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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Evaluación y mejora de la actividad docente del profesorado universitario]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Oviedo  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p><font face="Arial" size="4"><i>PONENCIA IV. Evaluación del profesorado</i></font></p> <hr>     <p><font size="4">Moderador: Josep Carreras Barnés. Barcelona.</font></p>     <p><font size=5>Sábado 25 de octubre - 11.30 horas</font>    <br> <font size="4">Aula Pittaluga</font></p>      <p><font face="Arial" size="5"><b>Evaluaci&oacute;n y mejora de la actividad docente del profesorado universitario</b></font></p>     <p><font size="4">Mario de Miguel D&iacute;az.</font></p>     <p>Universidad de Oviedo</p>    <br>      <p><font face="Arial"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p>Todos los an&aacute;lisis que se realizan sobre la calidad de la ense&ntilde;anza universitaria tienden a resaltar el papel que juegan los recursos humanos dado que el prestigio de una instituci&oacute;n depende esencialmente de la calidad de su profesorado. Si se asume este supuesto parece l&oacute;gico que las instituciones universitarias establezcan entre los objetivos prioritarios de sus planificaciones estrat&eacute;gicas potenciar la calidad docente de sus profesores y, en consecuencia, definan las pol&iacute;ticas, acciones y estrategias, que  permitan alcanzar este objetivo. Esta es, al menos, la recomendaci&oacute;n que habitualmente se efect&uacute;a desde todos los organismos e informes que abordan el tema de la calidad en la ense&ntilde;anza superior.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, siempre que se plantea el tema de la calidad inevitablemente se asocia a la evaluaci&oacute;n. De hecho, esto es lo que viene sucediendo. De ah&iacute; que, independientemente del marco pol&iacute;tico o la filosof&iacute;a de la organizaci&oacute;n, los profesores universitarios siempre hayan estado sometidos a procedimientos de evaluaci&oacute;n m&aacute;s o menos formalizados. Lo que ha sucedido es que la mayor&iacute;a de los procedimientos puestos en pr&aacute;ctica por las universidades no han contribuido a potenciar y mejorar la funci&oacute;n docente del profesorado tal como cabr&iacute;a esperar. Este dato l&oacute;gicamente es preocupante ya que cuestiona tanto la adecuaci&oacute;n de los procedimientos utilizados como la credibilidad de las estrategias implementadas.</p>     <p>Dada esta situaci&oacute;n parece necesario revisar algunos de los planteamientos y supuestos que habitualmente se mantienen sobre este tema y avanzar determinados  criterios que consideramos  fundamentales a la hora de dise&ntilde;ar el modelo y los procedimientos a utilizar para la evaluaci&oacute;n del profesorado.</p>     <p>Abordaremos este an&aacute;lisis efectuando primero algunas consideraciones sobre los modelos y procedimientos implementados para la evaluaci&oacute;n del profesorado desde una perspectiva global y, posteriormente, sobre aquellos que se orientan espec&iacute;ficamente hacia la mejora de la funci&oacute;n docente, dada su pertinencia y oportunidad. Para ello vamos a resaltar de forma sint&eacute;tica las aportaciones o conclusiones m&aacute;s importantes que se derivan tanto de nuestra experiencia personal como de los estudios e investigaciones pertinentes ( Seldin 1995, 1999, Aylett y Gregory 1996, Gillespie, Hilsen y Wadsworth 2002). En otros t&eacute;rminos, vamos a recoger de forma esquem&aacute;tica lo que hemos aprendido sobre el tema durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os.</p>      <p><font face="Arial"><b>Consideraciones respecto a los modelos de evaluaci&oacute;n</b></font></p>     <p>Tomando como referencia una perspectiva global, una aproximaci&oacute;n metaevaluativa sobre los sistemas y procedimientos utilizados para la evaluaci&oacute;n del profesorado universitario permite formular las siguientes recomendaciones a tener en cuenta a la hora de  dise&ntilde;ar un modelo evaluativo:</p>     <p><i>1. Clarificar los prop&oacute;sitos de la evaluaci&oacute;n.