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<institution><![CDATA[,Association for Medical Education in Europe (AMEE)  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <P>&nbsp;</P>    <P><font size="5" face="Arial"><b>Sistemas de evaluaci&oacute;n</b></font></P>    <P><font size="4">Margarita Bar&oacute;n Maldonado    <br> </font><i>Universidad de Alcal&aacute; de Henares. Presidenta Association for Medical Education in Europe (AMEE)</i></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>Se acepta que la profesi&oacute;n y la pr&aacute;ctica m&eacute;dicas sean frecuentemente calificadas como de &quot;alto riesgo&quot; por la propia naturaleza de su objetivo profesional: el cuidado y la promoci&oacute;n de la salud del ser humano. Parece evidente que una alta calidad de los profesionales se manifestar&aacute; en una pr&aacute;ctica m&eacute;dica excelente, lo cual mitigar&iacute;a el riesgo y la incertidumbre hasta los l&iacute;mites de lo aceptable. Esta calidad se busca a trav&eacute;s de un proceso de formaci&oacute;n extenso, riguroso, espec&iacute;fico y continuo que no termina sino con el cese del ejercicio profesional.</P>     <P>Sin embargo, no es suficiente dise&ntilde;ar programas y procesos de formaci&oacute;n excelentes, sino que es preciso demostrar que su aplicaci&oacute;n produce el impacto positivo que se desea. Es imprescindible pues, la evaluaci&oacute;n continua, rigurosa y espec&iacute;fica del profesional de la Medicina en sus distintas etapas de desarrollo: desde el profesional en proyecto como estudiante de la titulaci&oacute;n de Medicina en la Facultad, hasta el profesional en el ejercicio pleno de su pr&aacute;ctica m&eacute;dica, pasando por el residente en fase de especializaci&oacute;n.</P>     <P>Como <i> marco conceptual para la evaluaci&oacute;n</i> es preciso considerar lo siguiente:</P>     <P>a) la evaluaci&oacute;n forma parte intr&iacute;nseca del <i>curriculum</i>; b) el impacto retroactivo que los sistemas de evaluaci&oacute;n tienen sobre el aprendizaje o, lo que es lo mismo, los objetivos de aprendizaje, podr&aacute;n facilitarse aplicando un sistema de evaluaci&oacute;n coherente y consistente con ellos, o en caso contrario constituir&aacute;n un obst&aacute;culo; c)  el valor formativo de la evaluaci&oacute;n y el impacto positivo que la informaci&oacute;n transparente de los resultados de la evaluaci&oacute;n tiene sobre el aprendizaje; d) la valoraci&oacute;n de la operatividad de la evaluaci&oacute;n y... otros aspectos (<a href="/img/revistas/edu/v8s2/image221.gif" target="_blank">fig. 1</a> y <a href="/img/revistas/edu/v8s2/image222.gif" target="_blank">fig.2</a>).</P>      <P>Por lo tanto, los sistemas y la t&eacute;cnica de evaluaci&oacute;n deber&aacute;n seleccionarse en funci&oacute;n de los objetivos de aprendizaje, orientarlos a su consecuci&oacute;n y formar&aacute;n parte inseparable del dise&ntilde;o curricular y de las estrategias para el desarrollo personal de los profesionales. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>La selecci&oacute;n de un tipo u otro de evaluaci&oacute;n, ya sea sumativa o formativa, debe ser congruente con el objetivo de la evaluaci&oacute;n y capaz de medir los par&aacute;metros que desean valorarse. Es imprescindible pues, previamente al dise&ntilde;o de la prueba, tener en cuenta las caracter&iacute;siticas que deben presidir su selecci&oacute;n y dise&ntilde;o. Consecuentemente, la <i> selecci&oacute;n y el dise&ntilde;o</i> de la prueba debe basarse en determinadas caracter&iacute;sticas <SUP>1</SUP>: 1) Enfocada al ejercicio profesional espec&iacute;fico 2) Centrada en el prop&oacute;sito. 3) V&aacute;lida y reproducible. 