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<article-title xml:lang="es"><![CDATA["Ojo clínico" y evidencia científica]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Barcelona Facultad de Medicina ]]></institution>
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<institution><![CDATA[,Hospital Universitario de Bellvitge Servicio de Enfermedades Infecciosas ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><b><font face="Verdana" size="4">"Ojo clínico" y evidencia científica</font></b></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><b><font face="Verdana" size="2">Francisco Gudiol Munté</font></b></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Facultad de Medicina. Universidad de Barcelona. Jefe de Servicio de  Enfermedades Infecciosas Hospital Universitario de Bellvitge.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">Introducción</font></P> </B>     <P><font face="Verdana" size="2">En nuestra profesión, el ojo clínico puede definirse como el don que poseen  algunos médicos para realizar diagnósticos rápidos y certeros. Este término,  antaño popular, ha caído en desuso y en la actualidad se utiliza con mayor  frecuencia en ambientes no médicos, para resaltar la habilidad de anticipar  acontecimientos o de calibrar a simple vista aspectos ocultos de la naturaleza  humana.</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Por el contrario, el concepto evidencia científica es claramente actual.  Aplicado a la práctica de la medicina, no solo es actual, sino que además está  de moda. La medicina basada en la evidencia se define como la utilización  consciente, explícita y juiciosa de la mejor evidencia científica disponible  para tomar decisiones sobre el cuidado de pacientes individuales. El sentido  común indica que es mejor tener ojo clínico que estar poco dotado para orientar  con agilidad el diagnóstico de los pacientes. Sin embargo, esta cualidad ha sido  denostada con frecuencia (en general por profesionales alejados de la práctica  clínica), siendo equiparada a la arbitrariedad en la toma de decisiones. En este  sentido se ha afirmado que utilizar el ojo clínico tiende a deteriorar la  calidad de la atención médica, ejerciendo un efecto perjudicial sobre el crédito  profesional.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La medicina basada en la evidencia tiene también sus detractores (en general  profesionales alejados de la moderna tecnología) que la acusan de limitar la  libertad de actuación de los clínicos, de un exceso de rigidez y esquematismo y  de sometimiento al pensamiento dominante.</font> </P>     <P><font face="Verdana" size="2">Sin embargo, en opinión de muchos, los dos conceptos no deberían ser  antagónicos, sino complementarios.</font> </P>     <P>&nbsp; </P>     <P><B><font face="Verdana">La pericia clínica</font> </P></B>     <P><font face="Verdana" size="2">La práctica clínica es el proceso de la actuación médica relacionada con la  atención a la salud del paciente. Sus componentes son la información clínica  obtenida, las percepciones, los razonamientos, los juicios, los procedimientos  utilizados, las decisiones y las intervenciones que se aplican.</font> </P>     <P><font face="Verdana" size="2">El análisis inmediato de tal definición nos indica que nos hallamos ante un  fenómeno complejo, inexacto y difícilmente reproducible.</font> </P>     <P><font face="Verdana" size="2">Según los clásicos, la práctica de la medicina se fundamenta en la  combinación de la ciencia y el arte. Pocos dudan de la importancia de la  ciencia, pero el arte de la medicina es también una parte relevante de la  ecuación, si lo entendemos como una mezcla de conocimientos, intuición y buen  criterio, ingredientes necesarios para la correcta aplicación clínica de la  tecnología científica.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">En mi opinión, el término que mejor define el grado de capacidad de un médico  para el ejercicio profesional es el de pericia clínica, que los anglosajones  denominan "expertise". La pericia clínica (mucho mejor que ojo clínico) permite  al médico establecer un buen juicio clínico, entendido como un proceso de toma  de decisiones en ausencia de leyes o reglas explícitas. El poder deductivo  asociado a la pericia clínica no se fundamenta solo en los años de experiencia,  sino también en la observación y el estudio continuados, el rigor en la  obtención de datos y el sentido común.</font> </P>     <P><font face="Verdana" size="2">El procedimiento clínico abarca desde la primera entrevista con el paciente  hasta la decisión de un diagnóstico tentativo. Muchas enfermedades comparten  signos y síntomas; a su vez, muchas manifestaciones clínicas no necesariamente  representan enfermedad. La entrevista, el examen físico y los exámenes  complementarios reducen el enorme conjunto de posibilidades a un pequeño número  de diagnósticos diferenciales. Si lleváramos el proceso a un gráfico, la figura  podría parecerse a un embudo; a medida que el proceso diagnóstico avanza, el  universo cognoscitivo necesario se reduce. En el extremo más estrecho del embudo  es donde la aplicación de la informática (bases de datos, sistemas expertos)  pueden ser de mayor utilidad, pero la pericia clínica es fundamental para llegar  hasta él.