</i></p>     <p>La cr&iacute;tica fundamental que se formula sobre la mayor&iacute;a de las estrategias evaluativas implementadas es la falta de clarificaci&oacute;n de los prop&oacute;sitos que las promueven. La mayor&iacute;a de las veces las instituciones establecen procesos evaluativos sin tener previamente definidos de forma clara los fines que se pretenden alcanzar y las consecuencias que dichos procesos van a generar para los sujetos y para la instituci&oacute;n. Precisamente porque lo importante son las consecuencias,  no es lo mismo planificar una evaluaci&oacute;n orientada a obtener informaci&oacute;n para mejorar el trabajo del profesor que para obtener datos fiables que apoyen la toma de decisiones respecto a su selecci&oacute;n, promoci&oacute;n o retribuci&oacute;n. La precisi&oacute;n de los objetivos a alcanzar y la toma de las decisiones pertinentes constituyen factores claves para lograr que los procedimientos de evaluaci&oacute;n del profesorado implementados en las universidades tengan utilidad y credibilidad.</p>     <p><i>2. Utilizar un modelo comprensivo sobre las  funciones y tareas.</i></p>     <p>Toda evaluaci&oacute;n exige un punto de referencia respecto al cual se emite un juicio. En nuestro caso, desde el punto de vista te&oacute;rico, no existe consenso sobre el concepto de "buen profesor" y, en consecuencia, tampoco existe acuerdo sobre los criterios que debemos utilizar para su evaluaci&oacute;n, m&aacute;xime cuando esta puede tener fines distintos.  De ah&iacute; la necesidad de utilizar un modelo comprensivo sobre la actividad del profesorado que incluya todas las funciones (docencia, investigaci&oacute;n, gesti&oacute;n y servicios), as&iacute; como las distintas tareas a realizar en cada una de estas funciones, y  que  pueda ser utilizado como marco de referencia global para establecer un sistema de evaluaci&oacute;n. Una vez establecido y consensuado este marco, procede su adaptaci&oacute;n y ponderaci&oacute;n a cada situaci&oacute;n concreta con el fin de lograr mayor ajuste del modelo a los prop&oacute;sitos y las caracter&iacute;sticas  de cada evaluaci&oacute;n espec&iacute;fica (Arreola, 2000).</p>     <p><i>3. Adaptar los modelos a las condiciones personales y profesionales.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Uno de los errores comunes  de la mayor&iacute;a de las estrategias evaluativas utilizadas ha sido  la aplicaci&oacute;n del mismo modelo y procedimientos para todo el profesorado sin tener en cuenta sus condiciones personales y profesionales. F&aacute;cilmente se puede captar que las motivaciones y los &aacute;mbitos de trabajo y desarrollo son muy distintos en funci&oacute;n de la edad y condiciones sociolaborales del profesorado. Las expectativas y posibilidades de mejora de un profesor ayudante que comienza su ejercicio profesional son muy distintas de las que puede esperar de un sistema de evaluaci&oacute;n  un profesor con a&ntilde;os de experiencia. Por ello, aunque el marco de referencia pueda ser el mismo, tanto los elementos a valorar y su ponderaci&oacute;n, como los procedimientos a utilizar para evaluar a unos y otros,  no pueden ser los mismos ya que las situaciones y &aacute;mbitos de desarrollo  cambian seg&uacute;n las distintas  etapas de la carrera profesional de un profesor.</p>     <p><i>4. Contextualizar la evaluaci&oacute;n  a las metas y programas de la instituci&oacute;n.</i></p>     <p>A la hora de establecer una estrategia evaluativa, adem&aacute;s de las condiciones personales, tampoco podemos olvidar que el profesor trabaja para una organizaci&oacute;n que tiene - o debe tener - unas metas espec&iacute;ficas  y unos programas definidos respecto al trabajo a desarrollar por el personal seg&uacute;n su tipolog&iacute;a. De ah&iacute; que la evaluaci&oacute;n, en sentido estricto, pueda ser considerada como un proceso de observaci&oacute;n sistem&aacute;tica para determinar el grado en el que el profesor desempe&ntilde;a sus tareas de acuerdo con los fines y necesidades de la instituci&oacute;n, lo que implica necesariamente una contextualizaci&oacute;n de los modelos y procedimientos a utilizar. Otra cosa distinta es que la mayor&iacute;a de las veces las instituciones no tengan metas y criterios  establecidos al respecto.