4) Sus resultados deben poderse comparar con est&aacute;ndares determinados previamente y sus consecuencias deben haberse preestablecido con transparencia. 5) Ser aplicable (<a href="/img/revistas/edu/v8s2/image223.gif" target="_blank">fig. 3</a>). La complejidad de la ciencia m&eacute;dica y la de la formaci&oacute;n de sus profesionales es ampliamente conocida por todos los educadores y por ello la caracter&iacute;stica primera es fundamental y constituye el punto de partida de la selecci&oacute;n y dise&ntilde;o de la prueba; la evaluaci&oacute;n pretende determinar el valor de un individuo o poblaci&oacute;n como poseedor/a de un conjunto de conocimientos y capacidades que se corresponden con su nivel de desarrollo profesional, su orientaci&oacute;n espec&iacute;fica a una determinada pr&aacute;ctica m&eacute;dica, el &aacute;mbito en el que tiene lugar su actividad etc.; coherentemente pues, la prueba debe enfocarse espec&iacute;ficamente en la/s actividad/es concreta/s que ocurren en las circunstancias identificadas como definidoras de la misma.</P>      <P>Todav&iacute;a m&aacute;s, es necesario <i> categorizar los componentes del ejercicio profesional </i> que pueden ser evaluados y que relacionan las esferas cognitiva, emocional y de la conducta. Para unos, la categorizaci&oacute;n desagregada, cuyos componentes forman el todo a evaluar, est&aacute; constituida por los conocimientos, las habilidades y las actitudes. Miller, 1990, expresa en su muy conocida, afamada y citada pir&aacute;mide su categorizaci&oacute;n en cuatro estratos que constituyen los componentes a evaluar. La base amplia y extensa compuesta por los conocimientos, esfera cognitiva, que evolucionan hacia la esfera conductual mediante la superposici&oacute;n m&aacute;s sofisticada del manejo de los conocimientos: saber lo que se puede hacer con ellos, demostrar que se hace y hacer. Todo ello referido espec&iacute;ficamente al profesional de la ciencia m&eacute;dica y a su ejercicio. El concepto de Miller, ha resultado ser extraordinariamente productivo en cuanto que ha generado un buen n&uacute;mero de pruebas espec&iacute;ficas cuyo prop&oacute;sito se centra en evaluar los dos estratos superiores de su categorizaci&oacute;n, esto es, el demostrar que se sabe hacer y el hacerlo. Pocas veces un aporte conceptual ha tenido como consecuencia mayor aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica.</P>      <P>El nuevo paradigma del aprendizaje basado en <i> competencias de salida</i>, traducci&oacute;n libre de <i> outcomes-learning</i>, considera que el demostrar que se sabe hacer y el hacerlo son la expresi&oacute;n m&aacute;xima de la competencia del  profesional en su ejercicio en el nivel que corresponda. La planificaci&oacute;n curricular en este tipo de aprendizaje sigue un camino inverso al tradicional; comienza con la determinaci&oacute;n de las competencias de salida que ha de exhibir el graduado, el especialista o determinado profesional y termina en la evaluaci&oacute;n del mismo, (<a href="/img/revistas/edu/v8s2/image224.gif" target="_blank">fig. 4</a>) mediante instrumentos dise&ntilde;ados espec&iacute;ficamente para detectar que sabe hacer y hace determinadas pr&aacute;cticas utilizando y aplicando adecuadamente sus conocimientos. A este nivel pues, se est&aacute; evaluando e intentando cuantificar la conducta. Diversas instituciones acad&eacute;micas han establecido un listado de competencias de salida  acorde con el graduado, por ejemplo, que se proponen obtener. Gran aceptaci&oacute;n ha tenido el modelo dise&ntilde;ado por el Institute for International Medical Education (IIME)<SUP>2</SUP> que propone siete dominios amplios