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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La medicina, una ciencia y un arte humanos]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana" size="2"><B>MESA 1. SABERES M&Eacute;DICOS</B></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="4"><B>La medicina, una ciencia y un arte humanos</B></font></p>     <p><b><font face="Verdana" size="4">Medicine, a human science and art</font></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana" size="2"><B>J.A. Guti&eacute;rrez-Fuentes</B></font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Director de la Fundaci&oacute;n Lilly. Madrid, España. E-mail: <a href="mailto:j_a_gutierrez@lilly.com">j_a_gutierrez@lilly.com</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><i><font face="Verdana" size="2">&#8216;No importa qu&eacute;, sino c&oacute;mo lo sufras&#8217;</font></i></p>     <P align="right"><i><font face="Verdana" size="2">S&eacute;neca</font></i></p>     <P>&nbsp;</p>     <P><font face="Verdana" size="2">Ante la realidad del sufrimiento, el ser humano ha reaccionado y adoptado actitudes que le permitiesen conocer y comprender el fen&oacute;meno, y situarse ante el mismo. En buena parte, la armonizaci&oacute;n de dichos conocimientos y las actuaciones que de ellos se han generado forman el sustrato de la medicina.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Es conveniente hacer un poco de historia, as&iacute; como un an&aacute;lisis desde perspectivas diferentes &#8211;antropol&oacute;gica, filos&oacute;fica y social&#8211; para tratar de entender c&oacute;mo enfrentamos hoy estas realidades.</font></p>     <P><font face="Verdana" size="2">En la antigua Grecia, S&oacute;crates, Plat&oacute;n o Jenofonte utilizaban la palabra <i>fronesis</i> para expresar &#8216;esp&iacute;ritu, mente, inteligencia, conocimiento, sabidur&iacute;a, nobleza, magnanimidad, prop&oacute;sito, buen juicio, temple, &aacute;nimo, confianza en s&iacute; mismo&#8217;, etc. A lo largo del s. V a.C., el concepto extiende su campo sem&aacute;ntico a determinadas capacidades como el conocimiento del valor y del bien, el esp&iacute;ritu animoso, conocer los bienes supremos, conocer la causa &uacute;ltima de las cosas y del universo. Pero a partir de Arist&oacute;teles, aun conservando la polisemia anterior, <i>fronesis</i> se refiere cada vez m&aacute;s, no tanto a la vida contemplativa y a la comprensi&oacute;n te&oacute;rica, sino a la vida activa y al entendimiento pr&aacute;ctico, al mundo de las elecciones cotidianas, para las que se hace necesario poseer &#8216;buen juicio, temple, confianza en s&iacute; mismo para saber elegir aquello que resulte m&aacute;s conveniente&#8217; para activar o mantener la felicidad.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ya entre los romanos, la <i>fronesis</i> se traslada al campo sem&aacute;ntico de la <i>pro-videntia</i> (cuidado, cautela, previsi&oacute;n, provisi&oacute;n). Este &uacute;ltimo sustantivo se contrae en la forma <i>prudentia</i>, que en el lenguaje de Cicer&oacute;n y de los juristas pasa a significar &#8216;inteligencia pr&aacute;ctica, ingenio, conocimiento&#8217;. Entre los &#8216;prudentes&#8217;, el derecho deja de ser imperativo inflexible del orden p&uacute;blico, la regla impuesta y absoluta; su fundamento no es ya la autoridad, sino la raz&oacute;n pr&aacute;ctica, atenida a la &#8216;naturaleza de la cosa&#8217;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Desde entonces, la &#8216;prudencia&#8217; alude a la previsi&oacute;n racional, es la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con cautela, resultante de la inferencia o deducci&oacute;n basadas en la noticia del pasado, en el saber recibido de los &#8216;prudentes&#8217; y en el conocimiento de las circunstancias del presente, pero sin quedarse en el conocimiento, pues debe llevar a elegir y a imperar la acci&oacute;n.