</font> </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">La expresión máxima de la pericia clínica se sitúa en el último de los cinco  escalones del nivel de habilidades de Dreyfus (novel, principiante avanzado,  competente, diestro y experto), caracterizado por la captación intuitiva y  profunda de las situaciones, por la no utilización de reglas, normas ni guías,  por el inicio de procesos analíticos solo ante situaciones nuevas y por una  visión rápida de aquello que es posible.</font> </P>     <P>&nbsp; </P>     <P><B><font face="Verdana">La variabilidad de la práctica médica</font> </P></B>     <P><font face="Verdana" size="2">La práctica médica ha sido y sigue siendo heterogénea, no sólo porque como se  ha dicho repetidamente "no existen enfermedades sino enfermos" sino también  porque existe un alto grado de variabilidad en el nivel de pericia clínica entre  facultativos. Esta variabilidad, que afecta a todas las fases del razonamiento  clínico y de la toma de decisiones (<a href="#t1">Tabla 1</a>), se ha hecho más patente en el  transcurso de las últimas décadas. Los enormes avances en el campo de la  tecnología diagnóstica y en la prevención y tratamiento de las enfermedades han  hecho que sea imposible para cualquiera de nosotros mantenerse al día en el  conocimiento de tales avances, en su interpretación adecuada y en la  conveniencia de su aplicación a nuestros pacientes, utilizando los recursos  convencionales. Los conocimientos no pueden mantenerse actualizados mediante el  uso exclusivo de libros de texto, que pronto quedan obsoletos, y de artículos de  opinión escritos por expertos, a menudo de objetividad poco contrastada. La  enorme cantidad de información científica generada por la investigación  biomédica, en franca expansión, se halla a nuestro alcance a través de los  artículos publicados en las revistas médicas. Sin embargo, su cantidad es tan  enorme que su revisión continuada (incluso limitada a la propia especialidad)  desborda con mucho las posibilidades logísticas de un médico en ejercicio.  Asimismo, es obvio que la información científica que se publica es de muy  distinta calidad, por lo que su asimilación "acrítica" puede ser en ocasiones  más contraproducente que útil. El crecimiento exponencial de la literatura  médica combinado con el fácil acceso a la información gracias a los ordenadores  personales y a internet resulta en una avalancha de información que obliga al  médico responsable a utilizar recursos informáticos que le permitan identificar  la información verdaderamente relevante para su práctica diaria. En este  contexto, éste necesita un instrumento que le permita separar rápidamente el  heno de la paja, puesto que con el ritmo actual de realización de proyectos de  investigación y producción de ensayos clínicos la cuestión no es sólo mantenerse  informado sino también cuanta de la evidencia disponible es realmente útil y  cuanta se aplica realmente en el manejo diario de los pacientes.</font></P>     <P align="center"><font face="Verdana" size="2"><a name="t1"><IMG height=286 src="/img/revistas/edu/v9s1/image377.jpg" width=532></a></font></P>     <P align="center">&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana" size="2">En consecuencia, entre las distintas razones que pueden explicar la  variabilidad de la práctica médica (<a href="#t2">Tabla 2</a>), tanto a nivel individual como  poblacional o relacionadas con las características del sistema sanitario, las  diferencias en la cantidad y calidad de la evidencia científica utilizada por  los profesionales se consideran en la actualidad de gran importancia para  entender las diferencias existentes en la calidad asistencial prestada por los  médicos.</font> </P>     <P align="center"><font face="Verdana" size="2"><a name="t2"><IMG height=226 src="/img/revistas/edu/v9s1/image378.jpg" width=542></a></font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp; </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana"><b>La medicina basada en la evidencia</b></font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La aparición y posterior desarrollo de la medicina basada en la evidencia se  fundamenta en la creencia de que actualmente la información derivada de la  experiencia clínica y la intuición, aunque necesaria, puede ser insuficiente  para establecer decisiones adecuadas si no se basa en la información sólida  proporcionada por las observaciones sistemáticas. Para evaluar rigurosamente la  metodología con la que se han obtenido las pruebas científicas en las que se  sustentan las decisiones, es preciso conocer ciertas reglas y aplicar la  metodología pertinente. La medicina basada en la evidencia incorpora al arsenal  de conocimientos científicos y habilidades básicas para el desempeño de la  profesión médica, la destreza en el uso de una serie de conocimientos sencillos  de estadística, diseño de investigaciones y epidemiología clínica. Así pues, los  médicos deben adquirir la responsabilidad de evaluar de forma crítica e  independiente la credibilidad de las evidencias y de las opiniones  enunciadas.