</p>     <p><i>5. Utilizar m&uacute;ltiples y diversos procedimientos para recoger informaci&oacute;n.</i></p>     <p>Todos los sistemas de evaluaci&oacute;n exigen  poner en marcha procedimientos para recabar informaci&oacute;n. Hasta el momento, las pr&aacute;cticas evaluativas utilizada en nuestras instituciones han sido muy reduccionistas ya que se han limitado mayoritariamente a la recogida de la opini&oacute;n de los alumnos sobre la actuaci&oacute;n del profesor en el aula mediante cuestionarios. L&oacute;gicamente ni todas las tareas del profesor se limitan a su actividad en el aula ni todas las fuentes de informaci&oacute;n sobre el profesor se pueden reducir a una simple encuesta. Precisamente porque las funciones y tareas a desempe&ntilde;ar son diversas, e igualmente son muchos los implicados en cada una de ellas, no procede utilizar un &uacute;nico procedimiento para recoger informaci&oacute;n. Al contrario, la calidad de una estrategia evaluativa depende de la variedad y adecuaci&oacute;n de las fuentes, agentes, procedimientos e instrumentos  utilizados.</p>     <p><i>6. Orientar los procedimientos hacia la mejora de la pr&aacute;ctica educativa.</i></p>     <p>Nadie cuestiona que la evaluaci&oacute;n del profesorado exige poner en pr&aacute;ctica procesos con fines sumativos y formativos. Ambas finalidades no s&oacute;lo no se excluyen sino que se necesitan m&uacute;tuamente. Ahora bien, en tanto que persiguen prop&oacute;sitos diferentes requieren tambi&eacute;n estrategias metodol&oacute;gicas distintas. De ah&iacute; que no "todo vale" cuando  el objetivo del proceso evaluativo sea de car&aacute;cter formativo dado que es necesario que la estrategia utilizada ofrezca al profesor evidencias que le lleven a percibir cu&aacute;les son sus "buenas y malas pr&aacute;cticas". Por ello deberemos seleccionar preferentemente aquellos procedimientos e instrumentos de evaluaci&oacute;n que son m&aacute;s id&oacute;neos para que el profesor pueda darse cuenta de sus fortalezas y debilidades en cada una de las funciones y tareas que conlleva su actividad profesional - tanto en el &aacute;mbito personal como en el institucional - y pueda planificar estrategias de acci&oacute;n en aquellos campos o aspectos hacia los que debe dirigir sus esfuerzos para mejorar.</p>     <p>Aunque todas las conclusiones comentadas anteriormente son importantes, la &uacute;ltima ha sido la que ha generado mayor inter&eacute;s y atenci&oacute;n para quienes se ocupan del dise&ntilde;o y aplicaci&oacute;n de metodolog&iacute;as para la evaluaci&oacute;n del profesorado. Actualmente, existe un cierto consenso entre los expertos que la adecuaci&oacute;n y utilidad de cualquier procedimiento que se utilice al respecto depende de su potencialidad para generar cambios en la actividad del profesor que incidan claramente en la mejora y que esta mejora sea claramente perceptible por las audiencias implicadas. As&iacute; pues, el indicador m&aacute;s directo sobre la idoneidad de un m&eacute;todo evaluativo viene determinado por su potencial para generar mejoras inmediatas (See Murray, 1997).</p>     <p>Por ello, aunque se pueden planificar sistemas de evaluaci&oacute;n que respondan  a otros prop&oacute;sitos, desde un punto de vista estrat&eacute;gico resulta prioritario enfocar todo proceso con fines formativos con el fin de que se pueda percibir la utilidad de esta herramienta para la mejora de la actividad profesional del profesorado. L&oacute;gicamente, las tareas y actividades en las que los cambios y las mejoras son m&aacute;s necesarios y pueden, a su vez,  ser percibidos  de forma inmediata son los relativos a la funci&oacute;n docente. De ah&iacute; que la finalidad esencial de todo sistema de evaluaci&oacute;n deba orientarse preferentemente a ayudar a que el profesor descubra c&oacute;mo puede mejorar su pr&aacute;ctica docente; en definitiva, c&oacute;mo puede  mejorar la calidad de la ense&ntilde;anza. En la medida que esta finalidad sea percibida ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil su utilizaci&oacute;n con otros fines.