</font></p>     <P><font face="Verdana" size="2">Tom&aacute;s de Aquino da centralidad a la &#8216;providencia&#8217; o &#8216;prudencia&#8217;, que une racionalidad y actualidad circunstancial. Est&aacute; convencido de que, a pesar de que el hombre puede &#8216;hacerse todas las cosas&#8217; por medio de su inteligencia, el dominio de la realidad al que accede, por su limitaci&oacute;n y finitud, es un dominio inestable y mudable. Precisamente el dinamismo de la &#8216;prudencia&#8217; consiste en &#8216;ver y prever a trav&eacute;s de la incertidumbre&#8217;, como sostiene citando a San Isidoro de Sevilla (Etymol): &#8216;Prudente significa c&oacute;mo ver a lo lejos; es ciertamente perspicaz y prev&eacute; a trav&eacute;s de la incertidumbre de los sucesos&#8217;. En definitiva, la &#8216;prudencia&#8217; se construye sobre el conocimiento a trav&eacute;s de la memoria, la inteligencia y la raz&oacute;n de las vivencias del pasado, y se pone en pr&aacute;ctica con los fines y medios adecuados en cada caso y momento, para la mejor elecci&oacute;n y ejecuci&oacute;n de una acci&oacute;n determinada.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero si alcanzar la prudencia fue la meta de la educaci&oacute;n durante la Edad Media, despu&eacute;s del Renacimiento su ensamblaje se distorsion&oacute; y algunos aspectos alcanzaron gradualmente especial preponderancia. Diferentes intelectuales, desde Maquiavelo (1469-1527) hasta Graci&aacute;n (1601-1658), en su <i>Or&aacute;culo manual y arte de prudencia</i>, colaboran para que la prudencia se entienda m&aacute;s como astucia, cautela, simulaci&oacute;n y dolo para no comprometerse en ninguna situaci&oacute;n. As&iacute;, la audacia creativa y responsable en situaci&oacute;n se ve sustituida por la habilidad para evitar las responsabilidades, escurrir el bulto y no correr riesgos. Tanto es as&iacute;, que Immanuel Kant (1724-1804) evita la prudencia en su &#8216;&eacute;tica&#8217;, al considerarla mera habilidad pragm&aacute;tica para ejercer influjo sobre los otros, para utilizarlos conforme a los propios designios de bienestar privado.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">La cuesti&oacute;n sigue candente hoy con la afloraci&oacute;n de otras interpretaciones. As&iacute;, Fernando Savater (2003) en su libro <i>El valor de elegir</i>, en el que expresa su rechazo a los dogmas, propone una &eacute;tica y una est&eacute;tica de la contingencia, en la que lo contingente &#8211;lo que puede suceder o no&#8211; es parte del precio de la superaci&oacute;n, en tanto trascendencia. A la pregunta ¿qu&eacute; es lo que define al ser humano?, responde que &#8216;no son los instintos o nuestra situaci&oacute;n gen&eacute;tica, tan semejantes a los de otros animales, sino nuestra capacidad de decidir e inventar acciones que transforman la realidad &#8230; y a nosotros mismos&#8217;. A tal disposici&oacute;n no la llama precisamente prudencia &#8211;t&eacute;rmino desgastado y con muchas connotaciones que ya no dicen lo que era la <i>fronesis</i> ni la vieja &#8216;prudencia&#8217; tomista&#8211;, sino simplemente &#8216;libertad&#8217;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Sin embargo, aunque es evidente que la carencia de libertad imposibilita el ejercicio de cualquier elecci&oacute;n, incluso la prudente, la libertad s&oacute;lo es factible si se dan las virtudes y circunstancias que caracterizan a la  <i>fronesis</i>.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La &eacute;tica, como disciplina que tiene por objeto el <i>ethos</i> integral, define la vocaci&oacute;n humana de cada individuo dentro del conjunto. Ahora bien, sin perder de vista que cuando no se posea e impere la prudencia, integradora estable de todas las virtudes, faltar&aacute; la predisposici&oacute;n al recto comportamiento en todas las ocasiones, as&iacute; se equivocase el individuo innumerables veces.