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</front><body><![CDATA[ <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><b><font face="Verdana" size="4">Justificación antropológica de los valores médicos</font></b></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><b><font face="Verdana" size="2">José Ramón Ayllón Vega</font></b></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Filósofo y escritor</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">Justificaciones posibles</font></P> </B>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Los valores en general, y los valores médicos en particular, solo se pueden  fundamentar en la base y la raíz de las acciones humanas. Esta base y raíz es  precisamente la naturaleza humana.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Tal afirmación es casi de perogrullo, pero sucede que nuestra naturaleza,  siendo una realidad objetiva, es tan compleja que da origen a interpretaciones  subjetivas muy dispares.</font> </P>     <P><font face="Verdana" size="2">Nadie puede negar que somos animales racionales, habladores, libres,  sociales, sentimentales... Pero la interpretación de esos datos ciertos es  incierta, múltiple y contradictoria, pues da lugar al realismo de Aristóteles y  al idealismo de Platón, al racionalismo de Descartes y al irracionalismo de  Nietzsche, al positivismo de Comte y al vitalismo de Ortega, al existencialismo  de Sartre y al personalismo de Mounier...</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Por fortuna, en última instancia, todas las posibles lecturas de la  naturaleza humana se pueden reducir a dos, en directa correspondencia con las  dos formas últimas de entendernos a nosotros mismos: el materialismo y la  trascendencia.</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">Trascendencia y materialismo</font></P></B>     <P><font face="Verdana" size="2">El materialismo piensa que el ser humano es, como escribe Borges:</font><i><font face="Verdana" size="2">    <br> Uñas, carne, sudor, vísceras, dientes.</font></i><font face="Verdana" size="2">    <br> Y su destino, según leemos en otro célebre verso de Quevedo, es acabar</font><i><font face="Verdana" size="2">    <br> En tierra, en polvo, en humo, en sombra, en nada.</font></i></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">Muy al contrario, desde la apertura a la trascendencia se puede ve al hombre  como primo del mono, pero además y sobre todo, como criatura divina.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Ambas posibilidades fundamentan, de forma muy diferente, valores médicos  esenciales, entre los que destaco el respeto a la vida, la compasión y la  responsabilidad. Desde un pensamiento materialista, la última instancia fundante  de la práctica médica es la legislación. En cambio, para la trascendencia, las  leyes humanas deben reflejar, explicitar y respetar otras leyes más altas,  escritas en la Naturaleza por su propio Autor.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La diferencia entre ambas posiciones es la diferencia entre Antígona y  Creonte, entre Enrique VIII y Tomás Moro, entre Sophie Scholl y su interrogador  nazi, entre Gandhi y sus jueces británicos. Una diferencia que puede resumirse  en dos palabras, Leyes o conciencia, y que refleja una distinción de máxima  relevancia: las leyes cambian, la conciencia no.</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Esta visión no es relativa al etnocentrismo occidental, como a veces se oye,  sino a la condición humana en toda su extensión. Por eso, Confucio, padre de la  cultura oriental, piensa lo mismo que Occidente y lo expresa con esta magnífica  formulación: "Si no se respeta lo Sagrado, no hay nada sobre lo que podamos  edificar una conducta".</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Los dos fundamentos mencionados –el trascendente y el materialista- implican  dos formas muy diferentes de responsabilidad. La mera responsabilidad civil es  siempre limitada –intramundana-, y puede ser arbitraria. Frente a ella, Gandhi  resume su postura en estas palabras, dirigidas al juez: "Si existe un Dios por  encima de nosotros, los ingleses tendrán que responder ante Él de lo que han  hecho en la India".