</p>      <p><font face="Arial"><b>La evaluaci&oacute;n como mejora de la pr&aacute;ctica docente</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las consideraciones efectuadas anteriormente respecto a los supuestos que deben orientar los modelos y procedimientos  para la evaluaci&oacute;n del profesorado son igualmente pertinentes pero no suficientes cuando el objetivo es la mejora de la funci&oacute;n docente. A la vista de las experiencias  realizadas al efecto, la escasa operatividad de los procesos evaluativos para generar cambios radica en la forma de enfocar y organizar el propio proceso de evaluaci&oacute;n. Desde una perspectiva  t&eacute;cnica  no es lo mismo una "evaluaci&oacute;n de la mejora", que una "evaluaci&oacute;n para la mejora"  &oacute; una "evaluaci&oacute;n como mejora". Cada uno de estos determinantes no s&oacute;lo alude a finalidades y enfoques distintos  sino que tambi&eacute;n implica modelos y procedimientos diferentes que deben ser clarificados.</p>     <p>Una evaluaci&oacute;n "de" centra su atenci&oacute;n primordialmente sobre el objeto a evaluar tratando de  estimar en qu&eacute;  medida sus caracter&iacute;sticas y condiciones se ajustan  a unos objetivos o  perfiles previamente definidos que se utilizan como criterio de referencia. Constituye, por tanto, un enfoque centrado sobre los resultados. La evaluaci&oacute;n del profesor constituye un proceso de interpretaci&oacute;n de evidencias de acuerdo con unos criterios para determinar el grado en el que el  docente desempe&ntilde;a su actividad de forma competente. De ah&iacute; que  el criterio de competencia (<i>teacher/faculty effectiveness</i>) constituya uno de los criterios que con mayor frecuencia ha sido utilizado para evaluar el profesorado y se puede definir como la "eficacia que demuestra en el logro de los objetivos que son propios del trabajo universitario" (Elton, 1996).</p>     <p>El segundo determinante - evaluaci&oacute;n "para" - pone un &eacute;nfasis especial sobre la finalidad del proceso. Lo importante en este caso es enfocar el proceso evaluativo de forma que sea &uacute;til para promover mejoras sobre la actividad docente del profesor. En estos casos  la evaluaci&oacute;n constituye un proceso orientado a que el profesor detecte cuales son sus fortalezas y debilidades relacionadas como docente y, en consecuencia, determine las &aacute;reas o aspectos en los que debe mejorar. L&oacute;gicamente este tipo de evaluaci&oacute;n se centra m&aacute;s en procesos que en resultados y exige necesariamente la participaci&oacute;n activa del propio profesor en el proceso evaluativo ya que dif&iacute;cilmente se pueden promover mejoras que previamente no hayan sido asumidas por quienes deben llevarlas a cabo. Se tratar&iacute;a, por tanto, de una evaluaci&oacute;n orientada a potenciar el desarrollo profesional del profesor (De Miguel, 1998).</p>     <p>El tercer tipo de enfoque -  la evaluaci&oacute;n "como" mejora - es el m&aacute;s complejo y menos utilizado. De forma simplificada se podr&iacute;a resumir diciendo que toda evaluaci&oacute;n, en la medida que implique una toma de conciencia personal sobre la forma de llevar a cabo de la pr&aacute;ctica docente, conlleva impl&iacute;citamente un proceso de formaci&oacute;n y, en consecuencia, de mejora. Para que esto pueda suceder, el sistema y los procedimientos de evaluaci&oacute;n a utilizar deben estar planificados y organizados teniendo en cuenta dos condiciones fundamentales. De una parte, deben dise&ntilde;arse tomando como punto de referencia la propia realidad del profesor - su formaci&oacute;n, &aacute;mbitos de trabajo, etapa profesional, carga docente, etc.- a fin de lograr el mayor ajuste posible entre el marco evaluativo y los factores que condicionan su pr&aacute;ctica docente. De otra, deben planificarse utilizando procedimientos e instrumentos que permitan que sea el  propio profesor quien recoge las evidencias, formula los juicios y detecta las &aacute;reas de mejora. Estas dos exigencias son b&aacute;sicas para que la evaluaci&oacute;n constituya un  proceso de autorregulaci&oacute;n que le permita al profesor evaluar su trabajo y mejorar sus estrategias docentes. Si una evaluaci&oacute;n no contribuye a la formaci&oacute;n y autorregulaci&oacute;n del profesor como docente es que algo ha fallado en su dise&ntilde;o o aplicaci&oacute;n.