</font></p>     <P><font face="Verdana" size="2">En la &eacute;tica cl&aacute;sica las normas elaboradas eran estables y se aplicaban en un mundo que las aceptaba y se sujetaba a &eacute;stas. Pero, en la actualidad, la &eacute;tica se ha trasladado al desarrollo de la conciencia racional individual y al despliegue de una conciencia colectiva que pretende alcanzar el mejor juicio posible en casos y situaciones concretas. Esta &eacute;tica no se plantea con base a ideales abstractos sino desde la experiencia adquirida de lo que somos y en la que transcurre nuestra existencia.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Sin embargo, esta concepci&oacute;n de la &eacute;tica no siempre es f&aacute;cil de llevar a la pr&aacute;ctica. Al aceptar la &eacute;tica como algo carente de referentes absolutos, encontramos en la situaci&oacute;n de enfrentar, con una voluntad d&eacute;bil, ignorante y cambiante, la realidad del d&iacute;a a d&iacute;a, que no es buena ni mala sino compleja, confusa y ambivalente, como lo es la vida misma, y que nos devuelve a la reflexi&oacute;n moral. Sucede as&iacute; con las actuaciones ante el enfermo, sobre todo cuando existe el dolor, el sufrimiento o ante el paciente terminal, en las que se ha de asumir e integrar, por un lado, la indeterminaci&oacute;n, la duda, la &#8216;incertidumbre&#8217; y, por otro, la deliberaci&oacute;n juiciosa y fundamentada ante una situaci&oacute;n concreta, compleja y variable. Hacerlo ante cada caso y circunstancia requiere de una capacidad juiciosa que podemos llamar arte o arte m&eacute;dico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La &eacute;tica educa para la libertad y el ejercicio de la autonom&iacute;a que permite decidir qu&eacute; es lo correcto, lo err&oacute;neo y lo que puede ser tolerado. Es despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial, que llevados de la mano del desarrollo y el avance de las ciencias m&eacute;dicas y de las tecnolog&iacute;as aplicadas a la medicina, empiezan a aparecer nuevos interrogantes: ¿c&oacute;mo se define la vida de un ser humano?; ¿c&oacute;mo se define la muerte?; ¿cu&aacute;les son las consecuencias del trasplante de &oacute;rganos?; ¿cu&aacute;les las de las intervenciones y modificaciones sobre el genoma humano? En la b&uacute;squeda de las respuestas se afanan antrop&oacute;logos, fil&oacute;sofos y te&oacute;logos, juristas y soci&oacute;logos, m&eacute;dicos y cient&iacute;ficos, y del esfuerzo prolongado comienzan a emanar ideas y propuestas que modifican las centenarias formas &eacute;ticas que hab&iacute;an modulado la relaci&oacute;n entre m&eacute;dicos y pacientes.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En este ambiente, el onc&oacute;logo dan&eacute;s Van Rensselaer Potter utiliza por primera vez en 1970 el t&eacute;rmino &#8216;bio&eacute;tica&#8217;, con el que alud&iacute;a a los problemas que el gran desarrollo de la tecnolog&iacute;a plantea a un mundo en plena crisis de valores. La bio&eacute;tica surge, por tanto, como la &#8216;ciencia de la supervivencia&#8217;, la f&oacute;rmula necesaria para restablecer un puente entre ambas esferas de conocimiento: la ciencia experimental y las humanidades. Se pretende as&iacute;, a trav&eacute;s de una deliberaci&oacute;n interdisciplinar, la formulaci&oacute;n de unos principios que permitan orientar y humanizar el quehacer cient&iacute;fico para afrontar con responsabilidad las posibilidades enormes que hoy nos ofrece la tecnolog&iacute;a. A partir de 1971 se da una nueva orientaci&oacute;n al concepto de &#8216;bio&eacute;tica&#8217; (Andr&eacute; E. Hellegers), poniendo el &eacute;nfasis en el estudio de los aspectos &eacute;ticos impl&iacute;citos en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica, que llevar&iacute;a a la actual definici&oacute;n de la <i>Encyclopedia of Bioethics</i> como &#8216;el estudio sistem&aacute;tico de la conducta humana en el &aacute;rea de las ciencias de la vida y el cuidado de la salud, en tanto esta conducta se analiza a la luz de valores y principios morales&#8217;.