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La evidencia obtenida debe integrarse con la pericia clínica individual y las  expectativas, preferencias y deseos del paciente. El proceso de la medicina  basada en la evidencia puede resumirse en cinco puntos, que se enuncian en la  <a href="#t3">Tabla 3</a>. La actividad clínica genera interrogantes acerca de la etiología de una  determinada dolencia, la utilidad de una prueba diagnóstica, el pronóstico de la  enfermedad o los efectos de una posible terapia, lo que lleva al planteamiento  de una pregunta clínica, punto inicial del proceso. A continuación se realiza la  búsqueda bibliográfica correspondiente, evaluando posteriormente su validez y  aplicabilidad. La aplicación de la evidencia considerada debe realizarse siempre  a la luz del mejor juicio clínico. El punto final del proceso es la evaluación  clínica del resultado obtenido.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P align="center"><font face="Verdana" size="2"><a name="t3"><IMG height=298 src="/img/revistas/edu/v9s1/image379.jpg" width=560></a></font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><font face="Verdana" size="2">La práctica y aplicación de la medicina basada en la evidencia no son  sencillas. Es esencial formular con precisión y sentido clínico la pregunta  clínica que inicia el proceso, así como seleccionar los tipos de estudio más  adecuados en función de la pregunta, conociendo los grados de evidencia de cada  uno. Debemos asimismo saber buscar la información en las fuentes idóneas, ya  sean bases de datos con filtro de calidad o en revistas secundarias que nos  ofrecen información ya revisada y catalogada desde el punto de vista de la  evidencia a partir de artículos de metodología sólida.</font> </P>     <P><font face="Verdana" size="2">Finalmente, en la medida que la medicina basada en la evidencia se considere  un elemento clave de la práctica médica, sus fundamentos deberían aplicarse  también a la docencia de la medicina. De esta forma los estudiantes recibirían  probablemente una información más objetiva y homogénea y se graduarían  conociendo ya la importancia de la evidencia científica y estando familiarizados  con la forma de obtenerla. Sin embargo, aunque existe una fuerte corriente a  favor de la aplicación sistemática de esta metodología en las universidades, se  trata todavía de una realidad muy lejana.</font> </P>     <P>&nbsp; </P>     <P><B><font face="Verdana">Conclusiones</font> </P></B>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">1) El "ojo clínico" (que hemos bautizado como pericia clínica) y la evidencia  científica no son conceptos enfrentados sino complementarios</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">2) La pericia clínica es difícil de obtener y sus valores deberían  salvaguardarse</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">3) La práctica de la medicina basada en la evidencia requiere la integración  de la mejor evidencia científica, la pericia clínica individual y los valores de  los pacientes</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">4) La sistemática de trabajo propuesta por la medicina basada en la evidencia  debe ser adoptada como un elemento básico de la práctica médica</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">5) La metodología de la medicina basada en la evidencia debe aplicarse  también a la docencia de la medicina</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">Bibliografía</font></P> </B>     <P><font face="Verdana" size="2">1. Flyvbjerg B. Sustaining Non-rationalized Practices: Body-Mind, Power and  Situational Ethics: An Interview with Hubert and Stuard Dreyfus. Institute of  Development and Planing, University of Aalborg, 1992</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">2. Evidence-based medicine working group. Evidence-based medicine: a new  approach to teaching the practice of medicine. JAMA 1988; 259: 3.277-3.280</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">3. Sackett DL, Rosenberg WMC, Gray JA, Haynes RB, Richardson WS.  Evidence-based medicine: what itis and what it isn’t. BMJ 1996; 312: 71-72</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">4. Van Der Vleuten CPM, Dolmans DHJM and Scherpbier AJJA. The need for  evidence in education. Medical Teacher 2000; 22 (3): 246 –  250</font></P>     ]]></body>
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