</p>     <p> Tomando en consideraci&oacute;n estas tres alternativas f&aacute;cilmente se puede entender que, desde la perspectiva de la mejora, el tercer enfoque - la evaluaci&oacute;n como  herramienta para la autorregulaci&oacute;n - constituye un modelo que potencia tanto la autorreflexi&oacute;n  del profesorado sobre su pr&aacute;ctica docente como  el aseguramiento de la calidad de las ense&ntilde;anzas que imparte. Ambos prop&oacute;sitos constituyen los objetivos esenciales que definen un sistema de evaluaci&oacute;n como mejora.</p>     <p> <font face="Arial"><b>Estrategias orientadas hacia la autorregulaci&oacute;n.</b></font></p>     <p> Situados en esta perspectiva, parece l&oacute;gico que sistemas de evaluaci&oacute;n deban estar orientados preferentemente  a promover la autorreflexi&oacute;n y la autorregulaci&oacute;n del profesor sobre la forma de llevar a cabo su  funci&oacute;n docente. El problema radica en c&oacute;mo deben planificarse para que las estrategias y los procedimientos utilizados  generen este tipo de consecuencias. La experiencia nos dice que no es suficiente tener en cuenta el tipo de consideraciones que se pueden efectuar con car&aacute;cter general sobre los modelos de evaluaci&oacute;n sino que tambi&eacute;n es necesario atender a otro tipo de principios y  supuestos que condicionan la planificaci&oacute;n y puesta en marcha de procesos de innovaci&oacute;n y cambio relacionados con la pr&aacute;ctica acci&oacute;n docente. La "evaluaci&oacute;n como mejora de la pr&aacute;ctica docente" tiene tambi&eacute;n sus propias reglas y criterios que deberemos tener presentes a la hora de establecer un procedimiento con esta finalidad.</p>     <p>Tomando como referencia la experiencia acumulada durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os respecto a este tipo de evaluaci&oacute;n  podemos apuntar, igualmente, algunas consideraciones o recomendaciones sobre los criterios a tener en cuenta en la planificaci&oacute;n de un sistema evaluativo orientado hacia  esta finalidad:</p>     <p><i>1. Evaluaci&oacute;n vinculada a la formaci&oacute;n.-</i></p>     <p>No tiene sentido establecer un sistema  de evaluaci&oacute;n al margen de la formaci&oacute;n que ha recibido el profesor para el ejercicio de su funci&oacute;n docente.  Aunque en un sentido estricto consideramos que cada profesor es responsable de su cualificaci&oacute;n profesional no es menos cierto que la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica de la funci&oacute;n docente que desempe&ntilde;a est&aacute; condicionada por sus cualidades y  experiencias personales y, sobre todo, por la  formaci&oacute;n que ha recibido con este fin. Parece l&oacute;gico, por tanto, que vinculemos formaci&oacute;n a los aspectos y tareas susceptibles de mejora detectados a trav&eacute;s de la evaluaci&oacute;n ya que, de lo contrario, estaremos exigiendo al profesor un nivel de desempe&ntilde;o de ciertas funciones y  tareas para las cuales no le hemos facilitado la formaci&oacute;n necesaria. Ello exige replantear con urgencia  las pol&iacute;ticas y programas sobre la formaci&oacute;n pedag&oacute;gica del profesorado universitario  a largo de su carrera profesional, tal como hemos hecho constar en otro trabajo reciente (De Miguel, 2003).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>2. Planificar las estrategias adaptadas a cada  contexto acad&eacute;mico.</i></p>     <p>El trabajo del profesor se lleva a cabo dentro de un contexto acad&eacute;mico y social concreto que tiene sus propias necesidades y reglas de juego. No se puede planificar la evaluaci&oacute;n y promover la mejora del trabajo docente al margen de los objetivos, actividades y normas acad&eacute;micas de la titulaci&oacute;n, centro y departamento donde el profesor presta sus servicios del contexto inmediato. S&oacute;lo en la medida que  las estrategias evaluativas utilizadas se planifiquen teniendo en cuenta la situaci&oacute;n de cada contexto acad&eacute;mico especifico percibiremos con mayor claridad la pertinencia y oportunidad de promover mejoras - incremento de la colegialidad, intensificaci&oacute;n de la coordinaci&oacute;n docente, promover el trabajo en equipo, etc. - que apuntan hacia tareas que  debe desempe&ntilde;ar el profesor en tanto que miembro del colectivo de docentes que tienen a su cargo las ense&ntilde;anzas de una titulaci&oacute;n espec&iacute;fica y de unos alumnos concretos. No se puede entender el desarrollo profesional del profesorado al margen del progreso acad&eacute;mico del alumno y desarrollo de la propia instituci&oacute;n (Gillespie, Hilsen y Wadsworth, 2002).