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Desde entonces son muchos y notables los autores que dedican su atenci&oacute;n a la bio&eacute;tica. Se llega as&iacute; a plantearla (Daniel Callahan y Willard Gaylin; Hastings Center) como la disciplina que pretende regular la interacci&oacute;n entre el que posee el conocimiento y aquel al que se le ofrece y puede recibir la aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica del mismo, siempre orientada a ayudarle en la soluci&oacute;n de los problemas que le aquejan. De ah&iacute; la importancia en la relaci&oacute;n entre m&eacute;dico y enfermo, de que el paciente analice libremente y con plena autonom&iacute;a (capacidad de pensar, decidir y actuar libre e independientemente), hasta donde su conocimiento se lo permita y aconseje, las implicaciones de los tratamientos propuestos, y participe con su familia y el m&eacute;dico en las decisiones. No dejan de ser los pacientes quienes corren los riesgos que surgen de la aplicaci&oacute;n de una u otra prueba diagn&oacute;stica o tratamiento, y el m&eacute;dico el que se responsabiliza de su prescripci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">En este entorno, y en esta necesidad de saber qu&eacute; hacer en cada momento, los m&eacute;dicos y las enfermeras desarrollan su actividad y asumen su responsabilidad ante el enfermo que sufre, en la mayor&iacute;a de los casos, vali&eacute;ndose de su experiencia y de una &#8216;&eacute;tica&#8217; que afortunadamente a&uacute;n se mantiene bastante pr&oacute;xima a la <i>fronesis</i> de Arist&oacute;teles y a la sabidur&iacute;a, a la prudencia y al sentido com&uacute;n de Tom&aacute;s de Aquino. Y es partiendo de estas reflexiones que intento ver la medicina como una ciencia que para ser &uacute;til requiere del arte del m&eacute;dico para aproximarla al paciente. Arte entendido como un no al reduccionismo (en este caso cient&iacute;fico) y al dogmatismo (de escuela), y un s&iacute; a la apertura a la singularidad de cada ser humano.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Ya desde los griegos la medicina es una <i>techn&eacute;</i> (es decir, lo que los latinos tradujeron por  <i>ars</i>, &#8216;arte&#8217; o &#8216;t&eacute;cnica&#8217;), no una <i>episteme</i>, porque trata de curar al enfermo singular, no s&oacute;lo de averiguar verdades universales e indiscutibles (que es lo que los griegos entend&iacute;an por ciencia).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">El arte m&eacute;dico consiste tanto en la determinaci&oacute;n de las causas &#8216;cient&iacute;ficas&#8217; de la dolencia como en la comprensi&oacute;n de la situaci&oacute;n personal del y por el paciente, porque se entiende que la curaci&oacute;n es un proceso en que &eacute;ste deber&aacute; dialogar consigo mismo (se supone que es la naturaleza quien cura y en la naturaleza del hombre est&aacute; comprenderse a s&iacute; mismo) y con los males que le afligen, acompañado y ayudado por la actuaci&oacute;n del m&eacute;dico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Sin duda, la medicina como hoy la vivimos se parece poco a la que pod&iacute;a haber hecho predecir la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica de los conceptos que van desde la <i>fronesis</i> hasta la bio&eacute;tica. Incluso en el corto lapso de tiempo de la vida profesional de algunos de los veteranos aqu&iacute; presentes los cambios resultan asombrosos y, en muchos casos, desconcertantes. Como hace ya m&aacute;s de 20 años, advirti&oacute; Roy Porter &#091;7&#093;, estamos de hecho ante una aut&eacute;ntica redefinici&oacute;n de la funci&oacute;n del m&eacute;dico (<i>&#8216;Yet as those expectations become unlimited, they are unfulfillable: medicine will have to redefine its limits even as it extends its capacities&#8217;</i>).