</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">La responsabilidad es, en cierto modo, el precio que hemos de pagar por  nuestros actos libres, la obligación de justificar nuestras acciones en la  medida en que afectan a los demás, en la medida en que "salpican".</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">Ser responsable significa tener que responder de algo ante alguien. Desde  Homero, ese alguien se escribe con mayúscula y está muy bien identificado. En la  Odisea -esa conquista cultural sin la cual no existiría el primer mundo- se nos  repite el deber de la hospitalidad, porque todos los huéspedes y mendigos son  protegidos de Zeus. Cuatro siglos más tarde, cuando el sofista Protágoras afirmó  que el hombre es la medida de todas las cosas, Sócrates y Platón puntualizaron  que el hombre está, a su vez, medido por Dios. De hecho, solo sentirse  responsable ante el Gran Testigo Invisible es lo que pone al ser humano en la  ineludible tesitura de colmar un sentido concreto y personal para su vida, y de  ver que su existencia tiene un valor absoluto e incondicionado.</font> </P>     <P><font face="Verdana" size="2">En esta misma línea, tal vez la reflexión más famosa sobre la responsabilidad  última del hombre la escribe Shakespeare. Se trata del soliloquio en el que  Hamlet rechaza la posibilidad del suicidio -ser o no ser- "por el temor de un  algo después de la muerte, esa ignorada región cuyos confines no vuelve a  traspasar viajero alguno. Temor que confunde nuestra voluntad y nos impulsa a  soportar aquellos males que nos afligen, antes que lanzarnos a otros que  desconocemos".</font></P>     <P>&nbsp;</P>     <P><B><font face="Verdana">¿Es posible un acuerdo?</font></P></B>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><font face="Verdana" size="2">¿Puede haber acuerdo entre trascendencia y materialismo? ¿Pueden coincidir  ambas argumentaciones? Veamos el caso concreto del respeto a la vida. Para gran  parte de la humanidad, dicho respeto deriva directamente del más escueto  mandamiento bíblico: No matarás. Pero la defensa de la vida humana no es  monopolio de la Biblia, pues se presenta a lo largo de la Historia como  exigencia estrictamente racional, natural. Desde su agnosticismo, Umberto Eco  expresaba así su opinión sobre el respeto al embrión humano:</font></P>     <blockquote>     <P><font face="Verdana" size="2">Tal vez estemos condenados a saber únicamente que tiene lugar un proceso cuyo  resultado final es el milagro del recién nacido, y que decidir hasta qué momento  se tiene derecho a intervenir en ese proceso, y a partir de cuál ya no es lícito  hacerlo, no puede ser ni aclarado ni discutido.</font></P> </blockquote>     <P><font face="Verdana" size="2">Norberto Bobbio, uno de los máximos representantes del laicismo italiano,  justificaba su oposición al aborto en estos términos: "No quiero dejar a los  católicos el privilegio de defender la vida".</font></P>     <P><font face="Verdana" size="2">El acuerdo entre materialismo y trascendencia es posible en teoría, pero es  muy difícil en la práctica. Para mostrarlo, volvamos a Grecia. Cuando Ulises  regresa de Troya a Ítaca -aquella isla "hermosa al atardecer"-, se presenta  disfrazado ante su porquero Eumeo, con aspecto de anciano harapiento. Eumeo no  le reconoce, pero se compadece y le acoge con hospitalidad. Ulises lo agradece  de veras, y el porquero le explica que no tiene importancia, que "no es santo  deshonrar a un extraño, ni aunque viniera uno más miserable que tú, pues todos  los forasteros y mendigos son de Zeus". Desde Homero, la referencia a la  Divinidad se ve como indispensable para dotar al hombre de inviolabilidad. La  Biblia, más explícita que Homero y Confucio, define al hombre como hijo de Dios,  y sabemos que cualquier otra definición rebaja peligrosamente su dignidad. Si  ser considerado hijo de Dios no siempre ha sido suficiente para proteger al  hombre, ser mero animal racional o animal social es dar demasiadas facilidades  para pisotearlo. Lo hemos comprobado más que nunca en el siglo XX, pues hemos  sido capaces de inventar la música de cámara y la cámara de  gas.</font></P>     ]]></body>
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