</p>     <p><i>3. Evaluaci&oacute;n centrada sobre la metodolog&iacute;a de ense&ntilde;anza.</i></p>     <p>L&oacute;gicamente la evaluaci&oacute;n y la mejora docente cobra mayor relevancia y sentido en la medida que se adapta a la forma peculiar que tiene cada profesor de ense&ntilde;ar. De que las estrategias evaluativas sean consideradas m&aacute;s &uacute;tiles en la medida que le ayuden al profesor a detectar las fortalezas y las debilidades de su propia pr&aacute;ctica. Ahora bien, para que esto sea posible, los procedimientos de evaluaci&oacute;n deben tomar como marco de referencia los m&eacute;todos espec&iacute;ficos  y las estrategias did&aacute;cticas concretas que el profesor utiliza para ense&ntilde;ar y orientar a sus alumnos. No se puede evaluar de la misma forma a un profesor que utiliza una metodolog&iacute;a centrada en lecciones magistrales que a otro cuya docencia se lleva a cabo a trav&eacute;s de la realizaci&oacute;n de proyectos. Solo cuando nos adaptamos a la metodolog&iacute;a utilizada por cada profesor podemos esperar que la evaluaci&oacute;n tenga efectos directos sobre la mejora (Brown y Atkins, 1993).</p>     <p><i>4. Utilizar procedimientos de recogida de informaci&oacute;n personalizados.</i></p>     <p>Precisamente porque la evaluaci&oacute;n debe adaptarse a las caracter&iacute;sticas contextuales y personales que inciden sobre la forma de ejercer cada profesor su funci&oacute;n docente, el dise&ntilde;o de los procedimientos y los instrumentos para la recogida de informaci&oacute;n debe tener en cuenta la metodolog&iacute;a espec&iacute;fica que utiliza el profesor a fin de que se pueda percibir la coherencia que debe existir en toda evaluaci&oacute;n entre las evidencias, los juicios y las &aacute;reas de mejora. De ah&iacute; que, cuando la evaluaci&oacute;n se orienta a la mejora de la funci&oacute;n docente, adquieran una gran importancia estrategias en las que la recogida de informaci&oacute;n se lleva  a cabo de forma personalizada y, preferentemente, por  el propio profesor ya que es &eacute;l quien puede aportar muchas evidencias sobre la calidad de sus actuaciones. Entre estos procedimientos cabe destacar, de forma especial, el uso del portafolio &oacute; carpeta docente.</p>     <p><i>5. Estrategias que potencien la autoevaluaci&oacute;n.</i></p>     <p>Cuando nos situamos dentro de una perspectiva formativa, lo verdaderamente importante de una estrategia evaluativa es que ayude al profesor a detectar sus fallos y a percibir hacia qu&eacute; aspectos debe dirigir sus esfuerzos para mejorar su actividad docente. Ahora bien, este proceso de valoraci&oacute;n de las fortalezas y debilidades (las buenas y las malas pr&aacute;cticas), aunque se puede inducir desde el exterior, no cobra pleno sentido mientras no sea una toma de conciencia personal. Por ello, la idoneidad de una estrategia evaluativa depende de su utilidad para que el profesor descubra de forma inmediata  qu&eacute; aspectos de su pr&aacute;ctica educativa son  valorados positivamente  y en qu&eacute; otros aspectos necesita mejorar. Cuando se asume que la autoevaluaci&oacute;n constituye el factor que tiene mayor incidencia sobre la mejora, l&oacute;gicamente las estrategias evaluativas m&aacute;s id&oacute;neas son aquellas que persiguen esta finalidad. De ah&iacute; la utilidad de los procedimientos de autoevaluaci&oacute;n  y, especialmente, de la revisi&oacute;n por colegas (<i>peer review</i>).