</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Las causas profundas de lo que sucede no se pueden reducir a un problema que afecte s&oacute;lo a la medicina o a los m&eacute;dicos, y residen en un conflicto moral m&aacute;s amplio y m&aacute;s grave que afecta a la sociedad en su conjunto, a una sociedad que no sabe muy bien ni lo que quiere ni lo que est&aacute; dispuesta a poner en juego para conseguirlo, pero que, de momento, coloca a los m&eacute;dicos en una situaci&oacute;n de grave ambigüedad frente a los enfermos.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Pero, volvamos la vista al objeto de nuestra consideraci&oacute;n, y pregunt&eacute;monos ¿cu&aacute;l es finalmente el objetivo del ejercicio de nuestra profesi&oacute;n? Es conocida la frase que dice: &#8216;La medicina cura en una tercera parte de los casos, alivia en las dos terceras partes y consuela en todos los casos&#8217;. Pues bien, la pregunta sigue siendo pertinente y hoy podemos preguntarnos: ¿ser&iacute;amos capaces de analizar cu&aacute;l es el porcentaje de este aserto en el ejercicio de nuestra profesi&oacute;n?</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">A mediados del s. XV, Paracelso hizo la que es posiblemente la mejor definici&oacute;n human&iacute;stica de la salud: &#8216;El equilibrio del ser humano consigo mismo y con su medio ambiente&#8217;. Si aceptamos esta definici&oacute;n, podr&iacute;amos preguntarnos: ¿en el ejercicio de nuestra actividad como m&eacute;dicos procuro que mis pacientes lleguen a obtener el equilibrio al que se refiere Paracelso?, ¿cu&aacute;l es pues nuestra misi&oacute;n como m&eacute;dicos?, ¿logramos, adem&aacute;s de curar, el objetivo de transmitir consuelo y satisfacci&oacute;n consigo mismos a nuestros pacientes?</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Resulta revelador recordar que al valorar la satisfacci&oacute;n de los pacientes ante la prestaci&oacute;n sanitaria en diferentes pa&iacute;ses, se repite con contumacia el destacado aprecio por la labor de los m&eacute;dicos, y se valora en ellos de forma destacada su actitud (inter&eacute;s, amabilidad, etc.), por encima de otros adjetivos como la sabidur&iacute;a, presencia, eficiencia, fama, prestancia, conocimientos o habilidad. Es &eacute;sta una enseñanza para meditar que nos dice que el paciente no acude a la consulta s&oacute;lo en busca de la curaci&oacute;n de su enfermedad; busca tambi&eacute;n, y de manera fundamental, alivio, consuelo, comprensi&oacute;n y apoyo.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Tal como afirm&oacute; Hip&oacute;crates, el ejercicio de la medicina se asimila al del arte: &#8216;El oficio es duro y el arte dif&iacute;cil&#8217;. La medicina se basa en la ciencia, que tiene que probar y comprobar, que es fr&iacute;a, estricta y precisa, y no tiene sensaciones. El arte expresa emociones y sentimientos, es amplio y carece de l&iacute;mites. El cient&iacute;fico debe ser exacto y seguro, sin derecho al titubeo; el artista, en cambio, se desenvuelve dentro de la amplitud, la condescendencia y confiere a su actuaci&oacute;n un estilo. Existe una ciencia m&eacute;dica; sin embargo, la pr&aacute;ctica m&eacute;dica, la aproximaci&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico al paciente, precisa del arte m&eacute;dico como el veh&iacute;culo y el estilo necesario para su buena aplicaci&oacute;n.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">¿Cu&aacute;l es, entonces, nuestro &#8216;estado del arte&#8217; en el trabajo diario? ¿Acaso el sistema en el que nos desenvolvemos, que ha mutado al paciente en cliente y a la actuaci&oacute;n m&eacute;dica en un &#8216;bien de consumo&#8217;, se ha constituido en un obst&aacute;culo para que nuestra ciencia m&eacute;dica no nos permita el arte? Ejercemos nuestra profesi&oacute;n encorsetados por el sistema de salud bajo cuyas directrices debemos practicar. Cabe preguntarse: ¿el sistema que ampara el trabajo m&eacute;dico hace que el arduo oficio al que se refer&iacute;a Hip&oacute;crates sea m&aacute;s dif&iacute;cil, hasta el punto de hacer imposible el ejercicio del arte?