995. 258-279&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777145&pid=S1575-1813200300020000200297&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>298. Björkman JW.Politicizing medicine and medicalizing politics. In: Freddi G, Björkman JW, eds. Controlling medical professionals. The comparative politics of health governance. London. Sage. 1989. 28-73&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777146&pid=S1575-1813200300020000200298&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>299. Salter B. The politics of change in the health service. London. 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Juny-agost 2001. 7-9/Setembre-octubre 2001. 7-8&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777159&pid=S1575-1813200300020000200311&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>312. Wuthnow R, ed. Between states and markets: The voluntary sector in comparative perspective. Princeton, NJ. Princeton University Press. 1991&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1777160&pid=S1575-1813200300020000200312&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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