</p>     <p>Aunque todas las estrategias se&ntilde;aladas pueden contribuir de forma decisiva que potenciar la funci&oacute;n de la evaluaci&oacute;n como mejora de la pr&aacute;ctica docente, con todo, en ocasiones, no basta  que el profesor descubra las debilidades de su trabajo. La puesta en marcha de estrategias y acciones de mejora, adem&aacute;s de la voluntad e inter&eacute;s del profesor, exige una serie de condiciones y apoyos contextuales que no siempre se dan en las instituciones universitarias. Lamentablemente son pocas las instituciones que tienen una pol&iacute;tica definida de apoyo la innovaci&oacute;n y mejora de la actividad docente. Posiblemente porque hasta la fecha, salvo contadas excepciones, los m&eacute;ritos docentes no han sido utilizados como criterio de promoci&oacute;n. L&oacute;gicamente, para que el profesor preste m&aacute;s atenci&oacute;n y dedicaci&oacute;n a la mejora de su funci&oacute;n docente, es preciso que las instituciones consideren este objetivo como uno de los criterios esenciales que determinan su cualificaci&oacute;n y promoci&oacute;n. Mientras que esto no sea as&iacute; la mejora de la funci&oacute;n docente siempre estar&aacute; condicionada al criterio del profesor y los refuerzos que le ofrece el contexto inmediato donde desempe&ntilde;a su tarea.</p>      <p><b><font face="Arial">Accountability vs. Mejora.</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque hemos enfocado nuestro an&aacute;lisis sobre la evaluaci&oacute;n del profesorado desde la perspectiva de la mejora, no cabe duda que el momento presente estamos en una etapa de accountability. Ciertamente, las instituciones de ense&ntilde;anza superior siempre han estado sometidas a procedimientos de evaluaci&oacute;n pero actualmente hay una mayor presi&oacute;n para que las organizaciones sociales implementen procesos orientados tanto a la  rendici&oacute;n de cuentas como al incremento de la calidad de las prestaciones que ofrecen a la sociedad. De alguna forma la transparencia y  la informaci&oacute;n a los ciudadanos, as&iacute; como el aseguramiento y la  garant&iacute;a de calidad, constituyen criterios fundamentales  a considerar en la evaluaci&oacute;n de todas las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.</p>     <p>L&oacute;gicamente esta finalidad tambi&eacute;n enmarca las actuales propuestas evaluativas sobre el profesorado universitario como un segmento m&aacute;s de la cadena de elementos que configuran el sistema educativo actual ( Pearlman y Tannenbaun, 2003). As&iacute;, la reciente Ley de Ordenaci&oacute;n Universitaria (LOU) establece de forma preceptiva la acreditaci&oacute;n y/o la habilitaci&oacute;n  como un requisito previo a la contrataci&oacute;n y acceso a las diferentes categor&iacute;as del profesorado, y la valoraci&oacute;n externa de los m&eacute;ritos a efectos de asignar los complementos retributivos pertinentes. Se considera que tanto la selecci&oacute;n del profesorado como su promoci&oacute;n y mejora salarial deben estar vinculados a procesos de evaluaci&oacute;n que justifiquen socialmente las decisiones tomadas. En definitiva, se trata de activar procedimientos que ofrezcan a la sociedad indicadores de "garant&iacute;a de calidad" (De Miguel, 2001).</p>     <p> El establecimiento de esta normativa ha vuelto a poner de actualidad todos problemas y controversias que habitualmente se formulan en torno a la evaluaci&oacute;n del profesorado. De una parte, constituye una orientaci&oacute;n te&oacute;rica y metodol&oacute;gica totalmente distinta al enfoque orientado hacia la mejora que ha dominado durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os. De otra, su implantaci&oacute;n con car&aacute;cter normativo ha reavivado la pol&eacute;mica en torno a los procesos de  acreditaci&oacute;n y la utilizaci&oacute;n de est&aacute;ndares sobre las competencias que debe dominar un titulado universitario que quiera dedicarse a la docencia en la ense&ntilde;anza superior. La situaci&oacute;n se complica a&uacute;n m&aacute;s cuando el organismo encargado de evaluar estas competencias y extender la oportuna acreditaci&oacute;n no ha generado la credibilidad necesaria dentro de la comunidad cient&iacute;fica.