</font></p>     <P><font face="Verdana" size="2">En medicina, y desde el momento que se trata de la realizaci&oacute;n pr&aacute;ctica del conocimiento que el hombre posee y aplica sobre sus pares, el acto m&eacute;dico trasciende la aplicaci&oacute;n de informaci&oacute;n cient&iacute;fica. Surge en &eacute;l una dimensi&oacute;n interpersonal desde d&oacute;nde se forja la atm&oacute;sfera terap&eacute;utica, ingrediente fundamental para el logro de una medicina efectiva. Es precisamente en la gestaci&oacute;n de dicha atm&oacute;sfera d&oacute;nde reside el componente art&iacute;stico del acto m&eacute;dico.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Seg&uacute;n los entendidos, el arte posee dos fines fundamentales: transmitir sentimientos y emociones, y despertar la magia interior. Ambos objetivos art&iacute;sticos impregnan a diario la actividad m&eacute;dica asistencial.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="Verdana" size="2">La transmisi&oacute;n de sentimientos y emociones est&aacute; presente cuando el m&eacute;dico logra a trav&eacute;s de su actitud que el paciente perciba el afecto que &eacute;ste le profesa y el inter&eacute;s que tiene en ayudarlo. Esta situaci&oacute;n consolida la alianza m&eacute;dico-paciente, que facilita la confianza del enfermo y su adherencia a los consejos y las prescripciones de su terapeuta.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La magia surge cuando en la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente se reeditan a un nivel inconsciente, el pensamiento m&aacute;gico y sus contenidos arquet&iacute;picos. El arquetipo que se despliega en dicha situaci&oacute;n es el del h&eacute;roe &eacute;pico (paciente), la prueba que debe superar (enfermedad) y la ayuda que recibe por parte del demiurgo &#8211;maestro&#8211; auxiliador (m&eacute;dico). Desde esta magia, inconscientemente evocada, se sustentan sentimientos de fe y esperanza de superar la enfermedad; sentimientos que ayudan al paciente a transitar por el duro camino de conocer lo qu&eacute; le sucede e intentar ponerle remedio.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">La educaci&oacute;n m&eacute;dica tradicional ha enfocado su &eacute;nfasis en el desarrollo del conocimiento, las destrezas y actitudes, cuando en el mundo moderno no s&oacute;lo se debe educar para la competitividad sino para la capacidad de adaptarse al cambio, de generar nuevo conocimiento y de mejorar continuamente nuestro desempeño. Si bien la medicina se ha definido como el &#8216;arte y ciencia del diagn&oacute;stico y tratamiento de las enfermedades y el mantenimiento de la salud&#8217;, o tambi&eacute;n como &#8216;el arte de prevenir o curar la enfermedad&#8217;, para algunos la medicina moderna no es ni &#8216;el arte de algo&#8217; ni ninguna ciencia, sino un agregado de artes y/o disciplinas. Es en este contexto que la educaci&oacute;n m&eacute;dica debe tener muy bien definidos sus metas y procesos para lograr hacer de los estudiantes personas con la capacidad de practicar la medicina. Se trata de lograr que el aprendizaje no sea s&oacute;lo una transmisi&oacute;n de hechos y contenidos, sino m&aacute;s bien un proceso activo a trav&eacute;s del que, a la vez, se desarrollen destrezas y sensibilidades para toda la vida.</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Sin embargo, una de las carencias de la educaci&oacute;n m&eacute;dica actual radica en la dificultad de transmitir habilidades relacionadas con lo humano, con lo afectivo, lo &eacute;tico o lo moral. Es ese algo que no siempre se encuentra o es f&aacute;cil obtener de los libros y que tenemos tan cerca como la pr&aacute;ctica en la cabecera del paciente, de la mano del compañero m&eacute;dico y maestro.