conteniendo cada uno de ellos una serie de competencias espec&iacute;ficas que deben ser evaluadas: en total 60. Este proyecto ya ha superado la fase de &quot;estudio piloto&quot; mediante el dise&ntilde;o de pruebas adecuadas e implementadas en determinadas Facultades  de diversos pa&iacute;ses. Otro modelo en fase de ejecuci&oacute;n corresponde al proyecto ideado por las Facultades de Medicina de Escocia y conocido con el nombre de el &quot;<i>Scottish doctor</i>&quot; <SUP>3</SUP> que se basa en una propuesta de Harden<SUP>4</SUP> de la ense&ntilde;anza basada en competencias de salidas. En general, las instituciones que se ocupan de la formaci&oacute;n de los m&eacute;dicos y de su desarrollo profesional proponen listados de competencias aparentemente diferentes por su denominaci&oacute;n; sin embargo todas ellas pueden incluirse dentro de una u otra dimensi&oacute;n amplia, o dominio, que se encuentran impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente en todos los listados.</P>      <P>Las pruebas orientadas a la evaluaci&oacute;n de competencias son de diversa naturaleza y, debido a la dificultad de la cuantificaci&oacute;n de la conducta, han sido sometidos a riguroso escrutinio e investigaci&oacute;n, habiendo dado lugar a una literatura cient&iacute;fica muy extensa. Su refinamiento y sofisticaci&oacute;n persigue eliminar el sesgo y la subjetividad como rasgos principales de la medici&oacute;n de conducta, por lo que su validez y reproducibilidad han sido objeto de estudio intenso. La determinaci&oacute;n de est&aacute;ndares previos, tarea de dificultad y complejidad enormes, pero necesaria, ha sido tambi&eacute;n exhaustivamente trabajada<SUP>5</SUP>. </P>     <P>Como pruebas de <i> evaluaci&oacute;n de competencias</i> se pueden citar desde la Prueba de Progreso al Portafolios, pasando por las Escalas Globales o la OSCE.  Cada una de ellas presenta caracteres diferenciales en cuanto a prop&oacute;sito de aplicaci&oacute;n, validez y fiabilidad<SUP>6</SUP>. Muy utilizada en el momento actual es la OSCE, &quot;<i>Objective Structured Clinical Examination</i>&quot;  propuesta por Harden y Gleeson en 1979. La elaboraci&oacute;n en su dise&ntilde;o y forma de aplicaci&oacute;n, representa lo m&aacute;s cercano a la verdadera y fiable valoraci&oacute;n de los estratos superiores de la pir&aacute;mide de  Miller. Este instrumento ser&aacute; ampliamente tratado en el cap&iacute;tulo siguiente.</P>      <P><b><font face="Arial">BIBLIOGRAF&Iacute;A</font></b></P>      <P>1. Crossley J, Humphris G &amp; Jolly B. Assessing health professionals. Medical Education 2002; 36:800-804.</P>     <P>2. Core Committee Institute for International Medical Education. Global minimum essential requirements in medical education. Medical Teacher 2002; 24:130-135.</P>     <P>3. Simpson JC, Furnace J, Crosby J et al. 2002. The scottish doctor –learning outcomes for the medical undergraduate in Scotland: a foundation for competent and reflective practitioners. Medical Teacher. 2002; 24: 136-143.</P>     <P>4. Harden RM, Crosby JR, Davis MH &amp; Friedman M. AMEE guide Nº1:Outcome-based education: Part-From competency to meta-competency: a model for the specification of learning outcomes. Medical Teacher 1999; 21:546-552.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P>5. Norcini  JJ. Setting standards on education tests. Medical Education 2003; 37:464-469.</P>     <P>6. Friedman Ben-david M. Principles of Assessment. In: A Practical Guide for Medical Teachers. John A. Dent &amp; Ronald M. Harden eds. Elsevier Churchill Livingstone, 2nd ed.  2005, pp. 282-292.</P>      ]]></body>
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