</p>     <p>De ah&iacute; que, a quienes nos ocupamos de estos temas, se nos presente a un reto interesante: la necesidad de planificar un sistema de evaluaci&oacute;n comprensivo que teniendo en cuenta los principios y supuestos que hemos comentado anteriormente pueda cubrir ambas finalidades: la rendici&oacute;n de cuentas y la mejora. Es decir, dise&ntilde;ar procedimientos que pueden ser utilizados con ambos prop&oacute;sitos (formativos y sumativos) y que, a su vez, se ajusten a la etapa de desarrollo profesional en la que se encuentra el profesor y las metas espec&iacute;ficas del contexto institucional donde presta sus servicios. Consideramos que hacia este objetivo deben dirigirse nuestros esfuerzos en el futuro si realmente queremos que la evaluaci&oacute;n constituya una herramienta para la formaci&oacute;n y la promoci&oacute;n del profesorado.</p>      <p><font face="Arial"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p>ARREOLA, R. (2000). Developing a Comprehensive Faculty Evaluation System. Bolton MA, Anker Pub.Co.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1780926&pid=S1575-1813200300030001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>AYLETT, R. y GREGORY, K. (1996). Evaluating Teacher Quality in Higher Education. London, Falmer Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1780928&pid=S1575-1813200300030001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>BROWN, G. Y ATKINS, M. (1993).Effective Teaching in Higher Education. London, Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1780930&pid=S1575-1813200300030001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>DE MIGUEL, M. (1998). "La evaluaci&oacute;n del profesorado universitario. Criterios y propuestas para mejorar la funci&oacute;n docente". Revista de Educaci&oacute;n, 315, p&aacute;g. 67-83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1780932&pid=S1575-1813200300030001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>DE MIGUEL, M. (2001)."Modelos acad&eacute;micos de evaluaci&oacute;n y mejora en la Ense&ntilde;anza Superior".  Revista de Investigaci&oacute;n Educativa, 19 (2), p&aacute;g. 397-407.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1780934&pid=S1575-1813200300030001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>DE MIGUEL, M. (2003) " Calidad  de la Ense&ntilde;anza y Formaci&oacute;n del Profesorado Universitario. Revista de Educaci&oacute;n, 330, (en prensa).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1780936&pid=S1575-1813200300030001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>ELTON, L.(1996)."Criteria for teaching Competence and Teaching Excellence in Higher Education". En AYLETT, R. y GREGORY, K. Ob. cit. p&aacute;g. 33-41.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1780938&pid=S1575-1813200300030001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>GILLESPIE, K., HILSEN, L. y WADSWORTH, E. (2002) A Guide to Faculty Development. Bolton MA, Anker.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1780940&pid=S1575-1813200300030001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>KELLAGAN, Th., STUFFLEBEAM, D. y WINGATE, L. (2003). International Handbook of Educational Evaluation. London, Kluwer Acd. Pu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1780942&pid=S1575-1813200300030001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>PEARLMAN, M. Y TANNENBAUN, R. (2003). " Teacher Evaluation in the Accountability Era". En KELLAGAN, Th., STUFFLEBEAM, D. y WINGATE, L.. International Handbook of Educational Evaluation. London, Kluwer Acd. Pu.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1780944&pid=S1575-1813200300030001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>SEE MURRAY, H.G. (1997). "Does evaluation of teaching lead to improvement of teaching?". International Journal for Academic Developement, 2 8-23.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1780946&pid=S1575-1813200300030001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>SELDIN, P.y ASSOCIATES. (1995). Improving College Teaching. Bolton MA, Anker.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1780948&pid=S1575-1813200300030001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>SELDIN, P.y ASSOCIATES.(1999). Changing Practices in Evaluating Teaching. Bolton MA, Anker&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1780950&pid=S1575-1813200300030001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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