</font></p>     <P><font face="Verdana" size="2">Termino citando a William Osler, quien en el año 1903, en una conferencia ante sus alumnos sobre &#8216;La palabra clave en medicina&#8217; dec&iacute;a: &#8216;M&aacute;s que ning&uacute;n otro, el m&eacute;dico puede ilustrar la segunda gran lecci&oacute;n, que no estamos aqu&iacute; para sacar de la vida cuanto m&aacute;s podamos para nosotros mismos, sino para intentar que la vida de los dem&aacute;s sea m&aacute;s feliz. Es imposible que nadie tenga mejores oportunidades para vivir esta lecci&oacute;n que las que vosotros vais a disfrutar&#8217;. (...) &#8216;La pr&aacute;ctica de la medicina es un arte, no un comercio; una vocaci&oacute;n, no un negocio; una vocaci&oacute;n en la que hay que emplear el coraz&oacute;n igual que la cabeza. Con frecuencia lo mejor de vuestro trabajo no tendr&aacute; nada que ver con pociones y polvos, sino con el ejercicio de la influencia del fuerte sobre el d&eacute;bil, del justo sobre el malvado, del prudente sobre el necio&#8230;&#8217;</font></p>     <p><font face="Verdana" size="2">Y conclu&iacute;a, &#8216;Se ha hecho mucho, pero mucho queda por hacer; un camino ha sido abierto, y las posibilidades para el desarrollo cient&iacute;fico de la medicina parece que no tuvieran l&iacute;mite. Excepto en su aplicaci&oacute;n, como m&eacute;dicos generales, no tendr&eacute;is mucho que ver con esto. Vuestro es un deber m&aacute;s alto y sagrado. No pens&eacute;is en encender una luz que brille ante los hombres para que puedan ver vuestras buenas obras; al contrario, pertenec&eacute;is al gran ej&eacute;rcito de trabajadores callados, m&eacute;dicos y sacerdotes, monjas y enfermeras, esparcidos por el mundo, cuyos miembros no disputan ni gritan, ni se oyen sus voces en las calles, sino que ejercen el ministerio del consuelo entre la tristeza, la necesidad y la enfermedad&#8217;.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font face="Verdana"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p><font face="Verdana" size="2">1. Encyclopedia of bioethics. New York, 1978, 1995.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1823691&pid=S1575-1813200800050000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">2. Kant I. Fundamentaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica de las costumbres. 2.ª ed. Madrid: Espasa-Calpe; 1963.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1823692&pid=S1575-1813200800050000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">3. Osler W. La palabra clave en medicina. In: Un estilo de vida. Madrid: Fundaci&oacute;n Lilly; 2008. p. 311.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1823693&pid=S1575-1813200800050000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">4. Porter R. The greatest benefit to mankind. New York: Norton; 1998. p. 718.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1823694&pid=S1575-1813200800050000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">5. Potter VR. Bioethics: the science of survival. Perspect Biol Med 1970; 14: 127-53.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1823695&pid=S1575-1813200800050000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">6. Potter VR. Bioethics. Bridge to the future. New Jersey: Prentice-Hall; 1971.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1823696&pid=S1575-1813200800050000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">7. Savater F. El valor de elegir, Barcelona: Ariel; 2003.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1823697&pid=S1575-1813200800050000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P><font face="Verdana" size="2">8. Tom&aacute;s de Aquino. Suma teol&oacute;gica. II-IIa parte, q. 47, art. 1.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1823698&pid=S1575-1813200800050000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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